
VIDAS REBELDES – 1961 – FRANK TAYLOR, HENRY MILLER, ELI WALLACH, JOHN HUSTON, CLARK GABLE, MARILYN MONROE Y MONTGOMERY CLIFT

VIDAS REBELDES – 1961 – FRANK TAYLOR, HENRY MILLER, ELI WALLACH, JOHN HUSTON, CLARK GABLE, MARILYN MONROE Y MONTGOMERY CLIFT

Madrid 2 de Julio de 2014
HOMENAJE A MOHAMED CHAKOR
Por Ángeles Ramírez
El acto de ayer, en la Casa Árabe, fué un éxito total porque, indudablemente, el homenajeado, Mohamed Chakor, fue el artífice de que todos nosotros estuviéramos reunidos de una forma sin precedente, ya que la persona de Mohamed Chakor es sin duda de una calidad humana y una profesionalidad demostrada a lo largo de muchos años.
Al acto asistieron numerosas personalidades tanto del mundo universitario como de las letras, investigadores o del periodismo.
La tarde comenzó con un encuentro en el despacho del director Eduardo López Busquets donde pusimos puntos en común en cuanto a la organización del acto, y donde nos acercamos más a la persona de Mohamed Chakor.
Tanto Eduardo López Busquets, de Casa Árabe, como yo, representando a Xenia Asociación, hicimos la introducción del acto y dimos la bienvenida a todos los asistentes. Así como las gracias a todos aquellos a los que venían de lejos, por el esfuerzo de asistir, siendo un día normal de semana y a los que no pudieron asistir pero que estaban junto a nosotros, en este momento.
Así dio lugar a la primera intervención de Victor Morales Lezcano, historiador, profesor emérito de la UNED, a Sergio Barce, escritor (Presidente y Cofundador de Larache en el mundo, España), a Nazmi Youssef, Presidente de Periodistas y Escritores Árabes en España (APAEE), y por último a Mohammed Dahiri, profesor, Cátedra UNESCO de Resolución de Conflictos, Programa de Doctorado y Master interuniversitario en Cultura de Paz, Universidad de Córdoba. (Presidente de la Asociación Addiffatayn-Las Dos Orillas para la Inmigración, Cooperación y Diálogo de Culturas).
A continuación y antes de las siguientes intervenciones, Ángeles Ramírez Gutiérrez lee un escrito de la periodista internacional, del canal 9 de la televisión valenciana, Lola Bañón, que, por circunstancias personales, no pudo asistir al acto.
El ministro plenipotenciario de asuntos culturales de la embajada del reino de Marruecos Sr Abdellah Dghoughi tomó la palabra para dar las gracias tanto a Xenia como a Casa Árabe y elogió muy brevemente la personalidad de Mohamed Chakor.
En la siguiente media hora, compartieron sus intervenciones Paloma Fernández Gomá, escritora, y directora de la Revista Dos Orillas, que se acercá a Madrid desde Algeciras; Leonor Merino, investigadora y becada en la Universidad Complutense de Madrid, en la Universidad Mohamed V de Rabat, la Universidad Sidi Mohamed Ben Abdellah de Fez y la Universidad de la Sorbonne París-Nord, doctorada en Literatura por la Universidad Autónoma de Madrid; Fernando Agreda, escritor, investigador sobre la persona incomparable de Trina Mercader y Driss Diuri.
Una vez terminado el acto, le entregamos una placa de reconocimiento por ese merecido trabajo a lo largo de su vida y así mismo, le dimos a su compañera y esposa Amparo Vico un libro editado por Xenia Asociación sobre Mohamed Chakor y su obra, con la Colaboración de la Embajada del reino de Marruecos y la Asociación Addiffatayn-Las Dos Orillas.
A todos ellos, y en especial a los Embajadores de Argelia, Libia, Siria, la Embajada del Reino de Marruecos, al Cónsul de España en Casablanca (Marruecos) a Karin Knich (director del MAP. Madrid ), Said Ida Hassan (ex director de la MAP), a Aiman al Zoubair (corresponsal de Aljazeera), a Mohamed Haidour, a Abdellab Serrouch, a Noureddine Nebttiouti, Mohamed el Madkouri (Profesor de la autónoma), Mariam El Harrak (larachense, profesora universitaria y de la Casa Árabe), Nabila Bounmediane (investigadora en la Facultad Filología hispánica de la UCM), Carmen Ruíz Bravo (arabista y responsable de la editorial CantArabia), Pedro Martínez Montálvez (catedrático de árabe de la Universidad de Madrid), Malika Mbarek, a José Edery presidente de ACAM (Antiguos residentes de Marruecos), a Mohamed Chouirdi (Secretario de Xenia), a los realizadores del programa <Islam Hoy> de TVE, a Jesús Gil Fuensanta (profesor Historia Universidad Autónoma) a Rajae Laazouizi y su hija Nora (de la Embajada del Reino de Marruecos), a Luisa Mora (responsable de la Biblioteca de la Agencia de Cooperación), los larachenses Carmen Allué, Chiqui Pulido, Araceli Durán, Khadicha Bouhsina, al cantaautor Ramón Tarrio (Ceuta) cuya amistad con él se remonta al año 2007 cuando hicimos un festival de música en Larache (Larache en el Mundo).
Pues a todos, cuantos asistieron y, ruego me perdonen si alguno no los nombro en este escrito, mi gratitud más sincera. Ha sido un gran acontecimiento que se hablará seguramente en muchos medios y eso, en definitiva, es lo que nos propusimos, que su memoria no quede en el olvido.
Termino con un poema que la periodista Lola Bañón quiso que se leyera y nos emocionó a todos, un poema del gran poeta palestino Mahmoud Darwich“Los críticos a veces me asesinan¨
Esperan de mí un poema y no otro,
Una metáfora y no otra,
Y si cojo errabundo otro camino,
Dicen: ha traicionado su camino.
Si encuentro poética la hierba,
Dicen: ha renunciado a la robustez del roble.
Los críticos a veces me asesinan:
Yo sobrevivo a sus lecturas,
Les doy las gracias por comprenderme
Y me pongo a buscar un nuevo poemaGracias
(Fotos: Pablo Barce)
*****
*****
*****
*****
*****
*****
*****
*****
*****
*****
*****
*****
*****
*****
*****
*****
El primer beso
Aquella tarde de ligera lluvia y la chica con chilaba azul todavía las tengo aquí, en esta gran cabeza que tengo, «gran» en el sentido propio, no en el figurado. Chilaba azul y pelo largo en una trenza. En pleno infierno de la adolescencia. Nos encontramos para ir al cine. Era mi novia. Me acuerdo que esa tarde tenía la intención de besarla. Nunca lo había hecho antes. Era emocionante pero era como una carga para mis tímidos años adolescentes. Sentía sobre mis espaldas el deber de besarla. Ir al cine con una chica y no besarla, iqué vergüenza!, decían los chicos mayores, los que sabían más que nosotros, los que lo sabían todo… No sé si nos encontramos en nuestro barrio -El Príncipe Alfonso- y bajamos juntos al centro, a Ceuta, o bajó cada uno por su lado, para evitar los problemas del «nos pueden ver». Estamos en los años 60… Me acuerdo de nosotros dos en el cine África, allá arriba. No recuerdo qué película era. Ya el cine estaba dejando de ser la cosa más importante del mundo… La sala estaba casi vacía. Nos sentamos.
Yo hablaba probablemente de mis estudios en Tetuán. Pero el pensamiento de que tenía que besarla estaba ahí, tan insistente como un dolor. Jamás había besado a una chica antes. Al apagarse las luces tenía que encontrar una manera elegante de… Puse mi brazo sobre el respaldo de su asiento, esforzándome para que la cosa pareciera la más natural del mundo, me acuerdo perfectamente. Olía a buen jabón. Su pelo a alheña. De pronto, se apagaron las luces y al mismo tiempo vimos entrar a una pareja, que se plantó precisamente detrás de nosotros. Eran moritos nuestros del Príncipe. Y se pusieron a hablar. Todavía me acuerdo de la chica. La conocía. Ahora ya no la veo. A un hermano suyo sí. Cómo podía un tímido como yo, que nunca había besado, acercarse a su novia, con la respiración de esos dos pegotes azotándole el cogote. Llegué a rodear su cuello con el brazo y a acariciarle la mejilla derecha. Me acuerdo del calor de sus mejillas. Me sentía capaz de besarla. Tenía tantas ganas. Claro, estaba la excusa de los dos pegotes y no sentía el peso de la obligación. Pero terminó la película y salimos en silencio. Estaba lloviendo, no mucho. Creo que no me sentía bien. Pienso que ella estaba decepcionada. No había autobús para EI Príncipe. Para La Mezquita sí. Me alegré, así podíamos ir andando desde La Mezquita hasta nuestro barrio, pasando por los eucaliptos… Tomamos el autobús. En La Mezquita había que bajar por la carretera con el cementerio musulmán a la izquierda, llegar a la alcántara y subir por un caminito -que el tiempo y las obras han borrado ya- y llegar al barrio. En lo alto del caminito empezamos a bajar entre los eucaliptos…
Le pedí que se detuviera. Me preguntó por qué. Le dije que me diera un beso. Me respondió que no con la cabeza, sonriendo. ¿A qué esperas imbécil? La agarré y me puse a besarla como fuera… buscando la boca. Nos sentamos y continuamos. Yo estaba rabiosamente feliz. Ella no me rechazaba. Me abrazaba y me aceptaba. De pronto sentí que ella perdía fuerzas. Se durmió o se desmayó en mi regazo. Yo estaba algo sorprendido. Pensé que probablemente eran cosas que les pasaban a las chicas.
No sé cuánto tiempo me quedé así, en el silencio de los eucaliptos. Pero seguro que no fue mucho, porque ella no podía volver tarde a casa… Estaba con el corazón saltando alborozado, mirando las chispas de las luces de la parte del barrio que está frente al monte de los eucaliptos, proyectando en mi imaginación los momentos increíbles de mis labios succionando los suyos. Por primera vez en mi vida. Como un hombre, un verdadero hombre, mirando, intentando ver con los ojos enamorados empedernidos, en la ya semioscuridad, el rostro hermoso retocado por las telarañas del sueño y sintiendo profundamente la grandeza del momento que estaba viviendo, que todavía saboreaba, acariciando su mejilla, sus cabellos largos. En un momento dado, se me ocurrió acariciar sus pechos. Me sentía algo así como un niño con las manos en una travesura, ipero qué maravilla! Había oído en alguna película o leído en algún tebeo o revista o periódico lo de la otra mitad. Yo me sentía entero. Mi otra mitad estaba ahí pegada a mí, a mi regazo. No éramos dos.
Creo que al final tuve que despertarla. Bajamos hacia el barrio despacio. Ella todavía tambaleante. Me acuerdo que estaba abrazada a mí y que cuando penetramos en las primeras casas y las primeras luces, fui yo quien deshizo el abrazo, pensando o diciéndole -yo y no ella- que nos podían ver.
Nos separamos cerca de su casa, en una casi oscuridad. No me acuerdo, pero me gusta pensar que le di un beso de «hasta mañana». Seguramente se lo di. Ya sabía darlo. Y era tan bueno hacerlo. En casa me miré en el espejo. Seguro que me vi guapo. Llevaba una chaqueta gris. Me acuerdo de esto al dedillo. Estuve endiabladamente simpático entre mis hermanos y mi madre. Más que cuando tenía algunas copas en el pecho. Me acuerdo que me dijeron si quería cenar. No. Cómo iba a pensar en comer si el sabor de su boca llenaba la mía, me llenaba todo. Quería conservar el sabor de su boca en mi boca. Quería seguir flotando. Soñando en mi sueño. Fue la noche más feliz de mi adolescencia.
Algún tiempo después, la «sabiduría» de los amiguetes me dijo que el hecho de que una chica tenga una ligera pérdida de conocimiento después de ser besada, significaba que no había besado -o sido besada- antes…
Muchos años después le hablé de esto a una colega española aquí, en Casablanca, y se burló de mí…
-¡No digas tonterías!Mohamed Lahchiri
¿Tienes una cuenta de WordPress.com? Accede ahora.