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«LAS SEMILLAS DE ANNUAL», NUEVA NOVELA DEL ESCRITOR LARACHENSE LUIS MARÍA CAZORLA

Las semillas de Annual es la nueva novela de mi amigo y paisano Luis María Cazorla, y que cierra la trilogía de la que forman parte sus dos anteriores títulos La ciudad del Lucus y El general Silvestre y la sombra del Raisuni, todas ellas publicadas con la editorial Almuzara.

LAS SEMILLAS DE ANNUAL

Con una portada muy sugerente y una cuidada edición, esta nueva obra nos narra los acontecimientos históricos que condujeron a la sangrienta derrota del ejército español en Annual en 1921. La historia arranca cuando el general Silvestre vuelve a empuñar las armas en Marruecos ya siendo comandante general de Ceuta. El pulso entre Silvestre y Berenguer enfrenta a estos dos personajes claves de la presencia española en Marruecos: mientras Silvestre es elevado a la categoría de héroe tras la ocupación del Fondak de Ain Yedida, el general Berenguer, nombrado cuarto alto comisario en Marruecos, desconfía de él y se obsesiona con derrotar definitivamente a El Raisuni. Paralelamente, la novela detalla los avatares de los otros personajes que ya protagonizaron las anteriores novelas de esta trilogía: el comerciante Pedro Robi, el capitán de la Guardia Civil Carlos Pozo, que regresa a Larache para aclarar la misteriosa muerte de un hermano lego franciscano, e investigar también una presunta trama de corrupción en los suministros al ejército, Meriam, Amparo, Abraham Muchatiel, López Rienda… Por supuesto, Larache, ciudad natal de Luis María Cazorla, sigue siendo protagonista principal, una ciudad que es testigo de las pasiones de Silvestre y de las pequeñas historias humanas que se desarrollan en sus calles pero también de los grandes acontecimientos históricos que marcarán los años venideros tanto de España como de Marruecos. Botón de muestra es el comienzo del capítulo titulado Los proyectos del Hotel España y del Teatro España.

Sergio Barce, marzo 2015

Pozo, después de despedir a López Rienda, se quedó a comer en el hotel España.

Estaba degustando el delicioso atún de la cercana almadraba cuando apareció la propietaria del establecimiento para interesarse por cómo iba todo. Las alabanzas de la comida que recibió le dieron pie para entablar conversación y arrancarse a explicar sus proyectos de ampliación. Pozo puso cara de interés por lo que escuchaba y dejó caer un inflado “¡Ah!, ¡sí?, de modo que va ampliar el negocio”. Estimulada por la pregunta, desmenuzó hasta extremos excesivos la próxima construcción de un espacioso edificio en los primeros metros de la calle Chinguiti, subiendo a mano derecha. Al preguntar él por el estado del proyecto, aclaró con mueca de disgusto que estaba retrasado “por los papeleos de la junta de servicios locales”, para añadir “y ya sabrá usted, y si no lo sabe todavía lo comprobará enseguida, que entre el bajá que la preside y no se entera, y el cónsul de España, don José Triviño, su vicepresidente, que ha llegado hace poco y ya está preparando su marcha, los politiqueos de los vocales velando cada uno por sus propios asuntos, la pugna entre los distintos pareceres de los ingenieros militares y civiles, y los criterios del arquitecto municipal, forman un tinglado que lo retrasa todo”.

Interior TEATRO ESPAÑA de Larache

Interior TEATRO ESPAÑA de Larache

-Cuando usted habla de tinglado, ¿se refiere también a conveniencias económicas? –interfirió Pozo para lanzar el anzuelo a la hotelera.

Doña Amparo se paró en seco y se llevó la mano derecha al compacto moño que coronaba sus distinguidos trazos faciales, como si quisiera descubrir allí la respuesta más adecuada.

-Yo no sé exactamente, pero se lo puede uno imaginar. Con la expansión urbanística se está moviendo mucho dinero, y esto aquí y en cualquier parte del mundo da alas a los manejos económicos. Algunos hacen mucho dinero fácil en Larache, que después gastan en Tánger y en la península –repuso con habilidad que no dejó cabo suelto del que tirar, y siguió detallando la iniciativa en la que tanto esfuerzo estaba volcando.

-Confío en que con la llegada del nuevo cónsul don Emilio Zapico, que ya tiene conocimiento de mis planes y se ha comprometido a apoyarlos porque quiere dotar a Larache de un hotel de la máxima categoría, todo se acelere y pronto podamos empezar a levantar el edificio. El nuevo hotel España va a ser muy importante para la ciudad y va a coincidir con otra iniciativa no menos importante.

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-¿De qué se trata? –preguntó con cierto hartazgo Pozo, incapaz de encontrar un hueco para hincar el diente a la apetitosa bandeja de dulces marroquíes que lo reclamaba.

Con premiosidad que buscaba poner de relieve la pujanza de Larache, ella se entregó con denuedo a exponer los planes de Emilio Sánchez Pescador de construir en el solar contiguo al que iba a ocupar el hotel España un sobrio coliseo teatral. “No llegará a la grandiosidad del teatro Cervantes de Tánger –precisó-, pero será muy digno y capaz de acoger las representaciones que visiten esta ciudad y Tetuán, y que así podrán recalar igualmente en Larache. También podrá servir como sala de cine, ¡por fin podremos ir al cine sin tener que acudir al barracón inmundo de ahora!”, exclamó impulsada por los aires renovadores que querían apuntalar la ciudad del Lucus como la segunda del protectorado español.

-¿Y las autoridades como ven el proyecto del futuro teatro-cine, que no sé si tiene ya nombre? –terció Pozo, siempre atenazado por una curiosidad sin límites por todo lo que pudiera redundar en su trabajo.

-Sí, claro que tiene nombre: teatro España, qué bonito ¿verdad? Dentro de poco, en las inmediaciones de la plaza de España, el hotel España y al lado el teatro España; solo pensarlo se me pone la piel de gallina –reconoció doña Amparo con la ensoñación albergada en sus pupilas.

-Le preguntaba por la opinión de las autoridades, ¿les parecerá bien un teatro con esas aspiraciones aquí? –insistió él poniendo el foco en el punto que le interesaba.

-Eso se lo tiene que preguntar al señor Sánchez Pescador, pero, hasta donde yo sé, el proyecto cuenta con el apoyo del general Barrera, y la del próximo cónsul de España, señor Zapico, que ya ha prometido su respaldo a esta iniciativa cuando sea destinado aquí. Bueno –concluyó cansada de permanecer tanto tiempo de pie y reclamada su atención por otros menesteres-, discúlpeme por haberlo interrumpido, pero el futuro hotel España me ilusiona tanto que pierdo el sentido de la medida. Ya sabe que estamos siempre a su disposición en esta casa en la que queremos servirle como usted se merece. –Se alejo con una ligera inclinación de la cabeza para dirigirse a otros comensales.

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FELIZ FIESTA DEL PURIM

La fiesta de Purim conmemora la salvación del pueblo judío, en la antigua Persia, de la trama del rey persa Asuero o Jerjes I que pretendía destruir, matar y aniquilar a todos los judios, cualquiera fuese su condición y edad, en un solo día. En la fiesta del Purim es costumbre que los niños se disfracen y haya un gran banquete. Recordando lo que fue en Larache, quiero felicitar a todos los paisanos larachenses hebreos en esta entrañable fiesta.

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«RECORDANDO LARACHENSEMENTE (PARA ANTONIO BARCE)» POR FRANCISCO J. CARRASCO MOLINA

A veces, lo más cálido se encuentra en lo más sencillo. Francisco J. Carrasco me pidió hace poco que le enviara dos ejemplares de mi libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente y le respondí que se los podía mandar dedicados, si lo prefería así. Francisco me respondió que la idea era muy buena y que, en tal caso, uno de los libros era para regalar a su hermana, Maribel Carrasco, larachense como él. Y el otro ejemplar para Carmen Serna, viuda de su primo Manuel Cordero Carrasco, farmacéutico, que pasó de la «Martín Vegué» a la de «Albarracín», y de allí a Benidorm, ahora «Farmacia Cordero», que lleva su hija Ana Mari.

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Luego añadía que había sido compañero de banca de mi padre, que entró en el Hispano, y que él lo hizo en el Banco Central. Éramos unos chiquillos, terminaba diciendo en su correo.

Muchos recuerdos me llegaron al leerlo, entre ellos lo que mi padre me había contado y otros al recordar los nombres que mencionaba. De manera que le envié los dos libros. Y leyendo sus palabras me parece que, a veces, la belleza la encontramos en las pequeñas historias y en las anécdotas más simples. En breves líneas, apellidos, lugares y escenas nos vuelven a llevar a Larache. 

Francisco J. Carrasco me ha enviado con posterioridad otro escrito, dirigido o dedicado a mi padre, y lo ha titulado Recordando larachensemente. Al final, este «adverbio» que me inventé en un relato, está haciendo fortuna. Así que, recordemos larachensemente…

Sergio Barce, marzo 2015 

 RECORDANDO LARACHENSEMENTE

Se sabía que el Protectorado se iba a acabar. Si no había otras razones poderosas que justificaran quedarse, la lógica aconsejaba ir buscando otro lugar para continuar, y mi padre pensó, que una vía para ello, podía ser que entrara en un Banco, de lo que fuera, con lo que se podía tener un puesto de trabajo seguro, cuando los Bancos también tuvieran que marcharse.

Estaba bien relacionado y comenzó contactando con sus amistades de los Bancos, exponiendo su interés de que le avisaran cuando se convocaran exámenes restringidos, visto que las sucursales de Marruecos, oficialmente no iban a admitir más personal sabiendo que habían de cerrarlas.

Su gozo en un pozo, porque en el Bilbao le dijeron que había entrado López Gambero; en el Banesto lo habían hecho Juan Gómez y Antonio Peral; en el Hispano había entrado Antonio Barce; y en el Central se estaba tramitando con Madrid una, de Botones, donde además, las probabilidades eran menores, porque el apoyo lo tenía, por ser familiar, el sobrino del Interventor Claudio Ramírez.

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El Director, Pedro Mateo, cumplió su promesa, y cuando se convocó el examen, le avisó, advirtiéndole que la plaza estaba ya asignada, si el previsto para el puesto lo superaba. No obstante, fui al examen y lo aprobé pero, sin plaza. Estaba contento, porque yo, en plena tontería de los 16 años, no quería entrar de Botones, y había quedado estupendamente con todos, el primero con mi padre (años atrás él estuvo en Banesto), quien asumió bien el contratiempo con la idea de que, si me llamaban para el puesto en la Península, se esforzaría para que lo ocupase, proveyendo los fondos necesarios, para subsistir con el sueldo de Botones, porque allí no había 100%.

Aproximadamente al año de aquello, vino una Inspección al Central que, al arqueo de existencias de sellos de correo y timbres, que llevaba (no me acuerdo como se llamaba) el sobrino de Claudio, encontró una falta de 48 pesetas, que el chaval reconoció que se había quedado provisionalmente con ellas. Fue despedido, y como quiera que, para el cargo en cuestión, yo ya estaba aprobado, muy a pesar mío, tuve que entrar de Botones y con uniforme, que era lo que más me traumatizaba. Esto ocurrió en Agosto de 1956.

RECORDANDO MALAGUEÑAMENTE

Mis tíos, Manolo Cabello y Manuela Molina, con su hijo Manolo, vivieron un tiempo en la calle Altozano, y después se trasladaron al Camino de San Rafael, donde yo iba a verlos cuando me desplazaba, más asiduamente durante los años 1974 a 1978, en los que, por razones de trabajo, absorciones de la Caja Ibérica primero, y el Banco Ibérico después, estuve viviendo en Málaga. En ese intervalo me casé, y pasé de soltero en el Hostal Casalá, a un casado, en piso alquilado, en la calle Héroes de Sostoa (antigua carretera de Cádiz).

El encanto que tiene Málaga -donde suele ocurrir que todos los que “rajan” de ella, siempre vuelven, una y otra vez- y la natural velocidad de inteligencia, y de palabra, de sus gentes, sumadas a las bondades del clima y su comida, crean un sentimiento tan afectivo, que siempre permanecerá en el corazón de los que se identifiquen con éstos, y otros valores vivos, reales, que para ello, allí deben descubrirse. Para toda mi familia es de los recuerdos más gratos, y constituye un pasaje de nuestra vida, que siempre añoraremos.

Fue hablando de estas cosas con mi compañero de trabajo, Juan Aranda de Lara, Inspector del Hispano, cuando me apuntó que, para la consulta del apunte que queríamos comprobar, llamase yo a Torremolinos, y preguntara por mi paisano, Antonio Barce. Así lo hice. El apunte, de la Sucursal de Linares, quedó comprobado. En nuestra conversación convinimos que nos veríamos cuando volviera por Málaga. Dependíamos del Núcleo Territorial de Inspección de Sevilla, que siempre envió a otros, quizás por el ahorro de kilometraje y medias dietas. Nosotros no salimos de las provincias de Jaén o Granada, hasta 1999, que llegó el Santander, y me largaron, creo que, más que nada, por los trienios. Juan por razones de enfermedad se prejubiló antes.

Hasta la próxima, con un fuerte abrazo larachense y malagueño.

(Para Antonio Barce, de Francisco J. Carrasco Molina.  Primero de Marzo de 2.015.)

LARACHE - foto de Ange Ramírez

LARACHE – Iglesia del Pilar- foto de Ange Ramírez

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MADRID – 6 DE MARZO – ENCUENTRO DEDICADO A ESCRITORAS MAGREBÍES

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Viernes, 6 de marzo, a las 18.30 h.

En  Librería Diwan

Callejón del Alguacil 6. Madrid-28038, libreria@diwan.es tel. 91 570 18 12. Metro Nueva Numancia. Salida a Calle Picos de Europa

LIBRERÍA DIWAN, ASOCIACIÓN ADDIFFATAYN-LAS DOS ORILLAS Y ASOCIACIÓN XENIA

Se complacen en invitar al

Encuentro dedicado a Escritoras Magrebíes

Preside: Dr. Mohammed Dahiri, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Círculo Diwan.

Con la participación de:

Leonor Merino García, especialista en literatura magrebí y árabe (Dra. UAM), traductora, y autora de Encrucijada de literaturas magrebíes (ed. UNED Alzira-Valencia, 2001) y de La mujer y el lenguaje de su cuerpo. Voces literarias del Magreb (ed. CantArabia, 2011); bajo el título: “Escritoras magrebíes, lianas entrelazadas, taraceadas”.

Souad Hadj-Ali, hispanista, traductora, y escritora, autora de Cronología de mi dolor por Argelia y otros relatos contra el olvido (ed. Anubis, 2010), y editora literaria de El ritual de la boqala. Poesía oral femenina argelina (ed. CantArabia, 2011); ambas obras objeto de su exposición, en recuerdo de Assia Djebar.

Moderadora: Nabila Boumediane, Lcda. Filología Hispánica (Univ. Tetuán) e investigadora (UCM)

Entidades colaboradoras: Círculo CantArabia, Asociación de Periodistas y Escritores Árabes en España (APAEE) y Orkacom

Se servirá un té durante el encuentro.

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«NARRATIVA ANACRÓNICA: PARA UNA LECTURA POSTCOLONIAL», DEL PROFESOR JOSÉ MANUEL GOÑI PÉREZ

En este exhaustivo y denso artículo del profesor de la Aberystwyth University, Department of European Languages, de Gales (UK), José Manuel Goñi Pérez, se condensan muchos de los títulos más representativos de la literatura relacionada con el protectorado español en Marruecos y, especialmente, con el Tánger mítico y soñado. Me decía José Manuel en el correo que me enviaba al permitirme colgar este artículo en mi blog que “…escribí ese pequeño trabajo como una especie de recuerdo a los estudiosos de la literatura de una nueva narrativa sobre el Protectorado que creía en aquel entonces que tenía mucho que ofrecer al lector contemporáneo.” Y, para mi sorpresa, José Manuel, que menciona algunos de mis libros en este estudio, añadía: “…He de decir que soy muy aficionado a tu narrativa que considero de lo mejor que se publica en estos días, y que he leído con gran entusiasmo, y aprovecho para darte las gracias por esas obras tan amenas y de agradable estilo.” No he podido resistirme a transcribirlo, no por vanidad, sino porque verme mencionado entre autores que admiro y entre títulos que me resultan ejemplares, no deja de ser emocionante. En fin, que especialmente para quienes desean bucear en ese mundo tan atractivo como idealizado y mitificado, este artículo del profesor Goñi abre las páginas a libros tan atractivos como sugerentes y a autores que, de una u otra forma, retratan aquel mundo que nos ha marcado a todos los que venimos de la otra orilla.

Sergio Barce, febrero 2015

TANGER

TANGER

Narrativa anacrónica: para una lectura postcolonial

de

José Manuel Goñi Pérez

Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro. Lo que él respira es lo que a ti te asfixia, lo que come es tu hambre. Muere con la mitad más pura de tu muerte. Rosario Castellanos, El otro

La literatura del protectorado y de la ciudad internacional de Tánger en español, denominación de la producción literaria desde 1912 hasta 1956/1959, tiene a su vez otra literatura, homóloga, coetánea y anacrónica que versa sobre temas del protectorado y que en las últimas dos décadas ha empezado a despertar el interés no sólo de lectores nacidos o relacionados con la zona colonial sino de ciertas editoriales independientes y algunos reducidos círculos literarios (editoriales tales como 451 Editores -del escritor y filólogo Javier Azpeitia- la Librería Hebraica, la editorial Pre-Textos, la editorial Aljaima entre otras).(1)

Esta reciente poiesis está facilitando una reconstrucción histórica de los enclaves coloniales del norte de África y su interés no sólo se centra en la ficcionalización de la misma Tánger, Larache o Tetuán, sino que, como ya destacara Bernabé López García (Prólogo, Nogué y Villanova: 1999), este interés también ha vivificado el estudio sobre las relaciones entre España y el país magrebí en distintos ámbitos, así como los posibles significados de la época colonial. Por otro lado, la representación novelada de tales enclaves e historias no es la visión paradisíaca de un territorio distanciado y ajeno a ideologías absolutas y dominantes que imperaban en las décadas de los cincuenta y sesenta por allende y por aquende. Sino que, como es el caso de Último verano en el paraíso (2004), la obra literaria está marcada por la reflexión histórica sobre el norte de Marruecos, de los marroquíes y de los españoles y de los apátridas y sobre la meditación y definición del tornadizo concepto del Otro. (2) A esta ficción moderna, anacrónica y de mirada penetrante, hay que añadir la existencia hoy en día de distintos documentos, algunos de ellos digitales, que se están convirtiendo poco a poco en una base de datos -tanto histórica como literaria- que alberga memorias, ideologías, biografías, autobiografías, pensamientos y visiones sobre la cotidianidad de la vida bajo el Protectorado y la internacionalidad de Tánger, soterradas o que se creían perdidas, con la anexión de las tierras coloniales al reino alauí. De entre estos documentos destaca la revista Tingis (dirigida y editada por Lydia Sanz de Soto), que aúna todavía más la relación entre la historia y la intrahistoria, entendida esta última como una búsqueda del pasado histórico a través de lo humano y lo aprendido por el ser común e individual -antítesis del héroe histórico. (3) Esto es, la búsqueda del mundo olvidado y, a su vez, el temperamento histórico de la ciudad colonial. De ahí que la intrahistoria o su reconstrucción esté limitada a quienes de alguna u otra manera vivieron en ella y la rescriben. (4) La importancia de esta visión intrahistórica de Tánger reside en la individualidad de cada visión y en la amplitud de las mismas. Tánger no existe, pues, sino en la desmembración de cada una de sus visiones, pues a cada persona le corresponde un Tánger. No obstante, hay que especificar que estos datos históricos no son parte de la recuperación de una memoria histórica regida y desiderativa, sino, muy al contrario, una visión cercana a la ‘base eterna’ azoriniana, esto es, a lo que queda tras filtrar el pasado por el tamiz del presente. De ahí que parte de la literatura actual sobre Tánger tenga un cierto aire de reminiscencia realista o de ‘novela ecfrástica’, como El último verano en Tánger, de Juan Vega Montoya. (5)

EL ULTIMO VERANO EN TANGER

No obstante, lo que diferencia a la ficción coetánea sobre Tánger, producto de la emigración, la República y posteriormente la diáspora, producto de esa «España silente y la Tercera España silenciada» -como la llamara Ramírez Ortiz (2005: 9)- con la visión literaria tanto de finales del XIX como del primer tercio del siglo XX, es que el escritor tangerino (6), será un escritor independiente, emancipado y algunos de sus escritores alejados de las dificultades y penurias por la que transcurría la misma España, como bien se demuestra al leer la obra de A.Vázquez (7), mientras que la visión de escritores decimonónicos e incluso de principios del siglo XX como Joaquín Gatell (8) y Foch, Giménez Caballero, Díaz Fernández o el mismo Pedro Antonio de Alarcón –corresponsales, voluntarios al cuerpo del ejército o financiados por instituciones españolas– era una visión parcial e impedida. Manuela Marín en su exhaustivo estudio sobre las imágenes opresivas de la literatura de viajes sobre Marruecos explica que desde mitad del siglo XIX hasta comienzos del Protectorado en 1912 «la vigencia de unos signos interpretativos inmediatamente aceptados y difundidos a través de fórmulas literarias e iconográficas debe relacionarse con el carácter particular de la literatura española de viajes sobre Marruecos en este periodo», y añade que este es un periodo «de observación, catalogación y clasificación de una sociedad vecina pero fundamentalmente ajena» (2002: 88). Es menester añadir que la presencia española en el norte de África no produjo solamente una visión literaria en español sino que también facilitó la impresión de obras en árabe, posibilitada por la imprenta hispanoárabe del Padre franciscano Lerchundi en Tánger, quien también pusiera su empeño en sacar a la luz la revista Mauritania (Tánger, 1928). Darias de las Heras da cuenta de las publicaciones periódicas del Marruecos español: 

<Igualmente existió en las llamadas plazas de soberanía la esforzada y en muchos casos subvencionada publicación de prensa periódica poseedora de una admirable historia que se prolongará durante más de una centuria. Se inicia en 1860 con “El Eco de Tetuán”, fundado por Pedro Antonio de Alarcón, pionero de los corresponsales de guerra españoles, y que, tras fusionarse con “El Norte de África”, pasaría a llamarse ”La Gaceta de África”; continúa con el melillense ”El Telegrama del Rif” (1902), “El Faro” –rebautizado después como “El Faro de Ceuta” (1934)–, “El Eco de Chef Chauen” –editado desde 1920 inicialmente en multicopista y en el que colabora Tomás Borrás–, “El Heraldo de Marruecos” –que aparece en Larache en 1925– y los tangerinos ”El Porvenir”, ”El Diario de África” y sobre todo “España”, cuya trayectoria va desde 1938 a 1967, cubriendo los años de esplendor de la ”Ciudad Internacional” y siendo dirigida desde sus comienzos hasta 1955 por Gregorio Corrochano, otro preclaro corresponsal de guerra.> (2002)

Hasta fechas recientes se ha acusado a las letras españolas de no tener una literatura colonial africana, esto es, autóctona, y de tener una literatura sobre las colonias escritas por escritores peninsulares (Antonio Carrasco: 2000). A diferencia de la literatura hispanoamericana, véase el caso de Rosario Castellanos y en concreto Balún Canán (1958), la inexistencia de un narrador que penetrara en las relaciones de los distintos grupos sociales, en la mezcla de lenguas, de religiones y de intereses, ha sido una de las características más significativas de la literatura tangerina –si exceptuamos –ya a finales de la década de los 50– la narración íntima e inclusiva de Antonio Vázquez. El protectorado no termina por novelar y describir enteramente las distintas esferas sociales, etnias y clases sociales, y su difícil interacción. Si aceptamos siguiendo a Antonio Carrasco que las visiones coloniales de la literatura del Protectorado «son parciales y siempre imbuidas por la distancia del europeo hacia el africano, incluso los que se muestran más comprensivos con los marroquíes» –sin olvidar también a la comunidad sefardí– y que en su representación ficcional:

<La ilusión supone la falsedad de gran parte de las situaciones que se plantean en los libros españoles, la falta de objetividad al mostrar a unos y otros. Hay exceso de heroísmo injustificado y exceso de crueldad inventada. Ilusión es sugestión, distorsión, imaginación o deformación más o menos grande de la realidad. Es sentido de alteridad y, en muchas ocasiones, de superioridad, eurocentrismo o lo que los colonialistas ingleses llamaron jingoismo.>  (Eco de Tetuán, 2006)

Si aceptamos, decía, en mayor o menor medida este análisis generalista, (9) hay que añadir que será un grupo de escritores, cuyo rasgo común es el de la diáspora y el distanciamiento temporal de lo que fue Tánger y la zona del Protectorado español, el que describa y desentrañe a principios del siglo XXI, y de forma paulatina, una visión y una historia del pasado colonial reflexionada y acicalada por más de cuatro décadas de silencio. (10) En muchos casos estos textos literarios, creados desde visiones, ideologías e intenciones distintas, conforman no una corriente literaria, sino una respuesta común y coetánea a los problemas y conceptos del Otro y la diáspora. (11)

Definir la literatura sobre la ciudad de Tánger escrita en la última década como la representación de la búsqueda sublime de lo exótico, lo orientalista o el redescubrimiento de unas vidas colonizadas resulta arduo y hasta embarazoso. Ya que si la visión novelística actual ahonda más en el distanciamiento político y utópico de la zona internacional y colonial, y da más importancia a la reflexión del Yo y del no–Yo con referencia a los sentimientos vitales (literatura nostálgica se la ha llegado a denominar), la visión de la primera mitad del siglo XX tanto en narraciones, libros de viajes, pintura, y artes plásticas –postales dibujadas e incluso fotografías– están más cercanas al estereotipo peninsular que se tenía del norte de África. (12) Un estereotipo de rasgos exóticos y casi metaliterarios que dotará a la ficcionalización de los territorios colonizados de una falsa superioridad basada en comparaciones sociales y que les hará obviar los elementos culturales. Incluso el viajero de finales del siglo XIX, alimentado por esta caterva de miradas, descubrirá un mundo hostil y de difícil aclimatación. (13) Los libros de viajes, ya mencionados, darán una visión predeterminada y esperada por parte de un lector específico que buscaba el descubrimiento de lo ajeno, de lo desconocido y opuesto, de una nueva barbarie frente a la civilización incansable, de nuevo hilo que recondujera los designios de grandeza e hiciera olvidar la pérdida de las últimas colonias y el fracaso reconocido de finales del XIX y la estrepitosa inhabilidad política de principios del siglo XX y devolviera lo perdido a un pasado irrecuperable. Nuestro orientalismo no fue tal –pues incluso el modernismo español o el latinoamericano pasó por el tamiz de la visión orientalista de la literatura francesa, basada en la sensación y en la belleza de los ensueños proyectados por Shehrezade. Si nuestro orientalismo no fue tal, nuestro colonialismo fue más bien un intento fútil, efímero y visionario de reencontrarnos con la América perdida. Esto por una parte. Por otra, habría que añadir que el entendimiento de la ficción de la ciudad de Tánger en la literatura española contemporánea pasa también por el conocimiento de la mitificación (14) del Tánger de Paul Bowles, de Jane Bowles, de Tennessee Williams, de Ginsberg, de Kerouac y de William Burroughs, Genet, Truman Capote de escritores como Alejo Carpentier y Rodrigo Rey Rosa, y de esta y aquella efímera representación, y de todos aquellos que han mitificado la mitificación de la ciudad de Tánger, una ciudad en palabras de Domingo del Pino ‘de limbos’, ‘mitos y sueños tal vez necesarios pero no siempre reales’. (15) Y a todos y a cada uno de estos Tángeres les corresponde la visión del Tánger de For bread Alone o de Día de silencio en Tánger. Y si es cierto que toda representación de una ciudad real –véase la reciente deconstrucción onírica neoyorkina de Ray Loriga– es ficcional, también lo es heurística, como la búsqueda fugaz que llevara a cabo la generación Beat tan apartada de esas otras posibles realidades históricas de Tánger, de esas mismas realidades ligadas por una apócrifa internacionalidad cuestionada de forma sin par por Antonio Parra en El Obispo de Tánger:

<Ser ciudadano del mundo. ¡Qué ingenuidad! El cosmopolitismo sólo es posible cuando se es el dueño de la situación. En la Tánger discretamente cosmopolita del pasado la “internacionalidad” de sus habitantes no era más que un juego alegre de quienes, en el fondo, se sentían respaldados por la seguridad de una patria, por el calor de una raíz, de un origen. Eran, más que cosmopolitas, espectadores radiantes de un cosmopolitismo que en realidad no existía en ninguna parte, en ningún corazón, salvo en el de unos pocos mentecatos. Se necesita mucha superficialidad para ser un verdadero cosmopolita. La tierra no es sólo el terruño, lo mezquino de la aldea, sino la intuición elemental y sentimental, pero firme, de nuestra severa raíz campesina; la irredenta memoria de un lugar, en alguna parte, en algún tiempo, en el que fuimos felices pastores o primorosos hortelanos. El paraíso del que fuimos expulsados.>   (1995: 14-15)

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