“A Pierret
Tánger, 25 de enero de 1832
Ahora he llegado a Tánger. Acabo de recorrer la ciudad. Estoy aturdido de todo lo que he visto. No quiero dejar partir el correo, que se va ahora mismo a Gibraltar, sin hacerte partícipe de mi asombro por todas las cosas que he visto. Hemos desembarcado en medio del pueblo más extraño.
El Bajá de la ciudad nos ha recibido en medio de sus soldados. Habría que tener veinte manos y cuarenta y ocho horas al día para darte una idea de todo eso y hacerlo pasaderamente. Los judíos son admirables. Me temo que sea difícil hacer con ellos otra cosa que pintarlos: son perlas del Edén. Nuestra recepción ha sido de las más brillantes para el lugar. Nos han regalado con una música militar de lo más curiosa. Estoy, en este momento, como un hombre que sueña y que ve coas que teme se le escapen.
Adiós, cierro. Comunícale a Félix que os mando a todos un abrazo.”









