Archivos Mensuales: agosto 2021

«EL RENEGADO», UNA NOVELA DE ANTONIO ABAD

 

De nuevo una novela del escritor melillense afincado en Málaga, Antonio Abad, me ha sumergido en una trama original y distinta; ambientada en Marruecos, sí, pero con un conocimiento profundo de sus gentes y de su tierra, lo que hace más gozosa la lectura. Más gozosa y más real. Ya me ocurrió con su magnífica novela Quebdani, que siempre recomiendo, porque es de esos libros que se le quedan a uno en el interior y que rumiamos una y otra vez. Ahora, con este nuevo título, El renegado, ocurre algo parecido. Tarda uno en desprenderse de Dalmiro, su protagonista, un español, un cristiano, que huyendo de la pobreza en Melilla tras un hecho luctuoso acaba por vivir con unos rifeños y, durante años, tratará de convertirse en uno de ellos. Antoni Abad, sin embargo, no se muestra nada complaciente con su personaje, y con los pies en la tierra nos plantea la dificultad que supone para un rumi el tratar de ser admitido como un igual entre los rifeños.

“Una vez en Amarach asistí al sepelio de un pariente de Yilali. Yo no disponía de lienzos para envolver el cuerpo de Farid, ni tenía suficiente agua para lavarlo, ni aceites ni perfumes; solo tenía una manta y un poco de agua con la que primero rocié sus cabellos, luego su cara, su pecho, sus piernas, sus manos, hasta llegar a los pies. No me costó mucho cavar un agujero porque la tierra era blanda, aun así el dolor que sentía por la muerte de mi amigo me mermaba las fuerzas y a cada azada que golpeaba en la tierra (una azada que afortunadamente encontré) era un golpe que yo mismo me daba en mi corazón. Todo el tiempo estuve llorando y cuando al fin arrastré su cuerpo hasta el fondo, recostado sobre el lado derecho y con su rostro mirando hacia La Meca, el siguiente paso fue aún peor. La tierra que tenía que cubrirlo la iba echando poco a poco y caía con un sonido oscuro, como si cada paletada renunciara a servir de impacto sobre aquel cuerpo que tan vilmente había sido masacrado. Al terminar, tuve la sensación de haber estado plantando un árbol, un árbol sin tronco, sin ramas, sin hojas, solo sus raíces debían quedar sepultadas para siempre. Luego busqué una piedra y la hinqué a la altura de la cabecera. Era una piedra blanca, pesada, que recogí de los escombros del morabo; una piedra para señalar su tumba, sin flores, sin nombre, y junto a la piedra una lata vacía que llené con agua para que bebieran los pájaros.

Cuando al final, acepté reconocerme en su recuerdo, las palabras que tenía que pronunciar no me salían. Tampoco conocía ninguna plegaria en amazigh como despedida de este mundo. El pecho se me había encogido; en la garganta se me había hecho un nudo y no paraba, silenciosamente, de llorar.

No sé cuánto tiempo estuve en aquella situación, carcomido por el lamento y la compleja soledad que me embargaba. Era la segunda vez que me enfrentaba a la muerte, a esa desconocida noche que nos instala en una paz permanente cerrándonos los ojos sin misericordia para no abrirlos jamás.

Un silencio expectante escudriñaba las ramas de los árboles que ningún aire movía. El sol se había ocultado detrás de un grupo de nubes. Pasaron pájaros. Sin darme cuenta, cuando fui a despedirme de Farid, me santigüé. Fue un acto instintivo que troqué, rápidamente, con un Allahu Akbar (Dios es grande). <Descansa en paz>, también le dije. Pero su dolor era ahora mi dolor, y su rabia y su venganza tenía que hacerlas mías. No podía dejar que su aliento y su espíritu se quedaran allí, pudriéndose como él bajo la tierra. Tenía que llevármelos conmigo. El Rif me reclamaba para que sus sueños se cumplieran.

Fue lo que le prometí -ya sin llanto- delante de su tumba…”

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El protegido, además de una novela de aventuras, tanto personal como colectiva, plantea un recorrido histórico por los años inmediatos a la independencia de Marruecos y a la lucha del Rif por alcanzar su independencia, la represión de los llamados años de plomo llevaba a cabo por el rey Hassan II, la actuación de la guerrilla rifeña, las lealtades y las traiciones… Es como recorrer la historia del país durante esos años tristes y duros de la mano de un cronista que deambulara por los escenarios con una cámara de cine, grabándolo todo. Nos transmite además la miseria de esas tierras, la injusticia de un sistema corrupto, la desafección entre las tierras del Rif insurgente y rebelde y el desprecio de la élite gobernante de Rabat.

Pero esta novela también es un pequeño ajuste de cuentas de Antonio Abad con la Historia, en especial, del trato sufrido por esos españoles que, nacidos en Marruecos, pese a su amor y respeto por el país, nunca pudieron sentirse completamente integrados y aceptados. Un tema que Antonio y yo hemos hablado largamente y en el que coincidimos en muchas cosas.

“…Por qué con toda nueva gente con la que me tropezaba siempre me contaba alguna historia de todo lo malo que habíamos hecho los españoles por estas tierras. A qué venían tantos reproches. Ya se lo dije un día al propio Farid, ¿qué tenía que ver yo con todo aquello? Me encogí de hombros porque la duda o mi ignorancia no me permitían llegar a ninguna conclusión que no fuera mi continuada extrañeza ante su inesperado arrebato de acusarme con viejos agravios.

Ahmed volvió a cogerme del brazo esta vez con más fuerza, como si necesitara mi apoyo para no caerse, y me dijo:

-Aquel día el zoco, como siempre, estaba muy concurrido. De pronto, por el cielo surcaron tres aviones Bristol arrojándonos un buen número de bombas, e incluso hicieron uso de las ametralladoras cuando la gente intentaba refugiarse donde buenamente podía sin que les importara que fueran mujeres o niños. Eso fue un jueves de febrero de 1926.

Hace una pausa y calla como si el silencio le ayudara a poner en orden los resortes de la recordación. Observé entonces su cara como si fuera otra persona, con desánimo, calculando la medida de un tiempo que se obstinaba en permanecer invariable, y el hombre que fue y el que es ahora parecían estar mirándose en el mismo espejo como si entre ellos el único muro que los separaba fuera el de la lástima. No traté de hacerle ningún tipo de pregunta y dejé que él siguiera desahogándose por los otros aspectos de la historia.

-Es verdad -prosiguió- que Abdelkrim estaba perdiendo la guerra, por eso no se comprendía que se hubieran ensañado con una multitud inocente, a no ser que lo hicieran por pura venganza. Hubo muchos muertos y muchos heridos. Primero se oyó un rugido inmenso que atronaba los cielos y luego el estampido de las explosiones. Yo me encontraba en un puesto de carne y a poco todo el zoco olía a carne quemada. Espantado por lo que estaba sucediendo, perdido, ciego, corrí desesperado, apretando los dientes, entre gritos y derrumbes hasta que un impacto de metralla me impactó. Caí al suelo en medio de aquel desorden. Todo el mundo huía despavorido hacia ninguna parte, gritando como locos, buscando donde protegerse de las balas suicidas que tamborileaban sobre sus cabezas. Cuánta rabia sentí por lo que estaba ocurriendo. La desolación era total. Los muertos y los heridos fueron incontables. Muchos padres perdieron a sus hijos y muchos hijos perdieron a sus padres. Cuánta gente también, sin brazos, sin pernas, que quedaron mutilados para toda la vida. Bajo aquellas columnas de humo que ascendían desde los puestos calcinados de los vendedores, el zoco parecía la entrada del infierno. Recuerdo que no podía respirar. La sangre me brotaba, una sangre viscosa, caliente, sucia. Cuando los aviones se marcharon alguien me ayudó a levantarme, pero a poco perdí el conocimiento. Desperté en otro lugar lleno de vendajes. Con el tiempo aquellas heridas se curaron, pero no las de mi corazón.

Nada sabía yo de lo que acababa de contarme. En mi casa cuando se hablaba de la guerra con los moros solo se mencionaba la masacre que había hecho en monte Arruit cuando salieron huyendo del desastre de Annual y que por eso no nos tendríamos que fiar de ninguno, por criminales y traidores.

El rostro de Ahmed de repente palideció. Parecía que acababa de adivinar lo que yo estaba pensando, pero, precisamente por eso quise alejar de mí cualquier conjetura que me afectara. Quién era yo para juzgar esos hechos en uno u otro sentido. El mal era la guerra producida por el odio viniera de donde viniera. Se lo dije:

-No tendría que haber ninguna guerra.

Ahmed volvió a mirarme. Lo hizo recriminándome lo iluso de mi pronunciamiento, y mientras caminábamos, desprendiendo una sonrisa mustia, como si la urgente necesidad de apoyarse en mi brazo le fuera necesario, continuó:

-…pero quién lo iba a pensar. La historia volvió a repetirse. Esta vez no eran aviones españoles, sino aviones marroquíes. Que Alá los maldiga y castigue con las llamas del infierno. Sus bombas mataron a dos de mis hermanos. A uno de mis sobrinos la metralla le arrancó una pierna. Tiene ahora mas o menos tu edad. Él no puede huir a las montañas para unirse a la insurrección con el grupo de Izem, pero me ha jurado que hará todo lo posible para vengar la muerte de su padre.

Yo guardé silencio y al mismo tiempo miraba al cielo porque me parecía que los designios de la fatalidad podían repetirse por esos caprichos del destino que hace que los males siempre recaigan sobre los mismos. Afortunadamente por el cielo solo flotaban las nubes; y Ahmed, dándose cuenta de mis barruntos, esgrimiendo una disuelta sonrisa por mis posibles temores, me dio una palmadita en la espalda y me señaló uno de los puestos del zoco en donde tomar un buen vaso de té.

Estando sentados, el ajetreo y el bullicio que se expandía en nuestro entorno era incesante. Ahmed había venido al zoco a comprar, pero también a verse con alguien…”

Disfruto de las novelas ambientadas en Marruecos cuando percibo que su autor conoce a los marroquíes y conoce al país, mientras que me producen cierta urticaria esos otros que, con una breve visita, se convierten en especialistas de un país cuya cultura e idiosincrasia es muy difícil de asimilar y a veces de comprender. Se necesita una vida para ello. Y El renegado es de esos libros que te abren el país en canal.

También me ha parecido muy interesante y original cómo Antonio Abad ha sabido engarzar la trama de su historia y la vida de sus protagonistas con los atentados que ocurrieron en Tetuán y luego el de Sjirat en julio de 1971. Eso lo hace aún más verosímil, trenzando sabiamente realidad y ficción, alma mater de una buena novela histórica o ambientada en un período concreto.

Una excelente novela para revisitar toda esa época y entender algo más lo ocurrido en el Rif y los sentimientos de quienes luchaban por la independencia de ese territorio.

El renegado ha sido editado por la Consejería de Educación, Cultura, Festejos e Igualdad de la Ciudad Autónoma de Melilla.

Sergio Barce, agosto 2021

 

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MADRID, 16 DE SEPTIEMBRE – PRESENTACIÓN DE «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL», DE SERGIO BARCE

Os anuncio que, entre los eventos programados en la Feria del Libro de Madrid, se presentará en Casa Árabe, el próximo día 16 de septiembre, a las 19:00 horas, mi libro de relatos Una puerta pintada de azul (Ediciones del Genal), de la mano de mi querida Luisa Mora, jefa de servicio de la Biblioteca Islámica «Félix María Pareja» de la AECID. 

Y el día 17 de septiembre, firmaré ejemplares en la caseta de la Librería Balqis. 

Por motivos de la pandemia, se requiere INSCRIPCIÓN PREVIA para quien desee asistir a la presentación, inscripción que podéis efectuar a través del siguiente enlace de Casa Árabe:

https://www.casaarabe.es/eventos-arabes/show/una-puerta-pintada-de-azul

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«100 MICRORRELATOS», NUEVO LIBRO DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN MESONERO

Acaba de publicarse por Círculo Rojo el nuevo libro del escritor larachense León Cohen Mesonero, que promete buenas dosis de lectura y reflexión. Toda la información sobre su nueva publicación, titulada 100 microrrelatos, podéis encontrarla en el siguiente enlace a su blog:

https://leoncohenmesonero.blogspot.com/2021/07/nuevo-libro-100-microrrelatos.html

 

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MICRORRELATOS DE CAPITEL – CUADERNO Nº 7

Acaba de ver la luz el Cuaderno Capitel nº 7, que edita la Asociación Capitel, de Málaga; una asociación que aglutina a un buen número de poetas, narradores, pintores y artistas que, hasta la pandemia, celebraba reuniones periódicas en torno a un libro, a una exposición o a un acontecimiento cultural. Reuniones que tendrán que volver a celebrarse muy pronto. Por necesidad perentoria. Para mí es una isla en la que uno puede ponerse a salvo frente a la inclemencia externa.

En este nuevo cuaderno, titulado Microrrelatos de Capitel, he tenido la suerte y el privilegio de colaborar no sólo con un cuento, que podéis leer más abajo, sino también escribiendo el prólogo; un privilegio porque es como componer la abertura a esta colección de historias minúsculas, pero sugerentes, y las distintas voces que en él se dan cita.

Además, la cubierta y las ilustraciones que acompañan a cada texto son obra del pintor larachense Francisco Selva, un toque de magia que redondea así esta bonita edición.

La relación de autores es significativa. Este es el índice completo, con los títulos respectivos de los microrrelatos que se publican:

SERGIO BARCE –La otra imagen

JUANMA BRAVO – Hier ne reviendras pas

ANTONIO ESTÉVEZ – El plantón

MARIANO FERNÁNDEZ CORNEJO – En blanco

INMACULADA GARCÍA HARO –Traición. y -La decisión de Ruth

ANTONIO GARCÍA VELASCO – Los motivos del masón, y -La columna

AUGUSTO GARCÍA WEIL – El hombre más humilde del mundo

ROBERTO J. MARTIN – Capitel

PILAR MENOYO – Juego de niños

CARLOS GUILLERMO NAVARRO – El transcurso del tiempo; -Desengaño; y -La pasión del recuerdo

JUAN ANTONIO NÚÑEZ – El que está completo

JOSÉ LUIS ORTIZ RODRÍGUEZ –El mundo a sus pies

VÍCTOR M. PÉREZ BENÍTEZ –La pérdida; -Sin rima y con renglón torcido

JOSÉ LUIS PÉREZ FUILLERAT –Impunidad literaria

JUAN PÉREZ POZO –La patrulla insumisa

ANTONIO J. QUESADA –Capitel

RAMÓN RAMOS –Orestíada

JOSÉ ANDRÉS SALAZAR AGULLÓ –Y si…

FRANCISCO SELVA LÓPEZ –El niño y el contenedor de basura; y -Carteles bajo el capitel

DORI TORRES –Excluida; -Misa de domingo; -Soledad; -Cambios continuos; y -Olvido

ALICE WAGNER ORTUÑO –El pórtico

 

El Cuaderno nº 7 probablemente se presente en Málaga a finales de septiembre o en el mes de octubre. Un cuaderno que regala agradables y pequeños momentos de lectura.

Sergio Barce, agosto 2021

 

LA OTRA IMAGEN

Brígida caminaba trabajosamente ayudándose del bastón que la sostenía a duras penas. Llevaba ya tres años con ese artilugio con el que mantener la verticalidad si no quería volver a partirse una pierna o, peor aún, la cadera, lo que sería su sentencia de muerte. Le parecía increíble, casi inverosímil, que ya la hubiesen condenado a depender del bastón, el anuncio de que, más pronto que tarde, habría de cambiarlo por un andador con cuatro ruedecitas, fácil de empujar y, sin duda, más seguro. Avanzó unos metros preguntándose dónde había abandonado a su juventud, cómo era posible que los años hubiesen huido de ella a tanta velocidad. Se detuvo jadeante a la entrada de una tienda de muebles, con una puerta escoltada por dos columnas y sus recargados capiteles, y Brígida miró al escaparate. Su figura encorvada se reflejaba en un espejo que allí se exponía. Parpadeó incrédula, y meneó la cabeza. No, esa no soy yo, masculló con rabia, y creyó dar una larga zancada para alejarse de esa imagen impertinente e insultante. No, esa no soy yo, repetía en una letanía de desasosiego clavando el bastón a cada nuevo paso.

Sergio Barce

 

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SURES

Ayer nos vimos en Málaga, Santiago de Luca, Guillermo González de Canales, Esther Santos y yo. Santiago me había llamado por teléfono para decirme que estaba de paso y quería entregarme el ejemplar de la revista SureS, de este verano de 2021, a cuya presentación en Tánger no pude acudir por culpa de la pandemia, número que reza bajo el título de El peso de lo intangible, en el que aparece un artículo mío, y también me regaló los ejemplares del número de otoño de 2020, dedicado a Emilio Sanz de Soto, y el del invierno de 2020, número titulado El bakalito de las palabras. Los tres están ahora en mi biblioteca.

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No dudé en acudir y me llevé la gran sorpresa de coincidir de nuevo con Esther y de conocer en persona a Guillermo.

Me alegro muchísimo de haber ido, porque hablamos largo y tendido de Marruecos, de Larache, de Tánger, en especial de Tánger, de  la revista SureS, y de nosotros. Nos reímos alrededor de unos buenos gin-tonics y se creó un ambiente de confidencialidad que hizo emerger algunos temas muy personales. Sí que nos divertimos, pero también hubo espacio para ponernos serios e instantes de una emoción que cortaba el aire. Era como si una mano invisible nos tocara el corazón, literalmente. Y descubrí en un corto tiempo de espacio tanta humanidad y tanto sentimiento que, al llegar a casa, deseaba retener todo lo que allí hablamos, como si no quisiera que se me escapara nada de lo que había escuchado. Hay días que parecen mágicos. Y ayer lo fue.

Sergio Barce, 18 de agosto de 2021

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