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FRAGMENTO DE «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL»

Ya que el próximo día 11 de febrero, presentamos mi libro Una puerta pintada de azul (Ediciones del Genal) en Barcelona, y para quienes aún no los hayáis leído, os dejo un fragmento del relato titulado Las mujeres de mi padre:

(…) Junto a su arrojo y valentía, de las que carecían muchos hombres, mi abuela María Salud Cabeza era una mujer generosa. Cuando llegaba la fiesta del cordero, se ofrecía a las familias musulmanas del barrio de Las Navas y ayudaba a las mujeres a preparar unos tayines espectaculares.

   Pero era mi madre quien sabía sacarle más partido a esa festividad. Bueno, a esa y a todas, ya fuese el baile de Fin de Año, la fiesta del Pasad o la del Mulud. Ella se apuntaba a todo lo que se celebrase en Larache. Era algo que había heredado de mi abuelo Manuel, que no se perdía una. Si María Salud disfrutaba compartiendo la tarea de preparar suculentos platos, a mi madre lo que más le atraía era la romería al santuario de la patrona de la ciudad, Lalla Menana la Mesbahía, que se celebra al cuarto día del nacimiento del Profeta.

   Me gusta pronunciar el nombre de nuestra patrona: Lalla Menana la Mesbahía. Encierra en sus letras una musicalidad bellísima. Lalla Menana la Mesbahía, como el estribillo de una canción. En otros países musulmanes, ni se reza ni se venera a los santones, tampoco a los patronos y menos aún a una patrona, pero Marruecos es diferente en esto y en otras muchas cosas.

   Mi madre ha sido la persona que más historias familiares me ha contado, y la de aquella romería en concreto me la refirió en varias ocasiones, y siempre lo hizo con una añoranza evidente. Recuerdo que nos relató que un año, al llegar la gran fiesta, mi abuelo, que ya era por entonces policía de tráfico, junto a sus compañeros se habían quedado en Cuatro Caminos desviando el tráfico porque la avenida se había inundado de gente. La muchedumbre subía desde la plaza de España y bajaba desde el cruce. Mi madre, sabiéndose libre para hacer lo que le viniera en gana sin la vigilancia de su padre, también se había metido en medio del torbellino con unas amigas y con Mohamed Sibari. Eran jovencísimos e inconscientes. Tras varias tretas, lograron entrar en el recinto exterior del santuario, en la zona del cementerio. La veneración y el rigor presidían la romería. Algunos creyentes ya habían encendido velas en honor de Lalla Menana para conseguir de ella alguna petición concreta: su ayuda para mejorar sus vidas o la cura de algún familiar enfermo. Ninguno de esos fieles musulmanes mostraba rechazo por la asistencia de los cristianos o de los hebreos que se habían acercado a contemplar la celebración.

   El grueso de los creyentes llegaba del Zoco Chico, donde primero habían acudido a los alrededores de la Gran Mezquita, pero luego la procesión se atragantó en el propio santuario, donde era casi imposible moverse. El shrif, sobre una hermosa yegua blanca, presidía la ceremonia de ofrenda a la santa patrona, y a continuación los derviches, que pertenecían a la cofradía de los aixauas, iniciaron su danza. Comenzaron a hacerlo muy lentamente, pero, a medida que el ritmo de las chirimías, de los tambores y de las darbukas se aceleraba, el baile se hizo más y más histérico. Los bailarines cayeron en trance y algunos alcanzaron el paroxismo, con movimientos tan violentos que impresionaban a todos los asistentes. Mi madre me decía que causaba mucho respeto verlos tan de cerca, algo que ya sabía porque yo también los vi actuar. Pero allí estaba ella con sus amigas, paralizadas, sin atreverse a moverse del sitio. Sibari, por el contrario, palmeaba y daba pequeños saltos imitando a los derviches. Una de las chicas ya había coincidido con ellos en la Medina, y le había causado estupor verlos comer corderos y gallinas que les arrojaban desde las ventanas de las casas y que ellos mordían cuando los animales aún estaban vivos.

   Mi madre se acordaba muy bien de que uno de los aixauas se desmayó, y de que la muchedumbre se agolpó alrededor, arrastrándolas con ellos. Todo parecía descontrolarse, y entonces, sin haberse sobrepuesto del impacto por lo que acababan de presenciar, decidieron escabullirse y salir del santuario. Mi madre hubo de tirar de Mohamed Sibari para sacarlo de allí, hechizado por el espectáculo. Forcejearon, empujando a unos y a otros hasta que lograron alcanzar la avenida.

   Si Manuel Gallardo hubiese sabido que su hija y sus amigas se habían atrevido a ir a ver actuar a los aixauas, seguramente la habría castigado. Intuyo que, siendo policía de tráfico, y dado que Larache por entonces no era una ciudad demasiado grande, acabaría por enterarse. Pero ella era el ojito derecho de mi abuelo y le consentía todo. Incluso ya imaginaría que mi madre volvería a acudir a la misma celebración al año siguiente. Como ella me solía aclarar con aspavientos y muy resuelta: ¿Yo? ¡Claro que volvía! ¡Si me apuntaba a todo! Aunque me lo prohibiesen, yo me escapaba para ir a donde me llevara el cuerpo.

   Dicen que mi abuela paterna María Salud Cabeza era de esas gaditanas llenas de chispa que no paraban de canturrear y de bailar mientras trabajaban duramente, y cuentan que era una mujer de hierro, pero de corazón enorme. Ahora que reflexiono sobre estos detalles, advierto que mi madre era parecida. También le encantaba bailar, y viajar, y transpiraba una alegría contagiosa. Ella no era gaditana, había nacido en Alcazarquivir, pero era dueña de un gran sentido del humor. Las dos amaron Larache profundamente. María Salud descansa en su viejo cementerio cristiano, y mi madre en las aguas de su río Lucus. Y no hay un solo día en el que mi padre no las mencione por algún motivo, como si estuviesen a punto de aparecer por la puerta. Ni un solo día.

 

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NOTAS A PIE DE PÁGINA 2 – CONTAR LAS CUARENTA, CON MORETA-LARA. EN EL HAMMAM, CON KILITO

En noviembre pasado, paseé por Tánger con Marta Cerezales Laforet, Rocío Rojas-Marcos y Miguel Ángel Moreta-Lara, ahí es nada (en uno de los cuentos que formarán parte de mi nuevo libro relato algún detalle de ese deambular). Hacía frío, pero el sol asomaba con cierta holgura y los perros y los gatos habían ocupado las zonas de las aceras donde más calentaba. A veces parecíamos extraños que nunca hubiesen vivido o estado en Marruecos, quizá porque los cuatro tratamos de embebernos de cuanto allí nos rodea. Fue un rato agradable, lleno de silencios, en especial cuando entramos en el cementerio judío, que nos sobrecogió por muchas cosas. Caminar por Tánger es viajar en el tiempo.

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Tras leerme sus poemas de su Dietario salvaje (que me ha deparado más de una sonrisa), ando con el otro libro que me regaló Miguel al despedirnos: Contar las cuarenta. Es incalificable, pero estoy aprendiendo muchísimas cosas con él. Hay notas de viajes, relatos, meditaciones (por así llamarlas) o más bien reflexiones, recuerdos, fogonazos de inspiración y textos nacidos porque sí. Me ha sorprendido conocer el destino de Miguel Hernández Torralbo, el dueño de un local mítico de Málaga: <El cantor de jazz>, por el que casi todos recalamos en nuestra juventud. Tal y como lo cuenta Miguel Ángel, lo cierto es que hay historias que son pura devastación.

Pero lo que me trae hoy aquí es que, Contar las cuarenta, publicado por El Desvelo Ediciones, me ha recordado un texto que leí hace tiempo de Abdelffatah Kilito. Cuando lo menciona en sus páginas, algo se ha encendido en mi cabeza, lo he buscado y he vuelto a leerlo. Se titula Una temporada en el hammam, y, como bien dice Miguel Ángel Moreta-Lara (que junto a Ahmed Ararou lo tradujeron del francés), es “un texto absolutamente perfecto”.

Extraigo un pequeño párrafo del relato:

“…El hamam es un descenso al otro mundo. No se sube al hamam, se baja; es difícil imaginar un hamam encaramado. Tan pronto como empujas la puerta para penetrar en la primera sala, hay que bajar un peldaño, por lo menos un peldaño. El hamam es un lugar crónico, situado en las profundidades de la tierra, en las entrañas subterráneas; como inframundo, es oscuro, sin estrellas ni sol, lejos del día y de la noche, fuera del calendario y de la cronología. El sol no tiene acceso a ese mundo de los muertos, a esa morada de las sombras de formas indecisas, que sólo reflejan de manera imperfecta las formas del mundo superior, del mundo bañado por el sol. El hamam es un espejo empañado, en cuya superficie se proyectan vagas siluetas, apariciones inciertas. Uno se transmuta en su propia sombra desde el instante en que baja a esta catacumba, fosa ahogada por un vapor espeso y sofocante…”

Sigo leyendo a Miguel Ángel a cuentagotas, para que no se acaben sus historias. Y, entre medio, se cuela alguna novela o algún diario. Esas cosas que hacemos los lectores impenitentes, que no dejamos de abrir los libros que tenemos a mano mientras miramos de soslayo los otros volúmenes que también nos esperan en una esquina del escritorio.

Sergio Barce, 25 de enero de 2022

 

ABDELFFATAH KILITO
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NOTAS A PIE DE PÁGINA Nº 1 – RAFAEL CHIRBES VERSUS PÉREZ-REVERTE

Pongo punto final al quinto relato del nuevo libro que preparo. Historias ambientadas en Tánger. Cuentos que pretendo que sean diferentes a los de Una puerta pintada de azul, quizá porque Tánger es muy distinta a Larache o porque los sentimientos sean dispares. Larache me conmueve y me abraza, Tánger me desborda y me seduce. No sé qué resultará del experimento, pero hay párrafos en estos nuevos textos que, al revisarlos, me parecen más que decentes.

También acabo esta mañana la lectura de los Diarios, de Rafael Chirbes. Tan distintos, pero, a la vez, tan humanos como los de Stefan Zweig. Dos libros en los que he subrayado y anotado infinidad de frases, ideas o comentarios. Pero los dos me confirman que nunca seré un gran escritor. A lo sumo, un narrador que cuenta historias aceptables. Lejos de estos autores que lo conocen todo, que lo han leído todo y a todos, que dominan las técnicas con la facilidad de quien vierte el interior de un azucarillo en el café.

Es probable que nunca haya sabido leer. Es cierto que lo hago compulsivamente, pero sin ton ni son. Pasan los días, y, como confiesa Chirbes (aunque creo que él miente), yo también olvido lo que leo. Eso me causa cierto desasosiego. Pienso en un libro que leí hace tiempo y sí, recuerdo que me gustó, lo abro, releo los párrafos que tengo subrayados con lápiz, pero no me acuerdo de nada, sólo de ese regusto dulzón de haberlo saboreado entonces.

Cuando Pérez-Reverte publicó Cabo Trafalgar, con Alfaguara, allá por el 2004, fui de los que compraron la novela. Comencé a leerla, pero, a medida que pasaban las páginas, me daba cuenta de que me irritaba y llegó un punto de exasperación y la lancé contra la pared, literalmente. Cabreado con la novela y con Pérez-Reverte. Y algo parecido me ocurrió con su novela “tangerina” Eva, también para olvidar. Cabo Trafalgar me pareció una gran estafa. Y, desde entonces, cuando me he acordado de ese título, he llegado a pensar que, quizá, el tiempo de su lectura me pilló en baja forma o en un mal momento. Pero, para mi regocijo y tranquilidad, me he encontrado al final de sus diarios con un acerado análisis de Rafael Chirbes que coincide conmigo. Al principio pensé que le dedicaría unas líneas, como a otros muchos libros que menciona, pero no, se nota que, en este caso, también él se fue calentando y, en varios párrafos, lo destroza. No es para menos. Respiro aliviado. Quizá no sea un lector metódico, pero al menos distingo lo bueno de lo malo. Que conste que, entre la variada y desigual producción literaria de Pérez-Reverte, hay alguna cosa que me gusta, como su Alatriste.

Leo en los Diarios de Chirbes (NB: un libro de obligada lectura, a mi modesto parecer)

“Cada día me cuesta más escribir y me gusta menos lo que escribo. Sin embargo, los amigos están convencidos de que, cuando escribo, tengo una gran seguridad en mí mismo y, sobre todo, facilidad. No sé de dónde han sacado esa idea. (pag.153)”

Al contrario que a él, cada día me cuesta menos escribir. Lo hago al atardecer y los fines de semana. Me siento frente al ordenador con más energía e ilusión que antes, las ideas me fluyen, me siento liviano, sin corsés, libre, aunque sé que nada de lo que escribo les interesa a las grandes editoriales. Mis dos últimas novelas sin publicar siguen dando tumbos de una a otra, como dos borrachos que se apoyasen hombro con hombro para no caer al suelo tratando desesperados de dar con un bar abierto. Sin embargo, tengo una pequeña legión de lectores que me siguen con una fidelidad pretoriana, y no puedo defraudarles. Por ellos, sólo por ellos, me esfuerzo por armar un nuevo libro que sea mejor que el anterior.

Se me escapa el tiempo. Odio mi trabajo, que me limita las horas para escribir. Si viviera de mis libros (estoy a punto de soltar una carcajada al pensar en los derechos de autor que he cobrado este año) sería el hombre más feliz del mundo. Me dejaría atar voluntariamente a mi escritorio y a mi ordenador sólo para crear historias.

Narrar se ha convertido en mi refugio frente a este mundo mediocre y hortera, en el que la educación pasó  a mejor vida, y que nos está tocando vivir. Tampoco veo mucha televisión, de la que escapo gracias a las películas y a las series. Las plataformas me ofrecen todo el catálogo del mundo y reviso títulos de cine clásico, pero sin dejar de ver todo lo nuevo que surge a diestra y siniestra. Y no dejo de acudir a las salas, pese a la mascarilla incómoda y a la frialdad de las máquinas expendedoras de entradas (¿querrán alejarnos de las salas de cine a base de deshumanizar el rito que siempre ha supuesto hacer cola, comprar tu entrada en la taquilla a alguien que te habla, te aconseja y te sonríe al otro lado, y, al acabar la proyección, comentar la cinta con tu acompañante con un buen vino y unas tapitas por delante?).

El sexto relato ya lo tengo en mente, desde hace días. Lo he rumiado mientras acababa el anterior. Este nuevo libro tangerino quiero mimarlo, que llame la atención. Espero que lo sea por su calidad. Y también deseo introducir dos colaboraciones que anhelo. Me ilusiona este proyecto.

Pero, en cuanto acabe con él (se publique o no), me pongo con otra novela que me espera y que también se está modelando en un rincón apartado de mi cerebro.

Me falta tiempo para todo. Y ya comienzo a ser mayor.

Sergio Barce – 22 de enero de 2022

 

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RESULTADO DEL SORTEO Y VOTACIÓN DE MIS LIBROS

Ya tenemos ganadores del sorteo (digo ganadores, porque, a la vista de la gran participación, me ha parecido injusto que sólo haya un único vencedor, de manera que he ampliado esta cifra a 5).

Las votaciones se han efectuado entre el día 17 y el 25 de diciembre de 2021, y se han emitido a través de Facebook, Instagram, Whatsapp y en mi Blog personal.

Salvo error u omisión, los votos finales registrados han sido un total de 119 (algunos lectores han votado a dos o tres títulos, y se han aceptado), que detallo a continuación:

LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

26 votos

1 SAID EL IDRISSI –  2 ANTONIA LÓPEZ – 3 KATY PARRA – 4 MARIBEL GRIMALDOS – 5 INMACULADA Gª HARO – 6 SAFIA ABAHAJ – 7 INMA HENRY – 8 GABRIEL CALFAT – 9 ÁNGELES RAMÍREZ  – 10 ROCÍO AGUILAR – 11 ISABEL FLUXA – 12 ENCARNACIÓN ABAD – 13 ROXY TRECEÑO- 14 JOSÉ MIGUEL FERIA – 15 IÑAKI MARTÍNEZ – 16 GIANCARLO MACANNUCO – 17 EMILIO ANDRADE – 18 SIHAM ZEBDA – 19 MARÍA POVEDA – 20 JOSE ANDRÉS SALAZAR – 21 MARITINA ROMERO – 22 ANDRÉS HIDALGO – 23 JOSÉ LUIS ORTIZ – 24 MARISA RAMÓN – 25 ANGELINES BELMONTE – 26 ALICIA NÚÑEZ      

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UNA PUERTA PINTADA DE AZUL

22 votos

27 JACQUELINE BECKER – 28 ABELARDO ÁLVAREZ – 29 MUSTA KADDA – 30 LATIFA ALAMI – 31 MARITERE GUILLERMO – 32 SAID EL IDRISSI – 33 Mª CARMEN GARCÍA – 34 TRINI RÍOS – 35 PAQUI CONTRERAS – 36 MARY CARMEN LÓPEZ – 37 ANGELES RAMÍREZ – 38 LOLA MORENO – 39 RAQUEL MORYOUSSEF – 40 ÁFRICA DELGADO – 41 SIHAM ZEBDA – 42 MARÍA CUEVAS – 43 BACHIR LIXUS – 44 MARIA LUISA RUIZ – 45 LOLA MARTÍNEZ – 46 FAICAL BOUHSINA – 47 FANTOMAS AML – 48 CRISTÓBAL RUIZ

 

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO

21 votos

49 NAJIM AMALLAL EL OUAHABI – 50 ESPERANZA MANSO – 51 CELIA CORRONS – 52 CARMEN ALLUÉ – 53 MIRIAM TERUEL – 54 KELLY BENDAYAN – 55 JOSÉ MIGUEL FERIA – 56 MARGUERITE MARQUEZ – 57 MAJID JEBARI – 58 Mª TERESA VALLE – 59 HANANE HAYANI – 60 ÁNGELES RAMÍREZ – 61 OMAR OUARIACH – 62 ALEJANDRO PÉREZ – 63 JESÚS CARLOS GÓMEZ – 64 MARÍA JESÚS VILLACORTA – 65 MARIBEL GUISADO – 66 JESÚS PASTOR – 67 ANDRÉS HIDALGO – 68 ÁNGELA LÓPEZ – 69 MENCHU BLANCO                    

 

UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

18 votos

70 GRACIA PENADÉS – 71 SADIK ELAISSARI – 72 SARA AZCONA – 73 ABDELLATIF LIMAMI – 74 MERCEDES VEGA – 75 MOHAMED ABRIGHACH – 76 MANUEL ÁNGEL PUENTES – 77 AMPARO VICO – 78 SUSANA TERUEL – 79 VICTORIA PÉREZ – 80 ANGELES RAMÍREZ – 81 SANDRA LÓPEZ – 82 SERGIO BARCE JUNIOR – 83 ANTONIO BERROCAL – 84 MARIBEL GIL – 85 ITZIAR GOROSTIAGA – 86 ADELA MANSO – FERNANDO DE ÁGREDA

 

EL LABERINTO DE MAX

9 votos

87 YOLANDA ALDÓN – 88 JOSÉ SARRIA – 89 LUISA MORA – 90 AMPARO VICO – 91 ROXY TRECEÑO – 92 MARIA LUISA GUERRA – 93 ADELA MANSO – 94 ANGELINES BELMONTE – 95 MARIBEL ORELLANA

 

EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS

8 votos

96 FRANCISCO MARÍN – 97 MERCEDES VEGA – 98 ELENA MORÓN – 99 MALIKA EL AMRANI – 100 ANGELINES BELMONTE – 101 MARISA FERNÁNDEZ – 102 MARÍA MARQUES – 103 AUXI GARCÍA

 

MALABATA

7 votos

104 ANASTASIO GARCÍA – 105 VÍCTOR PÉREZ – 106 Mª JOSEFA MENÉNDEZ – 107 DAVID ROCHA – 108 ÁNGELES RAMÍREZ – 109 MARÍA BACAL – 110 ANDRÉS HIDALGO                    

      

SOMBRAS EN SEPIA

6 votos

111 ZAKIA ADLI – 112 ANA BERROCAL – 113 JOSÉ MIGUEL PALAREA – 114 ENCARNA RAMÍREZ -115 MOHAMED ABRIGHACH – 116 Mª JESÚS SANTANA

 

EN EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES

2 votos

117 MARÍA JESÚS SANTANA -118 IBRÁ FAKIR

 

Nota aclaratoria: he empleado para el sorteo la aplicación “Appsorteos” (introduciendo la numeración del 1 al 118), sistema que elige aleatoriamente y, en vez de 1 solo ganador, dado el número de lectores que han emitido sus votos, como comentaba al comienzo, he decidido que la aplicación elija 5 números, es decir, 5 ganadores que serán quienes reciban uno de mis libros dedicado y a su elección. Los números seleccionados han sido los siguientes:

Números 1, 19, 30, 56 y 97, que corresponden respectivamente a Said el Idrissi, María Poveda, Latifa Alami, Marguerite Márquez y Mercedes Vega.

Felicidades a todos. Y gracias a quienes habéis tenido la paciencia y el tiempo para elegir uno de mis libros.

Tras el sorteo, me he dado cuenta que los gustos, entre quienes me leéis, son variados y me ha alegrado comprobar que los votos se han repartido entre todos mis libros, y que la más votada, LA EMPERATRIZ DE TÁNGER (26 votos), no lo ha logrado con tanta diferencia a los tres siguientes UNA PUERTA PINTADA DE AZUL (22 votos), PASEANDO POR EL ZOCO CHICO (21 votos) y UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE (18 votos).

Una curiosidad: de los votos emitidos, el 67% pertenecen a mujeres. No quiero decir nada con esto, pero luego no me preguntéis por qué razón casi siempre aparezco fotografiado con más lectoras.

Por último, os anuncio que ya estoy perfilando mi nuevo libro de relatos que se ambientan en su totalidad en el Tánger actual. Sí, Marruecos otra vez.

Gracias a a todos, y os deseo un próximo año 2022 lleno de alegría.

Sergio Barce, 26 de diciembre de 2021 

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