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LA ÚNICA HISTORIA (The only story, 2018), UNA NOVELA DE JULIAN BARNES

Julian Barnes es uno de los escritores que alimenta habitualmente mi poso narrativo. Aguardo siempre la nueva publicación de Barnes, y la de Richard Ford, Paul Auster, Cormac McCarthy y J.M.Coetzee, igual que espero la nueva película de Woody Allen, y la de Paolo Sorrentino, Thomas Vinterberg, Wes Anderson o Quentin Tarantino. Entre medias, acudo a las páginas ya leídas para revisitarlas, las escritas por Cortázar, Chukri, Bowles, Melville o Capote, y vuelvo a ver las imágenes que rodaran Hitchcock, Coppola, John Ford, Peckinpah o Leone. Siempre me parecen nuevas. Y también, por los resquicios, se cuelan otros narradores y otros cineastas. Y ahí ando amasando toda ese buen hacer para ver si así aprendo algo de ellos y logro moldear un texto sugerente e hipnótico cuando me pongo a escribir.

La única historia portada

Acabo La única historia (The only story) de Julian Barnes, después de releer De mujeres y hombres (Women with men, 1997) e Incendios (Wildlife, 1990), ambas de Richard Ford. Me sorprende comprobar que hay muchísimas conexiones entre los tres libros. Incendios no deja de conmoverme.

La única historia posee un pulso narrativo asombroso. Digo que asombroso porque mantener en alto la historia sentimental de una pareja (en este caso, un adolescente con una mujer madura) sin que suceda un crimen o sin una trama truculenta o de suspense, sin que exista una tragedia en el sentido más estridente del término, requiere de una maestría de la que no todos los escritores están dotados. Julian Barnes lo está, claro, y lo viene demostrando desde hace años.

En esta novela asistimos primero al nacimiento, casi accidental, de esta curiosa relación entre los dos protagonistas que asumen la diferencia de edad que los separa y que, por supuesto, los enfrenta al orden establecido. Genial el planteamiento de los partidos de tenis. Luego, página a página, vamos siendo testigos de la evolución de esta pareja, una evolución que es natural, lógica y abrumadoramente triste. El personaje de Susan resulta de una riqueza de matices impresionante. Barnes maneja los hilos narrativos de manera sutil, levantando una estructura impecable y elegante, sin olvidar sus siempre acertados toques de humor. Y consigue que la lectura de esta novela acabe convirtiéndose en un deleite.

Sergio Barce, julio 2019

Fragmento de La única historia:

“Te ha llevado años entender cuánto pánico y caos hay debajo de la risueña irreverencia de Susan. Por eso no te necesita a su lado, fijo y firme. Has asumido ese papel de buena gana, amorosamente. Te hace sentirte un garante. Ha supuesto, desde luego, que la mayor parte de tus veinte años te has visto obligado a renunciar a lo que otros de tu generación disfrutan como algo rutinario: follar como un loco a diestro y siniestro, los viajes hippies, las drogas, el desmadre y hasta la cojonuda indolencia. También has renunciado forzosamente a la bebida; pero tampoco es que estuvieras viviendo con una buena publicidad de sus efectos. No le guardabas rencor por nada de esto (excepto quizá por no ser bebedor), ni tampoco lo considerabas un injusto fardo que estabas asumiendo. Eran los hechos básicos de vuestra relación. Y te habían hecho envejecer, o madurar, aunque no por la vía que normalmente se sigue.

Pero a medida que las cosas se van deshilachando entre vosotros, y todos tus intentos de rescatarla fracasan, reconoces algo de lo que no has estado huyendo exactamente, sino que no has tenido tiempo de advertirlo: que la dinámica particular de vuestra relación está activando tu propia versión de pánico y caos. Mientras que probablemente presentas a tus amigos de la facultad de derecho una apariencia afable y cuerda, aunque un poco retraída, lo que se agita por detrás de esa fachada es una mezcla de optimismo infundado y abrasadora inquietud. Tus estados de ánimo fluyen y refluyen a tenor de los de ella: salvo que su alegría, incluso la extemporánea, te parece auténtica y la tuya condicional. Te preguntas continuamente cuánto durará esta pequeña tregua de felicidad. ¿Un mes, una semana, otros veinte minutos? No lo sabes, por supuesto, porque no depende de ti. Y por muy relajante que sea tu presencia para ella, el truco no funciona a la inversa.

Nunca la vez como a una niña, ni siquiera en sus fechorías más egoístas. Pero cuando observas a un padre preocupado que sigue las peripecias de su prole -la alarma ante cada paso zambo, el miedo a que tropiece a cada instante, el temor mayúsculo a que el niño simplemente se aleje y se pierda-, sabes que has conocido ese estado. Por no hablar de los súbitos cambios de humor infantiles, desde la maravillosa exaltación y absoluta confianza a la ira y las lágrimas y el sentimiento de abandono. Eso también lo conoces bien. Solo que este clima anímico, alocado y cambiante está atravesando ahora el cerebro y el cuerpo de una mujer madura.

Es esto lo que acaba quebrándote y te indica que debes marcharte. No lejos, solo a una docena de calles, a un apartamento barato de una sola habitación. Ella te exhorta a que te vayas, por razones buenas y malas: porque intuye que tiene que dejarte un poco libre si quiere conservarte; y porque quiere que te vayas de casa para poder beber siempre que le venga en gana. Pero de hecho hay pocos cambios: vuestra convivencia sigue siendo estrecha. No quiere que te lleves un solo libro de tu estudio, ni ninguna baratija que hayáis comprado juntos, ni ninguna ropa de tu armario: esos actos le producirán un enorme desconsuelo…”

La única historia (The only story) está editada por Anagrama, con traducción del inglés de Jaime Zulaika.

Julian Barnes

JULIAN BARNES  (foto: Robert Ramos)

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“AQUÍ Y AHORA. CARTAS 2008-2011” (HERE AND NOW) DE PAUL AUSTER Y J.M.COETZEE

Paul Auster y John M. Coetzee, dos de los autores de los que más referencias y comentarios he efectuado en mi blog, y dos autores que sigo con cada obra que publican. Y este libro AQUÍ Y AHORA. Cartas 2008-2011 (Here and now) los reúne en la correspondencia que mantuvieron entre los años 2008 y 2011.

aqui y ahora portada

Confieso que al comenzar a leerlo pensé: esto tiene toda la pinta de ser algo tedioso. Luego, las cartas que se van cruzando comenzaron a resultarme atractivas, poco después interesantes y, cuando terminé de leer el libro, lamenté que acabara. Esto sólo significa que, al final, esta curiosa publicación es todo un acierto.

Paul Auster y John M. Coetzee hablan de una manera distendida y amena de cuestiones generales y particulares, de problemas sociales y personales. Escriben de sus libros, de sus publicaciones, y de cine, de literatura, del tiempo que pasa y no vuelve, de sus sueños cumplido e incumplidos, de política…

El humor, casi en su totalidad, se halla en las cartas de Paul Auster. Coetzee, como en sus novelas, se muestra más reservado, serio y circunspecto, pero las suyas son de una gran calidad literaria. Hay asuntos aparentemente banales, pero que en manos de estos autores se tornan en singulares.

Como botón de muestra reproduzco un asunto bastante divertido y curioso relacionado con el azar y el cine, y que cuenta Auster en una de sus cartas:

14 de diciembre de 2008:

Querido John:

(…) …Tu referencia al festival de cine me ha recordado una curiosa historia que quisiera contarte. Se remonta a 1997, cuando fui miembro del jurado en Cannes. Resultó ser el quincuagésimo aniversario del festival, y los organizadores decidieron congregar al mayor número posible de anteriores ganadores de premios para que posaran en una gran fotografía de grupo. Por la razón que fuese, se pidió a los miembros del jurado que también participasen; y así fue como acabé en aquella foto de más de un centenar de personas.

Estoy mirándola en este momento, y entre los directores que reconozco se encuentran Antonioni, Almodóvar, Wajda, John Boorman, David Lynch, Tim Burton, Jane Campion, Altman, Wenders, Polanski, Coppola, los hermanos Coen, Mike Leigh, Bertolucci y Scorsese. Los actores incluyen a Gina Lollobrigida (¡), Lauren Bacall, Johnny Depp, Vittorio Gassman, Claudia Cardinale, Liv Ullman, Charlotte Rampling, Bibi Anderson, Vanessa Redgrave, Irène Jacob, Helen Mirren, Jeanne Moreau y Anjelica Huston.

Antes de ocupar nuestros respectivos lugares para la foto, hubo un cóctel que duró alrededor de una hora. Creo que nunca he estado en una habitación más cargada de electricidad humana. Parecía como si cada uno de los presentes quisiera conocer a todos los demás y hablar con ellos, que la emoción generada por un encuentro así hubiera convertido a aquellas estrellas y leyendas en una masa de colegiales hiperactivos.

Me presentaron a una serie de personas, mantuve breves conversaciones con algunas de ellas, y entonces, en la tumultuosa vorágine me encontré estrechando la mano de Sigue leyendo

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“DIARIO DE INVIERNO” (Winter journal) de PAUL AUSTER

    Cada año tengo una serie de citas ineludibles. Sólo nombraré tres de ellas: ver la película anual de Woody Allen y, si hay suerte ese mismo año, los nuevos libros de Paul Auster y Philip Roth.

    Acaba de salir el último de Auster: Diario de invierno (Winter journal). No es una nueva novela, sino lo que anuncia el título, una especie de diario escrito desde la distancia del tiempo.

Su inicio es revelador de lo que pretende su autor:

     <Parece que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro>.

     En efecto, Paul Auster hace un somero, sencillo y cálido repaso a su vida, sin honduras innecesarias, para reflexionar sobre el paso del tiempo y cómo todo nos llega a todos: las enfermedades, los achaques, las desilusiones, las pequeñas victorias, el amor, el equilibrio… La escritura es fluida, se le nota relajado, y con una gran ternura repasa su existencia con las mujeres que han compartido su vida hasta llegar a su gran amor, un amor rocoso y sin fisuras, que encontró hace ya muchos años en su actual esposa.

    Hay muchos episodios de su “diario” con el que me identifico de una manera absoluta. Cuando habla de su aspecto físico, y hay que reconocer que Paul Auster tiene un aspecto muy peculiar, y cuenta cómo hay quien le cree de origen paquistaní, hindú o europeo, casi todo el espectro, hace toda una declaración de principios que suscribo sin dudarlo:

(…) <Como no sabes nada de tus orígenes, hace mucho que decidiste presumir de que eres un compuesto de todas las razas del hemisferio oriental, en parte africano, árabe, chino, indio y caucasiano, el crisol de muchas civilizaciones enfrentadas en un solo cuerpo. Lo mismo que cualquier otra cosa, es una postura moral, una forma de eliminar el asunto de la raza, a tu juicio un falso problema que sólo puede traer deshonor a la persona que lo saque a relucir, y por tanto has decidido conscientemente ser todo el mundo, aceptar a todos los que llevas en tu interior con objeto de ser tú mismo de una forma más libre y plena, puesto que la cuestión de quién eres es un misterio y no albergas esperanzas de que algún día se resuelva>.

    Paul Auster repasa una a una todas las casas en las que ha vivido, y saca partido de esos recuerdos, a veces jocosos, otras veces hirientes o simplemente distantes. Hay peripecias aleccionadoras, como el incidente con la señora Rubinstein, y es también interesante su punto de vista y opinión acerca de los franceses, a los que conoció en profundidad en los años que residió en París. Y me parece divertidísima la anécdota de las actas que su mujer levantaba como secretaria en las reuniones de los miembros de la cooperativa dueños del edificio en el que vivieron durante un tiempo.

   También es fácil reconocerse en esos episodios que relata de las reuniones anuales de la familia para celebrar el día de Acción de Gracias o en las viejas disputas familiares.

(…) <Aún había que tratar la cuestión del carácter de tu madre, y aunque sólo haga dos días que hayan descubierto su cadáver, aunque el crematorio de Nueva Jersey tenga previsto quemar su cuerpo hasta reducirlo a cenizas esta misma tarde, eso no impide a tu tía ponerla verde. Treinta y ocho años después de que abandonara a tu padre, la familia ha codificado su letanía de quejas contra tu madre, ya es el tema de una historia ancestral, viejas habladurías convertidas en hechos fehacientes, ¿y por qué no repasar la lista de sus fechorías por última vez, con objeto de despedirla adecuadamente antes de irse al lugar adonde merece ir? Nunca satisfecha, dice tu tía, siempre buscando otra cosa, demasiado coqueta para su propio bien, una mujer que vivía y respiraba para llamar la atención de los hombres, obsesa sexual, algo puta, que se acostaba con cualquiera, una esposa infiel; una pena que alguien que por otra parte poseía tantas buenas cualidades haya sido semejante desastre. Siempre habías sospechado que los suegros de tu madre hablaban de ella de ese modo, pero hasta esta mañana nunca lo habías escuchado con tus propios oídos. Murmuras algo en el teléfono y cuelgas, jurando  no volver a hablar con tu tía nunca más, no dirigirle jamás una sola palabra durante el resto de tu vida>.

   Como ocurre en todas sus obras, no impide que aflore el Paul Auster político, analizando la evolución de la sociedad norteamericana. Hay un párrafo que me ha parecido sugerente, muy de actualidad ante la situación tan crítica por la que pasa en nuestros días la educación pública, y que muestra su lado humano y comprometido:

(…) <…tuviste educadores buenos y algunos mediocres, unos cuantos profesores excepcionales y alentadores y otros pésimos e incompetentes, y tus compañeros iban desde los brillantes, pasando por los de inteligencia normal, hasta los semirretrasados mentales. Eso es lo que suele ocurrir en la enseñanza pública. Todos los que viven en  el barrio pueden ir gratis, y como tú creciste en una época anterior al advenimiento de la educación especial, antes de que establecieran colegios aparte para dar cabida a niños con presuntos problemas, cierto número de tus compañeros de clase eran discapacitados físicos. Ninguno en silla de ruedas que recuerdes, pero aún puedes ver al niño jorobado con el cuerpo torcido, a la chica a quien faltaba un brazo (un muñón sin dedos sobresaliéndole del hombro), al niño al que se le caía la baba sobre la pechera de la camisa y a la niña que apenas era más alta que una enana. Echando ahora la vista atrás, consideras que esas personas constituían una parte fundamental de tu educación, que sin su presencia en tu vida, tu idea de lo que entraña el hecho de ser humano quedaría empobrecida, carente de toda hondura y simpatía, de toda comprensión de la metafísica del dolor y la adversidad, porque aquéllos eran niños heroicos, que tenían que trabajar diez veces más que cualquiera de los otros para encontrar su sitio>.

    Un libro, en definitiva, lleno de sugerencias, ameno, que se lee casi sin darnos cuenta, plácidamente, y que nos trae, este año, no al Paul Auster novelista, sino al Paul Auster intimista y reflexivo. Un delicatessen.

Sergio Barce, febrero 2012

 Los textos están tomados de la Primera Edición, febrero 2012, publicada por Anagrama, y con traducción del inglés de Benito Gómez Ibáñez.  

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Otros libros, otros autores: TRES ROSAS AMARILLAS (Where I´m calling from, 1988) de RAYMOND CARVER

No es la primera vez que hablo de Raymond Carver, porque Carver es portentoso como cuentista. Sus relatos cortos son precisos, siempre adentrándose en la vida de las gentes más humildes, la clase obrera, y lo hace como una especie de buzo que se sumergiera en el fondo del mar de esa sociedad americana que tan bien retrata.

<Se pasaba la vida haciendo o deshaciendo las maletas. A veces se mudaba dos o tres veces al año. Hablaba con resentimiento del sitio que dejaba y con optimismo del que acababa de elegir. Su correo quedaba siempre atrás, la pensión le llegaba siempre a direcciones en las que ya no estaba, y se pasaba horas y horas escribiendo cartas para arreglar las cosas. Había veces en que se mudaba de una casa de apartamentos a otra situada a unas manzanas más allá, para luego volver al mismo edificio un mes después, sólo que a otro piso, a otra escalera. Así que cuando se mudó aquí decidí alquilarle una casa que estuviera amueblada a su gusto.

-Es esa manía de mudarse lo que la mantiene viva –decía Jill-. Lo que la mantiene ocupada. Debe de producirle una especie de placer morboso, imagino.

Acierte o no en lo del placer, Jill piensa que mi madre empieza a chochear. Y yo también lo pienso. Pero, ¿cómo le dices a tu madre una cosa semejante? ¿Cómo tratarla en tal caso? El hecho de empezar a chochear no le impide planear y llevar a cabo su siguiente mudanza>.   Extracto del relato titulado <Cajas>

 

Raymond Carver

Este libro de relato es curioso, porque los seis primeros cuentos son definitivamente parte del mundo Carver, por así decirlo, se identifican con otros libros suyos, con la temática de su narrativa habitual.

Pero al final, el séptimo relato, “Tres rosas amarillas”, que da título a esta pequeña colección, da un giro copernicano y nos deslumbra absolutamente. Estamos ante uno de sus mejores cuentos, en el que nos habla de los últimos momentos de la vida de Chéjov.

 <A Chéjov, no obstante, le produjo una honda impresión el solícito gesto de aquella visita. Pero, a diferencia de Tolstoi, Chéjov no creía, jamás había creído, en una vida futura. No creía en nada que no pudiera percibirse a través de cuando menos uno de los cinco sentidos. En consonancia con su concepción de la vida y la escritura, carecía –según confesó en cierta ocasión- de una visión del mundo filosófica, religiosa o política. Cambia todos los meses, así que tendré que conformarme con describir la forma en que mis personajes aman, se desposan, procrean y mueren. Y cómo hablan>.

 

Anton Chéjov

Y Carver describe estos últimos instantes de la existencia de Chéjov de una manera tan extraordinaria, con una escritura tan preciosa, que no puedo evitar recomendar este cuento, su lectura, como algo imprescindible e insalvable. Es delicado pero a la vez emotivo, es entrañable y melancólico, pero, sobre todo, cuando se lee, aunque uno esté leyendo sobre Chéjov, es inevitable pensar a la vez en Chéjov, porque es como si Raymond Carver se hubiera transmutado en el genial escritor ruso, y alcanzara la misma cota de calidad narrativa, como si se hubiera transformado en el propio Chéjov y adoptara su estilo o su manera de narrar o su narrativa perfecta.

 <De forma metódica, como solía hacerlo todo, el doctor Schwöhrer se aprestó a la tarea de descorchar la botella de champaña. Lo hizo cuidando de atenuar al máximo la explosión festiva. Sirvió luego las tres copas y, con gesto maquinal debido a la costumbre, metió el corcho a presión en el cuello de la botella. Luego llevó las tres copas hasta la cabecera del moribundo. Olga soltó momentáneamente la mano de Chéjov (una mano, escribiría más tarde, que le quemaba las dedos). Colocó otra almohada bajo su nuca. Luego le puso la fría copa de champaña contra la palma, y se aseguró de que sus dedos se cerraran en torno al pie de la copa. Los tres intercambiaron miradas: Chéjov, Olga, el doctor Schwöhrer. No hicieron chocar las copas. No hubo brindis. ¿En honor de qué diablos iban a brindar? ¿De la muerte? Chéjov hizo acopio de las fuerzas que le quedaban y dijo: Hacía tanto tiempo que no bebía champaña… Se llevó la copa a los labios y bebió. Uno o dos minutos después Olga le retiró la copa vacía de la mano y la dejó encima de la mesilla de noche. Chéjov se dio la vuelta en la cama y se quedó tendido de lado. Cerró los ojos y suspiró. Un minuto después dejó de respirar>.

  “Tres rosas amarillas” es preciosa, una pequeña obra maestra llena de detalles, de párrafos irrepetibles, de imágenes embaucadoras. Un cuento perfecto.

Sergio Barce, noviembre 2011

 Los párrafos del libro están tomados de la octava edición de la obra, editada por Anagrama, en mayo de 2010, con traducción de Jesús Zulaika.

 

 

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“AMOR POR UN PUÑADO DE PELOS” (Love with a few hairs) (1967) de PAUL BOWLES & MOHAMED MRABET

<Se sentaron en el colchón y Mohammed le dio los pelos. Ella sacó una bolsa de tela y empezó a sacar cosas de ella: paquetes de yerbas y sobres llenos de uñas y dientes y trozos de piel seca. Echó las cosas en una hoja de papel, junto con los pelos de Mina. Luego, echó por encima unos polvos que parecían tierra. Lo envolvió todo en el papel y lo metió en una lata. De su boca salía sin parar una larga retahíla de palabras. Luego echó benjuí en las ascuas del brasero y puso la lata en el centro del fuego, revolviendo mucho rato hasta que quedó todo convertido en polvo negro. Cuando se enfrió, lo vertió en un papel y dobló éste formando un paquete.

Entregó el paquete a Mohammed.

Toma esto. Echa estos polvos a la puerta de su casa. Y cuando los hayas echado, no mires. Márchate.

¿Pero cuándo? dijo Mohammed. ¿De noche o de día?

Puedes hacerlo cuando quieras.

Mohammed se guardó el paquetito en el bolsillo y le entregó cinco mil francos.

Aquí tienes cinco mil, dijo. En cuanto dé resultado, te traeré los otros cinco mil.

Está bien, dijo ella.

Y si no resulta, volveré a por mis cinco mil.

La vieja se echó a reír>.

AMOR POR UN PUÑADO DE PELOSEn esta novela, descubrimos uno de los temas más recurrentes de la cultura y de la leyenda marroquí: la brujería como medio para conseguir o para deshacer el amor; en este caso, obtener el de una mujer, pero también cómo la madre utiliza sus artimañas para desbaratar el embrujo… Narrado con cierta distancia, la lectura es rápida, concisa, no usa subterfugios ni un lenguaje elaborado; al contrario, la sencillez es la esencia misma de esta obra, ahora difícil de encontrar en las librerías.

Paul Bowles y Mohamed Mrabet

<No se veía a ningún preso más en la terraza. Adonde iba Mohammed, el guardia le seguía.

Debes tener un buen trabajo, dijo el guardián.

Sí, contestó Mohammed.

He visto a esa chica, sabes, dijo el guardián. ¡Es muy guapa! ¿Por qué no quieres casarte con ella? No te entiendo. Además, es la única forma de salir de esto. Estarás aquí dos meses, hasta el juicio. Luego, pueden echarte dos años. El matrimonio no dura tanto, hombre.

Mohammed escuchaba las palabras del guardián y se sentía muy deprimido. Él había pensado que aquello duraría, como mucho, un mes.

Lo que te digo, es verdad, le dijo el guardián. Abajo tengo tus papeles. En ellos dice que dos meses hasta el juicio. Y después te mandarán a Casablanca o a Larache. No te dejarán aquí. Sólo te puedes salvar casándote. Te casas, sales de aquí, estás con ella uno o dos meses, y la pegas todas las noches. Acaban escapándose todas. En fin, lo siento por ti, que eres joven y fuerte, y vas a destrozarte picando piedra en un presidio. Te pasarás luego el resto de tu vida entrando y saliendo del hospital. Eso es lo que les pasa a los que están en estos sitios>.

Tánger

 Una novela sobre los avatares de personas marginales, en la que Mohammed, el protagonista, no tiene el menor reparo en convertirse en el amante de Mr.David, el dueño del hotel, y de mantener relaciones sexuales con él con tal de obtener dinero y conseguir contactos, y, jugando con su propia inmoralidad, puede a la vez mantener una relación con su mujer y con otras chicas, siempre como medios para alcanzar sus metas, aunque estas sean mezquinas o ruines.

<¿Qué es lo que pasa? ¿Qué ha sucedido?

¡Déjame en paz! gritó ella. Vete a dar un paseo. O vete a sentarte con tus amigos. Pero déjame en paz.

¿Pero por qué estás tan nerviosa? No tiene por qué gritar.

No me hables.

Está bien. Se fue a la otra habitación y se sentó en el sofá.

Cuando terminó de preparar la cena, Mina llevó comida para él, pero no para ella.

Ven aquí y come, dijo él.

No. No quiero comer. No tengo hambre.

Él se levantó de la mesa, se puso la chaqueta y se fue. Se sentó en el Café Fuentes y pidió un café solo. Miraba fijo al suelo y se preguntaba qué habría pasado. Era posible que la madre de Mina hubiera ido a consultar a un alfaquí y que hubiera descubierto el hechizo. De ser así, seguro que estarían ya actuando para anular sus efectos. O tal vez la madre hubiera estado hablándole mal de él un día tras otro.

Pagó el café y volvió a casa. Mina estaba en la cama dormida. Se puso el pijama y se acostó a su lado. Cuando intentó jugar con ella y besarla, tuvo la sensación de que era otra persona. Al final le besó, pero no como le había besado siempre hasta entonces. Faltaba algo. Por primera vez, durmieron juntos y no hicieron el amor, y para Mohammed la noche fue como un veneno>.

Paul Bowles & Mohammed Mrabet

Como ya he dicho, la narrativa es tan simple, tan directa, tan sucinta que resulta llamativa. Aunque para mí Amor por un puñado de pelos está muy lejos de otras novelas y cuentos de Bowles, su historia, la truculenta existencia y los avatares de Mohammed no dejan indiferentes, es como un retrato descarnado de un ser amoral, al que su instinto de supervivencia le dicta la manera de enfrentarse a la vida. Es capaz de engañar y de manipular, de utilizar las armas de la brujería y de la impostura, incluso amorosa y afectiva, con tal de salirse con la suya. Por supuesto, eso tiene un precio, y Mohammed pagará por ello.

Cuadro de Mohammed Mrabet

Como dice Juan Goytisolo: La intriga de Amor por un puñado de pelos se mueve a medio camino del relato moderno y el cuento oriental: la psicología de los personajes existe como en el primero, pero supeditada al influjo de factores mágicos, en una mezcla sorprendente de William Beckford y Madame de Lafayette. La sencillez lineal del relato, la finísima caracterización de las relaciones de Mohammed con Mr. David, la peculiar seducción del mundo tangerino en que se desenvuelve la trama, híbrido de elementos y rasgos marroquís y occidentales, confieren a la novela de Mrabet y Bowles una dimensión tan poética como amena

En cualquier caso, también la relación que mantuvieron en la vida real Paul Bowles y Mohammed Mrabet ha dado para ríos de tinta. Pero esa es ya otra historia.

Mrabet no tenía más estudios que los coránicos, y sus libros fueron en realidad reelaborados, por así decirlo, por Paul Bowles, que grababa sus narraciones en marroquí dialectal y luego los transcribía. Mohammed Mrabet, nacido en Tánger en 1936, era de origen rifeño. Y aunque es más conocido como escritor, en realidad su verdadera pasión es la pintura.

Mohamed Mrabet

De Paul Bowles, del que ya he hablado y escrito en este blog, es una de las voces narrativas fundamentales para conocer el mundo marroquí, con novelas como El cielo protector o La casa de la araña.

<Mohammed vivía con Melika, pero no era feliz. Seguía diciéndose que no quería enamorarse de ella. Iba por la calle hablando solo y diciendo: No quiero más problemas. No volveré a enamorarme de ninguna. Jamás. Es una chica que se gana la vida en la calle. Vio que yo estaba con un inglés que me lo da todo, ve que le doy dinero. Sabe cómo yo mimaba a Mina cuando estaba conmigo. Y quiere que me enamore de ella para ser otra Mina. Y en cuanto me descuide, me habrá atrapado. ¡Tengo que romper con ella! ¡Tengo que acabar con esto!>

Amor por un puñado de pelos es, sin ninguna duda, un relato curiosos para quien se sumerja en sus páginas, para quien busque descubrir el fascinante mundo de intrigas que, en ciertos ambientes, ha existido y existe en ciertos segmentos de la sociedad marroquí que cree en la magia y en los hechizos como arma indispensable para conseguir el amor, o para destruirlo.

 Sergio Barce, noviembre 2011

Los extractos de la novela están tomados de la edición de Anagrama de 1982, con traducción de J.M. Alvarez Flórez y Ángela Pérez.

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