El X Premio de Aforismos «Rafael Pérez Estrada» ha recaído este año en mi querido amigo Alfonso González Cachinero, por su libro «Fugacidades» (Editorial Renacimiento). En el pequeño volumen se recogen 55 aforismos, el número exigido para poder concursar al premio.
Escuchar a Alfonso explicar qué es un aforismo es empaparse de conocimiento y sapiencia, es descubrir un nuevo mundo literario hasta ahora casi desconocido para mí. No es que no supiera de los aforismos como «género» o como arte creativo, sino que me era ajeno el entramado de esas pequeñas frases que, en apariencia, son de fácil cosecha. Alfonso González Cachinero te descorre el telón de lo que se oculta tras un aforismo, tras un buen aforismo: horas y horas de trabajo concienzudo y de paciencia hasta dotar a cada palabra, a cada signo de puntuación, de su ritmo interno y externo, de su cadencia, de su musicalidad.
Dos ejemplos de excelentes aforismos que forman parte de «Fugacidades»:
«Y el tiempo, haciendo su trabajo»
«No es casualidad que la risa y el llanto sean políglotas»
Nada es fácil a la hora de escribir un aforismo. Alfonso distingue entre aforismo y ocurrencia, diferentes porque uno surge de lo inmediato, de sopetón, al segundo, generalmente con escaso peso literario; el aforismo, por el contrario, se amasa, se le da forma, cediéndole espacio y tiempo, horneándolo, hasta que alcanza su grado de perfección, su punto final.
Escribe Alfonso González Cachinero:
«Hay veletas tan rebeldes que van a su aire»
«Algunos globos sueltos eligen volver y buscar a su niño perdido»
También hay una profunda emoción en algunos de sus aforismos, como este precioso homenaje:
«Todavía cuando suena el teléfono un sábado temprano, pienso que es mi padre»
Una pequeña gran joya llamada «Fugacidades», de Alfonso González Cachinero. El aforista.
Sergio Barce, 9 de mayo de 2026
