EL ESCÁNDALO DEL MILLÓN DE LARACHE – LA DEFENSA DEL CAPITÁN JORDÁN

En 1922, acaece lo que popularmente se conoce como «el escándalo del millón de Larache», que destapó una red de corrupción dentro del ejército español en Marruecos, cuando se desviaron fondos destinados a la alimentación de la tropa y al transporte de los militares. Parece ser que algunos mandos acordaban vender productos a un precio muy superior al real y se quedaban con la diferencia. Este episodio fue denunciado en un libro por Rafael López Rienda, que lleva por título: El escándalo del millón de Larache. Datos, antecedentes y derivaciones de las inmoralidades en Marruecos, que se editó por la Imprenta Sáez Hermanos, en 1922 (y que ha sido reeditado no hace mucho).

Entre los documentos y libros que colecciono de Marruecos, os reproduzco escaneado el ejemplar original que conservo de una edición de marzo de 1923 efectuada por la Imprenta Artes Gráficas de José Recio Díaz, de Cádiz, que recopila la defensa por el Letrado don Manuel Rodríguez Piñero, del capitán Manuel Jordán Pérez, y que por su curiosidad comparto con vosotros. Advierto que la lectura de estos escritos jurídicos de alegaciones y defensa son muy barrocos, como solían serlo en aquellos años, y tal vez un tanto áridos para los profanos en Derecho, pero no dejan de ser unos documentos curiosos.

 

 

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«NADIE SALVA A LAS ROSAS», UNA NOVELA DE YOUSSEF EL MAIMOUNI

Esta segunda novela de Youssef El Maimouni es muy distinta a Cuando los montes caminen. Hay más hondura en los personajes, más pulso vital y más destreza narrativa. Me gustó mucho aquélla, pero ésta sube el nivel de la obra maimouniana. Aquí, utiliza varias voces para contar esta historia llena de sordidez, tristeza, desamparo, pero también de amistad, fidelidad y esperanza. Sabiamente, utiliza el género negro para mostrar la violencia que parece inevitable para quienes viven en la marginalidad y la orfandad. Los personajes pertenecen a una tragedia insoslayable, y su historia se transmuta en un lamento.

Me fascina cómo construye el carácter de los marroquíes que transitan por estas páginas según la generación a la que pertenecen y según el arraigo que mantienen con Barcelona, la ciudad donde se desarrolla gran parte de la novela, o la distancia que marcan con ella.

“…Ayer le di la noticia a la familia de Rihanna. Previamente telefoneé a mi madre para que me aconsejara cómo afrontar la llamada. Descolgó la hermana de Rihanna, Zakariaa para ella, y le pasó el móvil a la madre. Me llegaban insultos contundentes hasta que colgaron bruscamente. Su hijo era un perturbado. Sui hijo había manchado el nombre de la familia. Su hijo… Ellos no tenían hijo. Y yo, un pervertido. Un ould souk. Si pudieran tenerme enfrente, me escupirían a la cara.

Mi madre me había prevenido. Todos los jóvenes migrantes lloran a sus madres, algunos antes, otros después de rajarse los brazos con una cuchilla de barbero. Rihanna, en cambio, tenía las lágrimas secas. En una sola ocasión me habló de su familia. Serena, me explicó que no conservaba ningún recuerdo bonito, que los que nacen entre el polvo no tienen esa suerte. Del que sí mantenía una foto en la cartera de piel que se hizo ella misma -siempre le pedía que me la regalase y ahora que es mía, no la quiero- era de su abuelo, el único que le brindó el reconfortante aliento familiar. Una fotografía de un chavalín vestido de militar con la Giralda a sus espaldas. Un moro de Franco…”

No hay concesión alguna para el/la protagonista central de Nadie salva a las rosas. Zakariaa/Rihanna acaba por ser alguien que te conmueve profundamente. Una rebelde que pelea contracorriente, contra los suyos, contra sí mismo para encontrarla a ella, a su otro yo. Que busca, enrabietada, con una desesperación suicida, un destino esquivo. Marina, Yusuf, Llull… cada uno de una forma u otra van desvelando, desde muy distintos prismas, la realidad de Rihanna. La vida de alguien repudiado/da por ser quién es, por querer ser quien aspira a ser. Un desgarrador canto a la libertad personal.

“…Zakariaa siempre aparentó más edad de la que tenía y desconoció el día exacto de su llegada al mundo. Una semana antes, una semana después. Un mes antes, un mes después. ¿A quién le importa, además de a los dichosos habitantes del primer mundo, que sí acumulan derrochadores motivos de celebración? Sus padres, rehenes del alfabetismo y esposados a las labores del desposeído, tardaron meses en acudir al registro civil. El funcionario de turno, otro corrupto sin escrúpulos, miembro de la interminable horda de estafadores del país, sentado tras una máquina de escribir sin engrasar y enlazando cigarrillos sin filtro, inscribió una fecha aproximada en la partida de nacimiento después de recibir una pequeña cantidad que gastaría en las cafeterías clandestinas donde se podía fumar hachís y beber alcohol a resguardo de la hambrienta familia y del Majzén.

(…) La primera ocasión en la que Zakariaa escapó de casa, precoz como todos los hijos del hambre, estuvo deambulando por las calles, el cementerio judío y el puerto de Tánger reconociendo que el mundo que tenía a su alcance era un lugar en el que era preferible no permanecer sobrio más que en las primeras horas de la mañana…”

Y luego está Yusuf, el hombre de los mil nombres. La humanidad personificada. Lleno de contradicciones, es sin duda el personaje que en la novela insufla un algo de generosidad, de bondad. Su reciente paternidad confiere a su deambular un algo de ternura que contrasta con el resto de la trama, y eso convierte los capítulos en los que él lleva las riendas en áreas de reposo para continuar luego hundiendo al lector en la ciénaga de esta sociedad que sigue cercenando tantas alas.

Yusuf me recuerda algo a Youssef, al propio autor. Tal vez su compromiso social, su trabajo con los chicos en el casal, en los centros de acogida, su espíritu combativo contra las injusticias. Probablemente también sea por ese cariño que profesa a Muna, igual que él a su hija. Vuelca mucho de sí mismo en ese personaje.

Pero el Yusuf que Youssef crea en su novela es también un ser contradictorio, que se mueve a impulsos, que se descubre capaz de traicionar por pura atracción, hasta que, como un ave fénix, también resurge para buscar la verdad de Rihanna.

Es interesante esta mezcla de novela negra y novela intimista, lo que le permite jugar a varias bandas y tratar asuntos dispares: la paternidad, las relaciones familiares, el distanciamiento entre los marroquíes tradicionales y las nuevas generaciones nacidas en España, el choque entre progresismo y tradición, la religión planeando en las conductas familiares, la amistad, el enamoramiento, y, junto a todo esto, el mundo de la prostitución, la exacerbada violencia que rodea a todo ese mundo, el de la transexualidad, el ambiente de las drogas, la xenofobia, la islamofobia, la falta de integración social… Enhebrarlo todo con naturalidad es una de las bazas de este libro.

“…Nos hemos citado en casa de su madre, mi tía, la tía de mi madre, que hace años que vive en Marruecos y solo regresa para su cita con el médico. Las ventajas de la doble nacionalidad. La puerta la ha abierto el que creía que era uno de los amigos de mi primo, poco después me he dado cuenta de que es uno de sus trabajadores. Su seguridad personal.

La casa huele a mis veranos en Alcazarquivir y está decorada como el primer día. Cuadros con suras del Corán, fotografías de la Meca, cortinas de flores, flores de plástico en jarrones del mercadillo de los viernes o de tiendas Todo a cien, alfombras mullidas, sofás árabes, una mesa baja y redonda con hule. En la cocina, impregnada del olor a comino, con los electrodomésticos pidiendo un Plan Renove, otro de los acompañantes de mi primo prepara un té con mucha hierbabuena y azúcar. Hasta este momento, nunca me había planteado que las únicas casas de España sin artículos de Ikea, ni siquiera una escobilla de váter, son las de los primeros moros que inmigraron en los setenta.

(…) Amin consulta el reloj, un gesto que no le hace falta porque sus acompañantes le avisan siempre que llega la hora del rezo y porque en la pared hay uno viejo que no deja de dar por saco con su tictac cansado. En el suelo he dejado el regalo que ha comprado su mujer para Muna. Tres vestiditos rosas que irán a parar a un carro de Cáritas o a la maleta que cargan mis padres en la baca del coche cuando viajan a Marruecos. Ha agotado todas las bromas que podía hacer sobre la paternidad sin que ninguna fuera picante. No se habla de sexo entre buenos musulmanes, a no ser que sea el practicado fuera del matrimonio…”

Cuando escribe frases como “la casa huele a mis veranos de Alcazarquivir…”  denota esa conexión íntima del autor con esta historia desgarradora, intensa, cruda y humana. Youssef El Maimouni ha creado un universo personal del que salimos malheridos, como debe ser cuando se trata de una buena novela negra.

Nadie salva a las rosas ha sido publicada por Rocaeditorial.

Sergio Barce, 10 de marzo de 2023

 

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AMPARO Y «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS»

En Instagram me encontré este comentario, y se iluminó el día.

 

 

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NUEVOS LIBROS CON AMIGOS

Nuevas imágenes pertenecientes a mi biblioteca en las que alguna de mis obras acompaña a los títulos de buenos y queridos amigos escritores.

Hoy: mi novela La emperatriz de Tánger, posando con otros títulos muy tanyauis: Mohamed Chukri, de Rocío Rojas-Marcos;  Los irregulares de Tánger, de Santiago de Luca, y a Un cierto Tánger, de Fernando Castillo. 

Mi libro de relatos Últimas noticias de Larache y otros cuentos, junto a Crónica del Norte (Viajeros españoles en Marruecos), del añorado Abdellah Djbilou, y junto a Del Rif a Madrid (Crónica sarracina de un hispanista marroquí), de Mohamed Abrighach.

Y algunos de mis relatos en libros colectivos en los que he participado junto a un gran número de autores (a muchos guardo especial cariño), pero que no voy a poder enumerar por ser numerosos, aunque ellos saben quiénes son: mi cuento «Cien rifles», dentro de La narrativa tenía un precio, que coordinó Mario Sanz Cruz para Carboneras Literaria, de Playa de Ákaba (Almería); mi relato «La librería del tío Hugo», formando parte de Me estás pisando el Chéjov, para Espai Literari (Barcelona), y otro de mis cuentos titulado «La Venus de Tetuán», en el libro Por amor al arte, que coordinó Mauro Guillén, para Generación BiblioCafé, con Jam Ediciones (Valencia).

 

 

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UN FRAGMENTO DE «MESAUDA», DE ABDELHAK SERHANE

En su momento, ya hablé de esta excelente novela de Abdelhak Serhane: Mesauda. Publicada por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, con traducción de Inmaculada Jiménez Morell: https://sergiobarce.blog/2021/02/19/mesauda-una-novela-de-abdelhak-serhane/

Releyéndola, no me resisto a reproducir los siguientes párrafos, llenos de poesía, de crudeza, de buena narrativa:

«…Por la mañana, me despertó Hafid. Estaba buscando sus canicas debajo del colchón en el que yo dormía. Mi ya no estaba. La piel de cordero yacía en el suelo. Los elásticos con los que Mi se sujetaba las mangas de la mansuria estaban en la banqueta pequeña. Eran las diez. Había faltado a la escuela. La vara del maestro no silbaría por encima de mi cabeza sin despabilar aún. Sabía que al día siguiente me pegaría. Al menos aquella mañana no sufriría las sevicias de nuestro educador.

Mi ausencia decepcionaría al señor Marin. Yo no comprendía nada. Decía que era un alumno brillante y, sin embargo, pocas veces escapaba a sus castigos variados. Pensaba:

<Esta mañana mis pies sucios y dóciles no sufrirán la quemazón de tus varazos. No me preguntarás qué plato prefiero. No te responderé: pan y mantequilla, o cuzcuz, o pollo, o… No te veré abrir el armario y elegir la vara especial correspondiente al menú solicitado y Thami no me levantará los pies hacia arriba. Las largas orejas de burro recortadas en cartón no prolongarán las mías. Mi flaca espalda no se doblará bajo el peso de la vieja albarda ni la brida oxidada pasará entre mis dientes. No apretaré las mandíbulas ni crisparé las manos sobre la grava del patio de recreo, no escucharé tu risa rompiendo el silencio ni tendré que contener mis lágrimas…>

No quería pensar en el día siguiente. Tenía un plan: después de la clase de árabe me iría a la fondac a embadurnarme las manos con la orina de las yeguas. O bien, me las frotaría con ajos. Eso olía muy mal, sobre todo cuando en el mes de mayo había cuarenta pares de manos apestosas en una clase estrecha. Recurríamos a aquellas dos estratagemas, que servían para que el dolor pasara con rapidez.

Sigo sorprendiéndome al oír a ciertas personas hablar de «los viejos tiempos» y recordar con nostalgia los días felices de su infancia en la escuela. No hay escuela feliz. Si recordaran con sinceridad <los viejos tiempos>, se darían cuenta de que eran un infierno…»    

 

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