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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE LEÓN COHEN EN EL ATENEO DE MÁLAGA

Ayer fue la presentación del libro de relatos de León Cohen Mesonero “Entre dos aguas” en el Ateneo de Málaga. Abrió fuego Francisco Morales Lomas, que no se limitó a hacer de introductor del acto en nombre del Ateneo, sino que nos sorprendió a todos con un análisis precioso, profundo y muy aleccionador de lo que es el libro de León, análisis que reproduzco en su integridad porque merece la pena leerlo:

León Cohen y Francisco Morales

León Cohen y Francisco Morales

ENTRE DOS AGUAS

DE LEÓN COHÉN MESONERO

por F. MORALES LOMAS

 “Siempre he creído que relatar unos hechos anodinos que deambulan perdidos por la memoria del autor y que a pocos o a ninguno pueden interesar, es la manera que tenemos algunos escritores de ser generosos con las personas y los paisajes que poblaron nuestro pasado” (p. 116). Estas palabras pertenecientes al comienzo del relato “Retrato” pueden servir para contextualizar las razones de la génesis de la mayor parte de estas historias (desde luego las incluidas en el apartado inicial y más amplio del libro, titulado “Relatos”) del libro Entre dos aguas del catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Cádiz, León Cohén Mesonero, que con anterioridad había publicado Relatos robados al tiempo (2003), Cabos Sueltos (2004), La memoria blanqueada (2006), Ufrán y otros relatos (2010) y Cartas y Cortos (2011).

El lector se puede preguntar qué tienen que ver la química, la alquimia y la creación literaria en este escritor nacido en Larache y residente en Algeciras desde 1968 en cuya Escuela Politécnica Superior es profesor. Desde luego que el lector no es Borges, porque si lo fuera esta pregunta no tendría ningún sentido, pues la relación entre estas disciplinas está perfectamente explicada por el profesor Cohén Mesonero.

En uno de sus cuentos más borgeanos, “El alquimista”, publicado en la segunda parte del libro, “Cuentos”, plantea esta interesante cuestión que podría ser la génesis de cualquier relato del extraordinario escritor argentino: al personaje L. le han encomendado escribir un cuento pero se siente incapaz de crearlo, reclama a un viejo y sabio amigo, el alquimista, que le propone aplicar los conocimientos de química a la escritura y esboza interesantes reflexiones sobre la creación literaria: “Las palabras son una secuencia de caracteres dispuesta al azar… cada idioma posee su propia secuencia… en el fondo las historias existen antes de que el escritor las describa. Las palabras flotando en el aire de nuestra memoria esperan ser derramadas sobre el papel… Mi propuesta es aplicar la destilación como medio para separa las palabras, sí destilar palabras, es el fundamento, no puedo explicarte más, en la receta encontrarás todo el detalle” (pp. 161-162).

Como nos indica en el “A modo de prólogo”, Jacobo Israel Garzón, el escritor disfruta con temas y asuntos familiares o relativos a sus vivencias en Larache, Rabat, Tánger y en ellos muestra sus raíces sefarditas y castellanas (hijo de padre judío y madre castellana) genera un conjunto de vivencias que son trasladadas al lector como si fueran testimonios o confesiones (en ocasiones epístolas a personas ya desaparecidas) que poseen la impronta de la conmoción emotiva y la construcción de un tiempo ya vivido.

Hay dos grandes apartados: “Relatos” (41 escritos) en los que incluye cartas, reflexiones, construcciones memoriales, descripciones de personajes (siendo su padre Jacobi el que con mayor intensidad aparece en muchos de estos textos), situaciones, deseos y aficiones (el cine alcanza una gran importancia), lugares para la memoria (y donde vivió un tiempo como Larache, Tánger, Rabat, Marrakech…)… Podríamos decir que este apartado es un canto a la memoria y a su reconstrucción en el que se palpa un gran observador de la realidad y un fino analista del detalle. El tono es profundamente afectivo y, a veces, conmovedor, dotado de un lirismo emotivo que para las personas retratadas puede alcanzar grandes dosis de sensibilidad. A través de ellos podemos apreciar algo que está muy presente en su obra, sus profundas convicciones democráticas, su sentido de la responsabilidad, la justicia histórica, etc. Un fundamento ético (a veces moralizador, aunque en determinado momento afirme que no persigue este componente) que está muy presente. Así se hace manifiesto de un modo explícito en el cuento ya citado de “El alquimista”, donde se define perfectamente heredero de una cultura sefardita por parte paterna y de la sobriedad castellana por parte materna, hijo por formación de la escuela republicana francesa y andaluz por vocación y sentimiento, desprecia la incultura, la mala educación, la trivialidad y la vulgaridad, odia la prepotencia y la impunidad, adora la poesía, sigue a Camus y Dostoievsky, aborrece la sociedad mercantilista y utilitaria, admira la humildad, la naturalidad, la honradez, la sinceridad, la educación y la tolerancia, y no se considera moralista pero sí que el ser humano debe esforzarse en hacer de la vida algo útil para nosotros y para los demás.

Hay muchos más principios que resalta sobremanera el autor en historias donde critica también la incoherencia de los políticos, enumera las razones para el desengaño y es fustigador con ese pasado atroz de la dictadura. Muchas de sus historias tienen el espacio temporal de los años cincuenta, cuando el autor estaba en plena infancia y esta aureola emotiva surge con fuerza en muchas de ellas que se convierten en una invitación al recuerdo y a la reconstrucción memorial en blanco y negro. Situaciones con la delación presente, historias de la guerra civil, breves historias de amor, la síntesis entre lo musulmán y lo cristiano, la reflexión y la conformación de un mundo ya periclitado permiten hablar de un ámbito para la fotografía y la reflexión crítica: “Toda nuestra infancia –dice-, toda nuestra España, era un parche para seguir tirando, porque cuando fuésemos mayores, seríamos otra cosa y nos compraríamos el tren o la bicicleta que los mayores no querían o no podían regalarnos” (p. 47). El padre Jacobi, la madre Victoria (en menor medida), la abuela, la prima Flora, el tío rojo León, don José, la comunidad judía, su vida en el internado… pero también los espacios y los lugares como la calle Barcelona, la calle Real… permiten hablar de un recorrido sentimental por la memoria de un hombre que se considera más cerca de la rudeza bereber que de la castellana y que es consciente de que “el conocimiento de nuestro pasado –como sucede en estos textos- nos acerca más a nosotros mismos y nos enseña por qué somos lo que somos” (p. 105). Lo que nos permite adentrarnos a su vez en el concepto de identidad y en la definición de esta como un cúmulo, un mestizaje de culturas que surgen con fuerza en estas historias, en estas cartas y reflexiones sobre la amistad.

La segunda parte, “Cuentos” la conforman cinco historias en las que está muy presente un realismo mágico de carácter simbólico más cercano a los cuentos de Las mil y una noches que a la narrativa hispanoamericana. La historia de Rachid podríamos considerarla como una parábola moral cuando es visitado por tres seres extraños que le hablan de tres principios honorables: Sabiduría, Honradez y Humildad, que debían ser guías para toda una vida. En “La Biblioteca” surgiría también una relación mágico-simbólica en la que se reflexiona sobre la creación a través de las propuestas de los muñecos de las estanterías que advierten de guías vitales y existenciales, como también sucede en la citada “La alquimia”. Para finalmente adentrarnos en las dos últimas historias en el ámbito de la naturaleza de la verdad y la mentira y su impostura.

Multitud de historias que conforman una visión de una época, de un paisaje, de un mundo interior que nos delimita y nos conforma como individuos que creen profundamente en la verdad y su configuración.

A continuación intervino  la poetisa Paloma Fernández Gomá, que igualmente, como es habitual en ella, desbrozó las interioridades de este libro de cuentos y relatos, y acabó leyendo algunas pequeños párrafos muy significativos de la narrativa “coheniana”.

Paloma Fernández Gomá

Paloma Fernández Gomá

En mi turno, me centré en los relatos en los que León Cohen rememora su niñez en Larache, en los que habla de sus padres, de su abuela, de sus tías, pero me demoré oportunamente en los que describen, desde su mirada desengañada pero nostálgica, ese Larache que tanto amamos.

Sergio Barce

Sergio Barce

Dije en mi intervención:

León nació en Larache, en una casa mata situada al pie de una mezquita, pero creció entre arena y olas, en la otra banda, esa playa que nos vio crecer a todos los larachenses y nos regaló recuerdos imborrables.

León no sería quien es sin el espíritu de su pueblo, de nuestro pueblo. Hemos crecido en diferentes años, León nació y creció en los años del Protectorado, yo nací y crecí en un Marruecos ya independiente, pero ambos guardamos como un tesoro imágenes y sonidos similares, imágenes y sonidos que forman parte de nuestra vida, como una especie de ADN que nos uniera, como el restallar de los disparos del tiro al plato en el Balcón del Atlántico, las gymkanas, los entierros musulmanes pasando a toda prisa por las calles respetuosamente paralizadas, las noches de San Juan, la romería al santuario de la patrona Lalla Menana, los bailes en la Unión Española, el carnaval en el Casino, la algarabía nocturna de las bodas musulmanas, la cabalgata de los Reyes Magos, el Purim en el Casino Israelita, cruzar el río en barca, el fútbol en Santa Bárbara o sobre la arena dura y compacta al bajar la marea en la playa peligrosa, el colorido del Zoco Chico al caer la noche (benditos sábalos recién pescados, dice León), los espectáculos en el Teatro España, los domingos de cine en el Ideal o el Avenida, el paseo a los Viveros, los atardeceres con la mirada perdida en el horizonte desde la balaustrada del Balcón del Atlántico…

Pero, y esto ya es sólo de él, a León le gusta definirse como el hijo de Jacobi el guapo.

A partir de aquí, dejé la palabra a sus relatos, y leí varios párrafos del libro.

Intervención de León Cohen

Intervención de León Cohen

León Cohen se encargó de cerrar el acto explicándonos los motivos y las inquietudes que le llevan a escribir este tipo de cuentos y narraciones.

Arropados por su familia (Julia y su nieto Alejandro) y por una buena representación de larachenses que acudieron al acto (Marisa y María Cristina Fernández Carrillo, Pepa Roelas, Francisco Muñoz Cortado, Antoñita de la Vega…), así como nuestros “sufridores” y larachenses de adopción: Pepe Sarria, Larisa, Berry, Mónica López –que me regaló un ejemplar del periódico “Larache” del año 1947… una maravilla), amén de otras personas asiduas al Ateneo y varios conocidos.

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Creo que fue una presentación muy bonita, de mucha calidad, y estoy convencido de que León la disfrutó. Se le notaba en el rostro cuando firmaba ejemplares.

Sergio Barce, septiembre 2013

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Escribe León Cohen en su relato “Mi prima Flora”:

(…) Los viajes periódicos en autobús a Tánger o a Tetuán para visitar a su costurera, las clases de inglés al atardecer con Mr. John, el capitán Cardona Sigue leyendo

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EL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS. LA HISTORIA TRASCENDIDA

Con  ocasión del centenario de la instauración del Protectorado español en Marruecos, se acaba de publicar <El Protectorado Español en Marruecos. La Historia Trascendida”, financiado por Iberdrola.

He tenido la suerte de participar en este gigantesco proyecto literario en el que se han dado cita escritores, estudiosos, historiadores, juristas… en una obra que se ha editado en tres tomos. También he tenido la suerte de descubrir, al recibir los libros, que entre los participantes hay muchos amigos, y también dos paisanos y amigos larachenses, León Cohen Mesonero y Carlos Tessainer y Tomasich.

La obra está dirigida por Manuel Aragón Reyes, la edición y la coordinación ha corrido a cargo de Manuel Gahete Jurado, con la colaboración de Fatiha Benlabbah. La coordinación editorial es de Montse Barbé Capdevila. Teniendo los libros entre las manos, se comprueba que todos han hecho un trabajo excepcional.

Volumen I

Volumen I

El objetivo de esta publicación es la de demostrar la relevancia que, tras los años transcurridos, ha tenido la existencia del Protectorado en las relaciones entre España y Marruecos y descubrir las huellas que aún perviven de esos años compartidos.

Mi texto se titula <La vida cotidiana durante el Protectorado en la ciudad de Larache>, y forma parte del Volumen I, dedicado a “La vertiente socioeconómica y demográfica”, tema sobre el que también escriben Jesús Albert Salueña, Youssef Akmir, Mimoun Aziza, Mohammed Dahiri, Bernabé López García y Rafael Domínguez Rodríguez. Igualmente, en este primer volumen, sobre “La vertiente jurídica” hay textos de José Manuel Pérez-Prendes Muñoz-Arraco y Antonio Manuel Carrasco González; y sobre “La vertiente científica y educativa” escriben Víctor Morales Lezcano, Irene González González, Francisco Javier Martínez Antonio y Germán Sánchez Arroyo.

Volumen II

Volumen II

El Volumen II está dedicado a “La vertiente cultural e historiográfica” con textos de Eduardo Torres-Dulce, Bouabid Bouzaid, Enrique Arias Anglés, Josep Lluís, Mateo Dieste, Federico Castro Morales, Mustapha Adila y Paloma Rupérez Rubio. “La vertiente literaria” está escrita por José Carlos Mainer Baqué, José Sarria, Vicente Moga Romero y Mohamed Bouissef Rekab. El capítulo “Los autores y sus obras” que cierra este volumen está compuesto por textos de León Cohen Mesonero, Abdelkader Chaui, Severiano Gil Ruiz, Said Jedidi, Mohamed Lahchiri, Rafael Martínez-Simancas y Carlos Tessainer y Tomasich.

Por último, el Volumen III se dedica a “La vertiente histórico-política” con textos escritos por Juan Pando Despierto, Rachid Yechouti, Emilio de Diego García, María Rosa de Madariaga, Miguel Hernando de Larramendi, Ricardo Martí Fluxá, Santos Juliá, Abdelmajid Benjelloun, Rafael Guerrero Moreno, Mohamed Larbi Messari y Marion Reder Gadow. Sobre “La vertiente militar” escriben Andrés Cassinello, Manuel Espluga, José Luis Isabel Sánchez, Juan José Amate, Boughaleb El Attar y José Manuel Guerrero Acosta. Por último “Las preocupaciones magrebíes de un militar ilustrado en el primer tercio del siglo XX. La obra de Antonio García Pérez sobre Marruecos” son analizadas por Pedro Luis Pérez Frías, Manuel Gahete y Geoffrey Jensen. Este volumen y la obra terminan con un epílogo escrito por Julián Martínez-Simancas.

Volumen III

Volumen III

Creo que como compendio de lo que fue el Protectorado español en Marruecos pasará a convertirse en una publicación de referencia. Personalmente me siento orgulloso de participar en una obra en la que hay firmas que admiro desde hace mucho tiempo, y en la que, como decía, me veo junto a varios amigos a los que, igualmente, respeto como investigadores o escritores.

He de decir que mi texto sobre la vida cotidiana durante el Protectorado en la ciudad de Larache no he podido evitar convertirlo finalmente en una larga narración. En ella, muy resumidamente, y como ejemplo de lo que fue la vida en Larache durante esos años (siempre desde mi prisma y visión personal, recordando todo cuanto me han relatado de aquella época que por edad yo no viví), cuento los avatares de mi familia desde que llegaron a Marruecos a primeros del siglo XX hasta que abandonamos nuestra tierra amada a principios de los años setenta.

Montse Barbé, como coordinadora editorial, me manifestó que se había emocionado con este texto, y Manuel Gahete, responsable de la edición y coordinación, también me comentó que le había gustado mucho. Inesperadamente, este texto se ha convertido en el germen de la nueva novela que he comenzado a escribir, así que, si llega a buen puerto esta mi nueva aventura, habré de estar doblemente agradecido a quienes se acordaron de mí para que participara en este proyecto. Y en este sentido, por otra razón pero muy unida a todo esto, he de dejar constancia también de mi afecto a mi amigo y paisano Luis Cazorla, y él sabe a qué me refiero.

Sergio Barce, agosto 2013

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MALAGA – ESTE LUNES, 22 DE ABRIL, CONTINÚA EL CICLO POÉTICO

En el Liceo de Málaga, este lunes, a partir de las 19:30 horas

intervendrán los escritores

SIRACUSA BRAVO

EMILIO BALLESTEROS

FRANCISCO MORALES LOMAS

Y

JOSE SARRIA

ciclo poético LICEO DE MÁLAGA  abril 2013 (1) 

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DANZADELAIRE del poeta tetuaní ABDERRAHMAN EL FATHI visto por el profesor ABDELLATIF LIMAMI

Estoy de enhorabuena, mis amigos parecen prodigarse últimamente con sus últimos trabajos. Jose Sarria me ha enviado este artículo de mi entrañable amigo el profesor Abdellatif Limami sobre la última obra de mi también amigo y admirado poeta Abderrahman el Fathi. Y nada mejor que poder ofrceros a vosotros la oportunidad de comocer este libro y este artículo.

Sergio Barce, enero 2012

 DANZADELAIRE  del poeta tetuaní Abderrahman El Fathi o la vuelta a los orígenes

Por Abdellatif LIMAMI
Universidad de Rabat / Marruecos     

 “Soy hijo del Al-Andalus, esclavo de tus suspiros,
 Inmortal para tus deseos y guardián de tus latidos”
                                           (DANZADELAIRE /  Abderrahman El Fathi)

“Vientos del pueblo me llevan,
 Vientos del pueblo me arrastran,
Me esparcen el corazón
Y me aventan la garganta”
(VIENTOS DEL PUEBLO / Miguel Hernández)

       Al igual que los títulos, los epígrafes  cobran una gran importancia a la hora de analizar o emitir un juicio crítico sobre una obra. Se pueden considerar incluso como las llaves que abren toda “morada literaria”.

Abderrahman el Fathi

        Y es el caso de esta última obra del poeta tetuaní Abderrahman El Fathi  (DANZADELAIRE) cuyo  título y cuyo epígrafe imponen de entrada los siguientes  comentarios: primero un título totalmente en mayúsculas y sin respeto de los espacios que se imponen a nivel ortográfico entre  las palabras (DANZADELAIRE). Sugiere, además de contener la palabra aire, el viento, que estructura gran parte del discurso poético del poeta, y no en su forma apática, sino en pleno movimiento (danza). Es como si el poeta tetuaní, con el riesgo de ser arrastrado por este aire-viento en trance, se escondiera bajo sus mayúsculas apretadas que le pudieran servir de cobijo. No hay que olvidar aquí que las dos ciudades marroquíes donde vivió y sigue viviendo el poeta (Tetuán y Tánger) son muy conocidas por su viento, sobre todo otoñal o hibernal (CHARKI).  

       En un segundo lugar, nos referimos a un epígrafe de los más sugerentes, sacado de Ibn Said al-Magribí y que implica esta vez la fuerza de este viento que lo vence todo, a pesar de los pesares .  

 “Al viento que vence
 la resistencia de los árboles
  haciendo que sus ramas se inclinen
 y besen los estanques” (p.7)  

       La portada de la antología queda  además marcada un cielo nublado; especie de foto aérea que sugiere el idílico Estrecho de Abderrahman El Fathi, tan añorado, tan vivido y tan recreado en su obra.

       Como este viento furioso, el poeta tetuaní irá de una “morada” a otra (de Tánger a Tetuán) para vencer espacios y tiempos, estando al borde del precipicio. No cabe duda aquí que el poeta se presenta como una herramienta roída, que sólo salva la palabra poética: una palabra inconclusa, sin rima ni ritmo, pero que le evita ser un ciclo acabado:

 “Soy feliz aquí
 en estos versos inconclusos,
al borde del precipicio
 de una palabra
 sin rima ni ritmo, solo la salva el momento,
el lugar vacío
que ocupa” (p.17)

Abderrahman el Fathi

       Entre miradas impotentes o ausentes y un furioso viento, se hablará finalmente de “…vientos verdes / que arrancan belleza al aire” (p.46), y que dibujan con sus ráfagas  “húmedas nubes / próximas a mis ventanas” ya que las que se fueron –dirá el poeta no sin un tono nostálgico-  “llevaban perfumes y amores lejanos” (p. 71); vientos concebidos al fin y al cabo  “…como puñales / en esta primavera /…” (p.101).

       Impotentes, los ojos no pueden más que contemplar estos vientos de promesas perdidas  “que se debaten despreocupadas / en cada espejismo adolescente / asombradas por ese cuerpo / con ojos amarinados y miradas ausentes.” (p.45);  vientos  en los cuales el poeta sin embargo  ansia  “elevar a deseos”  y caminar en tus miradas” (p.72).

       Abandonado, una tarde de verano,  “…como las sandalias viejas” (p.97), el poeta emprende su caminata hacia  los vericuetos y tinieblas posibles, en busca de una memoria que hay que rescatar: “Mis dudas  -dice casi susurrando su amargura – siguen surcando tinieblas, / en todas las estaciones, para rememorar / el fuego de todos los hombres” (p.57); frenética carrera que lo conduce finalmente a cubrir todas las estaciones para perseguir o atrapar un otoño, acurrucarse en un invierno y asaltar u ocultar una primavera:

“Atrapé tu otoño una noche de
verano
 acurrucado en tu
 invierno
 después de asaltar tu / primavera…” (p.99)

“Perseguí tu otoño en una esquina
 de octubre
 para ocultar, cierta primavera
 un invierno cualquiera” (p.100)

Abdellatif Limami

       Y ¿quién se esconde detrás del tú aquí? ¿La amada, añorada, encontrada, perdida y recreada en el verso; o simplemente la paloma blanca, el Tetuán de la infancia y de la memoria que el poeta procura rescatar en “su particular vuelo” (p. 19), tras momentos de ausencia? Las dos entidades en realidad se confunden para formar una sola, en que Tetuán es la amada y la amada es Tetuán:

“Hoy necesito saciarme a sorbos de tu mar
penetrar y brindarte mis aguas
 elevar tus olas y refugiarme
en el rugido de tu silencio
alzar tu proa en mis labios
brindar mi muerte en tus ojos
 y caer rendido
frente a tus azuladas brisas.” (p.25)

       Pero a veces, la referencia a esta ciudad de “vientos alocados” (p.33),  en que el “tiempo no transcurre”, sino que “envejece”, y en que los recuerdos ni siquiera “pertenecen al pasado”, manteniéndose “…impasibles, irreconciliados / ante el transcurrir parsimonioso / del devenir implacable” (p.32), la referencia es pues explícita, con sabor a memoria, a pasado erguido y firme para siempre:

“mis días son recreaciones de lugares
que siempre fueron y no
cesaron en su presencia
esas casas siempre viejas
y renovadas por el devenir del tiempo.
Así son los caminos del pasado
siempre en Tetuán” (p.31)

Sergio Barce, Akalay, ABDELLATIF LIMAMI, Jedidi, Sibari y ABDERRAHMEN EL FATHI

       Más explícitos son los siguientes versos que, aunque el nombre de la ciudad no se menciona directamente , su presencia como espacio y como amor idílico es más que  evidente. En ellos, el poeta busca refugio, respuesta a sus lamentos, consuelo a sus sufrimientos o, simplemente, una morada donde rendir el alma.

       En una perfecta simbiosis, será a la vez él, la amada añorada y el espacio predilecto de la memoria:

“Hoy necesito saciarme a sorbos de tu mar
 penetrar y brindarte mis aguas
elevar tus olas y refugiarme
en el rugido de tu silencio
 alzar tu proa en mis labios
 brindar mi muerte a tus ojos
y caer rendido
 frente a tus azuladas brisas” (p.25)

“Qué esconden tus vientos
 qué lamentos denuncian
 cuántos secretos ocultan
 dímelo a los ojos
 ya que los míos
 se confunden en tu mirada” (p.40)

       Rendido, no resignado,  el poeta alza un grito y eleva su voz hacia Dios como para pedir ayuda y salvación frente a lo efímero y transitorio. Pero, no sin cierta fuerza y firmeza en la existencia de SU Estrecho, que constituye la suma de su memoria:

“¡Ya Ilahi!
 Todo es transitorio.
 Hasta mis versos te añoran,
 se lamentan de tu ausencia
silenciada en mis sueños,
 en cada rincón oculto de las olas,
 en las aguas profundas
 de mi Estrecho,
en la mirada tenaz
 de mi firme convicción de tu existencia.
 ¡Ya Ilahi!” (p.58)

       Esta firmeza recobrada la debe el poeta aquí al verso, concebido como una espada que abre nuevos horizontes. Así, del verso que le “arrebató el cielo”, el poeta pasa al verso que le riega “de sus aguas.” (p.81) en una mera operación de rescate; rescatar para no enfrentar una travesía en solitario, para no ir desnudo como los hijos de la mar (como dijo A. Machado) y para poder construir con las enanas palabras un gigantesco corazón en donde podría refugiar su alma dolorida y poder renacer:

“He vuelto a por mis versos  
 ahí estaban
en esa mesa, ese té con hierbabuena
 los rescaté, desde entonces viven conmigo,
 para siempre
 me acompañan en mis travesías,
 en mis noches de soledad.
 me arropan esos versos
 me recuerdan cuánto te amé” (p.74)

“Y ahora deseo rescatar todos los versos que compuse
para ti
abandonados en los cafés, parques, bibliotecas, papeleras
y esquinas y bares.
Quiero construir con ellos un corazón tan grande y
refugiarme para siempre” (p.77)

       Ya los primeros versos que abren esta antología hacen hincapié sobre esta felicidad recobrada gracias al verso. Y poco importa si son versos inconclusos, o una suma de palabras sin ritmo ni rima y que lo sitúan incluso al borde del precipicio. Más importante es su existencia que inspira felicidad y más importante aún son estos versos salvadores:

“Soy feliz aquí
en estos versos inconclusos,
al borde del precipicio
de una palabra
sin rima ni ritmo, sólo la salva el momento,
el lugar vacío
 que ocupa” (p.17)

        La felicidad aquí está en la toma de conciencia del poeta de no poder vivir ya sin ELLA como  creó en sus años de loca juventud. La vida le ha ensenado que nunca se deshace uno de lo que es y que constituye su seña de identidad. Incluso con  la distancia, esa musa no  dejó nunca de reclamarle su presencia y apaciguar sus males y miedos de la infancia; la vuelta a los orígenes se hace entonces más eminente:

“Creí vivir sin ELLA,
y ahora que su distancia me reclama,
mi retorno se acerca en estos versos.
A cada palabra le exijo más fuerza
para huir
de mis miedos de infancia.
ELLA va enmascarando esos pasajes
que antaño fueron
lejanas voces, suspendidas
en antenas de azoteas,
en cualquier medina,
empeñadas siempre
en captar imágenes de la otra España” (p.17)

       Al término de esta reflexión,  se impone la misma interrogante que condujo nuestros pasos al principio: ¿Quién es “ELLA”, que se yergue con las mayúsculas que el poeta le obsequia?:

–     ¿Tetuán, la linda ciudad de la infancia y juventud del poeta? Hemos visto como todas las referencias del poeta “huelen” a mar, lo que nos ha permitido hacer de la ciudad de Tetuán la musa por excelencia.
–    ¿Un grato recuerdo de amor o un amor sepultado y que el poeta escarba hoy con sus dientes? Amar es de todos, y aún más para sensibles poetas como es el caso de Abderrahman El Fathi. Más que nadie, él sabe que no es tarea fácil: “Si amar fuera tan fácil. / -dirá el poeta-  Te amaría a verso suelto / a cadencias azuladas / y latidos ocultos” (p.91)
–      ¿El ansia de volver y fijarse en el espacio predilecto dela infancia? La madurez impone la vuelta a las raíces para que uno siga creciendo y envejezca acaso cerca de las “viejas moradas” a las cuales se acostumbró la mirada y a las cuales también alude el poeta.

       Pero, poco importa la respuesta si todas estas hipótesis se funden en una: un retorno a los orígenes en un acto de plena devoción, concretizado en el ápice poético. Es también un acto de amor con tintes de tristeza y melancolía  dirigido tanto al espacio de predilección como a la otra hipotética musa.

       Terminamos con estos versos sintéticos en que la simbiosis, o por lo menos la fusión, entre el poeta y ELLA son totales. Y que cada uno escarbe con sus dientes estos versos para saber quién es esta legitima esposa/musa del poeta:

“Tu soledad me reclama
se asoma fugitiva
con su habitual sombra de colores
 hasta confundirse y penetrar en la mía
entregada al pestañar
 del día en la noche, sigilosamente
hasta acabar absorbiendo
 esa luz que rompe
desde su desnudo ombligo  de arena.(p.23)

____________________________

  Abderrahman El Fathi; DANZADELAIRE; Patio de Monipodio; 1ª edición; 2011; Cádiz;  España. (Las referencias entre paréntesis corresponden a esta misma edición).

  El viento aquí  como símbolo de una amenaza, caos, inestabilidad y destrucción pero que los versos del poeta cambian en  una suave y cálida brisa que un implica un cambio  progresivo y positivo.

   ABU AL HASAN ALI IBN MUSA IBN MUHAMMAD IBN ABD AL MALIK IBN SAID AL MAGRIBI, nacido en Alcalá la Real, provincia de Jaén en 1214. Poeta, gramático, historiador y geógrafo. Por consejo de su padre, se traslada muy joven a Sevilla para dedicarse allí con preferencia al estudio del lenguaje, al cultivo de la poesía y al estudio histórico.  La nostalgia de su patria andaluza, durante su estancia en Egipto, le inspiró una de sus poesías más interesantes (sentimiento nostálgico que nos acerca al experimentado por el poeta tetuaní Abderrahman El Fathi).  En el año 1286 habiendo realizado su peregrinación oficial a La Meca, murió en Damasco, cuando se disponía a regresar a Occidente.

  Es de notar que en toda la obra, sólo una vez se menciona el nombre de la ciudad.

  He aquí algunas de las expresiones que recrean este estado de ánimo:  “precipicio” (p.7);  “derrota en los pies” (p.22);  “muerte” (p.25);  “quimera ardiente” (p.29); “ inmensa soledad” (p.38);  “espejismo adolescente” y “miradas ausentes”  (p.45) “blanca pesadilla” (p.50);  “alma de ojos tristes” (p.54);  “lágrimas desnudas”, “sombras ajenas” y “memoria  descifrada y fragmentada” (p. 56);  “tinieblas” y  “penas” (p. 57);  “amores lejanos” (p.71);  “penas amarradas por el tiempo” (p.73);  “frente arrugada” (p.73); “noches de soledad” (p.74); “amores lejanos” , “copas olvidadas” y  “corazón ondulado” ‘(p. 75);  “ profundos lamentos” (p. 84);  “confusión” (pp.85/86);  “agonía” (p. 93); “ fracasos” (p. 89).

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CANCIONES SEFARDÍES, poemario de JOSE SARRIA

 

Canciones sefardíes (1998). del poeta malagueño Jose Sarria, con el que compartí el laborioso y emocionante viaje a Larache para llevar material escolar, y algún instante fiscal -lo que es menos atractivo-. son un adelanto del que luego se convertiría en su poemario completo Sepharad, del año 2000, obra con la que fue finalista del Premio Andalucía de la Crítica del año 2000.

Como me decía Jose, siempre se ha sentido atraído por el mundo hebreo, influenciado en parte por la lectura de la Biblia que leyó desde pequeño. Le impactó el Antiguo Testamento, y le emocionó El Cantar de los Cantares, el Eclesiastés y los Proverbios.

Jose Sarria

También me dice Jose que es posible que en su familia podría existir alguna raíz judía, ya que su apellido Sarria deviene de un pueblo de Lugo, y en aquella zona, entre Lugo y León, existió una comunidad judía muy importante que al tener que adoptar la fe cristiana se vieron obligados a adquirir apellidos de lugares, profesiones, etc..

Con todo esto, Jose Sarria, así lo cuenta él, un buen día se imaginó en Córdoba, en su camposanto, delante de una tumba con inscripciones hebreas y notó que su corazón brincaba al tocar en esas letras sus raíces. De allí surgió el primer poema de Sepharad:

 GÉNESIS

 Me llamaron. Me llamaron

con sus alargadas sombras

de milenios. Pronunciaban

mi nombre como sirenas

ansiosas de marineros.

Son mis padres y sus padres

y legiones de otros padres

izando tanto vestigio

a través de mis arterias.

Yo, la voz de sus silencios,

su acallado resistir

en este pequeño patio

del camposanto de Córdoba

donde afloran las conquistas

de siglos y de promesas.

Cubriéndome los cabellos,

para que todos me escuchen

apacible les recito:

“Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es el Señor”.

 Muy poco tiempo después fueron surgiendo otros poemas relacionados con la temática sefardí y decidió completar un homenaje a este pueblo que ha vivido durante más de 500 años añorando el regreso hasta esta su casa.

Todo se confirmó en una visita que Jose Sarria hizo a Estambul, en donde existió una gran comunidad de sefardíes exilados, y allí se tropezó en el barrio Gálata, el barrio de los sefardíes turcos, con un anciano sefardí, con el que mantuvo un curioso diálogo en un gastado castellano judeoespañol. Este hombre le contó la maravillosa historia de su familia, de su exilio, de su recorrido y de cómo aún conservan, como un maravilloso tesoro, las llaves de la que fuera su casa de Toledo, que se van pasando de generación en generación. Así surgió el poema Barrio Gálata:

 BARRIO GÁLATA

Desde la Torre Gálata

el Bósforo parece

un alfanje que corta el corazón

de Estambul. A lo lejos

se adivinan las voces

de los muecines

sobre los alminares.

Aquí,

          en este barrio antiguo

los ancianos dialogan

en un gastado castellano:

son el signo de aquellos sefardíes

que en una noche de locura

lloraban su destierro.

 Con toda esta armazón,  Jose Sarria construyó este hermoso libro de versos y poemas, su delicado canto a los sefardíes que viven añorando la tierra de Sepharad…

 Jose Sarria nació en Málaga en 1960. Es economista y poeta. Entre sus obras destacan: Prisionero de Babel, Tratado de amores imposibles, La voz del desierto, Inventario delle Sconfitte o Desde que llegaste. Sus poemas han aparecido en numerosas antologías y revistas como Málaga et Poesía, Turia, Almoraima, Extramuros o Entrelíneas.  

Sergio Barce, diciembre 2011

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