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«100 MICRORRELATOS», NUEVO LIBRO DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN MESONERO

Acaba de publicarse por Círculo Rojo el nuevo libro del escritor larachense León Cohen Mesonero, que promete buenas dosis de lectura y reflexión. Toda la información sobre su nueva publicación, titulada 100 microrrelatos, podéis encontrarla en el siguiente enlace a su blog:

https://leoncohenmesonero.blogspot.com/2021/07/nuevo-libro-100-microrrelatos.html

 

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LA 2ª EDICIÓN, YA EN LA CALLE

Sorprendentemente, pese a la pandemia y al incendia sufrido en Librería Proteo (que menciono porque Ediciones del Genal, la editora de mis últimos libros pertenece al mismo grupo), se pone a la venta la 2ª edición de mi libro de relatos Una puerta pintada de azul (coincidiendo curiosamente con el día de mi cumpleaños) gracias a unas ventas que nos han sorprendido tanto a Jesús Otaola, mi «jefe» directo en la editorial, como a mí. Pero ahí está el resultado, ganando más lectores por el silencioso efecto del boca a boca.

La fotografía para anunciar la salida de esta nueva tirada no puede ser más simbólica. Mis libros, expuestos en el escaparate del local provisional desde el que la Librería trabaja ahora, esperando a sus nuevos lectores; y, al fondo de la imagen, la fachada del edificio original de Proteo, cerrada aún tras los efectos devastadores del fuego, que parece observarnos como aguardando a que volvamos muy pronto. Y así será.

Sergio Barce, 14 de agosto de 2021

 

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«PUERTAS AZULES DESCOLORIDAS», POR ALBERTO MRTEH

Hace unos días, Alberto Mrteh me enviaba una foto de mi libro Una puerta pintada de azul que llevaba consigo y que había tomado en Rabat, y me anunciaba que se dirigía a Larache para conocer por fin la ciudad donde se desarrollan las historias que relato en él. Cuando llegó me dijo que ya se había instalado en Larache con ganas de descubrir sus calles durante unas horas y verlas «con mis ojos».

Hoy, me envía una especie de reseña que ha publicado en su blog (El zoco del escriba), pero más que una reseña es un pequeño relato que complementa mi libro, pero visto «con sus ojos». Me ha emocionado profundamente.

Ha buscado por Larache a mis personajes, ha tratado de localizar los lugares que describo, ha intentado encontrar esa puerta pintada de azul, pero, como muy bien titula su artículo, sólo quedan ya «puertas azules descoloridas» y un vago aroma a destierro. 

Alberto Mrteh y yo nos conocemos desde hace relativamente pocos años, poquísimos, pero hemos trenzado una amistad que presumo duradera y fructífera. Es un tipo muy detallista: acudió en Tánger al estreno del corto «El nadador», me visitó en Torremolinos, leyó por mí un texto en la presentación del último número de la revista SureS (a iniciativa suya) en Tánger, ha tenido la paciencia de leer varios de mis libros y ahora escribe este precioso artículo… En fin, que estoy en deuda con él. 

Os dejo el enlace donde poder leer este texto que me parece de una gran belleza. Gracias, Alberto.

Sergio Barce, agosto 2021

https://elzocodelescriba.com/2021/08/13/puertas-azules-descoloridas-de-sergio-barce/

 

UNA PUERTA PINTADA DE AZUL en el Hotel La Maison Haute, de Larache – foto de Alberto Mrteh
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UNA PUERTA, EN RABAT

Esta fotografía me la envía mi amigo Alberto Mrteh, escritor, traductor y «escriba». La ha hecho en Rabat y, la verdad, es que mi puerta luce con donaire en ese paisaje. Una puerta pintada de azul, en Rabat. Como si a través de ella se pudiera entrar en un mundo diferente a ese que se puede ver en esta imagen. Y, en cierta forma, así es. Alberto me decía, al enviarme la fotografía por whatsapp, que iba con ese ejemplar camino de Larache y que contemplaría sus calles a través de mis ojos. Ojalá no te desencantes, querido Alberto. Has abierto la puerta en Rabat. A ver hasta dónde te lleva. 

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«CUANDO LOS MONTES CAMINEN», UNA NOVELA DE YOUSSEF EL MAIMOUNI

Un tema atractivo es el que nos plantea Youssef El Maimouni en su novela Cuando los montes caminen (Rocaeditorial, 2021): la presencia de las tropas marroquíes en el ejército franquista. A esto se añade que la historia está escrita por un autor de origen marroquí, nacido en Ksar El Kebir, y que la relata en primera persona, lo que la dota de más realismo y verosimilitud. Otro aspecto es el del posicionamiento adoptado por el narrador que, en este caso, es el de un joven que no entiende la sinrazón de la guerra y que tampoco actúa como la mayoría de sus compañeros, empujados más por el odio y la venganza que por cualquier otro instinto.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es cuando-los-montes-caminen-portada.jpg

El siguiente párrafo puede servir de resumen ejemplificador del espíritu de esta novela:

“…debían de ser unos cuarenta hombres. Fueron alineados en una pared de la plaza. El mismo número de soldados marroquíes y legionarios los vigilaban de cerca apuntándolos con los fusiles mientras otro grupo comprobaba que no quedara nadie escondido. Tres oficiales llegaron acompañados de un cura. En cuanto lo vieron, los rendidos empezaron a gritar, a suplicar. Pedían que cumplieran con su juramento de guerra, que a los prisioneros no se les podía fusilar. Uno de los oficiales susurró algo en la oreja del cura y esta realizó la señal cristiana, una cruz dibujada en el aire con la mano de la que le colgaba un rosario. Murmurando alguna oración piadosa se retiró dando la espalda a los prisioneros.

Cuarenta disparos al unísono ahogaron las vidas de aquellos soldados. Solo uno tuvo tiempo de levantar el puño y gritar: <¡Viva la República!>. Un legionario se acercó hasta el cuerpo del hombre que había gritado con el puño alzado y con ojos relucientes le disparó en la cabeza para luego gritar: <¡Viva Cristo Rey, hijo de puta!>. Los demás lo imitaron y tirotearon los cuerpos que yacían sin vida, ensangrentados y apelotonados. Se vengaban. Sentían que de esa manera se hacía justicia. En el asalto a la iglesia habíamos tenido otras seis bajas más, un total de once muertos aquel día, más dieciséis heridos graves. Todos querían saldar las cuentas con el enemigo. Ni prisioneros ni vivos iban a quedar.

¿Qué razones movían a cuarenta hombres escasos a luchar contra todo un ejército? ¿Qué les impidió huir junto con sus familias y alejarse de la barbarie de la guerra? Cavamos un foso y arrojamos los cuerpos sin alma. Mudos, no podían responder a nuestras preguntas. Nadie nos explicaría de dónde provenía tanto odio.

Dominada la situación, tanto los soldados marroquíes como los legionarios aprovecharon el momento libre de ocupaciones para demostrar la verdadera naturaleza de sus caracteres. Saquearon iglesias y casas. No dudaban en apropiarse de cualquier objeto inútil que pareciera tener un mínimo de valor para más tarde intentar ponerle un precio o intercambiarlo. El pillaje se convertiría en una costumbre, aunque de aquel pueblo no conseguirían muchos objetos de valor más allá de sábanas, toallas, mantas, cubrecamas, vestidos y muebles que, por su gran tamaño, no podrían transportar y que acabaron en medio de las calles, recibiendo el castigo del sol y las meadas de los perros. Las casas quedaron prácticamente desvalijadas, destrozadas, llenas de las huellas de los animales furiosos del ejército.

Unos pocos, con gestos de desagrado, miraban incrédulos a sus compañeros, que como buenos ladrones fanfarroneaban ante el botín cosechado y vitoreaban a uno que se había vestido de mujer con ropas abandonadas.

-No os estáis comportando como buenos musulmanes.

-Tan solo estamos tomando lo que no es de nadie.

-Sois como animales.

-Si no te gusta, vuelve a tu asqueroso pueblo.

Entre los marroquíes se crearon dos bandos: quienes cometían toda clase de atropellos y quienes, los menos, juzgábamos aquellos actos pecaminosos, prohibidos, haram. A ojos de Dios quedarían como unos desalmados, unos haramis, peor que los kufar. La discusión no fue a más.

Como nos habían prometido al alba, los cabos fueron a manifestar a los superiores el malestar general por parte de las tropas moras. Si seguían sin respetar los horarios de las plegarias, sobre todo el matinal, y si continuaban sirviéndonos aquel café aguado y aquella insípida y desacostumbrada comida, muchos renunciarían, exigirían su paga y regresarían a Marruecos. Toda la respuesta fue que pronto solucionarían aquella situación pero que, hasta entonces, pedían disciplina y fidelidad a la causa. Quedaban muchos rojos por vencer y con nuestra ayuda la guerra finalizaría antes de la llegada del invierno y recibiríamos toda clase de recompensas.

Nadie quedó satisfecho y en cuanto nos avisaron de que la cena estaba lista, un supuesto puré de patata con unas minúsculas y raquíticas zanahorias, nadie probó bocado dejando los ardientes calderos intactos. Los legionarios y los escasos miembros de la Guardia Civil, que se harían cargo del pueblo tras nuestra pronta partida, nos miraban incrédulos. Ignoraban nuestra capacidad para pasar hambre. Durante el ramadán ayunábamos jornadas enteras. Aquello era un juego de niños…”

Youssef El Maimouni, con un lenguaje diáfano y sencillo, cuenta la historia de Yusuf, un joven que se ve abocado por las circunstancias a enrolarse en las tropas sublevadas contra el gobierno legítimo de la República. Su itinerario es el de miles de compatriotas suyos que fueron manipulados y engatusados para formar parte de un ejército que, en realidad, los despreciaba, que los consideraba carne de cañón. Con Yusuf acompañaremos a estos hombres y a los legionarios en su avance por pueblos y ciudades ganando batalla a batalla esa guerra enloquecida que acabó con la victoria franquista.

Hay cuestiones muy interesantes que Youssef El Maimouni plante a los largo de la novela: los motivos que movían a muchos marroquíes a alistarse; la actuación de los marroquíes en una guerra ajena, unos llegados a la península con ansias de sangre y pillaje y otros sobreviviendo para llevar algo de dinero a sus casas, reprimidos además por sus creencias y por su sentido humanitario; la contradicción entre destrucción y muerte y los principios morales establecidos por el Corán; el desprecio de los legionarios rebeldes hacia sus nuevos compañeros de armas marroquíes; la violencia gratuita y deshumanizada de esos mismos soldados hacia los vencidos… También es un acierto el que el protagonista, Yusuf, esté emparentado indirectamente con el General Mohammed Ben Mizzian, con el que mantiene una relación extraña pero muy interesante tal y como se plantea en la novela. Como lo son igualmente la relación entre Yusuf y Asma, la mujer que ama, y la forma original y sorpresiva como se resuelve esta historia, o la que se establece entre el protagonista y el sepulturero musulmán al que ha de acompañar como castigo.

Cuando los montes caminen es, en fin, una novela de guerra y de aventura, por la que desfilan numerosos personajes en un mosaico humano variopinto y realista, un libro muy entretenido, pero lleno de humanidad, que nos muestra uno de los capítulos menos conocidos de la guerra civil española.

 Sergio Barce, agosto 2021

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