Me llegó ayer este relato de León Cohen lleno de añoranza. Es uno de sus textos más delicados y emotivos. Tiene un ritmo pausado que le confiere ese toque de apacible fluir que tanto me reconcilia con una narración bien escrita. Y con él, nos lleva hasta ese balcón tan especial de Larache. Lo comparto rápidamente en mi blog antes de que León se arrepienta de haberlo enviado, para que todos podáis disfrutarlo.
Sergio Barce, junio 2020
El Balcón de Luna
“Más tarde o más temprano, el tiempo nos devuelve al jardín de la infancia, al jardín de los recuerdos, que para mí siempre será el Balcón de Luna”
Cuando uno recorre los habitáculos de su memoria, la memoria de su vida, uno se topa con escenas, instantes, lugares y personas que dejaron una huella perenne e imborrable. Algunos de esos lugares son paradigmáticos y es inevitable referirse a ellos por lo que significaron en su momento y con el transcurrir del tiempo. Uno de esos lugares fue y sigue siendo el balcón de mi abuela Luna.
El balcón de Luna es bastante más complejo que un voladizo de unos seis metros de longitud por uno de ancho, rodeado por una barandilla de hierro. Bajo esa forma común y sencilla subyacen otros muchos significados que lo convierten en un referente de mis recuerdos y en mucho más. Ese balcón no es solo lo que parece, sino lo que representa para el adulto que recuerda y para el escritor que transforma en palabras los recuerdos. Es el balcón de mi primera infancia, y más tarde el de mi memoria. Es también el balcón de la nostalgia. Es una atalaya desde donde contemplar mi pasado y el de mi familia, pero también el pasado de mi pueblo natal. Es el lugar desde donde el niño extendía su mirada soñadora hacía todo lo que ocurría enfrente, al lado y debajo. Donde la vida se le presentaba en todo su esplendor y su bullicio, llena de voces, de ruidos y de colores. Pero también es el balcón de la alegría y de las emociones. Y es además uno de los pasadizos a través del cual la memoria del adulto se reencuentra con su pasado. Es un balcón que hace parte de una casa, pero también de un sueño, el sueño del niño que fue feliz. Ese balcón convertido ya en un símbolo es parte de mi memoria vital, pero también de mis ensoñaciones, de manera que siempre que puedo, vuelvo a él para recuperar ese tiempo perdido que fue el de mi infancia, en una suerte de diálogo diacrónico conmigo mismo.
En esta especie de análisis introspectivo he llegado incluso a preguntarme: ¿Acaso el balcón de Luna no podría ser también una excusa, una argucia, un invento o una vuelta de tuerca al Tiempo, de las que el escritor se sirve como motivo o argumento para sumergirse en su pasado y relatar lo acontecido junto a lo imaginado? ¿Y por qué no? ¿Acaso nuestra memoria cuenta solo la verdad, nada más que la verdad y toda la verdad? ¿Acaso nuestra memoria no confunde sin proponérselo o a propósito, ficción y realidad?
Ese balcón tiene además su trastienda, que no es sino la vida de la familia de mi abuela, compuesta por mis dos tías Raquel y Mery, mi prima Flora, mi tío Elías y nosotros, sobre todo mi hermano, mis dos hermanas y yo.
En todas las casas hay un alma mater y en esta es sin lugar a dudas Luna, mi abuela, la que cocina, la que cose, la que va al mercado y la que aporta equilibrio y sosiego a las discrepancias familiares. Y a la que extrañamente no recuerdo durmiendo.
El balcón por la mañana era un mirador desde donde se podían apreciar todos los movimientos rutinarios de los comerciantes de enfrente, desde su llegada, la apertura de los locales, el posterior deambular de los clientes y de los transeúntes y la hora del cierre de las tiendas bien entrada la noche. Era un balcón rebosante de vida. A él nos asomábamos, en él posábamos para hacernos fotos, y desde él presenciábamos el discurrir de la vida desde la calle Italia hacia el Zoco Chico o hacia la calle Real y viceversa. Desde ahí veíamos y oíamos pasar las bodas musulmanas por la noche o los entierros con sus cánticos característicos de día. La vida y la muerte, tan opuestas y tan cercanas.
Pasados los años, volví en muchas ocasiones al balcón de Luna, no sé si en sueños o con la imaginación, me detuve y me asomé para recordar mi primera infancia y desde él la repasé, la recorrí y la recreé. También recobré los olores y los sabores de aquellos años. Olor y sabor del pan amasado en casa que se desprendía del horno cercano en el Zoco Chico, sabor a buñuelos y té, olor a especias de la tienda de Kassem, olor y sabor a dafina…Mientras viva, el balcón de Luna seguirá ahí firme y evocador, habitándome, iluminándome y guiándome por los caminos del recuerdo, como una pequeña luz o un faro a los que poder siempre recurrir y seguir.
León Cohen Mesonero – Junio de 2020
León Cohen, bajo el balcón de Luna – Larache, 2003
He ido encontrando películas que se han rodado en su integridad en Larache y otras que solo han utilizado la ciudad como parte del rodaje o para alguna localización concreta que interesaba a la cinta. Así que os haré un pequeño recorrido por todas estas cintas que han tenido a Larache como escenario, aunque seguro que se me escapa alguna.
En 1927, se rodó, en escenarios de Casablanca, Rabat, Fez, Marrakech, Tetuán, Río Martín, Tánger y alguna localización en Larache, Águilas de acero. Esta película también se tituló Los misterios de Tánger.
Muda y en blanco y negro, está dirigida por uno de los grandes maestros del cine español: Florián Rey. Y está basada en una novela corta escrita por Rafael López Rienda.
Se trata de una película de género negro, de espionaje, con el trasfondo de las guerras marroquíes y que culminaron en la colaboración franco-española contra Abd-el-Krim. Mezcla escenas rodadas con actores, entre el incipiente cine negro y el de aventuras exótico, y escenas de documentales reales rodadas sobre la aviación española de esos años.
El argumento gira sobre una preciosa mujer polaca, llamada Sofía, que trabaja como agente de espionaje creyendo en todo momento que su causa es la justa. Para conseguir sus objetivos, seduce a un piloto de aviación español para que se pase al bando rifeño…
El reparto está formado por Pedro Larrañaga, Elita Panquer, Ricardo Prieto, Elisa Ruiz Romero, Alfredo Hurtado, Ricardo Núñez y Juan Ruiz de Alda.
El historiador Carlos Fernández Cuenca escribió lo siguiente sobre esta película: «Se rodó totalmente en exteriores e interiores naturales de Río Martín, Tetuán, Larache, Tánger, Fez y Rabat; varios famosos aviadores, como Julio Ruiz de Alda y Luis Suevos, hicieron alarde de su dominio aéreo para la película, y en unas escenas de la administración de la justicia mora, impresionadas en Zoco El-Arba, actuó el prestigioso Abd El-Kader. Florián Rey ensaya en este film, con clara fortuna, una atrevida mezcla de ficción y de realidad, de documental y de reportaje reconstruido. Aunque el guión de López Rienda careciese de rigor narrativo, el director supo infundirle una vigorosa continuidad, y su propio entusiasmo españolista se contagiaba a los espectadores»
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En ese mismo año de 1927, también se rodó Los héroes de la Legión, esta vez rodada directamente por Rafael López Rienda, en Larache y Tetuán. Está basada en su novela ‘Juan León, legionario’.
Según datos de la Filmoteca Española, el reparto estaba compuesto por Ricardo Vargas, Carmen Sánchez, Pablo Rossi y Manuel Chávarri; y se estrenó en Madrid el 30 de abril de 1928.
Una película producida obviamente para ensalzar al cuerpo de la Legión en su labor en Marruecos.
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De 1939 es el musical La canción de Aixa, dirigida de nuevo por el gran Florián Rey, rodada en Larache, Alcazarquivir y Tetuán. También se estrenó este film con el título de Marocco.
Es una coproducción hispano-alemana, y, por tanto, se rodó a su vez la versión alemana con los mismos actores. Protagonizada en el papel estelar de Aixa por Imperio Argentina, junto a Pedro Barreto, Manuel Luna (como Abslam), Pedro Fernández Cuenca y Anselmo Fernández (en el papel de Alí); y basada en la novela homónima escrita por Manuel de Góngora.
Su argumento es el siguiente: Abslam, hijo del caíd Amar, y Hamed son dos primos con vidas e ideas diferentes que ponen fin a las rencillas que durante años han enfrentado a sus familias musulmanas. Hamed presenta a su primo a la bailarina mestiza (de madre mora y padre español) Aixa, y Abslam se enamora de ella. Obsesionado, se olvida de sus obligaciones y le propone matrimonio, pero Aixa está enamorada de Hamed y éste, por razones políticas debe casarse con la hermana de Abslam, Zohira. Ahí surge el enfrentamiento entre los primos y se desata el drama.
Manuel Luna e Imperio Argentina, en una escena de La canción de Aixa
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En 1955 se rodó en Tánger, Tetuán y Larache una superproducción de aventuras: Zarak, que dirigió Terence Young (realizador que se haría famoso con las películas de James Bond protagonizadas por Sean Connery). Zarak estaba protagonizada por Víctor Mature, Anita Ekberg y Michael Wilding.
Mi paisano y amigo Eduardo Espinosa me indica una serie de detalles bastante curiosos: “… al parecer, tanto Víctor Mature como Anita Ekberg dieron rienda suelta al divertimento etílico y sexual durante su estancia en Larache. Que la calle Chinguiti fue el escenario de sus paseos etílicos y creo que los soldados de la legión también fueron objetivo de la actriz. E incluso hasta pasado muchos años, aún se veían casacas rojas de las que utilizaron los extras en la película. El filme está basado en la India durante la época colonial inglesa…”.
ANITA EKBERG EN ZARAK
Por su parte, Luis E. Togores, en su libro “Historia de la Legión Española”, escribe sobre Zarak que Terence Young solicitó 400 legionarios para que trabajasen de extras. Las autoridades autorizaron a la VII Bandera a que participara en la película. Los legionarios, vestidos con casacas rojas inglesas (lo que confirma lo dicho por Eduardo), atacaban a los insurrectos indios, que eran en realidad soldados moros de la guardia del Jalifa y de un tabor de Regulares de Caballería, con fiereza. El comandante Cruz recuerda: “Estábamos acuartelados en el Krimda y siempre iban al rodaje los mismos, puesto que los destinos de la Bandera como escribientes, vigilantes, rancheros, enlaces, etc.., nos teníamos que quedar en el acuartelamiento, pero en las ganancias participamos todos, según un baremo que estableció el Comandante Villalobos (a mí me correspondieron setecientas y pico de la época. ¡una fortuna!). Todos tenían instrucciones aproximadas sobre el lugar en que habían de simular la muerte en el combate, pero es el caso que la mayoría morían nada más empezar el movimiento. Cuando al fin el equipo técnico logró cierta coordinación, se produjo otro problema, los muertos de pacotilla aprovechaban para tomar el bocadillo, lo que vino a popularizar en el Tercio el grito de ¡ese muerto que no se mueva!…”
PODÉIS VER EL BAILE DE ANITA EKBERG EN ZARAK, EN EL SIGUIENTE ENLACE:
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VICTOR MATURE en ZARAK
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En el año 2001 se rueda Tarik el Hob, del realizador francés Rémi Lange, que cuenta la historia de dos jóvenes que hacen un accidentado y largo viaje desde París a Larache para visitar la tumba de Jean Genet. Pretexto que le sirve al realizador para profundizar en la situación de las relaciones homosexuales en la cultura musulmana. Se filmó en Larache y Tánger.
Sus actores son Karim Tarek, Riyad Echahi, Silhem Benamoune y el escritor Abdellah Taia.
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Hay que mencionar, por supuesto, a dos realizadores nacidos en Larache y que han rodado una buena parte de sus películas en su ciudad natal. E, incluso, algunos de sus films se han rodado en otras ciudades marroquíes pero los interiores o algunas de sus tomas se han hecho en Larache.
He tenido la suerte de ver a los dos rodar en Larache y en Tetuán, y les tengo un gran aprecio como personas y como creadores.
Abdeslam Kelai
Uno es Abdeslam Kelai, nacido en 1969, que en 2004 rodó el corto Happy day (2004) con el poeta larachanse Mohamed al Baki de coprotagonista.
Cuenta la historia de un niño, Said, de siete años, que se ve abocado a trabajar como limpiabotas a causa de la situación precaria de su familia. Sus días en la Medina se verán salpicadas por las privaciones y humillaciones a las que se verá sometido en su primer día de trabajo por los niños de la calle (huella indiscutible de “Ladrón de bicicletas”, como lo es también su sueño de tener una bici). Se rodó íntegramente en Larache. Un corto muy duro y emocionante.
Reparto: Hamza al Badri, Mohamed al Baki, Karima al Assri y Jamal Eddin Rachidi. La música es de mi también paisano y amigo Abdelhay el Haddad.
HAPPY DAY
Otros cortos suyos son Le journal d´Amal o La mort des fleurs. Y ha dirigido varios largometrajes para cine y televisión: Les vagues de la colére, Les hommes et la mer o Malak, de 2012, que estuvo nominado en el Festival Internacional de Cine de Chicago.
La sinopsis de Malak es la siguiente: Malak, una joven de 17 años de edad, descubre que está embarazada. Abandonada por el padre de su hijo tendrá que enfrentarse a un entorno que maltrata y marginaliza a los que están en la condición de madre soltera. Un hermoso retrato de una mujer joven, y el de una sociedad que nunca ha sido tierna con las mujeres.
Intérpretes: Chaimae Ben Acha, Saadia Ladib, Omar Lotfi y Mohamed Majd.
Kelai siempre ha sido y es un realizador comprometido con su tiempo y aborda temas espinosos y controvertidos de la sociedad marroquí.
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MOHAMED CHRIF TRIBAK
Y el otro realizador larachense es Mohamed Chrif Tribak con sus cortos Nassima (1998), Balcón Atlántico (2003) y Mawal (2005). Tribak nació en 1971. Formado en la Federación de clubes de cine de Marruecos, realizó una pasantía en Femis, París.
Su película Le Temps des camarades, a cuyo rodaje pude asistir en Tetuán, fue premiada en el Festival de San Sebastián. Su argumento se centra en la historia de Rahil, que a principio de los años noventa, obtiene su diploma de secundaria, y, desobedeciendo a su familia, decide continuar sus estudios en la Universidad. Allí descubrirá que hay una fuerte corriente islamista, frente a la que un pequeño grupo trata de resistir.
También ha dirigido capítulos de series de televisión para el segundo canal nacional, 2M.
Otra bellísima película suya es Petits Bonheurs (2015), en la que cuenta la historia de Noufissa, una niña de quince años, que, junto a su madre, se ven obligadas a aceptar una invitación de una prima lejana para vivir con ella. La casa se convertirá en un microcosmos femenino en el que se inician distintas historias: la amistad entre las primas, cómo Chama se encarga de iniciar a Noufissa en los secretos del mundo femenino; Kulthum, la hermana menor de Chama, obligada a interrumpir su incipiente relación amorosa para se obligada a casarse con un anciano que no ama; otras chicas aspiran a vivir una verdadera historia de amor idéntica a la que vieron en musical egipcio… Todas las ansias de libertad y de romanticismo se van diluyendo para estas mujeres, y la terraza de la casa se convertirá en su refugio, su único ámbito donde se sienten libres, frente a un mundo que las limita y las margina.
El reparto de este film está compuesto por Anissa Lanaya, Youssra el Asri, Maha Daoud, Fama Farah y Farah el Fassi.
BALCÓN ATLÁNTICO, de Chrif Tribak – escena
Pero sus filmas netamente larachenses son dos cortometrajes: Balcón Atlántico, rodado íntegramente en ese emblemático lugar de la ciudad, refleja, a través de distintos personajes que se van encontrando en el Balcón, una manera de vivir y un ritual que conocen bien todos los originarios de Larache. Llena de pequeños detalles, es una película impregnada de humor y simpatía.
El otro es Mawal, rodado también en su integridad en Larache, se trata de una delicada pieza de orfebrería que cuenta una bellísima, tierna y apasionada historia de amor. La música, parte fundamental de la trama, te hipnotiza junto a sus imágenes, delicadas pero febriles, donde las miradas, que son el único diálogo del film, están sabiamente dosificadas. En pocos minutos toda una vida, una vida de frustración, una vida de deseo imposible, de sueños inalcanzables. Una metáfora del amor obsesivo e insoportable. La cinta rezuma ternura, encanto, cierta magia inasible.
Hakim el Harrak. Mohamed Chrif Tribak y Sergio Barce
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De 2009 es Aid L´Kebir, la fiesta grande, de Carlos Otero. Rodada íntegramente en Larache, es un documental realista y visceral sobre la sagrada celebración de la fiesta musulmana del cordero.
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En 2013 se estrenó 475, dirigido por Nadir Bouhmouch, realizador nacido en Casablanca.
Documental que se centra en el drama de Amina Filali, una chica de 16 años que en 2012 fue violada por un joven de su misma aldea de la provincia de Larache, pero su denuncia cayó en saco roto y en aplicación del artículo 475 del Código Penal, vigente en ese momento, que establecía que si el violador se casaba con su víctima quedaba exonerado de culpa, se vio forzada al casamiento. Un año después, Amina se suicidó ingiriendo veneno para ratas. Esto desató un debate nacional en Marruecos que acabó con la derogación de esa medida.
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GENET EN EL RAVAL – escena
De este mismo año 2013, es el documental Genet en el Raval, de Juan Caño. Basado en el libro del mismo título de Juan Goytisolo, que interviene en el documental, nos retrata a Jean Genet en Barcelona y su paso por Larache, donde se encuentra enterrado (ahora junto al propio Goytisolo).
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En 2014 se estrenó otro documental rodado en Larache, Three stones for Jean Genet, de Frieder Schlaich. Su argumento es el siguiente: en abril de 2013, la cantante estadounidense Patti Smith viaja a la tumba del escritor francés Jean Genet en Larache, Marruecos, para llevarle tres piedras que había buscado para él hacía más de 30 años.
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Por último, no puedo dejar de mencionar el corto El nadador, dirigido por mi hijo Pablo Barce, con quien escribí el guión basado en mi relato del mismo título.
Una película que no ha dejado de darnos alegrías. Entre muchos galardones, el Premio Forqué al Mejor Corto de Ficción y finalista del Premio Goya en la misma categoría.
César Martínez Herrada, Pablo Barce y Antonio Hens
Os dejo el enlace donde podéis ver el cortometraje:
Pablo Barce (director) César Martínez (productor) Ali Bakkioui (productor Marruecos) Jorge Revuelta (jefe de producción) Ismael Bakkioui (producción Marruecos) Candela García (secretaria de producción) Pablo y Sergio Barce (guión) Arturo Salmerón (ayudante de dirección) Manu M. Manrique (ayudante de dirección en Calpe) Jorge Roig (fotografía) Cristina Campayo (vestuario) Marta Suárez (ayudante vestuario) Lola Ruiz (maquillaje y peluquería) Emilia Martín-Peñasco (montaje) Diego Sainz (script) Daniel Gracia (sonido) Borja Luís (postproducción de sonido) Sheila Rodríguez (auxiliar de foto) Leticia Iniesta (ayudante de foto) Carlos Rodil (ayudante de foto en Calpe) Mohamed Bachir Temini (foto fija) Graciela Izquierdo (dirección de arte) Ahmed Belkhadir (atrezzo) Fran Condor (colorista)
Y los actores:
Taha El Mahroug Amin Moutaouii Nezar Moussa Morad El Jaouhari Ghita Taha Youssef Chghaich Ahmed Bilal Mario Zorrilla Sergio Barce jr.
y la gente de Larache
Sergio Barce, mayo 2020
Pablo Barce, Sergio Barce, Sergio Barce jr. y César Martínez Herrada
Os recuerdo que podéis comprar mi libro de relatos Paseando por el zoco chico, larachensemente (Ediciones del Genal, 2ª Edición 2015), así como el resto de mis títulos, a través del siguiente enlace:
Tenía ganas de leer este libro por varias razones: porque Miguel Sáenz nació en Larache, porque he leído muy poco sobre Sidi Ifini y me atraía lo que pudiera contar alguien que se crió en aquel lugar y, por último, porque hace años que admiro a Miguel Sáenz como traductor de los libros de Franz Kafka y de Thomas Bernhard, especialmente, y por su currículum impresionante: licenciado en derecho, teniente auditor del Cuerpo Jurídico del Aire, general auditor del Cuerpo Jurídico de la Defensa y fiscal de la Sala Quinta del Tribunal Supremo, novelista, crítico de cine, funcionario internacional en Nueva York y Viena, traductor, miembro de la Real Academia Española de la Lengua y de la Deutsche Akademie für Sprache und Dichtung.
MIGUEL SÁENZ (foto de eldiario.es)
Y me he llevado una grata sorpresa con Territorio (Editorial Funambulista, 2017), publicada en una edición muy bonita, esmerada y cuidada al detalle.
Territorio es una pequeña novela autobiográfica llena de candor y de amor por una tierra, Sidi Ifini, donde el autor pasó su niñez y parte de su adolescencia. Un lugar, un “territorio” que le marcó profundamente. Sus páginas son de una sencillez cálida y cuidada, de esas que hacen que un relato te llegue fácilmente y te conmueva. No hay un orden concreto en este libro, porque se trata de recopilar recuerdos sin cronología definida, y eso quizá lo hace más entrañable.
Como escribe Eduardo Gallarza en el “postfacio” de este libro: “…como toda buena novela, coge al lector de la mano y lo lleva, capítulo tras capítulo, recuerdo tras recuerdo, siguiendo un proceso personal de redescubrimiento, en pos de esa verdad que no existe aunque la conozcamos, la sintamos -la habitemos-. El Territorio es la infancia, y este libro su cartografía, el relato de su exploración.”
Un placer leerlo.
Sergio Barce, mayo 2020
Fragmento del capítulo titulado Mi padre, de Territorio:
“Sabido es que casi nadie es capaz de escribir coherentemente sobre su madre. Todos tenemos un complejo de culpa, que, unido a tradiciones arraigadas, nos hace desvariar casi siempre. Por lo común, los elogios son desmedidos y, para el ajeno a la relación, incómodos. Otras veces, escasas, el recuerdo se convierte en un ajuste de cuentas más penoso aún para el extraño.
Sin embargo, Thomas Bernhard, Peter Handke y otros escribieron sobre sus respectivas madres algunas de sus mejores páginas. No mencionaré a quienes, queriendo vengarse, solo lograron suscitar el horror de algún lector lleno a su vez de complejos e ideas preconcebidas (todavía recuerdo el choque que fue para mí, de joven, leer Vipère au ping, de Hervé Bazin). Aunque mi tendencia natural sería la exaltación, mi madre tendrá que ser la gran ausente en este libro- <Madre no hay más que una> dice la frase española, que se ha convertido en un chiste. Pero la mayoría de los españoles, entre los que me cuento, sigo creyendo sinceramente en esa verdad.
Mi padre es harina de otro costal, y aquí hablaré abundantemente de él…
(…) Mi padre era militar, llegó a ser general (bajo Franco) y podría ser descrito muy bien como <africanista> si la palabra no se hubiera cargado de connotaciones despectivas. Hizo su carrera en África, y probablemente África (un África delimitada por las modestas pretensiones históricas españolas) fue lo que más le importó en la vida.
La figura de mi padre, tal como me gusta recordarlo, comienza cuando, ya cojo (mutilado de guerra) pero en plena forma, tuvo un cargo importante, no sé exactamente cuál, en el Tánger de los años cuarenta, es decir, en el Tánger internacional que España, tratando de pescar en río revuelto, ocupó durante la Segunda Guerra Mundial.
Probablemente mi padre era el jefe de Policía, lo que suscita toda clase de armónicos indeseables. Sin embargo, la Policía del Tánger internacional primero, y luego del Tánger <protegido> por España, debía de ser muy especial. Buscando un símil, solo se me ocurre identificar a mi padre con el personaje del capitán Louis Renault, que interpreta Claude Rains en la película Casablanca. Lo que ocurre es que, físicamente, mi padre era cien veces más impresionante que Claude Rains y, por otra parte, carecía del cinismo de este personaje.
No soy el primero que ha dicho que la película Casablanca hubiera debido llamarse Tánger, porque el ambiente que refleja, lleno de espías, aventureros y aventureras con un pasado, traficantes de todo lo imaginable, escritores, artistas y diplomáticos corresponde mucho más al del Tánger de aquellos años. Parece que mi padre se movía en él como pez en el agua y, en realidad, no hubiera debido salir de allí antes de acabar la guerra, pero, en el 42, su gran amigo, el coronel Bermejo, a quien acababan de nombrar gobernador de Ifini y Sáhara, le ofreció un puesto de administrador del Territorio de Ifni que, aunque solo fuera por razones de amistad, mi padre no podía rechazar.
No obstante, Tánger, como a casi todo el mundo que ha vivido allí, lo marcó para siempre. De hecho, marcó a toda nuestra familia, aunque, evidentemente, la vida que llevaba nuestra madre y que llevábamos nosotros en Tánger era bastante parecida a la de cualquier familia de clase media española del protectorado de Marruecos en aquellos años.
En el Territorio, mi padre fue un personaje mucho más serio, más reposado, que creía de veras que estaba haciendo una labor necesaria en unas tierras legítimamente ocupadas por España…”
10ª entrega de la Historia de Larache en los siglos XVI y XVII…
En abril de 1619, el nuevo Gobernador de Larache, Carrillo de Santoyo, había atacado el aduar de Rehien porque dos soldados españoles habían sido degollados por unos habitantes de ese aduar, y en ese ataque incendió las viviendas, causó más de doscientos muertos y capturó a 213 prisioneros.
Muhammad Zeguda, que se había establecido en Alcazarquivir, comenzó a hostigar Larache, y España envió una flota armada con seis galeras al mando de don Antonio de la Cueva que logró llevar hombres y víveres a la ciudad, y luego bombardeó Arcila.
En ese mismo año de 1619, el sultán Mawlay Zidan conseguiría vencer por fin a Yahia ben Abd Allah y aparecería en escena Muhammad ben Ahmad Zayani, más conocido como Al-Ayaxi, de los Beni Malik, de la región del Garb.
El sultán lo había nombrado caíd de Azemur, pero pronto se dio cuenta de su carisma y trató de asesinarlo, sin embargo, Al-Ayaxi huyó y se convirtió en un fanático islamista con un gran número de seguidores que declaró la yihab contra los infieles, y sus objetivos fueron La Mamora y Larache.
Atacó La Mamora en 1620 con un importante contingente de hombres y, aunque no la tomaron, sí causaron un gran número de víctimas entre los españoles. Y en 1621, ayudado por los moriscos de Salé y por fuerzas venidas de los Países Bajos, Al-Ayaxi volvió a atacar la misma plaza, pero los españoles aguantaron el envite y la llegada de una escuadra al mando de Contreras rompió el cerco y desbarató los planes del morabito.
FELIPE IV
En 1621 Felipe IV sube al trono a la muerte de su padre, y se encuentra un país casi en bancarrota. Esta situación afectaba, por supuesto, a las plazas de La Mamora y Larache que, según García Figueras, sobrevivieron y sobrevivirían aún por puro milagro gracias a las tropas que seguían defendiéndolas, aunque lo hiciesen con escasos medios y poca ayuda.
De hecho, Larache siguió siendo hostigada por Zeguda hasta quizá más allá de 1623.
Un soldado de Larache, Baltasar López Pardo, cuenta que en 1622 un caíd llamado Adriza, fiel al sultán Abd Allah, se instaló cerca de Larache con sus hombres y pidió ayuda a los españoles contra su común enemigo Zeguda, al que primero rechazaron y luego vencieron con un ejército compuesto por 600 soldados españoles más 300 jinetes y otros 400 infantes marroquíes, todos al mando del Gobernador don Pedro Rodríguez de Santisteban, que había regresado a su puesto de la mano del Felipe IV, pero ya como marqués de Cropani. En esta batalla, se consiguió un gran número de prisioneros de las huestes de Zeguda y un importante botín. Con ello, Zeguda acabó de ser un problema.
Pese a ello, Larache seguía con las mismas dificultades de provisiones y avituallamiento. A lo que se sumó que, en 1623, el Gobernador de la plaza, don Pedro Rodríguez de Santisteban, fue nombrado Maestre de Campo General del Reino de Portugal, siendo sustituido por el Maestre de Campo y Caballero de Santiago don Juan Jara Quemada.
Durante esa época, se fue creando un estado general de anarquía en todo Marruecos, y en Tetuán la familia Al-Naqsis comenzó a adquirir cierta relevancia. Tetuán, durante esos años, impulsó una relación fluida y constante con Inglaterra, facilitando el comercio, lo que perjudicaba a España. Sin embargo, nunca llegaron a entenderse del todo y ese comercio entre Marruecos e Inglaterra se confundía con las actuaciones de los corsarios. Holanda, por el contrario, sí supo manejar bien a los piratas a su beneficio en todo el litoral marroquí.
Felipe IV, mientras tanto, trataba de solucionar los problemas de abastecimiento y mantenimiento de las plazas marroquíes, pero no resultaba fácil. De hecho, en 1626, el Veedor don Juan de Mena y el Contador don Pedro González de Vesga daban informes muy negativos sobre la administración del nuevo Gobernador de Larache don Juan Jara Quemada; mientras que éste se quejada al monarca de los escasos recursos con los que contaba para realizar su labor. Según don Juan Jara, los soldados españoles de la plaza de Larache llevaban ya, nada más y nada menos, que ocho años sin percibir sus sueldos.
Sin embargo, pese a estas dificultades, mientras la peste se extendía por Marruecos, causando incluso la muerte del sultán al-Malik, que había sustituido a su hermano Abd Allah tras su fallecimiento, la epidemia no alcanzó a Larache.
Lo que sí amenazó por entonces a la ciudad fue de nuevo Al-Ayaxi, que, tras su fracaso con La Mamora, centró su esfuerzo en tomar Larache. Y así, en octubre de 1626, atacó la ciudad aprovechando que muchos soldados españoles habían salido a recoger leña fuera de las murallas. Pero no contaba que, por costumbre, el resto de las tropas españolas se apostaba vigilante, y estos hombres rechazaron su ataque. La lucha fue cuerpo a cuerpo, y el Gobernador don Juan Jara sacó a sus tropas a campo abierto y diezmó al enemigo, huyendo Al-Ayaxi al verse derrotado. Como prevención por la peste, no se hicieron prisioneros y solo se tomó un gran botín en armas.
La relación entre el Veedor don Juan de Mena y el Contador don Pedro González de Vesga con el Gobernador de Larache don Juan Jara Quemada iba a peor, hasta el extremo que Juan Jara encerró en una mazmorra a González de Vesga por no abonar ciertas cantidades a personas de su confianza. En julio de 1627 González de Vesga fue puesto en libertad, quizá porque, como apunta Tomás García Figueras, el Gobernador había abusado de su poder y porque seguramente actuaba movido por intereses personales, entre ellos, no pagar impuestos de aduana para el género que compraba a los marroquíes de Larache y que luego era enviado a su casa de Cádiz o poner en peligro a varios soldados españoles a causa de sus negocios privados.
Pese a las continuas quejas, el rey Felipe IV no tomaba una resolución contra don Juan Jara. Pero hacia finales de septiembre de 1627, el Gobernador falleció, sin que se sepan las causas. Con lo que este pleito, que lo enfrentaba a los Contadores, quedó sin resolverse.
Lo que sí es evidente es que tales disputas demuestran que la plaza de Larache, pese al espíritu de sacrificio de sus soldados, vivía de la corrupción, de la picaresca, del engaño y de traiciones e intrigas. García Figueras, no obstante, achaca esta situación no tanto a sus protagonistas como al estado de abandono que la Corona española demostraba hacia la plaza de Larache y al resto de los enclaves españoles en Marruecos, sin atender al pago de los sueldos de sus hombres ni al abastecimiento de víveres y de avituallamientos ordinarios.