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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (10ª PARTE)

10ª entrega de la Historia de Larache en los siglos XVI y XVII…

LARACHE plano de 1616

En abril de 1619, el nuevo Gobernador de Larache, Carrillo de Santoyo, había atacado el aduar de Rehien porque dos soldados españoles habían sido degollados por unos habitantes de ese aduar, y en ese ataque incendió las viviendas, causó más de doscientos muertos y capturó a 213 prisioneros.

Muhammad Zeguda, que se había establecido en Alcazarquivir, comenzó a hostigar Larache, y España envió una flota armada con seis galeras al mando de don Antonio de la Cueva que logró llevar hombres y víveres a la ciudad, y luego bombardeó Arcila.

En ese mismo año de 1619, el sultán Mawlay Zidan conseguiría vencer por fin a Yahia ben Abd Allah y aparecería en escena Muhammad ben Ahmad Zayani, más conocido como Al-Ayaxi, de los Beni Malik, de la región del Garb.

El sultán lo había nombrado caíd de Azemur, pero pronto se dio cuenta de su carisma y trató de asesinarlo, sin embargo, Al-Ayaxi huyó y se convirtió en un fanático islamista con un gran número de seguidores que declaró la yihab contra los infieles, y sus objetivos fueron La Mamora y Larache.

Atacó La Mamora en 1620 con un importante contingente de hombres y, aunque no la tomaron, sí causaron un gran número de víctimas entre los españoles. Y en 1621, ayudado por los moriscos de Salé y por fuerzas venidas de los Países Bajos, Al-Ayaxi volvió a atacar la misma plaza, pero los españoles aguantaron el envite y la llegada de una escuadra al mando de Contreras rompió el cerco y desbarató los planes del morabito.

FELIPE IV

FELIPE IV

En 1621 Felipe IV sube al trono a la muerte de su padre, y se encuentra un país casi en bancarrota. Esta situación afectaba, por supuesto, a las plazas de La Mamora y Larache que, según García Figueras, sobrevivieron y sobrevivirían aún por puro milagro gracias a las tropas que seguían defendiéndolas, aunque lo hiciesen con escasos medios y poca ayuda.

De hecho, Larache siguió siendo hostigada por Zeguda hasta quizá más allá de 1623.

Un soldado de Larache, Baltasar López Pardo, cuenta que en 1622  un caíd llamado Adriza, fiel al sultán Abd Allah, se instaló cerca de Larache con sus hombres y pidió ayuda a los españoles contra su común enemigo Zeguda, al que primero rechazaron y luego vencieron con un ejército compuesto por 600 soldados españoles más 300 jinetes y otros 400 infantes marroquíes, todos al mando del Gobernador don Pedro Rodríguez de Santisteban, que había regresado a su puesto de la mano del Felipe IV, pero ya como marqués de Cropani. En esta batalla, se consiguió un gran número de prisioneros de las huestes de Zeguda y un importante botín. Con ello, Zeguda acabó de ser un problema.

EL MARQUÉS DE CROPANI libro de José Marín Pinto

Pese a ello, Larache seguía con las mismas dificultades de provisiones y avituallamiento. A lo que se sumó que, en 1623, el Gobernador de la plaza, don Pedro Rodríguez de Santisteban, fue nombrado Maestre de Campo General del Reino de Portugal, siendo sustituido por el Maestre de Campo y Caballero de Santiago don Juan Jara Quemada.

Durante esa época, se fue creando un estado general de anarquía en todo Marruecos, y en Tetuán la familia Al-Naqsis comenzó a adquirir cierta relevancia. Tetuán, durante esos años, impulsó una relación fluida y constante con Inglaterra, facilitando el comercio, lo que perjudicaba a España. Sin embargo, nunca llegaron a entenderse del todo y ese comercio entre Marruecos e Inglaterra se confundía con las actuaciones de los corsarios. Holanda, por el contrario, sí supo manejar bien a los piratas a su beneficio en todo el litoral marroquí.

Felipe IV, mientras tanto, trataba de solucionar los problemas de abastecimiento y mantenimiento de las plazas marroquíes, pero no resultaba fácil. De hecho, en 1626, el Veedor don Juan de Mena y el Contador don Pedro González de Vesga daban informes muy negativos sobre la administración del nuevo Gobernador de Larache don Juan Jara Quemada; mientras que éste se quejada al monarca de los escasos recursos con los que contaba para realizar su labor. Según don Juan Jara, los soldados españoles de la plaza de Larache llevaban ya, nada más y nada menos, que ocho años sin percibir sus sueldos.

Sin embargo, pese a estas dificultades, mientras la peste se extendía por Marruecos, causando incluso la muerte del sultán al-Malik, que había sustituido a su hermano Abd Allah tras su fallecimiento, la epidemia no alcanzó a Larache.

Lo que sí amenazó por entonces a la ciudad fue de nuevo Al-Ayaxi, que, tras su fracaso con La Mamora, centró su esfuerzo en tomar Larache. Y así, en octubre de 1626, atacó la ciudad aprovechando que muchos soldados españoles habían salido a recoger leña fuera de las murallas. Pero no contaba que, por costumbre, el resto de las tropas españolas se apostaba vigilante, y estos hombres rechazaron su ataque. La lucha fue cuerpo a cuerpo, y el Gobernador don Juan Jara sacó a sus tropas a campo abierto y diezmó al enemigo, huyendo Al-Ayaxi al verse derrotado. Como prevención por la peste, no se hicieron prisioneros y solo se tomó un gran botín en armas.

La relación entre el Veedor don Juan de Mena y el Contador don Pedro González de Vesga con el Gobernador de Larache don Juan Jara Quemada iba a peor, hasta el extremo que Juan Jara encerró en una mazmorra a González de Vesga por no abonar ciertas cantidades a personas de su confianza. En julio de 1627 González de Vesga fue puesto en libertad, quizá porque, como apunta Tomás García Figueras, el Gobernador había abusado de su poder y porque seguramente actuaba movido por intereses personales, entre ellos, no pagar impuestos de aduana para el género que compraba a los marroquíes de Larache y que luego era enviado a su casa de Cádiz o poner en peligro a varios soldados españoles a causa de sus negocios privados.

Pese a las continuas quejas, el rey Felipe IV no tomaba una resolución contra don Juan Jara. Pero hacia finales de septiembre de 1627, el Gobernador falleció, sin que se sepan las causas. Con lo que este pleito, que lo enfrentaba a los Contadores, quedó sin resolverse.

 Lo que sí es evidente es que tales disputas demuestran que la plaza de Larache, pese al espíritu de sacrificio de sus soldados, vivía de la corrupción, de la picaresca, del engaño y de traiciones e intrigas. García Figueras, no obstante, achaca esta situación no tanto a sus protagonistas como al estado de abandono que la Corona española demostraba hacia la plaza de Larache y al resto de los enclaves españoles en Marruecos, sin atender al pago de los sueldos de sus hombres ni al abastecimiento de víveres y de avituallamientos ordinarios.

Seguirá…

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LARACHE – BAB AL QASBA O PUERTA DE LA ALCAZABA

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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (9ª PARTE)

9ª entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

castillo de san antonio

 …Larache, en 1614, parecía estar en mejor situación tras la toma por las tropas españolas del puerto de La Mamora y por las continuas promesas del nuevo sultán Abd Allah de mantener la paz con España. Por supuesto, su actitud estaba condicionada a que se le reintegraran los bienes que su padre al-Xaij había dejado depositados en manos del Gobernador portugués de Tánger, don Alfonso de Noronha, y que se suponía de gran valor. Tras varios intentos de la Corona española, se comprobó que el Gobernador, junto a Simón Pariente, habían hecho un uso indebido de esos bienes. Sin embargo, no se hallaron pruebas para que el rey Felipe III los encerrara, como era su deseo, y se optó por entregar a Abd Allah los escasos 48.970 ducados que el contador real había conseguido hallar de la tan preciada herencia del sultán al-Xaij. Tras recibir esta suma a principios de 1615, que a Abd Allah le pareció ridícula, por un lado mantuvo su promesa de paz con España, pero, a la vez, sus hombres comenzaron a efectuar pequeños ataques contra Larache.

A finales de ese año de 1614, el rey decidió destituir al Gobernador de Larache, don Gaspar de Valdés, tras cuatro años en el cargo, porque no le gustaron algunas de sus decisiones, especialmente el que hubiese devuelto a Abd Allah los arcabuces que dejara su padre el sultán en Larache, el que usara los impuestos de aduana recaudados para pagar  con ellos a las tropas, pese a que este gesto del gobernador era lo más justo para sus hombres, y, sobre todo, el que dejara que sus soldados comerciaran con los víveres que se les entregaba, lo que fue creando un mercado negro que perjudicaba a España. Felipe III envió al contador Pérez de la Parra que emitió un informe desfavorable a la administración de don Gaspar de Valdés, y alertó de los negocios paralelos que habían proliferado en la plaza. Esto hizo que el 3 de noviembre de 1614, el Gobernador saliera de regreso a la península junto a otras personas que fueron expulsadas de Larache por, entre otras razones, alentar el tráfico ilegal de aceite, trigo y caballos.

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Como nuevo Gobernador de Larache se nombró al Maestre de Campo don Pedro Rodríguez de Santisteban con el que llegaron a la plaza 430 soldados. Sin embargo, pronto hubo de arrostrar la misma situación que la de su predecesor, es decir, escasez de medios, de tropas, de víveres y de dinero, y hubo de pagar de su pecunio personal a sus hombres.

Pedro Rodríguez de Santisteban reforzó las defensas de Larache. Fue él quien levantó el pequeño fuerte de Santiago frente al castillo de San Antonio y a la barra del río Lucus. A principios de 1617, Larache contaba para su defensa con 800 hombres, claramente insuficiente para garantizar su seguridad. Uno de los problemas con los que se enfrentaba el Gobernador eran las deserciones, que no cesaban, por lo que acabó por arcabucear a uno de sus hombres que fue canjeado a los marroquíes por un prisionero, medida que no sirvió para nada. Para más inri, lo seguidores de Abd Allah continuaban hostigando Larache, pero Pedro Rodríguez de Santisteban no podía ordenar ninguna razzia o acción de castigo por prohibición expresa de Felipe III. Sin embargo, desoyó tales órdenes en agosto de 1617, cuando tropas marroquíes atacaron a los soldados de la plaza, momento que aprovechó para devolver el golpe contra un aduar cercano con 500 de sus hombres y, aunque sus moradores huyeron antes del ataque, sí que consiguieron un botín de más de quinientas reses vacunas, y dos días después capturaron, además de más reses, a 175 prisioneros en respuesta al asesinato de dos correos españoles. Esto trajo como consecuencia un período de paz algo más prolongado, tiempo que aprovechó don Pedro Rodríguez de Santisteban para acabar en 1618 la muralla defensiva de la Marina.

Curiosamente, como relata García Figueras, Rodríguez de Santisteban solicitó un permiso de tres meses para atender asuntos privados en la península y nunca regresó a Larache. Su puesto lo ocupó el capitán Francisco Carrillo de Santoyo, un veterano de Flandes e Italia, que hubo de enfrentarse a uno de los episodios más conocidos de los acaecidos en esa época en Larache. Ocurrió en diciembre de 1618, y sucedió que el Veedor don Juan de Mena fue acuchillado en la cara, y acusó como agresor al capitán de guardia don Juan de Santisteban, sobrino del anterior gobernador, que negó los hechos. Sin embargo, Carrillo de Santoyo lo encarceló y lo mantuvo en prisión siete meses, mientras el Veedor se recuperó de las heridas. Tal demora se debió al retraso en llegar del licenciado Felipe Barreda que el rey había enviado para que dirigiera el proceso. Dado el tiempo que ya había pasado encerrado, el juez dictó una sentencia de compromiso ya que en realidad no existían pruebas de su autoría.

El nuevo Gobernador Carrillo de Santoyo también hubo de efectuar una razzia contra el aduar de Rehien en abril de 1619. Varios habitantes de este aduar habían degollado a dos soldados españoles, y el gobernador atacó Rehien con 400 soldados, con los que incendió las viviendas, causando más de doscientos muertos y capturando a 213 prisioneros.

Mientras tanto, Muhammed Zeguda, otro de los hijos del finado sultán al-Xaij, se levantó contra Abd Allah…

 Seguirá…

Salida del gobernador de Larache Carrillo de Santoyo 1619

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