«EL PASADO SIMPLE» (Le passé simple, 1954), UNA NOVELA DE DRIS CHRAIBI

A Dris Chraibi, nacido en El Yadida en 1926 y fallecido en Crest (Francia) en 2007, se le considera el padre de la literatura marroquí moderna (aunque escribía en francés, una de las ventajas de estos escritores que pueden narrar en árabe, francés o español, y no por ello pierden su condición de creadores marroquíes). Estudió química en París, pero posteriormente se interesó por la neuropsiquiatría, la literatura y el periodismo, y produjo programas de televisión y fue profesor de literatura del Magreb en la Universidad de Quebec.

El pasado simple cubierta

Su primera novela fue El pasado simple (Le passé simple) de 1954, novela que hoy traigo aquí. Se trata de un retrato duro y sin concesiones del Marruecos bajo el Protectorado francés. El protagonista, llamado Dris, como el propio autor, vive en un mundo lleno de contradicciones difíciles de arrostrar. Por un lado, la relación con su padre, el Hach Fatmi Ferdi, un déspota, autoritario e inflexible, que rige su vida bajo los dictados del Corán, y que somete, humilla y maltrata tanto a sus hijos como a su mujer. Por otro, el propio Dris, un joven que ha de enfrentarse a esa autoridad para sobrevivir, y que, sin embargo, es animado por su propio padre para que estudie y se forme en un colegio francés. Además, por su aspecto físico, es normalmente confundido con un cristiano. Este detalle que introduce Dris Chraibi en su alter ego es el que utiliza para mostrar esa lucha entre la tradición y la costumbre y el deseo de progresar y romper con el pasado. Además, le permite introducir un tema interesante cual es la de la relación entre los colonos y los nativos, la amistad entre los burgueses franceses y los marroquíes que aspiraban a salir de su entorno, y el encontronazo que se produce entre las dos sociedades.

Junto al padre y al hijo, los hermanos, el tío, la madre. Todos ellos personajes fundamentales para entender el proceder de uno y de otro. Y planeando sobre ellos la tragedia, que aparecerá de la manera más cruda y sangrante en sus vidas.

Dris Chraibi narra con un pulso endiablado. Con un vocabulario rico y con una estructura elaborada. Es sin duda un escritor fascinante. Es hábil al retratar a los personajes. El padre, al que siempre se le llama Señor, representa la peor cara del país. Usa el Corán para someter a los demás siempre usando su interpretación más intransigente y, sin embargo, es capaz de desviar el camino en su peregrinación a La Meca para estar con prostitutas y gastar el dinero de la familia.

Son extraordinarios los pasajes que dedica a los días de Ramadán en los que se desarrolla la historia, con descripciones ricas en detalles, como el siguiente:

“…Salí a la calle, llevando una alfombrilla verde, vestido con chilaba y tocado con un fez.

-La noche vigesimoséptima es una noche de revolución -me había dicho mi tío.

-Una noche de fe – añadió Kenza.

-La Noche del Poder ( N.del T.: Laylatû lqadr, la noche del destino o la noche del decreto divino. Se trata de la vigesimoséptima noche del Ramadán en la que, según la tradición, todos los deseos son otorgados) -dijo mi madre.

Estaba chupando un dátil, el último que le quedaba del kilo que había traído el Señor de Medina. Preguntaron a la vez:

-¿A dónde vas?

-No lo sé -contesté-, a dar una vuelta por ahí, a callejear, a fumar y a beber en una taberna, tal vez entrar en una mezquita y en ese caso rezar a quien se me ocurra. Los negocios paternos todavía se resienten, no lo olvidéis.

Era la Noche del Poder. Un ulema de los Karauin había encendido un cirio de cera virgen al atardecer, y cuarenta alminares rutilantes de bombillas azules, amarillas, rojas y verdes se habían iluminado, cuarenta gargantas habían gritado la llamada a la fe, el contenido de las tiendas se había vaciado precipitadamente en las calles, mercados y andrajos perfumados con sándalo e incienso, y los que no creían creyeron, los que se arrastraban echaron a andar, surgían petardos y bengalas, transformándose en hogueras de leña por encima de las cuales saltaban, como se salta a la comba, agarradas de la mano o en corro, chiquillas y viejas, sin acordarse ninguna de que habían tenido hambre, sed, frío, calor, dolor en el alma y miseria en el cuerpo, y que la vieja había sido la chiquilla, y que ésta a su vez sería la vieja, desdentada, ajada, oliendo a estiércol, a reclusión, a clavo y a orina, y los mendigos en hordas engrosadas con los que lo serían mañana, que atravesaban la muchedumbre como los narcisos de nieve, llevando serones, cestos de palmito y sacos de yute en los que normalmente la caridad islámica debía verterse en monedas, pero en los que solamente caían higos agusanados, nueces podridas, trapos, restos viscosos de las cazuelas, zapatos viejos, ropa vieja, vuelve el año que viene, ya han pasado veinte de tus hermanos; secuencias temporales: esas manos que -tendones blancos, hoyos azulados entre tendones, nerviosas y despavoridas- reciben un mendrugo de pan y luego se transforman -dignas de una dina y de un calor humano- cuando llevan ese mendrugo a otro mendigo, que carece de pan y que solo tiene muñones, o es un lisiado sin piernas atado a un mojón de la esquina por miedo a que se le antoje echarse a rodar como un tonel y se pierda como un niño en este cataclismo de ruidos y vidas; secuencias también en ese par de ojos de granuja clorótico, en los que se plantan y se injertan sobreexcitaciones, luces y estruendo, y los cierra, como mi madre había cerrado los suyos en el autocar de Julio César, y se pregunta si no será que Dios, a la luz del cirio de cera virgen, ha dado rienda suelta a todas las criaturas del infierno para que confraternicen con los ángeles en esta Noche del Poder…”

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No hay respiro en esta novela. Asistimos página a página a la evolución de Dris. Primero sumiso, aterrado ante la figura omnipresente del Señor, su padre, y luego, a medida que avanza la trama, rebelde y furioso con esa vida y con el destino que le ha tocado, enfrentándose al fin de manera violenta y vengativa a su padre. Algo que parecía inevitable desde la primera línea. Pero Dris Chraibi lo narra de manera que todo va in crescendo y la tensión se palpa en diversos momentos, como en la siguiente escena que se desarrolla entre padre e hijo y que parece desembocar en una segura tragedia:

“(…)

Apagué el cigarrillo.

-¿Ya no le gustan las metáforas?

-¿A dónde quieres ir a parar?

-Estamos en ello.

Mi colilla todavía se podía fumar. Tres o cuatro bocanadas le traen sin cuidado; y a mí me harán mucho bien. La vuelvo a encender.

-Aún podemos llegar a un acuerdo. Estoy dispuesto a olvidar todo lo que ha sucedido. ¿Qué digo?, ya lo he olvidado todo. Dispuesto a comerme las habas, a no dormir si le parece, a permitir a su esposa la transcendencia que está esperando -mírela: se ha engalanado- y mañana renacerá Dris, su hijo, y Dris, su esclavo. Con la condición…

-¿Condiciones? ¿A nosotros, condiciones? ¿Pero de quién se están burlando aquí?

Nos levantamos al mismo tiempo. Y mientras su tarbús rueda por el suelo, y yo apago el centímetro de colilla con los dedos, me pregunto si el mendigo se ha marchado, por qué el reloj no toca ya, qué hora puede ser, y si el gato ha decidido morirse.

-Con la condición…

-Nada de condiciones, ni de chantajes.

-¿Acaso va a soplarme encima y convertirme en cenizas? Ya no creo en las mil y una noches. Con la condición, digo, de que se resigne a cambiar su teocracia en paternidad. Necesito un padre, una madre y una familia. Y también indulgencia y libertad. Y si no, haber limitado mi enseñanza a la escuela coránica. Habas, esperas, oraciones, servilismo y mediocridad. Una ligera reforma que podría concederme, sin que por ello se atente contra soberanía puesto que sigo bajo su tutela. El borrico ha crecido y ahora necesita tres sacos de avena. Y no intente persuadirme de que precisamente usted no ha dejado de ser un padre fuera de serie, algo que yo no he dejado de ignorar. Porque le respondería que ese tarbús que nos separa es una calabaza. Bueno, ¿qué?

-¿Y si no?

-Si no, el segundo filo de la navaja. ¿Sentado o de pie?

-De pie, perro.

-Como usted quiera, un perro que lo va a morder. Pero antes reflexione. Confío en usted. Usted es inteligente, muy inteligente, inteligentísimo. Y sé que no tolera, no ya la idea de que me haya rebelado contra su autoridad (lo hice desde los cuatro años, usted lo sabía y lo aceptaba), sino que esta rebeldía haya podido alcanzar su objetivo. ¿La teocracia musulmana? La cuarta dimensión. Sin embargo, usted tiene que haber oído hablar de Atatürk. Si continúa revistiéndose con la toga de su intransigencia, habrá un segundo Atatürk. Aquí. Ahora mismo. ¿He sido claro?

He entrecortado las palabras, gritándolas o susurrándolas, me trae sin cuidado, y además eso no es lo esencial. Cincuenta y ocho años, barba negra, calvo, y buena presencia, reducido a sí mismo, lo quiero mucho. En Europa hubiese sido un mediocre tendero o un íntegro funcionario.

-¿Has terminado?

-Creo que sí.

-Sal.

Esa breve palabra arrojada con la punta de los labios: igual que un salivazo.”

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DRIS CHRAIBI

Es sorprendente comprobar la actualidad de esta novela. Publicada en 1954 sin embargo podría estar escrita hoy mismo. Dris Chraibi destila rabia en sus frases, elegantes y crudas a un tiempo. No hay censura en los temas que aborda: desde su denuncia a la hipocresía de la sociedad marroquí de la época hasta su revelación de la asfixia que causa la religión, desde su rechazo frontal a la autocracia y al patriarcado imperante hasta su crítica a la reprochable sumisión de la mujer, desde su acusación de la falta de libertad que vive Marruecos hasta su desprecio por los falsos santones, en fin, desde la crítica al colonialismo hasta su lamento por la vida miserable que soportan los más humildes… El abanico es amplio y denso.

Pero lo indudable es que El pasado simple es una novela magnífica, irreprochable, un grito de rebeldía contra la injusticia moral, política y religiosa. Una novela que hay que reivindicar.

Gracias, Alberto Mrteh.

Sergio Barce, mayo 2019

El pasado simple (Le passé simple) fue publicado en España por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo en 1994, con traducción del francés de Leonor Merino e Inmaculada Jiménez Morell.

El hombre del libro

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LAS REVUELTAS CONTRA EL BAJÁ DE LARACHE EN 1956

Hace unos meses hablaba con mi hermano mayor Carlitos Tessainer sobre las famosas revueltas y asesinatos cometidos en Larache en abril de 1956. Siendo uno de los acontecimientos más famosos y horrendos acaecidos en la ciudad, sin embargo siempre ha dado lugar a diversas versiones. Como sé que Carlos es un historiador concienzudo y posee esa memoria prodigiosa que tanto admiro le pregunté por lo que él sabía, y me dio una lección de historia en un par de entregas.

El bajá de Larache era Mohammed-Jaled El Raisuni, que era el único hijo varón superviviente del famoso Cherif Muley Ahmed El Raisuni y de su tercera mujer, una cherifa Alamien de la familia Halima o Hlimia. Había nacido en Tazarut (cabila de Beni Arós) en 1909. Y siendo bajá en Larache, se produjo una explosión de violencia que aún siguen recordando los de más edad. La historia que me contaba Carlitos Tessainer la había deducido de sus estudios, de sus pesquisas y de lo que le habían transmitido sus padres y amigos. Historia que coincide con la que voy a compartir en este post.

María Poveda con su padre Antonio Poveda Fuentes tomada el 7 de marzo de 1956

María Poveda con su padre. Tras ellos, se puede ver la casa de Raisuni y la persiana que fue acuchillada. La foto data 7 de marzo de 1956, pocas semanas antes de que ocurriesen los hechos.

Curiosamente, ayer, María Poveda, larachense de pro, a la que le guardo un cariño especial desde que nos conocimos ya lejos de Larache, me hizo llegar un documento de un valor excepcional. Un documento que encontró entre los papeles que guarda de su familia. Se trata de la crónico de los sucesos ocurridos los días 17 y 18 de abril de 1956 (Carlitos no había errado en sus cálculos) pero escritos de  primera mano por un testigo presencial: el padre de María, don Antonio Poveda Fuentes, que en esas fechas ocupaba el cargo de director general de E.C.P.Q.S.A. (Extractos Curtientes y Productos Químicos, S.A.), empresa que se dedicaba a las plantaciones de mimosas en todo el Norte de Marruecos.

Lo redactó con su máquina de escribir, y el texto no tiene desperdicio por su valor testimonial e histórico, y así lo relata:

RAISUNI 1

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RAISUNI 2

***

RAISUNI 3

***

RAISUNI 4

***

María Poveda vivía con su familia en «Villa Amparo», casa propiedad de don Federico, el dueño del Hotel España por esas fechas. La villa estaba situada justo al lado de la casa de Raisuni, solo les separaba un callejón y detrás estaba el cementerio de Lalla Mennana. En «Villa Amparo» tenía también su oficina don Antonio Poveda, y María me cuenta que desde allí vieron todo lo que sucedía. Ella, con cuatro años, durante los disturbios, estuvo escondida en el hueco de la escalera de su vivienda.

VILLA AMPARO

VILLA AMPARO – Larache

Mis abuelos y mis padres siempre me han contado las escenas tan terribles que se vieron esas jornadas, con cuerpos quemados en la avenida y en la Plaza de España. Y así lo relaté en alguno de mis cuentos. Pero nada es comparable a lo que pueda narrar alguien que lo vivió tan de cerca. Así que creo que es todo un lujo poder compartir lo que María Poveda me ha regalado.

Sergio Barce, mayo 2019

MARÍA Y SERGIO

MARÍA POVEDA Y SERGIO BARCE

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«CRÓNICA DE UN REENCUENTRO», PRÓXIMO LIBRO DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN

Próximamente saldrá a la calle el nuevo libro del escritor larachense León Cohen Mesonero: Crónica de un reencuentro. Como primicia, la cubierta.

Seguiremos informando… 

CRONICA... DE LEON COHEN

 

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«SEXO Y MENTIRAS. LA VIDA SEXUAL EN MARRUECOS», UN LIBRO DE LEILA SLIMANI

El sexo es un tema recurrente y fundamental en la narrativa de los escritores marroquíes. Hay están títulos como El pan a secas (Al jubz al-hafi, 1972) de Mohamed Chukri, Aixa, el cielo de Pandora (2007) de Mohamed Bouissef Rekab, El último patriarca (L´ultim patriarca, 2008) de Najat el Hachmi, Mi Marruecos (Mon Maroc, 2009) de Abdelá Taia, o No (2016) de Said El Kadaoui Moussaoui, por nombrar solo algunas de las novelas, diarios o relatos autobiográficos a los que he dedicado algún artículo.

El libro de Leila Slimani, Sexo y mentiras. La vida sexual en Marruecos (Sexe et mensonges. La vie sexuelle au Maroc, 2018) lo aborda sin embargo desde otra perspectiva con este interesante ensayo que nace de varias entrevistas que, a lo largo del tiempo, la autora realiza a mujeres marroquíes. Y el resultado es un retrato real y descarnado de la realidad sexual del país. Una realidad que se mueve en ese extraño y complicado equilibrio entre tradición,  religión, costumbres e hipocresía, y modernidad, libertad, ruptura y represión.

Sexo y mentiras portada

Nur, una de las mujeres entrevistadas por Leila Slimane, cuenta:

“…En mi oficina, por ejemplo, soy la única que no lleva hiyab. Trabajo rodeada de hombres. Un día me puse una falda corta, y tenía la impresión de ir desnuda. Fue horrible. No lo volveré a hacer jamás.

Antes, nos reuníamos las amigas en casa de alguna de nosotras y lo pasábamos bien. En un momento dado, la cosa cambió. Las reuniones se convirtieron en veladas religiosas, y todas me preguntaban las razones por las que yo no me cubría la cabeza. Había una especie de competencia, de rivalidad, para ver quién era la más piadosa. Me niego a que me impongan ese chisme en la cabeza. Mi madre lleva pañuelo, y no me molesta. Puede que llegue el momento en que yo me lo ponga, pero tiene que venir de mí.”

Leila Slimane no se limita a reproducir lo que le cuentan esas mujeres, algunas de ellas confesándose abiertamente por vez primera, sufriendo incluso al hacerlo, pero derrochando una sinceridad y un gran arrojo. Leila además analiza los gestos de sus interlocutoras, sus reacciones ante sus preguntas, interpretando sus silencios. El ejercicio resulta conmovedor en ocasiones.

La elección de los personajes entrevistados también es un acierto, porque abre el abanico desde las mujeres más humildes (simples amas de casa, una prostituta…) hasta profesionales o mujeres independientes (una administrativa, una doctora…). El espectro es amplio y eso hace que el retrato sea más contundente. Porque lo que rezuman estas páginas es la evidencia de que el patriarcado sigue campando a sus anchas en Marruecos, de que la vida diaria de la mujer marroquí sigue desarrollándose bajo normas y leyes pensadas para que la mujer continúe siendo un ser sumiso e invisible, de que pese a los evidentes avances de los últimos años aún estamos muy lejos de ver a las mujeres sentarse solas libremente en las terrazas de los cafetines o fumando mientras pasean o vistiendo faldas cortas o pantalones demasiado ceñidos… Las convenciones y la religión cayendo como losas sobre ellas.

En el capítulo titulado “Asma Lamrabet” (cada capítulo de este libro arranca con el nombre de la persona entrevistada o de la que Leila Slimane habla) leemos lo siguiente:

“…Los musulmanes cuentan con una larga tradición escrita, mantenida por los eruditos, que no ven incompatibilidad entre las necesidades del cuerpo y las exigencias de la fe. La literatura y el arte eróticos florecieron en el período que va de los siglos IX al XIII, mientras la civilización islámica estaba en su apogeo. Como me recuerda el escritor Tahar Ben Jelloun: <La mayoría de los adolescentes de hoy han leído El jardín perfumado del jeque Nefzaui, escrito en el siglo XIV a petición de un príncipe que quería saber cómo hacer el amor y obtener el máximo placer. No debemos olvidar que el texto comienza con la fórmula Bismillabi arrabman arrabim, es decir, En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo>.

(…) …Para el tunecino Abdelwahab Bouhdiba, que publicó en 1975 La Sexualité en Islam, una obra convertida en clásica, la visión severa, puritana y sombría de la sexualidad está en contradicción con el propio espíritu del islam. Para él: <Redescubrir el sentido de la sexualidad es redescubrir el sentido de Dios, y a la inversa. (…) Una sexualidad plena equivale a una libertad ganada>. En su libro, Bouhdiba recuerda una perspectiva olvidada de la sexualidad en el islam: la de una relación carnal jubilosa, placentera. Narra una cultura en la que el cuerpo no se niega ni se reprime y en la que el coito se asimila a un momento de oración. Según él, la solución no consiste en calcar el modelo occidental en las sociedades musulmanas. Hay que encontrar una tercera vía y liberar el sexo con la religión en lugar de contra esta.”

Leila Slimane

LEILA SLIMANE

Lo religioso lo impregna todo, y si la interpretación es estricta y restrictiva, la represión se hace casi insoportable. Leila Slimane no elude su posicionamiento y es crítica con esa sociedad machista que anula el desarrollo individual de la mujer marroquí. De entre esos personajes que retrata en su ensayo, quizá sea el de Malika el que más me ha conmovido. Malika le cuenta a Leila su dura lucha diaria por mantenerse como una mujer independiente, pero nada es fácil. Su soltería es ya un problema en sí misma. Relata Leila Slimane:

“…Si sigue soltera no es por casualidad. Malika parece haber sufrido muchos desengaños amorosos. <El tipo con quien yo salía, que estudió en el liceo francés, era muy abierto, muy comprensivo. Sin embargo, a la hora de casarse lo hará con una chica más joven que él, y virgen. Al mismo tiempo, se jactaba de acostarse habitualmente con prostitutas. Cuando me enfadé por su actitud, me dijo: “Eres una intolerante. Estoy en mi derecho de querer follar y a la hora de casarme elegir una novia virgen”. No lo consideraba como una esquizofrenia. Al igual que la de muchos hombres, su sexualidad es inmadura>. Malika ha repetido varias veces que los hombres tienen más oportunidades de elegir, aunque padezcan también esa hipocresía…

(…) En Marruecos es difícil para una mujer que no esté casada llevar una vida social; a partir de cierta edad, resulta imposible si no estás en pareja…”

Esta última frase de Leila Slimane es lapidaria, y me transmite una sensación de tristeza. Leer estas confesiones, sin embargo, nos devuelve la fe en la fuerza de estas mujeres. Mujeres que, en algunos casos, caminan a contracorriente, pero con una seguridad apabullante. Sin embargo, es evidente que queda mucho por recorrer y que el sendero está lleno de trampas y de peligros.

Sexo y mentiras abre una puerta que permanecía cerrada, y nos permite ser testigos de los sentimientos mas íntimos de estas mujeres a las que admiro profundamente.

Sergio Barce, mayo 2019

Sexo y mentiras. La vida sexual en Marruecos (Sexe et mensonges. La vie sexuelle au Maroc, 2018) está editado por Cabaret Voltaire, con traducción de Malika Embarek López.

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«EL NADADOR», DE PABLO BARCE, EN EL SEATTLE INTERNATIONAL FILM FESTIVAL (USA)

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Dentro de la programación del 45th Seattle International Film Festival, en Seattle (USA), que se celebrará entre los días 16 de mayo a 9 de junio de 2019, en la sección Mysterious Travelers, se proyectará el cortometraje El nadador, de Pablo Barce.

Hakim sigue nadando desde Larache.

Más información entrando en el siguiente enlace:

https://www.siff.net/festival/mysterious-travelers

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SEATTLE IFF 2019 1

 

 

 

 

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