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MADRID -10 DE FEBRERO – PRESENTACIÓN DE «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS»

Los días pasan cada vez más aprisa y ya estamos a mediados de enero, sin apenas darnos cuenta. Así que, para que a nadie se le pase la fecha, os anuncio ya que el día 10 de febrero, dentro de nada, en la Librería Antonio Machado, de Madrid, Mohamed El Morabet presentará mi libro de relatos El mirador de los perezosos (Ediciones del Genal, 2022). Nos acompañará Consuelo Hernández, autora del óleo que sirve de cubierta. Todo mi agradecimiento a Pilar Eusamio Zambrana, de la Librería Antonio Machado, por su generosidad. Os esperamos.

 

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Y MÁS AMIGOS ESCRITORES

Continúo esta serie de imágenes, pertenecientes a los títulos de mi biblioteca, en las que algunas de mis obras se muestran junto a las de otros buenos y queridos amigos escritores. Hoy: mi libro de relatos Paseando por el zoco chico, larachensemente, junto a El olivo de Larache, de Carlos Tessainer; Un largo sueño en Tánger, de nuestro añorado Antonio Lozano, y al lado de Larache a través de los textos, de Mª Dolores López Enamorado. 

Mi novela La emperatriz de Tánger, posando con Amar tanta bellezade Herminia Luque; Mar de lija, de Susana Gisbert y junto a El viajante, de Emy Luna.

Y mi novela Una sirena se ahogó en Larache, junto a Cordones pareados, de Paco Huelva; Melilla, 1936, de Luis María Cazorla; Alfa & Omega, de David Rocha, y junto a Carta blanca, de Lorenzo Silva .

 

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CUENTA GONZALO FERNÁNDEZ PARRILLA…

Ando leyendo Al Sur de Tánger: Un viaje a las culturas de Marruecos, de Gonzalo Fernández Parrilla. Muy interesante ensayo, que deja párrafos como éste:

«…El cementerio judío de Rabat está custodiado por un bello gigante con bigote que dice haber nacido allí, pues su padre ya era guardián y sepulturero. En un aparte están las escasas tumbas de los bahaís, protegidas por un perro. Lindan con el vecino cementerio cristiano, donde yacen católicos, franceses, protestantes, españoles, italianos, ortodoxos y africanos, y algunos musulmanes que lucharon con Francia en las guerras mundiales. También está allí el panteón de Mobutu Sese Seko, que murió exiliado en Rabat.

A los musulmanes se los entierra con el cuerpo lavado y perfumado, envueltos desnudos en una mortaja blanca, en posición de cúbito lateral derecho, sin ataúd y con el rostro orientado en dirección a La Meca. El color del luto en el islam es el blanco y en la tierra de las tumbas se suele plantar arrayán.

Tras la conquista/caída de Granada, no volvió a haber una almacabra en tierras peninsulares hasta la Guerra Civil. Algunos de esos cementerios moros, abiertos durante la Guerra Civil y en desuso durante décadas, han acabado reconvertidos en cementerios musulmanes para servir de almacabras a la comunidad marroquí, como el de Griñón en Madrid, adonde he acudido alguna vez a acompañar a seres muy queridos…»

 Me gusta esta mezcla de anécdotas, referencias históricas y experiencias personales, que hacen del libro aún más atractivo. Cuando acabe su lectura, me referiré con más detalle a él.

Sergio Barce, 12 de enero de 2023

 

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POSANDO JUNTO A LAS OBRAS DE MIS AMIGOS

Como ya he hecho en anteriores ocasiones, algunos de mis libros «posan» junto a títulos de otros buenos y queridos amigos escritores: La emperatriz de Tánger, junto a  Tánger, segunda patria, de Rocío Rojas-Marcos, Infierno y paraíso en las islas, de Miguel Ángel Moreta-Lara, y con La letra y la ciudad; su trama en Tánger, de Randa Jebrouni. 

Y El laberinto de Max, al lado de Jacob Cohen, de León Cohen Mesonero; Días con erre, de Ana Añón y junto a Ángeles del desierto, de Paloma Fernández Gomá.

 

 

 

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FOTOS DE CINE – 31

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En la imagen: Marlon Brando y Karl Malden, en un descando durante el rodaje de La ley del silencio.

Karl Malden es de esos enormes actores que solo recordamos ya los amantes del buen cine. Inolvidable en sus papeles en varias obras maestras y en grandes películas como Un tranvía llamado deseo (A streetcar named desire, 1951) de Elia Kazan, Yo confieso (I confess, 1953) de Alfred Hitchcock, La ley del silencio (On the waterfront, 1954) y Baby doll (1956) ambas de nuevo con Kazan, El árbol del ahorcado (The hanging tree, 1959) de Delmer Daves, El rostro impenetrable (One-Eyed Jacks, 1960) de Marlon Brando, El hombre de Alcatraz (Birdman of Alcatraz, 1962) de John Frankenheimer, El rey del juego (The Cincinnati Kid, 1965) de Norman Jewison, Patton (1970) de Franklin J. Schaffner o la serie de TV Las calles de San Francisco (The streets of San Francisco, 1972-1977). Dio la réplica a los mejores: a Gregory Peck, a Gene Tierney, a Marlon Brando, a Vivien Leigh, a Montgomery Clift, a Jennifer Jones, a Gary Cooper, a Charlton Heston, a Natalie Wood, a Burt Lancaster, a Eva M. Saint, a Steve McQueen, a George C. Scott… y siempre marcó su sello.

En la autobiografía escrita por Paul Newman, que estoy devorando, titulada Paul Newman, la extraordinaria vida de un hombre corriente, editada por Libros Cúpula, con traducción de Francisco Javier Pérez, Karl Malden relata lo sucedido durante la selección para el papel protagonista masculino de La ley del silencio (On the waterfront, 1954).

Cuenta que Marlon Brando declinó el ofrecimiento de Elia Kazan para interpretar el rol de Terry Malloy, por lo que la productora recurrió a Malden para que convenciese a Brando, que era buen amigo suyo. La razón del actor para no intervenir en la cinta fue que pensaba que Elia Kazan era un soplón, que delató a gente del cine como comunistas a izquierdistas, en la caza de brujas que impulsó el senador McCarthy (acusación que parece que era cierta). Pese a sus intentos, Brando no cedió, por lo que Elia Kazan le preguntó a Karl Malden qué le parecía darle el papel a Paul Newman. A él, le pareció bien.

Antes de firmar el contrato, le obligaron a que interpretase alguna escena del guion que Newman debía seleccionar, así como a la actriz que le diera la réplica en esa prueba. Paul Newman eligió a Joanna Woodward, de la que ya estaba enamorado y, para la escena en cuestión, se inclinó por la que transcurre en el banco del parque. Según Karl Malden, resultó perfecta.

Al verlos actuar, se dio cuenta de que había algo entre ellos, y se sintió reconfortado al comprobar que Paul Newman aceptaba que fuese él y no Elia Kazan el que supervisara esa prueba de casting. También cuenta que le resultó muy fácil que Newman sedujera a Joanne Woodward en esa escena, que era lo que exigía el guion, porque estaba totalmente entregado a la actriz.

Sin embargo, pese a la buena química, a lo bien que resultó la escena, en cuanto el productor dio el visto bueno a Paul Newman, Marlon Brando aceptó el papel. Por entonces, Brando ya era una estrella y un actor reconocido, mientras que Paul Newman aún no había despegado. Además, era la opción preferida de Kazan, por lo que acabó siendo él el elegido.

La Ley del silencio obtuvo 8 premios Oscars, entre ellos el de mejor actor protagonista para Brando, mejor actriz de reparto para Eva Marie Saint y mejor director para Elia Kazan. Para el Oscar al mejor intérprete masculino de reparto, Karl Malden estuvo nominado, pero que ya lo había ganado con Un tranvía llamado deseo. (Por esta misma cinta, estuvieron también nominados como actores de reparto Lee J. Cobb y Rod Steiger).

Sergio Barce, 8 de enero de 2023 

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