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MADRID – 19 DE MAYO – PRESENTACIÓN DE “LAS SEMILLAS DE ANNUAL”, NOVELA DEL ESCRITOR LARACHENSE LUIS MARÍA CAZORLA

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El escritor larachense Luis María Cazorla presenta en Madrid la novela con la que cierra su trilogía: Las semillas de Annual.

Pero no puedo evitar, aprovechando esta ocasión, transmitirle de nuevo a Luis, el amigo, mi afecto y cariño en estos momentos tan difíciles tras la inesperada pérdida de su hermana Soledad Cazorla, una mujer que ha gozado de la admiración y respeto general por su incansable trabajo como Fiscal de Sala de Violencia contra la Mujer.

Dicho esto, que me parecía de rigor, regreso a su libro.

Siendo Las semillas de Annual la continuación de este detallado estudio histórico de la época que enfrentó a Fernández Silvestre y Raisuni, y una narración minuciosa de todo lo que llevó al desastre de Annual, también es, de nuevo, como en sus anteriores libros La ciudad del Lucus y El general Silvestre y la sombra del Raisuni, todas ellas publicadas con la editorial Almuzara, una crónica de la evolución de Larache.

LAS SEMILLAS DE ANNUAL de Luis Cazorla

Gracias al personaje de Pozo, que regresa a la ciudad, comprobaremos los cambios que se han ido produciendo en sus calles y en sus gentes tras el tiempo transcurrido desde que este personaje apareció en la trilogía. Sin duda, y al fragmento del libro que he escogido me remito, para los larachenses, una manera muy amena y ventajosa de conocer los pormenores de esa evolución urbana y arquitectónica que nos hace conocer un poco más la pequeña historia de Larache que corre en paralelo a la Historia con mayúsculas que Luis Cazorla nos relata tan cuidadosamente. Para el resto de lectores, una novela histórica llena de aventuras, intrigas y todo lo que los amantes de este tipo de literatura espera encontrar.

Sergio Barce, mayo 2015

“Pozo salió de la comandancia general, donde, a su llegada, Barrera le había asignado una amplia habitación, vestido de uniforme coronado por el tricornio y rematado por las tres estrellas de seis puntas propias de capitán. Era el primer sábado que pasaba en Larache y le apetecía tener un primer contacto relajado con la ciudad.

Muy madrugador, las primeras horas del día le revitalizaban y le disponían a dar lo mejor de sí. En aquel plácido día, cuyo sol empezaba a ahuyentar los cendales mañaneros que trepaban desde el Lucus, su cuerpo y su mente le pedían sosiego.

Dejó atrás el cuartel de la policía indígena donde se alojó en su anterior estancia larachense, atravesó un Zoco Chico que se desperezaba de su letargo nocturno, y acabó plantándose en la explanada que lucía todavía con más ruido que nueces el nombre de plaza de España. Allí observó cómo los destartalados barracones que salpicaban aquel espacio llamado a mayor gloria arquitectónica estaban siendo barridos a marchas forzadas, en primera línea por edificios de equilibrada arquitectura hispano-nazarí y a lo lejos por edificaciones más modestas de dos plantas, que empezaban a ser ocupadas por la despuntante burguesía, principalmente española, que tendía a abandonar la medina en busca de viviendas dotadas de comodidades. Embocó lo que en su día fue arranque del camino de Alcazarquivir. Allí la transformación era ya notable. La superficie polvorienta había sido desplazada por una pista con firme de asfalto, y reemplazada más arriba, en lo que ya era conocido por los Cuatro Caminos, por una carretera bien asfaltada que se prolongaba algunos kilómetros. Todavía desparramados y sin continuidad, varios hotelitos de dos alturas, que recordaban algo a los de las colonias que surgían en aquellas fechas alrededor de Madrid, surcaban el panorama.

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En los primeros metros de la antigua pista de salida hacia Alcazarquivir, que había abandonado tan imprecisa denominación por la pomposa de avenida de la Reina Victoria, a la derecha, según se subía desde la plaza de España, reparó en dos edificios ya terminados y un tercero en construcción anunciadores de lo que acabaría siendo un notable conjunto arquitectónico donde los rasgos del estilo neonazarí se mezclarían con incrustaciones de racionalismo e incluso modernismo.

Se sentó para desayunar tranquilamente en la terraza del hotel España situado en el primer tramo de la avenida de la Reina Victoria, mientras aguardaba su instalación definitiva en la popularmente conocida como calle Chinguiti, Canalejas con más propiedad.

La misma propietaria, la respetada doña Amparo Mas, lo atendió con el esmero que haría leyenda en la ciudad del Lucus. Presumía ella de que en su establecimiento se podían disfrutar de las mismas exquisiteces que en los mejores de Tánger.

Doña Amparo, satisfecha por la atención que Pozo prestaba a su negocio, le sirvió ella misma el café con leche que había pedido acompañado por tostadas de pan con aceite y sal. Aprovechó la oportunidad para interesarse por si era recién llegado a Larache, y apostillar con el conocimiento de las personas que le singularizaba que .

Cuando la propietaria se fue, dio un sorbo del café que todavía humeaba. Con la vista perdida en el horizonte, empezó a dar rienda suelta a sus recuerdos atraídos por el silencio y el adormilamiento de una ciudad que no acababa de sacudirse el sueño…”

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“EL RAISUNI. ALIADO Y ENEMIGO DE ESPAÑA”, UN LIBRO DEL ESCRITOR LARACHENSE CARLOS TESSAINER Y TOMASICH

   Una grata y feliz noticia que esperaba con ilusión: llega a las librerías, esta vez de la mano de Librería Hispania Ediciones, de Málaga, el libro de mi hermano mayor Carlos Tessainer y Tomasich, “El Raisuni. Aliado y enemigo de España”. Digo grata y feliz, porque sé cuánto tiempo, esfuerzo y paciencia ha tenido Carlos hasta ver de nuevo en la calle su excepcional trabajo sobre Raisuni. Un libro que, para los que ya lo conocíamos, es obligado acudir para cualquier consulta sobre este personaje tan admirado como odiado, pero que a nadie deja indiferente.

Cuando leí “El Raisuni. Aliado y enemigo de España”, me sorprendió hasta dónde había llegado Carlos Tessainer en sus investigaciones, resultado de esas jornadas maratonianas en los archivos de la Biblioteca Nacional, rescatando manuscritos y legajos casi olvidados tanto en ese archivo como en otros. Documentación, a veces, a las que sólo él ha tenido acceso. De ahí el valor excepcional de su libro.

Si se quiere conocer en profundidad al Raisuni, desde su niñez hasta su muerte, hay que acudir a la fuente inagotable de este libro.

Sergio Barce, mayo 2015

El Raisuni - Carlos Tessainer

Las razones por las que de nuevo se edita las explica muy bien el editor en su nota al comienzo de este cuidado volumen, que contiene, además, fotografías bien seleccionadas y un muy detallado plano desplegable de la división administrativa del Protectorado Español en Marruecos.

Dice la nota del editor (a la segunda edición de 2014):

“La editorial Algazara, desaparecida hace varios años, editó por primera vez en 1998 este estudio fundamental sobre la figura de Muley Ahmed El Raisuni, escrito por don Carlos Tessainer y Tomasich y que corresponde a la tesis doctoral que, a principios de los noventa, concluyó el autor sobre dicho personaje.

Agotado el libro hace bastante tiempo, sigue despertando enorme interés, motivado por su contenido, imprescindible, por su rigor intelectual y su bagaje de datos, para conocer con detalle todo lo relativo al Cherif.

Librería Hispania Ediciones, consciente de la importancia de la obra, ha considerado oportuna una segunda edición que colme las expectativas de todos aquellos que, ávidos, desean tener entre sus manos un ejemplar de la misma”

 Para contactar con la editorial:

 www.librohispania.com

lhispania@librohispania.com

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“LAS SEMILLAS DE ANNUAL”, NUEVA NOVELA DEL ESCRITOR LARACHENSE LUIS MARÍA CAZORLA

Las semillas de Annual es la nueva novela de mi amigo y paisano Luis María Cazorla, y que cierra la trilogía de la que forman parte sus dos anteriores títulos La ciudad del Lucus y El general Silvestre y la sombra del Raisuni, todas ellas publicadas con la editorial Almuzara.

LAS SEMILLAS DE ANNUAL

Con una portada muy sugerente y una cuidada edición, esta nueva obra nos narra los acontecimientos históricos que condujeron a la sangrienta derrota del ejército español en Annual en 1921. La historia arranca cuando el general Silvestre vuelve a empuñar las armas en Marruecos ya siendo comandante general de Ceuta. El pulso entre Silvestre y Berenguer enfrenta a estos dos personajes claves de la presencia española en Marruecos: mientras Silvestre es elevado a la categoría de héroe tras la ocupación del Fondak de Ain Yedida, el general Berenguer, nombrado cuarto alto comisario en Marruecos, desconfía de él y se obsesiona con derrotar definitivamente a El Raisuni. Paralelamente, la novela detalla los avatares de los otros personajes que ya protagonizaron las anteriores novelas de esta trilogía: el comerciante Pedro Robi, el capitán de la Guardia Civil Carlos Pozo, que regresa a Larache para aclarar la misteriosa muerte de un hermano lego franciscano, e investigar también una presunta trama de corrupción en los suministros al ejército, Meriam, Amparo, Abraham Muchatiel, López Rienda… Por supuesto, Larache, ciudad natal de Luis María Cazorla, sigue siendo protagonista principal, una ciudad que es testigo de las pasiones de Silvestre y de las pequeñas historias humanas que se desarrollan en sus calles pero también de los grandes acontecimientos históricos que marcarán los años venideros tanto de España como de Marruecos. Botón de muestra es el comienzo del capítulo titulado Los proyectos del Hotel España y del Teatro España.

Sergio Barce, marzo 2015

Pozo, después de despedir a López Rienda, se quedó a comer en el hotel España.

Estaba degustando el delicioso atún de la cercana almadraba cuando apareció la propietaria del establecimiento para interesarse por cómo iba todo. Las alabanzas de la comida que recibió le dieron pie para entablar conversación y arrancarse a explicar sus proyectos de ampliación. Pozo puso cara de interés por lo que escuchaba y dejó caer un inflado “¡Ah!, ¡sí?, de modo que va ampliar el negocio”. Estimulada por la pregunta, desmenuzó hasta extremos excesivos la próxima construcción de un espacioso edificio en los primeros metros de la calle Chinguiti, subiendo a mano derecha. Al preguntar él por el estado del proyecto, aclaró con mueca de disgusto que estaba retrasado “por los papeleos de la junta de servicios locales”, para añadir “y ya sabrá usted, y si no lo sabe todavía lo comprobará enseguida, que entre el bajá que la preside y no se entera, y el cónsul de España, don José Triviño, su vicepresidente, que ha llegado hace poco y ya está preparando su marcha, los politiqueos de los vocales velando cada uno por sus propios asuntos, la pugna entre los distintos pareceres de los ingenieros militares y civiles, y los criterios del arquitecto municipal, forman un tinglado que lo retrasa todo”.

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Interior TEATRO ESPAÑA de Larache

-Cuando usted habla de tinglado, ¿se refiere también a conveniencias económicas? –interfirió Pozo para lanzar el anzuelo a la hotelera.

Doña Amparo se paró en seco y se llevó la mano derecha al compacto moño que coronaba sus distinguidos trazos faciales, como si quisiera descubrir allí la respuesta más adecuada.

-Yo no sé exactamente, pero se lo puede uno imaginar. Con la expansión urbanística se está moviendo mucho dinero, y esto aquí y en cualquier parte del mundo da alas a los manejos económicos. Algunos hacen mucho dinero fácil en Larache, que después gastan en Tánger y en la península –repuso con habilidad que no dejó cabo suelto del que tirar, y siguió detallando la iniciativa en la que tanto esfuerzo estaba volcando.

-Confío en que con la llegada del nuevo cónsul don Emilio Zapico, que ya tiene conocimiento de mis planes y se ha comprometido a apoyarlos porque quiere dotar a Larache de un hotel de la máxima categoría, todo se acelere y pronto podamos empezar a levantar el edificio. El nuevo hotel España va a ser muy importante para la ciudad y va a coincidir con otra iniciativa no menos importante.

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-¿De qué se trata? –preguntó con cierto hartazgo Pozo, incapaz de encontrar un hueco para hincar el diente a la apetitosa bandeja de dulces marroquíes que lo reclamaba.

Con premiosidad que buscaba poner de relieve la pujanza de Larache, ella se entregó con denuedo a exponer los planes de Emilio Sánchez Pescador de construir en el solar contiguo al que iba a ocupar el hotel España un sobrio coliseo teatral. “No llegará a la grandiosidad del teatro Cervantes de Tánger –precisó-, pero será muy digno y capaz de acoger las representaciones que visiten esta ciudad y Tetuán, y que así podrán recalar igualmente en Larache. También podrá servir como sala de cine, ¡por fin podremos ir al cine sin tener que acudir al barracón inmundo de ahora!”, exclamó impulsada por los aires renovadores que querían apuntalar la ciudad del Lucus como la segunda del protectorado español.

-¿Y las autoridades como ven el proyecto del futuro teatro-cine, que no sé si tiene ya nombre? –terció Pozo, siempre atenazado por una curiosidad sin límites por todo lo que pudiera redundar en su trabajo.

-Sí, claro que tiene nombre: teatro España, qué bonito ¿verdad? Dentro de poco, en las inmediaciones de la plaza de España, el hotel España y al lado el teatro España; solo pensarlo se me pone la piel de gallina –reconoció doña Amparo con la ensoñación albergada en sus pupilas.

-Le preguntaba por la opinión de las autoridades, ¿les parecerá bien un teatro con esas aspiraciones aquí? –insistió él poniendo el foco en el punto que le interesaba.

-Eso se lo tiene que preguntar al señor Sánchez Pescador, pero, hasta donde yo sé, el proyecto cuenta con el apoyo del general Barrera, y la del próximo cónsul de España, señor Zapico, que ya ha prometido su respaldo a esta iniciativa cuando sea destinado aquí. Bueno –concluyó cansada de permanecer tanto tiempo de pie y reclamada su atención por otros menesteres-, discúlpeme por haberlo interrumpido, pero el futuro hotel España me ilusiona tanto que pierdo el sentido de la medida. Ya sabe que estamos siempre a su disposición en esta casa en la que queremos servirle como usted se merece. –Se alejo con una ligera inclinación de la cabeza para dirigirse a otros comensales.

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LA CIUDAD DEL LUCUS, novela del escritor larachense LUIS MARÍA CAZORLA

Tengo una primicia, que mi amigo y paisano Luis María Cazorla me ha brindado en bandeja: anunciar que acaba de ver la luz su nueva novela La ciudad del Lucus (Editorial Almuzara), y quizá sea una de las primeras personas en publicitarla.

He tenido el privilegio de recibir el borrador del manuscrito y leerlo antes de ser publicado (digo privilegio porque lo es el gozar de la confianza de Luis). Recuerdo que me llegó el pasado año un paquete, algo voluminoso. Al desempaquetarlo, un leve estremecimiento recorrió mi espina dorsal: “La ciudad del río Lucus” leí, y como siempre me ocurre cuando me topo de súbito con algo relacionado con Larache, una entrañable alegría me asaltó, de modo que lo abrí no sin cierta ansiedad. Luis me enviaba quinientas ochenta y ocho páginas, a un espacio. Me di cuenta en seguida, desde el primer párrafo, que ahí había un trabajo duro, detallista y concienzudo.

En efecto, Luis María Cazorla se ha atrevido a algo mucho más que narrar una historia que nace de su imaginación para “plantarla” en medio de un escenario determinado que sólo sirva de decorado. Al contrario, se ha documentado de tal manera para afrontar esta empresa que uno no tiene más remedio que rendirse a este trabajo.

Lo fascinante es que no sólo cuenta con toda la exhaustiva información de los hechos políticos y militares que sucedieron en Marruecos, en especial en Larache, a principios de siglo y que desembocaron en la creación del Protectorado, sino que también conoce la realidad y los personajes reales que vivían a pie de calle, por así decirlo. Las tiendas, los comercios, los pequeños negocios, son descritos con exactitud, al igual que la ciudad de Larache, en la que Luis nació y creció (eso se nota en seguida). Y vemos cómo André de Laroche, José Luis Ninet, el padre Castellá, el padre Cantéliz, Leandro Campos (dueño del Bar el Murciano), Hicham ben Achech (un personaje cuya aparición en el relato me encanta), José Cohen, Abraham Muchatiel, Alí Sintal, Akalay… quienes forman parte de la pequeña historia, se entremezclan, gracias a la hábil narrativa de Luis Cazorla, con personajes que han pasado a la Historia con mayúsculas: el entonces comandante Fernández Silvestre, El Raisuni, el cónsul Zugasti… por citar sólo algunos de los actores de esta estupenda obra. De manera que estamos ante una novela histórica absoluta.

Luis María Cazorla, gracias a su larga experiencia profesional, a su trato con numerosas personalidades de la diplomacia y de la política, ha sabido plasmar de manera realista los entresijos, los difíciles equilibrios y las disputas que acontecieron en esos años convulsos. Su pluma de narrador dota además a los personajes históricos de personalidad, los convierte en seres de carne y hueso, con lo que la novela gana en realismo, en viveza, en aventura literaria.

Baste, como botón de muestra, este párrafo en el que describe uno de los encuentros entre Silvestre y el Raisuni:

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    Silvestre conocía bien el carácter pedigüeño de los notables marroquíes. El Raisuni, por muy prominente que fuera entre ellos, tenía ese carácter muy arraigado. Los  hechos concretos a los que se había referido pronto –reflexionó para sí Silvestre- se acabarían traduciendo de forma inexorable en exigencias revestidas de peticiones de dinero y material.

La pronta y un poco atropellada mención al respeto de las leyes y autoridades locales sonó a clara advertencia que incomodó a Silvestre. Éste, para evitar los tejemanejes de los franceses y sus semsares, había prohibido al caíd, al nadir y al almotacén de Alcazarquivir que preparasen documentos de compraventa de casas de la ciudad y de terrenos en el campo sin su previo conocimiento. Haciendo caso omiso a las protestas del Majzen, de la campaña adversa de la prensa francesa y de las llamadas a la prudencia del ministerio de Estado, había mantenido su orden. Sabía que el Raisuni se había molestado por ello, no tanto porque le afectara directamente de modo significativo, sino por constituir un síntoma de que el ejercicio de su autoridad iba a verse interferido por las bigotadas del jefe militar español. Este proceder confirmaba, además, que las dificultades con las que sus recaudadores se habían topado para cobrar impuestos por la interposición de Silvestre no era algo aislado. Todo ello constituía una forma de entendimiento que el jefe militar español tenia de su acción política, en ciertas ocasiones incluso discrepante de lo que la legación en Tánger y el consulado en Larache le transmitían.

El Raisuni, por su parte, estaba lanzado en cumplir los propósitos que anidaba en su segunda reunión con Silvestre. Había comprobado el día anterior que era cierta la fama de impulsivo e impaciente atribuida al militar español después de algunas semanas de estancia en Larache y Alcazarquivir. El jerife había logrado templarlo en la entrevista del día anterior, aunque no se le había escapado que Silvestre estuvo en varios momentos a punto de estallar ante las divagaciones del astuto bajá de Arcila.

Aquella mañana se había encontrado con un Silvestre más calmado y reflexivo, y estaba dispuesto a aprovechar la oportunidad que se le ofrecía…

Cazorla entra en la psicología de estos personajes y nos metemos en sus reflexiones, en sus dudas, en sus impulsos.

General Fernández Silvestre

Y como larachense, dota a la historia que cuenta de una rica vida interior: no sólo describe perfectamente la ciudad que tan bien conoce, de igual forma reconstruye las antiguas calles, los viejos edificios y los paisajes, revive a las personas que los habitaban (Luis visitó, mientras escribía la novela, cada uno de los lugares donde se desarrollaron los sucesos reales) y recupera voces, giros, palabras y dichos (el vocabulario es rico en matices, y el lenguaje utilizado en el Marruecos de la época enriquece aún más la autenticidad del relato).

Un mosaico completo, en fin, de una época y de una historia tan fundamental en nuestra historia reciente como desconocida para una gran parte de los futuros lectores.

Quizá las propias palabras de Luis María Cazorla, en la “Nota del autor” que se contiene en el libro, sean más elocuentes de lo que yo pueda ser en este pequeño comentario.

Parece difícil, sobre todo en el campo de la creación literaria, pero si el escritor ahonda en sí mismo acaba encontrando una explicación a ¿qué ha desencadenado en mí la fuerza interior necesaria para escribir el libro en cuestión?

A veces es un relámpago que ilumina cegador y desgarra con fuerza el velo de la indefinición intelectual inicial de quien lo recibe. Otros es un lento poso de vivencias, sensaciones, recuerdos, realidades y apariencias de realidad forjadas por la imaginación que se solidifican hasta convertirse en una nueva realidad a veces más poderosa que la fáctica. Este poso se va nutriendo a los largo de los años de sucesivas capas hasta que un especial estado de ánimo, una maduración sólo apreciable por el futuro autor, o un aliento etéreo e indefinible ponen en marcha el aluvión que culmina en el libro.

Esto último es lo que me ocurrió a la hora de comenzar el largo camino de algo más de tres años que ha terminado con La ciudad del Lucus entre tus manos, lector.

Muchas capas se han acumulado hasta formar el sólido poso en el que se asienta esta novela. Han revoloteado en mí las imágenes de mi abuelo, José María Cazorla García, que, primero como soldado y después como comerciante, se asentó en Larache en los muy primeros años del Protectorado español en Marruecos; de mi padre, Luis Cazorla Navarro, que nació en esta ciudad en 1920 y en ella empezó su destacada carrera de abogado y de interventor militar; de mi madre, Soledad Prieto Caro, que llegó allí casada, abandonando en prueba de amor su ambiente, muy distinto, en Madrid. También he tenido muy presente mi infancia en Larache: El Balcón del Atlántico, la música marroquí y la militar, la Legión desfilando airosamente, el embarcadero del puerto, la Plaza de España, la calle Chinguiti, la iglesia del Pilar, el colegio de los Maristas… Todas estas capas han sido debidamente aceitadas  por permanentes recuerdos familiares, por ávidas lecturas, por frecuentes viajes a aquellos lugares, por conversaciones con familiares –José y Luis Navarro, entre otros- y con amigos –Julián Martínez Simancas y José Edery, por no citar más- impregnadas de vivencias similares y a veces anudadas por relaciones de varias generaciones.

En este poso fértil, como las tierras que riega el río Lucus, la galopante madurez, el creciente interés por los episodios históricos sobre los que se asienta el libro y el impulso que mi vocación literaria recibió al quedar finalista en un premio con otra obra, hicieron las veces de detonante del esfuerzo que se traduce en La ciudad del Lucus.

Quiero dejar constancia de mi hondo agradecimiento a mi mujer Carmen González-Serrano, que ha respetado mis largos retraimientos, me ha acompañado en los esforzados viajes de investigación, y me ha alentado siempre con equilibrio exigente; a Rosario Herrero, a quien debo mucho como competente documentalista cuyas manos generosas siempre han estado abiertas para orientarme; a Manuel Vidal, entusiasta lector de todo lo que escribo, en quien La ciudad del Lucus halló desde sus primeros momentos de gestación notable estímulo; a Antonio Zoido, que fue uno de los primeros lectores del original y que me animó mucho con su calificación de “galdosiano”; a Javier Jiménez-Ugarte, excelente y entregado diplomático, que, como cónsul de España primero en Melilla y después en Tetuán, siempre me alentó y me brindó ayuda en mi tarea; a Alejandro Díez, Guadalupe Díaz, Ángela García Burgos y Montserrat Planas por su permanente empeño en hacerme las cosas más fáciles, y, por fin, a Manuel Pimentel y a la Editorial Almuzara por el interés entusiasta que desde nuestro primer contacto mostraron por el libro que encabeza estas líneas.    Luis María Cazorla”

Estamos, pues, ante una novela que atraerá a quienes sienten interés y curiosidad por Marruecos, su historia y la que le tocó compartir con España, que llamará la atención de los estudiosos de ese período, pero que también hará disfrutar a los amantes de las novelas históricas.

Es un viaje en el tiempo, viaje a un pasado romántico, a un pasado de aventura absoluta. Es un viaje de regreso al Larache de los antepasados más cercanos de Luis María Cazorla.

La editorial Almuzara, con Manuel Pimentel al frente, y con Antonio Cuesta y Javier Ortega, ha acertado en apostar por este libro. Como admirador del trabajo de Luis, sólo me queda esperar que su novela sea todo un éxito, que lo merece.

Sergio Barce, febrero 2011

Ya he hablado en mi blog de Luis María Cazorla como jurista, y no han cesado de llegarme comentarios alabando su trayectoria. Dije entonces que me quedaba por hablar del Luis María Cazorla escritor de ficción. Ya lo tenemos aquí con su nueva novela.

Pero no querría que pasara esta ocasión sin mencionar sus otros libros publicados, tanto de relatos: “El proyecto de ley y once relatos más” o “Cuatro historias imposibles”; como de novelas: “Ni contigo ni sin ti” y de “Cerca del límite” que fue finalista en 2007 del Premio Internacional de Novela “Javier Tomeo”.

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