Archivo de la categoría: LARACHE vista por…

LA CALLE DUQUESA DE GUISA de LARACHE, un relato-crónica de DRISS SAHRAOUI

Casi como broche final de este año 2012, una nueva crónica de Driss Sahraoui. En esta ocasión, le toca el turno a la calle Duquesa de Guisa.

Driss Sahraoui

Driss Sahraoui

Una vez más nos lleva Driss por esta arteria de nuestra ciudad de Larache, y nos trae del pasado nombres, imágenes y recuerdos pertencientes a diferentes generaciones. Es otro paseo tranquilo y atento a los detalles, en el que hay destellos de afecto a las personas que Driss conoció. Supongo que muchos de los que lean este relato, recordarán otros nombres, otros establecimientos, y sería estupendo completar esta fotografía con esos datos, así que os animo a hacerlo. Supongo que este recorrido por la calle de la Duquesa de Guisa volverá a despertar la nostalgia de muchos de vosotros, Driss espera en la Plaza de España para acompañarnos y hablarnos de sus recuerdos…

Sergio Barce, diciembre 2012

La Duquesa de Guisa

La Duquesa de Guisa

LA CALLE DUQUESA DE GUISA de LARACHE

El nombre de esta emblemática y céntrica calle, le ha sido otorgado, en honor a esta ilustre dama, por sus inmensas obras caritativas, siendo la más visible la Obra de la Casa del niño, ubicada en la entrada de la Alcazaba, donde se distribuía comida y ropa tanto para los residentes del hogar como para los externos que sólo vienen para comer. Todos los días solía visitar este lugar para interesarse por estos niños, acompañada de su chofer personal y algunos allegados, siempre vestida elegantemente y con ese sombrero que le hacía distinguir, porque no había otro en Larache que yo sepa… Esta dama, con su inmensa fortuna, podía haber escogido otro lugar en cualquier parte del mundo, pero ha preferido hacerlo en Larache, donde residió, vivió, y murió en el año 1961. Era tan bella de fisonomía como de corazón, derrochando simpatía y bondad. Su cocinero personal, un tal Ludiye, tenía igualmente un restaurante a la entrada de la calle el Guebibat, era alto y de buen aspecto, su hijo mayor estudió en Francia, y no se ha vuelto a saber de él. Dicen que murió en un accidente de avión de las Líneas Aéreas Francesas que él mismo conducía.

En fin, el nombre de esta calle tenía que ser vitalicio y no cambiarse nunca. Pero la historia es así. Actualmente se llama Sigue leyendo

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LARACHE vista por… EUGÈNE AUBIN (1902)

En los años 1902-1903, Eugéne Aubin viaja a Marruecos y realiza un informe:  “Marruecos en nuestros días: descripción histórico-pintoresca de instituciones religiosas, políticas y sociales, de lugares, costumbres, etc, etc, etc…” que es pubkicado en España en 1908 por Montaner y Simón – Barcelona. Este libro lo conocía gracias a <Larache a través de los textos> de Mª Dolores López Enamorado, que ya he nombrdo en varias ocasiones; pero en una librería de viejo enontré un ejemplar en un decente estado de conservación, y lo compré. Es una pequeña joya. Y leyendo partes de su viaje, me he dado cuenta de que Eugène Aubin era, además de un viajero impenitente, un excelente narrador. He transcrito no sólo los párrafos que Mª Dolores recoje en su libro sino todo lo que Aubin contaba de su paso por Larache. Creo que es un documento extraordinario porque con su detallada descripción podemos hacernos una idea muy clara del Larache de principios del siglo XX, de su pobreza y abandono ancestral pero también de su inevitable encanto, cómo era la ciudad y su entorno, el Zoco Chico y la Medina, su economía y, en especial, quiénes formaban su población. Creo que es uno de los frescos más completos que un viajero ha hecho de Larache en aquellos años de aventura y descubrimiento…

Sergio Barce, diciembre 2012

Marruecos en nuestros días

<Prefacio: Llegado a Tánger en 1902, llevóme mi buena suerte, algunas semanas después, hacia el Sur de Marruecos, en donde visité Marrakex (el traductor señala que aunque el nombre castelano de esa ciudad es Marruecos, adopta la denominación indígena de Marrakex a fin de evitar confusiones entre el nombre de la capital y el del Imperio), con los dos principales valles del Gran Atlas, el Gundafi y el Glaui; y apenas de regreso en Tánger, en los primeros días de enero de 1903, hube de partir nuevamente para Fez, en donde permanecí seis meses. La serie de cartas que forma el presente libro fue escrita primero en la tienda de campaña, durante mi excursión por las regiones meridionales, y luego en Fez, en el jardín poblado de naranjos que me concedió la hospitalidad jerifiana. Las más de ellas se publicaron, a medida que las iba yo escribiendo, en el Journal des Débats; las más importantes insertáronse en la Revue des Deux Mondes, en la Revue de Paris y en la Renaissance Latine.

Estas cartas contienen los datos e informes que recogí, desde el principio de mi estancia en Marruecos, a fin de mejor comprender un país tan especial, para mí tan nuevo y en el que había de hallarme durante la crisis decisiva de su historia…>

A partir de la página 81 de su libro, Eugéne Aubin nos habla de su estancia en Larache, una vez que deja atrás Alcazarquivir (Alkazar)…

LARACHE ANTIGUA

<Cuando nos disponemos a levantar el campamento, recibimos malas noticias de la capital: la tregua impuesta por el Aid es-Saghir ha terminado y Bu Hamara ha proseguido, según parece, su marcha ofensiva; los misioneros ingleses y americanos y algunos alemanes e italianos están a punto de abandonar la ciudad, realizándose así el éxodo de más de la mitad de la colonia europea.

La prudencia aconseja esperar los acontecimientos, y en su consecuencia nos encaminamos a Larache, Sigue leyendo

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LOS DEL GUEBIBAT – Un relato de AHMED CHOUIRDI sobre el Barrio El Guebibat de LARACHE

He de confesar que, tanto Ahmed Chouirdi como Driss Sahraoui, se han convertido en un verdadero hallazgo, de pronto contamos con dos narradores excepcionales sobre el Larache de los últimos casi sesenta años, y eso, además de una suerte es un lujo para nosotros, especialmente para mí al contar con ellos ya como colaboradores habituales del blog.

Hoy toca otro de Chouirdi. Si <Ain Chakka> me pareció bueno, su elaborado relato del Barrio de El Guebibat, muy atinadamente titulado <Los del Guebibat>, me parece excepcional. Y digo que excepcional por la manera en que relata y por el rico entramado que cose entre los recuerdos de calles, familias y personajes, y, además, todo sazonado por esa pátina de respeto, añoranza y nostalgia por esa convivencia entre las tres culturas que en Larache fue tan especial.

Llamo la atención sobre las anécdotas de los personajes cuando eran niños, de esos otros que aparecen mientras los recitadores regalan sus cuentos a voz en grito –no tienen precio los retratos humanos que Chouirdi hace de quienes actuaban en el Zoco Chico-, ni tampoco otros detalles aparentemente menores que, a los que somos de allí, nos hacen revivir y recordar nuestra infancia, seamos de la generación que seamos, porque todo se repite cíclicamente en el tiempo en las calles de Larache…

No sé por qué hago una introducción tan extensa cuando lo que de veras merece la pena ser leído es lo que viene a continuación… Que disfrutéis con los del Guebibat…

Sergio Barce, noviembre 2012

Ahmed Chouirdi

Ahmed Chouirdi

LOS DEL GUEBIBAT

por Ahmed Chouirdi

El famoso barrio Lagbibat llevaba a lo largo del tiempo otros dos nombres: Calle Hospital, debido a su proximidad al antiguo hospital civil y Calle Gran Vizir Sidi Ahmed Ganmia, en relación con el segundo Gran Vizir (como Primer Ministro actual) del khalifa Moulay el Hassan Ben Mehdi, representante del Sultán en el Norte de Marruecos y que siguió al primer Gran Vizir Mohammed Ben Azouz en el año 1931.

El Guebibat comienza a partir de la puerta que lleva el mismo nombre, donde se conecta con el Zoco Chico y desciende hasta Sigue leyendo

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LA BAHÍA DE LARACHE un relato de CARLOS GALEA

Carlos me remite este escrito titulado LA BAHÍA DE LARACHE, con el que pacientemente describe toba la bahía de la ciudad desde Punta Negra hasta la Punta de la Cárcel. Es un recorrido tomado desde el ayer, desde el tiempo en el que Carlos vivía aún en Larache, por eso, algunos detalles ya no son como fueron pero, obviamente, ahí reside el valor de su relato, en que los detalles siguen vivos, en que aquel Larache romántico y embaucador no ha desaparecido, sigue sobreviviendo en la memoria. Es un recorrido plácido, pausado, relajante, y por esa razón recomiendo arrellanarse, no mirar el reloj y leerlo como si se saboreara un manjar exquisito.

Sergio Barce, noviembre 2012

LA BAHÍA DE LARACHE

Al sur de la costa de Larache se encuentra la Punta de la Cárcel, y al lado opuesto Punta Negra. Al oeste, el mar con sus maravillosos crepúsculos en los que el sol se hunde lentamente en el horizonte, pareciendo en los últimos instantes un barco de fuego, adornado de nubes teñidas de rosa por su luz moribunda, formando el conjunto un cuadro maravilloso, inolvidable.

La Punta de la Cárcel debe su nombre a Sigue leyendo

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LARACHE vista por… las acuarelas del pintor larachense MANUEL BALAGUER

Manuel Balaguer

      Manuel Balaguer me ha enviado unas acuarelas con Larache, una vez más, como inspiración de su obra. Son acuarelas aparentemente sencillas, de trazos rápidos, de colores tenues y pálidos. Ya dije en otra ocasión que <su pintura se desliza con la suavidad del barco que entra por la boca del Lükus, tranquila, cándidamente. No hay espacio olvidado; cada detalle de cada pincelada es un rincón entrañable, siempre emocionado. El artista deja escapar casi en silencio la imagen que, de su pueblo, ha ido moldeando en la luminosidad de su memoria>.

De nuevo sus acuarelas muestran estos destellos. En esta primera, la otra banda, el río, y el delicado detalle de esos dos niños que juegan en la orilla, ajenos al mundo, quizá refugiados en este espacio mágico en el que Manuel Balaguer los sitúa, donde se sitúa él mismo. Los barcos en el puerto pesquero, el delicado trazo de las casas, como si acariciase a la ciudad con la punta de su pincel.

Y también desde la orilla del propio río, desde la que descubre un cielo enorme, la barra, las piedras salpicando la arena solitaria, y Larache al fondo, como si flotara sobre el esmeralda de esas aguas que se mezclan en la desembocadura. Es una acuarela en la que Mamel junta cuanto representa a nuestra ciudad: el Lukus, la otra banda, la propia ciudad, el Atlántico insinuado más allá del lienzo…

De pronto, el desgarro. El castillo al-Fath, castillo Laqbíbat, el castillo de las cupulitas, castillo de San Antonio, el viejo Hospital Civil que muere arrinconado por el olvido. Demasiados nombres para una fortaleza perdida. La acuarela se entristece, los colores bajan de intensidad ante el anciano en ruinas, los escombros en la ladera y sus piedras podridas, los muros sajados, que parecen desangrarse lentamente, heridos de muerte. Acuarela nada simple: la simbología de la obra es atroz y pesimista, cruda y realista. Un grito desgarrado.

Y, sin embargo, su propio pincel se rebela contra ello y levanta la otra imagen, la que él guarda de lo que fuera el Balcón del Atlántico, ese que Carlos Tessainer y yo hemos tratado de describir con palabras pero que Manuel Balaguer clava con su paleta: las blancas paredes del Casino, el esbozo de los frondosos jardines, la plácida calle por la que transitan los peatones en lánguidos paseos, la balaustrada invitando a asomarse al océano pletórico, con el espigón y la playa peligrosa al fondo. Mejor paisaje, imposible. Y en contrapunto al castillo moribundo de antes, su imagen rejuvenecida, sus muros erguidos, orgullosos, vivos. Tal vez como Mamel quiere seguir recordándolo.

Por último, en esta muestra de sus acuarelas: el faro, el cementerio, el acantilado y la playa. Ain Chaka. Hay un tono en los colores preñados de calidez, en esta imagen indisoluble de nuestros recuerdos. Imagino en este preciso instante a Mamel sentado en el Balcón, frente a su caballete y al lienzo, le veo observar Ain Chaka, con el pincel detenido en el aire mientras sujeta la paleta con la mano izquierda, sin atreverse a añadir otro trazo, probablemente perdidas sus pupilas en los penachos blancos de las olas que se acercan a lamer las rocas, rendido a su belleza, seguramente también arrobado por el compás del rumor del mar, arcano, primitivo, romántico.

Sergio Barce, noviembre 2012

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