Archivo de la etiqueta: Sombras en sepia

«NARRATIVA ANACRÓNICA: PARA UNA LECTURA POSTCOLONIAL», DEL PROFESOR JOSÉ MANUEL GOÑI PÉREZ

En este exhaustivo y denso artículo del profesor de la Aberystwyth University, Department of European Languages, de Gales (UK), José Manuel Goñi Pérez, se condensan muchos de los títulos más representativos de la literatura relacionada con el protectorado español en Marruecos y, especialmente, con el Tánger mítico y soñado. Me decía José Manuel en el correo que me enviaba al permitirme colgar este artículo en mi blog que “…escribí ese pequeño trabajo como una especie de recuerdo a los estudiosos de la literatura de una nueva narrativa sobre el Protectorado que creía en aquel entonces que tenía mucho que ofrecer al lector contemporáneo.” Y, para mi sorpresa, José Manuel, que menciona algunos de mis libros en este estudio, añadía: “…He de decir que soy muy aficionado a tu narrativa que considero de lo mejor que se publica en estos días, y que he leído con gran entusiasmo, y aprovecho para darte las gracias por esas obras tan amenas y de agradable estilo.” No he podido resistirme a transcribirlo, no por vanidad, sino porque verme mencionado entre autores que admiro y entre títulos que me resultan ejemplares, no deja de ser emocionante. En fin, que especialmente para quienes desean bucear en ese mundo tan atractivo como idealizado y mitificado, este artículo del profesor Goñi abre las páginas a libros tan atractivos como sugerentes y a autores que, de una u otra forma, retratan aquel mundo que nos ha marcado a todos los que venimos de la otra orilla.

Sergio Barce, febrero 2015

TANGER

TANGER

Narrativa anacrónica: para una lectura postcolonial

de

José Manuel Goñi Pérez

Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro. Lo que él respira es lo que a ti te asfixia, lo que come es tu hambre. Muere con la mitad más pura de tu muerte. Rosario Castellanos, El otro

La literatura del protectorado y de la ciudad internacional de Tánger en español, denominación de la producción literaria desde 1912 hasta 1956/1959, tiene a su vez otra literatura, homóloga, coetánea y anacrónica que versa sobre temas del protectorado y que en las últimas dos décadas ha empezado a despertar el interés no sólo de lectores nacidos o relacionados con la zona colonial sino de ciertas editoriales independientes y algunos reducidos círculos literarios (editoriales tales como 451 Editores -del escritor y filólogo Javier Azpeitia- la Librería Hebraica, la editorial Pre-Textos, la editorial Aljaima entre otras).(1)

Esta reciente poiesis está facilitando una reconstrucción histórica de los enclaves coloniales del norte de África y su interés no sólo se centra en la ficcionalización de la misma Tánger, Larache o Tetuán, sino que, como ya destacara Bernabé López García (Prólogo, Nogué y Villanova: 1999), este interés también ha vivificado el estudio sobre las relaciones entre España y el país magrebí en distintos ámbitos, así como los posibles significados de la época colonial. Por otro lado, la representación novelada de tales enclaves e historias no es la visión paradisíaca de un territorio distanciado y ajeno a ideologías absolutas y dominantes que imperaban en las décadas de los cincuenta y sesenta por allende y por aquende. Sino que, como es el caso de Último verano en el paraíso (2004), la obra literaria está marcada por la reflexión histórica sobre el norte de Marruecos, de los marroquíes y de los españoles y de los apátridas y sobre la meditación y definición del tornadizo concepto del Otro. (2) A esta ficción moderna, anacrónica y de mirada penetrante, hay que añadir la existencia hoy en día de distintos documentos, algunos de ellos digitales, que se están convirtiendo poco a poco en una base de datos -tanto histórica como literaria- que alberga memorias, ideologías, biografías, autobiografías, pensamientos y visiones sobre la cotidianidad de la vida bajo el Protectorado y la internacionalidad de Tánger, soterradas o que se creían perdidas, con la anexión de las tierras coloniales al reino alauí. De entre estos documentos destaca la revista Tingis (dirigida y editada por Lydia Sanz de Soto), que aúna todavía más la relación entre la historia y la intrahistoria, entendida esta última como una búsqueda del pasado histórico a través de lo humano y lo aprendido por el ser común e individual -antítesis del héroe histórico. (3) Esto es, la búsqueda del mundo olvidado y, a su vez, el temperamento histórico de la ciudad colonial. De ahí que la intrahistoria o su reconstrucción esté limitada a quienes de alguna u otra manera vivieron en ella y la rescriben. (4) La importancia de esta visión intrahistórica de Tánger reside en la individualidad de cada visión y en la amplitud de las mismas. Tánger no existe, pues, sino en la desmembración de cada una de sus visiones, pues a cada persona le corresponde un Tánger. No obstante, hay que especificar que estos datos históricos no son parte de la recuperación de una memoria histórica regida y desiderativa, sino, muy al contrario, una visión cercana a la ‘base eterna’ azoriniana, esto es, a lo que queda tras filtrar el pasado por el tamiz del presente. De ahí que parte de la literatura actual sobre Tánger tenga un cierto aire de reminiscencia realista o de ‘novela ecfrástica’, como El último verano en Tánger, de Juan Vega Montoya. (5)

EL ULTIMO VERANO EN TANGER

No obstante, lo que diferencia a la ficción coetánea sobre Tánger, producto de la emigración, la República y posteriormente la diáspora, producto de esa «España silente y la Tercera España silenciada» -como la llamara Ramírez Ortiz (2005: 9)- con la visión literaria tanto de finales del XIX como del primer tercio del siglo XX, es que el escritor tangerino (6), será un escritor independiente, emancipado y algunos de sus escritores alejados de las dificultades y penurias por la que transcurría la misma España, como bien se demuestra al leer la obra de A.Vázquez (7), mientras que la visión de escritores decimonónicos e incluso de principios del siglo XX como Joaquín Gatell (8) y Foch, Giménez Caballero, Díaz Fernández o el mismo Pedro Antonio de Alarcón –corresponsales, voluntarios al cuerpo del ejército o financiados por instituciones españolas– era una visión parcial e impedida. Manuela Marín en su exhaustivo estudio sobre las imágenes opresivas de la literatura de viajes sobre Marruecos explica que desde mitad del siglo XIX hasta comienzos del Protectorado en 1912 «la vigencia de unos signos interpretativos inmediatamente aceptados y difundidos a través de fórmulas literarias e iconográficas debe relacionarse con el carácter particular de la literatura española de viajes sobre Marruecos en este periodo», y añade que este es un periodo «de observación, catalogación y clasificación de una sociedad vecina pero fundamentalmente ajena» (2002: 88). Es menester añadir que la presencia española en el norte de África no produjo solamente una visión literaria en español sino que también facilitó la impresión de obras en árabe, posibilitada por la imprenta hispanoárabe del Padre franciscano Lerchundi en Tánger, quien también pusiera su empeño en sacar a la luz la revista Mauritania (Tánger, 1928). Darias de las Heras da cuenta de las publicaciones periódicas del Marruecos español: 

<Igualmente existió en las llamadas plazas de soberanía la esforzada y en muchos casos subvencionada publicación de prensa periódica poseedora de una admirable historia que se prolongará durante más de una centuria. Se inicia en 1860 con “El Eco de Tetuán”, fundado por Pedro Antonio de Alarcón, pionero de los corresponsales de guerra españoles, y que, tras fusionarse con “El Norte de África”, pasaría a llamarse ”La Gaceta de África”; continúa con el melillense ”El Telegrama del Rif” (1902), “El Faro” –rebautizado después como “El Faro de Ceuta” (1934)–, “El Eco de Chef Chauen” –editado desde 1920 inicialmente en multicopista y en el que colabora Tomás Borrás–, “El Heraldo de Marruecos” –que aparece en Larache en 1925– y los tangerinos ”El Porvenir”, ”El Diario de África” y sobre todo “España”, cuya trayectoria va desde 1938 a 1967, cubriendo los años de esplendor de la ”Ciudad Internacional” y siendo dirigida desde sus comienzos hasta 1955 por Gregorio Corrochano, otro preclaro corresponsal de guerra.> (2002)

Hasta fechas recientes se ha acusado a las letras españolas de no tener una literatura colonial africana, esto es, autóctona, y de tener una literatura sobre las colonias escritas por escritores peninsulares (Antonio Carrasco: 2000). A diferencia de la literatura hispanoamericana, véase el caso de Rosario Castellanos y en concreto Balún Canán (1958), la inexistencia de un narrador que penetrara en las relaciones de los distintos grupos sociales, en la mezcla de lenguas, de religiones y de intereses, ha sido una de las características más significativas de la literatura tangerina –si exceptuamos –ya a finales de la década de los 50– la narración íntima e inclusiva de Antonio Vázquez. El protectorado no termina por novelar y describir enteramente las distintas esferas sociales, etnias y clases sociales, y su difícil interacción. Si aceptamos siguiendo a Antonio Carrasco que las visiones coloniales de la literatura del Protectorado «son parciales y siempre imbuidas por la distancia del europeo hacia el africano, incluso los que se muestran más comprensivos con los marroquíes» –sin olvidar también a la comunidad sefardí– y que en su representación ficcional:

<La ilusión supone la falsedad de gran parte de las situaciones que se plantean en los libros españoles, la falta de objetividad al mostrar a unos y otros. Hay exceso de heroísmo injustificado y exceso de crueldad inventada. Ilusión es sugestión, distorsión, imaginación o deformación más o menos grande de la realidad. Es sentido de alteridad y, en muchas ocasiones, de superioridad, eurocentrismo o lo que los colonialistas ingleses llamaron jingoismo.>  (Eco de Tetuán, 2006)

Si aceptamos, decía, en mayor o menor medida este análisis generalista, (9) hay que añadir que será un grupo de escritores, cuyo rasgo común es el de la diáspora y el distanciamiento temporal de lo que fue Tánger y la zona del Protectorado español, el que describa y desentrañe a principios del siglo XXI, y de forma paulatina, una visión y una historia del pasado colonial reflexionada y acicalada por más de cuatro décadas de silencio. (10) En muchos casos estos textos literarios, creados desde visiones, ideologías e intenciones distintas, conforman no una corriente literaria, sino una respuesta común y coetánea a los problemas y conceptos del Otro y la diáspora. (11)

Definir la literatura sobre la ciudad de Tánger escrita en la última década como la representación de la búsqueda sublime de lo exótico, lo orientalista o el redescubrimiento de unas vidas colonizadas resulta arduo y hasta embarazoso. Ya que si la visión novelística actual ahonda más en el distanciamiento político y utópico de la zona internacional y colonial, y da más importancia a la reflexión del Yo y del no–Yo con referencia a los sentimientos vitales (literatura nostálgica se la ha llegado a denominar), la visión de la primera mitad del siglo XX tanto en narraciones, libros de viajes, pintura, y artes plásticas –postales dibujadas e incluso fotografías– están más cercanas al estereotipo peninsular que se tenía del norte de África. (12) Un estereotipo de rasgos exóticos y casi metaliterarios que dotará a la ficcionalización de los territorios colonizados de una falsa superioridad basada en comparaciones sociales y que les hará obviar los elementos culturales. Incluso el viajero de finales del siglo XIX, alimentado por esta caterva de miradas, descubrirá un mundo hostil y de difícil aclimatación. (13) Los libros de viajes, ya mencionados, darán una visión predeterminada y esperada por parte de un lector específico que buscaba el descubrimiento de lo ajeno, de lo desconocido y opuesto, de una nueva barbarie frente a la civilización incansable, de nuevo hilo que recondujera los designios de grandeza e hiciera olvidar la pérdida de las últimas colonias y el fracaso reconocido de finales del XIX y la estrepitosa inhabilidad política de principios del siglo XX y devolviera lo perdido a un pasado irrecuperable. Nuestro orientalismo no fue tal –pues incluso el modernismo español o el latinoamericano pasó por el tamiz de la visión orientalista de la literatura francesa, basada en la sensación y en la belleza de los ensueños proyectados por Shehrezade. Si nuestro orientalismo no fue tal, nuestro colonialismo fue más bien un intento fútil, efímero y visionario de reencontrarnos con la América perdida. Esto por una parte. Por otra, habría que añadir que el entendimiento de la ficción de la ciudad de Tánger en la literatura española contemporánea pasa también por el conocimiento de la mitificación (14) del Tánger de Paul Bowles, de Jane Bowles, de Tennessee Williams, de Ginsberg, de Kerouac y de William Burroughs, Genet, Truman Capote de escritores como Alejo Carpentier y Rodrigo Rey Rosa, y de esta y aquella efímera representación, y de todos aquellos que han mitificado la mitificación de la ciudad de Tánger, una ciudad en palabras de Domingo del Pino ‘de limbos’, ‘mitos y sueños tal vez necesarios pero no siempre reales’. (15) Y a todos y a cada uno de estos Tángeres les corresponde la visión del Tánger de For bread Alone o de Día de silencio en Tánger. Y si es cierto que toda representación de una ciudad real –véase la reciente deconstrucción onírica neoyorkina de Ray Loriga– es ficcional, también lo es heurística, como la búsqueda fugaz que llevara a cabo la generación Beat tan apartada de esas otras posibles realidades históricas de Tánger, de esas mismas realidades ligadas por una apócrifa internacionalidad cuestionada de forma sin par por Antonio Parra en El Obispo de Tánger:

<Ser ciudadano del mundo. ¡Qué ingenuidad! El cosmopolitismo sólo es posible cuando se es el dueño de la situación. En la Tánger discretamente cosmopolita del pasado la “internacionalidad” de sus habitantes no era más que un juego alegre de quienes, en el fondo, se sentían respaldados por la seguridad de una patria, por el calor de una raíz, de un origen. Eran, más que cosmopolitas, espectadores radiantes de un cosmopolitismo que en realidad no existía en ninguna parte, en ningún corazón, salvo en el de unos pocos mentecatos. Se necesita mucha superficialidad para ser un verdadero cosmopolita. La tierra no es sólo el terruño, lo mezquino de la aldea, sino la intuición elemental y sentimental, pero firme, de nuestra severa raíz campesina; la irredenta memoria de un lugar, en alguna parte, en algún tiempo, en el que fuimos felices pastores o primorosos hortelanos. El paraíso del que fuimos expulsados.>   (1995: 14-15)

Sigue leyendo

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

MIS LIBROS EN MADRID, BARCELONA y TÁNGER

 Una breve pausa para la publicidad…

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

YA PODÉIS ENCONTRAR MIS LIBROS EN MADRID, BARCELONA Y TÁNGER

En Madrid, tanto en

LIBRERÍA BALQÍS

DE CASA ÁRABE

calle Alcalá, 62

Tlf: 915633066

info@libreriabalqis.es

logo Librería Balqis

**

portada - UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

Como en

LIBRERÍA DIWAN

Callejón del Alguacil, 6

Tlf: 915701812

librería@diwan.es

 

Diwan logo**

Maquetación 1 (Page 1)

**

En Barcelona

LLIBRERIA CALDERS

Passatge Pere Calders 9, Barcelona

https://www.facebook.com/lacalders | @LaCalders

Tlf: 934 42 78 31

**

Portada SOMBRAS EN SEPIA

En Tánger

LIBRAIRIE DES COLONNES

54, Boulevard Pasteur

Tlf: 00212539936955

http://www.librairie-des-colonnes.com/

Etiquetado , , , , , , , , , , ,

«SOMBRAS EN SEPIA» Y «UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE», NOVELAS DE SERGIO BARCE, SEGÚN ANTONIO BRAVO NIETO

Leyendo los ensayos del último número de la revista Dos Orillas, en la que participo, y de la que daba cuenta días atrás, me topé con un exhaustivo estudio del historiador e investigador Antonio Bravo Nieto, titulado Una guía desconocida de la ciudad de Tetuán: El Tetuán artístico y pintoresco de Juan Beigbeder y Antonio Got.

DOS ORILLAS. EL ESTRECHO DE GIBRALTAR. FROMTERA LITERARIA. Monográfica XIII-XIV
Y me di cuenta de que hacía mucho que no nos escribíamos.
En su día, fue muy generoso al enviarme planos, fotos y documentación relacionada con edificios de Larache, que conoce en profundidad, y que se pueden consultar y ver en este mismo blog.
De pronto me vino a la memoria un correo que me envió en mayo de 2013 en el que me contaba, detallada y exquisitamente, qué sensaciones le habían causado mis novelas Sombras en sepia y Una sirena se ahogó en Larache, que le había hecho llegar por entonces. Y al releerlo, le escribí y le pedí permiso para ponerlo aquí, a lo que ha accedido.

ANTONIO BRAVO NIETO - foto sur.es

ANTONIO BRAVO NIETO – foto sur.es

De lo que me escribía por entonces, me llamó poderosamente la atención que mis novelas hubieran sido capaces de atrapar a un lector tan contumaz y voraz, y quizá por eso agradecí tanto sus palabras y que ahora comparto con todos.
Esta mañana han salido para Melilla mis dos últimas obras: El libro de las palabras robadas y Paseando por el Zoco Chico, Larachensemente. Sólo espero que le causen el mismo efecto.

Para quienes no lo conozcan, Antonio Bravo Nieto es Doctor en Historia del Arte, académico correspondiente de las reales academias de Bellas Artes de San Fernando, de la Historia y de Bellas Artes de San Telmo, siendo nombrado Cronista Oficial de la Ciudad Autónoma de Melilla en 2004) Ha colaborado en diferentes proyectos de investigación con varias universidades e instituciones: UNED, Universidad de Málaga, Escuela Nacional de Arquitectura de Tetuán, Estudios Melillenses e Instituto de Cultura Mediterránea. También ha formado parte de varios grupos de investigación: del Proyecto Patrimoines Partagés (proyecto Euromed Heritage de la Unión Europea), de Modern architecture in the mediterranean sources, characterization, preservation, y de Architecture Beyond (proyecto COST).
http://www.architecturebeyond.eu/
Ha recibido varios premios de investigación y un diploma Europa Nostra por sus trabajos relacionados con la restauración del patrimonio, habiendo desarrollado investigaciones sobre la arquitectura de los siglos XIX y XX, la arquitectura militar y fortificaciones en la Edad Moderna y la historia de Melilla y el norte de África en general.
En fin, que una persona con su currículum dedique su tiempo a leer mis novelas es para sentirse satisfecho.
                                                               Sergio Barce, octubre 2014

Estimado amigo Sergio

Cuando uno se dedica a leer no por placer, sino por trabajo, que es mi caso, llega un momento que sólo devoras libros de ensayo y de los temas que se supone te «interesan» profesionalmente. El placer lo vas dejando y dejando y al final ya casi ni guardas tiempo para leer por el gusto de leer. Yo te confieso que estoy alineado en el primer «tipo» y sólo hago incursiones rápidas y concretas cuando mi mujer me recomienda alguna de las muchísimas novelas que lee.

Atrás queda mi imagen de lector compulsivo, capaz de tragarse El Señor de los Anillos en dos días de lectura de casi 20 horas diarias (dos días de desaparición física y mental), y todavía me asombro cuando lo recuerdo.

Esto, para decirte que esperaba un momento adecuado para leer tus novelas. Tenía que ser algo especial para que nada me interrumpiese. Y la excusa perfecta ha sido un viaje que inicié el día 23 a Ginebra (un Congreso tedioso y gris, como la ciudad), en cuyas idas y vueltas, y en los ratos de hotel, tenía pensado empezar a leer tus obras.

Portada SOMBRAS EN SEPIA

Comencé por Sombras en Sepia. Lo abrí en el avión de Melilla el 23, y me enganchó totalmente. Lo terminé el viernes 24. De esta novela me gustó la forma en la que afrontas el retorno a Larache y también la actitud personal ante el tema inmigratorio, sin contar la forma en la que el protagonista inicia la búsqueda. Hubo para mí momentos de intensidad como cuando se conocen Abel y Samir, y la forma que tienes de narrar la amargura de una ciudad que fue y ya no existe me emocionó.
Yo también he visto evolucionar a Larache desde el año 1990. No sé si te conté que la primera vez que estuve en Larache fue ese año. Me acababa de casar y conseguí convencer a mi mujer para hacer un viaje por todo el norte de Marruecos en coche. No había investigado aún nada sobre estas ciudades, pero algo me atraía de ellas por las narraciones de personas mayores que vivieron esa época y por los libros que había podido encontrar.
El viaje, enero de 1990, representó la firme decisión de volcar parte de mi trabajo en esa zona, por lo que es fácil adivinar que me atrapó totalmente. La entrada a Larache fue muy sugestiva (o casi tópica), porque veníamos desde el Sur y recalamos, como no, en la inefable Casa de España, donde al sentarnos con un Bon Jour y prepararnos para pedir el socorrido «Sole Menier «, se nos acercó un camarero (que luego supimos que llamaban Pelé) con una chaqueta de un verde fosforescente rabioso y nos dijo: «¿Qué van a tomar los señores, una San Miguel?” …entonces ya pudimos entender una cosa: habíamos llegado a casa.
La ciudad nos encantó, pasearla y vivirla varios días de estancia en el entonces más que decrépito palacio de la duquesa de Guisa. Luego Tetuán y Tánger fueron otra cosa, otras vivencias y otros impactos, pero Larache siempre se nos quedó grabado en los paseos nocturnos que hacíamos por la medina, bajando al puerto, y verla ir empeorando año tras año no deja de producirnos una gran tristeza.

portada - UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

Y luego las aventuras de Tami (Una sirena se ahogó en Larache) la inicié el viernes 24 y la he terminado hoy en el avión Ginebra-Málaga, hacia las 9 de la mañana. Estos benditos viajes de trabajo que me han hecho levantar a las 3 de la mañana pero que me permiten volcar las horas que sean necesarias para leer una novela.
Aquí vuelves a la ciudad, pero de una forma más poética porque los sueños del niño se mezclan de una forma extraordinaria con un entorno hostil pero al mismo tiempo amable: Tami tiene ángeles y demonios en su vida, como todos, pero él en su corta experiencia ya va determinando qué tipo de vida será la que pudiera vivir, si se le permite hacerlo, claro.
Te felicito por tu compromiso social que está desnudo en tus dos obras, y casi te agradezco que el pederasta de la novela se llame Pierre y no Pedro, cosa que en estos momentos de falta de optimismo nacional casi no te hubiera perdonado. Al final con esta obra me pasa como con La Vida Perra de Juanita Narboni (verdadero motivo de mi primera visita a Tánger en ese recordado 1990). En ambas tuve la añoranza posterior de haberme hecho un croquis geográfico de las andanzas de Tami por una ciudad viva, y en permanente transformación: las idas y venidas, que en el caso de Larache también deberían haber incorporado un plano de secciones por las terribles pendientes.

Te acercas a Larache mediante la elaboración de tus recuerdos y la búsqueda de la realidad. Yo me acerqué mediante la búsqueda documental, más como investigador, pero en el fondo mi Larache también es una creación en la que encajan perfectamente edificios con nombres de autores, épocas, planes de organización y que siento como mía de alguna manera. Esto lo comparto con otras ciudades, Melilla por supuesto, y sobre todo Tetuán, y Tánger, cosa que no he conseguido nunca en las otras ciudades españolas que conozco y donde he vivido como Málaga, Badajoz y Oviedo.

Me temo que soy un norteafricano compulsivo, y que mi vida y mi casa están de este lado del océano. Tal vez se me ocurre que Melilla tendría que ser también objeto de tu curiosidad y dedicarle una de tus novelas, seguro que eres capaz lo que tantos pretenden y no consiguen nunca: llegar a su verdadero espíritu.

Quiero agradecerte que hayas convertido este gris viaje ginebrino en una suma de sentimientos tan reales y tan intensos. Mi sincera enhorabuena y muchos ánimos para seguir contándonos a tu forma ese tiempo que ya no existe pero que sigue presente en nosotros.

Antonio Bravo Nieto – mayo 2013

 

Etiquetado , , , , , , , , , , , ,

LA NOVELA «SOMBRAS EN SEPIA» DE SERGIO BARCE, SEGÚN JOSÉ LUIS PÉREZ FUILLERAT

Cuando se publicó Sombras en sepia en 2006, recuerdo que el poeta Salvador López Becerra me confesó que se había leído la novela de un tirón, en una noche, porque no había podido dejarla. Y añadió: tu narrativa es poética. Confieso que me encantó este comentario.

El pasado julio, años después de aquello, otro poeta, el profesor José Luís Pérez Fuillerat, me envió una extensa reseña escrita a vuela pluma tras leer el mismo libro, mi novela Sombras en sepia. Y me parece que algo hay de común en lo que ambos poetas descubrieron en sus páginas.

Leer las palabras de José Luís Pérez, ha sido como volver a escuchar hablar de algo muy querido que queda ya atrás, entre sombras descoloridas; esa es la sensación cuando alguien me comenta sus impresiones sobre mis anteriores libros. Pero siendo José Luis Pérez Fuillerat un escritor consagrado y un lector voraz, sus palabras no me han dejado indiferente. 

Jose Luis Pérez Fuillerat

Jose Luis Pérez Fuillerat

José Luis Pérez Fuillerat es autor de los libros de poemas Íntimo (1991), Versos de entrega (1994), Zona marítima (2012), Refugio de imposibles (2012) y Caleidoscopio interior (2013), y próximamente aparecerá su libro de cuentos Relatos vinculantes.

Sergio Barce, septiembre 2014

Acabo de leer Sombras en sepia, del escritor Sergio Barce Gallardo, premiada en el I Certamen de Novela “Murcia Tres Culturas”, en 2006.

Si hay que detener su lectura es solo para beber agua, respirar hondo o tomar un lápiz para anotar algo al margen de la página leída.

Creo que, además de ser una “novela contemporánea”, es la novela del autor. Autodiegética, es decir casi enteramente autobiográfica, con la excepción de la trama, la relación entre los actantes, Abel Egea, Nadja y el casi fantasmal Mustapha, incómodo para un lector sensible. Realista desde luego, pues el final no podía ser de otra manera en un tiempo actual. El lector sabe ya, mediante una prolepsis descrita en dos páginas y media (págs. 200-202), cuál es el final en la relación Abel, setentón, y Nadja, joven marroquí de 17 años junto a su hijito Zacarías. Por lo tanto, lo interesante de toda esta novela está en la emoción que suscita en el lector al identificarse, ineludiblemente, con los sucesivos “juegos” nostálgicos del Larache de su niñez y juventud, hábilmente descritos por el narrador, como enzerani convencido, desde una perspectiva espacial malagueña (citas de El Palo, el mercadillo del barrio de Huelin, calle Héroes de Sostoa, carretera de Cádiz…) y temporal, de añoranza de esos años de adolescencia.

Nadja y Tlata de Reixana, el pequeño pueblo de la joven, a pocos kilómetros de Larache, “pequeño paraíso que dio cobijo a la familia Egea”, son en realidad el alma del autor (fautor, que diría Oscar Tacca), con las vivencias más enraizadas en esa ciudad marroquí donde vivió con su familia hasta cumplir los 13 años (“-Vengo de Málaga, pero viví aquí muchos años. No sé si me creerá, pero siempre digo que soy de Larache. Aquí es donde fui realmente feliz” – pág. 49).

Como lector identificado con el tema, la trama y su desarrollo, me atreveré a comentar algunos aspectos que me han dejado “enganchado” a esta novela, mezcla de tradición barojo-galdosiana (nada de experimentación, por otra parte innecesaria) y novedosa en cuanto a su episódica forma de estructurarla, el juego de avance-retroceso que te hace contemplador continuo y enamorado de esa aparente realidad de lo narrado. Nunca confundido. Siempre paseando por las calles descritas, estrechando la mano de los mismos amigos, incluso participando del temblor del erotismo contenido del actante-sujeto, Abel Egea.

Cito numéricamente:

1. El pasado es siempre prólogo imborrable. De ahí que la nostalgia sea el leit motiv de la novela.

2. Es la nostalgia de un jubilado, viudo y con una sola hija, que verá convertida la monotonía propia de ese estado en una peripecia digna de ser vivida (y contada): el encuentro con una joven inmigrante en una playa de Málaga, cuando “un cielo azul profundo ametrallado de diminutas estrellas” le hizo abrir los ojos.

Portada SOMBRAS EN SEPIA

3. Ojos abiertos para inmiscuirse en una vida ajena, y soñar con una nueva familia, menos (o quizás, más) buscada (soñada).

4. Esta es la diégesis de la novela: voces de personajes, espacios, tiempos y sucesos son tan verosímiles que transportan al lector a un mundo y una sociedad cercanos.

5. El mundo de la emigración. Pero el deseo siempre presente de tener que volver al origen. Ese mismo deseo que se instala en Nadja al responder a la llamada del marido, Mustapha, y la necesidad de “volver” a las vivencias inolvidables del pasado en Larache, tal como confiesa el narrador constantemente.

6. El tema de la hospitalidad entre los habitantes de Tlata de Reixana y Larache es el símbolo de la buena convivencia entre las tres culturas: «-Yo soy Samir- le estrechó la mano apretándola con fuerza-. Ahora te vas a cambiar, te vas a poner una chilaba y vas a comer en casa» (pág. 47).
“Aquí en Larache vivimos las tres culturas sin problema alguno» (pág. 55).
También en el recuerdo de la relación tan cordial entre un cristiano, Abelardo Egea, padre de Abel, con un musulmán, Mustapha Ben Laabi y un judío, Jacobbi Cohen.

7. Aquí tenemos uno de los resultados de la lectura de esta novela: la catarsis que produce en el lector, obligándole a superar tópicos xenófobos. Curiosa la definición que se hace de Suecia, como una casa de locos, donde vive su hija.

8. Pero quizás lo que más sorprende sea la relación entre el anciano Abel y la jovencita inmigrante marroquí, Nadja. Nada que se parezca a la Lolita de Nabokov. Pero nada hay más hermoso que el pasaje de erotismo contenido de la pág. 189-190, interrumpido por el llanto del niño Zacarías. Y sobre todo en la pág. 215, cuando Abel “quería sentir su agitación (la de Nadja), su ansiedad vibrante y emocionada…” que a este lector le recuerda los versos del poeta sufí, Ben Farach, de Jaén (s. X) cuando dice en su poema “Castidad”:

“Y pasé con ella la noche / como el pequeño camello sediento al que el bozal impide mamar […,] que no soy como las bestias abandonadas / que toman los jardines como pasto».

9. Detalles importantes de narrador total son los relatos intercalados: el ahogamiento del nieto de la Motrilica; el recuerdo de los años vividos y disfrutados con su mujer, Carlota; la relación entre David y Lidia, sus fieles amigos; la historia del Monstruo, que solo era un pobre infeliz, llamado Eneas Martín Jiménez, que trabajaba como mulero para la legión….

10. En definitiva: una galería de varias estancias formadas por un gran cuadro de entrada y varios aguafuertes intercalados, plenos de colorido, de lenguaje kinésico y, sobre todo, de un hondo y sincero sentimiento nostálgico, desde una realidad esperanzada: “Las nubes grises iban quedando atrás y, a cada metro que avanzaba, el día se hacía más celeste…”

Un lector que ha disfrutado con esta novela:

José Luis Pérez Fuillerat
Málaga, 15 de julio de 2014

 

Etiquetado , , , , , , , , ,

ASÍ FUE MI DÍA DEL LIBRO 2014

El pasado 23 de Abril, Día del Libro, tuve una jornada especial. A primera hora, encuentro con los alumnos del Instituto de Enseñanza Secundaria ISAAC ALBÉNIZ, de Málaga.

EN ISAAC ALBENIZ 8

Con el salón repleto de alumnos, hablé de mis libros, especialmente de mi última novela El libro de las palabras robadas.

ULTIMO ENCUENTRO EN BIBLIOCAFÉ

Luego, leí mi relato Librería Sueños, publicado en el libro colectivo de la Generación Bibliocafé Último encuentro en Bibliocafé, que pensé el más apropiada para la ocasión.

Sergio Barce leyendo en el IES Isaac Albéniz - Foto de Julio Rabadán

Sergio Barce leyendo en el IES Isaac Albéniz – Foto de Julio Rabadán

Pasé un rato muy agradable con los chicos, y estuve muy bien arropado por los profesores del centro, especialmente por mis amigos Julio Rabadán y Pedro Delgado.

Julio Rabadán, Sergio Barce y Pedro Delgado

Julio Rabadán, Sergio Barce y Pedro Delgado

Por supuesto, echamos mucho en falta a Pablo Cantos, que impartió la docencia en este mismo centro, y quien me llevara allí por vez primera hace unos años… 

En el IES Isaac Albéniz

En el IES Isaac Albéniz

Después de unas horas en mi despacho, porque no se puede dejar de trabajar ni un segundo en estos tiempos que corren, puse rumbo al segundo centro educativo al que me habían invitado: el COLEGIO ALBORÁN, de Marbella.

En el Colegio Alborán

En el Colegio Alborán

Allí, sobre las 15.30 volví a enfrentarme, en el mejor sentido de la palabra, con otros alumnos, a los que, según me dijeron los profesores, sorprendentemente había conseguido mantener en silencio y atentos a mis relatos e historias durante una hora.

En una de las clases del Colegio Alborán

En una de las clases del Colegio Alborán

También fue un encuentro enriquecedor, y el grupo de profesores del centro tengo que reconocer que me obsequiaron con una acogida muy calurosa, y comprobé que trabajan en un ambiente de compañerismo envidiable.

Con los profesores del Colegio Alborán. De izquierda a derecha: José Luis, que es el director del centro, Marina, Susana, Mónica, Sergio Barce, Maru, Mª Carmen, Emilia y Encarna.

Con los profesores del Colegio Alborán. De izquierda a derecha: José Luis, que es el director del centro, Marina, Susana, Mónica, Sergio Barce, Maru, Mª Carmen, Emilia y Encarna.

Así que, como jornada literaria, fue redonda. Así que he de dar las gracias a todos. 

Sergio Barce, abril 2014

Con alumnos del Colegio Alborán

Con alumnos del Colegio Alborán

* * * *

Maquetación 1 (Page 1)

Etiquetado , , , , , , , , , ,