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ADIÓS A JAMES GANDOLFINI, ALIAS TONY SOPRANO

Cuando vi el último capítulo de la serie <Los Soprano> reaccioné como mi amigo Jesús, pensé: ¿Hay vida después de Los Soprano?

JAMES GANDOLFINI

JAMES GANDOLFINI

Tardamos bastante tiempo en asumir que ya no había más capítulos, que no seguiríamos disfrutando de James Gandolfini interpretando a ese mafioso violento y neurótico que padecía ataques de ansiedad… Un personaje inolvidable.

Y hoy James Gandolfini ha muerto. Es decir, ya es imposible que la serie vuelva a ponerse en marcha, como muchos de sus seguidores ansiaban. Y quizá sea mejor así.

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La última gran interpretación de Gandolfini que recuerdo es su papel en la magnífica  “Mátalos suavemente” (Killing them softly,  2012) de Andrew Dominik. Lo contemplaba en esa película (no era un papel muy extenso, pero sí muy intenso) y pensaba: qué pedazo de actor. Y lo que nos tiene aún que dar… Sin embargo, su vida se ha truncado a los 51 años; pero nos deja el recuerdo de su obra maestra: Tony Soprano.

Sergio Barce, junio 2013

De todo lo publicado en el día de hoy, reproduzco un pequeño artículo publicado en <El País> que me ha hecho mucha gracia, porque recoge algunas de las mejores frases de Tony Soprano / James Gandolfini.

El decálogo de Tony Soprano

Por: Natalia Marcos | 20 de junio de 2013

 El fallecimiento de James Gandolfini nos trae a la mente grandes momentos de Tony Soprano, el protagonista de una serie que hizo historia en la televisión. Su particular visión de la moralidad, de la familia y de la vida en general se reflejaba en muchas de esos guiones que han servido para que Los Soprano haya sido reconocida recientemente como la serie mejor escrita de la historia. Además de grandes momentos, nos deja un buen puñado de frases míticas. Este podría ser el decálogo de Tony Soprano:

– “Mi padre estaba en ello, mi tío estaba en ello, mis amigos estaban en ello. Tal vez fuera demasiado vago como para hacer otra cosa”.

– “Me da igual que me tengan miedo. ¡Dirijo un negocio, no un puto concurso de popularidad!”

“La vida no tiene cura”.

– “Hasta un reloj roto da bien la hora dos veces al día”.

– Valentina La Paz : “¿De pronto tienes sentido ético?”
   Tony Soprano : “No entiendo de eso, pero tengo normas“.

– “¿Te acuerdas de la historia que me contaste sobre el padre toro hablando con su hijo? Desde lo alto de una colina miran a un grupo de vacas y el hijo mira al padre y le dice: ‘¿Por qué no bajamos corriendo y nos follamos a una?’. ¿Te acuerdas de lo que el padre contesta? El padre contesta: ‘¿Por qué no bajamos andando y nos las follamos a todas?”.

– “Solo jodemos al que merece ser jodido”.

– “No se caga donde se come. Y mucho menos se caga donde como yo”.

– “La mierda siempre te arrastra hacia abajo, el dinero fluye hacia arriba. Tienes que saber qué corriente quieres seguir”.

– “No pagaré, sé demasiado sobre extorsión”.

 http://blogs.elpais.com/quinta-temporada/2013/06/frases-tony-soprano.html#more

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Otros libros, otros autores: HONRARÁS A TU PADRE (Honor thy father, 1971) de GAY TALESE

Escrito en 1971, esta crónica novelada de la familia Bonanno, supuso un punto de inflexión en las historias escritas acerca de la Mafia italoamericana. Después de este libro, llegaría “El padrino” (The Godfather, 1972), y, aunque inspirado en el libro de Puzo, algunas de las escenas que se describen no pueden impedir que pensemos en la película de Coppola. Se dice, incluso, que es el libro que ha inspirado a la mejor serie de televisión de la historia: “Los Soprano” (The Sopranos, 1999-2007). En cualquier caso, estamos ante un texto extraordinariamente documentado sobre la vida de esta familia vinculada a la Mafia, donde se nos describe de manera pormenorizada todas las actividades tanto de Joseph “Joe Bananas” Bonanno como de su hijo, y heredero, Salvatore “Bill” Bonanno.

 Una mañana de diciembre, mientras gateaba por el comedor, el hijo de dos años de Bill Bonanno, Joseph, metió la mano en el espacio que había entre el mueble donde se guardaba la vajilla y la pared y apretó el gatillo de un rifle que habían dejado apoyado allí. El disparo del rifle abrió un hueco en el techo y penetró en el piso superior, no lejos de donde estaba dormido Magliocco. El gordo saltó enseguida de la cama, gritando, y Rosalie, que estaba dándole de comer a su recién nacido en otra parte de la casa, comenzó a dar alaridos. De repente toda la casa comenzó a vibrar con el ajetreo de cuerpos humanos que corrían en pánico, buscando y gritando, hasta que descubrieron al niño abajo, entado en la alfombra con su pijama rojo, aturdido pero a salvo, con un rifle humeante a los pies. Dos semanas después, Joe Magliocco murió de un ataque cardíaco.”

 

El autor, Gay Talese, uno de los inspiradores del Nuevo Periodismo americano, cuenta en el Epílogo el origen de este libro:

 Este libro surgió del bochorno que sentía mi padre (nacido en Italia) ante el hecho de que los gánsteres con apellido italiano dominaran invariablemente los titulares y la mayor parte de los programas de televisión que trataban sobre el crimen organizado. Mi padre, un altivo y consumado sastre que emigró de Italia en 1920 y se instaló y prosperó en la isla turística de Ocean City, Nueva Jersey –donde nací yo, durante el invierno de 1932-, siempre me animó a sentirme orgulloso de mi herencia étnica, una herencia que él identificaba con nombres como Miguel Ángel y Dante, Medici y Galileo, Verdi y Caruso. Pero, mientras yo crecía en la década de 1940, los nombres italianos que veía con más frecuencia en las primeras páginas de los diarios eran los de conocidos líderes de la Mafia: Charles <Lucky> Luciano y Al Capone; Vito Genovese, Carlo Gambino, Frank Costello, Thomas <Tres Dedos Brown> Lucchese y Joseph <Joe Bananas> Bonanno

 

BILL BONANNO

El libro está muy bien escrito, es narrativa periodística, pero también narrativa novelada, y algo de narrativa cinematográfica. Mantiene el interés en todo momento, y, aunque se hace algo tedioso en la transcripción exacta de todos los interrogatorios efectuados en el juicio, se trata de una obra curiosa, una visión de la mafia desde dentro que, además, nos descubre aspectos desconocidos de ese mundo. Lo que más me ha impactado es, quizá, que esta gente carecía de vida, en el sentido de que, la mayor parte del tiempo, por una u otra razón, tenían que desparecer durante largas temporadas, lejos de los suyos, para evitar ser eliminados o para eludir a la justicia. Y realmente no sé si, al final, ese sacrificio les compensaba.

 Así que comenzó a caminar tranquilamente desde su habitación en la parte posterior del inmenso motel hasta el frente del lugar y se detuvo cerca de la recepción del motel sobre la calle. Su amigo lo acompañaba y los dos conversaron durante unos minutos bajo el sol. Luego, Bill vio una barbería cerca y decidió que no le vendría mal un pequeño corte, de manera que entró, seguido de su amigo. En la barbería había tres sillas y, como no estaba llena, un barbero de pelo blanco le sonrió y dijo:

-Usted es el siguiente.

Bill no reconoció a nadie en el local. Tomó una revista y se sentó en la silla. Su amigo se sentó cerca de la puerta.

-¿Está de visita? –preguntó el barbero con tono alegre, mientras le ponía una sábana sobre los hombros.

Bill asintió con la cabeza.

-¿Y planea quedarse mucho tiempo?

-Sí. Si me gusta el lugar, me gustaría quedarme –dijo Bill.

Una manicurista se le acercó, pero Bill negó con la cabeza y siguió hojeando la revista, al tiempo que levantaba cada tanto los ojos para mirar el inmenso espejo que reflejaba la calle. Bill vio llegar un auto, luego otro y luego una patrulla de policía. Después llegaron otros dos coches de policía y también vehículos de la prensa con fotógrafos.

-Miren, ¿qué es toda esa conmoción allá afuera? –preguntó uno de los barberos.

El barbero que atendía a Bill se volteó hacia la ventana y silbó bajito, mientras continuaba moviendo las tijeras sobre la cabeza de Bill. Bonanno no dijo nada. Luego vio a un agente local del FBI que conocía de antes, Kermit Johnson, dirigiéndose hacia la barbería, seguido de otros hombres. Bill se obligó a sonreír y saludó desde lejos:

-Hola, Kermit.

Kermit Johnson pareció incomodarse un poco con la muestra de familiaridad, pero luego se relajó y contestó:

-Hola, Bill, ¿cómo estás?

Johnson se puso torpemente de pie frente a la silla y el barbero, al verlo, le dijo:

-No me demoro, señor. Usted es el siguiente.

Johnson miró directamente a Bill y le preguntó:

-¿Sabes por qué estoy aquí?

-Sí, lo sé –dijo Bill-. ¿Puedo terminar de cortarme el pelo? ¿O vas a armar un alboroto?

-No, no voy a armar un alboroto –dijo Johnson-. ¿Estás armado?

Bill contestó con un tono de inocencia fingida:

-Kermit, no seas tonto.

El barbero empezaba a ponerse nervioso.

-Discúlpeme –interrumpió finalmente el barbero, al tiempo que señalaba el corrillo de policías y fotógrafos que esperaban en la acera-, ¿qué están haciendo todos esos caballeros ahí afuera?

-Esos <caballeros> -dijo Bill- me están esperando a mí.

El barbero no dijo nada por un momento, mientras asimilaba lo que acababa de oír; luego le comenzaron a temblar las manos y apenas podía sostener las tijeras.”

JOSEPH "JOE BANANAS" BONANNO

 Como también es curioso que la realidad de sus vidas, nada tuviera que ver con la creada por la imaginería popular.

 Cuando el ciudadano norteamericano común pensaba en la Mafia, por lo general se imaginaba escenas llenas de acción y violencia, de dramáticas intrigas y confabulaciones que valían millones de dólares…

(…) ..el típico mafioso tendía a volverse egocéntrico y obsesivo, a vivir pendiente de minucias que magnificaba, a reaccionar de manera desproporcionada ante cualquier ruido, dándole demasiadas vueltas a todo lo que se decía y hacía a su alrededor, perdiendo la perspectiva del mundo…

(…) Y el mafioso típico respondía a esa imagen, se la creía, prefería creérsela porque ella lo hacía ver más grande de lo que era en realidad, más poderoso, más romántico, más respetado y más temido.

(…) …y los productores de cine cada vez que podían venderles ese mito a un público que invariablemente quería que sus personajes fueran más imponentes que en la vida real: pequeños Césares que hablaban duro y gastaban mucho.

LUCKY LUCIANO

Bill Bonanno se sentía tan influenciado por ese mito como cualquier otro y con frecuencia decidía vivir esa mentira.

(…) Así, no era difícil entender por qué Frank Costello mantuvo relaciones con los líderes de Wall Street y poderosos comerciantes, con quienes tomaba diariamente su sauna en el Biltmore, o por qué Lucky Luciano había sido un respetado residente del Waldorf, o por qué un enemigo tan encarnizado de la Mafia como Benito Mussolini había otorgado el título de <commendatore> a un fugitivo de los Estados Unidos, Vito Genovese, después de que éste hiciera generosas contribuciones a proyectos de construcción municipales cerca de Nápoles.

Sin embargo, había sin duda otro veteranos de la Mafia que habían sido presentados en la prensa como millonarios pero que eran relativamente pobres

GAY TALESE

Gay Talese, trabajando como periodista, siguió el proceso judicial que se seguía contra Bill Bonanno, y se lanzó a pedirle una entrevista. Gracias a su insistencia, poco a poco, se ganó la confianza de este jefe mafioso y le convenció para escribir un libro que contara su vida y la de su padre, que aún vivía. De ahí nacería una estrecha relación que continuaría durante años, y que cimentó la amistad entre el escritor y el personaje, hasta tal punto que, tras convertirse el libro en un best-seller en 1971, Gay Talese, en agradecimiento por la confianza depositada en él, ante la critica situación en la que había quedado la familia Bonanno tras el juicio y consciente del éxito económico del libro, en justa correspondencia, destinó una parte de sus ganancias a crear un fondo que cubriría los estudios universitarios de los hijos de Bill Bonanno, con la esperanza, como así fue, de que éstos recibieran una educación que los sacara del mundo en el que siempre se habían movido los Bonanno.

Lo que sí resulta curioso es que a Bill Bonanno, finalmente, le cazaran las autoridades por un asunto de uso ilegal de tarjetas de crédito, y que nunca demostraran nada sobre sus actividades reales en el crimen organizado, como su padre. Algo casi calcado a lo sucedido a Al Capone, años antes, al que sólo se le pudo detener por evasión de impuestos.

Libro, pues, entretenido, que bucea en el pasado de la familia Bonanno, desde los años en Castellammare del Golfo, en Sicilia, hasta su ocaso en la cúspide del crimen organizado, la vida familiar, la vida criminal, todo enlazado de una manera elegante y amena.

En la contraportada del libro se dice que “esta obra monumental… inspiraría Los Soprano”. Sin embargo, en su interior, el propio Gay Talese aclara que, “…llevó a Salvatore a contarme lo furioso que se había puesto el año anterior cuando <The Arizona Republic> publicó un artículo en el cual comparaban al personaje principal de la serie, Tony Soprano, con su difunto abuelo Joseph Bonanno. Tony Soprano aparece caracterizado en la serie como un matón vulgar, insistía Salvatore, que carecía por completo de la elegante sagacidad y la actitud digna de su abuelo…”. Y creo que es cierto. Quienes lean este libro y hayan visto la serie, se habrán dado cuenta de que, la distancia entre el elegante Joseph <Joe Bananas> Bonanno y el hosco y visceral Tony Soprano es abismal. Pero leer este libro y ver la serie son dos placeres incuestionables.

Una curiosidad: Bill Bonanno acabó como asesor en Hollywood en películas sobre la Mafia.

 Sergio Barce, septiembre 2011

 Los fragmentos del libro están tomados de la edición publicada por Alfaguara, 3ª edición, julio 2011, con traducción del inglés de Patricia Torres Londoño.

  Gay Talese, periodista y escritor, nació en Ocean City, New Jersey, 1932. Considerado el pionero del Nuevo Periodismo, es autor de obras como “El reino y el poder” (The Kingdom and the power, 1969), “La mujer de tu prójimo” (Thy neighbor´s wife, 1981) o “The silent season of a hero”(2010).

 

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