MUERE JUAN GOYTISOLO. SERÁ ENTERRADO EN LARACHE

Hoy hemos empezado el día con una mala noticia para el mundo de la literatura, especialmente el de las dos orillas. Juan Goytisolo ha muerto.

La primera vez que acudí a un acto suyo fue en Málaga, cuando presentó su libro Makbara, en 1980, más o menos.  Eran los años de la transición aún, cuando los jóvenes nos ilusionábamos al acudir a cualquier acto reivindicativo o cultural que tuviese algún significado político. Aquel de Makbara lo era, sin ninguna duda. Goytisolo era un apellido que entonces estaba lleno de connotaciones. Era un acto de libertad. Lo escuché muy atento. Luego, aguardé paciente hasta que me firmó mi ejemplar, y le dije que era de Larache, y me comentó que amaba profundamente Marruecos. Le dije que yo también. Todo fue rápido, pero yo estaba exultante. Todo me entusiasmaba. Le había estrechado la mano a alguien que, para mí, nos abría puertas ilusionantes. 

Años después, tuve la oportunidad por fin de hablar con él con más calma, junto al escritor larachense Mohamed Akalay que me acompañaba ese día. Era un hombre que, sin embargo, mantenía las distancias. Charlamos en la Librairie des Colonnes, en Tánger, en el año 2002 ó 2003. Le hablé de aquel día de Makbara. Fue en ese instante cuando se dio cuenta de que no era uno de esos «fans» pesados que se le acercaban y de los que, me confesó, huía como de la peste, le aburrían. Se interesó por mis dos primeros libros que habían salido  esos años, y me deseó mucha suerte. Antes de despedirnos, nos hicimos una foto, pero él pidió que, por favor, el flash no le diera de cara, porque le molestaba el fogonazo. Luego lo vi en un par de ocasiones más.  

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Sergio Barce, Juan Goytisolo y Mohamed Akalay, en la Librairie des Colonnes de Tánger

Como ya escribí en cierta ocasión, los referentes van desapareciendo de manera inexorable. Sampedro, Saramago, Galeano, Cohen (Leonard), Marcos Ana… Los grandes intelectuales se marchan, y, en su lugar van apareciendo los «Trump», que lo infectan todo; parece que el mundo decae a pasos agigantados y nos empobrecemos más y más, económica, social y, en especial, cultural y éticamente. La oscuridad nos acecha.

Lo último que he sabido de esta mala noticia es que Juan Goytisolo va a ser enterrado en Larache. Quería que lo dejaran en Marruecos, pero no en un cementerio católico. El único civil está en Larache. De manera que lo enterrarán cerca de Jean Genet. Y los dos descansarán mirando al Atlántico, desde la privilegiada atalaya de mi pueblo.

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«UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE, DE SERGIO BARCE», POR EL PROFESOR BOUJEMAA EL ABKARI

El 29 de abril pasado, se publicó en la página web de la Asociación de Críticos y Escritores de España, sección Andalucía (ACE), el estudio que el profesor Boujemaa El Abkari, de la Universidad Hassan II, Mohammedia, de Marruecos, ha dedicado a una de mis novelas, estudio que titula ”Algunos aspectos de la sociedad larachense en la novela Una sirena se ahogó en Larache de Sergio Barce”.

Me sigue sorprendiendo que mis libros, aunque pase el tiempo, sigan despertando tanto interés. Precisamente, Jesús Otaola, mi editor de Paseando por el zoco chico. Larachensemente, de La emperatriz de Tánger y de El libro de las palabras robadas, me comentaba que, mientras que hay libros que se venden cuando salen y dejan de tener actualidad en pocas semanas, los míos, por la razón que sea, siguen vendiéndose de manera ininterrumpida. Incluso Sombras en sepia, publicada por Pre-Textos en el año 2006, se sigue vendiendo también. Espero que la razón sea que los lectores los recomiendan cuando acaban de leerlos.

En el siguiente enlace podéis acceder al artículo del profesor El Abkari:

http://www.aceandalucia.org/index.php?id=noticia0&tx_ttnews%5Btt_news%5D=28956&no_cache=1

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MIS PELÍCULAS FAVORITAS 1

Hoy comienzo una nueva serie en mi blog: Mis películas favoritas. Ya he escrito sobre varias de ellas, pero, a partir de ahora, voy a remarcar y explicar las razones que las convierten en mis cintas más queridas. Y comienzo con Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird, 1962), que también es la cinta favorita de mi amigo José Garriga Vela.

To kill a mockingbird porter

Elmer Bernstein compuso la banda sonora de Los 7 magníficos (The magnificent seven, 1960) de John Sturges, y creó uno de los temas más recordados de la historia del cine.

https://www.youtube.com/watch?v=yulmgTcGLZw

Sin embargo, su más bella partitura la escribió dos años después para Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird, 1962). Podéis escucharla en el siguiente enlace, con los títulos de crédito de la película:

https://www.youtube.com/watch?v=Wwf96OEaYBg

La música es sensible, nostálgica y emotiva. Y arranco hablando por la banda sonora de Matar a un ruiseñor porque, después de tantos años, quizá sea uno de los aspectos de los que menos se ha escrito de la película, y, sin embargo, es imposible desligar a Atticus Finch no sólo del actor que lo encarnó sino también de la música de Elmer Bernstein.

TRUMAN CAPOTE Y HARPER LEE

TRUMAN CAPOTE Y HARPER LEE

La película se basa en la novela de Harper Lee. Yo, personalmente, prefiero la película. La habré visto una veintena de veces. Es una cita anual. Tengo varias citas cinematográficas anuales. Son como visitas a unos viejos amigos que sé que ya nunca me defraudarán.

Cuando Gregory Peck rodaba una de las primeras escenas de la película, se dio cuenta de que Harper Lee, que había acudido al set, seguía a la cámara que, en ese instante, hacía un largo travelling; también se dio cuenta de que la escritora no le quitaba ojo de encima. Peck creyó descubrir un gesto de admiración o de satisfacción en Harper Lee y pensó que era porque le había gustado cómo había resultado su trabajo. Se acercó entonces a ella y le preguntó, orgulloso y seguro de adivinar la respuesta: “Harper, ¿he visto brillar algo en sus mejillas?”. Pero Harper Lee le dio una respuesta inesperada: “¡Oh, Gregory! Tiene usted un poco de barriga, como mi padre”.

Hay películas en que se dan un cúmulo de elementos que la convierten en una obra maestra. En el caso de Matar a un ruiseñor, se unieron el maravilloso texto de Harper Lee y, al inicio, el entusiasmo de sus dos productores, quienes dieron el impulso de arranque: Alan J. Pakula, que años después sería el director de películas como Klute (1971), Todos los hombres del presidente (All the president´s men, 1976) o La decisión de Sophie (Sophie´s choice, 1982), y Robert Mulligan. Mulligan, además, se encargó de dirigir la película, y jamás en su filmografía volvería a alcanzar el cielo. Pero supongo que, si eres el realizador de algo tan perfecto e inolvidable como Matar a un ruiseñor, tus aspiraciones quedan colmadas.

Junto a la escritora y a los productores, entraron en liza una serie de técnicos que hicieron muy especial al film: los títulos de crédito fueron diseñados por Stephen Frankfurt, que creó una pequeña obra maestra dentro de la gran obra maestra. Para ello se sirvió de los objetos que el personaje de Boo había ido dejando en el árbol para los hijos de Atticus, y ver esa canica rodar por entre ellos le da un toque de inocencia sumamente delicada. El blanco y negro, por supuesto, acentúa aún más la belleza de las imágenes. El responsable de la fotografía fue uno de los grandes: Russell Harlan, fotógrafo de otras maravillas como Río rojo (Red river, 1948), Semilla de maldad (Blackboard jungle, 1955), El loco del pelo rojo (Lust for life, 1956), Testigo de cargo (Witness for the prosecution, 1957) o de Río Bravo (1959). En Matar a un ruiseñor, su juego de luces y sombras dan el justo toque mágico que necesitaba la película.

Los actores.

Jem, Scout y Harris

Jem, Scout y Dill

Pakula y Mulligan supieron rodearse de un casting perfecto. Los actores infantiles son inolvidables: John Megna, que interpretaba al pequeño y debilucho Dill Harris, bordaba al niño resabiado y fantasioso que visitaba el pueblo cada verano y que se hace inseparable de los hijos de Atticus. Estos eran Phillip Alford, como Jem, el mayor del pequeño grupo y que tanto nos hace reír cuando las sombras tenebrosas y los ruidos de la noche lo hacen correr con el miedo metido en el cuerpo, y, sobre todo, Mary Badham, que hace de Scout. El personaje de Scout es fundamental. La voz en off que va narrando la historia, es la de la Scout ya adulta que recuerda con nostalgia y cariño aquellos lejanos veranos en el pueblo, al lado de su padre y de su hermano. Y Scout es la que nos va descubriendo el enorme corazón, la bondad, la honradez y la gallardía de Atticus Finch.

Es fundamental en la escena en la que los tres niños acuden a la cárcel y, con su presencia, evitan que los linchadores, que han llegado dispuestos a darle su merecido al negro encarcelado, se enfrenten a Atticus.

Atticus y Scout

ATTICUS y SCOUT

Mary Badham compone a una Scout a la que uno no puede dejar de querer. Y, años después, ella contaría que su relación personal entonces con Gregory Peck fue enternecedora, tanto que, durante el rodaje, el famoso actor la acogió en su casa para que le fuera más sencillo el rodaje y, desde entonces, fueron amigos.

Ninguno de los tres actores infantiles tuvo una gran carrera cinematográfica, pero todos han quedado en la memoria de los amantes del cine.

Paul Fix, un clásico entre los actores de reparto del cine americano, habitual de John Ford y de Sam Peckinpah, también crea un personaje curioso, el del juez del pueblo, que no duda en encargar la defensa de un negro acusado de violar a una mujer blanca a Atticus Finch, y lo hace en la seguridad de que, sólo una persona íntegra como él, puede hacer ese trabajo.

Atticus y Tom Robinson

ATTICUS y TOM ROBINSON

La actriz televisiva Collin Wilcox Paxton también hace un excelente trabajo como la presunta víctima de la violación. Y Brock Peters, como el acusado Tom Robinson, le abre las carnes al espectador cuando llora en el estrado al intuir que ninguno de esos blancos va a creer que es inocente. Clava el papel.

Pero, por supuesto, entre los actores de reparto de la cinta, destacó un joven intérprete que comenzaba por entonces y que encarnó al enigmático chico con problemas mentales llamado Boo Radley. El actor se llamaba Robert Duvall. Una leyenda del cine.

Robert Duvall como Boo Radley

ROBERT DUVALL es BOO RADLEY

Duvall compuso un personaje que no pronuncia una sola palabra, pero es tan intensa su mirada, son tan elocuentes sus gestos, no obstante, contenidos y reprimidos, que, cuando por fin aparece tras la puerta del dormitorio donde yace Jem malherido, su manera de mirar a Scout nos transmite toda su bondad y ternura. Gregory Peck contaba que, con esa corta escena, Robert Duvall daba una soberana lección de interpretación.

Y, por último, está Gregory Peck.

Escribí al principio que he visto Matar a un ruiseñor una veintena de veces. Cuando volví a hacerlo este fin de semana, al acabar la película, tenía un nudo en la garganta. Nunca antes me había emocionado tanto con la cinta. Quizá me esté haciendo mayor. Es curioso emocionarse de esta manera con una película que casi me sé de memoria. Pero me di cuenta este domingo que Gregory Peck está inmenso.

ATTICUS FINCH - GREGORY PECK

ATTICUS FINCH – GREGORY PECK

Trabaja aquí de una manera tan natural, adopta al personaje de Atticus Finch con tal maestría que él se convierte en Atticus Finch, y uno ya no sabe si está viendo a Gregory Peck o al personaje, o es al revés. Sé que no descubro nada, pero hay momentos en los que uno percibe algo que antes no había siquiera intuido, y eso me ocurrió el otro día. Leyendo y viendo algunas de sus entrevistas, conociendo como conozco su filmografía, Gregory Peck es uno de esos actores que forman parte de mi memoria cinéfila. Pero también está dentro de esos personajes públicos a los que admiro por muchas razones, especialmente por su humanidad y por su postura ante la vida. Fue un hombre comprometido y valiente. Era tan buena persona como el personaje que encarnaba y, quizá por ese motivo, construyó un gigante. No puedo imaginar a otro actor en la piel de Atticus Finch.

Preciosas las secuencias en las que, sentado en la mecedora del porche, oye a sus dos hijos hablar de su madre, ya fallecida; como lo son las escenas en las que le da pequeñas lecciones de vida a su hija Scout, y a nosotros…

Atticus Finch / Gregory Peck es un héroe anónimo. En la vida, sin saberlo, conocemos a otros héroes anónimos. Sus hazañas no constan en los libros, porque son modestas historias, pero contienen un significado inmenso.

El pasado domingo, mientras veía Matar a un ruiseñor, mientras observaba en la pantalla a Scout entre los brazos de Atticus Finch, pensé en mi padre, y me di cuenta de que él también es Atticus. Y, al anochecer, comencé a escribir un largo relato sobre sus pequeñas e inmensas hazañas. Espero acabarlo pronto.

“Señorita Scout. Levántese. Su padre se marcha”

Sergio Barce, mayo 2017

BOO

 

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LOS DÍAS 10 Y 11 DE JUNIO, ESTARÉ FIRMANDO EN LA FERIA DEL LIBRO DE MÁLAGA

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Os espero en la 47 Feria del Libro de Málaga, que se celebrará entre los días 2 y 11 de Junio en el mejor marco posible: la plaza de la Merced. 

Allí os espero con mis historias

ambientadas en Larache, Tánger, Tetuán y Málaga

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El día 10, sábado, firmaré

en la Caseta de

Librerías Proteo-Prometeo

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Y el día 11, domingo, lo haré

en la Caseta de la

Librería Pérgamo

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feria3

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cubierta-definitiva-la-emperatriz-de-tanger

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portada - UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

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ENTREVISTA A SERGIO BARCE EN EL PERIÓDICO DIGITAL «ATALAYAR»

Se acaba de publicar una entrevista en la revista digital ATALAYAR (Entre dos orillas) que me ha realizado el periodista Paco Soto.

Aquí os dejo el enlace para poder leerla, por si es de vuestro interés.

http://atalayar.com/content/%E2%80%98marruecos-forma-parte-de-mis-dos-nuevos-libros%E2%80%99

foto de Safia Abahaj

foto de Safia Abahaj

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