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LARACHE – Jaquetía – LARACHE vista por… SARA FERERES en su cuento EL CANTAR DEL GATO NEGRO

Sara Fereres

SARA FERERES DE MORYOUSSEF escribió el delicioso libro <Larache, crónica nostálgica> al que me he referido en varias ocasiones. Pero también es una autora de relatos y cuentos desde los que da una visión muy curiosa de Larache, su forma de describirla, de rememorarla, de recordarla… Especialmente porque utiliza el jaquetía o haketía como lengua vehicular, y eso le da un valor especial a estos relatos, pues a su memoria privilegiada, que le hace reproducir hechos y escenas de hace tantos años, une el recuperar ese habla tan característica de los hebreos de Larache y de Tánger. En fin, son una especia de relicario que hemos de preservar como otro de los patrimonios culturales de Larache, y por esa razón estoy introduciendo últimamente poemas, cuentos o historias en haquetía.

Hoy reproduzco el relato <El cantar del gato negro> que Sara escribió en 2007.

Sergio Barce, junio 2012

EL CANTAR DEL GATO NEGRO

Bos boy a preguntar: ¿Habrá algún la´haraishi que s´acorde del cantar del gato negro? Le boy a s´criber pa´ mirar si me darán contesta:

                                       Un día de sabbad

                                      Al campo fuimos

                                      Mirimos un gato negro

                                      Mos espantimos

                                      Cojjimos una zeruata

                                      Y le matimos.

 A la hora del recreo en la´scuela, las niñas (tendríamos unos 6 au 7 años), mos cojjiamós de las manos y hhaziendo una rueda, cantabamós bailando… este cantar del gato y otrooos… que feron borrandosé de la memoriaaa… con paso del tiempo. Taimen hhabía otrooo más español que´ste que empesaba ansina: “A la rueda rueda de miel y canela…” M´acordoy d´ello, como si fera ayyer. Entremás sharfa me pongoy, más membransas yenan mi cabesa.  La berdad berdadera eees,  que muestra sibdad Laracheee…, es inolbidable pa´  los que bibimos ahí.

Foto de Fran Morales

Esa ´scuela de l´Aliansa feee, un crisol ¡Endiamantado! Ahí mos formimos y mos eduquimos como manda el Dio. Muestros directores ferooon,  Mr. y Mme. Aranias. Ambos dos se quedaron con mozotros  por muuunchos años. Hhatta discués de la guerra´spañola. Él eraaa de Siria, se yamaba León y a eya que era turcaaa…, él la dizíaaa,  Strea (Estrella zahamá).   Yo no conosí otros iwual qu´ellos. El descansado de mi tío Elías Fereres eraba maestro. Al principiar en l´Aliansaaa, daba clases de casteyano y endiscués, cuando vinó a Larache, Da. Camila, que eraba profesora  d´español, wuá él, enseñaba francés en las clase por debasho de la categoría del “sertificat  d´études”. Pero cuando Mr Aranías no binía, mi tío mos enseñaba francés en el sertificat. ¿Wuoh por lo que candí d´él! Yo era un wuerco y siempre´staba distraída en la clase. Hhablaba y hhablaba que no paraba. Una beeez …, yo…  tinía la cara bolteada y no paraba de hhadrear con mi amiga Molly Benarrosh. Nuncua  fetneaba de lo que´staba pasando en la clase. En eso, mi tío binóoo… despasiiito pa´que no fetnearamóoos y … ¡Mos dio una tarsha  con una sola mano! ¡A má las tinía  de grandes! Mos tarsheó a las dos d´una sola bes porque ´stabamós con las cabesas arrejjuntadas.  Tan fuerte fue esa tarsha que mos las bolteó. Y esa maravía de Da. Camila Chocrón.  Pa´míii…, n´hubó otra maestra más completa y cumplida qu´ ella, ansina como lo fe Mr. Aranias. Ellos dos m´enseñaron todo lo que aprendí de francés y español.¡Pero la ´haquetía no! (Era beruensa hablarla) Lo que aprendimos con eyos fue muuuncho ¡Por el Dio! ¡Lo que leímos de libros de literatura clásica! Nadie podría creel-lo. Y esooo… ¡En una escuela de primaria! Mos prestaban los libros de la biblioteca, a los que mos ganabamós “bon points”, en la semana de clases. La berdad,  yo´studiaba poquito pero era wuena pa´l francés y el español. La “grammaire” y los dictados en las dos lenguaaas, siempre me salían wuenos. ¡Eso m´ayudaba muncho! Pero la ´haquetíaaa,  l´aprendí con los amiguitos y las amiguitas de la´scuela y tamien, con las muchachas que trabajaban en mi cazza ayudando a las descansadas de mi madre y de mi awuela Zahra. Una beees…, binó una ´spañola escapada de la Guerra Cebil, y mi madre (Z.L),  la empleó pa´ que mos sirbiera de niñera de´mi´rmanita, La Nena. ¡L´amargaaa! Los rojos l´afeitaron la cabesa y la desharon ca´h rosha. S´taba como muerta, de la hhambre que tinía. Comía como lima nueba.  Pero deshaté, bashaba al jardín con mi´rmanita en el cochezzito pa´pasearlaaa, y s´arrejjuntaba con los legionarios (soldaditos) que la´speban. Como paresíaaa… alaquilós, ya´staban de ´hassas pa´sercarsen. Wuáaa no pasaba un ratito y dácala wuardandosé con uno d´eyooos…, entre los arbolés pá bezarsen. Yooo, como era un wuerquezitooo, los seguía y miraba lo que hhazían. Nuncua se lo contí a denguno…

Wuah yastá por hoy. Aunqueda que contar pa´faijjearbos. Otro día, con bien y alegría. Awera todo será arriermos con muestra lengua querida. El Dio bos hhadee a todos. Amén.

Zahrita la Quesadora. (Alias, Sara Fereres de Moryoussef) Caracas, Julio 2007

Sara y Elisa Fereres en la Hípica de Larache

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JAQUETÍA – LARACHE vista por… MERCEDES DEMBO

Desde la ventana: Mercado Central de Larache (Foto de Javi Lobo)

De Mercedes Dembo colgué el primer relato relacionado con la jaquetía o haketía que entraba en este blog, con su simpático cuento EL DON JUAN DE LA CALEJA CHINGUITI.

Balcón Atlántico – Foto de Javi Lobo

Hoy traigo un poema precioso escrito también por Mercedes, utilizando ese jaquetía que tanto nos gusta leer y escuchar. Además de giros y expresiones que nos hacen sonreír, porque son graciosos y entrañables y porque nos recuerdan a las voces que escuchábamos en la niñez o en el pasado, además de eso, como digo, es un delicioso homenaje a su pueblo, a nuestro pueblo, y el título no puede ser más significativo: LARASHE L´EZZIZA, es decir, LARACHE, QUERIDA. Otro dulce para que lo saboreéis.

 Sergio Barce, junio 2012

  LARASHE L’EZZIZA

Cunando me aleshi de ti mi Larashe,

no jammei que no te volvería a ver.

Larashe de mi niñez de mi mancevez,

mis mejjores años pase contigo.

 

La vida me levo tan leshos de ti, a una resiya estraña,

tierras mares tantas leguas me separan de ti,

pero siempre te levo bien dentro de mi corassón,

mi hermozza, mi Larashe l’ejbiba.

 

Soño con tus blancas cazas, con tus playas risueñas,

¿quien lalea por tu arena?

en ella deshi mis huellas.

¿Quien atraviese el río en la barca?

todavia oigo nuestras rizas,

cunando nadabamos hacia los vapores Portugueses

que venían a peshcar los boquerones.

 

Loz marineros moz ofrecían

vino tinto y boquerones fritos,

que uen tiempo pasabamos,

me sacreaba enseguida

ellos se areían de mi.

 

Tu balcón shalea en el sol,

no hay joya máz endiamantada más fermozza

en todo l’atlantico.

Mizmo tus leones siguen impasibles,

taleando fielmente

sobre el mentado Jardín de las Esperides.

 

Un abel’ha de sicretos guarda esejardín,

de amores enjubilados,

de aventuras prohibidas,

de lágrimas vertidas.

 

Larashe l’eziza anque stoy tan aleshada

sempre m’acodro de ti,

en mi alma te tengo scondida,

tantas membranzas alegres me deshates,

no quero morir sin verte otra vez.

 Mercedes Dembo Barcessat

Mercedes Dembo

glosario:

ezziza, ejbiba- (del arabe) querida

aleshi- aleje

jammei-pense

levo-llevo

ressiyyá – sitio lejano, desierto (del Hebreo: Eres siyyá = desierto

lalea-ir de un lado a otro

sacreaba-emborachaba (del hebro/arabe)

fermozza-hermosa

enjubilados-alegres

talear-mirar por

acodro-acuerdo

membranzas-recuerdos

Cuando el Cine Ideal aún seguía en pie – foto de Javi Lobo

Los sonidos específicos de la haquetía, diferente del castellano son:

g -como la “غ” árabe, o «r» uvular fricativa en francés (rue).

h – como «ח» hebrea o “ح” árabe (חכם). El sonido es parecido a la «jota» castellana, pero el aire pasa a través de la  parte profunda de la laringe.

j como «j» francesa (jardín).

l.l – “l” geminada, acentuada, como en español “al lado”.

sh – como la “ch” francesa (chemise) como «ע» hebrea o “ع” árabe (עולם– ‛olam; za‛ama) laríngea sonora.

z – como «z» francesa (zéro).

zz, ss, dd, etc. letras dobles indican una pronunciación acentuada.

 Alicia Sisso Raz, Nueva York, Septiembre, 14, 2010

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«LA CAUTIVA», un relato de Sergio Barce con la voz y las imágenes de PACO MORALES

Paco Morales, es decir, Fran, ese narrador magnífico que nos está encandilando a todos con sus comentarios en el blog (firmando como Fran Morgar), me ha hecho un regalo alucinante.

Ha tomado mi relato “La Cautiva”, que escribí inspirándome en el cuadro de otro paisano  nuestro, Rachid Sebti, y que publiqué en este blog el 18 de enero de 2011, y le ha puesto “voz” e “imagen”, y como resultado ha montado un corto increíblemente bello, con imágenes seductoras y “cautivadoras”, incluyendo además algunas de nuestro pueblo, de Larache, que me han emocionado más de lo que hubiera previsto. Incluso el modo de narrar en <off> mi pequeño relato lo transforma en algo más hermoso de lo que en realidad es.

Así que no he podido reprimirme y os brindo la oportunidad de saborear este corto realizado por Paco Morales que seguro os va a encantar a todos.

Para verlo entra en:

Dice Fran en su muro en Facebook:

 Cuando leí este relato de Sergio me encantó esa equilibrada dosis de sensualidad e inocencia en la mirada de este niño que nos guía sutil y certero como el objetivo de una cámara. La respiración contenida, controlando el pulso frente a la protagonista: la contemplada. La mujer se desnuda de su consciencia, desflora sus carnosos pétalos para expandir su aroma… un acto que le anestesia. Sólo quiere ofrecerse. Arde, se incendia.. así la rosa al abrirse, se entrega y sacrifica sabiendo que tal vez no habrá un mañana. Se desnuda de misterio frente a la ciudad que la observa olvidando que es la propia ciudad quien la nutre y alimenta.

LA CAUTIVA de Rachib Sebti

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Con sonido e imagen – JAQUETÍA – EL DON JUAN DE LA CALEJA CHINGUITI – un relato en jaquetía de MERCEDES DEMBO

Cuando he coincidido en Larache con Carlos Amselem, he sido testigo de cómo en medio de la  conversación Carlos, Mohamed Sibari y El Hachmi Yebari, incluso Angeles Ramírez, intercalan bromas, giros y frases en jaquetía, recordando a los antiguos hebreos que utilizaban esta forma de hablar tan singular en Larache, y que yo recuerdo vagamente de haber oído también en mi niñez.

Ya que Mercedes Dembo anda preparando una antología en jaquetía, y que me ha enviado un relato de ésta, aprovecho primero para colgar su relato, titulado <Don Juan de la caleja Chinguiti”, y segundo para reproducir lo que nos enseña el  tebib larachense  José Edery en su “enciclopedia” <Viajando por el Magreb Hispánico>. En ella, dice Edery: “según el profesor José Benoliel el jaquetía procede probablemente de la raíz árabe <haka> que significa <conversar o hablar> añadiendo una terminación castellana. El profesor Benoliel, judío sefardita natural de Tánger, fue un distinguido filólogo en el primer tercio del siglo XX. Dominaba el castellano, francés, portugués, árabe y hebreo, en cuyos idiomas redactó gramáticas, traducciones y ensayos. Este ilustre tangerino ha sido la principal fuente y referencia existente hasta el día de hoy del jaquetía o judeo-español marroquí como la denominan algunos, lengua familiar que en la actualidad casi ha desaparecido. Por lo que considerándome uno de los pocos centenares de sefarditas que todavía la conoce elementalmente, procuro utilizarla y practicarla a nivel familiar y entre determinado grupo de amigos y conocidos.”

Poco a poco añadiré lo poco que puedo aportar del jaquetía, no porque sea algo que domine, porque en realidad soy un absoluto desconocedor del tema, sino porque, aunque no soy hebreo, lo considero parte del patrimonio cultural de Larache que hemos heredado y que merece ser protegido de alguna forma. (Confieso que en mi novela inédita <La emperatriz de Tánger> me he arriesgado a introducir algún que otro diálogo en jaquetía). De modo que además de los relatos que pueda conseguir, también echaré mano del Glosario de Jaquetía de Sara Fereres, una fuente extraordinaria de vocabulario y frases. ¡El Dio cumpla con bien!

Sergio Barce, mayo 2012

 EL DON JUAN DE LA CALEJA (calle) CHINGUITI 

Un relato en haquetía de Mercedes Dembo

 Si señores es verdad, había un Don Juan famoso en la caleja (calle) Chinguiti en Larashe. Era un g’ial (muy guapo) pintado, alto y con un puerpo (cuerpo) endiamantado; las mujeres se enloquecían por él y los hombres se encelaban de él.

Discúlpeme pero no cuedo (puedo) dezirle su nombre, yo le juri que nadie lo sabrá.

Un día que Don Juan doreaba (paseaba) por el puerto, vio un hombre aprontándose (preparándose) a subir al vapor (barco); tenía güen porte y vistía de como y como (muy elegante).

Oyó como el hombre comendaba (daba órdenes) a su ayudante que talearía (velaría) bien sobre el negocio hatta (hasta) que él vuelva de su viaje de negocios.

El ayudante le preguntó: ¿jefe, cuánto tiempo estará de viaje?

Unas doz mezes, ya te deshi (dejé) en el libro lo que hay que fazer (hacer). Dale las cuentas a mi sirviente que se las dé a mi mujer.

Don Juan se quedó jameando (pensando): esta pobre mujer la va deshar (dejar) sola tanto tiempo, que manzia (que pena).

Cunando (cuando) el vapor salió, preguntó Don Juan al ayudante: ¿Sinyor quien ez ese señor jefe suyo?

-Ez Don Izake Fuentes, commerciante de cuero, muy respetado por todo el país.

-Ah si, ¿vive en la caleja (calle) roza?

– No sinyor vive en la caleja Chinguiti, una cazza blanca de piso alto, un olam (muy grande)  de grande

– Gracias senyor y se marchó.

Aspero (esperó) unos días y fue a rondar por esa caleja por la noshe.

Contró la cazza de Don Izake, ya weldi (mi hijo) ¡que palacio! En la reja de la ventana estaba una mujercita jameando (pensando). Que ghzala (guapa) pensó él y ese marido que se fe (fue) y la decho (dejó) sola.

Se quedó mirándola hatta (hasta) que ella se fetneo (se dio cuenta) y aferrojo (cerró con cerrojo) la ventana.

 -Señorita a si me quedes tu no se vaya por favor, no la quiero jaufear (asustar).

-Yo no soy señorita, soy doña Oro.

-Perdone no la quize ofender, es que sus ojkos me parecieron tan tristes, ¿por que?

-Si soy triste, porque s’toy sola, mi marido viajo leshos (lejos), no tengo nadie con quien hadrear (hablar).

-Pobre mía, mira yo le cuedo (puedo) dar un poco de compañía, la tocaré unoz romanceros.

Que mazal (suerte) güeno me vino, pensó Oro: le voy a tirar la llave y suba.

Claro que a Don Juan no se la fazen (hacen) repitir doz vezes esas cozzas. Subió l’ascalera de un tirón y halaquile (aquí está) al lado de la donya.

De cerca parecía máz fermozza (hermosa) tavia (todavía), ¡que ghzala (hermosa)!, que ojos máz grandes pretos (negro azabeche) como el carbón y esa boca como una frutilla jugosa. El hombre estaba ya loco por cojerla en los brazos y bezzarla sin parar.

¡No! pensó, tengo que resistir la tentación, tengo que tomarla con paciencia, máz larga la aspera máz sabrozzo el fin.

Se sentó en el siyón, tocó y cantó unos romanceros de amor, los ojos la sha’leaban (brillaban) a ella de ferja (alegria).

A cabo de un rato se paró y se alevantó a irse.

-¿Como ya se va? con lo alegre que me fizo.

-Ya volveré y la enjubilaré máz tabia (todavia).

Ella toda la noshe soñando con él y se quedó jameando (pensando), no sabía que cozzas buenas la iba fazer.

la caleja o calle Chinguiti de Larache

Noshe ajar (tras) noche él venía, la cantaba y ella le miraba con ansia y sonrizas.

El supó que este día ella estaba bien yebda (a punto), se la acercó con dabagar (despacio) y la afalagó (acarició) la cara, la tenía ensapuzzada (mojada), la tocó el brazo. Ella estaba ya braza (ardiendo), nuncua  (nunca) sintio algo ansí (así) con ferazmal (salido del mal) Izake.

La cojio en sus brazos y la bezzo en la boca largo, largo, hatta (hasta) que la faltó el respiro.

¿Qué marido desha a una mujer como esta sola, no sabe que hay lobos soltos (sueltos) por estos barrios?

-Ay, como me endujea (marea), disho ella, ¿te gusta? Si, si, máz, máz, no te pares.

El empecijó (empezó) a quitarla los atuendos, uno por uno despacieto, despacieto, hatta que no quedó nada. La afalagaba (acariciaba) y la bezzaba cada pedazito de su puerpo (cuerpo), sudaban, esas manos la volvían loca. Sabía darle tanta plazer (placer) que quería gritar de gozo, Don Juan era muy davivozzo (generoso) con su cariño, muy hnin (dulce).

Mammá nuncua me dishites que uno podía sentir tanta farja (alegría). Esto era como un baile moruno. Sus puerpos apegados (pegados) en uno, no quería que esto no se acabe nuncua.

Ueno todas las cozas uenas tienen un fin, Don Izake volvió.

Las vezinas se queshaban (quejaban) a ella que sus maridos no laz avazziaban (alegraban). Y ella que conoció la gloria las encommendo (aconsejó) a Don Juan como amenjura (cura). Y ansina (así) fue que Don Juan pasaba las noshes de una cazza a la otra en la caleja Chinguiti. Se volvió tan famozzo que ya no le abondaban (no eran bastante) sus manos y tuvo que tomar un ayudante que le acuda (ayude).

Las mujeres que aprendieron los plazzeres del amor ambezzaron (enseñaron) a los maridos. La caleja Chinguiti se volvió la máz  alegre del barrio. Tantos suspiros, jadeos, aíteos (gritos), máz, máz…..

Mercedes Dembo Barcessat

SI QUIERES ESCUCHAR CÓMO SE LEE EN HAKETÍA ESTE RELATO,

PUEDES ESCUCHARLO Y VERLO ENTRANDO EN EL SIGUIENTE ENLACE

http://www.youtube.com/watch?v=soM7u34l6U0

Mercedes Dembo Barcesat. Nació en Soko l’Arba, Marruecos, de padres larachenses. Vivió su niñez en Larache y Soko l’Arba, y luego emigró a Israel y años más tarde a Australia. Actualmente vive en Perth Western, Australia. Escribe en inglés, francés, español y portugués, y ha participado en varias antologías.

Su obra, una antología en cuatro idiomas, compuesta por escritos diversos de narrativa y poesía en jaquetía, ingles, francés y español, se está editando actualmente.

 La pronunciación de la haquetía o jaquetía:

por Alicia Sisso Raz

Nueva York, Septiembre, 14, 2010

En general, la pronunciación es como el castellano moderno, con las siguientes excepciones:

    El ceceo no existe en la haquetía

    La pronunciación de las consonantes en palabras derivadas del hebreo y del árabe siguen la pronunciación de estas lenguas.

    En haquetía, la «s» al final de palabras, se pronuncia como «z» cuando después hay una vocal, una ‘’h’’ española, o una consonante sonora: «b»; «d»; «l»; «m»; «n»; «v»

    Los sonidos específicos de la haquetía, diferente del castellano son:

g – antes de «i» o «e» se pronuncia como «j» francesa (jardín).

g – como la “غ” árabe, o «r» uvular fricativa en francés (rue).

h – como «ח» hebrea o “ح” árabe (חכם). El sonido es parecido a la «jota» castellana, pero el aire pasa a través de la parte profunda de la laringe.

j como «j» francesa (jardín).

k – como en español (karate). En palabras de origen hebreo o árabe.

l.l – “l” geminada, acentuada, como en español “al lado”.

q – como en español (quedar).Palabras de origen árabe se distinguen por la

ausencia de la «u» después del «q» (qailear), y se pronuncia como «ق» árabe

(se pronuncia en la glotis).

sh – como la “ch” francesa (chemise).

como «ע» hebrea o “ع” árabe (עולם– ‛olam; za‛ama) laríngea sonora.

z – como «z» francesa (zéro).

zz, ss, dd, etc. letras dobles indican una pronunciación acentuada.

 

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RACHID Y EL SEÑOR LEVY, un relato del escritor larachense LEON COHEN MESONERO

León Cohen también parece cada vez más animado a llenar este blog de buenos relatos, y en esta ocasión me remite «Rachid y el señor Levy«, cuento que incluyó en su libro «La memoria blanqueada«, pero con un final modificado con respecto al original (esto es una manía de todos los esritores, cuando lees algo escrito hace tiempo lo cambiarías de arriba abajo). Es otro cuento para disfrutar.

Sergio Barce

Rachid y el señor Levy

Como cada día el viejo profesor recorría la amplia avenida que separaba su casa de la Facultad. Él no era un profesor cualquiera, tampoco se le podía considerar un emigrante magrebí como había tantos cientos de miles en París. Él era distinto, por algo sus alumnos y sus colegas universitarios le apodaban con cariño y respeto, el viejo profesor.

Aquella mañana, sin saber por qué, los recuerdos le asediaban. Mientras caminaba, en un extraño intento de recobrar su infancia, se detuvo y volvió la vista atrás, como si todo su pasado le siguiera los pasos (todo hombre camina con su pasado a cuestas), como si su memoria fragmentada se extendiera cronológicamente sobre el camino recorrido, entonces recordó…

Ksar el Kebir

Rachid no era un chico corriente. Había nacido en Mechra Bel Ksiri, una aldea de la llanura del Gharb situada a medio camino entre el Norte y el Sur de Marruecos. Cuando nació Rachid, aquél era un pueblecito de colonos franceses en su gran mayoría de origen valenciano (ellos se auto denominaban españoles «naturalisés“). Recalaron allí siguiendo la ruta de la naranja. Sin embargo, aquél no sería el último destino de Rachid, pues muy pronto se trasladaría al Norte, donde su padre se establecería como carnicero. En aquellos tiempos El Ksar el Kebir era la capital comercial del Protectorado Español. Aquél cambio supuso una promoción social para toda la familia y fue determinante para que ocurrieran años más tarde los sorprendentes hechos que voy a narrar.

Desde muy pequeño, al salir del colegio, Rachid solía deambular por el zoco «chico», aunque los Miércoles era cuando más gustaba de entretenerse, aquél día el zoco se llamaba zoco del «arba» o del cuarto día. Ese día venían los fabuladores, sus personajes preferidos. La gente se arremolinaba a su alrededor formando corros en cuyo centro estos charlatanes tan peculiares narraban con incomparable maestría historias de las mil y una noches, mientras un público fiel escuchaba atónito sus fábulas. Dotados de una voz potente y de una memoria prodigiosa, estos encantadores del verbo tenían una indudable capacidad para atraer y mantener la atención de los transeúntes que acababan convirtiéndose en la mayoría de los casos, en sus seguidores.

Zoco Chico de Larache

Otro de los juegos favoritos de Rachid (todo se convertía en juego a esa edad) era llevar al horno sobre una tabla de madera, los seis panes que su madre amasaba cada dos días. Colocaba la tabla sobre su cabeza y salía feliz hacia el horno que se hallaba a doscientos metros de su casa. No sólo disfrutaba durante el trayecto, haciendo equilibrios para demostrar y demostrarse su habilidad, sino también cuando se entretenía con el panadero, ayudándole a introducir el pan en el horno con una rudimentaria pala de madera, y a observar como aquél iba cociéndose entre poderosas llamas que le recordaban el purgatorio de los cristianos. 

En las noches de verano, Rachid solía sentarse a mirar las estrellas. Mientras las contemplaba, se distraía inventando juegos mentales. Le divertía por ejemplo cambiar el lugar y la función de los seres y las cosas. Imaginaba el cielo en lugar del mar o a Dios con forma de mujer, imaginaba a todos los hombres ricos y felices en un paraíso lleno de árboles frutales, de ninfas y de ángeles desnudos, era un poco el mundo al revés. Muchas noches el sueño le sorprendía soñando en un universo feliz. Así pasaron muchas lunas hasta que Rachid se convirtió en un muchacho fuerte y apuesto.

Había completado los estudios primarios, y llegó el día de darle la vuelta a la página y empezar a trabajar. Como solía  suceder en estas ocasiones, el padre de Rachid acudió a un buen amigo y éste accedió a darle el que sería su primer empleo. J. Levy, ese era el nombre del comerciante judío en cuyo almacén Rachid empezó como aprendiz de contable. Fueron sólo unos meses que determinarían su porvenir y su actitud vital. El señor Levy era un hombre sabio y cariñoso cuya personalidad marcaría profundamente la de Rachid.  

Entre otras muchas cosas, enseñó a Rachid que aunque nos llenara de luces y de sombras que el ignorante desconoce, sólo el conocimiento nos hace más libres. Sólo a través de él se abre el abanico y se multiplican las opciones que nos permiten elegir o no con dignidad. Le enseñó que vivir era como caminar y hacer de cada pisada una piedra, una huella, un símbolo que los demás pudieran seguir. Le enseñó que todos somos peores porque tenemos un yo que se afirma contra  el otro. Rachid aprendió, y siguiendo los consejos del maestro, no sólo conquistó Paris y La Sorbona, sino que hizo de toda su vida un vivo ejemplo de cuanto le enseñó el viejo humanista judío. Ser apodado  «el viejo profesor» era todo un título, todo un resumen para una vida dedicada al estudio, la enseñanza y la dedicación a sus semejantes, pensó el doctor Rachid mientras reemprendía el camino de la Facultad. Como dominado por una fuerza invisible no pudo evitar algunos instantes más tarde volverse de nuevo hacía su pasado…  

Era invierno, aunque en aquellas latitudes tanto el verano como el invierno eran estaciones suaves, atemperadas por la proximidad del mar. La noche temprana había sorprendido a Rachid terminando el balance contable mensual. Qué oscuridad,  se dijo mientras caminaba con paso veloz hacia su casa , la lluvia no invitaba a otra cosa. Tardaría todavía un buen rato, pues tenía primero que llegar a la Alcazaba y luego adentrarse por el laberinto de sus callejuelas angostas y tortuosas. Tenía un presentimiento aquella noche, incluso en algún momento le invadió una extraña sensación de miedo, ¿Estaré nervioso? se preguntó mientras aceleraba el paso. Al atravesar la puerta que daba entrada a la Alcazaba, se sintió en casa, sin embargo se equivocaba…

De repente tuvo la sensación de que alguien le seguía, y cosa aún más extraordinaria, la calle estaba iluminada a pesar de no ser aquella, noche de luna. Miró a todos lados, pero no había nada ni nadie que explicara esa claridad misteriosa venida de ninguna parte. Se asustó, aunque saberse cerca de casa, le dio alguna tranquilidad. Ni más tarde, ni nunca, alcanzó a adivinar por qué en aquellos minutos de terror, recordó que su madre estaría aún despierta esperando su llegada. Qué va a ser de ella si no llego esta noche – se preguntó. Por fin llegó, subió las escaleras saltando los escalones de tres en tres. Aquella noche no pudo conciliar el sueño.

Pasaron siete días y siete noches durante los cuales, a su vuelta a casa, Rachid oyó pasos tras él y la enigmática luz iluminó su camino. Guardó el secreto hasta entonces. Todo fue diferente a la noche siguiente. Aquella noche cuando se disponía a abrir la cancela del patio por el que se accedía a su casa, un irrefrenable deseo le hizo volverse. Aquella fue una visión fantasmagórica propia del mundo de los sueños… En la bocacalle, se erguían tres formas humanas de más de dos metros de altura vestidas con túnicas de distinto color. Cada una, aunque sería más apropiado decir cada uno porque los tres se distinguían por una barba canosa y amplia, portaba un candelabro cuya luz, por la fuerza del destello,  no parecía real. A su pesar y como impelido por una atracción indomable, Rachid se dirigió hacia el lugar donde permanecían inmóviles los tres seres que a él se le antojaban como una combinación humano-galáctica. Al llegar a su altura, el joven aprendiz de contable se detuvo como deslumbrado, encantado, atónito, perplejo, asombrado, atolondrado por lo que sus ojos tenían tan cerca.

Fue entonces cuando como surgidas de las profundidades Rachid pudo oír estas palabras: » – Escucha hombrecito; has sido elegido por el Rabbi Levy. Por eso estamos aquí y así permaneceremos mientras tú seas digno de nosotros. Las palabras que vamos a pronunciar no volverás a oírlas nunca más y jamás apareceremos de nuevo ante ti. «

El gigante de la túnica roja habló el primero: «-Yo digo, como símbolo de la Sabiduría, que no es más sabio aquél que acumula más saberes sino aquél que atesora más amigos.» Se hizo el silencio, y de nuevo se oyó otra voz irreconocible que parecía provenir de la figura del centro: «-Yo afirmo, como reprentante de la Honradez, que sólo el hombre honrado es poseedor de la noche y dueño de su vigilia y de sus sueños.» El tercero que vestía una túnica verde se pronunció en estos términos: «-Yo soy la Humildad, y digo que el humílde no es aquél que oculta sus virtudes en un gesto de soberbia, sino el que aprecia de igual manera a los otros y a sí mismo.»

Aquella noche Rachid, como no podía ser de otro modo, tardó bastante en conciliar el sueño, sin embargo, tanto le apremiaba la curiosidad, que trató por todos los medios de dormirse, con el único objeto de preguntarle al día siguiente al señor Levy, el por qué de todo lo sucedido. Así amaneció inevitablemente.

Lo primero que hizo Rachid al llegar a la oficina, fue contarle a su jefe y maestro, todo lo acontecido durante la última semana y más precisamente la noche anterior.  El señor Levy le escuchó con atención, no pudiendo evitar esbozar una sonrisa que parecía delatar su participación en los hechos.  Luego habló:

Mira Rachid, siempre he considerado que entre las muchas virtudes que enriquecen la vida de un ser humano, la sabiduría, la honradez y la humildad son las que nos confieren mayor altura  y dignidad y son también aquellas  que mejor nos protegen de la osadía de la ignorancia, de la tentación de la corrupción y del atrevimiento de la vanidad. Como virtudes primordiales que son, las mandé acompañarte y protegerte mientras trabajas conmigo. Es mi manera de hacerte el heredero de lo más hermoso que aprendí en la vida, pero además lo hago en honor a tu padre, mi amigo y mi igual en tantos aspectos.          

Aquel extraño encuentro, a medio camino entre la realidad y el sueño, y las misteriosas palabras del señor Levy, que tanto tiempo le llevaría comprender, determinarían el comportamiento futuro de nuestro personaje. Nunca más volvió a trabajar con el viejo judío. Poco después emigraría a Francia…

Mientras caminaba, aquella mañana, por fin el viejo profesor se sintió  el continuador de la inestimable herencia que le dejó el señor Levy y pudo vislumbrar el alcance de su magisterio. Por fin comprendió el significado de aquellas figuras alegóricas. 

Al llegar a la Facultad, se topó como cada día con el conserje, se saludaron e intercambiaron unas palabras. El conserje se despidió con una sonrisa cómplice que parecía revelar la existencia o el conocimiento de un pasado común (?).  ¿Acaso el señor Levy… ?     

Nota del autor: La verdadera historia sobre la que se basa este relato mágico, ocurrió entre un joven llamado Jacob C. Levy y un señor de nombre Driss. Fue en Larache, durante el primer tercio del siglo XX. Y es que la historia no cambia si se permutan los protagonistas.   1994-2010     

             

León Cohen Mesonero

León Cohen, en su calidad de narrador, ha publicado relatos en diversas antología como  Caminos para la Paz (C. Ricci, I.López Calvo, 2007), Viajes a Larache (M. Laabi 2007), Calle del Agua (Manuel Gahete y otros 2008), en revistas como “Tres Orillas” y “Entreríos” es autor de los siguientes títulos:  “Relatos robados al tiempo” Año 2003. Editorial: www.librosenred.com,  “Cabos Sueltos” Año 2004. Editorial: www.librosenred.com  y edición en papel del autor en 2004.  “La Memoria Blanqueada”. Año 2006. Editorial: Hebraica de Ediciones Madrid. www.libreriahebraica.com, y es coautor de “Ufrán Año 2010. Hebraica de Ediciones  Madrid. Y «Cartas y Cortos » está previsto que salga en el primer semestre de 2011.

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