Ayer me llamó Moncef Bouali de la Librairie des Colonnes, de Tánger, para decirme que, gracias a Maribel Navarro, ya tenía mi nuevo libro. Poco después, mi compañero de «caminatas» literarias Farid Othman me hacía llegar esta foto. Es un honor que Una puerta pintada de azul esté en el escaparate de esta mítica librería (junto a uno de los títulos de Tahar Ben Jelloun), donde siempre me tratan como un rey. Un lujazo.
Aquí os muestro la mayor parte de mis títulos. Si tenéis ganas de leer, en las páginas de estos libros hay historias que os llevarán a Larache, a Tánger, a Tetuán, a Málaga…y os harán viajar en el tiempo. ¿Qué más podéis necesitar?
El cortometraje El nadador, dirigido por mi hijo Pablo Barce, sigue vivo, como lo demuestra la reseña que Fernando Tresviernes acaba de publicar en la página especializada de «cortosdemetraje». Una reseña que me ha gustado porque, además de destacar el corto en sí, hace algo poco habitual: resaltar el trabajo de cada uno de los responsables del resultado final. Y eso es de agradecer.
Buena fotografía la que me envía mi querido amigo el escritor Mario Castillo del Pino: el rincón donde relee mi último libro Una puerta pintada de azul. Me escribe bajo esa imagen:
«Los pequeños buenos momentos que aun nos depara la vida. Quietos. Paladeados. Momentos que se entrecruzan con la incertidumbre y el miedo. Gracias, amigo Sergio.
Benditos ellos.
Nada que ver pero estoy releyendo tus historias con Jethro Tull de fondo. No muy larachense, pero inspirador.»
Lo del fondo de la imagen, añade Mario en su WhatsApp, «es mi perrita Pepa, agazapada al sol, oyendo la flauta de Anderson y regocijada con mi respiración tranquila…»