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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN EN CÓRDOBA DE «EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS» DE SERGIO BARCE

El pasado viernes se presentaba mi última novela El libro de las palabras robadas en Córdoba, en el Conservatorio Profesional Músico Ziryab.

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Su director, Ernesto Blanco, y su equipo habían preparado todo con tanto esmero que me sentí inmediatamente arropado. En la sala donde iba a tener lugar el acto, el Aula de Coro, habían colgado, en cuadros perfectamente montados, todas las portadas de mis libros, y, además, las de las publicaciones en las que he participado con relatos o colaboraciones de algún tipo. Además de eso, Ernesto se había cuidado muy mucho de poner unas pinceladas de color a nuestro alrededor, decorando el entorno con motivos marroquíes. E incluso nos sirvió té verde con yerbabuena con la típica tetera plateada en los tradicionales vasos.
El acto arrancó con la actuación musical de las cantantes Lourdes Torrenteras y Esperanza Delgado, acompañadas de Jaime Bedmar al piano, y el primer tema que sonó en la sala fue Somewhere over the rainbow.

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Confieso que se me hizo un nudo en la garganta. Los otros temas musicales fueron igualmente emocionantes, y eso creó ya un ambiente diferente y único.
Ernesto Blanco explicó que mi libro abría una nueva experiencia en el conservatorio que han titulado Letras a contratempo, en la que pretenden aunar música y literatura. El arranque del acto no pudo ser mejor, y adelanto que el resto de la velada fue igualmente intenso.

Sergio Barce y Antonio Varo

Sergio Barce y Antonio Varo

Ernesto cedió la palabra a Antonio Varo, Presidente del Ateneo de Córdoba, que nos habló sobre la “inutilidad” de la cultura y cómo en tiempos de crisis es cuando la cultura se hace más imprescindible que nunca. Como responsable del Ateneo cordobés, su presencia tenía una razón poderosa, y era la de apadrinar de alguna manera el proyecto Letras a contratempo ofreciendo su colaboración al conservatorio. Tuvo sin embargo la gentileza y el detalle hacia mi persona de haber leído mi novela en los días anteriores, y confesó a los asistentes lo mucho que le había gustado mi libro. Me pareció alguien muy humano y cercano.

Interviene Manuel Gahete

Interviene Manuel Gahete

A continuación, Manuel Gahete, catedrático de lengua y literatura, actual Presidente de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía, fue quien desgranó y descuartizó mi novela. He de decir que sus palabras me dejaron realmente impresionado, tanto por su calidad intelectual como humana. Demostró conocer mi obra en profundidad, y me regaló auténticos gestos de amistad que me he llevado conmigo. Sus últimas palabras fueron especialmente significativas para mí. Y como creo que merece la pena para quienes no pudieron estar allí leer lo que expuso, le he pedido a Manuel Gahete que me envíe su intervención, y generosamente me la ha hecho llegar esta tarde.
Estas fueron sus palabras.

Sergio Barce: El libro de las palabras robadas

Aunque el tema de El libro de las palabras robadas de nuestro invitado y amigo Sergio Barce parte de un argumento conocido, como es el plagio o la sospecha de plagio entre escritores, ofrece –frente a lo escrito y visto en las pantallas– nuevas y múltiples posibilidades. Se me viene a la cabeza, por su cercanía temporal, año 2012, la historia de Rory Jansen, El ladrón de palabras, donde se trata la historia de un escritor fracasado, bendecido por la fortuna de encontrar un manuscrito que no duda en publicar como suyo, obteniendo así un éxito espectacular que lo convierte en uno de los grandes escritores de su tiempo; y, más alejado, el filme del año 1999, titulado Nido de cuervos, donde Cuba Gooding Jr. interpreta al abogado Lawson Russell quien publica con su nombre una novela de misterio que, en realidad, ha sido escrita por un hombre que él creía ya muerto. Similitudes evidentes que demuestran la evidencia que todos conocemos: la historia se repite. No hay más que recordar al viejo Sócrates lamentándose: “Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros”. Y algo así ocurre en la literatura, por mera continuidad y hasta por inexcusable necesidad. A todos los hombres nos cubre la misma piel y nos nutre la misma sangre, aunque hayamos nacido bajo disímiles circunstancias. Siempre he pensado que la muerte –igualadora la nombran algunos de los más relevantes textos de la literatura medieval- no es tan injusta, aunque esto tampoco la libera de su condición malhadada –como afirmaba nuestro augusto antepasado Juan Ruiz, Arcipreste de Hita–; lo que es ciertamente injusto es el nacimiento que predispone a un determinado modo de existir o soportar la vida.
Esfuerzo de todos los creadores en todas las generaciones ha sido ver cumplido el ambicioso tópico de mostrar cosas nunca vistas, decir cosas nunca dichas u ofrecer cosas nunca escuchadas. Ya desde Horacio (Carmina nunquam audita), el escritor pretende generar expectativas sobre lo que desea exponer. Pero como proclamaba Goethe: “La originalidad no consiste en decir cosas nuevas, sino en decirlas como si nunca hubiesen sido dichas por otro”. Lo que debe cambiar es el modo de transmitir, ese difícil logro de la originalidad en la que se han empeñado tantos y tantos antes de nosotros. El estilo es el hombre, señalaba Boileau, y Arthur Adamov puntualizaba: “El problema, para un escritor, es no parecerse a ninguno de otros buenos escritores de su época o de la inmediata anterior”. Y finalmente Chateaubriand pone la guinda con su habitual ironía retórica: “El escritor original no es el que no imita a nadie; sino aquel a quien nadie puede imitar”. No es cuestión de insistir más en esta cuestión tan debatida que finalmente nos remite a la triste sentencia de Jung cuando afirmaba que “Todos nacemos originales y morimos copias de alguien o de algo”. Ciertamente les aseguro que leyendo a Sergio Barce solo reconozco a Sergio Barce con toda la riqueza cultural, expresiva y emocional que esto conlleva.
A pesar de que me aburre bastante la relación curricular de los méritos –que, por cierto, pueden encontrar profusamente en los link de internet–, no puedo dejar de decirles que este escritor español, afincado en Málaga, nació en Larache, ciudad con la que guarda una relación estrecha de complicidad y afectos. Abogado de profesión –la literatura no da para vivir, si acaso cuesta– ha escrito el libro de relatos Últimas noticias de Larache (2004) y tres novelas precedentes a la que presentamos: En el jardín de las Hésperides (2000), Sombras en sepia (2006: Premio de Novela Tres Culturas de Murcia) y Una sirena se ahogó en Larache (2011: Finalista del XVIII Premio de la Crítica de Andalucía). En todo lo escrito, Barce ha mantenido siempre un exacto equilibrio entre la materia y la forma de lo narrado, siendo uno de los pocos autores actuales que puedo leer con fruición desde principio al fin, cuando en la mayoría no llego a traspasar el límite medio de la virtud.

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En la novela de Sergio Barce se combinan muchos elementos, lo que me permite comentarles –como señalaba anteriormente– la fecunda capacidad de posibilidades que pueden extraerse de su lectura. La novela de misterio queda trenzada y sublimada por la tensión expresiva de la novela psicológica que se interna en el ánimo del protagonista –un escritor golpeado por la realidad y la fantasía en un conflicto de planos que se superponen–, permitiendo el encaje emocional que, de modo omnisciente, acuerda todos los vértices emocionales en un proceso de cosmovisión narrativa que trasciende el mero esclarecimiento de individuo para mostrarnos la tragedia de la condición humana: el hombre en su inmediatez y en su aislamiento.
El escritor/narrador, Elio Vázquez (¿Sergio Barce?) o Elicito Urrea Vázquez, fumador empedernido, nos muestra muchas de las claves de la novela valiéndose, como guía, de un curioso personaje, el viejo siquiatra Moses Shemtov, que nos lleva a vislumbrar, a modo de metaliteratura, de confesional trasunto, los diferentes vectores de la acción narrativa y sus confluencias:

Al principio de la novela llegué a pensar que era una más de esas tramas con el Santo Grial de por medio (…) Pero me equivocaba con tu libro. Utiliza los elementos típicos del best-seller para darle la vuelta, y eso me atrapó por su novedad (…) viene bien, ese toque ético, lo hace más humano y más digno (…) Y, por supuesto (…), me parece emocionante el hecho de que, al abrir el códice, a ellos, que son especialistas en poesía árabe, se les otorgue el privilegio de descubrir esos versos que desaparecieron en tiempos de Al Andalus, como una revelación divina
(..)

… versos que van surgiendo lentamente en sus páginas vacías, igual que la sangre cuando traspasa una gasa (p. 79).

Un abigarrado conjunto de personajes articula esta intrincada aventura salpimentada de acotaciones literarias (Borges, Cortázar) y cotidianas vivencias, el afilado estilo de la ética conjugándose con el ardor de la estética: Elio, Damián, Ágata, Moses, Kozer, Dalila, el Rubio, Francesca, Gilabert, Quintá, O’Neal, Vilches, Silvia, Sara, Marcos, el hijo redivivo sin vida en el maremágnum de los recuerdos: tan existentes o fantasmales como el propio Saverio Gris, agonista metaliterario: vértices de una novela que aspira alcanzar el interés del gran público, el ánimo de los más comprometidos y la voluntad de los más exigentes con el arte de la palabra.
Como nuestro autor hablará probablemente del argumento de su libro, no voy a destriparles su contenido y mucho menos su desenlace; pero sí advertirles de lo que pueden encontrar. Ya sea como leitmotiv o Macguffin –término acuñado por Alfred Hitchcock cuando se refiere al gozne que articula el suspense y obliga a los personajes a avanzar en la trama, aunque no tenga en ella mayor relevancia–, El libro de las palabras robadas entronca las líneas concurrentes de un argumento que resulta denso, complejo y hasta enigmático; revelándonos la existencia de un misterioso “códice en el que se pueden leer todos los poemas que desaparecieron por orden del sultán Abdelmumen pero quien tiene acceso a él no puede revelar el texto leído” (p. 194); avivando los más bajos instintos, los más oscuros temores; tendiendo puentes al realismo fantástico, plasmado en la perturbadora alucinación de Ágata, madre del protagonista, cada vez más palpable; y mostrándonos la fragilidad de esa adelgazada línea roja donde se confunden los sueños con los quebradizos vínculos que afectan a las relaciones humanas, pero insuflado siempre por ese toque poético que un buen lector aprecia en la tensión de toda obra literaria.
Tampoco voy a hablarles de esa relación vital y mental que existe entre España y Marruecos, singularmente Larache, en la obra y vida de Sergio Barce y la intensa acción que nuestro autor ejerce para que se reconozca el creciente valor de la literatura marroquí escrita en lengua española, pungente en los ámbitos más poderosos de transmisión de cultura; universidades y periódicos. Es tal afinidad que me une a todos estos hombres y mujeres que podría perder la brújula de lo que me corresponde, esta noche, trasladarles. Y porque lo bueno –y no afirmo que mi presentación lo sea– por breve será dos veces bueno, los dejo ahora con Sergio Barce, un autor que se supera cada día, cumpliendo así el triple deber o destino del buen escritor: tener algo más que ingenio –siguiendo al sarcástico Jean de la Bruyère–, ser ameno –según advertía el olvidado intelectual del XIX José Castro y Serrano– y dar testimonio del tiempo que le ha tocado vivir –como dejó escrito Camilo José Cela. Todo esto y más se verifica en quien hoy nos honra con su amistad y su presencia.
Ralph Waldo Emerson señalaba: “El talento solo no basta para hacer un escritor. Detrás del libro, debe haber un hombre”; juicio afín al pensamiento de Aristóteles que nos revelaba con su probada sabiduría: “Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto”. Esta es la tercera novela que leo de Sergio Barce y, engolfado en toda su ciencia literaria, proveedora de materia y espíritu, de símbolos y signos, de solaz y conocimiento, se halla siempre un hombre que nos conmueve y nos seduce, que nos provoca ese leve gesto de rebeldía frente a lo inhumano y no nos libra de una lágrima inflamada cayendo lentamente sobre las sombras del corazón.

Manuel Gahete
Córdoba, 21 de marzo de 2014

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CÓRDOBA, 21 DE MARZO – PRESENTACIÓN DE «EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS», NOVELA DE SERGIO BARCE

El próximo viernes, 21 de marzo, presento mi última novela en Córdoba. Y tengo la suerte de estar rodeado para esta ocasión de un plantel de lujo. Más de lo que podía imaginar, pero he contado con la benevolencia y la generosidad de todos los que van a participar.

Organizado por el director del Conservatorio de Córdoba <Músico Ziryab», Ernesto Blanco, que está incluso más entusiasmado que yo, mi novela va a ser presentada nada más y nada menos que por Manuel Gahete, escritor, gran poeta, catedrático de Lengua y Literatura, y actual Presidente de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía; y por Antonio Varo, médico, otro gran poeta, y que es el actual presidente del Ateneo de Córdoba.

Según la invitación que podéis ver tras estas líneas, habrá una actuación musical a cargo de las cantantes Lourdes Torrenteras y Esperanza Delgado, que estarán acompañadas por el pianista Jaime Bedmar.

Como podéis ver, todo un lujo que sinceramente me deja sin palabras. Así que ya, desde ahora mismo, les doy las gracias a todos ellos por querer participar y arroparme en la presentación.

Sergio Barce

Invitación presentación Sergio

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EL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS. LA HISTORIA TRASCENDIDA

Con  ocasión del centenario de la instauración del Protectorado español en Marruecos, se acaba de publicar <El Protectorado Español en Marruecos. La Historia Trascendida”, financiado por Iberdrola.

He tenido la suerte de participar en este gigantesco proyecto literario en el que se han dado cita escritores, estudiosos, historiadores, juristas… en una obra que se ha editado en tres tomos. También he tenido la suerte de descubrir, al recibir los libros, que entre los participantes hay muchos amigos, y también dos paisanos y amigos larachenses, León Cohen Mesonero y Carlos Tessainer y Tomasich.

La obra está dirigida por Manuel Aragón Reyes, la edición y la coordinación ha corrido a cargo de Manuel Gahete Jurado, con la colaboración de Fatiha Benlabbah. La coordinación editorial es de Montse Barbé Capdevila. Teniendo los libros entre las manos, se comprueba que todos han hecho un trabajo excepcional.

Volumen I

Volumen I

El objetivo de esta publicación es la de demostrar la relevancia que, tras los años transcurridos, ha tenido la existencia del Protectorado en las relaciones entre España y Marruecos y descubrir las huellas que aún perviven de esos años compartidos.

Mi texto se titula <La vida cotidiana durante el Protectorado en la ciudad de Larache>, y forma parte del Volumen I, dedicado a “La vertiente socioeconómica y demográfica”, tema sobre el que también escriben Jesús Albert Salueña, Youssef Akmir, Mimoun Aziza, Mohammed Dahiri, Bernabé López García y Rafael Domínguez Rodríguez. Igualmente, en este primer volumen, sobre “La vertiente jurídica” hay textos de José Manuel Pérez-Prendes Muñoz-Arraco y Antonio Manuel Carrasco González; y sobre “La vertiente científica y educativa” escriben Víctor Morales Lezcano, Irene González González, Francisco Javier Martínez Antonio y Germán Sánchez Arroyo.

Volumen II

Volumen II

El Volumen II está dedicado a “La vertiente cultural e historiográfica” con textos de Eduardo Torres-Dulce, Bouabid Bouzaid, Enrique Arias Anglés, Josep Lluís, Mateo Dieste, Federico Castro Morales, Mustapha Adila y Paloma Rupérez Rubio. “La vertiente literaria” está escrita por José Carlos Mainer Baqué, José Sarria, Vicente Moga Romero y Mohamed Bouissef Rekab. El capítulo “Los autores y sus obras” que cierra este volumen está compuesto por textos de León Cohen Mesonero, Abdelkader Chaui, Severiano Gil Ruiz, Said Jedidi, Mohamed Lahchiri, Rafael Martínez-Simancas y Carlos Tessainer y Tomasich.

Por último, el Volumen III se dedica a “La vertiente histórico-política” con textos escritos por Juan Pando Despierto, Rachid Yechouti, Emilio de Diego García, María Rosa de Madariaga, Miguel Hernando de Larramendi, Ricardo Martí Fluxá, Santos Juliá, Abdelmajid Benjelloun, Rafael Guerrero Moreno, Mohamed Larbi Messari y Marion Reder Gadow. Sobre “La vertiente militar” escriben Andrés Cassinello, Manuel Espluga, José Luis Isabel Sánchez, Juan José Amate, Boughaleb El Attar y José Manuel Guerrero Acosta. Por último “Las preocupaciones magrebíes de un militar ilustrado en el primer tercio del siglo XX. La obra de Antonio García Pérez sobre Marruecos” son analizadas por Pedro Luis Pérez Frías, Manuel Gahete y Geoffrey Jensen. Este volumen y la obra terminan con un epílogo escrito por Julián Martínez-Simancas.

Volumen III

Volumen III

Creo que como compendio de lo que fue el Protectorado español en Marruecos pasará a convertirse en una publicación de referencia. Personalmente me siento orgulloso de participar en una obra en la que hay firmas que admiro desde hace mucho tiempo, y en la que, como decía, me veo junto a varios amigos a los que, igualmente, respeto como investigadores o escritores.

He de decir que mi texto sobre la vida cotidiana durante el Protectorado en la ciudad de Larache no he podido evitar convertirlo finalmente en una larga narración. En ella, muy resumidamente, y como ejemplo de lo que fue la vida en Larache durante esos años (siempre desde mi prisma y visión personal, recordando todo cuanto me han relatado de aquella época que por edad yo no viví), cuento los avatares de mi familia desde que llegaron a Marruecos a primeros del siglo XX hasta que abandonamos nuestra tierra amada a principios de los años setenta.

Montse Barbé, como coordinadora editorial, me manifestó que se había emocionado con este texto, y Manuel Gahete, responsable de la edición y coordinación, también me comentó que le había gustado mucho. Inesperadamente, este texto se ha convertido en el germen de la nueva novela que he comenzado a escribir, así que, si llega a buen puerto esta mi nueva aventura, habré de estar doblemente agradecido a quienes se acordaron de mí para que participara en este proyecto. Y en este sentido, por otra razón pero muy unida a todo esto, he de dejar constancia también de mi afecto a mi amigo y paisano Luis Cazorla, y él sabe a qué me refiero.

Sergio Barce, agosto 2013

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«EL HOMBRE DEL CARRILLO», UN RELATO DE SERGIO BARCE – PUBLICADO EN LA REVISTA «DOS ORILLAS»

Acaba de salir el número III-IV de la Revista intercultural DOS ORILLAS, que dirige con acierto y un tesón admirable la poetisa Paloma Fernández Gomá. Los resultados no pueden ser mejores, y hay que reconocer su trabajo y la ilusión que le pone a esta empresa quijotesca. 

En este nuevo número, con una portada francamente preciosa, amén de encontrarme con la grata sorpresa de ver poemas o relatos de varios amigos (León Cohen, Fernando de Ágreda, Juana Castro, Nurya Ruiz o la propia Paloma) y de que en el número se hayan incluido autores de peso, han tenido la gentileza de publicarme un nuevo relato, un cuento que está dedicado a mi amigo y paisano Emilio Gallego.

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Según me dice Paloma, por el momento este número no va a editarse en papel, de manera que si alguien quiere el número completo puede descargarlo a través del siguiente enlace:  www.revistadosorillas.com

Sergio Barce 

EL HOMBRE DEL CARRILLO

           A Emilio Gallego

Desde su carrillo ha visto envejecer a la ciudad y, poco a poco, él también se ha hecho mayor. Hoy se ha dado cuenta de que es un anciano cuando no ha podido llegar a su casa sin la ayuda de un joven que ha tenido que ayudarlo. No podía solo, era como si empujara un gigantesco baúl lleno de tierra; pero al mirar de reojo ese armatoste, ha comprobado que es el mismo carrillo de madera del que ha tirado durante los últimos cincuenta años.

Su hija Nadja lo arropa, le da un beso en la frente, le susurra al oído que descanse. Brital no dice nada y clava los ojos en el techo, con un cansancio desconocido. De pronto se enfrenta a algo en lo que nunca había pensado, su futuro, y se pregunta angustiado hasta cuándo va a poder seguir en su puesto de la avenida Hassan II.

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No hay nadie que pueda continuar la tradición, así que se barrunta que no habrá más remedio que volver a la faena de siempre y tratar de que alguien lo ayude cada vez que mueva el carrillo. Sin embargo, lo deprime profundamente verse limitado, torpe y anciano.

Pasan un par de horas y continúa despierto. Está agitado, nervioso. No aparta la mirada vacía del techo descascarillado, y ya sabe muy bien lo que va a ocurrir en las horas siguientes. Las noches de insomnio son cada vez más frecuentes, noches llenas de imágenes que no sabe de dónde salen pero que, a veces, son temibles, pesadillas que lo llevan a abismos insalvables. Sin embargo en otras ocasiones esas sombras animadas resultan tan reconfortantes que desearía que nunca amaneciera.

Ahora precisamente esboza una sonrisa en la oscuridad de su cuarto porque se ve sentado en la banqueta tras su carrillo de chucherías siguiendo con la mirada a la gente que pasea al atardecer del verano. Le compran cartuchos de garrapiñadas, de pipas, de garbanzos, de pasas secas. Los niños más pequeños, que se yerguen poniéndose de puntillas, piden chicles y caramelos. Nadie sabe como su mujer lo que disfruta viendo iluminarse las caras a esos críos. No hay un trabajo más hermoso que ese, aunque no es muy lucrativo.

Calienta las garrapiñadas. El azúcar quemado se desliza para enfundar las avellanas convirtiéndolas en piedrecitas dulces que luego atrapan a los chiquillos con su aroma irresistible. Brital sabe cómo preparar los cartuchos de papel de estraza rellenándolos hasta rebosar, arrugándolos por la parte de arriba para que el calor no escape.

Conoce a todos los niños que se le acercan. Le gusta cuando los alumnos de don Aurelio salen del pequeño conservatorio y se arremolinan alrededor suyo. También le  gusta los días de estreno.

Interior del Cine Ideal - foto de José Morón

Interior del Cine Ideal – foto de José Morón

Muchas veces Majid Jebari se queda un buen rato parado sin saber qué llevarse. Mira a derecha e izquierda, señala con un dedo, duda, y al final le deja en la mano dos dirhams, aunque al dársela le pide dos pesetas de todo, y Brital le prepara un surtido de frutos secos y algún caramelo de regalo. Majid se da la vuelta mientras su hermano pequeño protesta a su lado porque le impide coger un puñado de garrapiñadas, y tira de su camisa enrabietado.

Brital mira la fachada del Ideal. Sigue leyendo

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«CALLE DEL AGUA. Antología contemporánea de Literatura Hispanomagrebí» (2008) de MANUEL GAHETE, ABDELLATIF LIMAMI, JOSÉ SARRIA, AHMED M. MGARA & AZIZ TAZI

CALLE DEL AGUA

Antología contemporánea de Literatura Hispanomagrebí

(2008)

de Manuel Gahete, Abdellatif Limami, José Sarria,

Ahmed M. Mgara & Aziz Tazi

     El 29 de Octubre de 2008 acudí a la presentación del libro CALLE DEL AGUA en el Instituto Cervantes de Tánger, dentro del marco del Festival de Cine de Tánger, en colaboración con el Instituto Municipal del Libro de Málaga. Debo decir que fue una decisión acertada por la grata sorpresa que supuso la altura y calidad del evento, reflejo, obviamente, del cuidado con el que se ha afrontado la elaboración y edición de esta obra.

Jose Sarria

     Las palabras introductorias de José Sarria allanaron el camino a las posteriores exposiciones en cuanto aclaró uno de los objetivos marcados por esta obra: no pretender sentar cátedra sobre la presencia o no de ciertos autores, sino la de ser una muestra, una selección que, como tal, no puede abarcar a la totalidad de los escritores y creadores magrebíes que escriben en la lengua de Cervantes. Dicho esto, José Sarria, con la prudencia, mesura y equilibrio que le caracteriza, apuntaló aún más los fines de este trabajo prolijo y detallista: llamar la atención sobre el hecho incuestionable de la originalidad y novedad que supone el que exista una literatura hispanomagrebí como tal, es decir, de autores cuyo idioma propio es el árabe pero que vuelcan su creación en el idioma castellano (lo que los autores de esta antología vienen en llamar la “magrebidad” del español), de la propia existencia de esta literatura, única en los países árabes (por tanto, digna de apoyo) y de la proyección futura de la misma. Y, CALLE DEL AGUA, viene a cumplir ampliamente este afán divulgativo.

     El prólogo del libro es obra de Rodolfo Gil Benumeya Grimau y, en su corto pero denso viaje a través de los avatares por los que ha evolucionado la literatura magrebí en expresión española, viene a destacar el hecho de que quienes han venido poniendo las simientes para que se desarrolle este tipo de literatura, única y sorpresiva, han sido precisamente unos cuantos creadores, solitarios, sin duda, pero que creían firmemente en lo que estaban haciendo. Y la mayor parte de ellos provienen de dos ciudades en concreto: de Tetuán y de Larache (lo que, en este caso, me llena de orgullo, por razones obvias).

       Efectivamente, desde las revistas ALMOTAMID en Larache y KETAMA en Tetuán, durante la época del Protectorado, los primeros autores marroquíes que se atrevieron a crear en castellano encontraron allí su primer trampolín para dar a conocer sus poemas, ensayos o traducciones. El profesor Fernando de Ágreda señala al respecto: Dris Diuri nos ofrecía generosamente su colaboración… y decía en unos de los párrafos de su carta escrita el 14 de Junio de 1978: “Debo aclarar que todos mis trabajos – o pequeños libros – están escritos en el Gran Idioma Cervantino y no he podido encontrar ninguna ayuda para su publicación o traducción a otras lenguas…Finalmente desearía hacer una pequeña observación: tal vez sea el único marroquí o somos muy contados los que escribamos en español, pero desgraciadamente no contamos con asistencia en ningún sentido por parte de nadie. Navegamos en mar solitario o en bosque sin luz. Y creo sinceramente que merecemos un poco de atención. (1)

      A esta llamada de auxilio que ya hacía el poeta larachense en 1978 es a la que acude CALLE DEL AGUA, como si de un barco de rescate que navegara por el estrecho se tratara. Y es justo que así lo haga, pues es digno de reconocimiento el esfuerzo que supone el hecho de, sin ayuda alguna, sin apoyo institucional, sin la promesa no ya de una segura publicación sino siquiera de ver la luz en medios más asequibles (por ejemplo, la prensa, y hago en concreto esta alusión porque, actualmente, como si se acrecentasen las dificultades, también han desaparecido, para nuestra desgracia, los escasos periódicos o suplementos diarios que se publicaban en español en Marruecos); es decir, sin prácticamente salidas a sus creaciones, estos autores se empecinan en seguir escribiendo en castellano. De ahí que Rodolfo Gil quiera rendir un sutil pero merecido homenaje a esos francotiradores que han abierto el camino a otros soñadores: desde esos autores marroquíes que se lanzaron a escribir en revistas literarias en el Protectorado a la “figura principal” del periodista Said Jedidi quien, también contra corriente, ha sabido liderar y mantener un informativo televisivo en castellano desde  la Televisión Marroquí, algo homérico, y no soy excesivo, tras casi treinta años fajándose contra viento y marea; sin que el prologuista olvide, tampoco, al periódico L´Opinion con su página en español como “semillero principal de mucho intento de creación en lengua española” o a la tristemente desaparecida La Mañana en la que tan extraordinaria labor desarrollara la periodista Khadija Warid; ni deje de mencionar la labor de otros periodistas y profesores de literatura y lengua española como Mohamed Larbi Messari, Mohamed Chakor, Bounou, Ahmed Mgara, Abellatif Limami y Aziz Tazi (estos tres últimos coautores del libro objeto de este artículo), o la labor desarrollada por la Asociación Española de Escritores Marroquíes en Lengua Española (AEMLE) y la Asociación de Hispanistas Marroquíes de Fez. (2)

Said Jedidi

     CALLE DEL AGUA, como vengo diciendo, ha sabido estructurarse de una manera inteligente, fácil y accesible al lector profano que pretenda acercarse a esta literatura tan “sui generis”, pues, de varios plumazos, puede hacerse una idea muy certera de lo que ésta significa y lo que abarca. Tras el prólogo de Rodolfo Gil, ya mencionado, un estudio introductorio por parte de los cinco autores nos sirve para marcar las pautas, orientaciones y casuística de la obra, y hasta justificar esta antología. Estudio introductorio que se desmiembra, a su vez, para situarnos en el marco geográfico referencial, el desarrollo histórico del español en el Magreb, la interesante evolución que va del hispanismo a la “creación” literaria en el propio Magreb, con un posterior desarrollo a través de los autores, y, por último, lo que quizás emerge de todo este trabajo, a saber, la fijación, para algunos audaz, para mí certera, de la “literatura hispanomagrebí (o literatura española escrita en el Magreb) frente a la denominación de <escritores magrebíes de expresión en castellano>” (3).

     Como los autores de esta antología se preocupan de subrayar “el lector va a encontrar una literatura que hace una considerable apuesta por la musicalidad, cobrando el texto un gran sentido educativo a través de la moraleja…, apareciendo en escena imágenes hasta ahora casi inéditas en la literatura española peninsular, junto a elementos literarios… consustanciales a su identidad personal, étnica o racial. Además de un vocabulario que enriquecerá el acervo español…”.

Ahmed Mgara & Abdellatif Limami

     Para rematar la faena, CALLE DEL AGUA, con acierto absoluto, viene a ofrecer al lector la posibilidad de descubrir esta nueva literatura a través de sus narradores y de sus poetas y, en esta dualidad, dedicar un análisis panorámico a cada género (Abdellatif Limami lo hace con la narrativa y Aziz Tazi con la poesía) y luego un análisis específico a los autores seleccionados (Manuel Gahete presenta a los narradores y José Sarria a los poetas), para cerrar la obra con una muy buena selección de textos de los autores estudiados, con lo que tenemos una visión global, en horizontal y en vertical, de ellos y de las obras que están gestando.

     No puedo dejar de mencionar a los autores seleccionados porque, en definitiva, ellos son los artífices reales que sustentan la antología. Manuel Gahete efectúa el correspondiente análisis crítico de los narradores, que son: Mohamed Chakor, Mohamed Sibari, Mohamed Akalay, León Cohen Mesonero, Said Jedidi, Mohamed Bouissef Rekab, Mohamed Lachiri, Ahmed M. Mgara, Larbi El Harti y Ahmed Daoudi. Mientras que los poetas, analizados de la misma manera por José Sarria, son: Moisés Garzón Serfaty, Mohamed Chakor, Mohamed Sibari, Sara Alaoui, Mohamed Toufali, Mohamed Doggui, Aziz Tazi, Mezouar El Idrissi, Abderrahman El Fathi, Moufid Atimou, Souad A. Abdelouarit y Jalil Tribak.

Manuel Gahete

Aziz Tazi

***

Valiente me parece el hecho de que sus autores, sin reservas, derrochen honestidad y sinceridad y adviertan, desde el comienzo, que nadie busque, aún, una obra excelente, inolvidable, una obra magna o un autor transcendental, pues, esto es lo cierto, estamos ante una literatura en ciernes, en pañales. En la presentación del libro en Tánger, tanto Manuel Gahete, al referirse a los poetas, como Abdellatif Limami, respecto de los narradores, dejaron bien claro que, en una mayoría de ellos, aún no se ha producido una depuración en su escritura… “Por eso, el lector de ciertas obras  de esta escritura de marroquíes en lengua española se siente frustrado cuando establece su primer contacto con sus creaciones: muchas dificultades lingüísticas, carencia de una verdadera estructura novelesca, trama sencilla (simplista a veces), “creadores” transformados en “albañiles” por no decir “peones”. Pero como el fenómeno está en sus premisas, los altibajos son normales y evidentes”. (4)

     Me atrevería a decir, sin ambages, que siendo todo ello cierto, también lo es que ya comienzan a verse los primeros frutos de una “elevación” paulatina en la obra de esta literatura hispanomagrebí, es decir, una concienciación en los propios autores de una mayor exigencia crítica, un mayor esfuerzo por parir obras más trabajadas, de mayor enjundia literaria.

     Sería el caso, por ejemplo, de Mohamed Bouissef Rekab. Narrador agresivo y aguerrido, sufre en sus primeras obras de ese mismo mal que ya mencionan los autores de CALLE DEL AGUA, es decir, la descompensación en la estructura narrativa, trama simple, etc… Sin embargo, una de sus últimas novelas “Aixa, el cielo de Pandora” (5), con un dominio absoluto del castellano, es una novela ambiciosa, que no defrauda en ningún aspecto: narración que bebe del realismo social acunado por Mohamed Chukri, trata todos los temas que obsesionan a los creadores marroquíes (las contradicciones de su sociedad, la interacción entre las tres culturas, la moral…), pluralidad de narradores y puntos de vista, un marco geográfico concreto (en este caso, la ciudad de Larache, y en menor medida Tánger y Tetuán), mezcla de realidad y ficción, la crudeza de la miseria representada en el personaje protagonista, la dignidad, sin embargo, del desheredado, y, como colofón, un cuidado en el lenguaje, con frases de una belleza formal que trascienden el propio texto (“se hallaba rodeada de tristezas detenidas en su vida”).

    Es en esta obra, quizás más que en ninguna otra, donde el uso del castellano sirve al autor para dar rienda suelta a tramas, personajes y creaciones que, en árabe, le estarían vedados. No olvidemos que el árabe, como idioma del Profeta, no puede ser utilizado para contar ciertas historias, para transcribir ciertas expresiones que se considerarían blasfemas. El castellano, en este sentido, sirve al escritor de vía de escape para contar lo que no puede en su idioma original. Por supuesto que, con esta afirmación, no estoy diciendo más que lo que he dicho, pues lo cierto es que los autores magrebíes que utilizan el castellano como arma literaria lo hacen porque lo han decidido libremente, porque es “su idioma creativo”.

     Otro ejemplo de esta evolución positiva sería el de Mohamed Akalay, evolución fácil de advertir desde “Entre dos mundos” (6) del año 2003 a los relatos que recopila en “Entre Tánger y Larache” (7) de 2006. Mientras que en su primera novela también aflora esa falta de pulso narrativo, una estructura simplista, narrador errático, en su siguiente libro hallamos relatos de gran factura literaria, entre los que destaca «Luz de vida», un cuento redondo, bien construido, sobre el sentido de la vida y la ilusión por disfrutar de nuestra existencia sea cual sea nuestra edad, con el que Akalay, además, ganó el Premio Eduardo Mendoza de Relato Breve. Y tanto «Alcoba y amor»  como, sobre todo, «El peso de la vida» constituyen dos pequeñas joyas.

Sergio Barce, Mohamed Akalay, Abdellatif Limami, Said Jedidi, Mohamed Sibari y Abderrahman El Fathi

Sergio Barce, Mohamed Akalay, Abdellatif Limami, Said Jedidi, Mohamed Sibari y Abderrahman El Fathi

     En la poesía se hallan claros valores en alza. El hecho de que, en muchos casos, estos creadores sean profesores universitarios de literatura o lengua española les hace dominar mucho mejor el idioma y crear, en ese aspecto, con una mayor soltura. Aunque Manuel Gahete también indicó en la presentación del libro que falta aún mucho camino por andar para poder hablar con propiedad de una poesía hispanomagrebí que descolle, lo cierto es que los poetas presentes en ese acto, Abderrahman El Fathi y Moufid Atimou, con la lectura de varios de sus poemas, demostraron que, a poco que evolucione sus respectivas obras, se van a convertir en voces a tener en cuenta y, en concreto, dentro del panorama de la poesía hispanomagrebí, quizás en dos de las más importantes. Aunque, como bien dice Aziz Tazi “…la verdadera y certera expresión poética se logra, en la poesía magrebí escrita en español, de una manera satisfactoria en algunos casos y de un modo exquisito en otros pocos” (8)

     Quizás deba pedir disculpas por esta digresión imprevista, pero el abanico de posibilidades que se abre cuando se analiza el fenómeno de la literatura hispanomagrebí hace inevitable el tomar alguno de sus afluentes o remontar el río a contracorriente para puntualizar algún punto o subrayar alguna opinión anterior.

      Lo importante, en definitiva, es el hecho en sí de que CALLE DEL AGUA, como resultado del loable esfuerzo de sus cinco autores, sirva para dar a conocer, como así lo logra, a estos narradores y poetas magrebíes que luchan por no zozobrar en este maremágnum de la globalización pero que, en su singularidad, en su tenacidad por defender la libertad del creador para elegir su idioma de expresión artística, siguen manteniéndose a flote y, cada vez, con más seguridad y brío.

     La selección de textos de CALLE DEL AGUA termina con varios poemas de Moufid Atimou, y me parece acertado cerrar este artículo con los últimos versos del titulado “Las envejecidas caras”:

 …

Me acuerdo de estas envejecidas caras,

Cuando andaban firmes como montes,

Que andan curvados y tristes,

Temiendo tropezar en granos,

Sin poder levantarse nunca más. (9)

     Los escritores hispanomagrebíes, por el contrario, parecen avanzar erguidos, sin temor a tropezar, levantándose una y otra vez, pese a los imponderables.

 Sergio Barce

(1) “Dris Diuri y la revista Al-Motamid (Trina Mercader). Una aventura utópica” artículo de Fernando de Ágreda publicado en La Gaceta Informativa de Larache nº 5, Noviembre de 2006.

(2) Prólogo de “Calle del agua” de Rodolfo Gil. Páginas 13 y ss.

(3) “Calle del Agua”. Páginas 21 y ss.

(4) Abdellatif Limami. Página 52 de “Calle del agua”.

(5) “Aixa, el cielo de Pandora” de Mohamed Bouissef Rekab. Quórum Editores, Colección Algarabía. Cádiz, 2007.

(6) “Entre dos mundos” de Mohamed Akalay. Ed.AEMLE, Tánger, 2003.

(7) “Entre Tánger y Larache” de Mohamed Akalay. Sial Ediciones. Madrid, 2006.

(8) Aziz Tazi. Páginas 85-86 de “Calle del agua”.

(9) “Las envejecidas caras” (Inédito, verano 2007). “Calle del agua”. Página 241

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