SIDI MOHAMED SIBARI, UN ESCRITOR SINGULAR
Después de haber escrito en diversas ocasiones sobre algunas de las obras de Mohamed Sibari, incluso de haber redactado algunos de los prólogos de sus libros, me pregunto qué más puedo decir de él. Sin embargo, en cuanto reflexiono sobre esto, pronto se impone la figura del hombre a la figura del autor porque, en realidad, cuando pienso en Mohamed Sibari no puedo hacer abstracción de la persona, alguien que, como he dicho en muchas ocasiones, no sólo es un amigo sino que forma parte de mi familia. Así que se entrelazan una serie de sentimientos personales con la impresión que yo pueda albergar de él como escritor o como creador, y supongo que eso crea ya un efecto perturbador, en el mejor sentido de la palabra. Digamos que el afecto lo impregna todo, y yo dejo que ocurra.
Estimado paisano: Unos amigos me recomendaron que entrara en tu blog, y así lo hice. Me ha encantado porque a través de su lectura he ido descubriendo que nada, ni las personas ni las cosas, pasamos definitivamente. Algo queda vibrando en el tiempo. No transcurre la vida sin dejar una huella y una enseñanza. Por eso no nos es permisible renunciar a figuras y cosas que pasaron por nuestras vidas, sin que ello signifique renunciar a toda nuestra vida. Llega incluso un momento en el que sabemos que vivimos porque recordamos, aunque las cosas próximas y lejanas se mezclen y se fundan en la misma perspectiva como sucede con los colores y las líneas de un cuadro.

Alicia González, en la Residencia de Oficiales de Larache, en la boda de su profesora Demetria con el capitán Andrade

Era demasiado temprano para ir al Palmarium y Amin Hourani se dirigió al centro. Le agradaba sentir la fría brisa del crepúsculo, subiendo por el Boulevard, y caminar por las calles atestadas de viandantes, una manera de sentirse aún vivo. Llevaba la mano izquierda metida en el bolsillo del pantalón y un cigarro apagado entre los dedos de la otra. Había deambulado por el Zoco Chico, bajado por la cuesta de los Siaghines y ahora de regreso al mirador. Finalmente se decidió por tomar algo en el Café de París.
Las aspas de sus ventiladores ronroneaban con placidez sin conseguir que el aire del local se inmutase. Se habían encendido las luces del interior y un brillo apagado ensortijaba las paredes. El murmullo de las conversaciones parecía el lejano rumor del mar acariciando la playa y eso siempre le reconfortaba. En cuanto había entrado, Esther Lipman se puso a agitar un brazo para llamar su atención, algo que, en un lugar como ése, no le resultaba muy cómodo. Sin embargo, descubrió que junto a Esther y otra pareja también se encontraba Augusto Cobos Koller. De manera que se decidió a acercarse a ellos.
Esther Lipman miró con descaro al comisario, de arriba abajo, con sus ojos impresionantes, como los de Theda Bara. Llevaba un vestido negro, de escote generoso, Sigue leyendo →
<Prefacio: Llegado a Tánger en 1902, llevóme mi buena suerte, algunas semanas después, hacia el Sur de Marruecos, en donde visité Marrakex (el traductor señala que aunque el nombre castelano de esa ciudad es Marruecos, adopta la denominación indígena de Marrakex a fin de evitar confusiones entre el nombre de la capital y el del Imperio), con los dos principales valles del Gran Atlas, el Gundafi y el Glaui; y apenas de regreso en Tánger, en los primeros días de enero de 1903, hube de partir nuevamente para Fez, en donde permanecí seis meses. La serie de cartas que forma el presente libro fue escrita primero en la tienda de campaña, durante mi excursión por las regiones meridionales, y luego en Fez, en el jardín poblado de naranjos que me concedió la hospitalidad jerifiana. Las más de ellas se publicaron, a medida que las iba yo escribiendo, en el Journal des Débats; las más importantes insertáronse en la Revue des Deux Mondes, en la Revue de Paris y en la Renaissance Latine.
Estas cartas contienen los datos e informes que recogí, desde el principio de mi estancia en Marruecos, a fin de mejor comprender un país tan especial, para mí tan nuevo y en el que había de hallarme durante la crisis decisiva de su historia…>
<Cuando nos disponemos a levantar el campamento, recibimos malas noticias de la capital: la tregua impuesta por el Aid es-Saghir ha terminado y Bu Hamara ha proseguido, según parece, su marcha ofensiva; los misioneros ingleses y americanos y algunos alemanes e italianos están a punto de abandonar la ciudad, realizándose así el éxodo de más de la mitad de la colonia europea.
La prudencia aconseja esperar los acontecimientos, y en su consecuencia nos encaminamos a Larache, Sigue leyendo →
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