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“CALLE DEL PERDÓN” (RUE DU PARDON), UN LIBRO DE MAHI BINEBINE

He terminado la lectura de un libro original, emotivo y sugestivo. Después de que me enganchase con sus Historias de Marrakech (Le griot de Marrakech) y en especial con su enorme novela Los caballos de Dios (Les Étoiles de Sidi Moumen), Mahi Binebine ahora me lleva por otros derroteros con Calle del Perdón (Rue du Pardon).

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Escrito en primera persona, Mahi Binebine adopta la visión y la personalidad de una joven que nos irá narrando su dura vida, pero también su preciosa historia de amor con su Abuelo (escrito así, con mayúsculas) y con Mamyta.

“…Al cumplir diez años dejé de escaparme yo sola: rondar por la Plaza se había vuelto peligroso por culpa de los <sobones>, unos energúmenos que la toman con tu trasero y se te pegan para restregarse con el miembro tieso.

(…) Aquí me tienes, Abuelo, en este cementerio donde descansas. Este recinto triste y abandonado a su suerte que han tomado las zarzas, los vendedores de higos secos, los mendigos que apestan a sebo y los lectores del Corán que salmodian versículos macabros sobre el fin del mundo.  Se abalanzan como rapaces sobre los escasos visitantes que flaquean ante la tumba de los suyos. El dolor los atrae como la sangre a los vampiros. Se las dan de interlocutores entre el hombre mortal que eres y el Señor, exhibiendo las llaves del Paraíso que pretenden poseer, con tal de que les arrojes una moneda. A mí no se me acercan. Llevo tanto tiempo viviendo al recogimiento de tu tumba que ya me conocen. Saben que no les voy a dar ni un céntimo. Me asquea la gente que se aprovecha de la debilidad ajena. ¿Qué, te parezco mala persona? No, Abuelo, lo único que hago es defenderme. Además, en gran parte te lo debo a ti. Tú me enseñaste a devolver los golpes. A no quedarme callada. Sin ti, seguramente nunca habría dejado a los míos cuando era adolescente…”

El Abuelo, al que en su trabajo se le conoce como el General, da lugar a uno de los episodios más entrañables y emotivos de esta novela. Mahi Binebine trata a sus protagonistas con una dulzura de poeta, y la historia avanza entre dolorosos instantes y sucesos violentos como si de un lento paseo se tratase, sorteándolos para mostrar que siempre hay otra cara de la vida más dulce. Sabe cómo embaucarnos y hacer que nos enamoremos de ellos. La originalidad de la trama es igualmente digna de agradecer, evitando los lugares comunes sin renunciar sin embargo a la denuncia de ciertas injusticias sociales que aún se viven a diario en Marruecos.

“(…) ¡Ay, Mamyta, cuánto echo de menos haber podido mimarte como me hubiera gustado! No para pagarte ninguna deuda, eso sería imposible, por supuesto, sino solo para darte gusto. Volver a ver por última vez el oro centelleante en tu boca, las manos dando palmadas en las rodillas, los ojos empapados de alegría cuando tus carcajadas se volvían incontrolables y te obligaban a echarte hacia atrás. Hacerte un poquito feliz, cubrirte con las joyas bereberes que te agradaban, con sedas del Lejano Oriente, babuchas de terciopelo bordadas… Me habría gustado llevarte de vacaciones al norte, a Tánger por ejemplo. Una ciudad donde los perros tienen un cementerio es imposible que maltrate a los artistas. Soñabas con ese viaje. Me habría gustado meterte en esos cabarets mórbidos para emborracharnos. Una botella de mahia mano a mano. Solo tú y yo. Luego habríamos bailado y les habríamos enseñado a los aficionados cómo nos las gastábamos. Te habría cogido de la mano una vez más, me habría soltado el pelo, te lo habría soltado a ti y nos habríamos embalado. De rodillas, una frente a otra, con una sola y única voz, les habríamos mendigado a los ángeles caídos un éxtasis postrero…”

Calle del Perdón es un largo poema, un canto a la fraternidad, a la familia verdadera (sin que eso suponga que deba ser la familia biológica), esa que forma la gente que se quiere de veras, también es un canto a nuestros mayores y a quienes luchan por hacernos mejores personas, esos que ponen la carne en el asador para tratar de que los suyos tengan un futuro esperanzador. No sobra nada en este libro, escrito con tanto cariño como estilo. Puro placer el leerlo.

Calle del Perdón (Rue du Pardon) ha sido publicado en España por Alfaguara, con traducción del francés de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego.

Sergio Barce, abril 2021

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MARRUECOS Y CINCO NOVELAS IMPRESCINDIBLES

   Hoy me voy a limitar a recomendar cinco libros de obligada lectura, todos ellos relacionados con Marruecos, todos escritos por autores de origen marroquí. Novelas excepcionales, devastadoras y de gran calidad estilística y narrativa. Obras que no son nada complacientes.

Junto a cada título, os dejo el enlace de la reseña que les hice en su momento a cada uno de estos títulos.

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Tiempo de errores (Zaman al-ajta) de Mohamed Chukri. Editada por Cabaret Voltaire, con traducción del árabe de Karima Hajjaj y Malika Embarek.

https://sergiobarce.blog/2011/03/08/otros-libros-otros-autores-tiempo-de-errores-zaman-al-akhtaa-1992-de-mohamed-chukri/

https://sergiobarce.blog/2010/12/21/larache-visto-por-mohamed-chukri-en-tiempo-de-errores/

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El pasado simple (Le passé simple) de Dris Chraibi. Publicada por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, con traducción del francés de Leonor Merino e Inmaculada Jiménez Morell.

https://sergiobarce.blog/2019/05/21/el-pasado-simple-le-passe-simple-1954-una-novela-de-dris-chraibi/

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Sufrían por la luz (Cette aveuglante absence de lumiére), de Tahar Ben Jelloun. Editada por RBA, con traducción del francés de Manuel Serrat Crespo.

https://sergiobarce.blog/tag/sufrian-por-la-luz/

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El último patriarca (L´ultim patriarca) de Najat el Hachmi. Publicado por Planeta, con traducción del catalán por Rosa María Pratts.

https://sergiobarce.blog/2015/08/24/el-ultimo-patriarca-lultim-patriarca-2008-una-novela-de-najat-el-hachmi/

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Los caballos de Dios (Les Étoiles de Sidi Moumen) de Mahi Binebine. Editado por Alfaguara, con traducción del francés de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego.

https://sergiobarce.blog/2016/06/13/los-caballos-de-dios-les-etoiles-de-sidi-moumen-una-novela-de-mahi-binebine/

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“HISTORIA DE LAHCEN E IDIR”, DE PAUL BOWLES

JANE Y PAUL BOWLES

JANE & PAUL BOWLES

Uno de mis placeres, es releer los cuentos que me han gustado en algún momento. Hay varios de Paul Bowles. Uno de esos relatos es el titulado Historia de Lahcen e Idir.

En el siguiente fragmento de este cuento, que lo reproduzco por el simple placer de poder compartir su lectura con vosotros, hay que dejarse llevar por las palabras, y, en seguida, ellas nos embozan y, pese a la sencillez de la historia, al instante creemos estar presenciando in situ lo que acontece.

Sergio Barce, julio 2019

“…A veces Lahcen venía por la noche con una botella de vino. Se bebía toda la botella mientras Idir fumaba su pipa de kif, y escuchaban la radio hasta el final del programa, a las doce. Luego, ya muy tarde, paseaban por las calles de Dradeb hasta un garaje donde un amigo de Lahcen era vigilante nocturno. Cuando había luna llena, superaba en luminosidad a las luces callejeras. En las noches sin luna no había nadie en las calles, y en unos pocos cafés los hombres se contaban lo que habían hecho los ladrones, y que había más que nunca. Esto se debía a que casi no se podía conseguir trabajo, y a que la gente del campo estaba vendiendo sus vacas y sus ovejas para poder pagar los impuestos, y se venía después a la ciudad. Lahcen e Idir trabajaban ocasionalmente, siempre que encontraban algo que hacer. Tenían un poco de dinero, comían siempre, y Lahcen podía permitirse algunas veces su botella de vino español. El kif de Idir era algo más difícil, porque cada vez que la policía decidía cumplir la ley contra su consumo, empezaba a escasear y el precio subía. Después, cuando lo había en abundancia porque la policía se dedicaba a buscar armas y rebeldes, el precio se mantenía alto. Él no fumaba menos, pero lo hacía a solas en su cuarto. Si fumas en un café, siempre hay alguien que se ha dejado el kif en casa y necesita usar el tuyo. Les dijo a sus amigos del café Nadjah que había abandonado el kif, y nunca aceptaba una pipa cuando se la ofrecían.

De regreso en su habitación a primeras horas de la noche, con la ventana abierta y el soporífero ruido urbano, pues era verano y las voces de la gente llenaban las calles, Idir se sentaba en la silla que había comprado y colocaba los pies sobre el antepecho de la ventana. De aquel modo, podía ver el cielo mientras fumaba. Lahcen aparecía para charlar. De vez en cuando iban juntos a Emsallah, a una barraca cerca del matadero, donde vivían dos hermanas con una madre débil mental. Emborrachaban a la madre y la ponían a dormir en el cuarto del fondo. Después conseguían que se embriagaran las muchachas y pasaban la noche con ellas, sin pagar. El coñac era caro, pero no tanto como podían costar las rameras.

A mediados del verano, en la época del Sidi Kacem, el tiempo se puso súbitamente muy caluroso. La gente instalaba tiendas hechas con sábanas en las azoteas de las casas, y cocinaba y dormía allí. Por la noche, bajo la luz de la luna, Idir veía todos los tejados, cada uno con su cubículo de sábana agitada por el viento, y dentro de éstos el resplandor rojo del fuego en el hornillo. De día, el sol reflejado en el mar de sábanas le hería los ojos, y se cuidaba de no mirar hacia afuera cuando pasaba por delante de la ventana al desplazarse por la habitación. Le habría gustado vivir en una habitación más costosa, que tuviera una persiana para no dejar entrar la luz. No había forma de protegerse contra el brillante fulgor veraniego que llenaba el cielo, y aguardaba ansiosamente el anochecer. Tenía por costumbre no fumar kif antes de la puesta del sol. No le gustaba hacerlo de día, sobre todo en verano, cuando la atmósfera es calurosa y la luz violenta. Cuando cada día empezó a ser más bochornoso que el anterior, decidió comprar comida y kif suficientes para varios días, y encerrarse en su cuarto hasta que hiciera más fresco. Aquella semana había trabajado dos días en el puerto y tenía algo de dinero. Puso los alimentos sobre la mesa y cerró la puerta con llave. Después quitó la llave de la cerradura y la arrojó al cajón de la mesa. Entre los paquetes y botes de la cesta de la compra había un voluminoso envoltorio de kif en papel de periódico. Lo abrió, apartó un manojo y lo olió. Pasó las dos horas siguientes sentado en el suelo arrancando las hojas y picándolas sobre una tabla de cortar pan, zarandeando, cortando, una y otra vez. En un momento dado tuvo que cambiar de sitio para huir de los rayos del sol, que lo habían alcanzado. Para cuando el sol se puso, tenía preparado el kif suficiente para tres o cuatro días. Se levantó del suelo y se sentó en la silla con el saquito y la pipa en el regazo, y fumó, mientras la radio tocaba la misma chleuh que se emitía siempre a aquella hora para los tenderos del Souss. En los cafés, los hombres solían levantarse y apagarla. Idir disfrutaba con ella. A los fumadores de kif generalmente les gusta, debido al naqus que siempre repite el mismo motivo.

La música duró largo rato, e Idir pensó en el mercado de Tiznit y en la mezquita con los troncos sobresaliendo de sus muros de barro. Miró al suelo. Todavía había luz diurna en el cuarto. Abrió los ojos al máximo. Un pajarillo caminaba lentamente por el suelo. Dio un salto. Cayó la pipa de kif, pero su cazoleta no se rompió. Antes de que el pájaro pudiera moverse le había colocado una mano encima. No se resistió, ni siquiera cuando lo sostuvo entre ambas manos. Él lo miró y pensó que era el pájaro más pequeño que hubiese visto nunca. Su cabeza era gris, y las alas blanco y negro. El pájaro lo miraba y no parecía asustado. Se sentó en la silla con el pájaro en el regazo. Cuando alzó la mano, el pájaro permaneció inmóvil. <Es un pichón y no sabe volar>, pensó. Fumó varias pipas de kif. El pájaro no se movió. El sol se había puesto, y las casas iban tornándose azuladas bajo la luz nocturna. Acarició con el pulgar la cabeza del pájaro. Después se quitó el anillo del dedo meñique y se lo deslizó sobre el suave plumaje del pescuezo. El pájaro no se inmutó.

-Un collar de oro para el sultán de los pájaros-dijo él…”

Historia de Lahcen e Idir, es uno de los relatos que se incluyen en los Cuentos reunidos, de Paul Bowles, publicado por Alfaguara, con traducción de Héctor Silva.

Cuuentos reunidos

 

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Otros libros, otros autores: DÉJALA QUE CAIGA (Let it come down) de PAUL BOWLES

El Tánger Internacional, un escenario que Paul Bowles conocía tan profundamente, se abre en abanico para quien se sumerja en esta extraordinaria novela, quizá, a mi modesto entender, la más redonda de las escritas por el autor norteamericano. Déjala que caiga <Let it come down, 1952>, no es sólo la radiografía de una sociedad en permanente cuestionamiento moral y de decadencia inexorable, es también, y sobre todo, el retrato de uno de los personajes más interesantes de la narrativa del pasado siglo. No creo desatinar si la pongo en paralelo a <El cielo protector> y <La casa de la araña>, de esta última ya hice un largo comentario en este blog, ambas obras del propio Bowles, y con <El extranjero> de Camus, al que también dediqué otro artículo. Es decir, una novela sobre la vacuidad de la vida, sobre la desesperanza, sobre la frustrante existencia humana.

(…)

Ella se rió un momento, sopló la llama y le cogió de la mano, que todavía sostenía la cerilla.
-Déjame ver tu mano –dijo dándole una chupada al cigarrillo. Dyar sonrió y le mostró la palma rígida para que la examinara.
-Relájala –añadió ella acercándose para mirarla.
-¡Trabajo! –exclamó en tono de burla-. No veo ni rastro en esta mano, mi querido Mr. Dyar.
-Bueno, pues entonces la mano miente –dijo él enfurecido-. Trabajar es lo único que he hecho en mi vida.
-Ah, tal vez de pie en un banco, pero eso es tan leve que no se manifiesta. –Miraba con cuidado, presionando la carne de la mano con los dedos-. No. No veo señales de trabajar. Para ser sincera de veras, no veo señales de nada. Nunca me había encontrado con una mano tan vacía. Es aterrador. –Levantó la cabeza para mirarle.
Dyar volvió a reírse.
-Se ha quedado de una pieza, ¿eh?
-En absoluto. He vivido en América lo suficiente para haber visto una buena cantidad de manos americanas. Lo único que puedo decir es que ésta es la peor.
Dyar fingió una gran indignación, y apartó la mano con brusquedad.
-¿Qué quiere decir con eso de que es la peor? –exclamó.
Daisy le miraba con una infinita preocupación en los ojos.
-Quiero decir –explicó-. Que tu vida está vacía. No sigue una pauta. Y no hay nada en ti que te dé un objetivo. La mayoría de la gente no puede evitar el seguir algún tipo de proyecto. Lo hacen automáticamente, porque forma parte de su naturaleza. Eso es lo que les salva, lo que les para. No pueden evitarlo. Pero tú estás a salvo de que te salven.

Paul Bowles

Novela densa sobre el no ser, sobre la propia existencia y el vacío de la vida. Obra extraordinaria, cuya primera parte con Eunice Goode y la pintoresca gama de personajes que va conociendo el protagonista, Dyar, resulta subyugante. Los ambientes de aquel Tánger mítico, el aire viciado de la ciudad, llena de contrabandistas y desheredados, nos emboza, y quienes la habitan recrean un cuadro en el que se mezclan los extranjeros en busca de un paraíso imposible y los propios marroquíes, en los que, como es habitual en Paul Bowles, convive esa contradicción ambivalente de querer ser un pueblo arraigado a sus costumbres pero sin renunciar a una modernidad forzada y ajena, y el choque de sus ansias por integrarse en el mundo occidental con sus deseos por convertir su nacionalismo en el escudo contra las malas influencias externas… Todo esto Bowles lo domina a la perfección.

Tánger, el Hotel Minzah

Cruzó la Plaza de France bajo las ramas colgantes de los robles plantados frente al Consulado Francés. Ni el Café de París ni la Brasserie de France estaban abiertos. La ciudad se hallaba desierta; el Boulevard Pasteur reducido a dos filas de tenues luces que convergían en la noche. Era típico de los europeos, pensó, el desanimarse y suspender todos los planes en cuanto existía una posibilidad de mojarse. Eran más prudentes que apasionados; sus miedos más fuertes que sus deseos. La mayor parte de ellos no tenían ningún deseo auténtico, aparte de ganar dinero, lo que al fin y al cabo no es más que una costumbre. Pero tan pronto como lo conseguían, no parecían usarlo nunca en un objeto o propósito concretos. Aquello era lo que le costaba comprender. Él sabía perfectamente  lo que quería, siempre, igual que sus compatriotas. La mayoría de ellos sólo quería tres cabras para sacrificar en Aid al Kabir y ropa nueva para la familia en Mulud y Aid es Saguir. No era gran cosa, pero era algo preciso y concentraban todos sus esfuerzos para conseguirlo. Con todo, no podía pensar en la masa de los marroquíes sin desprecio. Le sacaban de quicio su ignorancia y atraso; si maldecía a los europeos en un comentario, en el siguiente no dejaba de criticar a los marroquíes. Aparte de él ninguno se salvaba y ello se debía a que se odiaba a sí mismo más que a nadie. Afortunadamente no era consciente de esto. Su sueño se cifraba en tener una pequeña lancha de motor; era imprescindible para quien esperara triunfar en el contrabando. 

 

TANGER

Paul Bowles nos atrapa con su mundo amoral, con sus queridos ambientes cargados de kifi y con sus viajes inhóspitos a lugares cerrados y secretos (ese cafetín donde un hombre se corta para purificar el alma danzando hasta el paroxismo, el magnético Café Lucifer, los otros cafetines en los que fuman kifi sin cesar…). <Déjala que caiga> es de esas novelas que no puedes dejar de leer hasta que la acabas.

(…)
-No –dijo Hassan tranquilamente-. Es mi hermano Thami. ¿Deseaba conocerle? –La sugerencia no estaba motivada tanto por un sentimiento de amabilidad hacia Eunice Goode, como por el desprecio que sentía hacia Tami, cuya inesperada aparición consideraban tanto Hassan como Abdelmalek una insolencia. Le habían sugerido que se marchara pero, como estaba un poco bebido, se echó a reír. Si alguno de los presentes podía acelerar su partida, pensó Hassan, era sin duda aquella extraña mujer americana.
-¿Quiere venir? –insistió tendiéndole el brazo. Eunice tomó una rápida decisión y respondió que lo haría con mucho gusto.
No le sorprendió descubrir que Thami era ni más ni menos el tipo de marroquí que más le desagradaba y solía criticar: el árabe europeizado en lo exterior, pero que en su fuero interno sabe que no logrará nunca la deseada metamorfosis y, por ello, se muestra desafiante, a la ofensiva para ocultar su derrota; irresponsable e insolente. Por su parte, Thami se comportaba de una manera especialmente desagradable. Estaba de pésimo humor al haber fracasado en su intento de obtener el dinero de sus hermanos para la lancha, y de convencerlos para avenirse a la venta de la casa de Marsha. Además, aquella mujer repelente respondía a su idea de la típica turista que sólo admiraba a los de su raza en la medida en que resultaban pintorescos.
-A usted le encantaría que fuésemos un país de encantadores de serpientes y comedores de escorpiones –dijo, enfurecido…

La historia se precipita hacia un final inevitable, pero es la maestría de su narrativa la que nos conduce hasta él, y realmente no deja lugar a la indiferencia. Es un libro para disfrutar, una gran novela sin duda, y unos personajes, Dyar, Eunice, Thami, que se nos encallan en la memoria.


(…) Dentro, junto al fuego, el tiempo se disolvía lentamente; se desmoronaba. Pero, incluso al final de la noche, quedaría un rescoldo de tiempo, de un sabor sutil y amargo, suave al tacto, reluciendo desde su hornacina de cenizas, antes de palidecer y morir, antes de que el corazón de la noche antigua dejara de palpitar.

Un Paul Bowles exquisito, sutil, magnífico.
Sergio Barce, enero de 2012

Los fragmentos de la novela están tomados de la quinta edición de Febrero de 2002, publicada por Alfaguara, y con traducción del inglés de Guillermo Lorenzo.

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Otros libros, otros autores: HONRARÁS A TU PADRE (Honor thy father, 1971) de GAY TALESE

Escrito en 1971, esta crónica novelada de la familia Bonanno, supuso un punto de inflexión en las historias escritas acerca de la Mafia italoamericana. Después de este libro, llegaría “El padrino” (The Godfather, 1972), y, aunque inspirado en el libro de Puzo, algunas de las escenas que se describen no pueden impedir que pensemos en la película de Coppola. Se dice, incluso, que es el libro que ha inspirado a la mejor serie de televisión de la historia: “Los Soprano” (The Sopranos, 1999-2007). En cualquier caso, estamos ante un texto extraordinariamente documentado sobre la vida de esta familia vinculada a la Mafia, donde se nos describe de manera pormenorizada todas las actividades tanto de Joseph “Joe Bananas” Bonanno como de su hijo, y heredero, Salvatore “Bill” Bonanno.

 Una mañana de diciembre, mientras gateaba por el comedor, el hijo de dos años de Bill Bonanno, Joseph, metió la mano en el espacio que había entre el mueble donde se guardaba la vajilla y la pared y apretó el gatillo de un rifle que habían dejado apoyado allí. El disparo del rifle abrió un hueco en el techo y penetró en el piso superior, no lejos de donde estaba dormido Magliocco. El gordo saltó enseguida de la cama, gritando, y Rosalie, que estaba dándole de comer a su recién nacido en otra parte de la casa, comenzó a dar alaridos. De repente toda la casa comenzó a vibrar con el ajetreo de cuerpos humanos que corrían en pánico, buscando y gritando, hasta que descubrieron al niño abajo, entado en la alfombra con su pijama rojo, aturdido pero a salvo, con un rifle humeante a los pies. Dos semanas después, Joe Magliocco murió de un ataque cardíaco.”

 

El autor, Gay Talese, uno de los inspiradores del Nuevo Periodismo americano, cuenta en el Epílogo el origen de este libro:

 Este libro surgió del bochorno que sentía mi padre (nacido en Italia) ante el hecho de que los gánsteres con apellido italiano dominaran invariablemente los titulares y la mayor parte de los programas de televisión que trataban sobre el crimen organizado. Mi padre, un altivo y consumado sastre que emigró de Italia en 1920 y se instaló y prosperó en la isla turística de Ocean City, Nueva Jersey –donde nací yo, durante el invierno de 1932-, siempre me animó a sentirme orgulloso de mi herencia étnica, una herencia que él identificaba con nombres como Miguel Ángel y Dante, Medici y Galileo, Verdi y Caruso. Pero, mientras yo crecía en la década de 1940, los nombres italianos que veía con más frecuencia en las primeras páginas de los diarios eran los de conocidos líderes de la Mafia: Charles <Lucky> Luciano y Al Capone; Vito Genovese, Carlo Gambino, Frank Costello, Thomas <Tres Dedos Brown> Lucchese y Joseph <Joe Bananas> Bonanno

 

BILL BONANNO

El libro está muy bien escrito, es narrativa periodística, pero también narrativa novelada, y algo de narrativa cinematográfica. Mantiene el interés en todo momento, y, aunque se hace algo tedioso en la transcripción exacta de todos los interrogatorios efectuados en el juicio, se trata de una obra curiosa, una visión de la mafia desde dentro que, además, nos descubre aspectos desconocidos de ese mundo. Lo que más me ha impactado es, quizá, que esta gente carecía de vida, en el sentido de que, la mayor parte del tiempo, por una u otra razón, tenían que desparecer durante largas temporadas, lejos de los suyos, para evitar ser eliminados o para eludir a la justicia. Y realmente no sé si, al final, ese sacrificio les compensaba.

 Así que comenzó a caminar tranquilamente desde su habitación en la parte posterior del inmenso motel hasta el frente del lugar y se detuvo cerca de la recepción del motel sobre la calle. Su amigo lo acompañaba y los dos conversaron durante unos minutos bajo el sol. Luego, Bill vio una barbería cerca y decidió que no le vendría mal un pequeño corte, de manera que entró, seguido de su amigo. En la barbería había tres sillas y, como no estaba llena, un barbero de pelo blanco le sonrió y dijo:

-Usted es el siguiente.

Bill no reconoció a nadie en el local. Tomó una revista y se sentó en la silla. Su amigo se sentó cerca de la puerta.

-¿Está de visita? –preguntó el barbero con tono alegre, mientras le ponía una sábana sobre los hombros.

Bill asintió con la cabeza.

-¿Y planea quedarse mucho tiempo?

-Sí. Si me gusta el lugar, me gustaría quedarme –dijo Bill.

Una manicurista se le acercó, pero Bill negó con la cabeza y siguió hojeando la revista, al tiempo que levantaba cada tanto los ojos para mirar el inmenso espejo que reflejaba la calle. Bill vio llegar un auto, luego otro y luego una patrulla de policía. Después llegaron otros dos coches de policía y también vehículos de la prensa con fotógrafos.

-Miren, ¿qué es toda esa conmoción allá afuera? –preguntó uno de los barberos.

El barbero que atendía a Bill se volteó hacia la ventana y silbó bajito, mientras continuaba moviendo las tijeras sobre la cabeza de Bill. Bonanno no dijo nada. Luego vio a un agente local del FBI que conocía de antes, Kermit Johnson, dirigiéndose hacia la barbería, seguido de otros hombres. Bill se obligó a sonreír y saludó desde lejos:

-Hola, Kermit.

Kermit Johnson pareció incomodarse un poco con la muestra de familiaridad, pero luego se relajó y contestó:

-Hola, Bill, ¿cómo estás?

Johnson se puso torpemente de pie frente a la silla y el barbero, al verlo, le dijo:

-No me demoro, señor. Usted es el siguiente.

Johnson miró directamente a Bill y le preguntó:

-¿Sabes por qué estoy aquí?

-Sí, lo sé –dijo Bill-. ¿Puedo terminar de cortarme el pelo? ¿O vas a armar un alboroto?

-No, no voy a armar un alboroto –dijo Johnson-. ¿Estás armado?

Bill contestó con un tono de inocencia fingida:

-Kermit, no seas tonto.

El barbero empezaba a ponerse nervioso.

-Discúlpeme –interrumpió finalmente el barbero, al tiempo que señalaba el corrillo de policías y fotógrafos que esperaban en la acera-, ¿qué están haciendo todos esos caballeros ahí afuera?

-Esos <caballeros> -dijo Bill- me están esperando a mí.

El barbero no dijo nada por un momento, mientras asimilaba lo que acababa de oír; luego le comenzaron a temblar las manos y apenas podía sostener las tijeras.”

JOSEPH "JOE BANANAS" BONANNO

 Como también es curioso que la realidad de sus vidas, nada tuviera que ver con la creada por la imaginería popular.

 Cuando el ciudadano norteamericano común pensaba en la Mafia, por lo general se imaginaba escenas llenas de acción y violencia, de dramáticas intrigas y confabulaciones que valían millones de dólares…

(…) ..el típico mafioso tendía a volverse egocéntrico y obsesivo, a vivir pendiente de minucias que magnificaba, a reaccionar de manera desproporcionada ante cualquier ruido, dándole demasiadas vueltas a todo lo que se decía y hacía a su alrededor, perdiendo la perspectiva del mundo…

(…) Y el mafioso típico respondía a esa imagen, se la creía, prefería creérsela porque ella lo hacía ver más grande de lo que era en realidad, más poderoso, más romántico, más respetado y más temido.

(…) …y los productores de cine cada vez que podían venderles ese mito a un público que invariablemente quería que sus personajes fueran más imponentes que en la vida real: pequeños Césares que hablaban duro y gastaban mucho.

LUCKY LUCIANO

Bill Bonanno se sentía tan influenciado por ese mito como cualquier otro y con frecuencia decidía vivir esa mentira.

(…) Así, no era difícil entender por qué Frank Costello mantuvo relaciones con los líderes de Wall Street y poderosos comerciantes, con quienes tomaba diariamente su sauna en el Biltmore, o por qué Lucky Luciano había sido un respetado residente del Waldorf, o por qué un enemigo tan encarnizado de la Mafia como Benito Mussolini había otorgado el título de <commendatore> a un fugitivo de los Estados Unidos, Vito Genovese, después de que éste hiciera generosas contribuciones a proyectos de construcción municipales cerca de Nápoles.

Sin embargo, había sin duda otro veteranos de la Mafia que habían sido presentados en la prensa como millonarios pero que eran relativamente pobres

GAY TALESE

Gay Talese, trabajando como periodista, siguió el proceso judicial que se seguía contra Bill Bonanno, y se lanzó a pedirle una entrevista. Gracias a su insistencia, poco a poco, se ganó la confianza de este jefe mafioso y le convenció para escribir un libro que contara su vida y la de su padre, que aún vivía. De ahí nacería una estrecha relación que continuaría durante años, y que cimentó la amistad entre el escritor y el personaje, hasta tal punto que, tras convertirse el libro en un best-seller en 1971, Gay Talese, en agradecimiento por la confianza depositada en él, ante la critica situación en la que había quedado la familia Bonanno tras el juicio y consciente del éxito económico del libro, en justa correspondencia, destinó una parte de sus ganancias a crear un fondo que cubriría los estudios universitarios de los hijos de Bill Bonanno, con la esperanza, como así fue, de que éstos recibieran una educación que los sacara del mundo en el que siempre se habían movido los Bonanno.

Lo que sí resulta curioso es que a Bill Bonanno, finalmente, le cazaran las autoridades por un asunto de uso ilegal de tarjetas de crédito, y que nunca demostraran nada sobre sus actividades reales en el crimen organizado, como su padre. Algo casi calcado a lo sucedido a Al Capone, años antes, al que sólo se le pudo detener por evasión de impuestos.

Libro, pues, entretenido, que bucea en el pasado de la familia Bonanno, desde los años en Castellammare del Golfo, en Sicilia, hasta su ocaso en la cúspide del crimen organizado, la vida familiar, la vida criminal, todo enlazado de una manera elegante y amena.

En la contraportada del libro se dice que “esta obra monumental… inspiraría Los Soprano”. Sin embargo, en su interior, el propio Gay Talese aclara que, “…llevó a Salvatore a contarme lo furioso que se había puesto el año anterior cuando <The Arizona Republic> publicó un artículo en el cual comparaban al personaje principal de la serie, Tony Soprano, con su difunto abuelo Joseph Bonanno. Tony Soprano aparece caracterizado en la serie como un matón vulgar, insistía Salvatore, que carecía por completo de la elegante sagacidad y la actitud digna de su abuelo…”. Y creo que es cierto. Quienes lean este libro y hayan visto la serie, se habrán dado cuenta de que, la distancia entre el elegante Joseph <Joe Bananas> Bonanno y el hosco y visceral Tony Soprano es abismal. Pero leer este libro y ver la serie son dos placeres incuestionables.

Una curiosidad: Bill Bonanno acabó como asesor en Hollywood en películas sobre la Mafia.

 Sergio Barce, septiembre 2011

 Los fragmentos del libro están tomados de la edición publicada por Alfaguara, 3ª edición, julio 2011, con traducción del inglés de Patricia Torres Londoño.

  Gay Talese, periodista y escritor, nació en Ocean City, New Jersey, 1932. Considerado el pionero del Nuevo Periodismo, es autor de obras como “El reino y el poder” (The Kingdom and the power, 1969), “La mujer de tu prójimo” (Thy neighbor´s wife, 1981) o “The silent season of a hero”(2010).

 

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