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«NARRATIVA ANACRÓNICA: PARA UNA LECTURA POSTCOLONIAL», DEL PROFESOR JOSÉ MANUEL GOÑI PÉREZ

En este exhaustivo y denso artículo del profesor de la Aberystwyth University, Department of European Languages, de Gales (UK), José Manuel Goñi Pérez, se condensan muchos de los títulos más representativos de la literatura relacionada con el protectorado español en Marruecos y, especialmente, con el Tánger mítico y soñado. Me decía José Manuel en el correo que me enviaba al permitirme colgar este artículo en mi blog que “…escribí ese pequeño trabajo como una especie de recuerdo a los estudiosos de la literatura de una nueva narrativa sobre el Protectorado que creía en aquel entonces que tenía mucho que ofrecer al lector contemporáneo.” Y, para mi sorpresa, José Manuel, que menciona algunos de mis libros en este estudio, añadía: “…He de decir que soy muy aficionado a tu narrativa que considero de lo mejor que se publica en estos días, y que he leído con gran entusiasmo, y aprovecho para darte las gracias por esas obras tan amenas y de agradable estilo.” No he podido resistirme a transcribirlo, no por vanidad, sino porque verme mencionado entre autores que admiro y entre títulos que me resultan ejemplares, no deja de ser emocionante. En fin, que especialmente para quienes desean bucear en ese mundo tan atractivo como idealizado y mitificado, este artículo del profesor Goñi abre las páginas a libros tan atractivos como sugerentes y a autores que, de una u otra forma, retratan aquel mundo que nos ha marcado a todos los que venimos de la otra orilla.

Sergio Barce, febrero 2015

TANGER

TANGER

Narrativa anacrónica: para una lectura postcolonial

de

José Manuel Goñi Pérez

Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro. Lo que él respira es lo que a ti te asfixia, lo que come es tu hambre. Muere con la mitad más pura de tu muerte. Rosario Castellanos, El otro

La literatura del protectorado y de la ciudad internacional de Tánger en español, denominación de la producción literaria desde 1912 hasta 1956/1959, tiene a su vez otra literatura, homóloga, coetánea y anacrónica que versa sobre temas del protectorado y que en las últimas dos décadas ha empezado a despertar el interés no sólo de lectores nacidos o relacionados con la zona colonial sino de ciertas editoriales independientes y algunos reducidos círculos literarios (editoriales tales como 451 Editores -del escritor y filólogo Javier Azpeitia- la Librería Hebraica, la editorial Pre-Textos, la editorial Aljaima entre otras).(1)

Esta reciente poiesis está facilitando una reconstrucción histórica de los enclaves coloniales del norte de África y su interés no sólo se centra en la ficcionalización de la misma Tánger, Larache o Tetuán, sino que, como ya destacara Bernabé López García (Prólogo, Nogué y Villanova: 1999), este interés también ha vivificado el estudio sobre las relaciones entre España y el país magrebí en distintos ámbitos, así como los posibles significados de la época colonial. Por otro lado, la representación novelada de tales enclaves e historias no es la visión paradisíaca de un territorio distanciado y ajeno a ideologías absolutas y dominantes que imperaban en las décadas de los cincuenta y sesenta por allende y por aquende. Sino que, como es el caso de Último verano en el paraíso (2004), la obra literaria está marcada por la reflexión histórica sobre el norte de Marruecos, de los marroquíes y de los españoles y de los apátridas y sobre la meditación y definición del tornadizo concepto del Otro. (2) A esta ficción moderna, anacrónica y de mirada penetrante, hay que añadir la existencia hoy en día de distintos documentos, algunos de ellos digitales, que se están convirtiendo poco a poco en una base de datos -tanto histórica como literaria- que alberga memorias, ideologías, biografías, autobiografías, pensamientos y visiones sobre la cotidianidad de la vida bajo el Protectorado y la internacionalidad de Tánger, soterradas o que se creían perdidas, con la anexión de las tierras coloniales al reino alauí. De entre estos documentos destaca la revista Tingis (dirigida y editada por Lydia Sanz de Soto), que aúna todavía más la relación entre la historia y la intrahistoria, entendida esta última como una búsqueda del pasado histórico a través de lo humano y lo aprendido por el ser común e individual -antítesis del héroe histórico. (3) Esto es, la búsqueda del mundo olvidado y, a su vez, el temperamento histórico de la ciudad colonial. De ahí que la intrahistoria o su reconstrucción esté limitada a quienes de alguna u otra manera vivieron en ella y la rescriben. (4) La importancia de esta visión intrahistórica de Tánger reside en la individualidad de cada visión y en la amplitud de las mismas. Tánger no existe, pues, sino en la desmembración de cada una de sus visiones, pues a cada persona le corresponde un Tánger. No obstante, hay que especificar que estos datos históricos no son parte de la recuperación de una memoria histórica regida y desiderativa, sino, muy al contrario, una visión cercana a la ‘base eterna’ azoriniana, esto es, a lo que queda tras filtrar el pasado por el tamiz del presente. De ahí que parte de la literatura actual sobre Tánger tenga un cierto aire de reminiscencia realista o de ‘novela ecfrástica’, como El último verano en Tánger, de Juan Vega Montoya. (5)

EL ULTIMO VERANO EN TANGER

No obstante, lo que diferencia a la ficción coetánea sobre Tánger, producto de la emigración, la República y posteriormente la diáspora, producto de esa «España silente y la Tercera España silenciada» -como la llamara Ramírez Ortiz (2005: 9)- con la visión literaria tanto de finales del XIX como del primer tercio del siglo XX, es que el escritor tangerino (6), será un escritor independiente, emancipado y algunos de sus escritores alejados de las dificultades y penurias por la que transcurría la misma España, como bien se demuestra al leer la obra de A.Vázquez (7), mientras que la visión de escritores decimonónicos e incluso de principios del siglo XX como Joaquín Gatell (8) y Foch, Giménez Caballero, Díaz Fernández o el mismo Pedro Antonio de Alarcón –corresponsales, voluntarios al cuerpo del ejército o financiados por instituciones españolas– era una visión parcial e impedida. Manuela Marín en su exhaustivo estudio sobre las imágenes opresivas de la literatura de viajes sobre Marruecos explica que desde mitad del siglo XIX hasta comienzos del Protectorado en 1912 «la vigencia de unos signos interpretativos inmediatamente aceptados y difundidos a través de fórmulas literarias e iconográficas debe relacionarse con el carácter particular de la literatura española de viajes sobre Marruecos en este periodo», y añade que este es un periodo «de observación, catalogación y clasificación de una sociedad vecina pero fundamentalmente ajena» (2002: 88). Es menester añadir que la presencia española en el norte de África no produjo solamente una visión literaria en español sino que también facilitó la impresión de obras en árabe, posibilitada por la imprenta hispanoárabe del Padre franciscano Lerchundi en Tánger, quien también pusiera su empeño en sacar a la luz la revista Mauritania (Tánger, 1928). Darias de las Heras da cuenta de las publicaciones periódicas del Marruecos español: 

<Igualmente existió en las llamadas plazas de soberanía la esforzada y en muchos casos subvencionada publicación de prensa periódica poseedora de una admirable historia que se prolongará durante más de una centuria. Se inicia en 1860 con “El Eco de Tetuán”, fundado por Pedro Antonio de Alarcón, pionero de los corresponsales de guerra españoles, y que, tras fusionarse con “El Norte de África”, pasaría a llamarse ”La Gaceta de África”; continúa con el melillense ”El Telegrama del Rif” (1902), “El Faro” –rebautizado después como “El Faro de Ceuta” (1934)–, “El Eco de Chef Chauen” –editado desde 1920 inicialmente en multicopista y en el que colabora Tomás Borrás–, “El Heraldo de Marruecos” –que aparece en Larache en 1925– y los tangerinos ”El Porvenir”, ”El Diario de África” y sobre todo “España”, cuya trayectoria va desde 1938 a 1967, cubriendo los años de esplendor de la ”Ciudad Internacional” y siendo dirigida desde sus comienzos hasta 1955 por Gregorio Corrochano, otro preclaro corresponsal de guerra.> (2002)

Hasta fechas recientes se ha acusado a las letras españolas de no tener una literatura colonial africana, esto es, autóctona, y de tener una literatura sobre las colonias escritas por escritores peninsulares (Antonio Carrasco: 2000). A diferencia de la literatura hispanoamericana, véase el caso de Rosario Castellanos y en concreto Balún Canán (1958), la inexistencia de un narrador que penetrara en las relaciones de los distintos grupos sociales, en la mezcla de lenguas, de religiones y de intereses, ha sido una de las características más significativas de la literatura tangerina –si exceptuamos –ya a finales de la década de los 50– la narración íntima e inclusiva de Antonio Vázquez. El protectorado no termina por novelar y describir enteramente las distintas esferas sociales, etnias y clases sociales, y su difícil interacción. Si aceptamos siguiendo a Antonio Carrasco que las visiones coloniales de la literatura del Protectorado «son parciales y siempre imbuidas por la distancia del europeo hacia el africano, incluso los que se muestran más comprensivos con los marroquíes» –sin olvidar también a la comunidad sefardí– y que en su representación ficcional:

<La ilusión supone la falsedad de gran parte de las situaciones que se plantean en los libros españoles, la falta de objetividad al mostrar a unos y otros. Hay exceso de heroísmo injustificado y exceso de crueldad inventada. Ilusión es sugestión, distorsión, imaginación o deformación más o menos grande de la realidad. Es sentido de alteridad y, en muchas ocasiones, de superioridad, eurocentrismo o lo que los colonialistas ingleses llamaron jingoismo.>  (Eco de Tetuán, 2006)

Si aceptamos, decía, en mayor o menor medida este análisis generalista, (9) hay que añadir que será un grupo de escritores, cuyo rasgo común es el de la diáspora y el distanciamiento temporal de lo que fue Tánger y la zona del Protectorado español, el que describa y desentrañe a principios del siglo XXI, y de forma paulatina, una visión y una historia del pasado colonial reflexionada y acicalada por más de cuatro décadas de silencio. (10) En muchos casos estos textos literarios, creados desde visiones, ideologías e intenciones distintas, conforman no una corriente literaria, sino una respuesta común y coetánea a los problemas y conceptos del Otro y la diáspora. (11)

Definir la literatura sobre la ciudad de Tánger escrita en la última década como la representación de la búsqueda sublime de lo exótico, lo orientalista o el redescubrimiento de unas vidas colonizadas resulta arduo y hasta embarazoso. Ya que si la visión novelística actual ahonda más en el distanciamiento político y utópico de la zona internacional y colonial, y da más importancia a la reflexión del Yo y del no–Yo con referencia a los sentimientos vitales (literatura nostálgica se la ha llegado a denominar), la visión de la primera mitad del siglo XX tanto en narraciones, libros de viajes, pintura, y artes plásticas –postales dibujadas e incluso fotografías– están más cercanas al estereotipo peninsular que se tenía del norte de África. (12) Un estereotipo de rasgos exóticos y casi metaliterarios que dotará a la ficcionalización de los territorios colonizados de una falsa superioridad basada en comparaciones sociales y que les hará obviar los elementos culturales. Incluso el viajero de finales del siglo XIX, alimentado por esta caterva de miradas, descubrirá un mundo hostil y de difícil aclimatación. (13) Los libros de viajes, ya mencionados, darán una visión predeterminada y esperada por parte de un lector específico que buscaba el descubrimiento de lo ajeno, de lo desconocido y opuesto, de una nueva barbarie frente a la civilización incansable, de nuevo hilo que recondujera los designios de grandeza e hiciera olvidar la pérdida de las últimas colonias y el fracaso reconocido de finales del XIX y la estrepitosa inhabilidad política de principios del siglo XX y devolviera lo perdido a un pasado irrecuperable. Nuestro orientalismo no fue tal –pues incluso el modernismo español o el latinoamericano pasó por el tamiz de la visión orientalista de la literatura francesa, basada en la sensación y en la belleza de los ensueños proyectados por Shehrezade. Si nuestro orientalismo no fue tal, nuestro colonialismo fue más bien un intento fútil, efímero y visionario de reencontrarnos con la América perdida. Esto por una parte. Por otra, habría que añadir que el entendimiento de la ficción de la ciudad de Tánger en la literatura española contemporánea pasa también por el conocimiento de la mitificación (14) del Tánger de Paul Bowles, de Jane Bowles, de Tennessee Williams, de Ginsberg, de Kerouac y de William Burroughs, Genet, Truman Capote de escritores como Alejo Carpentier y Rodrigo Rey Rosa, y de esta y aquella efímera representación, y de todos aquellos que han mitificado la mitificación de la ciudad de Tánger, una ciudad en palabras de Domingo del Pino ‘de limbos’, ‘mitos y sueños tal vez necesarios pero no siempre reales’. (15) Y a todos y a cada uno de estos Tángeres les corresponde la visión del Tánger de For bread Alone o de Día de silencio en Tánger. Y si es cierto que toda representación de una ciudad real –véase la reciente deconstrucción onírica neoyorkina de Ray Loriga– es ficcional, también lo es heurística, como la búsqueda fugaz que llevara a cabo la generación Beat tan apartada de esas otras posibles realidades históricas de Tánger, de esas mismas realidades ligadas por una apócrifa internacionalidad cuestionada de forma sin par por Antonio Parra en El Obispo de Tánger:

<Ser ciudadano del mundo. ¡Qué ingenuidad! El cosmopolitismo sólo es posible cuando se es el dueño de la situación. En la Tánger discretamente cosmopolita del pasado la “internacionalidad” de sus habitantes no era más que un juego alegre de quienes, en el fondo, se sentían respaldados por la seguridad de una patria, por el calor de una raíz, de un origen. Eran, más que cosmopolitas, espectadores radiantes de un cosmopolitismo que en realidad no existía en ninguna parte, en ningún corazón, salvo en el de unos pocos mentecatos. Se necesita mucha superficialidad para ser un verdadero cosmopolita. La tierra no es sólo el terruño, lo mezquino de la aldea, sino la intuición elemental y sentimental, pero firme, de nuestra severa raíz campesina; la irredenta memoria de un lugar, en alguna parte, en algún tiempo, en el que fuimos felices pastores o primorosos hortelanos. El paraíso del que fuimos expulsados.>   (1995: 14-15)

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«JEAN GENET EN TÁNGER» (Jean Genet fi tanya), de Mohamed Chukri

Jean Genet en Tánger (Jean Genet fi tanya) por Mohamed Chukri. Publicado por Cabaret Voltaire, 2013, con traducción del árabe de Rajae Boumediane El Metni.

Jean Genet en Tánger - portada

Me escribe Rajae Boumediane en la dedicatoria de esta pequeña joya: “Para Sergio, este diálogo entre Chukri y <Jean Genet en Tánger> , con afecto”. No se puede resumir mejor lo que es este libro: un intenso diálogo entre ambos escritores a lo largo del tiempo, entre encuentro y encuentro en los cafetines de Tánger…

25 de septiembre de 1969.
Comimos tajin con las manos. Genet no tenía demasiado apetito, como de costumbre. Después del almuerzo, H. le preguntó a Genet:
-Si prefiere la compañía de los pobres, si son los únicos marroquíes que le interesan, ¿por qué se aloja en el hotel Minzah?
Genet sonrió y dijo:
-¿No se lo imagina?
-No.
-Porque soy de la canalla. Me alojo en el Minzah o en el Hilton para ver a personas remilgadas sirviendo a un perro como yo.
Todos soltamos una carcajada. H. insistió:
-¿Por qué iba a ser usted un perro?
-Es lo que piensan de mí.

A diferencia de Paul Bowles, el recluso de Tánger (Paul Bowles wa ´azlatu tanya), en el que Chukri hace un retrato demoledor del escritor americano, ante Jean Genet, por el contrario, no oculta una permanente admiración por su persona y por su obra. Quizá el común origen marginal y criminal de los dos creadores haga que su cercanía sea más afectiva, casi de camarada.

Jean Genet y Mohamed Chukri (foto tomada de la web de la Editorial Hijos de Muley Rubio)

Jean Genet y Mohamed Chukri (foto tomada de la web de la Editorial Hijos de Muley Rubio)

Leí este libro, que se bebe en menos de una hora, durante el trayecto entre Madrid y Málaga, en el AVE de regreso tras el homenaje a Mohamed Chakor. Fue una lectura relajante, y muy intensa. Es fascinante descubrir cómo mi admirado Mohamed Chukri ve, desde su particular prisma, a un escritor como Genet, tan controvertido como el propio Chukri.
Pero, como digo, su admiración le sobrepasa, y su acritud y mirada crítica da paso a un diálogo más sosegado de lo que imaginaba.
No obstante, hay momentos de tirantez entre ambos, que siempre suavizan y relativizan, y vuelven a tomar café juntos. Lo cierto es que Chukri plantea esta obra no solo como el diálogo permanente que es, sino también como una especie de interviú a su admirado Genet y como el retrato de una época y de una ciudad: Tánger.

1 de octubre de 1969
Estábamos en la terraza del Café de París.
-Jean, parece triste hoy –le dije.
-Yo siempre estoy triste, y sé muy bien por qué.
Respeté su tristeza. Yo también tengo la mía.

Hablan de política, de religión, de literatura, de la vida…
Sugerente diálogo entre dos personajes salidos de las cloacas y que han alcanzado la gloria creativa.

Rajae Boumediane

Rajae Boumediane

Como sucede en las anteriores publicaciones de Chukri que ha editado Cabaret Voltaire, este libro también gana en calidad gracias a la cuidada traducción al castellano de Rajae Boumediane.
Es una gozada para quienes gustan de buscar entre líneas lo que mueve e inspira a quienes han sido capaces de romper las reglas establecidas.
                                                             Sergio Barce, septiembre 2014

14 de octubre de 1969
Nos volvimos a ver en el Minzah. Se sentía mejor. Me regaló una traducción francesa del Corán.
-No lo he entendido del todo –me dijo-. Hay que conocer la historia de los árabes para comprender la mayoría de los comentarios y notas. ¿Lo ha leído usted?
-Sí.
-Tiene que ser maravilloso en árabe.
-Es el milagro de la lengua árabe.
Se puso a hablar de la creación literaria. Admiraba a Mallarmé. Me citó unos versos del poema Brise marine. Me encantó uno de ellos y le rogué que me lo escribiera. Como yo no tenía papel, lo hizo en la segunda hoja de cortesía del Corán: «Ni de vide papier que sa blancheur défend». Dudó un instante y volvió a escribirlo: «Et le vide papier que sa blancheur défend». En esta ocasión añadió un signo de interrogación.*
Le pedí que me explicara el significado del apellido Mallarmé. Él me respondió, riéndose:
-Su apellido significa impotencia. Mal armé. Mal equipado sexualmente. ¡Ah, pero su cerebro lo compensa, ése sí que estaba muy bien armado!
Al cabo de un rato, le pregunté si la revista Esquire había publicado íntegramente su artículo sobre la democracia en Chicago.
-No, tan sólo la mitad. Aproveché para vender la otra mitad a otra revista. Soy consciente de que sólo compran mi firma. No les interesa en absoluto mi opinión sobre la democracia en Estados Unidos.

* Genet no se acordaba bien del verso a pesar de haberlo escrito dos veces. (N.d.A.)

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Fragmento de «TÁNGER, LA PERRA» (novela inédita) de SERGIO BARCE

Tánger 1

Los buenos aperitivos suelen abrir el apetito. Por eso, os ofrezco uno, aunque no sé si bueno o no: un pequeño fragmento de mi novela <Tánger. la perra> (también titulada <La metamorfosis de Goethe>). Es una novela negra ambientada en el Tánger Internacional. El fragmento que reproduzco narra un ecnuentro accidental en el Café de Paris entre los dos protagonistas principales de la historia, el comisario Amin Hourani y el escritor Augusto Cobos, y Esther Lipman, una mujer que vive la vida enfrentándose a ella con frivolidad y en el ambiente más corrompido de aquella ciudad mitificada.

En esta novela, se entrecruzan personajes ficticios con otros reales, como Paul y Jane Bowles, Emilio Haro, Cecil Beaton, las hermanas Gerofi, Barbara Hutton o Angel Vázquez. Ha resultado una experiencia tan fascinante, que hube de escribir otra titulada <La emperatriz de Tánger>, que bebe del mismo ambiente y de la misma ciudad. Estas dos novelas aguardan ser publicadas, y aunque la labor para que vean la luz está siendo complicada, confieso que he disfrutado muchísimo escribiéndolas.

Lo dicho, espero que este fragmento os abra el apetito por leer un día <Tánger, la perra>.

Sergio Barce, diciembre 2012

Cafe de Paris

Era demasiado temprano para ir al Palmarium y Amin Hourani se dirigió al centro. Le agradaba sentir la fría brisa del crepúsculo, subiendo por el Boulevard, y caminar por las calles atestadas de viandantes, una manera de sentirse aún vivo. Llevaba la mano izquierda metida en el bolsillo del pantalón y un cigarro apagado entre los dedos de la otra. Había deambulado por el Zoco Chico, bajado por la cuesta de los Siaghines y ahora de regreso al mirador. Finalmente se decidió por tomar algo en el Café de París.

Las aspas de sus ventiladores ronroneaban con placidez sin conseguir que el aire del local se inmutase. Se habían encendido las luces del interior y un brillo apagado ensortijaba las paredes. El murmullo de las conversaciones parecía el lejano rumor del mar acariciando la playa y eso siempre le reconfortaba. En cuanto había entrado, Esther Lipman se puso a agitar un brazo para llamar su atención, algo que, en un lugar como ése, no le resultaba muy cómodo. Sin embargo, descubrió que junto a Esther y otra pareja también se encontraba Augusto Cobos Koller. De manera que se decidió a acercarse a ellos.

Esther Lipman miró con descaro al comisario, de arriba abajo, con sus ojos impresionantes, como los de Theda Bara. Llevaba un vestido negro, de escote generoso, Sigue leyendo

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Otros libros, otros autores: DÉJALA QUE CAIGA (Let it come down) de PAUL BOWLES

El Tánger Internacional, un escenario que Paul Bowles conocía tan profundamente, se abre en abanico para quien se sumerja en esta extraordinaria novela, quizá, a mi modesto entender, la más redonda de las escritas por el autor norteamericano. Déjala que caiga <Let it come down, 1952>, no es sólo la radiografía de una sociedad en permanente cuestionamiento moral y de decadencia inexorable, es también, y sobre todo, el retrato de uno de los personajes más interesantes de la narrativa del pasado siglo. No creo desatinar si la pongo en paralelo a <El cielo protector> y <La casa de la araña>, de esta última ya hice un largo comentario en este blog, ambas obras del propio Bowles, y con <El extranjero> de Camus, al que también dediqué otro artículo. Es decir, una novela sobre la vacuidad de la vida, sobre la desesperanza, sobre la frustrante existencia humana.

(…)

Ella se rió un momento, sopló la llama y le cogió de la mano, que todavía sostenía la cerilla.
-Déjame ver tu mano –dijo dándole una chupada al cigarrillo. Dyar sonrió y le mostró la palma rígida para que la examinara.
-Relájala –añadió ella acercándose para mirarla.
-¡Trabajo! –exclamó en tono de burla-. No veo ni rastro en esta mano, mi querido Mr. Dyar.
-Bueno, pues entonces la mano miente –dijo él enfurecido-. Trabajar es lo único que he hecho en mi vida.
-Ah, tal vez de pie en un banco, pero eso es tan leve que no se manifiesta. –Miraba con cuidado, presionando la carne de la mano con los dedos-. No. No veo señales de trabajar. Para ser sincera de veras, no veo señales de nada. Nunca me había encontrado con una mano tan vacía. Es aterrador. –Levantó la cabeza para mirarle.
Dyar volvió a reírse.
-Se ha quedado de una pieza, ¿eh?
-En absoluto. He vivido en América lo suficiente para haber visto una buena cantidad de manos americanas. Lo único que puedo decir es que ésta es la peor.
Dyar fingió una gran indignación, y apartó la mano con brusquedad.
-¿Qué quiere decir con eso de que es la peor? –exclamó.
Daisy le miraba con una infinita preocupación en los ojos.
-Quiero decir –explicó-. Que tu vida está vacía. No sigue una pauta. Y no hay nada en ti que te dé un objetivo. La mayoría de la gente no puede evitar el seguir algún tipo de proyecto. Lo hacen automáticamente, porque forma parte de su naturaleza. Eso es lo que les salva, lo que les para. No pueden evitarlo. Pero tú estás a salvo de que te salven.

Paul Bowles

Novela densa sobre el no ser, sobre la propia existencia y el vacío de la vida. Obra extraordinaria, cuya primera parte con Eunice Goode y la pintoresca gama de personajes que va conociendo el protagonista, Dyar, resulta subyugante. Los ambientes de aquel Tánger mítico, el aire viciado de la ciudad, llena de contrabandistas y desheredados, nos emboza, y quienes la habitan recrean un cuadro en el que se mezclan los extranjeros en busca de un paraíso imposible y los propios marroquíes, en los que, como es habitual en Paul Bowles, convive esa contradicción ambivalente de querer ser un pueblo arraigado a sus costumbres pero sin renunciar a una modernidad forzada y ajena, y el choque de sus ansias por integrarse en el mundo occidental con sus deseos por convertir su nacionalismo en el escudo contra las malas influencias externas… Todo esto Bowles lo domina a la perfección.

Tánger, el Hotel Minzah

Cruzó la Plaza de France bajo las ramas colgantes de los robles plantados frente al Consulado Francés. Ni el Café de París ni la Brasserie de France estaban abiertos. La ciudad se hallaba desierta; el Boulevard Pasteur reducido a dos filas de tenues luces que convergían en la noche. Era típico de los europeos, pensó, el desanimarse y suspender todos los planes en cuanto existía una posibilidad de mojarse. Eran más prudentes que apasionados; sus miedos más fuertes que sus deseos. La mayor parte de ellos no tenían ningún deseo auténtico, aparte de ganar dinero, lo que al fin y al cabo no es más que una costumbre. Pero tan pronto como lo conseguían, no parecían usarlo nunca en un objeto o propósito concretos. Aquello era lo que le costaba comprender. Él sabía perfectamente  lo que quería, siempre, igual que sus compatriotas. La mayoría de ellos sólo quería tres cabras para sacrificar en Aid al Kabir y ropa nueva para la familia en Mulud y Aid es Saguir. No era gran cosa, pero era algo preciso y concentraban todos sus esfuerzos para conseguirlo. Con todo, no podía pensar en la masa de los marroquíes sin desprecio. Le sacaban de quicio su ignorancia y atraso; si maldecía a los europeos en un comentario, en el siguiente no dejaba de criticar a los marroquíes. Aparte de él ninguno se salvaba y ello se debía a que se odiaba a sí mismo más que a nadie. Afortunadamente no era consciente de esto. Su sueño se cifraba en tener una pequeña lancha de motor; era imprescindible para quien esperara triunfar en el contrabando. 

 

TANGER

Paul Bowles nos atrapa con su mundo amoral, con sus queridos ambientes cargados de kifi y con sus viajes inhóspitos a lugares cerrados y secretos (ese cafetín donde un hombre se corta para purificar el alma danzando hasta el paroxismo, el magnético Café Lucifer, los otros cafetines en los que fuman kifi sin cesar…). <Déjala que caiga> es de esas novelas que no puedes dejar de leer hasta que la acabas.

(…)
-No –dijo Hassan tranquilamente-. Es mi hermano Thami. ¿Deseaba conocerle? –La sugerencia no estaba motivada tanto por un sentimiento de amabilidad hacia Eunice Goode, como por el desprecio que sentía hacia Tami, cuya inesperada aparición consideraban tanto Hassan como Abdelmalek una insolencia. Le habían sugerido que se marchara pero, como estaba un poco bebido, se echó a reír. Si alguno de los presentes podía acelerar su partida, pensó Hassan, era sin duda aquella extraña mujer americana.
-¿Quiere venir? –insistió tendiéndole el brazo. Eunice tomó una rápida decisión y respondió que lo haría con mucho gusto.
No le sorprendió descubrir que Thami era ni más ni menos el tipo de marroquí que más le desagradaba y solía criticar: el árabe europeizado en lo exterior, pero que en su fuero interno sabe que no logrará nunca la deseada metamorfosis y, por ello, se muestra desafiante, a la ofensiva para ocultar su derrota; irresponsable e insolente. Por su parte, Thami se comportaba de una manera especialmente desagradable. Estaba de pésimo humor al haber fracasado en su intento de obtener el dinero de sus hermanos para la lancha, y de convencerlos para avenirse a la venta de la casa de Marsha. Además, aquella mujer repelente respondía a su idea de la típica turista que sólo admiraba a los de su raza en la medida en que resultaban pintorescos.
-A usted le encantaría que fuésemos un país de encantadores de serpientes y comedores de escorpiones –dijo, enfurecido…

La historia se precipita hacia un final inevitable, pero es la maestría de su narrativa la que nos conduce hasta él, y realmente no deja lugar a la indiferencia. Es un libro para disfrutar, una gran novela sin duda, y unos personajes, Dyar, Eunice, Thami, que se nos encallan en la memoria.


(…) Dentro, junto al fuego, el tiempo se disolvía lentamente; se desmoronaba. Pero, incluso al final de la noche, quedaría un rescoldo de tiempo, de un sabor sutil y amargo, suave al tacto, reluciendo desde su hornacina de cenizas, antes de palidecer y morir, antes de que el corazón de la noche antigua dejara de palpitar.

Un Paul Bowles exquisito, sutil, magnífico.
Sergio Barce, enero de 2012

Los fragmentos de la novela están tomados de la quinta edición de Febrero de 2002, publicada por Alfaguara, y con traducción del inglés de Guillermo Lorenzo.

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«AMOR POR UN PUÑADO DE PELOS» (Love with a few hairs) (1967) de PAUL BOWLES & MOHAMED MRABET

<Se sentaron en el colchón y Mohammed le dio los pelos. Ella sacó una bolsa de tela y empezó a sacar cosas de ella: paquetes de yerbas y sobres llenos de uñas y dientes y trozos de piel seca. Echó las cosas en una hoja de papel, junto con los pelos de Mina. Luego, echó por encima unos polvos que parecían tierra. Lo envolvió todo en el papel y lo metió en una lata. De su boca salía sin parar una larga retahíla de palabras. Luego echó benjuí en las ascuas del brasero y puso la lata en el centro del fuego, revolviendo mucho rato hasta que quedó todo convertido en polvo negro. Cuando se enfrió, lo vertió en un papel y dobló éste formando un paquete.

Entregó el paquete a Mohammed.

Toma esto. Echa estos polvos a la puerta de su casa. Y cuando los hayas echado, no mires. Márchate.

¿Pero cuándo? dijo Mohammed. ¿De noche o de día?

Puedes hacerlo cuando quieras.

Mohammed se guardó el paquetito en el bolsillo y le entregó cinco mil francos.

Aquí tienes cinco mil, dijo. En cuanto dé resultado, te traeré los otros cinco mil.

Está bien, dijo ella.

Y si no resulta, volveré a por mis cinco mil.

La vieja se echó a reír>.

AMOR POR UN PUÑADO DE PELOSEn esta novela, descubrimos uno de los temas más recurrentes de la cultura y de la leyenda marroquí: la brujería como medio para conseguir o para deshacer el amor; en este caso, obtener el de una mujer, pero también cómo la madre utiliza sus artimañas para desbaratar el embrujo… Narrado con cierta distancia, la lectura es rápida, concisa, no usa subterfugios ni un lenguaje elaborado; al contrario, la sencillez es la esencia misma de esta obra, ahora difícil de encontrar en las librerías.

Paul Bowles y Mohamed Mrabet

<No se veía a ningún preso más en la terraza. Adonde iba Mohammed, el guardia le seguía.

Debes tener un buen trabajo, dijo el guardián.

Sí, contestó Mohammed.

He visto a esa chica, sabes, dijo el guardián. ¡Es muy guapa! ¿Por qué no quieres casarte con ella? No te entiendo. Además, es la única forma de salir de esto. Estarás aquí dos meses, hasta el juicio. Luego, pueden echarte dos años. El matrimonio no dura tanto, hombre.

Mohammed escuchaba las palabras del guardián y se sentía muy deprimido. Él había pensado que aquello duraría, como mucho, un mes.

Lo que te digo, es verdad, le dijo el guardián. Abajo tengo tus papeles. En ellos dice que dos meses hasta el juicio. Y después te mandarán a Casablanca o a Larache. No te dejarán aquí. Sólo te puedes salvar casándote. Te casas, sales de aquí, estás con ella uno o dos meses, y la pegas todas las noches. Acaban escapándose todas. En fin, lo siento por ti, que eres joven y fuerte, y vas a destrozarte picando piedra en un presidio. Te pasarás luego el resto de tu vida entrando y saliendo del hospital. Eso es lo que les pasa a los que están en estos sitios>.

Tánger

 Una novela sobre los avatares de personas marginales, en la que Mohammed, el protagonista, no tiene el menor reparo en convertirse en el amante de Mr.David, el dueño del hotel, y de mantener relaciones sexuales con él con tal de obtener dinero y conseguir contactos, y, jugando con su propia inmoralidad, puede a la vez mantener una relación con su mujer y con otras chicas, siempre como medios para alcanzar sus metas, aunque estas sean mezquinas o ruines.

<¿Qué es lo que pasa? ¿Qué ha sucedido?

¡Déjame en paz! gritó ella. Vete a dar un paseo. O vete a sentarte con tus amigos. Pero déjame en paz.

¿Pero por qué estás tan nerviosa? No tiene por qué gritar.

No me hables.

Está bien. Se fue a la otra habitación y se sentó en el sofá.

Cuando terminó de preparar la cena, Mina llevó comida para él, pero no para ella.

Ven aquí y come, dijo él.

No. No quiero comer. No tengo hambre.

Él se levantó de la mesa, se puso la chaqueta y se fue. Se sentó en el Café Fuentes y pidió un café solo. Miraba fijo al suelo y se preguntaba qué habría pasado. Era posible que la madre de Mina hubiera ido a consultar a un alfaquí y que hubiera descubierto el hechizo. De ser así, seguro que estarían ya actuando para anular sus efectos. O tal vez la madre hubiera estado hablándole mal de él un día tras otro.

Pagó el café y volvió a casa. Mina estaba en la cama dormida. Se puso el pijama y se acostó a su lado. Cuando intentó jugar con ella y besarla, tuvo la sensación de que era otra persona. Al final le besó, pero no como le había besado siempre hasta entonces. Faltaba algo. Por primera vez, durmieron juntos y no hicieron el amor, y para Mohammed la noche fue como un veneno>.

Paul Bowles & Mohammed Mrabet

Como ya he dicho, la narrativa es tan simple, tan directa, tan sucinta que resulta llamativa. Aunque para mí Amor por un puñado de pelos está muy lejos de otras novelas y cuentos de Bowles, su historia, la truculenta existencia y los avatares de Mohammed no dejan indiferentes, es como un retrato descarnado de un ser amoral, al que su instinto de supervivencia le dicta la manera de enfrentarse a la vida. Es capaz de engañar y de manipular, de utilizar las armas de la brujería y de la impostura, incluso amorosa y afectiva, con tal de salirse con la suya. Por supuesto, eso tiene un precio, y Mohammed pagará por ello.

Cuadro de Mohammed Mrabet

Como dice Juan Goytisolo: La intriga de Amor por un puñado de pelos se mueve a medio camino del relato moderno y el cuento oriental: la psicología de los personajes existe como en el primero, pero supeditada al influjo de factores mágicos, en una mezcla sorprendente de William Beckford y Madame de Lafayette. La sencillez lineal del relato, la finísima caracterización de las relaciones de Mohammed con Mr. David, la peculiar seducción del mundo tangerino en que se desenvuelve la trama, híbrido de elementos y rasgos marroquís y occidentales, confieren a la novela de Mrabet y Bowles una dimensión tan poética como amena

En cualquier caso, también la relación que mantuvieron en la vida real Paul Bowles y Mohammed Mrabet ha dado para ríos de tinta. Pero esa es ya otra historia.

Mrabet no tenía más estudios que los coránicos, y sus libros fueron en realidad reelaborados, por así decirlo, por Paul Bowles, que grababa sus narraciones en marroquí dialectal y luego los transcribía. Mohammed Mrabet, nacido en Tánger en 1936, era de origen rifeño. Y aunque es más conocido como escritor, en realidad su verdadera pasión es la pintura.

Mohamed Mrabet

De Paul Bowles, del que ya he hablado y escrito en este blog, es una de las voces narrativas fundamentales para conocer el mundo marroquí, con novelas como El cielo protector o La casa de la araña.

<Mohammed vivía con Melika, pero no era feliz. Seguía diciéndose que no quería enamorarse de ella. Iba por la calle hablando solo y diciendo: No quiero más problemas. No volveré a enamorarme de ninguna. Jamás. Es una chica que se gana la vida en la calle. Vio que yo estaba con un inglés que me lo da todo, ve que le doy dinero. Sabe cómo yo mimaba a Mina cuando estaba conmigo. Y quiere que me enamore de ella para ser otra Mina. Y en cuanto me descuide, me habrá atrapado. ¡Tengo que romper con ella! ¡Tengo que acabar con esto!>

Amor por un puñado de pelos es, sin ninguna duda, un relato curiosos para quien se sumerja en sus páginas, para quien busque descubrir el fascinante mundo de intrigas que, en ciertos ambientes, ha existido y existe en ciertos segmentos de la sociedad marroquí que cree en la magia y en los hechizos como arma indispensable para conseguir el amor, o para destruirlo.

 Sergio Barce, noviembre 2011

Los extractos de la novela están tomados de la edición de Anagrama de 1982, con traducción de J.M. Alvarez Flórez y Ángela Pérez.

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