Archivo de la etiqueta: Tánger Internacional

Otros libros, otros autores: DÉJALA QUE CAIGA (Let it come down) de PAUL BOWLES

El Tánger Internacional, un escenario que Paul Bowles conocía tan profundamente, se abre en abanico para quien se sumerja en esta extraordinaria novela, quizá, a mi modesto entender, la más redonda de las escritas por el autor norteamericano. Déjala que caiga <Let it come down, 1952>, no es sólo la radiografía de una sociedad en permanente cuestionamiento moral y de decadencia inexorable, es también, y sobre todo, el retrato de uno de los personajes más interesantes de la narrativa del pasado siglo. No creo desatinar si la pongo en paralelo a <El cielo protector> y <La casa de la araña>, de esta última ya hice un largo comentario en este blog, ambas obras del propio Bowles, y con <El extranjero> de Camus, al que también dediqué otro artículo. Es decir, una novela sobre la vacuidad de la vida, sobre la desesperanza, sobre la frustrante existencia humana.

(…)

Ella se rió un momento, sopló la llama y le cogió de la mano, que todavía sostenía la cerilla.
-Déjame ver tu mano –dijo dándole una chupada al cigarrillo. Dyar sonrió y le mostró la palma rígida para que la examinara.
-Relájala –añadió ella acercándose para mirarla.
-¡Trabajo! –exclamó en tono de burla-. No veo ni rastro en esta mano, mi querido Mr. Dyar.
-Bueno, pues entonces la mano miente –dijo él enfurecido-. Trabajar es lo único que he hecho en mi vida.
-Ah, tal vez de pie en un banco, pero eso es tan leve que no se manifiesta. –Miraba con cuidado, presionando la carne de la mano con los dedos-. No. No veo señales de trabajar. Para ser sincera de veras, no veo señales de nada. Nunca me había encontrado con una mano tan vacía. Es aterrador. –Levantó la cabeza para mirarle.
Dyar volvió a reírse.
-Se ha quedado de una pieza, ¿eh?
-En absoluto. He vivido en América lo suficiente para haber visto una buena cantidad de manos americanas. Lo único que puedo decir es que ésta es la peor.
Dyar fingió una gran indignación, y apartó la mano con brusquedad.
-¿Qué quiere decir con eso de que es la peor? –exclamó.
Daisy le miraba con una infinita preocupación en los ojos.
-Quiero decir –explicó-. Que tu vida está vacía. No sigue una pauta. Y no hay nada en ti que te dé un objetivo. La mayoría de la gente no puede evitar el seguir algún tipo de proyecto. Lo hacen automáticamente, porque forma parte de su naturaleza. Eso es lo que les salva, lo que les para. No pueden evitarlo. Pero tú estás a salvo de que te salven.

Paul Bowles

Novela densa sobre el no ser, sobre la propia existencia y el vacío de la vida. Obra extraordinaria, cuya primera parte con Eunice Goode y la pintoresca gama de personajes que va conociendo el protagonista, Dyar, resulta subyugante. Los ambientes de aquel Tánger mítico, el aire viciado de la ciudad, llena de contrabandistas y desheredados, nos emboza, y quienes la habitan recrean un cuadro en el que se mezclan los extranjeros en busca de un paraíso imposible y los propios marroquíes, en los que, como es habitual en Paul Bowles, convive esa contradicción ambivalente de querer ser un pueblo arraigado a sus costumbres pero sin renunciar a una modernidad forzada y ajena, y el choque de sus ansias por integrarse en el mundo occidental con sus deseos por convertir su nacionalismo en el escudo contra las malas influencias externas… Todo esto Bowles lo domina a la perfección.

Tánger, el Hotel Minzah

Cruzó la Plaza de France bajo las ramas colgantes de los robles plantados frente al Consulado Francés. Ni el Café de París ni la Brasserie de France estaban abiertos. La ciudad se hallaba desierta; el Boulevard Pasteur reducido a dos filas de tenues luces que convergían en la noche. Era típico de los europeos, pensó, el desanimarse y suspender todos los planes en cuanto existía una posibilidad de mojarse. Eran más prudentes que apasionados; sus miedos más fuertes que sus deseos. La mayor parte de ellos no tenían ningún deseo auténtico, aparte de ganar dinero, lo que al fin y al cabo no es más que una costumbre. Pero tan pronto como lo conseguían, no parecían usarlo nunca en un objeto o propósito concretos. Aquello era lo que le costaba comprender. Él sabía perfectamente  lo que quería, siempre, igual que sus compatriotas. La mayoría de ellos sólo quería tres cabras para sacrificar en Aid al Kabir y ropa nueva para la familia en Mulud y Aid es Saguir. No era gran cosa, pero era algo preciso y concentraban todos sus esfuerzos para conseguirlo. Con todo, no podía pensar en la masa de los marroquíes sin desprecio. Le sacaban de quicio su ignorancia y atraso; si maldecía a los europeos en un comentario, en el siguiente no dejaba de criticar a los marroquíes. Aparte de él ninguno se salvaba y ello se debía a que se odiaba a sí mismo más que a nadie. Afortunadamente no era consciente de esto. Su sueño se cifraba en tener una pequeña lancha de motor; era imprescindible para quien esperara triunfar en el contrabando. 

 

TANGER

Paul Bowles nos atrapa con su mundo amoral, con sus queridos ambientes cargados de kifi y con sus viajes inhóspitos a lugares cerrados y secretos (ese cafetín donde un hombre se corta para purificar el alma danzando hasta el paroxismo, el magnético Café Lucifer, los otros cafetines en los que fuman kifi sin cesar…). <Déjala que caiga> es de esas novelas que no puedes dejar de leer hasta que la acabas.

(…)
-No –dijo Hassan tranquilamente-. Es mi hermano Thami. ¿Deseaba conocerle? –La sugerencia no estaba motivada tanto por un sentimiento de amabilidad hacia Eunice Goode, como por el desprecio que sentía hacia Tami, cuya inesperada aparición consideraban tanto Hassan como Abdelmalek una insolencia. Le habían sugerido que se marchara pero, como estaba un poco bebido, se echó a reír. Si alguno de los presentes podía acelerar su partida, pensó Hassan, era sin duda aquella extraña mujer americana.
-¿Quiere venir? –insistió tendiéndole el brazo. Eunice tomó una rápida decisión y respondió que lo haría con mucho gusto.
No le sorprendió descubrir que Thami era ni más ni menos el tipo de marroquí que más le desagradaba y solía criticar: el árabe europeizado en lo exterior, pero que en su fuero interno sabe que no logrará nunca la deseada metamorfosis y, por ello, se muestra desafiante, a la ofensiva para ocultar su derrota; irresponsable e insolente. Por su parte, Thami se comportaba de una manera especialmente desagradable. Estaba de pésimo humor al haber fracasado en su intento de obtener el dinero de sus hermanos para la lancha, y de convencerlos para avenirse a la venta de la casa de Marsha. Además, aquella mujer repelente respondía a su idea de la típica turista que sólo admiraba a los de su raza en la medida en que resultaban pintorescos.
-A usted le encantaría que fuésemos un país de encantadores de serpientes y comedores de escorpiones –dijo, enfurecido…

La historia se precipita hacia un final inevitable, pero es la maestría de su narrativa la que nos conduce hasta él, y realmente no deja lugar a la indiferencia. Es un libro para disfrutar, una gran novela sin duda, y unos personajes, Dyar, Eunice, Thami, que se nos encallan en la memoria.


(…) Dentro, junto al fuego, el tiempo se disolvía lentamente; se desmoronaba. Pero, incluso al final de la noche, quedaría un rescoldo de tiempo, de un sabor sutil y amargo, suave al tacto, reluciendo desde su hornacina de cenizas, antes de palidecer y morir, antes de que el corazón de la noche antigua dejara de palpitar.

Un Paul Bowles exquisito, sutil, magnífico.
Sergio Barce, enero de 2012

Los fragmentos de la novela están tomados de la quinta edición de Febrero de 2002, publicada por Alfaguara, y con traducción del inglés de Guillermo Lorenzo.

Etiquetado , , , , , ,