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EL TÁNGER IMAGINADO POR SERGIO BARCE, EN EL COLOQUIO DEL PRÓXIMO 7 DE MARZO

Día 7 de marzo.

Tánger en nuestros libros

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Charla coloquio entre los escritores Javier Valenzuela, Rocío Rojas-Marcos y Sergio Barce

Escribe Rocío Rojas-Marcos en su libro Tánger, segunda patria, acerca de Sergio Barce que “…aunque en la novela Sombras en sepia -premio de  novela Tres Culturas de Murcia, 2006- ya aparecía Tánger como uno de los elementos principales de la trama, es en La emperatriz de Tánger -finalista del XVII Premio de novela Vargas Llosa 2012 y finalista del XXII Premio de la Crítica de Andalucía de novela en 2016-, donde Barce permite que la ciudad se adueñe de la narración. (…) A partir de una trama que cumple con las ya canónicas líneas esenciales de la literatura sobre Tánger, Barce nos hace entrar en una novela desasosegante. A partir de un protagonista perdido: Augusto Cobos Koller, un escritor atormentado que utiliza las drogas, el alcohol y las mujeres para desahogar sus frustraciones. Incapaz de llevar una vida ordenada, sus relaciones son tan caóticas como pasionales. Cuando se ve acusado de asesinato, reconoce encontrarse en el abismo, ve cómo su vida se va desmoronando mientras trata de encontrar desesperadamente a la mujer que lo redima, a su emperatriz…”

Fragmento de La emperatriz de Tánger:

“…Llevaba años viviendo solo, refugiándose en sus libros, sorteando cualquier compromiso que pudiera surgir y que para él sólo podía significar recortar sus alas. Quería continuar solo, y no contemplaba otra posibilidad. Sin embargo, en lo más hondo de su ser, temía no llegar jamás a ninguna de sus metas, ser olvidado, no dejar huella, acabar siendo un pobre fantasma que atravesara las paredes sin que nadie se acordara de él.    

Disfrutaba de su soledad, pero se sentía a gusto caminando por Tánger en el agradable crepúsculo, cuando sus calles se convertían en un hervidero de risas, de voces, de idiomas diferentes. Ese día dio un rodeo para entrar por el Zoco, a contracorriente de la muchedumbre que se multiplicaba misteriosamente. Luego, echó un vistazo al hall del Hotel Minzah pero sólo vio a míster Richardson examinando su correspondencia en el mostrador. El viejo diplomático se había girado y había levantado la vista de las cartas, asomando sus ojos grises por encima de la montura de las gafas. Augusto evitó su saludo, fingiendo no haberlo visto, y continuó unos metros hasta el Café de París. 

El local estaba lleno. Las aspas de sus ventiladores ronroneaban con placidez sin conseguir que el aire del local se inmutase. Echó un rápido vistazo, tratando de encontrar a alguien conocido. Fue la señorita Esther Lipman quien llamó su atención alzando el brazo y agitando la mano:

-¡Hey, August! ¡August!

Se habían encendido las luces del local y un brillo apagado ensortijaba las paredes. El murmullo de las conversaciones parecía el lejano rumor del mar. Fue sorteando las mesas, saludando a unos con una leve inclinación de cabeza o llevándose la mano al pecho tras estrechar la de algún viejo conocido marroquí, hasta llegar a la que ocupaba Esther. La besó en las mejillas, se desabotonó la chaqueta, con los hombros y la solapa aún mojados, y se sentó. Luego, de uno de los bolsillos interiores, sacó una pitillera de alpaca.

Gran Café de París

-August, querido… –su voz era un tintineo que acompañaba a las joyas que llevaba encima-. ¿Dónde te metes, mi rey? Parece que Carmen te ha secuestrado, porque desde que ella te ha secuestrado… Te echo tanto de menos en el Kursaal… ¡Llevo tres noches sin ganar un chavo!

-¿Te ha abandonado tu suerte?

Esther Lipman entornó los ojos, enormes, como su cuerpo, tan rotundo como el de Mae West. Le cogió entonces la pitillera, sacando uno de los cigarrillos, que atrapó ostensiblemente con sus labios. Augusto le acercó lumbre.

-Gracias, nechama.

-¿Y tus amigas? –hizo un gesto con la mano y el camarero le sirvió de inmediato un Pernod.

-Esas memlocas andan por ahí de compras. Ya te habrás enterado de que a Ana María le han tocado unos chavos en la lotería y parece que ahora es la reinona de Tánger… 

-Noto un deje de envidia en tu reproche…

-¡Te entre un mal! Parece que no me conoces… Yo vivo mi vida, me preocupo de mi casa y safi –Augusto le llenaba su copa de champán, lo único que Esther permitía que le sirvieran a partir de las ocho de la tarde-. Brindemos…

Dieron un sorbo a sus copas y, al instante, ella se puso a rebuscar en su bolso hasta sacar un pequeño espejo y una barra de pintura con la que se retocó los labios. Era tan barroca y coqueta como deslenguada.

-En cuanto termine de beberme esto, me largo –dijo Augusto, arrastrando las palabras.  

Esther se quedó un instante en silencio, calibrando sus opciones de esa noche. Entrecerró los ojos, como si renunciara a algo ineludible, dio una calada al pitillo y exhaló el humo en la cara de Augusto. 

-Si quieres podemos ir a mi casa. Podríamos celebrar por adelantado lo de tu libro… Si la doña de Carmen te da permiso… 

-No, hoy no –sacudió la cabeza, y miró a su alrededor como si buscara a alguien que no aparecía.

Ella lo estudió con perplejidad, como si no diera crédito a su desplante. Sin embargo, agitó su cabellera y soltó una risotada. En el fondo, le gustaba ese tipo delgado y huesudo que, cuando estaba de buen humor, podía mostrarse todo lo generoso que su carácter le permitía. No la trataba peor que esos cabrones del casino, los prestamistas que se la cepillaban en los servicios a cambio de unas pesetas que sólo le servirían para un par de jugadas más. Pero Augusto Cobos, aunque era otro putero, al menos la hacía sentirse como una mujer de verdad y no babeaba buscándola luego como un perro apaleado.

-Tú te lo pierdes… -refunfuñó, guasona.

-Ya encontrarás algo que echarte a la boca…

-Eres terrible, August… -y arqueó una ceja antes de añadir: Un día tendrás que contarme qué te hace esa doña para tenerte así de shalado…

Si había algo que admirase de Esther, y quizá fuera una de las razones por la que la consideraba una amiga, era esa ausencia de orgullo o de dignidad, esa inconsciencia que la hacía inmune al sarcasmo…” 

Sergio Barce Gallardo (1961). Escritor malagueño y larachense. Licenciado en derecho. Autor de las novelas En el jardín de las Hespérides (Editorial Aljaima – Málaga, 2000), Sombras en sepia (Editorial Pre-Textos, Valencia – 2006) con la que obtuvo el Primer Premio de Novela Tres Culturas de Murcia de 2006, Una sirena se ahogó en Larache (Editorial Círculo Rojo, Almería – 2011) con la que resultó finalista del XVIII Premio de la Crítica de Novela de Andalucía 2012, El libro de las palabras robadas (Editorial Círculo Rojo, Almería – 2013 – 2ª edición por Ediciones del Genal, Málaga -2016) y La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal, Málaga – 2015), obra finalista del Premio de Novela Vargas Llosa 2012 y que también resultó finalista del XXII Premio de la Crítica de Andalucía. Es autor de los libros de relatos Últimas noticias de Larache y otros cuentos (Editorial Aljaima – Málaga, 2004) y Paseando por el Zoco Chico (Jam Ediciones – Valencia, 2014; libro Reeditado por Ediciones del Genal – Málaga, 2015). Otros relatos y cuentos aparecen en varios libros colectivos:  Sesión continua (Jam Ediciones – Valencia, 2013), Animales en su tinta (Jam Ediciones – Valencia, 2013), Último encuentro en BiblioCafé (Jam Ediciones – Valencia, 2014), Por amor al arte (Jam Ediciones – Generación Bibliocafé – Valencia, 2014), La narrativa tenía un precio (Playa de Ákaba – Almería, 2016) y Me estás pisando el Chéjov (Espai Literari – Barcelona, 2016).

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Sergio Barce

 

 

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EL TÁNGER ACTUAL DE JAVIER VALENZUELA, EN EL COLOQUIO DEL PRÓXIMO DÍA 7 DE MARZO

Día 7 de marzo.

Tánger en nuestros libros.

Charla coloquio entre los escritores Javier Valenzuela, Rocío Rojas-Marcos y Sergio Barce.

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Limones negros de Javier Valenzuela (Anantes, 2017). Tras su anterior libro, Tangerina, reaparece Sepúlveda, su protagonista, un profesor del Instituto Cervantes de Tánger que, por azares de la vida, se ve envuelto en una nueva y oscura historia que nos introduce en la otra cara de la ciudad, más desconocida y más terrible. Una novela negra perfectamente ensamblada, que nos lleva por las calles del Tánger actual y por las arterias más podridas de la sociedad de ambas orillas. Limones negros es, además de una excelente novela noir, un caleidoscopio de Tánger, donde aparecen personajes reales, fácilmente reconocibles, y en la que la ciudad se convierte en parte fundamental de la trama. El conocimiento profundo que posee Javier Valenzuela de sus rincones y de sus habitantes, añaden un plus a la obra.  

En el encuentro del día 7 de marzo en Málaga, se cruzarán los personajes reales y ficticios del Tánger internacional y del Tánger de nuestros días, y los lugares emblemáticos de entonces y de ahora.

Fragmento de Limones negros:

“…El cielo, poco cubierto cuando entré en la jefatura, se había convertido en una masa cenicienta de nubes, una opresiva panza de burro. Eso me deprimía: no vivía en el sur para padecer la grisaille de Bruselas o Estrasburgo, el mal tiempo me transmitía la sensación de haber sido estafado por algún tipo de vendedor de seguros. Además, la escasez de luz solar ponía de relieve la suciedad, la pobreza y el abandono. Si un cielo gris realzaba en Londres y París el granito lustroso, el acero pulido y la buena pizarra de los tejados, aquí tan solo añadía una capa de ceniza a la desdicha.

Subí hasta la avenida Mohamed V y desde allí seguí subiendo hacia el punto, donde se alzaba el Hotel Rembrandt, en que esta se convertía en el bulevar Pasteur. Sentí que mi ánimo iba mejorando y supe que se lo debía a la gente. Como había escrito Paul Bowles, los marroquíes eran unos consumados actores teatrales. Siempre estaban interpretando, y hasta sobreactuando, los papeles que su dios, el destino o quien fuera les había atribuido a cada cual.

Sorteé a un loco que conversaba animadamente consigo mismo. Esquivé a un forzudo que llevaba una bombona de butano sobre los hombros como se lleva un cordero pascual al sacrificio. Tropecé con un chico con una sudadera con el retrato del Che Guevara que llevaba del brazo a una chica enlutada desde la coronilla a la punta de los pies. Ninguneé a un hombrecillo que me ofreció: <¿Reloj?, amigo>. Cedí el paso a una viejecita muy linda que conducía con estilo un carrito de inválido motorizado y modernísimo. La viejita llevaba gafas de pasta negra en un rostro de pajarito y vestía una chilaba y un hiyab con alegres estampados florales.

Tánger

Las mezquitas se pusieron a emitir la llamada a la oración del mediodía justo cuando pasaba por delante de la Librairie des Colonnes. Me detuve y oteé el escaparate. Me alegró ver que exhibía las obras de Chukri traducidas al castellano por Rajae Boumediane para la editorial Cabaret Voltaire. A continuación, en la terraza del Claridge, rechacé los servicios de un limpiabotas señalándole mis zapatillas deportivas. Recordé que Jamid, el limpiabotas que me adoptó cuando llegué a la ciudad, ya había fallecido y eso me pareció en cierto modo compasivo. En un tiempo en que hasta yo mismo me había pasado a las deportivas, a este oficio se le iba empequeñeciendo el mercado. ¿Terminarían desapareciendo como el de los aguadores?

Alcancé la Terraza de los Perezosos y allí, a la altura de la perfumería Madini, compré un cucurucho de maní y lo comí mientras contemplaba el grupito de manifestantes que hacía ondear banderas palestinas y gritaba consignas en árabe a favor de sus desdichados parientes de Tierra Santa.

Acordé conmigo mismo que, en vez de por la empinada Rue de Belgique, alcanzaría el Cervantes por la calle de México, aquella donde Messi tenía su negocio. Esperaba encontrarme su habitual animación comercial, pero me topé con medio centenar de hombres que comenzaban allí mismo sus plegarias, muchos con chilabas blancas. Se habían descalzado y colocado toallas o alfombrillas en la acera, y se postraban en dirección al levante, buscando el lejanísimo faro de La Meca. Coreaban alabanzas al Dios único de Abraham, Jesús y Mahoma.

Cambié de acera y fui siguiendo las subidas y bajadas de la calle de México hasta que, al fondo, cerrándola como una especie de puerta, vi desplegado el gran cartel del Instituto Cervantes, con su logo basado en la letra Ñ destacando en blanco sobre un fondo rojo. A la derecha, sobre los edificios, se colaba en la panorámica el alminar de la mezquita que llevaba el nombre de Mohamed V y había sido alzada tras la independencia de Marruecos con dinero de los jeques kuwaitíes.

Aceleré el paso y estuve a punto de caerme al suelo al calcular mal el movimiento de descenso en uno de los altísimos bordillos de las aceras de la ciudad.

Entré en el despacho de Paquita Torres, la secretaria del Cervantes, para preguntarle…”

Javier Valenzuela. Periodista y escritor, ha publicado once libros, los últimos las novelas Limones negros y Tangerina, ambas ambientadas en Tánger y de temática noir. Nacido en Granada en 1954, trabajó durante 30 años en El País, donde fue director adjunto y corresponsal en Beirut, Rabat, París y Washington. Entre 2004 y 2006 fue director general de Comunicación Internacional en La Moncloa. En 2013 fundó la revista tintaLibre. Vive a caballo entre Madrid, Tánger y la Alpujarra, y trabaja en una nueva novela negra que transcurre en el Madrid de la Guerra Civil.

Javier Valenzuela

Javier Valenzuela

 

 

 

 

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MÁLAGA – 7 DE MARZO – «TÁNGER EN NUESTROS LIBROS»

Primer aviso…
MÁLAGA

Día 7 de marzo

A las 19.30
En Ámbito Cultural de El Corte Inglés.

Tertulia que mantendremos Rocío Rojas-Marcos, Javier Valenzuela y yo para hablar de
TÁNGER EN NUESTROS LIBROS

Para anotad ya en vuestras agendas.

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Hablaremos de nuestros libros ambientados en esta fascinante ciudad…

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Tangerina y Limones negros, novelas de Javier Valenzuela

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Tánger, la ciudad internacional, libro de Rocío Rojas-Marcos

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La emperatriz de Tánger y El libro de las palabras robadas, novelas de Sergio Barce

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

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El libro de las palabras robadas -

Y aprovecharemos para presentar el nuevo libro de Rocío:

Tánger, segunda patria

Tánger segunda patria

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TRES TÍTULOS

Mis tres últimos libros: tres obras que me han dado muchísimas satisfacciones. Gracias a vosotros. Y a los lectores que no conozco.

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ARRANCA EL RODAJE DE «EL NADADOR», BASADO EN UN RELATO DE SERGIO BARCE

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Rodaje de EL NADADOR

Acabo de llegar de Larache… Fui para asistir a los primeros días de rodaje del primer cortometraje que dirige mi hijo Pablo. Se rueda en la tierra que más amo, se basa en el relato El nadador, que forma parte de mi libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (Ediciones del Genal – Málaga, 2015), y el guión lo hemos escrito juntos.

Sólo puedo deciros que el equipo técnico, tanto el español como el marroquí, es fantástico.

Director: Pablo Barce

Productor: César Martínez Herrada (reciente ganador en el Festival de Cine de Sevilla al mejor documental con Ruibal, por libre)

Producción asociada en Marruecos: Ali Bakkioui

Jefe de producción: Jorge Revuelta

Dirección de fotografía: Jorge Roig

Location manager: Ismael Bakkioui

Ayudante de dirección Arturo Salmerón.

Como el rodaje seguirá en Larache hasta finales de esta semana, os iré dando más detalles de los actores y de los técnicos que participan a medida que reciba información. También colgaré otras fotos del rodaje.

Sergio Barce, noviembre 2017

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Rodaje del cortometraje EL NADADOR

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Rodaje del cortometraje EL NADADOR

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Rodaje del cortometraje EL NADADOR

Aquí os dejo el arranque del cuento en el que se basa la película…

EL NADADOR

Los brazos se hundían fabricando una espuma salada que se diluía a su espalda tras una existencia efímera. Igual ocurría con la pequeña estela de ondas dispersas que abandonaba atrás. Todo el movimiento era de una armonía impecable; los brazos, las piernas, el giro de la cabeza al tomar aire, sumergirla y expulsar ese mismo aire por la boca. En ningún instante cerraba los ojos. Hakim veía en el fondo primero la arena y las algas desvalidas, luego sólo arena y, más tarde, el verde azulado del océano.

Oía el chapoteo que él mismo provocaba avanzando sin descanso. Nada de parar, seguir, seguir, seguir adelante. Detenerse podía significar la rendición, perder el equilibrio, agotarse en medio del vacío. Había recorrido al menos doscientos metros, y oía el bombeo de su corazón, distinto al del comienzo, y cómo los brazos golpeaban la superficie esmeralda, cómo sus pies pateaban igualmente para ayudarlo a avanzar. Trataba de no perder la concentración en su respiración acompasada, obsesionado ante la idea de perder el ritmo y sucumbir, verse humillado. Pensó de pronto en Haddu y en Abdelali, riéndose de su estrepitoso fracaso. Le lanzarían el balón de cuero contra la espalda, mofándose, como solían hacer cuando le colaban un gol por debajo de las piernas.

-Eres tonto, Hakim. ¿Adónde crees que vas? ¿A las Canarias?

Pensar en sus posibles burlas lo espoleó, e insufló un desesperado ardor a su empeño.

Calculó que ya estaría a medio camino. No quería comprobarlo porque el hecho de intentarlo siquiera podía agobiarlo, tragaría agua y entonces sólo podría agitar los brazos sin encontrar nada. Ya le había ocurrido meses antes y se juró no repetir la experiencia. En aquel momento, creyó que moría, pero la providencia quiso que alguien, desde uno de los pesqueros, se percatara. Lo sacaron medio ahogado y estuvo un buen rato vomitando y tosiendo en la cubierta. Recordaba que olía mucho a salazón y a redes mojadas.

Hoy se había lanzado desde el faro del espigón. Dejó a la derecha la playa peligrosa y se esforzó por alejarse de la otra banda, de la entrada al puerto, de la desembocadura del Lucus. Ahí no corría el riesgo de verse arrastrado por la marea. Eran ya doce años nadando frente a los acantilados de Larache, su pueblo, y se conocía los vericuetos y las trampas que las aguas habían trazado desde los siglos…

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

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Rodaje del cortometraje EL NADADOR

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