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FOTOS DE CINE 8

Ava Gardner y Burt Lancaster. En 1946 se estrenaba Forajidos (The killers), una de las obras maestras del cine negro clásico, dirigida por Robert Siodmak y con un maravilloso guión de Anthony Veiller (tanto el guionista como el director estuvieron nominados al Oscar), basado en la historia de Ernest Hemingway. 

BL Y AG

Esta cinta supuso el debut de Burt Lancaster, y lo hizo por la puerta  grande como protagonista absoluto en un film inolvidable. Repasando  la filmografía de Lancaster, la suya es una de las más sólidas carreras de la historia del cine. Para la Gardner, supuso su consagración después de más de una decena de películas bastante insulsas. A partir de ahí, los dos refulgieron como las estrellas que fueron.

Ava y Burt coincidirían en dos ocasiones más: en la magnífica película de política-ficción Siete días de mayo (Seven days in may, 1964) de John Frankenheimer, acompañados además por Kirk Douglas, y en una ya olvidada cinta de las denominadas de “catástrofe” muy en boga en los años setenta: El puente de Casandra (The Cassandra crossing, 1976) de Pan Cosmatos, típico producto que se servía de una larga lista de estrellas del celuloide como reclamo.

Sergio Barce, abril 2020

 

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Y AHORA, KIRK DOUGLAS

Qué curiosa es a veces la vida. Anoche veíamos en casa Cautivos del mal (The bad and the beautiful, 1952) de Vincente Minnelli. Un drama de los de antes. Y anoche Kirk Douglas, su protagonista, murió.

Hace un par de días, despedíamos a José Luis Cuerda. Hoy, quien nos dice adiós, es Kirk Douglas. Y Kirk Douglas para mí fue alguien que me marcó: como actor, como persona, como símbolo. Leía no hace mucho que, en los últimos años de su vida, él y su mujer se dedicaban a donar grandes cantidades de dólares para arreglar los patios de recreo de los colegios de la ciudad en la que vivían y que, cuando asistían a la inauguración de las nuevas instalaciones, Kirk se deslizaba por el nuevo tobogán o se mecía en los columpios. Lo hacían por devoción. No sé de qué pasta estaba hecho Kirk Douglas, pero siempre fue un tipo muy consecuente, y su encono personal para poner en pie el proyecto de Espartaco (Spartacus, 1960) no es más que el destello de su arrolladora personalidad, rebelde y libre.

kirk douglas

Ya hay decenas de artículos publicados en las redes sobre él, así que no voy a ser repetitivo. Os invito simplemente a que, si os apetece, leaís dos textos que escribí sobre Kirk Douglas hace años. El primero se titula Solo nos queda el viejo esclavo Espartaco, que publiqué en abril de 2011, y el segundo Yo soy Espartaco, en diciembre de 2014. Creo que los disfrutaréis. Aquí tenéis los enlaces para leerlos:

SOLO NOS QUEDA EL VIEJO ESCLAVO ESPARTACO

https://sergiobarce.blog/2011/04/01/cuaderno-de-cine-solo-nos-queda-el-viejo-esclavo-espartaco/

YO SOY ESPARTACO

https://sergiobarce.blog/tag/yo-soy-espartaco/

Aún me sigue poniendo la piel de gallina ese grito de los esclavos cautivos: ¡Yo soy Espartaco! Qué grande era este tipo.

Sergio Barce, febrero 2020

 

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EL VIAJANTE (Forushande, 2016) de ASGHAR FARHADI

El viajante (Forushande) del realizador iraní Asghar Farhadi ha obtenido el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

EL VIAJANTE cartel

Confieso que he ido al cine a ver este film con cierta reticencia. La razón era que, de su anterior filmografía, tanto Nader y Simin, una separación (Jodaeiye Nader az Simin, 2011) como El pasado (Le passé, 2013), me habían parecido películas maravillosas, y el hecho de que se le hubiera concedido el Oscar a su última cinta me hacía presagiar que, tal vez, Farhadi había cedido a un cine más comercial o más del gusto de los académicos americanos. Me equivoqué.

En cuanto la historia comenzó a andar, me di cuenta de que me zambullía una vez más en el mundo personal e íntimo de Asghar Farhadi, y de que no sólo era fiel a sí mismo sino también a quienes nos declaramos seguidores incondicionales de su cine.

el viajante

Shahab Hosseini y Taraneh Alidoosti en El viajante

Como en todas sus películas, priman tres cosas: una puesta en escena primorosa, sencilla, pero muy eficaz, unos actores bendecidos por algún benévolo djinn, y un guión sin fisuras. Y así es: volvemos a los entornos pequeños, a un micromundo que se desarrolla en una familia, y eso supone ya de por sí que el drama pueda surgir de manera espontánea, todo esto aderezado con un inteligente juego paralelo con la representación teatral de la obra de Arthur Miller Muerte de un viajante (Death of a salesman) en la ciudad iraní donde se desarrolla la película. El matrimonio protagonista es también el protagonista de la obra teatral. Es un ardid que permite avanzar en la historia real y en la trama que se ensaya y se representa con escasa fortuna en una pequeña sala, igual que sus existencias avanzan a trompicones por hechos que les hacen cambiar de vida sin que puedan hacer nada para evitarlo.

Los actores son excelentes. No sé de dónde los sacará Farhadi, pero los exprime hasta sacar lo mejor de ellos. Si Shahab Hosseini (que por este papel obtuvo la Palma al mejor actor en el Festival de Cannes) y Taraneh Alidoosti clavan sus personajes, el de un matrimonio que, de pronto, ve cómo su mundo se desmorona alrededor, a mí, personalmente, me conmueve más el actor que interpreta al agresor (no puedo decir mucho más, porque desvelaría parte de la trama y de la intriga, que también la hay), un veterano que me conmueve hasta la compasión.

EL VIAJANTE 2

Escena de El viajante

Farhadi juega con nuestros sentimientos: hay traición, hay humillación, hay venganza. El concepto del honor mancillado en la sociedad iraní (extensible a otros países de confesión musulmana) está perfectamente trazado. El personaje del marido, que se siente humillado por lo sucedido a su esposa, lleva su concepto del honor hasta límites insoportables. Farhadi hace que sintamos simpatía por él, que nos solidaricemos con el marido, pero poco a poco esa sensación va cambiando y es el agresor quien, en un momento dado, pasa a convertirse en la nueva víctima. Sin duda, como hace siempre, Asghar Farhadi sabe cómo meter los dedos en la estructura familiar y social iraní, y muestra sin pudor sus miserias.

La historia está tan bien trazada, dibujada y llevada que, durante las dos horas largas que dura esta película, uno se siente dentro del drama, y es que, cuando el cine es buen cine, uno acaba por vivirlo. Estamos, pues, ante una película brillante.

Por supuesto, no puedo evitar entrar en lo sucedido en la ceremonia de los Oscar con este premio en concreto.

Vivimos en un mundo extraño. Los populismos baratos están asaltando el poder. Asghar Farhadi, a través de su cine, ha dado desde siempre una lección de independencia y de visión crítica de la vida, es decir, cumple con el objetivo de todo buen creador. Por tanto, Farhadi es, sin ninguna duda, un artista indiscutible por su calidad y por su valor humano, alguien comprometido, y que se ha enfrentado al poder establecido. Sin embargo, Donald Trump, esa especie de hamburguesa parlante, ha conseguido algo inaudito: que gracias a su política migratoria anti islamista y xenófoba, alguien como Farhadi, un hombre que lucha por la libertad, no haya podido acudir a recoger su Oscar. En su lugar, el director envió a dos irano-estadounidenses: a Anousheh Ansari y a Firouz Naderi, una ingeniera y un científico vinculados a la NASA. Es decir, inteligencia frente a fuerza bruta, y le ha dado una lección de saber estar y no estar.

Tal vez Trump olvida que los hermanos Warner, Louis B. Mayer, Billy Wilder, Erich Von Stroheim, Cary Grant, Alfred Hitchcock, Charles Chaplin, Marléne Dietrich, Rouben Mamoulian, Ernst Lubitsch, Greta Garbo, Frank Capra, Kirk Douglas, Elia Kazan, Fred Zinnemann, Yul Brynner, Mike Nichols, Audrey Hepburn, Jean Negulesco, Fritz Lang… por nombrar sólo unos cuantos clásicos, de los cientos que hicieron de Hollywood la meca del cine y luego  ya más recientes también los hay y muchos (Max Von Sydow, Nicole Kidman, Salma Hayek, Charlize Theron, Alfonso Cuarón, González Iñárritu, Mads Mikkelsen…), todos ellos emigraron a Estados Unidos, una gran mayoría huyendo del fascimo, del nazismo o de otros sistemas autoritarios, y también otros de la miseria, para crear o participar en películas que son paradigmáticas del cine yankee. Gracias a estos nombres existen Con faldas y a lo loco, Avaricia y El crepúsculo de los dioses, Encadenados y Con la muerte en los talones, y Psicosis, El gran dictador, La Venus rubia, El signo del Zorro, Ninotchka y Margarita Gautier, Qué bello es vivir, Espartaco, La ley del silencio, Solo ante el peligro,  El rey y yo, El graduado, Sabrina y Vacaciones en Roma, Cómo casarse con un millonario, Los sobornados y Deseos humanos… Daniel Day-Lewis, irlandés, ha sido Lincoln para Steven Spielberg, y Anthony Hopkins, inglés, fue Nixon para Oliver Stone. Christoph Waltz, austríaco-alemán, se lleva los papeles con los mejores diálogos de los últimos años, y Javier Bardem, español, interpreta a uno de los malvados más inquietantes para los hermanos Coen… Y el Gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, es decir, Terminator, es austríaco… Lo nombro ya para rizar el rizo. Y los he nombrado a todos para subrayar que, cuando es la libertad y la democracia la que impera, el arte produce obras inolvidables.

En fin, que Asghar Farhadi merecía haber recogido su Oscar en persona, que el odio sólo trae odio y que la incultura en el poder sólo provoca el caos. Por eso es muy sano ver películas que lo cuestionen todo, como la última de Farhadi.

Sergio Barce, marzo 2017

ASGHAR FARHADI

ASGHAR FARHADI

 

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“YO SOY ESPARTACO” (I AM SPARTACUS!, 2012) UN LIBRO DE KIRK DOUGLAS

En 1960 se estrena una película mítica: Espartaco (Spartacus) dirigida por Stanley Kubrick, y protagonizada y producida por Kirk Douglas.

El 1 de abril de 2011 escribí en este blog un artículo dedicado a Kirk Douglas, que titulé: Sólo nos queda el viejo esclavo Espartaco. El artículo lo terminaba con una frase: Yo soy Espartaco.

Ahora, tres años después, con 97 años de edad, ese viejo esclavo publica un precioso libro al que titula precisamente Yo soy Espartaco (I am Spartacus!), en el que cuenta cómo se gestó aquella película que vi por primera vez en la sala Palacio del Cine, en Málaga, y que fue quizá una de las que más me han impactado.

YO SOY ESPARTACO portada

Muy bien escrito, la sabiduría que otorga la edad impregna cada uno de los recuerdos de Kirk Douglas, y todo eso convierte este libro en una pequeña joya para cualquier amante del cine. Pero también pera cualquier amante de la libertad y de la creación sin censuras. Es de los que se leen de un tirón.

DALTON TRUMBO

DALTON TRUMBO

Dalton Trumbo fue el guionista de esta historia basada en la vida real de un esclavo que se sublevó contra Roma, y que estuvo a punto de acabar con aquel imperio. Es, por supuesto, un canto a la libertad, y si su tema asustaba a los más conservadores, por muy defensores de la democracia que se declararan, más aún les aterraba que el autor del guión fuera alguien que había pertenecido o que había simpatizado con el Partido Comunista. Visto con los años, todo parece una locura, y Kirk Douglas así lo percibe.

Reparto de ESPARTACO: John Gavin, Joanna Barnes, Tony Curtis, Kirk Douglas, Jean Simmons, Laurence Olivier, Peter Ustinov, Nina Foch, John Dall y Charles Laughton

Reparto de ESPARTACO: John Gavin, Joanna Barnes, Tony Curtis, Kirk Douglas, Jean Simmons, Laurence Olivier, Peter Ustinov, Nina Foch, John Dall y Charles Laughton

Contra vienta y marea, este actor, que nos ha regalado interpretaciones inolvidables durante su larga carrera, luchó para que Dalto Trumbo, el mejor guionista de la época, apareciera en los títulos de crédito, y salió victorioso de su empeño. Como también salió airoso en cada una de sus decisiones: que el director que comenzó la película, Anthony Mann, fuera sustituido por Stanley Kubrick; que el guión de Howard Fast no fuera el elegido; que Laurence Olivier, Charles Laughton y Peter Ustinov formaran parte del espectacular reparto de la película… También sufrió pequeñas derrotas, pero tenía un espíritu vencedor e indomable, que igualmente admiro de él, y las sorteó con habilidad.

Es un relato sobre el tesón, y sobre la libertad de expresión, de creación y de conciencia. Yo soy Espartaco contiene muchas cosas en pocas páginas. Si descubrir cómo se gestó y cómo se rodó la película es sumamente interesante, Kirk Douglas, además, va aliñando la narración con anécdotas, recuerdos y detalles que uno agradece en cada capítulo, lo hace más cercano y más vivo.

KIRK DOUGLAS como Espartaco

KIRK DOUGLAS como Espartaco

Desde esa locura que fue tener a dos guionistas trabajando a la vez: por un lado, Howard Fast, que adaptaba su libro sobre Espartaco para el cine, pero que sólo conseguía crear un guión aburrido y espantoso; y, por otro, Dalton Trumbo, escribiendo en la clandestinidad, para que el proyecto no se viniera abajo si las grandes productoras se enteraban que era realmente este apestado incluido en las listas negras el que estaba tras el proyecto; hasta los detalles de aquella triste y desoladora cena en la casa de Laurence Olivier y Vivien Leigh, donde Kirk Douglas y el resto de los invitados asisten a uno de los ataques de demencia de la actriz que dejaban hundido a Olivier…

KIRK DOUGLAS con STANLEY KUBRICK en el rodaje de Espartaco

KIRK DOUGLAS con STANLEY KUBRICK en el rodaje de Espartaco

Desde ese momento de tensión en el que Kirk Douglas acorrala, montado a caballo, a Stanley Kubrick, intimidándolo así hasta que consigue que éste le jure que va a incluir una de las escenas más recordadas de la película y que el director se negaba a mantener en el montaje; hasta cómo Jean Simmons es finalmente contratada para encarnar a la esclava Varinia después de tener que despedir a la actriz alemana Sabina Bethan. Fascinante leer toda esa rocambolesca historia.

Hay una escena en la película que fue, con otras, censurada en su momento. Es aquella en la que el pretor Marco Licinio Craso (Laurence Olivier) y su criado esclavo Antonino (Tony Curtis) hablan mientras el primero se baña. Su conversación es metafórica, pero cargada de sentido erótico y, obviamente, homosexual… Por supuesto, el imperante código moral americano de la época no podía tolerar tamaña escena, y fue cortada en el montaje. Años después, cuando se restauró la película, esa escena, junto a otras, se recuperó y se volvió a añadir en la cinta. Pero es Kirk Douglas quien realmente lo puede contar mejor:

“Regreso de nuevo para tomar aire, esta vez para quedarme. Ha sido muy difícil escribir de algo que sucedió hace más de medio siglo. Uno se sorprende de la cantidad de cosas que ha olvidado y queda fascinado cuando revisa documentos durante la investigación y descubre los millares de detalles que hay implicados en la realización de una película. Es un proceso interesante.
Cuando me senté a escribir este libro, vi Espartaco de principio a fin por primera vez desde 1960. Vi a un joven plantado en la pantalla. Yo era una persona muy distinta hace cincuenta años. No se puede uno imaginar los cambios que se producen en un ser humano cuando envejece. Me sorprendió lo distinto que era en aquella época y, seguramente fue eso lo que me ayudó a hacer Espartaco.
(…) Lo que Espartaco realmente hizo pedazos fue la <lista de la hipocresía>. Muchos guionistas incluidos en ella estuvieron trabajando durante aquella espantosa época; lo único que sucedía es que no podían decírselo a nadie. También tuvieron que aceptar unos salarios que representaban una minúscula parte de lo que ganaban utilizando su nombre real. Imaginen qué efecto causa eso en un hombre; sobre todo, en un hombre dedicado a la creación. Dalton Trumbo me dijo: <Kirk, gracias por devolverme mi nombre>.

TONY CURTIS y LAURENCE OLIVIER en la escena censurada de Espartaco

TONY CURTIS y LAURENCE OLIVIER en la escena censurada de Espartaco

(…) …Poco después del estreno de la película, los veinte años de matrimonio de Laurence Olivier con Vivien Leigh llegaron a su fin, gracias a Dios. Unos cuantos meses más tarde, Larry (Olivier) y Joan Plowright se fugaron a Connecticut. Tuvieron tres hijos y siguieron felizmente casados hasta que Larry murió, en 1989.
En 1991 descubrimos que la escena eliminada de <las ostras y los caracoles> seguía guardada en las cámaras acorazadas de Universal. El problema era que la pista de sonido era inservible. Tony Curtis vino y volvió a grabar sus frases de Antonino más de treinta años después de que se grabaran originalmente. Con mucha inteligencia e imaginación, Joan Plowright propuso que tal vez pudiéramos pedir a Anthony Hopkins que dijera las frases de su difunto esposo, pues Hopkins era capaz de hacer una imitación soberbia de Olivier. De manera que ahora, cuando Craso explica a Antonino que <el gusto no es lo mismo que el apetito>, la voz que oímos hablar es la de sir Anthony Hopkins. Hizo una labor increíble. Escuchen atentamente a Olivier en las otras escenas, apuesto a que no aprecian la diferencia”.

KIRK DOUGLAS y JEAN SIMMONS en Espartaco

KIRK DOUGLAS y JEAN SIMMONS en Espartaco

Tan atractivo resulta al lector seguir las peripecias de Kirk Douglas para lograr que Dalton Trumbo pudiera aparecer finalmente en los títulos de crédito por derecho propio como autor del guión, como fascinante resulta asistir a la batalla que se desató entre esta producción y la que a la vez se estaba intentando poner en pie con Yul Brynner y Anthony Quinn a la cabeza de The Gladiators, que iba a dirigir Martin Ritt. Un film que también se basaba en el esclavo rebelde y que amenazaba con echar por tierra todo el esfuerzo que Kirk Douglas había desplegado con su proyecto. Las artimañas que empleaban ambos bandos son fascinantes y asombrosas.

Muy sabrosas las palabras que Kirk Douglas dedica al dictador general Franco y a su esposa Carmen Polo, a consecuencia de las escenas que tuvieron que ser filmadas en España… Y curiosas las anécdotas que relata sobre su relación con su mujer, o las que tienen que ver con Frank Sinatra, con Burt Lancaster, o la del día en el que John F. Kennedy fue al cine a ver Espartaco…

En cualquier caso, tras leer lo que Kirk Douglas escribe sobre lo ocurrido con esta película y el ambiente político que rodeaba el rodaje, uno saca la conclusión de que la mezquindad, la censura, el recorte de libertades, parece que es consustancial a los conservadores (Kirk Douglas no oculta en ningún momento lo que piensa de los republicanos de su país), que, aunque se declaren muy democráticos, no parecen estar dispuestos a dejar que los demás puedan gozar de demasiadas libertades (no hay que irse a USA para comprobarlo: ahí tenemos la recién aprobada ley mordaza en España) y se empeñan una y otra vez en recortarlas. Suerte que siempre hay alguien como Kirk Douglas, alias Espartaco, para poner su granito de arena contra la sinrazón.

En fin, que Yo soy Espartaco es una delicia, y que probablemente este libro, muy bien editado por Capitán Swing, es de los que se quedan en la memoria, de esos que dejan un buen sabor de boca. Un libro de cine. Por todo esto, quizá, se lo regalé a un buen amigo.

Sergio Barce, diciembre 2014

KIRK DOUGLAS

KIRK DOUGLAS

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ESPARTACO (SPARTACUS, 1960)

SPARTACUS 1

Espartaco (Spartacus, 1960). Habré visto esta cinta más de treinta veces. Y no exagero. Maravillosa. Soy admirador de Kirk Douglas, el hijo del trapero, y de Dalton Trumbo, que siempre me pareció el hombre más valiente. Este artículo de Elsa Fernández-Santos publicado hoy en El País me los trae de regreso, y confirma todo lo que digo… Y quiero hacerme con ese libro de Kirk Douglas en cuanto salga a la venta… Necesito alimentarme con gente que merezca la pena. Gente de una pasta que ya es muy difícil de ver. Gente a la que admiro profundamente.
                                                                   Sergio Barce, agosto 2014

El enlace a El País para leer el artículo que reproduzco más abajo es:

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/08/07/actualidad/1407435018_563616.html

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