Hace un tiempo, hallé, entre mis papeles, un pequeño cuaderno de viaje que me acompañó unos años a partir del 2000. Leyéndolo, me topé con unas notas sobre el día en el que conocí a Lorenzo Silva. Nos vimos por vez primera en un encuentro que organizaba la AEMLE (Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española) en colaboración con el Instituto Cervantes de Tánger. Yo terminaba de hablar de mi primera novela, que presentaba en una de las jornadas, cuando Lorenzo entró en la sala un tanto azorado por llegar tarde. Su avión se había retrasado.
JOSÉ A. GARRIGA VELA Y SERGIO BARCE
Hablando de aviones. Creo que José Garriga Vela vuela en estos instantes camino de Ecuador mientras escribo estas notas, aunque probablemente, el día que las cuelgue en el blog, ya estará en Quito. José y yo nos despedimos la semana pasada tomándonos varias cervezas, brindando por este viaje y por algunas cosas más. Va a dar unas charlas en distintas universidades y centros culturales del país, de manera que pasará unas semanas al otro lado del Atlántico. Le hace ilusión este viaje. Hablamos, como siempre, de literatura y de cine. Me reitera que le ha encantado mi libro El mirador de los perezosos. <No hay un solo adjetivo mal puesto>, me dice con énfasis. Luego, me confiesa que le admira mi capacidad para escribir con tanta intensidad en tan poco tiempo, más porque mi trabajo me roba la mayoría de las horas del día. Que todo esto me lo diga un escritor de su talla, me reconforta y me anima a continuar con mis historias. Le respondo que, para mí, escribir es una necesidad como el respirar. Se ríe cuando se lo digo. José Garriga es humilde y generoso, una rara avis en el mundo de la literatura. Ha terminado de leer el borrador de mi nueva novela y le ha encantado, se la leyó de una sentada.
LYDIE SALVAYRE
Le cuento a Jose que acabo de terminar No llorar (Pas pleurer), con la que Lydie Salvayre obtuvo el Premio Goncourt hace unos años, una novela que me descubrió Miguel Ángel Moreta-Lara. Me ha parecido una excelente obra. Escrita por una autora francesa de origen español, retrata de una manera directa y precisa lo que fue nuestra guerra civil en una pequeña población de Cataluña, de donde es originaria su familia. Me gusta ese juego de espejos que hace Salvayre entre lo que, durante la contienda, iban descubriendo por un lado su madre, que es quien le cuenta toda esta historia, y Josep, un idealista que creyó en la revolución, pero que poco a poco van asumiendo el fracaso, y por otro lado el escritor Georges Bernanos, que apoyó a los golpistas para darse cuenta, poco a poco, que los franquistas solo pensaban en exterminar a sus adversarios sin la menor compasión, algo que iba contra sus principios católicos.
Escribe Lydie Salvayre:
“…En Palma pasan los meses y se confirma el horror. Bernanos se entera de que los cruzados de Mallorca, como llama a los nacionales, ejecutan en una sola noche a todos los presos capturados en las trincheras, los conducen <como ganado hasta la playa> y los fusilan <sin prisas, animal por animal>. Tras lo cual, los cruzados <amontonan a las reses, ganado absuelto y no absuelto>, y los rocían con gasolina.
<Es muy posible (escribe) que esa purificación por el fuego revistiera entonces, debido a la presencia de los sacerdotes de servicio, un significado litúrgico. Por desgracia no vi hasta pasados dos días a esos hombres ennegrecidos y relucientes contraídos por las llamas, y algunos de los cuales adoptaban con la muerte poses obscenas, capaces de entristecer a las damas palmesanas y a sus distinguidos confesores.>
La muerte se adueñó de Mallorca.
La muerte. La muerte. La muerte. Hasta perderse de vista la muerte. En medio de la angustia y la repulsión que le invade, Bernanos procura mantenerse lúcido. Cueste lo que cueste. <Es usted para mí un hermano desoladoramente lúcido>, le escribió Artaud en 1927, el único o casi de sus contemporáneos a quien gustó La impostura.
Lúcido contra la cobardía y contra el silencio.
Lúcido obligándose a mirar de frente el horror y a dar fe puntualmente de los crímenes que silencian los franquistas.
Porque a diferencia de los republicanos que posan para la posteridad en las iglesias que han destruido, o ante los cadáveres de las monjas que han asesinado (fotografías que darán la vuelta al mundo), la propaganda franquista vela por que no salga a la luz ninguna imagen de las tropelías perpetradas por el terror azul (el terror azul, del color del uniforme falangista).
Bernanos se decide a contarlas (esas tropelías). Está en juego su honor…”
(No llorar ha sido editado por Anagrama, con traducción del francés de Javier Albiñana).
Tras acabar esta novela, que es uno de los mejores relatos sobre la guerra civil española que he leído, me sumerjo en los cuentos de El cuaderno marroquí, de Joaquín Cestino. Para ir degustando muy lentamente.
ARGENTINA, 1985
Veo la película Argentina 1985, de Santiago Mitre. Excelente cinta con el siempre impecable Ricardo Darín. La sala del cine Albéniz estaba llena de argentinos que asistieron a la proyección en un silencio de sepultura (salvo algunas escenas que nos hicieron reír y descargar la tensión, muy bien incardinadas en la cinta). Cuando acabó la proyección estallaron en aplausos. La emoción se respiraba en el ambiente. Tremenda historia sobre la dictadura militar argentina representada por los líderes de la junta militar a los que se les juzgó por los crímenes cometidos. Una película de obligada visión y que muestra la inhumanidad de los fascistas y de cualquier dictadura. Muy recomendable.
También me ha parecido excelente la serie Antidisturbios, de Rodrigo Sorogoyen, uno de los realizadores españoles más competentes del actual panorama. Los actores están todos extraordinarios y la serie mantiene una tensión, de principio a fin, que la engrandece. Sorogoyen ya me pareció un realizador excepcional con su cinta El reino, y ando en deseos por ver su última producción As bestas.
Dos films antibélicos que me han parecido extraordinarios: la nueva versión alemana de Sin Novedad en el frente (Im westen nichts neues) de Edward Berger y la danesa Bajo la arena (Land of mine) de Martin Zandvliet. La primera es desoladora, pero la segunda es toda una sorpresa por su argumento. Cuenta la historia de los soldados alemanes que, tras finalizar la segunda guerra, deben desminar las playas de Dinamarca que el propio ejército nazi había llenado de minas. Películas que están llenas de humanidad.
BAJO LA ARENA (LAND OF MINE)
Acudí a la exposición que se organizó en la Casa Gerald Brenan, que dirige Alfredo Taján, sobre Josephine Baker, una mujer que siempre me ha fascinado por su arrojo y valentía. Los cuadros de Diego Santos son increíbles, y escuchar la explicación del pintor sobre el proceso creativo de esta colección y lo que se encierra en cada uno de ellos resultó aleccionador. Además, mi querida Mónica López, junto a Alfredo, hicieron una presentación entretenida, divertida y atractiva. Tras escucharlos y contemplar esos cuadros, mi admiración hacia Josephine Baker se ha disparado.
Como guinda, hace unos días, la Casa Gerald Brenan ha sido galardonada con el Premio Andalucía al Mejor Proyecto Cultural, algo que me ha alegrado, tanto por el reconocimiento a una labor encomiable como a que sea Alfredo Taján, al que aprecio mucho, el artífice principal de este éxito.
Como me viene ocurriendo en estas últimas entregas de mis Notas a Pie de Página, iba a hablar de Lorenzo Silva y me he ido por las ramas. En la próxima entrega continuaré relatando lo que sucedió en Tánger cuando conocí a Lorenzo. O, al menos, volveré a intentarlo.
Hoy es el Día de las Librerías. He escrito varios relatos y alguna novela ambientados en librerías, como los cuentos <Librería Sueños>, que apareció en el libro colectivo Último encuentro en BiblioCafé (GB y Jam Ediciones – Valencia, 2014) o <La librería del tío Hugo>, publicado en otro volumen colectivo titulado Me estás pisando el Chéjov (Espai Literari – Barcelona, 2016), y la novela corta El laberinto de Max (Mitad Doble & Ediciones del Genal – Málaga, 2018). Pero quizá sea el cuento que escribí para el 50 Aniversario de la Librería Proteo de Málaga, el que me resulta más entrañable, porque fue un homenaje a Pablo Aranda y su libro infantil Fede quiere ser pirata, que, al final, se convirtió en un texto de admiración y cariño hacia Pablo y un homenaje a quienes durante años han estado al frente de la Librería Proteo. Así que hoy, en este día, me place recuperar mi relato El renacuajo de Pablo, rendir homenaje a las librerías con él y, sobre todo, recordar al amigo y al escritor Pablo Aranda, que sigue y seguirá con nosotros.
Sergio Barce, 11 de noviembre de 2022
EL RENACUAJO DE PABLO
Federico entró en Proteo y se dirigió a la sección de libros de aventuras. Allí era donde solía encontrar sus novelas favoritas. Las de piratas y bucaneros. Y en seguida comenzó a ojear el estante a la caza de algún título novedoso. Estaba tan absorto en sus pesquisas que apenas reparó en un hombre que lo miraba con curiosidad, arrugando los ojos que se escondían tras unas gafas de pasta.
-¿Tú no eres Fede? -le preguntó el hombre de las gafas de pasta acercándose a él.
-Sí. Me llamo Federico.
Los dos se estudiaron en silencio. Y aunque la cara de ese hombre con gafas le resultaba familiar, Federico no acababa de reconocerlo.
-Soy Pablo. Pablo Aranda. El famoso escritor de novelas de piratas -dijo muy serio, y luego sonrió-. No. Es broma. Pero sí que soy Pablo Aranda. El escritor que te creó. ¿Lo recuerdas?
-¿Tú eres mi padre? -Federico había palidecido al escucharlo.
-Tampoco exageremos -dijo rápidamente Pablo Aranda temiendo que su prole creciera sin proponérselo.- Te observaba sin poder entender que hayas logrado escapar de la novela en la que habitas. Y menos aún que hayas crecido tanto sin mi permiso.
-¿Ves? Eres mi padre. Y me abandonaste cuando cumplí los cinco años.
Pablo Aranda enmudeció. De pronto, ese niño se le antojaba impertinente y malencarado.
-Fede, tú tienes a tu padre. Un cobarde, cierto, pero es tu padre y te quiere mucho. Y otra cosa más: nadie te abandonó a los cinco años. Eso te lo estás inventando tú.
-Es lo que me dijo Sergio. Que me abandonaste para irte con unos soldados. Siempre te he esperado -y al decir esto, su voz se quebró.
Federico giró la cabeza dejando que su mirada vagase por la estantería. La taza de oro, El corsario negro, La isla del tesoro, Los dueños del viento, Fede quiere ser pirata… ¿Fede quiere ser pirata? Releyó el título, perplejo.
Antes de que Federico pudiera reaccionar, Pablo Aranda se adelantó sagaz y se hizo con el libro, primorosamente editado. Lo abrió y pasó varias páginas. Luego levantó los ojos por encima de la montura de sus gafas de pasta negra.
-¿Cuántos años tienes? -Pablo Aranda lo preguntó con cierta cautela.
-Doce -respondió Federico sin apartar los ojos de la novela de Pablo Aranda-. ¿Qué hace ese libro en la sección de piratas y bucaneros? Es de literatura infantil.
-¿No dices que ya tienes doce años? -reconvino el escritor con una ironía acerada.
De pronto, las maderas del suelo crujieron y los dos se giraron. Jesús Otaola y Paco Puche encabezando un grupo que se acercaba con intenciones imprevisibles. Junto a ellos, Sergio, también con sus doce recién cumplidos, que había clavado su pierna ortopédica en el parqué; y un paso por detrás, Ana, Cristina, Francisco y Milagros, crispados porque eran los encargados de velar por los libros infantiles. Susana y Miguel Ángel franqueaban la puerta de salida. Y Vanesa, Carlos, Rosa, Beatriz, Carmen, Inma y Ana María se agolpaban a las escaleras. Pablo Aranda frunció el ceño. Y Federico se temió lo peor.
-Lo siento, Pablo -dijo Jesús Otaola-. No sé cómo ha podido ocurrir, pero te prometo que es la primera vez que se nos escapa un personaje de un libro.
-Lo devolveremos a las páginas de Fede quiere ser pirata -añadió Jonatan, que apareció por una puerta camuflada sacando unas esposas del interior de su cazadora-. Vamos, Fede, no nos lo pongas difícil.
-No puede regresar con doce años -protestó Pablo Aranda al grupo-. La novela dejará de tener sentido. Y, por cierto, ¿qué hace aquí Sergio?
-Salió de tu libro, pero solo para buscar a Fede -se excusó Paco Puche.
-En cuanto regresemos, volveremos a tener cinco años -lo interrumpió Sergio, y miró a su amigo-. Allí estamos mejor, Fede. Seguiremos soñando que somos piratas y viajaremos en nuestro bajel con Marga y con Isa.
Federico sopesó las posibilidades que tenía de huir de allí observando de reojo al grupo de Proteo-Prometeo. Famosos por no haber dejado escapar a ningún personaje si no lo hacían dentro del libro al que pertenecían. Y lo cierto era que añoraba sus años en la novela. Levantó la vista y escrutó a Sergio.
-De acuerdo -dijo en un susurro-. Pero con una condición, papá -y miró a Pablo Aranda.
-Y dale. Que no soy tu padre -replicó el escritor con voz de paciencia-. A ver. ¿Qué me vas a pedir?
-Que Isa deje de llamarme renacuajo.
-Pero si te lo dice con cariño -Pablo Aranda temía que ese cambio afectase a su historia y trató de convencerlo-. Llamarte renacuajo te hace más humano. Además, un niño de cinco años es un renacuajo.
-Entonces no volveré a la novela.
El grupo se movió inquieto, y Federico dio un paso atrás.
-De acuerdo -cedió Pablo Aranda-. Haré que Isa deje de llamarte renacuajo. Aunque seas un renacuajo.
Dicho eso, Fede y Sergio avanzaron juntos y se esfumaron misteriosamente de la librería. Pablo Aranda abrió su novela dejando escapar un largo suspiro.
-Menos mal. Todo parece estar en su sitio. Incluso ese renacuajo cabezota -susurró dibujando una sonrisa en sus labios.
Un nuevo comentario, que es un pequeño análisis, de mi libro El mirador de los perezosos, que, hasta el momento, parece concitar una cierta unanimidad. Las palabras de una lectora tan voraz como María Bacall me han llegado hondo. María ha escrito lo siguiente, que comparto con vosotros:
<Tánger me encanta, me atrae, me impresiona. No su leyenda, sino el Tánger actual. Eso lo sabe todo el que me conoce. Al ver que Sergio Barce había publicado un libro llamado “El mirador de los perezosos“ pensé: mira, como para mí, quizás también para él sea un lugar mágico.
Estos relatos en Tánger son tristes, son básicamente pesimistas. “El país que considerábamos nuestro iba dejando de serlo.“ El narrador describe cómo el Majzén arrinconaba a los antiguos colonizadores. “El desarraigo comienza así y da igual la nacionalidad. Sólo es igual el silencio.“ Sí, he sentido ese desarraigo en otros sitios y me identifico con esas palabras. Me veo reflejada. Como cuando llegas al café de Madame Porte, ya un McDonald´s. Y piensas en lo que has vivido allí, en tus conversaciones, en tus amigos. Tus amigos…
Ese desgarro al ver que tus amigos se van, también tan familiar: “Y Carlos embarcó despojado de alma… se marchó con el chergui y nadie sabe a dónde.“
Yo creo que con tanto cambio no es raro que el protagonista de uno de los relatos se olvide incluso de quién es, en el Hotel Rembrandt, como en la película Recuerda: “Cuando todo está fuera de su sitio y ya nada es lo que era , ¿cómo saber quién eres tú?”
Asimismo, la historia que sucede en la calle Shiagins, esa calle en la cual todo puede suceder, como en Xanadú, es desesperanzadora. Y, cuando aparece un pensamiento positivo: “Cada estancia en Tánger revitaliza el alma.” Piensa el lector: ¡exacto ! Al poco viene su contrapartida: “¿Quién asegura que no es la última vez?» Yo también siento miedo cuando vuelvo a la península desde Tánger de no poder volver nunca más. Finalmente, da igual. Puestos a tener que morir, yo también elijo Tánger para hacerlo. Al fin, morir en Tánger es, como dice el autor, verdaderamente literario y, tal vez, el sitio más adecuado para hacerlo.>
En la fotografía, aparecen el actor James Fox (casi irreconocible con esa peluca) y el cantante Mike Jagger, durante el rodaje de la película Performance (1970) que dirigieron Nicolas Roeg y Daniel Cammel, y de la que Fox y Jagger eran los protagonistas.
Escribe Mark Cousins en su enorme “Historia del Cine” acerca de esta cinta lo siguiente:
“Los directores de fotografía desempeñaron un papel fundamental en la modernización del cine estadounidense de los años setenta, y justamente en Reino Unido uno de ellos acabaría convirtiéndose en uno de los mejores realizadores de la época. Nicolas Roeg logró labrarse una sólida reputación como cámara en el cine comercial. Su primera película fue una revisión del género de los films de gángsters tan radical en la forma y el contenido como conservadora lo fuera El padrino. Codirigida por el vanguardista escocés Daniel Cammel, Performance (Reino Unido, 1970) narra la historia de un gángster de poca monta (James Fox) que acaba refugiándose en la casa de una estrella del rock (Mike Jagger) y sus dos amantes. Tras adentrarse en un mundo de drogas y promiscuidad sexual, el gángster se ve obligado a afrontar su propia ambigüedad sexual; la estrella del rock ve en su violencia innata ese lado salvaje que él ha perdido. Por medio de espejos, maquillaje y ambigüedades espaciales, Roeg y Cammel logran plasmar con maestría la evolución psicológica de ambos personajes tal como hiciera Bergman con la actriz y la enfermera de Persona (Suecia, 1966). No obstante, Performance profundiza más en la figura del artista que el director sueco. Las escenas sobre el pasado del gángster se rodaron a veces con cámaras <saltonas> de 12 mm, que lo distorsionan todo. En la escena del disparo, la cámara parece viajar siguiendo la misma trayectoria que la bala, que atraviesa una cabeza y acaba empotrándose contra una imagen del escritor argentino Jorge Luis Borges. En realidad, la película hace eso mismo: empieza en el vistoso mundo de los bajos fondos de Londres para, a continuación, ir adentrándose en el subconsciente de los dos personajes y ver el papel que desempeña la sexualidad en sus vidas, y sus personalidades.”
Pasados tantos años, no me atrevo a volver a visionar esta película. Temo que el tiempo la haya maltratado y no conserve la frescura que recuerdo de ella, cuando la vi en el Cine Club Universitario, hace ya demasiado tiempo.
Una de las canciones más impresionantes y míticas de Bob Dylan, por su calidad y por su repercusión mediática, es, sin duda, Hurricane, que se publicó dentro del disco Desire, del año 1976; canción en la que cuenta los avatares del boxeador Rubin Carter, que fue injustamente acusado de asesinato y pasó veinte años en la cárcel. Bob Dylan, convencido de su inocencia, escribió la canción y comenzó una campaña en favor de “Hurricane” Carter. Finalmente se demostró que fue acusado con pruebas falsas y que los policías actuaron movidos por un racismo feroz. Estos hechos se relatan en Hurricane, la magnífica película dirigida por Norman Jewison en 1999 y que protagonizó Denzel Washington, en uno de sus mejores papeles.
RUBIN «HURRICANE» CARTER
La letra de la canción es un pequeño relato escrito e interpretado por Bob Dylan.
Pistol shots ring out in the ballroom night Enter Patty Valentine from the upper hall She sees a bartender in a pool of blood Cries out, «my God, they killed them all!»
Here comes the story of the Hurricane The man the authorities came to blame For somethin’ that he never done Put in a prison cell, but one time he coulda been The champion of the world
Three bodies lyin’ there, does Patty see And another man named Bello, movin’ around mysteriously «I didn’t do it» he says, and he throws up his hands «I was only robbin’ the register, I hope you understand»
«I saw them leavin'» he says, and he stops «One of us had better call up the cops» And so Patty calls the cops And they arrive on the scene With their red lights flashin’ in a hot New Jersey night
Meanwhile, far away in another part of town Rubin Carter and a couple of friends are drivin’ around Number one contender for the middleweight crown Had no idea what kinda shit was about to go down
When a cop pulled him over to the side of the road Just like the time before and the time before that In Paterson that’s just the way things go If you’re black you might as well not show up on the street ‘Less you want to draw the heat
Alfred Bello had a partner and he had a rap for the cops Him and Arthur Dexter Bradley were just out prowlin’ around He said «I saw two men runnin’ out, they looked like middleweights Jumped into a white car with out-of-state plates» And Miss Patty Valentine just nodded her head Cop said «Wait a minute, boys, this one’s not dead» So they took him to the infirmary And though this man could hardly see They told him he could identify the guilty men
Four in the mornin’ and they haul Rubin in They took him to the hospital and they brought him upstairs The wounded man looks up through his one dyin’ eye Say «Why’d you bring him in here for? He ain’t the guy»
Here’s the story of the Hurricane The man the authorities came to blame For somethin’ that he never done Put in a prison cell, but one time he coulda been The champion of the world
Four months later, the ghettos are in flame Rubin’s in South America, fightin’ for his name While Arthur Dexter Bradley’s still in the robbery game And the cops are puttin’ the screws to him, lookin’ for somebody to blame
«Remember that murder that happened in a bar?» «Remember you said you saw the getaway car?» «You think you’d like to play ball with the law?» «Think it mighta been that fighter that you saw runnin’ that night?» «Don’t forget that you are white»
Arthur Dexter Bradley said «I’m really not sure» The cops said «A poor boy like you, could use this break We got you for the motel job and we’re talkin’ to your friend Bello You don’t want to have to go back to jail, be a nice fellow You’ll be doin’ society a favor That son of a bitch is brave and gettin’ braver We want to put his ass in stir We want to pin this triple murder on him He ain’t no Gentleman Jim»
Rubin could take a man out with just one punch But he never did like to talk about it all that much «It’s my work» he’d say, «and I do it for pay And when it’s over I’d just as soon go on my way»
Up to some paradise Where the trout streams flow and the air is nice And ride a horse along a trail But then they took him to the jailhouse Where they try to turn a man into a mouse
All of Rubin’s cards were marked in advance The trial was a pig-circus, he never had a chance The judge made Rubin’s witnesses drunkards from the slums To the white folks who watched, he was a revolutionary bum
And for the black folks he was just a crazy nigger No one doubted that he pulled the trigger And though they could not produce the gun The D.A. said he was the one who did the deed And the all-white jury agreed
Rubin Carter was falsely tried The crime was murder one, guess who testified? Bello and Bradley and they both baldly lied And the newspapers, they all went along for the ride
How can the life of such a man Be in the palm of some fool’s hand? To see him obviously framed Couldn’t help but make me feel ashamed to live in a land Where justice is a game
Now all the criminals in their coats and their ties Are free to drink martinis and watch the sun rise While Rubin sits like Buddha in a ten-foot cell An innocent man in a living hell
Yes, that’s the story of the Hurricane But it won’t be over ‘til they clear his name And give him back the time he’s done Put in a prison cell, but one time he coulda been The champion of the world
DENZEL «HURRICANE» WASHINGTON
TRADUCCIÓN:
Los disparos suenan de noche en el salón de baile
Llega Patty Valentine desde la sala superior Ve al camarero en un charco de sangre Grita: “¡Dios mío, los han matado a todos! Ahora viene la historia del Hurricane El hombre al que culparon las autoridades Por un crimen que no cometió Lo encerraron, pero pudo haber sido El campeón del mundo
Tres cuerpos tendidos, es lo que Patty ve Y otro hombre llamado Bello, merodeando misteriosamente, “Yo no fui”, dice, y levanta sus manos “Yo solo robaba la caja, espero que lo entiendas Los vi marcharse”, dice, y se calla “Uno de nosotros debería llamar a la policía” Y Patty los llama Y llegan a la escena con sus luces rojas parpadeando En la calurosa noche de Nueva Jersey
Mientras tanto, lejos, en otra parte de la ciudad Rubin Carter pasea en coche con un par de amigos El aspirante número uno a la corona de los pesos medios No tenía ni idea de la mierda que se le caía encima Cuando un poli lo detuvo a un lado de la carretera Como la vez anterior, y otra vez antes Pero, en Paterson, así son las cosas Si eres negro, es mejor que no te dejes ver por la calle Si no quieres tropezarte con la bofia
Alfred Bello tenía un compañero y un chivatazo que dar Él y Arthur Dexter Bradley estaban merodeando por ahí Dijo: “Vi a dos corriendo, parecían pesos medios, Se metieron en un coche blanco con placas de otro estado” Y la Srta. Patty Valentine asintió con la cabeza El policía dijo: “Esperen un minuto, chicos, éste no ha muerto” Así que lo llevaron a la enfermería Y aunque apenas podía ver Le dijeron que podía identificar a los culpables
A las cuatro de la mañana y arrestan a Rubin Lo llevan al hospital y lo suben por las escaleras El herido lo mira con su único ojo moribundo Dice: “¿Para qué lo traéis aquí? ¡Éste no es el tipo! Sí, ésta es la historia de Hurricane El hombre al que acusaron las autoridades Por algo que nunca hizo
Lo encerraron, pero pudo haber sido El campeón del mundo
Cuatro meses después, los guetos están en llamas Rubin está en Sudamérica peleando por su nombre Mientras Arthur Dexter Bradley sigue con sus artimañas
Y los polis le aprietan las tuercas para que alguien pague el pato “¿Recuerdas el asesinato del bar?” “¿Recuerdas que dijiste que viste el coche que se dio a la fuga?” “¿Qué te parece llegar a un acuerdo?” “¿Crees que podría haber sido ese boxeador que viste correr esa noche?” “No olvides que eres blanco”
Arthur Dexter Bradley dijo: “Realmente no estoy seguro” El poli dijo: “Un pobre chico como tú podría utilizar eso. Te tenemos pillado con lo del motel y estamos hablando con tu amigo Bello. No tienes por qué volver a la cárcel si te portas bien Le estarás haciendo un favor a la sociedad Ese hijoputa se hace más y más valiente Queremos poner su trasero a la sombra Queremos que se coma el triple asesinato Él no es Gentleman Jim”
A Rubin le bastaría un gancho para derribar a cualquiera Pero nunca le gustó alardear Es mi trabajo, diría él, y lo hago por dinero Y cuando se acabe, me iré cuanto antes A algún paraíso Donde corras las truchas y el aire sea agradable Y montar a caballo por un sendero.” Pero entonces lo metieron en una celda Donde tratan de aplastarlo como a una piltrafa
Todas las cartas de Rubin venían marcadas El juicio fue una farsa, em el que no tenía ninguna oportunidad El juez convirtió a los testigos de Rubin en borrachos de tugurios Para los blancos que lo presenciaron él que era un alborotador Y para la gente negra era sólo un negrata loco Nadie dudaba de que él apretó el gatillo Y aunque no encontraron el arma El fiscal lo acusó de ser el autor de los hechos Y el jurado de blancos lo secundó
El juicio de Rubin Carter fue un montaje El crimen fue asesinato en primer grado, ¿adivina quién testificó? Bello y Bradley, que mintieron descaradamente Y los periódicos les siguieron la corriente ¿Cómo puede la vida de un hombre así estar en manos de imbéciles? Para verlo obviamente en una encerrona y no poder ayudarlo me hace sentirme avergonzado de vivir en una tierra Donde la justicia es una mentira
Ahora todos los criminales de chaqueta y corbata Son libres para beber martinis y ver la salida del sol Mientras Rubin se sienta como Buda en una celda de diez pies Un hombre inocente en un infierno Ésta es la historia de Hurricane que no acabará hasta que limpien su nombre Y le devuelvan el tiempo que le han robado Lo encerraron, pero pudo haber sido El campeón del mundo