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PRÓLOGO DE GLORIA NISTAL PARA “CRÓNICA DE UN REENCUENTRO”, DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN MESONERO

A punto de editarse el nuevo libro de León Cohen Mesonero, Crónica de un reencuentro: Relatos imaginarios con cinco personajes clave, me hace llegar el magnífico prólogo que le ha escrito Gloria Nistal y que nos sirve como exquisito adelanto de su nueva publicación, y que, además, hace que deseemos tener ya el libro entre nuestras manos.

Gloria Nistal es licenciada en Filosofía y Letras por la UAM, finalizó su doctorado en Informática en la Universidad Politécnica de Madrid. Ha sido profesora titular de la Universidad Camilo José Cela (UCJC) de Madrid, de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE) y tutora en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Actualmente es profesora en la Universidad de Varsovia. Ha sido Presidente del Consejo editorial de la revista Novática y miembro de las revistas INSS Oráfrica. Creó y dirigió la revista el ÁrHbol del Centro. Autora de numerosos artículos, ensayos y libros.

Gloria Nistal

PRÓLOGO 

Durante mi estancia en Polonia (de 2008 a 2013) amplié el ámbito de mi investigación desde la Literatura negroafricana o subsahariana en español a la Literatura africana en español

En esa época descubrí a un notable conjunto de autores magrebíes y saharauis que escribían en español y también fue el momento en que me encontré con la obra de León Cohen Mesonero. 

En el año 2008 la editorial SIAL, en la que yo había publicado ya varias obras en solitario y en colaboración, sacó a la luz el libro Calle del Agua, Antología de la Literatura Hispanomagrebí contemporánea. La  obra había sido concebida inicialmente por Rodolfo Gil Benumeya Grimau, que en la década de 1960 había dirigido un Centro Cultural Hispánico, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, como yo también dirigí varias décadas después otro Centro Cultural español. No coincidimos ni en el tiempo ni en el lugar, pero sí coincidimos en haber sido ambos directores de dos centros culturales españoles en África. Lamentablemente Rodolfo Gil Benumeya murió en el mismo 2008. Aunque no tuve la oportunidad de conocerle, su proyecto fue culminado con éxito por Manuel Gahete y otros cuatro autores.  

calle-del-agua.jpg

Calle del Agua me ofreció por primera vez el nombre y la obra de León Cohen Mesonero. Se habían seleccionado para la mencionada antología dos relatos, uno autobiográfico, La calle Real (de Larache) y el magnífico Rachid y Señor Levy, que después tuve oportunidad de ver publicado en otras antologías y que se encuentra en el apéndice de la obra que hoy nos ocupa.       

Interesada ya de lleno por la obra de León Cohen, seguí buscando y di con selecciones de cuatro de sus libros en la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes: Relatos robados al tiempo (2003), del que se habían seleccionado cuatro relatos; Cabos sueltos (2004), libro dividido en cuatro libros a su vez, los tres primeros de poemas y el cuarto de reflexiones de pequeño formato en prosa; La memoria blanqueada (2006), del que había dos narraciones; y Cartas y Cortos (2011), con una selección de cuatro títulos. 

la memoria blanqueada

Relatos robados al tiempo es un libro que me impactó profundamente. Allí tuve ocasión de conocer a Juanita Narboni y a Sol Bensusan,  a Jacobi, de volver a  encontrarme con Rachid y el Señor Levy, de enfrentarme al terrible viaje de los boat people, de revisitar una guerra civil que para mí estaba novedosamente deslocalizada, pero sobre todo fue la oportunidad para encontrarme con El Alquimista.    

Relatos robados al tiempo

Fui leyendo todo lo que encontraba escrito por León Cohen y sobre León Cohen y fui haciéndome mi propia imagen del autor. En la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes sus libros estaban indexados como Literatura marroquí; Literatura africana; Literatura española; Poesía marroquí; Narrativa española. El autor se me revelaba como algo misterioso y difícil de clasificar para que lo entendieran mis alumnos polacos. ¿Era autor judío, francés, marroquí, español? Mi respuesta era que sí, que un poco de todo.

A medida que iba leyendo sus relatos y los retazos de su biografía en blogs como el de Sergio Barce, dibujaba un mapa de su interesante vida, de padre judío nació en Larache en la época de los protectorados español y francés en Marruecos, diez años antes de la independencia del país magrebí. León Cohen tuvo la suerte de vivir los años de su crecimiento y primera juventud en ciudades cosmopolitas como la atlántica y tolerante Larache y sobre todo en la mítica Tánger en la época de su máximo esplendor. Tánger era una ciudad enteramente polifacética, orgullosa de su multiculturalidad, como no podía ser menos para una ciudad con estatuto de internacionalidad. Allí diferentes tradiciones y religiones convivían en serena concordia (en el momento de la independencia de Marruecos habitaban en Tánger 40.000 musulmanes; 31.000 cristianos y 15.000 judíos). En esos días León transitaba su infancia y adolescencia sin solución de continuidad por diferentes culturas, la judío-sefardita, la árabe-bereber, la francesa y la española, ésta última a su vez conformada por elementos castellanos viejos y andaluces.

Utilicé los relatos de León Cohen como parte del material para el seminario de literatura africana en español que estuve impartiendo en la Facultad de Iberística de la Universidad de Varsovia. Varios de mis alumnos eligieron los relatos de Cohen para sus comentarios de texto entre una buena oferta de autores magrebíes, guineo-ecuatorianos, cameruneses o gaboneses escribiendo en español.

Mi fascinación por algunos de los relatos de León no ha decaído en absoluto con el paso de los años.  Y esta Crónica de un reencuentro me ofrece la doble oportunidad de releer una vez más los admirados relatos y poder además escribir sobre ellos.

Dejando a un lado su producción académica y poética, la obra narrativa de Cohen puede dividirse en cuatro bloques, que responden a distintas posiciones del narrador. En el primer bloque el narrador será el Yo autobiográfico donde el autor se cuenta a sí mismo y comparte con sus lectores los lugares y los personajes de su pasado que le han convertido en el León Cohen que ahora es; el segundo bloque utilizará la tercera persona para dar lugar a la narración de acontecimientos objetivos; el tercer bloque se corresponde con la literatura epistolar donde el adquiere protagonismo en tanto que las cartas siempre van dirigidas a un tú concreto con nombre y apellidos, destinatario de los mensajes epistolares.  Finalmente en el cuarto bloque también habrá un narrador (aparentemente) objetivo que cuenta las historias de otros. Pero no nos dejemos engañar, en estas historias – como en El alquimista o en Rachid y el señor Levy -, el discípulo, el narrador y el alquimista; y Rachid y Levy son reflejos, avatares del autor. De una manera o de otra el escritor oculto, disfrazado, desdoblado o distópico, se va desvelando en sus personajes.

El primero y más numeroso de esos bloques está formado por las auto-narraciones que describen su microcosmos: las ciudades de los recuerdos o los recuerdos de las ciudades, la nostalgia de la adolescencia vivida y sentida en un tiempo milagrosamente paradisíaco a pesar de las carencias materiales, El  recorrido sentimental por las calles de la memoria, esas que se solapan, se bifurcan y convergen hasta identificarse plenamente con las calles físicas que un día existieron y que ahora se han transformado de forma dramática para el autor. En este bloque encontramos muchos relatos costumbristas que describen no solo calles, locales o ciudades, siempre espacios de la infancia, la adolescencia y la juventud, sino también miembros de su familia, como la querida abuela Luna y otros entrañables personajes. El obligado exilio, el desgarro de tener que abandonar la querida ciudad, la emigración con la familia marcarán ese recuerdo que destila añoranza. Relatos inolvidables de este apartado son Mi casa, La calle Real o la Calle Barcelona. 

El segundo bloque, el más periodístico, en el que el autor se objetiva y se distancia para hablar de problemas candentes de nuestro tiempo y de nuestra sociedad, así encontramos Camisas mojadas, sobre el cruce del Estrecho en pateras por pobres inmigrantes irregulares o Aquella mañana aciaga, sobre el atentado del 11-M en Madrid.

El tercer bloque se compone de cartas. Cohen utiliza con habilidad la literatura epistolar para hablar con personajes que se encuentran muy cerca del autor pero temporal o espacialmente lejos. En este grupo encontramos la exitosa Carta a Juanita Narboni 1; Carta a Juanita Narboni 2. Jacobi; Carta a una amiga americana; Carta a mi padre; Carta a mis tías; Carta de un ciudadano corriente o la Carta a Jacobo Israel Garzón.  

En el cuarto y último bloque narrativo aparecen los relatos del narrador menos autobiográfico y más virtuoso, el mago de las palabras, el malabarista, el hacedor, el creador de personajes con vida propia. Y entre ellos aparecen los increíblemente bien perfilados Rachid y el señor Levy y El alquimista, incluidos en el apéndice de esta obra.

Llegados a este punto de creación literaria nuestro autor ejecuta una original vuelta de tuerca por la que algunos de sus personajes mejor logrados vuelven a encontrarse con su autor, dialogan con él y tienen nueva voz.

tributo (1)

Cierto es que no es totalmente nuevo este recurso en nuestro autor dado que ya en Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger aparecen tres narraciones en los que el autor y sus personajes, o los creadores de otros personajes que han influido en su obra,  se encuentran y dialogan en persona. Así encontramos:  La librairie des colonnes donde el escritor se reúne en un tiempo imposible con los por algunos considerados escritores malditos Mohamed Chukriy y Ángel Vázquez;  La Calle Goya donde Juanita Narboni (personaje principal creado por Ángel Vázquez) y Sol Bensusan (su contraparte o reverso, creada por León Cohen) participan con el mismo Cohen en un intenso diálogo; y finalmente  Encuentro en Tánger donde nuevamente Juanita y Sol se reúnen para rememorar la añorada Tánger, esa magnífica ciudad donde nadie podía sentirse extranjero, esa querido lugar del que tuvieron que exilarse para convertirse en tangerinos errantes vagando por el mundo en una diáspora sin retorno

En Crónicas de un reencuentro: relatos imaginarios con cinco personajes clave vuelve Cohen a recuperar, a revisitar a esos personajes afortunados, brillantemente perfilados muchos años antes. Esos personajes, a diferencia de su padre a quien escribe una carta años después de haber fallecido, nunca estuvieron muertos, no había que resucitarlos, solo había que visitarlos y comentar con ellos el efecto del tiempo.

Y esto es de lo que trata este libro, de hacer una reflexión sobre el proceso creativo diacrónicamente, a lo largo del tiempo, se trata de saber algo más de los personajes, cómo se comportan ahora, qué piensan después de los acontecimientos transcurridos, como actúan con sus nuevas circunstancias de tiempo y espacio, de historia a sus espaldas. 

Podemos pensar que necesariamente la evolución de los personajes ha de ser la del propio autor a lo largo de la línea temporal que ha recorrido, podemos pensar que necesita contarnos sobre los personajes algo más que quedó pendiente en su momento, o podemos pensar que los personajes están creados de una manera tan verosímil que tienen existencia  propia y sus ideas y su carácter han ido adaptándose a las cambiantes circunstancias. Sea cual sea la opción que el lector elija, en esta obra no son los personajes quienes buscan al autor, como nos dice Cohen en su prefacio citando a Pirandello, sino que es el autor quien ha llamado a la puerta de los personajes para ver cómo se desenvuelven en su vida actual. El creador no se olvida, el padre se preocupa por sus hijos. Cinco personajes: Rachid, el aprendiz de alquimista, Juanita, Sol y Jacobi dialogan años después con el escritor que les dio vida. Apenas treinta y cinco páginas son la esencia de un prodigioso y original juego donde el intelecto y la literatura se dan la mano.

Lector, queda en tu mano una nueva interpretación de este libro que se bifurca y crece de forma ilimitada. Lector, tienes en tus manos una fuente de innegable disfrute.         

Gloria Nistal           

Marzo 2019

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“CALLE DEL AGUA. Antología contemporánea de Literatura Hispanomagrebí” (2008) de MANUEL GAHETE, ABDELLATIF LIMAMI, JOSÉ SARRIA, AHMED M. MGARA & AZIZ TAZI

CALLE DEL AGUA

Antología contemporánea de Literatura Hispanomagrebí

(2008)

de Manuel Gahete, Abdellatif Limami, José Sarria,

Ahmed M. Mgara & Aziz Tazi

     El 29 de Octubre de 2008 acudí a la presentación del libro CALLE DEL AGUA en el Instituto Cervantes de Tánger, dentro del marco del Festival de Cine de Tánger, en colaboración con el Instituto Municipal del Libro de Málaga. Debo decir que fue una decisión acertada por la grata sorpresa que supuso la altura y calidad del evento, reflejo, obviamente, del cuidado con el que se ha afrontado la elaboración y edición de esta obra.

Jose Sarria

     Las palabras introductorias de José Sarria allanaron el camino a las posteriores exposiciones en cuanto aclaró uno de los objetivos marcados por esta obra: no pretender sentar cátedra sobre la presencia o no de ciertos autores, sino la de ser una muestra, una selección que, como tal, no puede abarcar a la totalidad de los escritores y creadores magrebíes que escriben en la lengua de Cervantes. Dicho esto, José Sarria, con la prudencia, mesura y equilibrio que le caracteriza, apuntaló aún más los fines de este trabajo prolijo y detallista: llamar la atención sobre el hecho incuestionable de la originalidad y novedad que supone el que exista una literatura hispanomagrebí como tal, es decir, de autores cuyo idioma propio es el árabe pero que vuelcan su creación en el idioma castellano (lo que los autores de esta antología vienen en llamar la “magrebidad” del español), de la propia existencia de esta literatura, única en los países árabes (por tanto, digna de apoyo) y de la proyección futura de la misma. Y, CALLE DEL AGUA, viene a cumplir ampliamente este afán divulgativo.

     El prólogo del libro es obra de Rodolfo Gil Benumeya Grimau y, en su corto pero denso viaje a través de los avatares por los que ha evolucionado la literatura magrebí en expresión española, viene a destacar el hecho de que quienes han venido poniendo las simientes para que se desarrolle este tipo de literatura, única y sorpresiva, han sido precisamente unos cuantos creadores, solitarios, sin duda, pero que creían firmemente en lo que estaban haciendo. Y la mayor parte de ellos provienen de dos ciudades en concreto: de Tetuán y de Larache (lo que, en este caso, me llena de orgullo, por razones obvias).

       Efectivamente, desde las revistas ALMOTAMID en Larache y KETAMA en Tetuán, durante la época del Protectorado, los primeros autores marroquíes que se atrevieron a crear en castellano encontraron allí su primer trampolín para dar a conocer sus poemas, ensayos o traducciones. El profesor Fernando de Ágreda señala al respecto: Dris Diuri nos ofrecía generosamente su colaboración… y decía en unos de los párrafos de su carta escrita el 14 de Junio de 1978: “Debo aclarar que todos mis trabajos – o pequeños libros – están escritos en el Gran Idioma Cervantino y no he podido encontrar ninguna ayuda para su publicación o traducción a otras lenguas…Finalmente desearía hacer una pequeña observación: tal vez sea el único marroquí o somos muy contados los que escribamos en español, pero desgraciadamente no contamos con asistencia en ningún sentido por parte de nadie. Navegamos en mar solitario o en bosque sin luz. Y creo sinceramente que merecemos un poco de atención. (1)

      A esta llamada de auxilio que ya hacía el poeta larachense en 1978 es a la que acude CALLE DEL AGUA, como si de un barco de rescate que navegara por el estrecho se tratara. Y es justo que así lo haga, pues es digno de reconocimiento el esfuerzo que supone el hecho de, sin ayuda alguna, sin apoyo institucional, sin la promesa no ya de una segura publicación sino siquiera de ver la luz en medios más asequibles (por ejemplo, la prensa, y hago en concreto esta alusión porque, actualmente, como si se acrecentasen las dificultades, también han desaparecido, para nuestra desgracia, los escasos periódicos o suplementos diarios que se publicaban en español en Marruecos); es decir, sin prácticamente salidas a sus creaciones, estos autores se empecinan en seguir escribiendo en castellano. De ahí que Rodolfo Gil quiera rendir un sutil pero merecido homenaje a esos francotiradores que han abierto el camino a otros soñadores: desde esos autores marroquíes que se lanzaron a escribir en revistas literarias en el Protectorado a la “figura principal” del periodista Said Jedidi quien, también contra corriente, ha sabido liderar y mantener un informativo televisivo en castellano desde  la Televisión Marroquí, algo homérico, y no soy excesivo, tras casi treinta años fajándose contra viento y marea; sin que el prologuista olvide, tampoco, al periódico L´Opinion con su página en español como “semillero principal de mucho intento de creación en lengua española” o a la tristemente desaparecida La Mañana en la que tan extraordinaria labor desarrollara la periodista Khadija Warid; ni deje de mencionar la labor de otros periodistas y profesores de literatura y lengua española como Mohamed Larbi Messari, Mohamed Chakor, Bounou, Ahmed Mgara, Abellatif Limami y Aziz Tazi (estos tres últimos coautores del libro objeto de este artículo), o la labor desarrollada por la Asociación Española de Escritores Marroquíes en Lengua Española (AEMLE) y la Asociación de Hispanistas Marroquíes de Fez. (2)

Said Jedidi

     CALLE DEL AGUA, como vengo diciendo, ha sabido estructurarse de una manera inteligente, fácil y accesible al lector profano que pretenda acercarse a esta literatura tan “sui generis”, pues, de varios plumazos, puede hacerse una idea muy certera de lo que ésta significa y lo que abarca. Tras el prólogo de Rodolfo Gil, ya mencionado, un estudio introductorio por parte de los cinco autores nos sirve para marcar las pautas, orientaciones y casuística de la obra, y hasta justificar esta antología. Estudio introductorio que se desmiembra, a su vez, para situarnos en el marco geográfico referencial, el desarrollo histórico del español en el Magreb, la interesante evolución que va del hispanismo a la “creación” literaria en el propio Magreb, con un posterior desarrollo a través de los autores, y, por último, lo que quizás emerge de todo este trabajo, a saber, la fijación, para algunos audaz, para mí certera, de la “literatura hispanomagrebí (o literatura española escrita en el Magreb) frente a la denominación de <escritores magrebíes de expresión en castellano>” (3).

     Como los autores de esta antología se preocupan de subrayar “el lector va a encontrar una literatura que hace una considerable apuesta por la musicalidad, cobrando el texto un gran sentido educativo a través de la moraleja…, apareciendo en escena imágenes hasta ahora casi inéditas en la literatura española peninsular, junto a elementos literarios… consustanciales a su identidad personal, étnica o racial. Además de un vocabulario que enriquecerá el acervo español…”.

Ahmed Mgara & Abdellatif Limami

     Para rematar la faena, CALLE DEL AGUA, con acierto absoluto, viene a ofrecer al lector la posibilidad de descubrir esta nueva literatura a través de sus narradores y de sus poetas y, en esta dualidad, dedicar un análisis panorámico a cada género (Abdellatif Limami lo hace con la narrativa y Aziz Tazi con la poesía) y luego un análisis específico a los autores seleccionados (Manuel Gahete presenta a los narradores y José Sarria a los poetas), para cerrar la obra con una muy buena selección de textos de los autores estudiados, con lo que tenemos una visión global, en horizontal y en vertical, de ellos y de las obras que están gestando.

     No puedo dejar de mencionar a los autores seleccionados porque, en definitiva, ellos son los artífices reales que sustentan la antología. Manuel Gahete efectúa el correspondiente análisis crítico de los narradores, que son: Mohamed Chakor, Mohamed Sibari, Mohamed Akalay, León Cohen Mesonero, Said Jedidi, Mohamed Bouissef Rekab, Mohamed Lachiri, Ahmed M. Mgara, Larbi El Harti y Ahmed Daoudi. Mientras que los poetas, analizados de la misma manera por José Sarria, son: Moisés Garzón Serfaty, Mohamed Chakor, Mohamed Sibari, Sara Alaoui, Mohamed Toufali, Mohamed Doggui, Aziz Tazi, Mezouar El Idrissi, Abderrahman El Fathi, Moufid Atimou, Souad A. Abdelouarit y Jalil Tribak.

Manuel Gahete

Aziz Tazi

***

Valiente me parece el hecho de que sus autores, sin reservas, derrochen honestidad y sinceridad y adviertan, desde el comienzo, que nadie busque, aún, una obra excelente, inolvidable, una obra magna o un autor transcendental, pues, esto es lo cierto, estamos ante una literatura en ciernes, en pañales. En la presentación del libro en Tánger, tanto Manuel Gahete, al referirse a los poetas, como Abdellatif Limami, respecto de los narradores, dejaron bien claro que, en una mayoría de ellos, aún no se ha producido una depuración en su escritura… “Por eso, el lector de ciertas obras  de esta escritura de marroquíes en lengua española se siente frustrado cuando establece su primer contacto con sus creaciones: muchas dificultades lingüísticas, carencia de una verdadera estructura novelesca, trama sencilla (simplista a veces), “creadores” transformados en “albañiles” por no decir “peones”. Pero como el fenómeno está en sus premisas, los altibajos son normales y evidentes”. (4)

     Me atrevería a decir, sin ambages, que siendo todo ello cierto, también lo es que ya comienzan a verse los primeros frutos de una “elevación” paulatina en la obra de esta literatura hispanomagrebí, es decir, una concienciación en los propios autores de una mayor exigencia crítica, un mayor esfuerzo por parir obras más trabajadas, de mayor enjundia literaria.

     Sería el caso, por ejemplo, de Mohamed Bouissef Rekab. Narrador agresivo y aguerrido, sufre en sus primeras obras de ese mismo mal que ya mencionan los autores de CALLE DEL AGUA, es decir, la descompensación en la estructura narrativa, trama simple, etc… Sin embargo, una de sus últimas novelas “Aixa, el cielo de Pandora” (5), con un dominio absoluto del castellano, es una novela ambiciosa, que no defrauda en ningún aspecto: narración que bebe del realismo social acunado por Mohamed Chukri, trata todos los temas que obsesionan a los creadores marroquíes (las contradicciones de su sociedad, la interacción entre las tres culturas, la moral…), pluralidad de narradores y puntos de vista, un marco geográfico concreto (en este caso, la ciudad de Larache, y en menor medida Tánger y Tetuán), mezcla de realidad y ficción, la crudeza de la miseria representada en el personaje protagonista, la dignidad, sin embargo, del desheredado, y, como colofón, un cuidado en el lenguaje, con frases de una belleza formal que trascienden el propio texto (“se hallaba rodeada de tristezas detenidas en su vida”).

    Es en esta obra, quizás más que en ninguna otra, donde el uso del castellano sirve al autor para dar rienda suelta a tramas, personajes y creaciones que, en árabe, le estarían vedados. No olvidemos que el árabe, como idioma del Profeta, no puede ser utilizado para contar ciertas historias, para transcribir ciertas expresiones que se considerarían blasfemas. El castellano, en este sentido, sirve al escritor de vía de escape para contar lo que no puede en su idioma original. Por supuesto que, con esta afirmación, no estoy diciendo más que lo que he dicho, pues lo cierto es que los autores magrebíes que utilizan el castellano como arma literaria lo hacen porque lo han decidido libremente, porque es “su idioma creativo”.

     Otro ejemplo de esta evolución positiva sería el de Mohamed Akalay, evolución fácil de advertir desde “Entre dos mundos” (6) del año 2003 a los relatos que recopila en “Entre Tánger y Larache” (7) de 2006. Mientras que en su primera novela también aflora esa falta de pulso narrativo, una estructura simplista, narrador errático, en su siguiente libro hallamos relatos de gran factura literaria, entre los que destaca “Luz de vida”, un cuento redondo, bien construido, sobre el sentido de la vida y la ilusión por disfrutar de nuestra existencia sea cual sea nuestra edad, con el que Akalay, además, ganó el Premio Eduardo Mendoza de Relato Breve. Y tanto “Alcoba y amor”  como, sobre todo, “El peso de la vida” constituyen dos pequeñas joyas.

Sergio Barce, Mohamed Akalay, Abdellatif Limami, Said Jedidi, Mohamed Sibari y Abderrahman El Fathi

Sergio Barce, Mohamed Akalay, Abdellatif Limami, Said Jedidi, Mohamed Sibari y Abderrahman El Fathi

     En la poesía se hallan claros valores en alza. El hecho de que, en muchos casos, estos creadores sean profesores universitarios de literatura o lengua española les hace dominar mucho mejor el idioma y crear, en ese aspecto, con una mayor soltura. Aunque Manuel Gahete también indicó en la presentación del libro que falta aún mucho camino por andar para poder hablar con propiedad de una poesía hispanomagrebí que descolle, lo cierto es que los poetas presentes en ese acto, Abderrahman El Fathi y Moufid Atimou, con la lectura de varios de sus poemas, demostraron que, a poco que evolucione sus respectivas obras, se van a convertir en voces a tener en cuenta y, en concreto, dentro del panorama de la poesía hispanomagrebí, quizás en dos de las más importantes. Aunque, como bien dice Aziz Tazi “…la verdadera y certera expresión poética se logra, en la poesía magrebí escrita en español, de una manera satisfactoria en algunos casos y de un modo exquisito en otros pocos” (8)

     Quizás deba pedir disculpas por esta digresión imprevista, pero el abanico de posibilidades que se abre cuando se analiza el fenómeno de la literatura hispanomagrebí hace inevitable el tomar alguno de sus afluentes o remontar el río a contracorriente para puntualizar algún punto o subrayar alguna opinión anterior.

      Lo importante, en definitiva, es el hecho en sí de que CALLE DEL AGUA, como resultado del loable esfuerzo de sus cinco autores, sirva para dar a conocer, como así lo logra, a estos narradores y poetas magrebíes que luchan por no zozobrar en este maremágnum de la globalización pero que, en su singularidad, en su tenacidad por defender la libertad del creador para elegir su idioma de expresión artística, siguen manteniéndose a flote y, cada vez, con más seguridad y brío.

     La selección de textos de CALLE DEL AGUA termina con varios poemas de Moufid Atimou, y me parece acertado cerrar este artículo con los últimos versos del titulado “Las envejecidas caras”:

 …

Me acuerdo de estas envejecidas caras,

Cuando andaban firmes como montes,

Que andan curvados y tristes,

Temiendo tropezar en granos,

Sin poder levantarse nunca más. (9)

     Los escritores hispanomagrebíes, por el contrario, parecen avanzar erguidos, sin temor a tropezar, levantándose una y otra vez, pese a los imponderables.

 Sergio Barce

(1) “Dris Diuri y la revista Al-Motamid (Trina Mercader). Una aventura utópica” artículo de Fernando de Ágreda publicado en La Gaceta Informativa de Larache nº 5, Noviembre de 2006.

(2) Prólogo de “Calle del agua” de Rodolfo Gil. Páginas 13 y ss.

(3) “Calle del Agua”. Páginas 21 y ss.

(4) Abdellatif Limami. Página 52 de “Calle del agua”.

(5) “Aixa, el cielo de Pandora” de Mohamed Bouissef Rekab. Quórum Editores, Colección Algarabía. Cádiz, 2007.

(6) “Entre dos mundos” de Mohamed Akalay. Ed.AEMLE, Tánger, 2003.

(7) “Entre Tánger y Larache” de Mohamed Akalay. Sial Ediciones. Madrid, 2006.

(8) Aziz Tazi. Páginas 85-86 de “Calle del agua”.

(9) “Las envejecidas caras” (Inédito, verano 2007). “Calle del agua”. Página 241

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