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LA CALLE CHINGUITI DE LARACHE, UN RELATO DE DRISS SAHRAOUI

Después de hacerse de rogar, Driss Sahraoui por fin se ha animado a realizar uno de esos fantásticos paseos con los que nos describe al detalle los rincones de las calles más emblemáticas de Larache. En esta ocasión ha escogido una de las arterias que encierran más recuerdos e imágenes para quienes son de Larache o han vivido allí. Como siempre, Driss pasea tranquilamente por la avenida y va reconstruyendo  todo lo que ya no es más que una vieja estampa o la sombra de un hermoso recuerdo, pero tiene la habilidad de conjugar en esa película que filma con sus palabras escenas rodadas en diferentes épocas, y con eso consigue que, cualquiera que sea nuestra edad, volvamos a pasear por la calle Chinguiti, por la avenida Hassan II. Todo un placer hacerlo con su prodigiosa memoria.

Se me ha ocurrido (espero que a Driss le parezca bien) que siendo como es la calle Chinguiti parte de la historia de Larache, abra su relato junto a una fotografía que me hizo llegar el profesor Fernando de Ágreda en la que se ve al poeta larachense Dris Diuri, otro nombre emblemático de la ciudad, paseando precisamente por esta avenida en compañía de sus hijos. Creo que es una hermosa estampa y una inmejorable manera de empezar a leer esta crónica.

Sergio Barce, marzo 2013 

calle Chinguiti: el escritor Dris Diuri con sus hijos

calle Chinguiti: el escritor Dris Diuri con sus hijos

LA CALLE CHINGUITI DE LARACHE

 (I parte)

Esta calle, que primero se llamó calle Canalejas, luego calle Chinguiti, después Muley el Hassan y finalmente Hassan II, empezaba en la misma plaza de España, hoy plaza de la Libertad, teniendo a su derecha el Hotel España, a su izquierda el emblemático Café Central y terminaba en la Mercería la Zamorana que hacía esquina con la calle Cervantes, hoy calle Malik Ibn el Morhil, teniendo a su derecha y ya al otro lado de esta calle el Café Bar La Marquesina. De hecho aquí terminaban esos lindos paseos que nos dábamos, pero no la calle que llegaba hasta la plazoleta de la calle Barcelona.

calle Canalejas - Chinguiti

La calle Chinguiti era el centro predilecto de los encuentros, donde se daban grandes paseos para arriba y abajo a lo largo de la misma. Entre nosotros la llamábamos el Paseo; para citarnos nos decíamos: Nos veremos en el paseo. A partir de las dos de la tarde aproximadamente se cerraba para la circulación rodada y se convertía en calle peatonal. Para hacer más amenos estos paseos, un técnico en radio y electricidad cuyo, despacho-taller se encontraba en el pasaje Goya y llevaba el nombre de Pentodo, había colocado justo en el centro de la misma un altavoz colgante mediante el cual transmitía música y canciones de esa época, Sigue leyendo

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LA CALLE DUQUESA DE GUISA de LARACHE, un relato-crónica de DRISS SAHRAOUI

Casi como broche final de este año 2012, una nueva crónica de Driss Sahraoui. En esta ocasión, le toca el turno a la calle Duquesa de Guisa.

Driss Sahraoui

Driss Sahraoui

Una vez más nos lleva Driss por esta arteria de nuestra ciudad de Larache, y nos trae del pasado nombres, imágenes y recuerdos pertencientes a diferentes generaciones. Es otro paseo tranquilo y atento a los detalles, en el que hay destellos de afecto a las personas que Driss conoció. Supongo que muchos de los que lean este relato, recordarán otros nombres, otros establecimientos, y sería estupendo completar esta fotografía con esos datos, así que os animo a hacerlo. Supongo que este recorrido por la calle de la Duquesa de Guisa volverá a despertar la nostalgia de muchos de vosotros, Driss espera en la Plaza de España para acompañarnos y hablarnos de sus recuerdos…

Sergio Barce, diciembre 2012

La Duquesa de Guisa

La Duquesa de Guisa

LA CALLE DUQUESA DE GUISA de LARACHE

El nombre de esta emblemática y céntrica calle, le ha sido otorgado, en honor a esta ilustre dama, por sus inmensas obras caritativas, siendo la más visible la Obra de la Casa del niño, ubicada en la entrada de la Alcazaba, donde se distribuía comida y ropa tanto para los residentes del hogar como para los externos que sólo vienen para comer. Todos los días solía visitar este lugar para interesarse por estos niños, acompañada de su chofer personal y algunos allegados, siempre vestida elegantemente y con ese sombrero que le hacía distinguir, porque no había otro en Larache que yo sepa… Esta dama, con su inmensa fortuna, podía haber escogido otro lugar en cualquier parte del mundo, pero ha preferido hacerlo en Larache, donde residió, vivió, y murió en el año 1961. Era tan bella de fisonomía como de corazón, derrochando simpatía y bondad. Su cocinero personal, un tal Ludiye, tenía igualmente un restaurante a la entrada de la calle el Guebibat, era alto y de buen aspecto, su hijo mayor estudió en Francia, y no se ha vuelto a saber de él. Dicen que murió en un accidente de avión de las Líneas Aéreas Francesas que él mismo conducía.

En fin, el nombre de esta calle tenía que ser vitalicio y no cambiarse nunca. Pero la historia es así. Actualmente se llama Sigue leyendo

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LA AVENIDA DE ESPAÑA DE LARACHE, hoy AVENIDA MOHAMED V, por DRISS SAHRAOUI

De nuevo Driss Sahraoui y sus detallistas crónicas de aquel Larache de su infancia y juventud. Un auténtico placer saborear este otro paseo al que nos invita su escritura concisa, directa pero llena de ternura y afecto a su pueblo. De nuevo Driss Sahraoui nos introduce en la misma avenida Mohamed V y la recorremos a su lado, oyendo su cadenciosa voz, así lo imagino yo, mientras nos desvela las vidas de quienes trabajaban en ella o vivían tras las puertas frente a las que pasamos lentamente. Es como un juego de prestidigitación por el que nos traslada en el tiempo para recordar a su lado y que sus historias no queden suspendidas en la nada sino que se conviertan en otra capa más de esa memoria colectiva que compartimos, y eso hay que agradecérselo. Ya voy a la altura del santuario de Lala Menana, y Driss sigue contándome cosas, pausadamente, sin que corra el tiempo…

Sergio Barce, octubre 2012

DRISS SAHRAOUI

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AVENIDA DE ESPAÑA DE LARACHE, hoy AVENIDA MOHAMED V

La avenida de España, hoy Avenida Mohamed V, también llevaba el nombre de Avenida REINA VICTORIA, con ocasión de su visita a esta ciudad, al igual que en Tetuán la puerta BAB SAAIDA, se convirtió en PUERTA DE LA REINA. Yo no me acuerdo de estos detalles. La Avenida de España empezaba en el lateral izquierdo del Café Central, donde había un Banco francés, denominado BANQUE D’ ALGERIE ET DE LA TUNISIE, cuyo único empleado marroquí era Si EMBAREK EL ABDI que vivía en la calle Bettiui, en una esquina llamada El Hajra (léase en francés). Este vivía holgadamente, al percibir un sueldo sustancioso, similar al de los franceses que trabajaban en la misma institución. Este local después fue BANCO DE BILBAO, cuyas siglas permanecen grabadas en las puertas y rejas de las ventanas, manteniendo esas dos/BB. En un tiempo este banco estuvo  cerrado durante mucho tiempo. Después pasó a ser CASINO ISRAELITA, luego CASINO DE LOS FUNCIONARIOS, que acabó cerrando. El emplazamiento del local era magnifico, contaba con un gran sótano y no sé que ha sido de él después, y hasta la actualidad.

Al fondo, edificio del Café Central, entrada desde la Plaza de España a la Avenida del Generalísimo (hoy Mohamed V)

Seguido estaba el pasaje que nosotros llamábamos pasaje DE LOS LIMPIABOTAS, que desembocaba en el Hotel España. Seguía la CASA ROS, un comercio muy importante en su especialidad, donde se vendían  aparatos fotográficos y piezas de recambio para los profesionales y revelación de clichés y otras cosas para los particulares. Vendía también aparatos de radio -la televisión no existía entonces-, y lo hacia a crédito blando, mi padre compro uno ahí. Era el más importante comercio de esta especialidad por no decir el único Un empleado de estatura mediana, rubio, de mi edad, cuyo nombre no recuerdo, lo he vuelto a ver en Ceuta en la misma Casa Ros. Este era muy simpático y atento y me atendía muy bien. Al lado estaba la joyería CABRERA, comercio muy prestigioso por los trabajos realizados en el mismo y por las piezas de valor que comercializaba. Seguido del Bar CANALETAS,  que era pequeño y tenía una clientela selecta. Era frecuentado por los prestigiosos abogados: SARMIENTO, TORCA, JUAN FERRERO, así como otros, Seguía la Pastelería OROZCO que contaba con su propia clientela de la que también recibía encargos para fuera. Viene después la entrada de una pensión que, al parecer, abarca toda la planta de arriba y de la que no me acuerdo el nombre.

Avenida del Generalísimo (hoy Mohamed V) – foto tomada del blog de Houssam Kelai

Después viene el BAR MAHOU, cuyo propietario, más bien bajito, al parecer era  mallorquín, antes de convertirse en Bar PERICO. En manos de este último, el bar ha sido muy explotado, y pasaron sus años de gloria. Aprovechaba la acera que era muy ancha para poner mesas, al igual que en la otra acera de enfrente, perteneciente a la Comandancia de Ingenieros, que era amplísima. En domingos y días festivos, todas las mesas estaban  completas, y el bar a rebosar, con gente tomando su aperitivo y degustando las exquisitas tapas y raciones a placer, porque aquí había buena cocina. Esto ofrecía un paisaje y colorido semejante a las grandes capitales, aunque, digamos, en miniatura. Al lado había una especie de pasaje con salida hacia los Limpiabotas. Aquí había un bar en el que en  un tiempo se reunía la directiva del club de fútbol de Larache, también fue Sociedad de Cazadores, y junto a una barbería de dos hermanos hebreos, no me acuerdo de los nombres, que tenían dos hermanas mayores solteras, viviendo solas cerca de la Comisaría de Policía, se llamaban Bella y Esther.

Edificios del banco y de La Bandera Española – foto tomada del blog de Houssam Kelai

Seguimos y encontramos el comercio de LA BANDERA ESPANOLA, comercio muy importante en tejidos, confecciones, artículos de viaje, así como todos los artículos de  su ramo y especialidad. Tengo entendido que era un negocio familiar. Entre los empleados había uno que era hombre de mostrador, tenía una excelente forma de atender a los clientes. Nos habíamos hecho amigos. Yo le llamaba PEPE, no sé si era su  verdadero nombre. Le gustaban las bromas, muchas veces me paraba a charlar con él en la puerta adentro del comercio. Tenía un hijo, que vestía muy elegante y trabajaba en los Almacenes PULIDO. Después de la independencia, estando en Ceuta, entré a los Almacenes BENOLIEL, en la calle Real, para comprar unos calzoncillos y lo encontré aquí, nos saludamos y empezamos a charlar, finalmente le dije: quiero unos calzoncillos pero que no sea Slip. Y me contestó: Ya sé, lo que tú quieres son unos calzoncillos de hombre. Siempre con sus bromas, finalmente me indicó donde encontrar lo que buscaba. Le pregunté por su hijo y me dijo que estaba en Madrid, y bien situado. Desde entonces no lo he vuelto a ver. He vuelo a entrar a este local, después de muchísimos años, y me encontré con nuestro amigo y paisano EL HACHMI YEBARI, con quien he estado hablando mucho tiempo, incluso hemos tomado café en el antiguo Bar Perico. No lo había conocido nunca pero si a su padre. Al lado estaba el BANCO HISPANO AMERICANO, donde, si no me equivoco, trabajaba MONTERO, que nosotros llamábamos  Monterito. Este jugaba al fútbol y lo hacia muy bien, hasta el extremo de que El Real Madrid, entonces, se interesó por él y por otro que también jugaba muy bien llamado CASTAÑO, éste vestía el numero 9 y el otro el 7. De hecho, los dos se fueron a Madrid, no sé lo que pasó pero no prosperaron.

Al lado estaba el pasaje Gallego o Goya y el BANCO DE ESTADO DE MARRUECOS, con su arquitectura neo árabe que  era una maravilla, era amplio y poseía tres fachadas. He tenido la suerte de trabajar en este Banco antes de la nacionalización y de llamarse BANCO DE MARRUECOS. He tenido como compañeros a HONTORIA, GIL, ALCAYNE, ANDRADE, TRABELSI, así como LEOPOLDO PACHECO, que era director y algunos otros. Hace tiempo he visitado este edificio, y estaba que da pena, sin que haya llamado la atención a ningún responsable de la cosa municipal. Recientemente me han dicho que un Banco se ha interesado por él. Ojalá  este respete la arquitectura del mismo…

Seguimos y encontramos el callejón, o pasaje de la Iglesia, que desemboca en la calle Chinguiti y la misma Iglesia NUESTRA SEÑORA DEL PILAR, de bonita y discreta construcción, con unos espacios enfrente de la entrada con jardines, rodeados de unos grandes pilones en cemento que soportaban unas gruesas cadenas, como adorno.

Iglesia del Pilar

Mas allá, a su derecha, se encontraba el BANCO DE ESPAÑA, de reciente construcción, donde después de la independencia se instaló la UNION BANCARIA, en la  cual se agruparon todos los bancos españoles, de la que se hizo cargo SABATER –antiguo ejecutivo de Banesto- como director de la misma con GAMBERO, ALBERCA y otros. Al final había una calle corta y sin salida donde no había más de tres casas individuales. A la entrada de esta calle, a la izquierda y haciendo esquina con la Avenida  había un local, que en tiempo de la guerra Civil era lo que se llamaba AUXILIO SOCIAL, y también Obra 18 de Julio, donde se servía comida gratuitamente. La mayoría de los  que trabajaban aquí, todas mujeres, lo hacían voluntariamente. No me acuerdo exactamente si este comedor estaba instalado en este mismo local, o en el lugar del Banco de España antes de su construcción. Mas tarde este local se convirtió en CASINO ISRAELITA, después de mucho tiempo, y al no contar con suficientes socios, optó por cerrar. Después no he vuelto a saber nada de este sitio. Junto, estaba el BANCO ESPANOL DE CREDITO, con su bonita fachada de mármol gris.  Constaba solo de una planta, baja, pero por dentro era muy amplio. Era el más importante de los bancos que existían entonces. Este terminaba haciendo esquina con la calle Cervantes que al cruzarla tenemos el colegio de la AlianzaIsraelita.

La Alianza – foto de Fran Morales

Este colegio tenia mucha aceptación y era propiedad de la familia Fereres, familia muy numerosa y pudiente de Larache. La entrada de este colegio estaba en la Calle Cervantes, teniendo una gran palmera en el jardín de la misma donde los alumnos hacían sus recreos. En la fachada  principal que da al Jardín de las Hespérides había un surtidor de gasolina de la compañía Shell, regentada por un Susi y después también una tienda de comestibles propiedad del mismo. Una vez se declaró un incendio en este despacho de gasolina, que estaba a punto de arrasar todo el inmueble pero, gracias a la intervención de los militares, porque los bomberos no daban abasto, se pudo contener. Dicen que el susi pereció carbonizado en este incendio. No tengo constancia.

Seguía un garaje de mecánica general, y otro inmueble de la familia Fereres que constaba de dos alturas y un gran garaje por detrás, en  forma de patio, la mayor parte al descubierto, últimamente servía de garaje público. Hay quien dice que toda esta parte se llamaba Fondak Fereres. Este inmueble colindaba a su izquierda con la calle Daisuri que desemboca en la calle Chinguiti, junto a la panadería de ALARIOS y del popular bakalito del Susi Ibrahím. En la  fachada y entrada principal de este inmueble, había un café árabe llamado EL BRARED  (Las Teteras) con mesas en la puerta frente al Jardín de las Hespérides. Junto a este  había un negocio de leche condensada, <El Bebé Holandés>, cuyo representante exclusivo era  un hebreo de cuyo nombre no me acuerdo, seguido de un gran almacén de aceites de TORRES ASPE que luego seria Agencia de exportación de Joaquín Hernández.

La Avenida de España empezaba a su derecha con los ALMACENES PULIDO, debajo de las arquerías. Este era un comercio muy destacado, donde se podía encontrar, tejidos, confecciones, camisas, corbatas, mantas, alfombras y un sin fin de artículos propios de su especialidad. Contaba con tres grandes escaparates, donde exhibía lo más novedoso de sus artículos, de una manera atractiva. En la fiesta de la SEMANA DE LARACHE se organizaba también un concurso de Escaparates, este se lo adjudicaba siempre con toda justicia. Visitar este comercio, aun sin comprar nada, era muy agradable. Hay que decir que el emplazamiento ayudaba mucho. Seguía la Farmacia AMSELEM, propiedad de uno de los hermanos, cuya familia era muy numerosa, querida y respetada. Esta farmacia hacía esquina con un  pasaje muy ancho, muy corto, y sin salida. Aquí se encontraban los talleres y el garaje de la Valencia, el depósito de fideos y pastas alimenticias propiedad de MONTERO, cuya fábrica estaba en Alcazarquivir, y en la parte frontal había igualmente viviendas. A la derecha de este pasaje, se encontraba la COMANDANCIA DE INGENIEROS, un edificio muy grande y bonito,  con cuatro fachadas: la que colinda con este mismo  pasaje, la de la misma Avenida, la de la calle Italia y la trasera, que era un inmenso jardín, donde había un gran garaje y un almacén, para el depósito de los materiales, propios a este cuerpo de Ingenieros. La arquitectura y construcción de este inmueble, que constaba de dos alturas, era atractiva y vanguardista en esos tiempos. Contaba con bonitos y amplios balcones en las cuatro fachadas del inmueble. En la parte trasera donde había un terreno y un jardín amplísimo se había construido la Empresa TORRES QUEVEDO. La entrada y alrededores de la Comandancia eran todo jardín y estaba cercada con una pared de apenas un metro de altura. Después, para mayor protección, ha sido aumentada la altura del mismo mediante una reja de hierro, cuyos barrotes en su parte final contenían una punta muy fina. El Bar Perico aprovechaba la amplia acera de este edificio los domingos y días festivos para poner mesas. A una niña, jugando subiéndose por esta reja, se le quedó enganchado un dedo en una punta de estos barrotes, se armó la consiguiente alarma entre los padres, familiares y demás. Afortunadamente la niña  no perdió el dedo. Al día siguiente hubo una orden de cortar todos estos picos de hierro. En los primeros días de la guerra civil española, se organizo en esta Comandancia un acto para el cambio de las banderas: deponer la  bandera republicana e izar la nacional, el encargado de este acto era, no sé si coronel o general, mayor de edad, quien no pudo contener la emoción, lo hizo con  las lágrimas en los ojos. Yo estaba ahí  por la curiosidad de un niño de siete años. El final de la Comandancia de Ingenieros estaba en la calle Italia, teniendo, enfrente y en la otra acera un Kiosco muy bonito, de construcción reciente, donde había prensa, libros, material escolar y como, no,  cuentos y tebeos, junto a la  Intervención Territorial del Lukus. Esta constaba de varios departamentos en la planta baja y otros tantos en la primera. A la entrada tenia un hall muy amplio, contaba igualmente con un gran parking. Conocí a varios funcionarios  de esta Intervención, de los que me acuerdo de TORRES, que además era reportero gráfico oficial de esta administración, a VICTORIANO, bibliotecario, a Giménez familiar de los propietarios del Comercio Español, y otros por haber pasado aquí cinco años como auxiliar administrativo. En 1953 me presenté a un concurso-oposición para el Cuerpo General Administrativo, sacando el número dos. El uno se otorgó a una chica de nacionalidad española llamada Zubaida Zekri a la que después de  muchísimos años la encontré en Fuengirola.

Junto estaba el edificio de Correos,  uno de los  mejores que se han construido en Larache, en cuanto a su arquitectura y vistosidad Su entrada principal estaba frente al Jardín de las Hespérides, entonces abarcaba también la Telefónica, antes de Torres Quevedo. El director era una persona muy seria y tenía una hija que estudiaba música y aficionada al piano. Muchas veces al pasar por la acera se le oía tocar el piano, porque vivía en el primer piso del mismo inmueble. Detrás había un espacio muy grande donde se depositaba el material necesario, como postes, cables y coches de servicio. En esta parte estaba igualmente el departamento de Paquetes Postales, donde se recibían mercancías en paquetes para su posterior despacho a sus respectivos destinatarios. Aquí conocí a un tal MARCOS y a MUSTAFA, marido de la que fue nuestra amiga FADELA TADLAUI, presidenta y colaboradora de varias Asociaciones Femeninas.

Esta parte de Correos tenía a su derecha el chalet del Odontólogo ARCINIEGA, junto a este empieza el jardín de las Hespérides. Este jardín lleno de mitologías, sobre las hermanas Hespérides,  era  un precioso espacio, bien atendido y cuidado donde todo eran flores, árboles,  palmeras, bancos por todas partes para sentarse, los dos célebres leones que  parecían estar día y noche guardando el jardín, los niños jugando, algunos en bicicleta, y nuestra amiga, la mona CHITA deseando que alguien se acercara a ella para saltar de alegría y hablar un lenguaje que  solo ella entiende, también le gustaban las chucherías, que los niños y mayores le aportaban. Este jardín también fue escenario de muchas inolvidables verbenas. Había igualmente una pequeña  biblioteca atendida por nuestro amigo AHMED Chaabi. La estancia aquí era agradable y la seguridad absoluta. Este jardín lo atravesaba  todos los días de niño  cuando vivía en la Alcazaba y ya mayor cuando vivía detrás del cuartel de la Guardia Civil y del  Fondak Alemán.

Los leones franqueando la entrada al Jardín de las Hespérides

Qué bonitos recuerdos de este jardín, de niño, de adolescente y de adulto. La mitología sobre este jardín de las hermanas Hespérides, la leyenda de que los árboles daban manzanas de oro y el que las comía se convertía en inmortal, nos hacia pasar buenos ratos leyendo en el jardín, que termina en la carretera donde está la puerta de Lala Menana que conduce a la Comandancia y el puerto.

Santuario de Lala Menana

Si seguimos, encontraremos la parte lateral del cementerio de Lala Menana que es larga, teniendo en su centro otra puerta de entrada similar a la anterior, al final encontramos una hilera de chalets, estilo árabe, algunos llamaban a esta parte ciudad jardín, porque además de los jardines propios de cada chalet, había otros  a lo largo de la entrada de estos que empezaba en la esquina  que da  al Jardín de las Hespérides y terminaba en el ultimo chalet frente a los Cuatro Caminos. Empezaba con el chalet del Instituto de Previsión, del Dr. DALEBROK, del Baja RAISUNI, y a partir de aquí todos eran de militares, siendo el último el del General MEZIAN que hace esquina con los Cuatro Caminos.

Avenida del Generalñismo, hoy Mohamed V, foto tomada del blog de Houssam Kelai

Volvemos para describir la otra parte de la Avenida y lo vamos a hacer desde el Jardín de las Hespérides y la calle Daisuri. Aquí al principio encontramos un tramo del cementerio, llamado Daisuri, seguido de la casa FORD que hacía esquina con la calle Portugal. Al cruzar esta carretera encontramos otro tramo del cementerio ya mencionado, seguido de un inmueble, del fondak AMIAR, de la guarnicionería CAMACHO, del Garaje MARTÍNEZ, en cuyo inmueble vivía GAVILAN, primer jefe de la Policía Indígena, y después de la Guardia Urbana. Conocí a un inspector de Policía que se llamaba LUIS GAVILAN, que ejercía en la Comisaría de Policía, cuando estaba en la Calle Cervantes, junto a la Alianza Israelita.

No sé si era hijo o sobrino del anterior, pero familia, seguro. Seguía un fondak, teniendo en su exterior un gran inmueble, en cuya fachada principal había un establecimiento de repuestos y accesorios de coches, la ebanistería de MONREAL, que por cierto era un buen profesional, contaba con dos grandes escaparates para exhibir sus trabajos Era un ebanista de lujo, al que acudían para comprar y encargar sus muebles. Tenia siempre mucho trabajo y era fiel cumplidor de las fechas de entrega de los encargos. En el interior del fondak, estaba la serrería del YUNQUE, donde vendía maderas al por mayor y menor. La serrería era para sus trabajos personales y alquiler para sus clientes. La explanada que tenia estaba siempre repleta de troncos de árboles provenientes de los montes de BUHACHEM, listos para ser transformados en tablones de madera. Al lado se encontraba la Escuela Francesa, seguida, y  haciendo esquina con la  calle que conduce a Calle Barcelona, un antiguo bakalito de un Susi, donde vendía de todo, también tabacos.

Cuatro Caminos

Al otro lado de esta carretera había un gran edificio, con una tienda de comestibles de la mujer de MANUEL VEIGA, quien tenía y se ocupaba igualmente de un comercio de botas y zapatos  de caucho, alpargatas de esparto, también tabacos y artículos propios de un estanco, situado en la calle Chinguiti frente a la parte trasera y salida de emergencia de la Iglesia. Seguido había dos casas bajas separadas por una calle estrecha y ya una pequeña gasolinera, el Tribunal y Obras Públicas.

La Avenida de España, hoy Avenida Mohamed V, daba alegría a la entrada de la ciudad, siempre bien cuidada, con bancos a su derecha e izquierda, unas palmeras muy esbeltas por los dos lados  de la misma, así como unos faroles que de noche completaban el adorno de la misma.

Sergio Barce junto a su madre Maruja Gallardo, en la Avenida Mohamed V

Esta Avenida era siempre el escenario de los grandes desfiles militares, de las bandas de música de distintos cuerpos del ejército, con la participación de la MEHALA JALIFIANA, con su atractivo uniforme estilo árabe que nos deleitaba con sus bonitos pasodobles. Igualmente era el escenario del desfile de las carrozas en la Semana de Larache encabezada por una carroza con niñas a bordo, ataviadas con traje blanco de novia y una corona en la cabeza. Estas, durante el recorrido, arrojaban sobre los espectadores, además de flores, bombones y caramelos, con la consiguiente alegría de los niños. Todos los domingos después de misa y días festivos, se ponía una banda de música –verdadera orquesta sinfónica-  en la Plaza de España, en la acera que da cara a nuestra Avenida, esto duraba más de dos horas. Todo esto era nuestra Avenida de España, hoy Avenida Mohamed V. Qué recuerdos tan bonitos y tan inolvidables….

                                                                                                            Por Driss Sahraoui

 

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EL PUERTO Y EL FONDAK ALEMÁN DE LARACHE, un relato de DRISS SAHRAOUI

Tengo la sensación, quizá la esperanza, de que, entre todos, estemos elaborando un detallado, emocionante y precioso retablo de la ciudad de Larache. Cada autor, de diferente generación, da la pincelada propia a su época, rescata los recuerdos de sus años, y unos y otros armamos esta estructura llena de pequeños sabores y personales imágenes. En esta ocasión, Driss Sahraoui vuelve a regalarnos otro de sus minuciosos paseos por las calles de la ciudad. Baja la cuesta del Aguardiente y, con las manos en los bolsillos, se detiene y nos explica la vida de cada edificio y de cada familia. Es un largo y plácido caminar que nos arrastra al puerto de nuestra ciudad, y con el olor inconfundible de la almadraba, junto a Driss, nos quedamos paralizados contemplando la descarga de los atunes, brillantes, ensangrentados, refulgiendo contra el sol que cae lentamente como si fuera el último destello de sus vidas. Quién no recuerda esos instantes al regreso de faenar de los barcos… Veo unas gaviotas planear sobre uno de ellos, y veo a un chaval, creo que es Nourdine, que me hace señales con las manos, me saluda, pero no sé si me dice hola o adiós, y una extraña congoja me atrapa el pecho. Es como si sus aspavientos me alejaran del embarcadero, como si tratara de avisarme de que todo ese espectáculo se irá perdiendo con el tiempo… Es lo que el relato de Driss me ha hecho sentir.

Sergio Barce, septiembre 2012 

Larache . foto de Puri Vázquez Mascareñas

EL PUERTO Y EL FONDAK ALEMAN

DE LARACHE

Por Driss Sahraoui

Si nos situamos frente al antiguo Garaje de la Valenciana, dando de espaldas a la Comandancia y al Castillo de las Cigüeñas, encontramos tres calles. La derecha que conduce al Jardín de las Hespérides, de la que no voy a hablar porque no entra en este tema. La de enfrente que conduce a Electras Marroquíes, y la izquierda, llamada cuesta del Alemán o de Reinschaussen, que conduce al Puerto. Esta calle empieza en el citado garaje de la Valenciana seguido de una finca agrícola que llegaba hasta el consulado alemán. En ésta vivía o formaba parte de la familia ahí residente un tal… que era profesional de la equitación, de hecho daba clases de esa disciplina en la Hípica. De estatura mediana, llevaba siempre un sombrero y calzaba  botas con polainas. Hacía con su caballo maravillas: bailar, ponerse de pie sólo con las dos patas traseras, en fin, barbaridades, al estilo torero-andaluz. Era además muy bromista, conociéndole tan bien, su nombre no me sale.

Al final de esta finca estaba el Consulado de Alemania, cuyo edificio era de dos plantas, por lo que incluía la residencia del cónsul. Este era de estatura más bien baja y uno de sus pies era postizo, pero andaba perfectamente. Conocido con el nombre de REINSCHAUSSEN era de carácter serio, además de su misión diplomática se daba al comercio, era el principal importador de harina, aceites, azucares e infinidad de mercancía. Contaba con muchos empleados y un chofer personal, entre ellos se encontraba un tal Mustafá EJNACHAR y un hebreo de estatura baja que ostentaba un cargo importante en la administración, era experto en  contabilidad. Estaba siempre riendo, le gustaba contar chistes y se llamaba AMSELEM. El cónsul contaba con un gran almacén, justo enfrente del mismo consulado, separado solo por la carretera, destinado al depósito de sus mercancías Al lado de este había una pequeña destilería de anís, propiedad de un tal ARIZA, seguida de un gran almacén  cuya actividad era  la reparación de redes de pesca. Teniendo a su continuación unas largas escaleras provenientes de la Torre y del Yebiel, que  terminaban a su izquierda con la desembocadura y final de la Calle Real. Enfrente tenia la Aduana, que todavía conservaba un gran arco, resto de lo que fue su principal puerta. 

Voy a regresar al Consulado para describir la parte izquierda de esta calle. Este tenía a su izquierda una calle estrecha y corta que conducía a la Cruz Roja y Electras Marroquíes. Cruzando esta pequeña carretera se encontraba el Colegio Israelita YUDAH LEVY. Este edificio en su tiempo ha sido construido y concebido para colegio. Era muy amplio, con jardines  y grandes espacios  para el recreo y los deportes, como el baloncesto y otros. La distribución era la adecuada y la disciplina ejemplar. Actualmente se ha convertido en colegio musulmán contando con diez aulas, la gran parte verde que poseía este establecimiento le ha sido amputada y cedida al Ministerio de Juventud y Deportes. Era uno de los mejores colegios en esos tiempos. Personalmente guardo un recuerdo del  mismo: en los años cuarenta se había organizado un encuentro en el Teatro España, que agrupaba a todas las escuelas estatales de la ciudad, con ocasión del fin del curso escolar, cuyo objeto era la distribución de los certificados de estudios, acompañados de algunos regalos a los alumnos  más sobresalientes de cada escuela. Antes de la entrega de estos certificados, cada escuela tenía que representar algo: una corta pieza teatral, exclamación de una poesía o fábula u otra cosa. Una alumna hebrea por parte de ese colegio de nombre BENDAYAN optó por cantar una canción que estaba entonces en boca de todo el mundo, en uno de sus fragmentos decía más o menos:  -No me quieras tanto, ni sufras por mí, no vale la pena que por mi cariño, te pongas así- …  Canción de la diva española Conchita Piquer, que un  año antes pasó por este mismo escenario cantando esta misma canción. El Teatro parecía venirse abajo con los aplausos de los asistentes, padres de alumnos y profesores, por la magnífica interpretación realizada por esta simpática alumna. El que suscribe asistió a este certamen, como alumno, en representación de la Escuela Hispano-Árabe. Con esta alumna ya he coincidido antes y después de este encuentro. En la fiesta o Día del Árbol íbamos todos los alumnos de todas las escuelas por la mañana a los Viveros o la Hípica para sembrar cada uno su arbolito. Íbamos provistos, cada uno, de una bolsa de papel-cartón conteniendo un bocadillo, una manzana y un plátano. Ni que decir tiene que estos encuentros entre las escuelas ha servido de algo en esa cultura larachense de entendimiento y concordia.

Hípica de Larache

Seguimos, y encontramos entonces parte de los restos de un gran arco que marcaba la puerta de la antigua Aduana. Traspasándola estamos ya en el recinto del Puerto. Aquí encontramos el célebre Bar ROYAL, o Royal Bar, regentado por un simpático hebreo, de estatura alta, algo picado de viruela, al que le gustaba hablar mucho, era muy conversador. El acceso a este lugar se hacía mediante la subida de algunos escalones, lo que hacía que el local fuese más alegre, asomándose a la gran parte del puerto porque era todo ventanas. Tenía mucha aceptación por el lugar, por el trato y por la exquisita atención reinante en el mismo. Curiosamente gran parte de la clientela no tenía relación con el puerto, pero estaba siempre ahí. En algunas fiestas como la Nochebuena o fin de año, aterrizaba aquí gente de todas partes, donde se quedaba hasta bien entrada la madrugada. Al lado había tres agencias de Seguros y aduana. El más joven de los agentes de Aduana era un tal MOÑINO, no sé si heredada de su padre. He oído a algunos llamarle <El de la Viuda>, posiblemente se trataba de su segundo apellido. Más allá había una calle estrecha y larga que conducía a  la ZAUIYA NACERIYA y se asomaba al Barandillo.

Junto al  Bar Royal se encontraba un pequeño varadero, donde se construían botes y se reparaban las pequeñas embarcaciones. Más allá se encontraba la antigua playa chica donde nos bañábamos en algún tiempo, en vez de ir a la otra banda. Más allá se encontraban los astilleros de CONRADO ZOUZA, que se han hecho muy importantes en un tiempo, fabricando barcos en serie, incluso para la otra zona de Marruecos. Al lado estaba el Embarcadero para trasladarse a la otra Banda. En la hora punta esto era un hormiguero, con un ambiente especial, era la ocasión de bromear, cantar y bailar. Al lado estaba la fábrica de hielo para abastecer a los barcos de pesca en esa materia. Era propiedad de JOAQUIN HERNANDEZ, quien tuvo un grave accidente en la misma. Una correa de transmisión le arrancó un brazo, que le han tenido que amputar. Tuvo la valentía de ir al Hospital de la Cruz Roja que estaba cerca, aguantando el brazo con la otra mano. Siguió conduciendo con una sola mano durante toda su vida. Este hombre era valiente también en los negocios. Llegó a ser el más importante exportador hacia Europa de naranjas, tomates y otros productos agrícolas. La importancia de las transacciones comerciales le obligó a abrir una representación en Alemania a cargo de su hijo. La agencia de Larache siguió atendida por su hija que también era muy activa. Había igualmente en este recinto la Lonja, el depósito de Pescadores y el bar de los hermanos SARRIÁ, estos eran varios, uno funcionario de Hacienda. Este bar era importante, de reciente construcción, y concurrido, pero no llegó a la importancia del Bar Royal.

Puerto de Larache

Ahora entramos al muelle. Este contaba con tres grandes grúas, cuya actividad era constante, descargando las mercancías provenientes de los grandes barcos mercantes, transportadas por grandes barcazas, porque los buques no podían franquear la entrada al puerto por las condiciones de la barra. Las barcazas, para entrar, tenían que estar custodiadas y supervisadas por un experto Práctico, quien les dirigía hacia la parte más fluvial y menos peligrosa de la barra. La actividad de estas grúas se multiplicaba en verano, temporada de las almadrabas, descargando atunes, a veces incluso de noche. La descarga de los atunes era un verdadero espectáculo. Ver esa cantidad de atunes que a veces sobrepasaban los cuatro metros de largo todavía coleando… En la temporada de la captura del atún se contrataba a gente especialista en esta tarea proveniente de  Barbate, Ayamonte, Isla Cristina y otros puntos de Andalucía. No sé donde ha ido a parar toda esa riqueza del mar porque, actualmente, atunes de ese calibre ya no existen.  En el puerto existían grandes almacenes para el depósito y custodia  de las mercancías descargadas, en espera de ser retiradas por sus respectivos propietarios. Estos almacenes tenían forma de grandes naves, con mucha altura y anchura. Enfrente a estos almacenes, separados por una carretera, había una gran explanada donde se depositaban cantidades enormes de bidones de aceite y otras mercancías imperecederas, que podían resistir la intemperie porque tardaban en ser despachadas. Cerca de este lugar se había construido la dirección de Aduanas y la Comandancia de Marina. Enfrente, y separada por una carretera ancha, se encontraba la Cruz Roja Española, que se componía de un hospital llevando su nombre, un Dispensario, otro que era permanente, llamado Urgencias, una Iglesia, varios departamentos, así como grandes espacios verdes y jardines bien atendidos. En los años cuarenta, me llevó mi padre a este lugar porque me habían salido unas burbujitas que me cubrían toda la cabeza, al rascar me salía como agua. Al llegar al Hospital encontré a muchos niños de mi edad y de todas las comunidades con lo mismo. La cura consistía en aplicar en la cabeza una medicina por la noche para al día siguiente amanecer sin pelo, después seguían sesiones de Rayos X que duraban algún tiempo. A una chica hebrea muy guapa no volvió a salirle el pelo para toda la vida. La pobre, por su edad, no era consiente de lo que le pasaba, jugaba y saltaba tranquilamente. Era una  verdadera lástima porque la chica era guapísima. Hay que recordar que en esos tiempos había enfermedades de este tipo por la mala nutrición. Existía el paludismo, la tuberculosis, y otras enfermedades. En esos tiempos abundaban las charcas de agua sin tratar, refugio de los mosquitos portadores de paludismo. El azúcar era de color chocolate sin terminar su proceso de fabricación y refinamiento. La manteca era de grandes bloques de tamaño exagerado, sin saber la composición de la misma ni la forma de su posterior manipulación. La harina era de cualquier forma, he visto por casualidad en la Harinera de Larache triturando grandes bloques de harina cuyos sacos han sido  rescatados del mar después de mucho tiempo de naufragio. Esto ocurrió en la época de la guerra civil española. Eran años muy duros. Pero no hay enfermedad que dure cien años…

Salimos de la Cruz Roja y hallamos, enfrente, la carretera general Larache-Tánger-Tetuán  y a su lado otra muy corta que conduce a la fábrica de conservas del Lukus y la Playa del Carmen, donde había un pequeño astillero de EMILIO MORALES para la construcción de barcos de pesca, pero no era de la importancia de los astilleros de CONRADO, ya citado.

La carretera Larache-Tánger empieza teniendo a su derecha un gran jardín y dos carreteras; una que conduce a la Comandancia y la otra, llamada cuesta del Aguardiente que terminaba en los cuatro caminos. En la parte izquierda se encontraba un recinto que albergaba a Obras Públicas, se le llamaba igualmente FOMENTO, con garajes para los camiones, otro para las grandes maquinarias y herramientas necesarias para las grandes obras, así como varios departamentos administrativos. Aquí se repartían las funciones y  las obras a realizar. La actividad era intensa, en la que destacaba un ingeniero llamado AITOR AGUIRRE, por su gran responsabilidad. En este mismo recinto estaba la Estación de Ferrocarril, que nos ofrecía una belleza de arquitectura, digna de recordar y que al igual que la de Larache todavía existe en muchos lugares como Tetuán, Alcazarquivir, Ceuta y en muchos puntos de España. Este ferrocarril hacía el trayecto de Larache-Alcazarquivir vía Auamara, no me acuerdo de la frecuencia de sus viajes pero no eran diarios. Al lado de Obras Públicas existía una pequeña fábrica de conservas llamada COCA, seguida de un gran depósito de lubrificantes perteneciente a la Compañía Atlas. Este contaba con vivienda para el responsable del depósito, llamado BARRAGAN, este era un hombre de alta estatura, tenía una hija que era fotocopia suya en lo que respecta a la estatura y fisonomía a la que gustaba hablar mucho, al igual que su madre. A partir de aquí ya solo la carretera general Larache-Tánger y la vía del ferrocarril hacia Alcazarquivir. 

Vista aérea de Larache

Si nos damos la vuelta, encontramos a nuestra izquierda las casas de los Pescadores Marroquíes y, más allá, las de los Pescadores Españoles. Seguimos, y encontramos la primera ubicación del Colegio Luis Vives, teniendo enfrente un gran jardín y una rotonda que cae justo enfrente de Obras Públicas. Seguido del Colegio encontramos el Cuartel de Veterinaria, cuyo responsable era un Teniente Coronel  cuyo hijo era de mi edad,  donde se ocupaban de lo que era la veterinaria militar. Este cuartel tenia cerca al patio la Bola de Oro que primero era fabrica de salazón y después se convirtió en viviendas. Si paramos aquí encontramos tres carreteras: derecha que conduce a Electras Marroquíes, izquierda que conduce a las casas de los Pescadores Españoles y la fábrica de curtidos, que pasó por muchas manos, el ultimo fue un tal MIRANDA, y la de enfrente donde empieza la cuesta del Aguardiente. Esta comienza, subiendo, a su izquierda con unas  pequeñas fincas agrícolas, siendo la más importante la perteneciente a una señora muy respetada, teniendo a un agricultor viviendo en la misma finca. Se llamaba Doña Ricarda y tenía tres hijas, la mayor Rosario y dos mellizas, Encarna y Amparito, las dos se casaron con militares; la primera con  un capitán intendente en el Regimiento de Artillería llamado Juan LARA, que era una buenísima persona, la segunda con un Suboficial de Aviación, la mayor ya estaba casada y vivía en España. Seguían dos fincas más, en la última se había construido un chalet propiedad de CAPACETE, director de la Compañía ATLAS de lubrificantes. Mas allá, el Patio del Aguardiente donde en la realidad había una destilería de aguardiente de la cual esta carretera tomó el nombre de Cuesta del Aguardiente. Había igualmente viviendas y terminaba ya con los Cuatro Caminos. Aquí vamos a dar media vuelta y bajar esta cuesta.

Lo primero que encontramos a nuestra izquierda es el chalet del General MEZIAN que era grande y terminaba en una calle proyectada que debía desembocar en la Avenida de España, frente a la Escuela Francesa; a su derecha quedaría, haciendo esquina, el chalet del Bajá RAISUNI, el cual se opuso a este proyecto alegando que eso era parte del cementerio de Lala Menana, levantando una tapia por donde debía haber sido su salida y terminación, y así se malogró este proyecto que estaba bien estudiado. Al lado de esta calle se encontraba una gran huerta, que colindaba con el Cuartel de la Guardia Civil, propiedad de mi padre.  Recuerdo que en nuestra huerta habían excavado una manera de zanja, forma de trincheras, pero estas eran anchas y profundas. Los que excavaban eran prisioneros de guerra vigilados por soldados. A estas zanjas había quien  decía que eran Refugios (no sé de qué), otros decían que era para enterrar a los prisioneros fusilados. No tengo constancia de esto. Esto era durante la guerra civil española y un poco después. El cuartel de la Guardia Civil era grande, contaba con un sector para la administración, otro para viviendas, así como espacios verdes. Contaba igualmente con una cuadra de cuatro caballos, una moto Sidecar y un efectivo discreto de guardias civiles. En vez en cuando, veíamos circular con la moto a un  tal  BETANCURT, era canario y vivía solo para reír y hacer bromas, olvidándose de su condición de funcionario. Algunas veces veíamos una pareja de guardias civiles montados en caballo, con esa tradicional vestimenta: uniforme, tricornio y esa bonita capa. Solían ir por el campo, atravesando el puente del Lukus, no sé hasta donde llegaría ni el propósito de ese recorrido.

LARACHE

Seguía al cuartel el Fondak Alemán, que, en un tiempo después, se convirtió en viviendas; en la fachada principal residía el Baja BENEISH después del derribo de  su casa frente a la Comandancia Y dentro vivía  una multitud de familias. Los hermanos  MOLINA, uno era futbolista en el club local, la familia PIÑUELA, la familia ESCALONA, Antonio NARVAEZ, armador de barcos de pesca, Emilio MORALES, cuya familia se componía de la señora Eulalia, el hijo Emilio y dos hermanas, la más pequeña llamada Carmencita.

Anécdota: en 1970 estuve en Agadir y frecuentaba la Casa de España de esa ciudad. Había muchos españoles, sobre todo armadores, industriales y gente del mar. El primer día, acompañado de mi hermano que residía ahí, me presentó al gerente del lugar que era de Larache. Empezamos a charlar y no hemos llegado a identificarnos, me habló del Fondak Alemán y de la familia Molina y, en ese preciso instante, entraba  la mujer a la que conocía. Me dijo: ahí está mi mujer. Ésta saltó, me dio un fuerte abrazo y no sin emoción empezamos a hablar y a recordar. Esa vez me quedé hasta muy tarde porque nos costaba separarnos. Después iba todos los días a este lugar donde también conocí a un tal VERGARA, uno de los refugiados políticos, que vino a esta ciudad para quedarse para siempre, era propietario de una fábrica de Conservas que llevaba su nombre. Nos hicimos amigos y nos veíamos todos los días. Era un gran conversador y encontraba placer en mi forma de discutir. Me acuerdo de un detalle: el ultimo día de mi estancia, llamó a su chofer quien me trajo un surtido de cajas de conserva escogido por él mismo y me  entregó tres cheques de gasolina para el viaje, sin que haya sido solicitado para ello. Ese gesto y ese detalle se me quedaron grabados en la mente durante toda la vida.

A este Fondak seguía otro del mismo nombre y capacidad. Aquí también vivían muchas familias conocidas. La ya citada Doña Ricarda y familia, EL LITRI, que era reparador de radios y magnetófonos –entonces la televisión no existía- instalado en el pasaje Goya o Gallego. El contratista de obras Antonio OCHOTECO, el guardia civil retirado TIMOTEO, que era aficionado a la caza mayor y que además poseía en el mismo barrio una expendeduría de tabacos, el Bar de ANDRES, éste era concuñado de Timoteo, la tienda de comestibles de BARRAQUERO, que luego pasó a ser de la señora EMILIA; había también una señora costurera de la que no me acuerdo el nombre a la que acudían gente de todas partes, tenia mucha fama como costurera y modista. También mi padre tenía aquí una tienda de comestibles, en el numero 10, regentada por un Susi. Una o dos veces al año, al irse este Susi a su pueblo más allá de Marrakech, me hacía cargo de la misma. No me gustaba porque lo encontraba muy esclavo. En los ratos libres cogía mis libros y repasaba o estudiaba. Un profesor jubilado que vivía en el mismo inmueble de Doña Ricarda, al pasar para ir al Casino siempre a la misma hora, entraba casi sin que yo me diera cuenta y me decía: te estás empapando. A veces aprovechaba para preguntarle algunas explicaciones. Debo decir que todos mis estudios los he hecho libres.

A la izquierda de esta tienda vivía la señora Juana, tenia tres hijos, el varón Prudencio y la más pequeña de las hermanas, de la cual  no me acuerdo del nombre, estudiaba e hizo Magisterio. Esta señora, en sus tiempos libres, vendía cupones de la lotería de la Cruz Roja.

Anécdota: una vez estaba con un grupo de cuatro personas, al pasar vino y nos ofreció esos cupones, nadie le hizo caso. A mí me dio un algo porque la vi como sintiéndose menospreciada al no hacerle caso nadie, la llamé, le compré los cupones, se puso contenta, me dio un beso y me dijo: te tenía que tocar por lo campechano que eres. Y, efectivamente, al día siguiente vino a buscarme para decirme: te ha tocado. Me acuerdo que, al ir a cobrar, me pagaron en calderilla envuelta en paquetitos. 

Vivían aquí otras muchas familias, compuestas todas de buena gente.

Aquí termina esta parte del Fondak y nos lleva a la carretera, que es una cuesta llamada primero calle el Craret y hoy calle Uxda,  que nos lleva al garaje de la Valenciana. Situándonos en este lugar, cuya construcción era  reciente y ambiciosa,  con dependencias administrativas en su primera planta, así como apartamentos destinados al alojamiento del personal. Ha sido construido sobre un terreno arcilloso y de poca resistencia. La construcción no era la adecuada para esta clase de terrenos y, sin saber porqué, se ha realizado en un tiempo record. Hoy está en situación de ruinas. 

Vamos a bajar esta cuesta para al final encontrar el Patio de la Cigüeña, que no tiene nada que ver con el castillo de las Cigüeñas junto a la Comandancia. Aquí había un árbol robusto en cuya copa había un nido permanente de una cigüeña que venía todos los años. El árbol no era muy alto, pero ella vivía en la más grata tranquilidad. En este patio había viviendas donde residía mucha gente, el futbolista FACUNDO se casó con una chica de este barrio cuya madre, viuda, era muy respetada. Al lado estaba el antiguo cementerio judío, casi abandonado a su suerte, Se han levantado muchas voces no solo de judíos sino de todos los cultos para que sea restaurado, sin resultado  alguno, también se ha escrito mucho sobre el mismo. Sara Fereres de Moryoussef ha escrito hace ya tiempo un artículo desgarrador sobre este cementerio. Sin embargo últimamente parece que se ha abierto un rayo de esperanza para la restauración de este lugar, ojalá se cumpla.

Más allá había un fondak que se convirtió en viviendas, teniendo a su lado un gran almacén que servía de depósito de sal. Damos media vuelta y vamos hacia atrás para encontrar las Electras Marroquíes; teniendo enfrente, y en la otra acera, una huerta y una fuente pública, chorreando agua a todas horas. Las Electras en sí eran de discreta y bonita construcción, a la cual se accedía mediante algunos escalones. Contaba con mucho terreno alrededor, parte de este era garaje y otra para la maquinaria, con motores de esa época para producir electricidad. En lo que concierne a la administración contaba con una distribución adecuada, donde ejercían los empleados y ejecutivos, de los que me acuerdo de un tal AMSELEM, otro que luego resultó ser el padre de nuestra querida ZURITA, a BLANCO, que curiosamente se llamaba y tenía el pelo completamente blanco -buena persona por cierto y buen corazón-, a la larga lo he visto en Tetuán en los primeros años de la independencia. Había un MANUEL ESCALONA hijo del barrio, LAMAS, el célebre futbolista, defensa del club de fútbol de Larache, el ordenanza SLAUI, con su uniforme y grandes zaragüelles, que era muy atento con los clientes para facilitarles información, cosa que le caía muy bien porque le gustaba  hablar muchísimo, y estaba igualmente nuestro amigo PESETILLA. Este era cobrador en la calle. Cuando cobraba el recibo de la luz, al ver que el cliente no le daba la propina, le decía en medio jaquetilla: Iwa dame una pesetilla. De aquí le vino el sobrenombre de PESETILLA. Era algo obeso, muy simpático y querido por todos.

A la izquierda de las Electras Marroquíes estaba el Bar El Estrecho, de  Mesod ESSAYAG, este era guardia urbano, le tocó un premio de la Lotería Nacional, se hizo representante exclusivo de la firma LARIOS de Málaga, especializada en vinos y licores, y se instaló en un local de la estrecha y corta calle Daisuri, cerrado durante muchísimo tiempo, que fue  Imprenta y Redacción del antiguo periódico <El Heraldo de Marruecos>. El Sr. Mesod fue el  que construyó el bar El Estrecho junto con un gran almacén, que le servía de depósito para sus mercancías. Este hombre de estatura mediana era un bonachón. No sé si era familia del otro conocido Essayag que tenía un molino y un negocio de cereales en esta misma calle.

DRISS SAHRAOUI

 

                                                                

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LARACHE vista por… DRISS SAHRAOUI – Nostalgias II – El Zoco Chico y la Alcazaba

Última entrega del hermoso relato que Driss Sahraoui nos ha ido regalando últimamente. Ahora nos sumerge en el barrio de la Alcazaba y nos lleva por los callejones, devolviéndonos estampas e imágenes íntimamente ligadas a todos. Pero noto a Driss más combativo, más comprometido, y supongo que se debe a que habla del barrio de su niñez y le duele especialmente todo lo que le afecta, todo lo que se va perdiendo sin remisión. Me ha encandilado esta parte de su relato, me ha desbordado, me ha tocado el corazón. Por eso lanzo un aviso a navegantes, especialmente a los navegantes larachenses que vayan a leer este texto: os va a emocionar, os va a abrir las carnes, os va a hacer temblar. A mí me ha provocado todo eso. ¡Qué relato tan sencillo pero a la vez tan humano y entrañable! Y ahora sólo quiero volver a releerlo con vosotros…

Sergio Barce, julio 2012

Driss Sahraoui

Al franquear la puerta de la Alcazaba, cuyo arco tiene forma de herradura, encontramos a la derecha una antigua barbería propiedad de un conocido y respetable larachense que llevaba el nombre de Hach Alaui y, una vez dentro, atravesando el umbral, techado de unos tres metros, encontramos dos tiendas de dos hebreos que vendían al por mayor mercancías diversas, higos secos, dátiles en el mes de Ramadán y otras cosas como garbanzos, lentejas, alubias y otras cosas. Uno se llamaba SONEGO, cuyo hijo era amigo mío, junto con BENSASON que era sastre, ubicado en el principio de la calle Real, en la esquina donde empiezan las largas escaleras que conducían al mar. Al lado se hallaba una tienda de comestibles de un Susi que hacía esquina con la calle Gnaua.

Hay que recordar que en Larache el 95 por ciento de las tiendas, sobre todo de comestibles, pertenecían a  SUSIS, procedentes de la región del Sus mas allá de Marrakech. Una anécdota: De niño mi madre me decía: vete al Susi y compra tal cosa…, porque todas las tiendas eran susis. Es como si me dijera vete a la tienda o al bacalito y compra tal cosa.

Aquí nos encontramos con una bifurcación de tres calles: la izquierda de la ya mencionada calle Gnaoua, la de enfrente que es la de la casa del Niño, y la de la derecha que es calle Aztot y que llega al Mechuar y a la Comandancia General. La izquierda empieza por la esquina del citado bacalito seguido de una escuela coránica del  Fakih BENHLIMA, por donde pasaban casi todos los niños del barrio en edad preescolar, y siguiendo hallamos un antiguo horno para cocer el pan de todos los vecinos del barrio; curiosamente el dueño, que era una persona respetable, no era panadero de profesión y la tarea de cocer el pan corría a cargo de un profesional  llamado Maalem Abdeslam. La gente amasaba el pan en casa y lo llevaba al horno  en una tabla de madera en las que cabían 3 a 5 panes o tortas. La mayoría de las mujeres no salía de la casa; si después de amasar el pan no hay nadie en casa, sacaba la tabla con el pan y lo dejaba en la puerta, dando a la calle, el primero que pasa, hombre o jovencito, cogía la tabla y la llevaba al horno, sin que el Maalem le preguntara de quién es el pan. El Maalem sabía a la perfección a quién pertenecía cada tabla.  

En la hora punta, cuando la gente venía a recoger el pan, le preguntaban al Maalem y este les indicaba cual era la tabla suya, él sabia mejor que ellos sus tablas de pan. Era increíble.

En el horno solía estar un jovencito que llevaba estas tablas con el pan ya cocido a sus respectivas casas con las que ha concertado sus servicios, mediante el pago con la mitad o la cuarta parte de una torta según el tamaño. Había mujeres que, al amasar el pan, añadían una torta pequeña destinada a este portador. Enfrente, había un bacalito, que hacía excepción. No era Susi. Era hijo del barrio.

Seguimos y encontramos que se trata de una larga calle, teniendo a su derecha e izquierda muchas calles adyacentes, cortas y sin salida, que desembocaba en la Torre, teniendo a su izquierda el Ye-biyel, Este era un rinconcito en la esquina de esta calle llamado así porque en este rincón había una roca en forma de montaña que en árabe quiere decir Yebel, lo cual en diminutivo es Yebiel. Aquí  había no más de dos casas y la panadería de DEMGA, este era maestro de escuela; tenia familia en Ceuta y en tiempos de la guerra civil española fue encarcelado junto con otros, entre ellos hebreos, acusados de comunistas. En este lugar había unas escaleras exiguas y muy pendientes que permitían  la comunicación rápida con la Calle Real. La calle de al lado de Ye- biyel era una simple escalera muy larga, ancha, adoquinada, y que bordeaba la parte lateral de la Comandancia de Marina, llegando a la antigua Aduana y al puerto.

Volvemos a nuestro punto de partida para coger la calle de la derecha, llamada calle Aztot. Antes de empezar esta calle hay que decir que existía el cuartel de la Meha-la Jalifiana a su derecha. Este era un ejército simbólico, jalifiano, con su uniforme especial, al estilo marroquí, una vestimenta muy vistosa por cierto. Era diferente a los demás ejércitos en todo, hasta en su marcha militar, que era lenta y con una música militar adecuada para ello. Destacaba en esta Mehala un oficial llamado el Caíd Chiadmi, cuyo hijo fue Coronel en el ejército marroquí actual. Este cuartel constaba de grandes espacios para el entrenamiento, una cuadra para el cuidado de la caballería, una enfermería, una carpintería para las necesidades del cuartel y varias dependencias. La parte administrativa constaba de dos plantas. La calle Aztot empieza teniendo a su derecha el citado Cuartel Jalifiano y a la izquierda la antigua prisión. Esta era amplísima con grandes y gruesas columnas y con una distribución extraña. Habían celdas y lugares para la corrección corporal de los presos, en algunos lugares había unas cadenas gruesas en la pared y columnas, yo lo visité de muy niño cuando era asilo para las personas mayores sin recursos ni familia y se me quedó la estampa grabada; fui con un vecino mío de mi edad, acompañado de su padre para visitar a una mujer. A decir verdad, me entró miedo durante mi visita a este centro por el aspecto y la tristeza del lugar, donde había poca luz y en algunos sitios ninguno, el sol apenas entraba, y como complemento el triste ambiente de los asilados que vivían de forma desordenada, cada una cerca de una columna con sus cosas y enseres. Eran pocas en un lugar tan inmenso. Para ellas, esto era la cárcel no el asilo, de hecho cuando podían se escapaban de este centro que era solo para mujeres. Durante y después de la visita pasé miedo por lo que he visto y por el efecto psicológico a mi edad de niño.  

Antes de la entrada de esta prisión había una forma de puerta de almacén que no abría nunca, luego resulta que formaba parte de la prisión; actualmente ha sido derribado y en su lugar se ha levantado un edificio de varias alturas, rompiendo totalmente con la estética del lugar y del barrio en general. Se han levantado muchas quejas en las que se ha implicado el Delegado de Cultura, pero hasta ahora el inmueble sigue ahí con el cartel de <se venden pisos>. Lo más curioso de todo esto es que el propietario de esta construcción es un puro Larachense, nacido y crecido en este mismo barrio durante toda su juventud, se trata del Sr. BUSABUN. ¿Dónde estás, conciencia?

Subiendo, a su derecha, existía una calle sin salida en la que vivía e impartía justicia cheránica el mismo juez Aztot, cuya calle lleva su nombre. Enfrente estaba el Mechuar donde había un pequeño jardín con árboles y largos bancos construidos en firme y alicatados con bonitas lozas andaluzas. Aquí pasaban la hora de recreo los alumnos de la escuela Franco-Árabe que estaba muy cerquita. Al otro lado había también grandes bancos construidos en firme y alicatados igual que los otros, pero estos estaban cubiertos. Este Mechuar servía para venir a pedir justicia o asistir a la audiencia de la misma. La casa del Bajá BENEICH, que impartía la justicia, estaba detrás. Hay que recordar que entonces la justicia era expeditiva, por lo que no había abogados ni apelación a la sentencia. En la que era casa del Bajá se había construido una especie de monolito en forma de los del Soldado Desconocido, donde la bandera española se izaba y bajaba por las mañanas y tardes a cargo de los militares afectados a la Comandancia General. En este monolito estaban instalados los dos célebres leones donde, a escondidas de los soldados, subíamos encima con gran alegría, éramos niños…

El Bajá, después del derribo de su casa, se trasladó al Fondak Alemán, cerca del Cuartel de la Guardia Civil y enfrente de la cuesta del Aguardiente, donde casualmente hemos sido casi vecinos, al comprar mi padre una huerta, junto al citado Cuartel. En tiempos de la guerra Civil española fue nombrado el Baja RAISUNI.

Casa de la Cultura, antigua Comandancia – foto de Javi Lobo

Enfrente se hallaba la Comandancia cuya arquitectura es puramente árabe, aunque recibió pequeñas modificaciones, como el reloj y algunas cosas. Por dentro era una maravilla con sus espacios anchos todos alicatados con bonitas lozas y esos alegres patios y escaleras. Era un verdadero Alcázar árabe. En el balcón que está encima de la puerta principal había una larga escritura en árabe que decía:  < Este palacio ha sido construido en la era del malik…>

La ultima vez que estuve en Larache y visité la Comandancia, esta escritura ya no estaba, me extrañé, le pregunté a uno que estaba ahí y que pertenecía a la Delegación de Cultura, me contestó que no tenía ni idea.

Castillo de las Cigüeñas

Detrás de la Comandancia, en su lado izquierdo, está el Castillo de las Cigüeñas, que, con su forma triangular, termina, limita y se asoma al jardín de Las Hespérides. Enfrente estaba el castillo del Judío, actualmente Museo Arqueológico. Este castillo en un tiempo estuvo abandonado. Los niños del barrio jugaban aquí subiendo a la azotea del mismo; después, el Baja Beneich se lo cedió a unos familiares suyos de Arcila que han vivido ahí durante mucho tiempo. Al lado había un muro de contención cuya parte final superior servía de balcón para asomarse a la Torre, ésta era en un tiempo un gran jardín y después una explanada con eucaliptos. Aquí se celebraban algunas fiestas, algunos bailes, los circos se instalaban aquí, como el Circo Amar que era célebre en esos tiempos. En la fiesta de la Achura, como complemento, se encendía una hoguera, al estilo de la fiesta de San Juan, cada barrio competía con el otro para saber cuál era la mejor hoguera. Algunas veces, en tiempo de verano, abría aquí un Café con muchas sillas y en tiempos vagos jugábamos al fútbol con pelota de trapo, porque el balón entonces era un lujo en esos tiempos de crisis. Los que han vivido los años de la guerra civil española saben algo de esto, cuando el pan y los  artículos de primera necesidad estaban sometidos a racionamiento. Por no haber, no había ni dinero, la gente utilizaba sellos de Correos como dinero y algunas tiendas imprimían cartulinas en forma de tarjeta de visita y las hacían circular como moneda. Esta explanada de la Torre contaba con una carretera que venía de la Comandancia, atravesando toda la parte derecha de la misma, teniendo ahí un gran jardín bien cuidado y donde había una fuentecita salvaje que llamábamos en árabe LAAUINA, que despedía agua continuamente. Al final, y al borde este jardín, se encontraba una carretera que conducía al puerto, llamada Cuesta del Alemán, en alusión al consulado de Alemania que se encontraba ahí. También llamaban esta carretera la de Renschawssen, creo que era el nombre del Cónsul alemán que existía entonces. Este, además de su cometido de diplomático, se daba al comercio y era un gran importador de mercancías, como harina, aceite, azúcar y algunas cosas más. En la parte izquierda del citado jardín, había unas escaleras, bordeando la otra parte lateral de la Comandancia de Marina y que terminaba frente al Consulado  de Alemania.

Torre del Judío

Nos queda por describir la calle de enfrente, que es la de la Casa del Niño. Esta empieza por la izquierda con la que era Escuela Hispano Árabe y después Comisaría de Policía; a la derecha había una calle sin salida donde estaba la Casa del Niño, subvencionada y mantenida por la Duquesa de Guisa, una señora que ha hecho mucho bien en Larache, en obras caritativas. En esta calle vivía la gran familia de Almanzor, muy apreciada, cuyo  hermano mayor era un gran intérprete en la administración española. Era español, pero integrado de tal manera que era un marroquí más, toda la familia hablaba perfectamente el árabe. Ha causado sorpresa  –no rechazo-  que se casara con una musulmana, Cherifa Aarosya, de familia conservadora con la que tuvo muchos hijos, todos respetados, queridos y bien posicionados. Esta familia era muy grande y parte de ellos estaban en Alcazarquivir, uno fue director del Banco Inmobiliario y Mercantil de Marruecos en Alcazarquivir  y Larache, el otro era comerciante y últimamente funcionario en el Consulado de España en Uxda. También, en esta misma calle, vivía la familia Buhorma que tenía mucho parentesco con la anterior y era numerosa. Cuentan que aquí nació o se crió la simpática actriz española Concha Velasco, yo no tengo constancia. En esta calle han vivido muchos notables de la ciudad como El Hach Mailud, El Hach Wakrim, la familia Crucho, la familia Jammal, la familia Jannira, la familia Ejnachar, la familia Habbasi, y la familia Aamiar; este último era un hombre adinerado que vivía a lo príncipe; en su casa siempre había huéspedes y todos los viernes había una orquesta de música andalusí, al estilo de los palacios reales. Tenía muchos hijos con mujeres distintas porque estaba casado con varias. Uno de ellos, Abdelwahed, fue amigo mío de la infancia y compañero de clase en la escuela Franco Árabe que estaba muy cerca de nuestras casas.

Seguimos y encontramos un cruce de tres calles: la derecha, la izquierda y la de enfrente. La izquierda es una calle ancha, muy corta y sin salida llamada calle BURBAB. Solo había tres casas, en una de ellas nací un 25 de agosto de 1929. Teníamos como vecinos a una familia musulmana y otra hebrea. Esta ultima se puede decir que fue la que me crió, pues estando todavía en pañales, venían, me cogían y más tarde me llevaban a su casa; después de gatear y ya casi andando me llevaba en brazos la YEMULA, única hija que tenían entre cinco hermanos, más tarde me llevaba a la  tienda y me compraba cosas. El padre se llamaba Majluf, la madre Bahida, y tenían cuatro hijos varones, uno era joyero. El padre tenía un negocio de chatarra y pieles para curtir, situado en la cuesta que, bajando por el último garaje de la Valencia, cerca de la Comandancia y que  desemboca en las Electras Marroquíes, quedando este local a mitad de camino. Recuerdos imborrables y ejemplo de la sana  convivencia que existía entonces en esta ciudad.

Entramos en la calle de enfrente. Hallamos la casa donde nació y se crió el desaparecido Abdessamad El Kenfaui, escritor- dramaturgo de relieve. Al lado vivía un comerciante adinerado llamado BENZAINA, tenía varios hijos, el benjamín naturalmente estaba muy mimado y se llamaba Susan. Había otras dos familias, entre ellas la de BENDRISS, que era policía. Esta calle no tenía salida y se asomaba a la Torre.

La calle de la derecha es relativamente larga pero solo había dos casas teniendo enfrente una calle con dos direcciones, la izquierda donde había unas cinco casas y terminaba en la Torre, a la derecha se encontraba la Escuela Franco-Árabe y cuatro casas más: una, de una familia hebrea, con un hijo, bajito y muy inteligente, de cuyo nombre no me acuerdo, era empleado con José Gallego, creo que administraba  los asuntos del Cine Ideal porque siempre lo veía entrar y salir del Cine en plan de trabajo. Al seguir, nos encontramos con Sidi Abdelkrim, la mezquita de YAMAA ANUAR y ya el Mechouar y la Comandancia General.

Aquí, muy a pesar mío, termina esta historia, que no quisiera que terminase nunca, y que siga reviviendo esos sueños reales, que, cada vez que los recuerdo, me dan vida, alegría, entusiasmo, ganas de vivir, pero de vivir como en esos tiempos nuestros, donde todo era sano: la amistad, el compañerismo, la vecindad, todo. No se conocía la hipocresía, el engaño, el de si te he visto no me acuerdo. Esta cultura llevaba el nombre de:

MADE IN LARACHE

Porque solo los larachenses viven de esta forma, nadie se los enseñó, lo han amamantado desde el nacimiento, prueba de ello cada vez que leemos u oímos algo sobre Larache nos llena de alegría y satisfacción, que no son pasajeros sino de recuerdos eternos, es como decir para toda la vida. Son forzosamente inolvidables esos tranquilos paseos en NUESTRO PASEO, esos primeros de Mayo en los viveros, ese Balcón del Atlántico, ese… Bueno, aquí paro, muy a pesar mío como he dicho al principio, guardando mis recuerdos que, ojalá, fuese posible llevarlos conmigo a la tumba, que por cierto la tengo reservada en Lalla Menana El Mesbahya…

Driss Sahraoui

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