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UN POCO DE HAKITÍA O JAQUETÍA, CON JOSÉ BENOLIEL

En 1977 se reeditó el libro Dialecto judeo-hispano-marroquí o Hakitía, de José Benoliel, patrocinada por Rafael Benazeraf. José Benoliel nació en Tánger en 1888. Tras estar unos años en España, regresó a Tánger, donde estudia antes de continuar en la Alliance Israelite Universelle de París. Fue profesor de esta institución en la capital francesa, en Tánger y en Mogador. Falleció en 1937.

JOSÉ BENOLIEL

Libro curioso, con un amplio glosario, y en el que encontramos el origen y significado de muchas de las expresiones que se utilizaban en Larache y Tánger por los que dominaban el hakitía o jaquetía.

El capítulo VIII está dedicado a las baldiciones (maldiciones). Y dice Benoliel: “Las baldiciones (maldiciones) son el arma de quien no tiene ni puede llevar otra. (…) Se baldonó por venganza y desagravio, se baldonó por gracia y recreo, se baldonó a desafío, se baldonó por baldonar, o por no saber hablar sin salpimentar cada frase de baldiciones apropiadas…”

Algunas de las que recoge son (me fascinan las palabras adaptadas al jaquetía, su gracia, su musicalidad):

  • No te quede amo ni dueño! (Esta es realmente una bendición en tono de maldición)

  • Venga una estruisión que lo estruya todo!

  • Se vaya y no volva!

  • Le entre un Huerco en las tripas!

  • Le entre una puliyya (polilla) que le apoliyye.

  • Le coma el león discués (después) de harto!

  • Se le caiga el mazzal (la suerte)

  • Le morda un alacrán

  • Le griten al oído y no lo oya!

El capítulo X, por su parte, está dedicado a los juramentos.

Entre los juramentos, recoge Benoliel, entre otros, los siguientes referidos a los juramentos hechos con el fin de vencer la resistencia ajena y de obtener lo que se desea, por ejemplo, lo que le dirá una madre a su hijo para convencerlo de algo:

  • Así me eches en el foyo

  • Así me llores

Y entre los refranes, esta curiosidad:

  • ¿Quién alaba a la novia mocozza? Su madre la tiñozza.

También se dice: ¿Quién alaba a la novia coxa? Su madre la tullida (pr. tuyida); o ¿Quién alaba a la novia tuerta? Su madre la cegata, o la maboxa, etc… Hay aún otras variantes sobre este mismo tema, cuyo significado es que para alabar un defecto o vicio es preciso tener otro igual o mayor. (…) También se emplea para denotar que, por mala que sea, una mercancía es siempre alabada por quien de ella se quiere deshacer, vendiéndola por buen precio.

En fin, unas notas sobre la hakitía o la jaquetía, otra herencia de la convivencia de las tres culturas en Larache, Tánger, Tetuán… Una hermosa herencia que se desvanece en el tiempo.

Sergio Barce, mayo 2015

Diccionario de José Benoliel

 

 

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“UNA SUCÁ EN LARACHE”, POR EL ESCRITOR LARACHENSE DR. JOSÉ EDERY

Hacía tiempo que mi admirado Pepe Edery no me enviaba nada para el blog, pero durante las fechas del pasado Purim, me hizo llegar este pequeño texto-relato que está lleno de nostalgia y cariño por Larache. La verdad es que siempre aprendo algo con Pepe Edery, y una de las cosas que me transmite este relato, en el que cuenta uno de esos detalles que no se olvidan de la infancia, es cómo en Larache se arraigó esa convivencia entre las tres culturas. En este caso, una tradición judía. Por supuesto, me ha hecho recordar cosas de mi propia infancia o de historias que todos sabemos de nuestros familiares. En concreto, me he acordado de que mi abuelo también me contó que, aun siendo cristiano, cuando falleció su hijo Juanito con siete años, vinieron a consolarlo muchos amigos, hebreos y musulmanes, entre ellos el imán de la mezquita cercana. Sigo pensando que todo esto fue algo mágico y que tuvimos la suerte de protagonizar, igual que Pepe Edery tuvo la suerte de protagonizar esta pequeña historia de la sucá…

Sergio Barce, marzo 2015

  UNA SUCÁ EN LARACHE

Vivía con mis padres en Larache (Protectorado de España en Marruecos), en la calle Baleares (ex Pasaje Moreno) que era un callejón peatonal, bocacalle de la calle Chinguiti. En la primera planta del edificio de mi tía Meriam Benchluch Benhamu “Tití”, viuda de su tío el rico indiano, tras sus exploraciones por el Amazonas (Manaos, Iquitos), Simón Benhamú Pimienta. Desde la puerta en el callejón, tras un largo pasillo, se abría un pequeño patio que daba a las habitaciones de mi tía Simy Benhamu (hermana de Simón), de su esposo Isaac Benarroch y de sus hijas las conocidas modistas Hadra y Mery. Del patio arrancaba una escalera que subía hasta mi casa y continuaba hasta la azotea o gag shatuaj como la denominaba tía Meriam “Babá”, hermana de Simy (ver en Internet el artículo “Meshoda de Coco y Babá”, y/o la última edición de mi libro “Viajando por el Magreb”).

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La azotea o stah (jaquetía) se comunicaba con los terrados vecinos de los edificios colindantes, separados entre todos por un pequeño muro que servía de poyete a las vecinas para charlar cuando tendían la ropa o cuando subían simplemente para tomar el sol y adrear o hdar (hablar). Azotea que había que alquitranar anualmente las fisuras del suelo y luego encalar por encima del alquitrán, al igual que las de la mayoría de la ciudad para evitar filtraciones en invierno de la lluvia. Y encalar también antes de las pascuas los muros, poyetes y fisuras alquitranadas. Labor en la que los niños solíamos colaborar con la familia. En nuestra azotea había una habitación con cuatro paredes con una pequeña ventana orientada al Faro de Nador y al mar. Pero sin techo pues el que tenía que era de uralita ondulada había desaparecido hacía años tras un vendaval; quizás por mektub o el destino para poder construir una sucá según la tradición. Por lo que era ideal para construir una sucá, aunque tenía el inconveniente que la comida la tenían que subir desde la planta baja. Y como las habitaciones del edificio tenían los techos muy altos, hacía que dos plantas parecían casi cuatro de ahora.

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“LA COMUNIDAD JUDÍA DE TÁNGER”, POR RAJAE BOUMEDIANE

Rajae Boumediane el Metni ha logrado el reconocimiento unánime por sus traducciones al español de las novelas de Mohamed Chukri, que ha reeditado la editorial Cabaret Voltaire.

Obras como El pan desnudo (Al-jubz al-hafi) o Paul Bowles, el recluso de Tánger (Paul Bowles wa ´uzlatu tanya), gracias a su minucioso trabajo de traducción e interpretación, han ganado calidad e integridad en estas nuevas versiones en castellano. Solo me falta por leer de sus traducciones del  maestro Chukri Jean Genet en Tánger, que pronto me llegará… 

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Rajae ha tenido la amabilidad de enviarme un artículo que publicó hace unos años en la revista Raíces sobre la comunidad judía de Tánger, y que le ha animado a decidirse porque su tesis doctoral, que actualmente está preparando, se centre en este tema tan apasionante. Sería fantástico que los hebreos de Tánger se hagan eco de este post y se animen a ponerse en contacto con Rajae Boumediane que, lo sé por ella, está tratando de dar con los hebreos originarios de la ciudad tangerina para completar su trabajo como ella pretende.

RAJAE BOUMEDIANE EL METNI

RAJAE BOUMEDIANE EL METNI

Nacida en Tánger, Rajae Boumediane el Metni es filóloga hispánica por la Universidad Sidi Mohamed Ben Abdelá de Tetuán,y como antes decía, se está doctorando en Lingüística por la Universidad Complutense de Madrid.

Sergio Barce, mayo 2014

LA COMUNIDAD JUDÍA DE TÁNGER, ENTRE EL RECUERDO Y EL OLVIDO

La memoria colectiva, el recuerdo de un pasado, que nunca volverá a resucitar y la añoranza por lo que existía y que ya no existe mantienen viva a la comunidad judía de Tánger. Lo poco que queda de esta comunidad se nutre de los recuerdos, recuerdos que siempre están en proceso de flash back arrancando con un “¡ya hasra!” (1). La comunidad judía de Tánger persiste aún, menos numerosa, pero se mantiene viva. De las 17.000 almas que llegaron a convivir en Tánger, quedan tan sólo 189 judíos (2) y la mayoría son personas mayores. Este hecho incita a preguntarse ¿cómo ha podido disminuir tanto el número de los judíos de Tánger en tan poco tiempo? ¿Cuáles son las razones y circunstancias que les empujaron a iniciar una emigración masiva hacia otros países” (3). Son muchas las preguntas que se hace uno acerca de la emigración masiva de los judíos tangerinos y para contestarlas, habría que efectuar un retroceso en la historia, cosa que se podría hacer en otro momento.
Lo único que se puede asegurar es que los sefardíes, temerosos de ser perseguidos, cambiaron su Tánger por Francia, Canadá, Estados Unidos, España, países de América del Sur e Israel.

Sinagoga Chaar Rafael, en Tánger

Sinagoga Chaar Rafael, en Tánger

Consecuencia de ello, es que no sólo se truncaba una comunidad sino que se separaban los miembros de una misma familia.
La comunidad judía de Tánger tenía su propia identidad. Si la religión constituía el punto relevante y distintivo del resto de la población marroquí y las diversas colonias extranjeras, la lengua y la cultura la diferenciaban de «los otros», «los forasteros» (4), los judíos del interior de Marruecos.
Como los judíos de Tetuán, Larache, Asilah, Chaouen o Alcázar, el judío tangerino conservó, cariñosa y cuidadosamente, el idioma familiar y comunitario: el judeo-español. Este idioma, conviviendo con otros idiomas y consiguiendo mayor entendimiento con moros y cristianos, evolucionó para dar como resultado una mezcla que recibe como nombre «hakitía».
José Benoliel califica esta mezcla como «un dialecto peculiar a los judíos, de origen ibérico establecidos en Marruecos desde la expulsión de España (), es un compuesto de castellano antiguo, más o menos, bien conservado, de árabe, de hebreo, etc… al que se da vulgarmente el nombre de hakitía» (5).
Sin embargo, la “infidelidad” de los hablantes que lo crearon v usaron junto con la rehispanización masiva a la cual fue sometido el dialecto a finales del siglo XIX y finalmente la seducción del francés que terminó con la creación de las escuelas de la Alianza Israelita Universal (6), acentuaron y aceleraron el proceso de extinción.

ALUMNOS DE LA ALIANZA ISRAELITA UNIVERSAL DE TÁNGER (foto del archivo de ACAM.LUKUS)

ALUMNOS DE LA ALIANZA ISRAELITA UNIVERSAL DE TÁNGER (foto del archivo de ACAM.LUKUS)

De resultas, la hakitía sufrió una decadencia y muchos firmaron su certificado de defunción afirmando que queda sólo un mero recuerdo.
Sin embargo, en una ciudad sin mellah, los judíos -dedicados principalmente al comercio y en contacto continuo tanto con la población marroquí como con su habla- se habían integrado en la sociedad marroquí y esa misma hakitía siguió su proceso de evolución dando paso a otro tipo de hakitía que tiene como raíz palabras del dialecto marroquí y terminación del español moderno.
A esta misma hakitía se refería nuestro informante cuando nos afirmó: «lo [la hakitía] hablamos en broma, pero resulta que la hakitía que hablamos nosotros es el árabe espanolisado. Por ejemplo decimos: «bastante bsslha venga ya feddi liya de una vez» o «se fue fulano a Italia y soy muy wahchiado» «andi wach dial hada eso wahchiado». o sea hablamos mal el español y mal el árabe» (7).
Mientras este informante reconocía la existencia de otro tipo de hakitía, la mayoría de los demás niega saber palabras haquetíescas alegando «en casa de mis padres hablábamos español, nosotros vivíamos en el boulevard, nosotros no vivíamos en el soko», «cuando era niña, cuando decía alguna palabra de haketía, mis padres me prohibían hablar haketía», «cuando decía alguna palabra de haketía, mi madre me decía “esto no se dice” y a veces me castigaba. ¿Sabes por qué? Porque estaba mal visto hablar haketía. Era un dialecto vulgar y de gente ignorante.»
Testimonios como éstos ponen en tela de juicio la opinión que se tenía de la haketía: estaba prohibido hablarla en algunas casas, estaba limitada a la gente que vivía por el zoco y era un dialecto vulgar, peculiar tan sólo a la gente ignorante.

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

En definitiva, los prejuicios que se tenían desgraciadamente de la haquitía favorecieron su decadencia, su agonía y su extinción. De hecho, su desaparición se debió, principalmente, a razones de carácter socioeconómico y cultural.
A decir verdad cuando me llegaron al oído tales testimonios, me di cuenta de cómo un idioma puede desaparecer por prejuicios y dentro de mí llegué a decir: ¡Ya hasra! Pero a pesar de eso no me resigné. Quería averiguar si los mismos que manifestaban no saber absolutamente nada de hakitía me podían decir algunas palabras.
Fue difícil romper esa barrera de «no sé nada de Haketía». Y cuando se convencieron de que para mí la hakitía no es en absoluto vulgar, cuando cogieron algo de confianza, cuando percibieron mi gran curiosidad hacia ese dialecto totalmente ignorado por mí, cuando se sintieron seguros y relajados y finalmente cuando me presentó un conocido de mi padre como estudiante que investiga la comunidad judía de Tánger, sólo en ese momento, dieron riendas sueltas a sus recuerdos y empezaron a decirme palabras y frases como «está wahleado» (está en apuro), «está chonjreando» (está roncando), «fraja» (alegría), «farezmal» (fuera del mal).
Había incluso un informante que, siendo originario de Casablanca, manifestaba con cierto orgullo: «yo soy de Casablanca y sé algunas palabras de haketía porque lo he aprendido aquí en el casino. Ellos cuando están juntos hablan, a veces, haketía. Pero cuando hay alguien extraño no quieren hablar, pero saben muchas palabras de haketía. Yo sé por ejemplo la palabra «alhotar», «se arsó el mazzal», «me vaya kapara por tí» y muchas otras. (8)
Otro informante me cantó la siguiente «canción»:
«Por esos bulevares/ de 7 a 8/ pasean las alhasbas/ buscando novio/ me vaya kapara/ me vaya hálala.» (Las alhasbas son las chicas).
Es de subrayar que la mayoría de las palabras que hemos recogido tienen la raíz del árabe dialectal y la terminación del castellano.
Gran número de mis informantes fueron localizados en el casino mientras festejaban la fiesta de Hanukah, otros fueron entrevistados en la comunidad. Estos últimos me hablaron de las muchas sinagogas que existían en Tánger y de los dos cementerios judíos: el viejo y el nuevo. Luis Tangir, secretario de la Comunidad, refiriéndose a la sinagoga de Nahón me explicó: «Esta sinagoga estaba destruida y tiene más de ciento y pico años. Yo la descubrí y me encargué personalmente de restaurarla. En esta sinagoga estaba la crema y la nata de la judería de Tánger».
La mencionada sinagoga se va a convertir en museo en memoria de todos los antiguos judíos tangerinos; tiene el altar en frente a diferencia de las otras sinagogas. Ya no se celebran oficios en esta sinagoga.
Como todos los informantes me hablaban de la semejanza que tiene la sinagoga de Nahón con la Alhambra de Granada, quería visitarla para tener la oportunidad de palpar personalmente dicha semejanza. Pedí permiso al secretario de la Comunidad y me brindó, gustosamente, su ayuda. Gracias a su enorme generosidad y acompañada por un empleado de la Comunidad, llegué a visitar todas las sinagogas encontradas en Tánger y pude notar el gran parecido que tiene la sinagoga de Nahón con la Alhambra de Granada. La gran semejanza reside, principalmente, en las placas de escayola usadas -éstas fueron traídas precisamente de Granada hace más de 100 años-, en los arcos y en los cristales colorados.

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

Aparte de ésta, quedan sólo cuatro sinagogas (9): la sinagoga de Benattar, la sinagoga de Bendrihen, la sinagoga Assayag y la sinagoga de Suiri. Las dos primeras tienen oficio diario mientras que las últimas se limitan a tenerlo sábados y festivos.
Una vez visitadas las sinagogas, deseaba entrar aunque fuera por pocos minutos, en el cementerio. Logré visitar, únicamente, el cementerio viejo donde descansan en un profundo y continuo sueño los antiguos judíos tangerinos, los que nacieron, vivieron y murieron en su querida Tánger, los que formaron la comunidad judía. Empecé a buscar nombres que me son familiares entre las numerosas lápidas y pude leer, entre otros, el nombre de Isaac Laredo (1946), autor de Memorias de un viejo tangerino. Hasta los años sesenta se seguía enterrando en el viejo cementerio pero hace unos treinta años se dejó de hacerlo; hará unos diez años enterraron al hijo del Presidente de la Comunidad.
Los minutos contados que pasé en el cementerio me inspiraron una emoción y una paz tan grandes que mientras miraba las interminables lápidas me llegué a decir «¡ya hasra!, ojalá pudiera volver el tiempo hacia atrás para tener la oportunidad de conocer a tantos ilustres judíos tangerinos». Pero me consolaba diciéndome que por lo menos queda algo del antiguo, fascinante y mítico Tánger pero ¿qué queda de aquel añorado Tánger?
Quedan los cementerios, en cuyas lápidas se hallan grabados para siempre los nombres de los que un día formaron parte de la comunidad judía. Quedan las sinagogas, que aunque sean pocas, mantienen viva esa religión que presenta el único punto distintivo del resto de la población. Quedan residuos de ese idioma que llegó a ser medio de comunicación de «los nuestros». Quedan los testimonios de las personas que convivieron, y siguen conviviendo, con la comunidad marroquí. Quedan las varias instituciones creadas como el asilo y hospital Benchimol, la sede de la comunidad y el casino que cada tarde reúne, con gran orgullo, a los «suyos» y se convierte en el único testigo que presencia los restos de la hakitía. Quedan las personas que mantienen viva a la comunidad judía de Tánger. Quedan aquellos que no cambiarán -por nada en el mundo- su ciudad porque «en Tánger te hablan las calles, te hablan las piedras, todo te habla» (10). Quedan miembros de familias de mucho prestigio como Azancot, Bengio y Assayag. Quedan finalmente los recuerdos que permanecen vivos en la mente de cada judío tangerino, recuerdos que sólo la muerte es capaz de borrar, recuerdos que se nutren cada día con una referencia, por muy infame que sea, al pasado porque como dice Milán Kundera: «La lucha del ser en la vida es la lucha del recuerdo contra el olvido».
Tánger seguirá siendo ese «paraíso perdido» que siempre está dispuesto a acoger a «los suyos», a esos «hijos adoptivos» que un día abandonaron su Tánger de cuerpo pero no de alma, esos hijos que siempre vuelven iniciando el flash back con un ¡ya hasra!, esos hijos que han sido, son y serán fieles a la ciudad que un día vio nacer y crecer a un antepasado.
Y ahora con la sinagoga de Nahón, que se está convirtiendo en museo en memoria de todos los judíos de Tánger, la ciudad aguarda, con gran orgullo e inmensa impaciencia, ese día que le brindará —una vez más- la oportunidad de abrazar a todos sus seres queridos.
No quisiera terminar con un ¡ya hasra! porque mientras siga viva una minoría judía en Tánger, se podrá recoger ese eco que recobra fuerza y resonancia, resonancia y vida.

Rajae Boumediane el Metni

*****

NOTAS DEL TEXTO:

1 – Expresión árabe que significa: ¡qué pena!
2 – Estadística facilitada por Luis Tangir, secretario de la Comunidad de Tánger. Hay 12 personas entre 2 y 15 años, 12 entre 15 y 25, 6 entre 25 y 50, 12 entre 90 y 100 y los demás tienen más de 60 años. Es de señalar que la mayoría de los jóvenes estudian fuera de Tánger.
3 – En 1960, la comunidad judía contaba con 6.300 judíos.
4 – Así llamaban los judíos del Norte de Marruecos a los del interior.
5 – J. Benoliel, Dialecto judeo-hispano-marroquí o hakitía, Madrid, 1977, p. 27.
6 – La primera escuela de la Alianza Israelita Universal se abrió en Tetuán en 1862.
7 – Este informante reconoció la existencia de otro tipo de hakitía formada principalmente de palabras del dialecto marroquí. La traducción respectiva de los dos ejemplos es: «basta ya de bromas, termina de una vez», «se fue a fulano a Italia y le echo mucho de menos. Wahchiado es echar de menos.»
8 – Esta es la traducción que me dio el mismo informante: «Alhotar» (ahorrar- guardar), «se arsó el mazzal» (tuvo mucha suerte), «me vaya kapara por tí» (lo doy todo por ti)
9 – Antes llegaron a coexistir 17 sinagogas en una misma calle denominada por eso «calle de las sinagogas». Hasta hoy día, y aunque la calle tiene otro nombre, sigue el letrero con el mismo nombre escrito en árabe, en español y en francés. Actualmente en esa misma calle quedan sólo dos sinagogas: la de Nahón y la de Suiri.
10 – Son palabras de un judío tangerino que me causaron una gran emoción.

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ESTE 25 DE JUNIO – HAKETIA EN MADRID

Raquel Fhima me envía esta noticia que gustosamente cuelgo de este blog para quienes tengan la oportunidad de acercarse mañana al Palacio de Cañete, en Madrid, a saborear los sonidos de la haketía que tantos recuerdos nos traen.

Sergio Barce, junio 2013

LA JAQUETÍA, DIALECTO JUDEOESPAÑOL DEL NORTE DE MARRUECOS

La Jaquetía es la lengua en la que generaciones de judíos del Norte de África condensaron sus liturgias, su folklore, su sentimiento: desde plazas como Tánger, Tetuán, o Larache, ha servido de cauce de expresión a los muchos sefardíes que desde las comunidades judías norafricanas emigraron entre otros a Israel y a Iberoamérica.

HAKETIA EN MADRID 25 DE JUNIO

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A LOS HAKITOS DE MARRUECOS – LA HAKETÍA, POR ALICIA SISSO

Alicia Sisso Raz, cuya familia materna es de Tetuán, pero originaria de Larache y Alcazarquivir, me ha enviado un maravilloso texto sobre la haketía que, en algunos pasajes, rezuma emoción y nostalgia por esa forma de hablar tan propia de los hebreos de Marruecos, y que escuchábamos en las calles de Larache. Me gusta cuando la define como “nuestra lengua de cariño”. Realmente los que no somos hebreos, la recordamos como una forma de hablar divertida y cariñosa, es verdad.

He titulado esta entrada al blog “A los hakitos de Marruecos” porque creo que, en el fondo, este texto de Alicia es eso, un hermoso homenaje a los “hakitos” de Marruecos. Y Alicia me ha pedido que haga mención a la fuente de la que extrae este artículo, y que puede ser muy interesante para los que tengan interés en indagar algo más en la haketía, así que la facilito:  www.vocesdehaketia.com

Sergio Barce, junio 2013

Alicia Sisso Raz

Alicia Sisso Raz

“La haketía”

  por Alicia Sisso Raz

(reglas de pronunciación y de transcripción están en la fondina del articuló)

             ¿Za‛ama (como sí) no lo sabemos ya que la haketía (también hakitía, haquetía, haquitía, o Jaquetía) es el vernaculó ĵudeoespañol de los sefardíes prencipalmente del norte de Marruecos (variantes de la haketía se hadreaban (hablaban) tamién (también) en Orán, Fez, Mequinez, Debdu, Mogador, Wazán y en más lugares en Marruecos)? Ma, (pero) me da por (exp.) ‛awdear (repetir) el empesiĵo (inicio) de muestra lengua hablada (el Ladino fe muestra lengua literaria), paque (de: para que) todo el ‛olam (mundo) se fetnee (dé cuenta) de mozotros. Como se sabe, la fondina (base) de la haketía es prencipalmente el castellano medieval jalteado (mezclado) con palabras de más manaderos (fuentes) lingüisticòs. ¿Cómo llegó a ser esta jarabuĵina (mezcla) haketiesca endiamantada (maravillosa), que mos parecía español, sin saber que estamos trocando (cambiando) palabras entre las dos, y sin saber cual son cual…? Esto lo digoy yo, pamorde (por causa de) que denantes (antes), yo jammeaba (pensaba) que estoy hablando, ni más ni menos, un español espeĵeado (brillante) y puro como en España! A mi wueno (bueno; exp.), con que shinfor (aires de superioridad) y grandezzas (orgullo) sareaba (caminaba) yo las caleĵas de mi vezindario! ¿Y za‛ama yo namás? Ansí se haga el mazzal (suerte; exp.) cuantos de mozotros jammeaban igual como mí! Todos muestros amigos dizen que esso es lo que pasaba tamién en sus cazzas (casas) de ellos. Agüera (ahora) ya sepoy (sé) la verdad amarga fiel (hiel; exp.), es dizir que yo habloy un jalteo! Y pamorde esto, endelante (de ahora a delante) ḥaddeoy (cuido) muncho mi meollera (cabeza) cuando escriboy (escribo), y ḥaddeoy mi boca cuando la abroy…

≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈

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            La mayoría de los ĵudiós espulsados de su España querida en 1492, afincaron (establecieron) sus pozzadas (asentamientos, domicilios) alderredor (alrededor) del Mediterráneo y en los Balcanes. Los que se fuyeron al norte de Africá, se afincaron ĝeneralmente en Marruecos y en Argelia. Sigue leyendo

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