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SEVILLA – 26 DE NOVIEMBRE – MESA REDONDA SOBRE MOHAMED CHUKRI

Sevilla – Miércoles, 26 de Noviembre

a las 19:00 horas

en la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo

c/ Max Planck nº2, Isla de la Cartuja

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La Fundación Tres Culturas del Mediterráneo y el Ministerio Encargado de los Marroquíes Residentes en el Extranjero y Asuntos de la Migración organizan una mesa redonda que sirve de colofón al homenaje que en Tres Culturas se ha venido realizando al escritor marroquí Mohamed Chukri durante todo el año 2014.

Coincidiendo con la publicación por Cabaret Voltaire de Rostros, amores, maldiciones, última entrega de la trilogía sobre su vida, cerraremos el ciclo que iniciamos en enero leyendo El pan a secas y continuamos en octubre con Tiempo de errores, aprovechando para contar con los testimonios de personas que conocieron en vida a este escritor ‘maldito’.

Así, además de ver el vídeo con la entrevista que le hicimos a Bernardo Atxaga, contaremos con la presencia del periodista y director del Centro Andaluz de las Letras Juan José Téllez; el periodista y escritor Javier Valenzuela; la traductora Rajae Boumediane El-Metni; y Juan José Ponce, director del documental Maldita calle, gracias a cuyo visionado además tendremos la oportunidad de ver y oír al propio Chukri. La sesión de debate será moderada por el crítico cultural Fran G. Matute.

Maldita calle de Juan José Ponce (España, 2003, 30 minuntos)

Un recorrido por las calles de Tetuán y Tánger de la mano y los testimonios de quienes se ven obligados a habitarlas: los niños. Sus desgracias y anhelos nos enseñan los entresijos de toda una sociedad, y nos recuerdan el pasado de quien también fuera un niño de la calle: Mohamed Chukri.

Premio al mejor documental en Ducopolis, Cajamadrid, Festival de Cine de Elche, Festival de Cine de Irún (2003) y Festival de cine de Pamplona (2004). Premio Bienal de Jóvenes Creadores de Europa y del Mediterráneo, Atenas (2003). Premios Andalucía sobre Migraciones, Junta de Andalucía (2003).

Entrada libre hasta completar aforo.

Organizado gracias a la colaboración de Obra Social La Caixa.

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«JOSÉ BOADA Y ROMEU EN MARRUECOS», UN TEXTO DE SERGIO BARCE, PUBLICADO EN LA REVISTA «DOS ORILLAS»

Acaba de salir el nuevo número de la revista Dos Orillas (Algeciras), en esta ocasión el monográfico XIII-XIV, titulado El estrecho de Gibraltar. Frontera literaria.

Este número ha estado coordinado por el poeta José Sarria, la dirección ha corrido a cargo de Paloma Fernández Gomá, y con un equipo de redacción de lujo: Juana Castro, Juan José Téllez, Mohamed Chakor, José Sarria, Manuel Gahete, Rosa Díaz, Ahmed Oubali y Encarna León. La Web Master es obra de Ramón Tarrío Ocaña, y la responsable de Medios de Comunicación, Nuria Ruiz Fernández. La portada es una obra del pintor Juan Gómez Macías, y las fotografías interiores de Pepe Ponce.

DOS ORILLAS. EL ESTRECHO DE GIBRALTAR. FROMTERA LITERARIA. Monográfica XIII-XIV

En el apartado de ensayos hay textos de: Abdellatif Limami, Antonio Bravo Nieto, Carmen Vidal Valiña, Enrique Lomas López, Jesús Fernández Palacios, Antonio González Alcantud, José Manuel Benítez Ariza, José Juan Yborra Aznar, Juan José Téllez, Luis Alberto del Castillo, María Antonia López-Burgos del Barrio, Maribel Lázaro Durán, Mohamed Abrighach, Mohamed Ahmed Bennis, Mustapha Adila, Rafael García Valdivia, Rajae Boumediane El Metni y Sergio Barce.

En poesía, los versos corren a cargo de: Alberto Torés, Antonio Gala, Antonio Garrido Moraga, Aziz Tazi, Encarna León, Francisco Morales Lomas, Fernando de Ágreda, Paloma Fernández Gomá, Jorge del Arco, Juan José Téllez, José Sarria, María Victoria Atencia, Juan Cobos Wilkins, Manuel Gahete, Juan Emilio Ríos, Mohamed Ahmed Bennis, Mohamed Doggui, Nisrin Ibn Larbi, Rosa Romojaro, Nuria Ruiz, Raquel Lanseros, Pilar Quirosa Cheyrouze, Rachida Gharrafi y Khedija Gadhoum.

Mientras que los relatos son de Ángel Olgoso, Karima Toufali, Mohamed Bouissef y Sergio Barce.

Así que ahí estoy con creadores que admiro, y, muchos de ellos, además amigos muy queridos.

Como veréis, participio en este número por partida doble con un pequeño ensayo: José Boada y Romeu en Marruecos (1889-1894), y, además, con un relato titulado Otoño.

Visto lo visto, haber participado en este número es todo un privilegio por la calidad de quienes lo han hecho posible y por los que han participado con sus textos.

Sergio Barce, septiembre 2014

El enlace para acceder a este número de la revista Dos Orillas es el siguiente:

http://www.revistadosorillas.com/index_archivos/revistas/rev-dos_orillas-13y14-2014.pdf

Os recomiendo que leáis este número tan especial, tanto los ensayos, como las poesías y los relatos. Es verdaderamente una publicación excepcional.

De sus páginas, extraigo mi texto, en el apartado de ensayos, José Boada y Romeu en Marruecos (1889-1894):

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JOSÉ BOADA Y ROMEU EN MARRUECOS

(1889-1894)

Fue a través de un trabajo de mi admirado y recordado amigo el profesor Abdelah Djbilou, titulado Crónicas del Norte. Viajeros españoles en Marruecos (Edic. Asociación Tetuán Asmir – Tetuán, 1998), que leí por primera vez un fragmento del libro Allende el Estrecho. Viajes por Marruecos (Barcelona, 1895), escrito por el viajero catalán José Boada y Romeu. Luego, pasados los años, conseguí un ejemplar de este curioso libro, reeditado en 1999 por las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla.

Este libro, dividido en tres partes claramente diferenciadas –solo me referiré en este artículo a la primera de ellas-, recoge las impresiones de este comerciante y periodista catalán en sus viajes a Marruecos entre 1889 y 1894. Y, aunque en algunos momentos, su posicionamiento pro africanista y claramente “colonialista” lo traiciona, llegando a retratar Marruecos y a sus costumbres como una amalgama de fanatismo y de retraso cultural casi crónicos, sin embargo es capaz de hacernos viajar a aquella época y su ágil narración nos sumerge en el interior del país llevándonos a una época de aventura y de descubrimiento. Marruecos, no hay que olvidarlo, era aún en esos años, un imperio algo impermeable al exterior.

Boada, cuando inicia su primer viaje a Marruecos, sale de Cádiz. Y ya, desde la primera frase, descubrimos a un buen escritor que sabe hacer de su libro de viajes un relato lleno de encanto y toques poéticos (no obstante, hay una gran influencia orientalista en su visión de Marruecos, y eso le influye a la hora de escribir).

“Amanecía cuando llegamos al muelle. La había siempre hermosa de Cádiz hallábase aún envuelta en las brumas matutinas, que con sus tonalidades grises esfumaban el paisaje, dándole un tinte de suave y tranquila melancolía, tan grata a los sentidos como al espíritu, cuando desde el <Tánger> contemplábamos absortos aquel solemne despertar de la naturaleza…”

Su llegada a Tánger lo deja fascinado, especialmente el Zoco, que describe minuciosamente. También llama poderosamente su atención que la población hable castellano, que achaca en especial a la presencia de judíos en la ciudad. Sin embargo, pronto su ideología le hace describir el país de una manera excesiva, y dice:

“…Sin transición apenas, estábamos en plena Edad Media. Sin transición apenas, nos hallábamos entre un pueblo semi-salvaje, caduco, degenerado. Por la mañana acariciaban nuestros rostros los aires de Europa; pisábamos las calles de la culta Cádiz. Por la tarde estábamos ya en África, entre una población abigarrada y fanática, con distinta religión, con distinto modo de ser, otras ideas y diferentes esperanzas. El choque era rudo. Estábamos atontados…”

Tánger, en 1884. Foto tomada del blog de Francisco Saro Gandarillas

Tánger, en 1884. Foto tomada del blog de Francisco Saro Gandarillas

Increíble el efecto que le produce su llegada a Tánger, pues siendo un hombre preparado que llegaba en este primer viaje con intenciones de impulsar el comercio entre los dos países, sin embargo, se deja vencer por los prejuicios y el desconocimiento de una cultura distinta.

Sin embargo, a medida que el libro avanza, se vislumbra la fascinación que Marruecos le irá provocando poco a poco. Es también llamativo que sea la población hebrea la que más atraiga su atención a la hora de describir costumbres o actividades comerciales. Y, sin embargo, también deja entrever su querencia a creer que está llamado a una labor “civilizadora” o “colonialista” cuando habla de unos y de otros. Son aleccionadoras afirmaciones como las siguientes:

“Verdad es que la raza hebrea tiene defectos ingénitos, no siendo el menor y el menos antipático un servilismo exagerado que raya en rastrero, y un afán desmesurado de atesorar riquezas por todos los medios; pero aparte de esto, debe reconocerse, especialmente a los tangerinos, un deseo vehemente de entrar en las vías de la civilización… (..) En Tánger visten muchos a la europea y viven mezclados con los moros… (..) La mujeres hebreas, de belleza notable, son por lo general de formas exuberantes, tal vez demasiado para un exigente, de cutis cetrino, grandes ojos negros y pelo del mismo color… (..) En Tánger, como hemos dicho anteriormente, visten casi todas a la europea, con lo cual pierden para el viajero la mayor parte de su encanto… (sic)”.

“…Al poco rato nos trasladamos a otra habitación del primer piso, donde tenía que verificarse el baile moruno. (..) …Como es costumbre en las casas moras, no se veía en las paredes, de una blancura deslumbradora, ningún mueble, y solo había como todo adorno una finísima estera de esparto… (..) Las bailadoras no se hicieron esperar: eran dos muchachas de 18 á 20 años, hebreas de Mogador, aunque se hacían pasar a los ojos de los extranjeros como moras auténticas… (..) Nos sentamos en sillas europeas que para estos casos tenía preparadas la dueña de la casa, y a una señal de ésta empezó el bailoteo, que podemos calificar de ejercicio de dislocación, y que no es ni más ni menos que la zarandeada <dance de ventre> que tanto llamó la atención en la última Exposición Universal de París… (..) …baile romántico primero y que degenera prontamente en lascivo, propio para excitar los sentidos de esta raza profundamente lujuriosa… (sic)”.

En fin, que José Boada se convierte en un testigo escasamente objetivo, de una dudosa catadura moral dado que es incapaz de ocultar su “superioridad” en todos los aspectos sobre los marroquíes, ya sean moros o judíos, como los nombra en sus páginas. Sin embargo, su libro no deja de ser un documento fascinante: primero, por descubrir cuál era la mentalidad de un verdadero africanista, que ya deja entrever lo que vendría después, y, segundo, y especialmente, por el testimonio del Marruecos de finales del siglo XIX, en concreto, de las ciudades de Tánger, Arcila, Larache, Mehedia o La Mamora, Salé, Rabat, Mulay Dris, Mequinez y Fez, ciudad a la que dedica una atención especial por ser la que lo deja realmente impresionado.

Pero viniendo yo de Larache, espero que se me permita extraer algunas de las buenas descripciones del viaje de José Boada y que estas sean de la ciudad del Lucus. Escribe:

 < …a poco presentósenos en toda su belleza la vista panorámica de Larache, con sus murallas bañadas por caudaloso río, sus alminares y la alcazaba, situada al extremo, como centinela avanzado que guarda la entrada del río. En éste había fondeados unos faluchos. Lejos, y en un recodo, veíanse tres o cuatro restos de buques de alto bordo, a juzgar por el tamaño de las desnudas cuadernas. Aquellos son los restos de la famosa marina de guerra marroquí, marina tan temida en la Edad Media por sus tremendas razzias. Allí se pudren en el río que tantas veces habíales servido de abrigo.

de Houssam Kelai

Foto tomada del blog de Houssam Kelai

Por la parte de Oriente, extensos bosques de alcornoques y naranjos alegran la vista con sus verdes copas, lo cual explica el nombre con que en lengua árabe es conocida la población: El-Araix (jardín de recreo). En el Uad-el-Kus, el Líkkus o Lixus de los antiguos, nos aguardaba la caravana para pasar el río en la barcaza…


(..) …No están conformes los autores acerca de la época exacta de la fundación de Larache. Mientras unos, como Mr. Renou, pretenden demostrar que se remonta al siglo XII, fundados en que ninguna cita hace de esta población el geógrafo Edrisi, que escribía en 1154, y en cambio en el mapa catalán del año 1300 se encuentran ya indicadas Larache y Caximuxi; el señor Cuevas opina que es mucho más antigua, tanto que, según sus cálculos, se remontaría al siglo VIII. Funda su opinión el señor Cuevas en el hecho histórico de haber sido confiado en el año 828 de nuestra era el gobierno de Larache al Emir Yahya-ben-Edrís por su hermano Mohammed, tercer príncipe Edrisita, lo cual demuestra la existencia de esta población a principios del siglo IX… Lo que sí parece comprobado es que a principios del siglo XV se estableció en ella la tribu berebere de los Beni Aros, fortificándola convenientemente al terminar este siglo Muley Ben Nasar, durante el reinado de su hermano Said-el-Uatas.

(..) …La ciudad de Larache se halla rodeada, como todas las de Marruecos, de rojizas murallas tostadas por el sol de los siglos, murallas en su mayor parte en mal estado, sobre todo las construidas a últimos del siglo XV por Muley-ben-Nazer.

(..) …Aprisionada entre sus muros y alcazabas, vive la población que algunos hacen ascender a 10.000 habitantes y que seguramente no llegará a 5.000, de ellos 500 hebreos y 70 europeos, en callejuelas estrechas y sucias, edificadas la mayoría en declive, lo que da a la población aspecto de anfiteatro. El Zoco, situado en la parte más elevada de la ciudad, y junto a una de sus puertas, está rodeado de un elegante pórtico formado por ligeras columnitas blanqueadas, que dan a este lugar un aspecto risueño y monumental. A eso débese el que posea Larache el Zoco más hermoso de Marruecos, cuya construcción se atribuye a los portugueses. En esta misma plaza hállase la principal mezquita, y por ambos conceptos es el sitio más concurrido de Larache.

(..) …Salimos por la puerta que da al campo…De pronto, aparecieron allí cuarenta jinetes negros, montando soberbios caballos elegantemente enjaezados. Llevaban puestos albornoces de color azul marino, rosa, naranja y marrón, y cruzada en el arzón de la silla larguísima espingarda, avanzaban en dos líneas con extraordinaria gravedad. Nos hicimos a un lado, y bien pronto se perdieron entre la muchedumbre que invadía la puerta de la ciudad. (..) …Habíamos presenciado el paso de los jinetes marroquíes de aquella célebre guardia negra, tan famosa en otras épocas; la que con sus brillantes cargas deshizo los batallones portugueses en Alcázar-Kibir, la que luchó en vano con nuestros cuadros en los campos de Uad-el-Jelú, la que hoy, dispersa y todo, constituye con sus restos las tropas más fieles y bravas de Muley-Hassan…”

Es curioso también que, durante el viaje de regreso, se cruzara con uno de los más famosos viajeros que han descrito el Marruecos del siglo XIX: Pierre Loti, como si el destino hubiera querido que ambos se conocieran, aunque fugazmente, dos personajes que escribieron de un país pero desde visiones absolutamente antagónicas.

Curioso libro Allende el Estrecho. Viajes por Marruecos, no solo por lo ya dicho, sino porque nos da a conocer los fondaks de la época, las monedas que se utilizaban, las actividades comerciales de las ciudades que visita, las fiestas y costumbres religiosas, las cofradías, las zagüias, las actividades consulares… En fin, un mosaico amplio y multicolor que en ningún momento aburre.

Mercado de esclavos en Marruecos en 1888 - tomado del blog Epistemowikia

Mercado de esclavos en Marruecos en 1888 – tomado del blog Epistemowikia

Para terminar este breve comentario del libro de José Boada, no puedo resistirme a traer su descripción del mercado de esclavos que descubre en la ciudad de Fez:

“Hay en Fez un lugar recóndito, emplazado entre un dédalo de callejas, donde se celebra el mercado de carne humana: el mercado de esclavos. (..) …había sentadas algunas decenas de mujeres ligeramente vestidas, alineadas allí para que pudieran ser minuciosamente examinadas por los compradores. Una había que particularmente atrajo nuestras miradas: era negra como el ébano, pero de facciones regulares y bellas; nos miraba con aire de súplica, como preguntándonos si íbamos allí para oponernos a aquella monstruosa iniquidad. Parecía triste, muy triste… (..) …cuando adelantándose de entre el grupo formado por los moros que examinaban las esclavas, un vejete, de flaco cuerpo y enjutas carnes, fue derecho hacia la negra de nuestras miradas y con un brusco movimiento apartóle el labio inferior para examinar sus dientes. (..) …No quisimos ver más: ni con nuestra presencia podíamos autoriza aquel acto…”

Finalmente, José Boada regresará a España pasando por Alcazarquivir, de nuevo por Tánger, y luego Tetuán y Ceuta… Acabando así su primer largo viaje a Marruecos. Posteriormente, regresará como periodista de guerra, pero eso ya es otra historia.

Por Sergio Barce 

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«TÁNGER, LA ENVIDIADA», UN TEXTO DE RAJAE BOUMEDIANE EL METNI

TÁNGER -antigua Avda de España

TÁNGER -antigua Avda de España

Rajae Boumediane El Metni, que ya me envió en exquisito texto sobre la comunidad hebrea en Tánger, me hace llegar ahora otro relato que, en realidad, es una carta a su madre. Habla de Tánger, pero tras sus palabras nos llega el eco de sus recuerdos, y desde estos un hermoso y muy emocionante homenaje a su madre.

Este texto me une aún más a Rajae, con la que intuyo que comienza a crecer una entrañable amistad, porque su madre y la mía tienen algo en común: sus ciudades y la pasión que han  sentido o que sienten por ellas. Para la madre de Rajae, Tánger era la ciudad que llenaba su corazón y no había otra igual en el mundo, para mi madre, Larache es la ciudad que llena su corazón y no hay otra igual en el mundo.   

Rajae Boumediane El Merti es mi admirada traductora de los libros de Mohamed Chukri que ha editado Cabaret Voltaire.

Sergio Barce, mayo 2014

Tánger: la envidiada

En memoria de la mujer que tuvo como amante a Tánger: mi madre.

“Como Tánger, os aseguro que no existe otra ciudad”, éstas son las palabras que solía repetir mi madre siempre que iba de viaje a una ciudad, sea dentro o fuera de Marruecos.
Cuando, en alguna charla familiar o entre conocidos, se empezaba a opinar sobre una ciudad u otra, allí estaba siempre mi madre dispuesta a declarar con su voz firme y concisa: “como Tánger, os aseguro que no existe otra ciudad”, y añadía “en el mundo entero, no hay otra ciudad como Tánger.”

TANGER

TANGER

Dicen que las palabras se las lleva el viento, y yo digo no todas las palabras. Las palabras que se van repitiendo una y otra vez, las palabras que se van transmitiendo de una persona a otra, las palabras que se dicen con tanto fervor y convicción y finalmente las palabras que son capaces de resistir al mismísimo chergui (viento del este), estas mismas palabras se quedan grabadas en la mente y en el corazón, van fosilizándose y acaban resistiendo y persistiendo tanto al olvido como al famoso chergui de Tánger.
Mi madre nació, creció, estudió en una escuela de monjas, se enamoró, se casó, tuvo a todos sus numerosos hijos, convivió -sin problema ninguno- con judíos y españoles, enfermó, falleció y se enterró en su querida y apreciada Tánger.
Sí, los 58 años de la vida de mi madre transcurrieron en su Tánger que ha tenido la suerte -desgracia para todos los que la echarán en falta- de tenerla para siempre entre todos los que, por una razón u otra, la muerte decidió sobrevenirles en Tánger.

Le Cap Spartel et son phare
Mi madre, los últimos días de su vida, había ido de visita a casa de mi hermana en Fez, se puso mala y ya tenía prisa para volver a su Tánger como si presintiera que ya le quedaban pocos días para disfrutar y despedirse de todos sus seres queridos y de su venerada Tánger. Pasados los contados días brindados, mi querida madre luchó sin parar pero la muerte era más fuerte que ella y acabó arrebatando a Tánger una hija adoptiva, a los vecinos, una servicial vecina que estaba siempre a disposición del necesitado sin esperar nada a cambio y lo más importante sin tener en cuenta raza o religión, a un marido, una fiel esposa cuyo único pecado fue tener de amante a Tánger y a los hijos, a los hijos, la despiadada muerte, el 6 de Marzo del 2000, les arrancó y privó de una madre tan querida y añorada en estos precisos, difíciles y dolorosos momentos.
Mi madre se iba de viaje a otras ciudades fuera y dentro de Marruecos, pero siempre echaba de menos a su madre adoptiva y sólo se sentía cómoda, segura y entre los suyos en esa bella ciudad por la cual mi madre sentía una auténtica devoción. “Los suyos” eran para mi madre los tangerinos, los auténticos y no los que vienen de otras ciudades en busca y captura del título de tangerino. Cuando alguna persona de “los otros”, los del sur de Marruecos, le decía: “Eres de Tánger, ¡ah!, eres jblía”, mi madre contestaba: “tangerina soy, jblía soy, orgullosa de ser ambas cosas estoy.”
A mi madre siempre le he oído hablar maravillas de Tánger, en aquel entonces, por mi corta edad o más bien por rechazo a aceptar el gentilicio de jblía, no llegaba a entender su amor excesivo y frenético por una simple ciudad, y me repetía a mí misma: “¿por qué Tánger precisamente?. Debe haber en el mundo otras ciudades más bonitas y atractivas que se merecen una parecida veneración que esta ciudad de…”. Lo aceptaba todo o casi todo, pero me sentía molesta, o mejor dicho ofendida y aludida, cuando mi madre reconocía ante “los otros”, que los tangerinos son unos djbala. Yo siempre le reprochaba: “mamá, en vez de aceptar tal gentilicio, lo tienes que negar porque los demás no pueden entender que los jbala son los auténticos tangerinos y siempre, siempre nos apuntarán con el dedo llamándonos jbala en lugar de tangerinos” y mi madre me respondía: “pero hija mía si es lo mismo y da igual lo que dicen los demás, la verdad es que los jbala son los verdaderos tangerinos.”
Ahora y solamente ahora que han pasado muchos años y haciendo un flash back para recordar todo lo que decía mi madre sobre su Tánger, casi puedo entender todas sus palabras y me pregunto: “¿Hace falta realmente ser tangerino para sentir la misma devoción que sentía mi madre?”, “¿Hace falta ser tangerino para escribir sobre Tánger o simplemente amar esta ciudad?”
Son muchos los que han elogiado y venerado Tánger, parece que esta ciudad acepta la visita de todos los que quieren conocerla sin previo prejuicio, Tánger no pone condiciones ni trabas a sus visitantes, allí está siempre dispuesta a todo: críticas o elogios, veneración o rechazo.
El que visita Tánger una vez, quiere volver a hacerlo una vez más y otra y otra. Dicen que esta ciudad embruja a su visitantes y yo diría: es una ciudad que tiene el don de saber acoger a todo tipo de personas, una ciudad que podía ser, según Paul Bowles, en momentos determinados la capital del mundo, una ciudad que ha sabido integrar, a través de los siglos y sin perder su alma, las infinitas aventuras de los hombres y el choque de las numerosas civilizaciones, una ciudad simplemente.

CAFE EL HAFA

CAFE EL HAFA

Tánger, te envidio porque has tenido y disfrutado de mi madre más años que yo, te envidio por haber tenido a mi madre como hija adoptiva, te envidio por haberte tenido mi madre como madre adoptiva, te envidio por tu suelo que ha sentido sus pasos, te envidio por sus largos paseos por tus avenidas y callejuelas, te envidio por la devoción que sentía mi madre por ti, te envidio por todos sus elogios dedicados especialmente a ti, te envidio por tu chergui que le acarició la piel una y otra vez, te envidio por la blanca y fina arena de tus playas que se escurría entre sus dedos, te envidio por tantas y tantas visitas que recibiste, te envidio por tu Casba que embrujaba a mi madre, te envidio por tu famoso café El Hafa donde mi madre se sentó una y otra vez sin nunca cansarse de las vistas que le brindaste desde allí, El Hafa desde donde uno llega a pensar que, en los días claros y tendiendo la mano, puede abrazar la costa española tan deseada por muchos marroquíes, te envidio por tus Grutas de Hércules lugar mítico y realista al mismo tiempo, te envidio porque ha sabido armonizar la convivencia de todos tus habitantes dejando de lado raza o religión, te envidio porque has llegado a conservar intactas todas las costumbres de tus invitados y huéspedes, te envidio por haber sabido comportarte siempre, como un buen anfitrión, te envidio por haber sabido respetar y ser respetada, te envidio por haber resistido firme ante las numerosas conquistas de fenicios, cartagineses, griegos, romanos, vándalos, almohades, almorávides, edrisíes, omeyas, te envidio por tantas y tantas nacionalidades que aspiraban a tenerte: franceses, portugueses, ingleses, españoles, te envidio por haber sido internacional para contentar a todo el mundo, te envidio por haber podido ser, con admirable sabiduría, novia de todos y mujer de ninguno, te envidio porque en tus venas sigue latiendo ese afán de ser la preferida, la única y yo diría: “la envidiada”.
Tánger, te he envidiado, te envidio y te envidiaré mientras viva, pero al mismo tiempo te quiero porque tienes en tu suelo, inmersa en un profundo y eterno sueño, a la persona más querida en este mundo: a mi madre. Mamá, estas líneas sobre tu Tánger van dedicadas a ti. Descansa en paz, te quiero.

Rajae Boumediane: 16- 01- 2001

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«LA COMUNIDAD JUDÍA DE TÁNGER», POR RAJAE BOUMEDIANE

Rajae Boumediane el Metni ha logrado el reconocimiento unánime por sus traducciones al español de las novelas de Mohamed Chukri, que ha reeditado la editorial Cabaret Voltaire.

Obras como El pan desnudo (Al-jubz al-hafi) o Paul Bowles, el recluso de Tánger (Paul Bowles wa ´uzlatu tanya), gracias a su minucioso trabajo de traducción e interpretación, han ganado calidad e integridad en estas nuevas versiones en castellano. Solo me falta por leer de sus traducciones del  maestro Chukri Jean Genet en Tánger, que pronto me llegará… 

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Rajae ha tenido la amabilidad de enviarme un artículo que publicó hace unos años en la revista Raíces sobre la comunidad judía de Tánger, y que le ha animado a decidirse porque su tesis doctoral, que actualmente está preparando, se centre en este tema tan apasionante. Sería fantástico que los hebreos de Tánger se hagan eco de este post y se animen a ponerse en contacto con Rajae Boumediane que, lo sé por ella, está tratando de dar con los hebreos originarios de la ciudad tangerina para completar su trabajo como ella pretende.

RAJAE BOUMEDIANE EL METNI

RAJAE BOUMEDIANE EL METNI

Nacida en Tánger, Rajae Boumediane el Metni es filóloga hispánica por la Universidad Sidi Mohamed Ben Abdelá de Tetuán,y como antes decía, se está doctorando en Lingüística por la Universidad Complutense de Madrid.

Sergio Barce, mayo 2014

LA COMUNIDAD JUDÍA DE TÁNGER, ENTRE EL RECUERDO Y EL OLVIDO

La memoria colectiva, el recuerdo de un pasado, que nunca volverá a resucitar y la añoranza por lo que existía y que ya no existe mantienen viva a la comunidad judía de Tánger. Lo poco que queda de esta comunidad se nutre de los recuerdos, recuerdos que siempre están en proceso de flash back arrancando con un “¡ya hasra!” (1). La comunidad judía de Tánger persiste aún, menos numerosa, pero se mantiene viva. De las 17.000 almas que llegaron a convivir en Tánger, quedan tan sólo 189 judíos (2) y la mayoría son personas mayores. Este hecho incita a preguntarse ¿cómo ha podido disminuir tanto el número de los judíos de Tánger en tan poco tiempo? ¿Cuáles son las razones y circunstancias que les empujaron a iniciar una emigración masiva hacia otros países” (3). Son muchas las preguntas que se hace uno acerca de la emigración masiva de los judíos tangerinos y para contestarlas, habría que efectuar un retroceso en la historia, cosa que se podría hacer en otro momento.
Lo único que se puede asegurar es que los sefardíes, temerosos de ser perseguidos, cambiaron su Tánger por Francia, Canadá, Estados Unidos, España, países de América del Sur e Israel.

Sinagoga Chaar Rafael, en Tánger

Sinagoga Chaar Rafael, en Tánger

Consecuencia de ello, es que no sólo se truncaba una comunidad sino que se separaban los miembros de una misma familia.
La comunidad judía de Tánger tenía su propia identidad. Si la religión constituía el punto relevante y distintivo del resto de la población marroquí y las diversas colonias extranjeras, la lengua y la cultura la diferenciaban de «los otros», «los forasteros» (4), los judíos del interior de Marruecos.
Como los judíos de Tetuán, Larache, Asilah, Chaouen o Alcázar, el judío tangerino conservó, cariñosa y cuidadosamente, el idioma familiar y comunitario: el judeo-español. Este idioma, conviviendo con otros idiomas y consiguiendo mayor entendimiento con moros y cristianos, evolucionó para dar como resultado una mezcla que recibe como nombre «hakitía».
José Benoliel califica esta mezcla como «un dialecto peculiar a los judíos, de origen ibérico establecidos en Marruecos desde la expulsión de España (), es un compuesto de castellano antiguo, más o menos, bien conservado, de árabe, de hebreo, etc… al que se da vulgarmente el nombre de hakitía» (5).
Sin embargo, la “infidelidad” de los hablantes que lo crearon v usaron junto con la rehispanización masiva a la cual fue sometido el dialecto a finales del siglo XIX y finalmente la seducción del francés que terminó con la creación de las escuelas de la Alianza Israelita Universal (6), acentuaron y aceleraron el proceso de extinción.

ALUMNOS DE LA ALIANZA ISRAELITA UNIVERSAL DE TÁNGER (foto del archivo de ACAM.LUKUS)

ALUMNOS DE LA ALIANZA ISRAELITA UNIVERSAL DE TÁNGER (foto del archivo de ACAM.LUKUS)

De resultas, la hakitía sufrió una decadencia y muchos firmaron su certificado de defunción afirmando que queda sólo un mero recuerdo.
Sin embargo, en una ciudad sin mellah, los judíos -dedicados principalmente al comercio y en contacto continuo tanto con la población marroquí como con su habla- se habían integrado en la sociedad marroquí y esa misma hakitía siguió su proceso de evolución dando paso a otro tipo de hakitía que tiene como raíz palabras del dialecto marroquí y terminación del español moderno.
A esta misma hakitía se refería nuestro informante cuando nos afirmó: «lo [la hakitía] hablamos en broma, pero resulta que la hakitía que hablamos nosotros es el árabe espanolisado. Por ejemplo decimos: «bastante bsslha venga ya feddi liya de una vez» o «se fue fulano a Italia y soy muy wahchiado» «andi wach dial hada eso wahchiado». o sea hablamos mal el español y mal el árabe» (7).
Mientras este informante reconocía la existencia de otro tipo de hakitía, la mayoría de los demás niega saber palabras haquetíescas alegando «en casa de mis padres hablábamos español, nosotros vivíamos en el boulevard, nosotros no vivíamos en el soko», «cuando era niña, cuando decía alguna palabra de haketía, mis padres me prohibían hablar haketía», «cuando decía alguna palabra de haketía, mi madre me decía “esto no se dice” y a veces me castigaba. ¿Sabes por qué? Porque estaba mal visto hablar haketía. Era un dialecto vulgar y de gente ignorante.»
Testimonios como éstos ponen en tela de juicio la opinión que se tenía de la haketía: estaba prohibido hablarla en algunas casas, estaba limitada a la gente que vivía por el zoco y era un dialecto vulgar, peculiar tan sólo a la gente ignorante.

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

En definitiva, los prejuicios que se tenían desgraciadamente de la haquitía favorecieron su decadencia, su agonía y su extinción. De hecho, su desaparición se debió, principalmente, a razones de carácter socioeconómico y cultural.
A decir verdad cuando me llegaron al oído tales testimonios, me di cuenta de cómo un idioma puede desaparecer por prejuicios y dentro de mí llegué a decir: ¡Ya hasra! Pero a pesar de eso no me resigné. Quería averiguar si los mismos que manifestaban no saber absolutamente nada de hakitía me podían decir algunas palabras.
Fue difícil romper esa barrera de «no sé nada de Haketía». Y cuando se convencieron de que para mí la hakitía no es en absoluto vulgar, cuando cogieron algo de confianza, cuando percibieron mi gran curiosidad hacia ese dialecto totalmente ignorado por mí, cuando se sintieron seguros y relajados y finalmente cuando me presentó un conocido de mi padre como estudiante que investiga la comunidad judía de Tánger, sólo en ese momento, dieron riendas sueltas a sus recuerdos y empezaron a decirme palabras y frases como «está wahleado» (está en apuro), «está chonjreando» (está roncando), «fraja» (alegría), «farezmal» (fuera del mal).
Había incluso un informante que, siendo originario de Casablanca, manifestaba con cierto orgullo: «yo soy de Casablanca y sé algunas palabras de haketía porque lo he aprendido aquí en el casino. Ellos cuando están juntos hablan, a veces, haketía. Pero cuando hay alguien extraño no quieren hablar, pero saben muchas palabras de haketía. Yo sé por ejemplo la palabra «alhotar», «se arsó el mazzal», «me vaya kapara por tí» y muchas otras. (8)
Otro informante me cantó la siguiente «canción»:
«Por esos bulevares/ de 7 a 8/ pasean las alhasbas/ buscando novio/ me vaya kapara/ me vaya hálala.» (Las alhasbas son las chicas).
Es de subrayar que la mayoría de las palabras que hemos recogido tienen la raíz del árabe dialectal y la terminación del castellano.
Gran número de mis informantes fueron localizados en el casino mientras festejaban la fiesta de Hanukah, otros fueron entrevistados en la comunidad. Estos últimos me hablaron de las muchas sinagogas que existían en Tánger y de los dos cementerios judíos: el viejo y el nuevo. Luis Tangir, secretario de la Comunidad, refiriéndose a la sinagoga de Nahón me explicó: «Esta sinagoga estaba destruida y tiene más de ciento y pico años. Yo la descubrí y me encargué personalmente de restaurarla. En esta sinagoga estaba la crema y la nata de la judería de Tánger».
La mencionada sinagoga se va a convertir en museo en memoria de todos los antiguos judíos tangerinos; tiene el altar en frente a diferencia de las otras sinagogas. Ya no se celebran oficios en esta sinagoga.
Como todos los informantes me hablaban de la semejanza que tiene la sinagoga de Nahón con la Alhambra de Granada, quería visitarla para tener la oportunidad de palpar personalmente dicha semejanza. Pedí permiso al secretario de la Comunidad y me brindó, gustosamente, su ayuda. Gracias a su enorme generosidad y acompañada por un empleado de la Comunidad, llegué a visitar todas las sinagogas encontradas en Tánger y pude notar el gran parecido que tiene la sinagoga de Nahón con la Alhambra de Granada. La gran semejanza reside, principalmente, en las placas de escayola usadas -éstas fueron traídas precisamente de Granada hace más de 100 años-, en los arcos y en los cristales colorados.

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

Aparte de ésta, quedan sólo cuatro sinagogas (9): la sinagoga de Benattar, la sinagoga de Bendrihen, la sinagoga Assayag y la sinagoga de Suiri. Las dos primeras tienen oficio diario mientras que las últimas se limitan a tenerlo sábados y festivos.
Una vez visitadas las sinagogas, deseaba entrar aunque fuera por pocos minutos, en el cementerio. Logré visitar, únicamente, el cementerio viejo donde descansan en un profundo y continuo sueño los antiguos judíos tangerinos, los que nacieron, vivieron y murieron en su querida Tánger, los que formaron la comunidad judía. Empecé a buscar nombres que me son familiares entre las numerosas lápidas y pude leer, entre otros, el nombre de Isaac Laredo (1946), autor de Memorias de un viejo tangerino. Hasta los años sesenta se seguía enterrando en el viejo cementerio pero hace unos treinta años se dejó de hacerlo; hará unos diez años enterraron al hijo del Presidente de la Comunidad.
Los minutos contados que pasé en el cementerio me inspiraron una emoción y una paz tan grandes que mientras miraba las interminables lápidas me llegué a decir «¡ya hasra!, ojalá pudiera volver el tiempo hacia atrás para tener la oportunidad de conocer a tantos ilustres judíos tangerinos». Pero me consolaba diciéndome que por lo menos queda algo del antiguo, fascinante y mítico Tánger pero ¿qué queda de aquel añorado Tánger?
Quedan los cementerios, en cuyas lápidas se hallan grabados para siempre los nombres de los que un día formaron parte de la comunidad judía. Quedan las sinagogas, que aunque sean pocas, mantienen viva esa religión que presenta el único punto distintivo del resto de la población. Quedan residuos de ese idioma que llegó a ser medio de comunicación de «los nuestros». Quedan los testimonios de las personas que convivieron, y siguen conviviendo, con la comunidad marroquí. Quedan las varias instituciones creadas como el asilo y hospital Benchimol, la sede de la comunidad y el casino que cada tarde reúne, con gran orgullo, a los «suyos» y se convierte en el único testigo que presencia los restos de la hakitía. Quedan las personas que mantienen viva a la comunidad judía de Tánger. Quedan aquellos que no cambiarán -por nada en el mundo- su ciudad porque «en Tánger te hablan las calles, te hablan las piedras, todo te habla» (10). Quedan miembros de familias de mucho prestigio como Azancot, Bengio y Assayag. Quedan finalmente los recuerdos que permanecen vivos en la mente de cada judío tangerino, recuerdos que sólo la muerte es capaz de borrar, recuerdos que se nutren cada día con una referencia, por muy infame que sea, al pasado porque como dice Milán Kundera: «La lucha del ser en la vida es la lucha del recuerdo contra el olvido».
Tánger seguirá siendo ese «paraíso perdido» que siempre está dispuesto a acoger a «los suyos», a esos «hijos adoptivos» que un día abandonaron su Tánger de cuerpo pero no de alma, esos hijos que siempre vuelven iniciando el flash back con un ¡ya hasra!, esos hijos que han sido, son y serán fieles a la ciudad que un día vio nacer y crecer a un antepasado.
Y ahora con la sinagoga de Nahón, que se está convirtiendo en museo en memoria de todos los judíos de Tánger, la ciudad aguarda, con gran orgullo e inmensa impaciencia, ese día que le brindará —una vez más- la oportunidad de abrazar a todos sus seres queridos.
No quisiera terminar con un ¡ya hasra! porque mientras siga viva una minoría judía en Tánger, se podrá recoger ese eco que recobra fuerza y resonancia, resonancia y vida.

Rajae Boumediane el Metni

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NOTAS DEL TEXTO:

1 – Expresión árabe que significa: ¡qué pena!
2 – Estadística facilitada por Luis Tangir, secretario de la Comunidad de Tánger. Hay 12 personas entre 2 y 15 años, 12 entre 15 y 25, 6 entre 25 y 50, 12 entre 90 y 100 y los demás tienen más de 60 años. Es de señalar que la mayoría de los jóvenes estudian fuera de Tánger.
3 – En 1960, la comunidad judía contaba con 6.300 judíos.
4 – Así llamaban los judíos del Norte de Marruecos a los del interior.
5 – J. Benoliel, Dialecto judeo-hispano-marroquí o hakitía, Madrid, 1977, p. 27.
6 – La primera escuela de la Alianza Israelita Universal se abrió en Tetuán en 1862.
7 – Este informante reconoció la existencia de otro tipo de hakitía formada principalmente de palabras del dialecto marroquí. La traducción respectiva de los dos ejemplos es: «basta ya de bromas, termina de una vez», «se fue a fulano a Italia y le echo mucho de menos. Wahchiado es echar de menos.»
8 – Esta es la traducción que me dio el mismo informante: «Alhotar» (ahorrar- guardar), «se arsó el mazzal» (tuvo mucha suerte), «me vaya kapara por tí» (lo doy todo por ti)
9 – Antes llegaron a coexistir 17 sinagogas en una misma calle denominada por eso «calle de las sinagogas». Hasta hoy día, y aunque la calle tiene otro nombre, sigue el letrero con el mismo nombre escrito en árabe, en español y en francés. Actualmente en esa misma calle quedan sólo dos sinagogas: la de Nahón y la de Suiri.
10 – Son palabras de un judío tangerino que me causaron una gran emoción.

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LARACHE EN «EL PAN A SECAS» (AL-JUBZ AL-HAFI) DE MOHAMED CHUKRI

En El pan a secas (Al-jubz al-hafi) de Mohamed Chukri, la obra más emblemática y revolucionaria del panorama literario marroquí, de 1972, aparece Larache.

El pan a secas - portada
Aunque será más tarde, como ya escribí en otro artículo, en concreto en Tiempo de errores, cuando Larache tenga realmente un verdadero protagonismo en la obra de Chukri. Pero es aquí, en El pan a secas, cuando ya anuncia lo que será el cambio más trascendental de su vida: su marcha a Larache, donde aprenderá a leer y escribir, sus armas más poderosas, los instrumentos que lo sacarán de la miseria.
Y los motivos por los que termina en Larache lo cuenta de la siguiente manera:

“Por la mañana, al regresar del puerto, me dirigí a una librería de Oued Ahardan y compré un libro para aprender a leer y escribir en árabe.
Abdelmalek estaba en el café. Me presentó a su hermano Hassan, que había venido de Larache a visitarle. Me disculpe con él por lo ocurrido el día anterior.
-Olvídalo. Yo también me puse nervioso –me dijo.
Me senté con ellos y le enseñé a Abdelmalek el libro.
-Tengo que aprender a leer y a escribir. Tu hermano Hamid me enseñó algunas letras en la comisaría y me dijo que tenía disposición para aprender.
-Claro, ¿y por qué no la ibas a tener?
Su hermano Hassan me preguntó si quería estudiar en Larache.
-¿Yo? ¿Es posible? Tengo veinte años y ni siquiera sé firmar –le dije, asombrado.
-No importa, allí conozco bien el director de una escuela. Te haré una carta de recomendación. Estoy seguro de que te aceptará. Tiene especial simpatía por los muchachos que vienen de fuera con la firme intención de estudiar. Si no tuviera que ir a Tetuán para solucionar un problema con el delegado, te acompañaría y te lo presentaría yo mismo. Es amigo mío.
Al instante, añadió:
-Ve a comprar un sobre y un papel para escribirte una carta de recomendación.
Salí del café. No podía creer lo que acababa de decirme. Compré lo que me había pedido y volví rápidamente. Cogió el papel, lo puso encima de un periódico árabe y empezó a redactar la carta. Tenía una letra preciosa. De vez en cuando, dejaba de escribir para fumar kif con nosotros. Cuando terminó la carta, la metió en el sobre y lo cerró. Yo la guardé cuidadosamente en el bolsillo de mi chaqueta.
-Entonces, ¿cuándo puedo ir a Larache? –le pregunté.
-Cuando quieras. Pero intenta que sea pronto.
Eran casi las doce de la mañana. Nos despedimos de Hassan antes de que partiera para Tetuán. Me dio la mano y me dijo:
-Nos veremos allí en tres o cuatro días. No dejes de ir.
Abdelmalek tenía que visitar el cementerio Buarrakía.
-¿Para qué vas allí?
-Algunos amigos del café me pidieron que leyese algunos versículos del Corán sobre la tumba de sus familiares.
-Te acompaño. Mi hermano está enterrado allí. ¿Podrías leer alguna sura en su memoria?
-¿Tu hermano?
-Sí, tengo un hermano allí.
Camino del cementerio, le pregunté:
-¿Qué le pasó a tu hermano Hassan?
-Hizo una de las suyas. Siempre anda igual. Lo echaron del colegio de Larache porque le pillaron bebiendo alcohol y fumando kif en una de las habitaciones de la mezquita. Vivir allí es gratis para los estudiantes que vienen de fuera.
Compré un ramo de flores en el Zoco Grande y otro de arrayán a la entrada del cementerio. (…)»

Mohamed CHUKRI

Mohamed CHUKRI

En el mismo libro, Larache aparece solo otra vez, tangencialmente, cuando relata la época en que se acercaba el momento de la independencia del país y se producen una serie de altercados y muertes. Chukri escribe:

«-La situación parece haber vuelto a la normalidad después de los altercados –le dije.
-Pero la situación política no es buena. Lo del 30 de marzo es sólo el comienzo. Habrá más violencia. Ha llegado el momento de que los marroquíes pidan su independencia.
-Kebdani me dijo que sólo hubo seis entierros pero que la gente sabía perfectamente que mataron a decenas de marroquíes.
-Es cierto. Poco a poco van apareciendo en la playa algunos cadáveres que tiraron al mar.
-Así que los tiraron al mar.
-La mayoría de la gente cree que las autoridades españolas metieron a marroquíes vivos y heridos dentro de sacos, los cosieron y los lanzaron al agua. Algunos cadáveres aparecieron sin señales de bala, ni heridas. En Larache encontraron el cadáver de un joven con las manos atadas.”

Los fragmentos anteriores los he tomado de la edición que la editorial Cabaret Voltaire ha publicado de El pan a secas en 2012. La traducción, que comparada con otras ediciones en castellano, es la más pulcra, fresca e íntegra de las que he leído, es obra de Rajae Boumediane El Metni.
Es la cuarta vez que leo esta novela. Nunca deja de estremecerme.
Sergio Barce, abril 2014

Rajae Boumediane

Rajae Boumediane

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