Mis tres últimos libros: tres obras que me han dado muchísimas satisfacciones. Gracias a vosotros. Y a los lectores que no conozco.



Rodaje de EL NADADOR

Rodaje del cortometraje EL NADADOR
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Rodaje del cortometraje EL NADADOR
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Rodaje del cortometraje EL NADADOR
EL NADADOR
Los brazos se hundían fabricando una espuma salada que se diluía a su espalda tras una existencia efímera. Igual ocurría con la pequeña estela de ondas dispersas que abandonaba atrás. Todo el movimiento era de una armonía impecable; los brazos, las piernas, el giro de la cabeza al tomar aire, sumergirla y expulsar ese mismo aire por la boca. En ningún instante cerraba los ojos. Hakim veía en el fondo primero la arena y las algas desvalidas, luego sólo arena y, más tarde, el verde azulado del océano.
Oía el chapoteo que él mismo provocaba avanzando sin descanso. Nada de parar, seguir, seguir, seguir adelante. Detenerse podía significar la rendición, perder el equilibrio, agotarse en medio del vacío. Había recorrido al menos doscientos metros, y oía el bombeo de su corazón, distinto al del comienzo, y cómo los brazos golpeaban la superficie esmeralda, cómo sus pies pateaban igualmente para ayudarlo a avanzar. Trataba de no perder la concentración en su respiración acompasada, obsesionado ante la idea de perder el ritmo y sucumbir, verse humillado. Pensó de pronto en Haddu y en Abdelali, riéndose de su estrepitoso fracaso. Le lanzarían el balón de cuero contra la espalda, mofándose, como solían hacer cuando le colaban un gol por debajo de las piernas.
-Eres tonto, Hakim. ¿Adónde crees que vas? ¿A las Canarias?
Pensar en sus posibles burlas lo espoleó, e insufló un desesperado ardor a su empeño.
Calculó que ya estaría a medio camino. No quería comprobarlo porque el hecho de intentarlo siquiera podía agobiarlo, tragaría agua y entonces sólo podría agitar los brazos sin encontrar nada. Ya le había ocurrido meses antes y se juró no repetir la experiencia. En aquel momento, creyó que moría, pero la providencia quiso que alguien, desde uno de los pesqueros, se percatara. Lo sacaron medio ahogado y estuvo un buen rato vomitando y tosiendo en la cubierta. Recordaba que olía mucho a salazón y a redes mojadas.
Hoy se había lanzado desde el faro del espigón. Dejó a la derecha la playa peligrosa y se esforzó por alejarse de la otra banda, de la entrada al puerto, de la desembocadura del Lucus. Ahí no corría el riesgo de verse arrastrado por la marea. Eran ya doce años nadando frente a los acantilados de Larache, su pueblo, y se conocía los vericuetos y las trampas que las aguas habían trazado desde los siglos…
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Rodaje del cortometraje EL NADADOR

César Luis de Montalbán

César Luis de Montalbán a la derecha de la imagen

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Legionarios en Larache
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en plaza de España
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Jardín de las Hespérides
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La estación de autobuses
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Fuente de la estación de la Valenciana
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avenida Mohamed V
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Zoco Chico
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Zoco Chico
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Batería de Cañones en Larache
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Cañones en Larache en 1911
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Larache, 1925 – cruzando en barcazas para desembarcar
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El rio Lukus – Larache
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Entrada al santuario de la patrona de Larache LALLA MENNANA
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El pasado jueves, presenté mis novelas El libro de las palabras robadas y La emperatriz de Tánger, en la Biblioteca General y Archivos de Tetuán, en un acto organizado por el Instituto Cervantes de la ciudad, enmarcado en la Feria del Libro.

La presentación corrió a cargo de la profesora Lola López Enamorado, directora del Instituto en Tetuán. Su introducción, como ya me esperaba, estuvo llena de detalles afectuosos y guiños de complicidad. Hace años que nos conocemos, y he tenido la suerte de compartir con ella muy buenos momentos y múltiples actividades en Larache y en Málaga. Lola creó ya, de entrada, un ambiente muy cómodo para mí.
También tuvo un bonito detalle Moncef Bouali, responsable de la Librairie des Colonnes, de Tánger, que se desplazó hasta Tetuán para instalar un pequeño estand con mis libros. Aquí dejo constancia de mi agradecimiento por su generosidad.
Noté en el ambiente que, lo que les contaba, los iba atrapando poco a poco. Y, al acabar el acto, Muna, la mujer de Moncef Bouali, me dijo que había merecido la pena acompañar a su marido hasta Tetuán para escucharme, y que iba a leerme. Un gesto muy bonito.

LOLA LÓPEZ ENAMORADO y SERGIO BARCE
Fue un placer hablar de mis novelas a un público entregado y muy atento. Digo esto porque, al acabar la presentación y abrirse el turno de palabras, observé que alguno de los asistentes tetuaníes había tenido la paciencia de tomar notas para poder hacerme algunas preguntas. Y eso es un buen detalle.
Como lo fue el de Encarnación Ramírez, que también se desplazó ex profeso desde Tánger para acudir a este evento. Y vino con mi novela Sombras en sepia bajo el brazo para que le firmara el ejemplar. Con gente como Encarnación, que me regalan esta clase de gestos, cómo no voy a sentirme feliz y satisfecho de lo que escribo…
Además de reiterar mi cariño a Lola López Enamorado, y de reencontrarme de nuevo con Almudena Quintana, he de mencionar a la Gestora Cultural del centro, Josefina Matas «Suky», del Instituto Cervantes de Tetuán, que, desde que me contactara por vez primera, ha estado siempre atenta a todos los detalles, tanto de mi desplazamiento y estancia como de la propia presentación, para que ésta saliera perfecta. De modo que dejo escrito: gracias, Suky.
Por último, dejar constancia de que, además de todo lo anterior, tuve la suerte de conocer a los profesores Bernabé López García y Mourat Zarrouk, que, tras mi intervención, presentaban el libro sobre Clemente Cerdeira, escrito por Zarrouk. Una historia fascinante de la que ya escribiré en los próximos días. Con ellos, junto a Lola y Suky, compartí, además, una fantástica cena, divertida y aleccionadora. Con ellos, sólo se aprende.
Sergio Barce, noviembre 2017

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Sergio Barce y Encarnación Ramírez
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