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UN POCO DE SENSUALIDAD CON LAWRENCE DURRELL

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Un poco de sensualidad y buena literatura nos puede venir muy bien en estos instantes. Para ello, he elegido estos párrafos de la novela Justine, de Lawrence Durrell, primer título de su Cuarteto de Alejandría.

«(…)

-Quiero acabar con esto lo antes posible -dijo-. Creo que hemos ido demasiado lejos para retroceder.

Por mi parte, me sentía como devorado por una espantosa falta de deseos, una voluptuosa angustia del cuerpo y del espíritu que me impedían hablar y aun pensar. Me resultaba imposible imaginarme haciendo el amor con ella, porque la trama emocional que habíamos tejido alrededor de nosotros nos separaba como una barrera: una invisible tela de araña hecha de fidelidades, ideas, vacilaciones que yo no tenía el coraje de arrancar. Cuando Justine dio un paso hacia mí, le dije débilmente:

-Esta cama es horrible y huele mal. Además he estado bebiendo. Quise hacer el amor solo, pero no pude… no hacía más que pensar en ti.

Sentí que me ponía pálido mientras me dejaba caer otra vez sobre la almohada, consciente del silencio que reinaba en el pequeño departamento, solo interrumpido por un grifo que goteaba en un rincón. La bocina de un taxi sonó una vez a lo lejos, y desde el puerto, como el rugido ahogado de un minotauro, llegó la llamada breve y negra de una sirena. Ahora parecía como si estuviéramos absolutamente solos los dos.

La habitación pertenecía por completo a Melissa: el mísero tocador lleno de fotos y de cajas de polvos vacías, la graciosa cortina que palpitaba suavemente en ese atardecer sofocante, como la vela de un barco. Cuántas veces habíamos reposado el uno en brazos del otro, observando la lenta respiración de esa tela transparente y brillante… A través de todo eso, como a través de la imagen de alguien muy querido que se sostiene en la lente de aumento de una lágrima gigantesca, si avanzar el moreno y rígido cuerpo desnudo de Justine. Hubiera tenido que estar ciego para no comprender hasta qué punto había en su resolución una mezcla de tristeza. Nos quedamos largo rato mirándonos cara a cara; nuestros cuerpos se tocaban, sin comunicarse otra cosa que la lasitud animal de aquel atardecer moribundo. Mientras la sostenía livianamente en el hueco del brazo, no pude dejar de pensar en lo poco que nos pertenecen nuestros cuerpos.

(…)

Justine había cerrado los ojos, tan suaves y brillantes como si los puliera el espeso silencio que nos rodeaba. Sus dedos temblorosos se habían aquietado y descansaban en mi hombro. Nos volvimos el uno contra el otro, cerrándonos como las dos hojas de una puerta sobre el pasado, dejando a todo el mundo afuera, y sentí que sus besos, felices y espontáneos, empezaban a componer la oscuridad a nuestro alrededor…”

Los fragmentos pertenecen a la edición de Clásicos del siglo XX, publicada por el Diario El País, con traducción de Aurora Bernárdez.

Sergio Barce, marzo 2022

 

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL» EN LA LIBRERÍA FAHRENHEIT 451, DE BARCELONA

El pasado viernes, 11 de febrero, el escritor Youssef El Maimouni, presentó mi libro de relatos Una puerta pintada de azul (Ediciones del Genal) en la preciosa Librería Fahrenheit 451 de Barcelona.

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Estos actos siempre me provocan una cierta inquietud. ¿Asistirá alguien? ¿Saldrá todo bien? Ahora, volvía a recorrer 985 kilómetros para este nuevo encuentro, y, aunque ya había estado en Vilafranca del Penedés en 2016 y en Barcelona en 2019, con la fortuna de cara en ambas ocasiones, nunca se sabe qué puede ocurrir. Pero todo ha vuelto a resultar mejor de lo esperado.

El lugar elegido me lo había sugerido Youssef El Maimouni, y acertó. La Librería Fahrenheit 451 está ubicada en el Carrer de la Sal, en el local que antes fuera de la mítica Librería Negra y Criminal, con lo que el reto parece aún mayor. Pero Fahrenheit 451 tiene como ventaja que está en manos de dos libreros excepcionales, Sergio Lledó, malagueño, vinculado al mundo de las editoriales desde hace años, y Azra Ibrahimovic, a producciones escénicas, eventos y festivales. Ellos llevan además una librería ambulante, que es la que les condujo hasta ese local, ya vacío, en plena pandemia, y se lanzaron a esta aventura. Han construido un lugar muy sugerente y atractivo, y, en cuanto entré, me cautivó. La cercanía de Sergio Lledó me hizo pensar que cosecharíamos un pequeño triunfo. Me había acercado a mediodía para ver el local y conocernos en persona. Charlamos un buen rato y, para mi sorpresa, sacó una botella de Cartojal (más malagueño imposible) y nos bebimos dos vasos que, con el estómago vacío, me inyectó de inmediato una euforia inesperada. La cosa comenzaba bien.

Ya, por la tarde, llegó la hora de la verdad. Y comenzaron a llegar los asistentes, algunos conocidos y otros que me daban la sorpresa de nuestro primer encuentro. Había algunos larachenses, claro. Al acomodarse los asistentes, nos dimos cuenta de que habíamos hecho pleno, lleno al completo, y eso me alegró más por Sergio y Azra que por mí. Entonces me relajé.

Youssef y yo nos sentamos en el sofá instalado para la ocasión frente a una mesa baja en la que Sergio Lledó había construido un mosaico azul con varios ejemplares de mi libro. Frente a nosotros, el público que nos arropaba, entre ellos algunos buenos amigos. Trataré de mencionar a la mayoría de ellos (me dejo fuera algunos nombres, como siempre, porque es imposible controlarlo todo): Itzea Goikolea, Juan Gabriel López Guix, María Josefa Menéndez Zambrano, Hortensia y Paco Antúnez, los hermanos Fernández Gallardo (Maribel, José María y Emilio), Pilar Alguacil, Juan A. Alguacil y Sara Ruiz, Alberto Fuentes (que asistió en busca de las huellas larachenses de su abuelo), María Ulldemoins, Joana Márquez, Harmut Nagel, Naïma el Orfa, José Miguel Feria (que tampoco falla y me dio la sorpresa de un libro de Morricone), Gloria Clavera (mujer de Youssef) y Mina (su hija, preciosa), y también Ismail, Juan Pablo Caja (a mi amigo Juan Pablo lo he indultado este año, liberándole de la presentación que ya me hizo en las dos anteriores ocasiones, creo que en el fondo lo agradeció), y la escritora Laila Karrouch, que se desplazó desde Toulouse (cosas así, te hacen pensar que esto de narrar merece la pena) y eso me enorgulleció por la amistad y afecto que nos profesamos. En fin, no podíamos estar mejor acompaños.

Mi querido amigo Youssef El Maimouni, autor de la excelente novela Cuando los montes caminen (Roca Editorial), hizo muy fácil el diálogo que mantuvimos para hablar de mi libro. Lo convirtió en un agradable paseo por cada uno de los relatos que integran Una puerta pintada de azul, y durante ese deambular hablamos de los personajes, unos reales, como Mohamed Sibari y su relación con mi familia) y otros ficticios, como Ahmed que, junto a mi madre, son los protagonistas del cuento que cierra el volumen; recorrimos las calles de Larache, donde se ambientan todos estos cuentos, y varios asistentes se sumaron al diálogo enriqueciendo el encuentro. Hablamos también de la convivencia de las tres culturas en Marruecos, cómo nos ha marcado este país, sus gentes, del amor que le profesamos. De las contradicciones culturales y de los descubrimientos literarios. Hubo momentos intensos y muchos otros divertidos, y el tiempo se nos escapó sin darnos cuenta. El ambiente en la librería se había cargado de electricidad. Youssef nos condujo hasta el final como un perfecto cicerone.

Mereció la pena recorrer esos 985 kilómetros de carretera que distan de Málaga a Barcelona (aunque los hiciese en avión). Había recompensa.

Sergio Barce, febrero 2022

La galería de imágenes del acto comienza con dos fotografías muy ilustrativas. En la primera, estoy junto a mi paisana Naïma el Orfa y es fiel reflejo del ambiente que gozamos en la librería. En la segunda, junto a mis amigos los escritores Youssef El Maimonui y Laila Karrouch. La risa espontánea de Naïma y la sonrisa de Laila iluminan esta pequeña crónica mejor que cualquiera de mis palabras.

 

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«UNA PUERTA PINTADA DE AZUL», DE SERGIO BARCE – TERCERA EDICIÓN

Me comunica Jesús Otaola, responsable de Ediciones del Genal, que, en los próximos días, sale la 3ª edición de mi libro de relatos Una puerta pintada de azul.

Parece que el boca a boca está haciendo efecto. Gracias a todos.

 

 

Foto de Hanane Hayani
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