Como hoy no tengo demasiadas ganas de escribir, haré uso de las fotos de las portadas de mis libros que mis amigos y lectores me envían con tanto afecto. Una manera de invitaros a leerlos.
«Esta es la tercera novela que leo de Sergio Barce y, engolfado en toda su ciencia literaria, proveedora de materia y espíritu, de símbolos y signos, de solaz y conocimiento, se halla siempre un hombre que nos conmueve y nos seduce, que nos provoca ese leve gesto de rebeldía frente a lo inhumano y no nos libra de una lágrima inflamada cayendo lentamente sobre las sombras del corazón.
Manuel Gahete»
«Sincronías entre lo real y lo onírico, el yo y el ello, lo racional y lo mágico envuelven esta novela de un halo freudiano. La grave relatividad del espacio tiempo literario se va desmenuzando entre personajes que, en cierto modo, parecen replicar la misma historia, como si huyeran sin saberlo del olvido (otra forma de canibalismo) para conservar el enigmático libro de las palabras robadas.
Una metáfora sobre los espacios ocultos, pues todos arrastramos palabras robadas que nos dejaron espacios en blanco difíciles de escribir.
Súper recomendable.
David Rocha»
«Esta novela introduce unos elementos novedosos en la narrativa de Sergio Barce que no habían aparecido hasta este momento. Está aderezada por un toque de realismo mágico a través del personaje de su madre muerta con el que va contactando a lo largo de la historia. También el propio libro de hojas blancas en el que se pueden leer todas las palabras de los libros perdidos o destruidos introduce un elemento sobrenatural.
En los últimos tiempos se está sacrificando el arte literario por conseguir una trama atrayente. Se está perdiendo los artesanos de la palabra, los que pulen y embellecen el lenguaje, y no solo importa lo que se dice sino cómo se dice. Esa es la verdadera literatura. Sergio es uno de los escasos escritores que consiguen atrapar con su trama mediante una narrativa precisa, cuidada y elegante sin perder por ello ni un ápice de intensidad en su historia.
Combina de forma magistral ficción y realidad y sabe confundirlas de forma magistral hasta fusionarlas. Es un escritor sensorial especialmente habilidoso en conseguir que el lector empatice con sus personajes lo cual facilita que nos identifiquemos con ellos en muchas escenas.
Cuando impartes un taller literario se insiste a los alumnos en la importancia de mostrar en lugar de contar y Sergio Barce es el mejor ejemplo de ello.
Susi Bonilla»
«La narración continúa in crescendo, irremediablemente y sin dar tregua al lector para desviar su atención de la misteriosa y complicada trama.
Y página tras página, ya sin remisión me encuentro como una más dentro de la historia, vibrando con ella. Sergio Barce es tremendo. Una narración compleja pero llevada a cabo de una forma magistral.
Joana Márquez»
«Entre Málaga y Tánger, entre tiempos presentes y pasados, entre recuerdos que transitan en la memoria perdidos y reencontrados por el protagonista Elio Vázquez gracias a la terapia certera de un psiquiatra llamado Moses Shentov, entre personajes como editores, periodistas y libreros, Barce compone una novela negra llena de amor por los libros, el cine y los ambientes llenos de humo.
Víctor Pérez»
«En <El libro de las palabras robadas>, el misterio y la intriga son las características más recurrentes de las que hace uso Sergio Barce, para adentrarnos en la vida de los protagonistas de esta acción enigmática y de fantasía que se va descubriendo a través de las páginas de la novela.
Paloma Fernández Gomá»
«Dos de las veinte razones que doy para leer <El libro de las palabras robadas>:
Por el tratamiento que tiene la familia en la novela. La familia como asunto suele tener una gran –y feliz- presencia en los libros de Sergio Barce. Aquí, lo que comienza como un thriller termina como la relación con un padre y con una madre. Yo creo que tal vez esa sea la parte de mayor poder del libro. La más musculosa.
Porque en la novela aparecen muertos que hablan. (Y no se muere en el intento). Es bien difícil que esto funcione en una novela o en una película. Pero yo les puedo asegurar que aquí funciona. Es más, hay una idea maravillosa de Sergio Barce sobre los muertos, que la da uno de los personajes (muerto) cuando aclara que ellos pierden sus rencores porque pasan horas riéndose de su propia vida cuando mueren. Si esto es así, les digo en serio que morirse no va a tener ya tanta importancia como le damos.
En fin, que ahí llevan ustedes dos de las veinte razones que he dado para leer esta novela, Habrá sin duda muchas más y cada uno encontrará las suyas.
Jesús Ortega»
«Esta es una novela con el formato de thriller psicológico, que sin embargo lleva insertas algunas pinceladas mágicas, que introducen una nota onírica, suprasensorial y un punto de imaginación y fantasía, lo que constituye, como decía Hitchcock, el MacGuffin, la excusa para contar una historia. Una historia que en algunos momentos traspasa la racionalidad de la vigilia para adentrarse en los mundos oníricos del sueño, la alucinación y roza la locura.
Fuensanta Niñirola»
«<El libro de las palabras robadas> es un libro muy romántico, con varias escenas que se desarrollan en la Plaza de Toros de Tánger como ciudad protagonista, además de escenas en Málaga y Tetuán. También es un libro que rinde homenaje a los hebreos de Tánger, ya que el psicoanalista que trata al personaje principal de la novela es un hebreo que vive en esta ciudad cosmopolita. Por lo que esta ciudad se convierte en un sueño para el protagonista. Novela que engancha desde el comienzo, tanto por su intriga como por su ambiente.
Naoual Maaroufi»
«<El libro de las palabras robadas> aunque podría considerarse una novela negra, también es una narración de aventuras, y, sin embargo, no ha abandonado su manera de relatar intimista y detallista, de manera que el protagonista, aun enfrentándose a una trama que le resulta inexplicable y terrible, también ha de afrontar los problemas vitales que le preocupan: su relación con su hijo, sus fracasos amorosos, la enfermedad de su padre, las inesperadas reacciones de los que cree amigos de toda la vida… Es una novela también muy romántica, pero en el mejor sentido de la palabra.
Yolanda Aldón»
«Entre la intriga y la novela negra, página a página vamos descubriendo la fascinante vida del padre de Elio, el protagonista de la historia, el enigmático personaje de Dalila Beniflah, los viajes a Tetuán y a otras misteriosas ciudades, qué significa Tánger para ellos, el pasado errático y misterioso de Arturo Kozer, los intereses ocultos de Joan Gilabert qué significan Marco y Sara, el hijo y la mujer de Elio, en la vida del protagonista y el verdadero secreto de El libro de las palabras robadas, un codiciado y misterioso manuscrito, hasta llegar a un desenlace imprevisible. Con gran maestría el autor de esta novela teje una historia de intrigas y misterios que hará las delicias de los amantes del género.»



“…Durante las vacaciones escolares de marzo, Buzián está más triste que nunca. Sigue yendo a Tetuán los mismos días, y, como de costumbre, toma su desayuno en el café de siempre y vuelve a la misma hora. La joven de la que está enamorado no aparece, pero él la sigue buscando con la mirada. Lo llevo a la casa de citas de Barguta. Hay tres putas. Le dejo elegir. Yo entro con la bizca y evoco con ella algunos de mis recuerdos en los barrios de Tetuán. En el Dean´s Bar le pregunto a Buzián qué tal le fue con la chica. <Es simpática, pero no me acosté con ella; me amargó contándome la historia de su vida. Tiene que mantener a su madre y a una hija de un año.>
Yo también odio a ese tipo de prostitutas que sueltan sus desgracias en la cama. Son la impotencia personificada.
Butami es el amante fiel de Sarah desde hace años, pero no es el único. Su avidez sexual atrae a todos los jóvenes folladores de la ciudad y de otros lugares. A algunos les empuja su pobreza y frustración; y a otros les atrae el mero hecho de ser extranjera, aunque sea vieja, como Sarah.
Hoy le toca el turno a su doncel preferido, que viene de Chauen. Es más joven que su hijo Carlos, de treinta años. Butami suele pasar con ella la noche del sábado y puede que su velada dure hasta la noche del domingo. Los demás días son para su esposa y sus tres hijas, pero hoy es lunes. Quizá alguien le ha indicado la presencia de ese ingenuo y ha venido a husmear a su rival.
Sarah está seductora y perfumada. El joven cena con nosotros. Come con voracidad. No bebe ni fuma. Para alimentarlo, y mostrarse generosa con él ante nosotros, cada vez que viene, nuestra cena se convierte en un banquete, con copiosa comida y bebida. ¡Ella sabrá amortizar este derroche! Me han contado que muchas veces la han visto comprar carne de burro o de caballo. Puede que sea verdad, porque el trozo de carne parece, a veces, de goma. Prefiero no creerlo. Esta pensión es de las más baratas del zoco Chico. Butami sube con Sarah a una de las habitaciones vacías. Escuchamos voces e insultos. Butami pasa ante la puerta del comedor, enfadado, lanzando una mirada de desprecio al joven. Sarah entra en la habitación de su madre. Aparece con unas gafas oscuras para disimular el puñetazo que le acaba de dar el gorila. Es terca, decidida y fuerte, no se siente vencida. ¡Como si no hubiese ocurrido nada! Ella es dueña de su libertad y de sus deseos. ¡Sabe lo que quiere! ¡Que se peleen, que se vayan, ya volverán! ¡Es dueña de sí misma! ¡Sarah es la reina de la buena vida, de la alegría y de la jodienda!”

FANDANGOS DE TETUÁN
I
Rumores,
puede que los hayas oído.
Hazle caso a los rumores.
Desde que no estás conmigo
ando con pena de amores,
que por ti he perdido el sentido.
II
Las olas
que bañan mi Río Martil,
sólo lo saben las olas,
que voy a llorar por ti
hasta mi última hora,
hasta que llegue mi fin.
III
El Dersa,
montaña de mis recuerdos,
a las laderas del Dersa
arrastra el viento mis sueños
y entierra todas mis penas
mientras por ti me muero.
IV
Las fuentes,
si no te tengo a mi vera
que se sequen todas las fuentes.
No hay razón para la espera.
Si ya no vuelvo a tenerte
se acabó mi vida entera.
V
Que cierren
las puertas de la Medina,
yo le pido a Dios que cierren,
que se me escapa la vida
desde que tú estás ausente,
desde que ya no eres mía.
Abderrahman El Fathi