Archivo de la categoría: LARACHE vista por…

MIS NOVELAS

Estas son mis armas de novelista.

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malabata-cubierta-frontal

(Ediciones del Genal – Málaga, 2019)

ISBN – 978-84-17974-00-8

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EL LABERINTO DE MAX

(Mitad Doble Ediciones & Ediciones del Genal –Málaga, 2018)

ISBN – 978-84-17186-54-8

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La emperatriz de Tánger

(Ediciones del Genal – Málaga, 2015)

ISBN – 978-84-16021-46-8

Finalista del XVII Premio de Novela

“Vargas Llosa” 2012

&

Finalista del XXII Premio de la Crítica

de Andalucía de Novela 2016

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El libro de las palabras robadas -

(Ediciones del Genal – Málaga, 2016)

ISBN – 978-84-16871-01-8 

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UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

(Círculo Rojo – Sevilla, 2011)

Novela Finalista del XVIII Premio Andalucía de la Crítica 2012

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SOMBRAS EN SEPIA

(Ed. Pre-Textos – Valencia, 2006)

Primer Premio de Novela

Tres Culturas de Murcia 2006

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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (11ª PARTE)

11ª parte de la Historia de Larache durante los siglos XVI y XVII…

…hacia 1627, la plaza de Larache, pese al espíritu de sacrificio de sus soldados, vivía de la corrupción, de la picaresca, del engaño y de traiciones e intrigas.

Mulay Zidan

En septiembre, no sólo fallecía el Gobernador de la plaza don Juan Jara Quemada, sino también el último sultán saadí digno de ese título: Mawlay Zidan. Una vez más, se abre una lucha por el trono, esta vez entre sus hijos Abd al-Malik, Al-Walid y Muhammad al-Xaij al-Saghir, venciendo el primero, que no era más que un ser despreciable, sanguinario y vicioso que fue asesinado cuatro años después.

Mohammed_esh_Sheikh_es_Seghir_by_Adriaen_Matham_1640

Toda esta situación de inestabilidad favoreció a quien se hizo dueño del territorio de Fez: el morabito Al-Ayaxi, que reaparecía de nuevo tras su derrota en Larache.

En abril de 1628, Al-Ayaxi volvió a centrar sus esfuerzos en desalojar a los españoles de la Mamora. Un sargento, Francisco de Jodar, que había logrado escapar tras ser hecho prisionero por los moriscos de Salé, dio la voz de alarma al Gobernador de Larache, capitán Diego de Vera, que, tras enviar algunos efectivos para reforzar la Mamora, comunicó la situación al rey Felipe IV y al duque de Medinasidonia.

La Mamora estaba cercada por un gran número de seguidores de Al-Ayaxi, se hablaba de más de ocho mil hombres, por lo que el duque de Medinasidonia ordenó al general de los galeones de Tierra Firme, don Tomás de la Raspura, que acudiera al rescate de la plaza, llegando el contingente español en 35 navíos el día 10 de mayo de 1628. Tras bombardear a los sitiadores, los hombres de Al-Ayaxi huyeron y muchos de ellos perecieron. García Figueras señala que el número de los asaltantes había disminuido a causa de la celebración del mes de Ramadán, que se celebraba en esas fechas, por lo que muchos de ellos habían regresado a sus aduares abandonando sus puestos. Este fracaso, hizo que, por algún tiempo, la popularidad de Al-Ayaxi cayera entre los marroquíes.

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Larache en 1616

En junio de 1628, llegaba un nuevo Gobernador a Larache, don García López de Alvarado, conde de Villamor y caballero de la Orden de Santiago. El nombramiento de un militar de su valía era consecuencia del peligro que corría la plaza de Larache. Pero, como ya vimos en años anteriores, el nuevo Gobernador se encontró con la triste realidad de los soldados allí destinados y hubo de poner de se pecunio personal unos 20.000 ducados para atender las necesidades de sus hombres.

Fue por entonces cuando cuatro cabileños del Hebt, seguidores de Al-Ayaxi, llegaron a Larache para vender sus mercancías en el mercado. El conde de Villamor ordenó detenerlos y, al cesar en el cargo, se los llevó cautivos a la península. Y en abril de 1629, de nuevo repuesto don Diego de Vera como Gobernador, otros hombres de Al-Ayaxi atacaron Larache, apoderándose de varios barcos, y ocasionando varias bajas entres los soldados españoles. Pero solo fue una refriega y no el indicio de un inminente ataque mayor que no se produjo. Al-Ayaxi había decidido centrarse ahora en Tánger, y su decisión hizo cundir el temor en las plazas españoles, ya que, poco a poco, Al-Ayaxi se estaba convirtiendo en el dueño y señor del norte de Marruecos.

Planta de Larache de 1606 de João Mateo Benedetti - Arquivo Nacional Torre do Tombo

Sin embargo, el morabito tenía fijación por Larache. No solo por ser una plaza estratégica, sino porque el conde de Villamor se había llevado a España como cautivos a dos de sus hombres, como ya sabemos, y porque, cuando envió a uno de sus lugartenientes para negociar el rescate de esos cautivos, éste y quienes lo acompañaban fueron muertos por los españoles.

En julio de 1630, se nombraba nuevo Gobernador de Larache a don Sebastián Granero que, al llegar, encontró que la población española la componían 879 personas. Estas eran (los datos son más que curiosos): 92 oficiales, 291 arcabuceros, 254 piqueros, 199 mosqueteros, 5 religiosos franciscanos, 26 personas con cargos directivos, administrativos y oficios varios, 8 “mujeres públicas” y 5 “desterrados de España” castigados a cumplir su pena en el presidio de Larache.

Don Sebastián Granero informó que Al-Ayaxi, que se había instalado en Arcila, dominaba esa zona del norte de Marruecos con 6.000 infantes y 10.000 jinetes, que hostigaban la plaza de manera intermitente, y alertó de lo peligroso de la situación. Hecho que provocó que, al no poder salir los soldados a recoger leña ante el temor a ser atacados, se quedaran sin combustible. Pero el problema se solventó inesperadamente cuando Al-Ayaxi, con intención de negociar el rescate de sus dos hombres aún cautivos en España, permitió que durante diez días pudieran abandonar la fortaleza para recoger leña y envió también al franciscano fray Antonio de Quesada, al que retenía desde hacía meses, para que negociara su propio rescate. El fraile informó entonces al Gobernador que el morabito preparaba a sus huestes y que planeaba atacar Larache con un fuerte contingente en el año siguiente de 1631…

Continuará  

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«JACOB COHEN», UN LIBRO DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN MESONERO

Ya ha salido el nuevo libro de mi amigo y paisano el escritor León Cohen Mesonero. Se trata de un texto escrito en homenaje a su padre y de ahí el título: Jacob Cohen. Lo ha publicado Hebraica Ediciones (Madrid, 2020), y para conseguirlo podéis hacerlo a través del siguiente correo:   info@libreriahebraica.com

En los próximos días, publicaré la reseña correspondiente.

JACOB COHEN de León Cohen

 

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«EL BALCÓN DE LUNA», UN RELATO DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN

Me llegó ayer este relato de León Cohen lleno de añoranza. Es uno de sus textos más delicados y emotivos. Tiene un ritmo pausado que le confiere ese toque de apacible fluir que tanto me reconcilia con una narración bien escrita. Y con él, nos lleva hasta ese balcón tan especial de Larache. Lo comparto rápidamente en mi blog antes de que León se arrepienta de haberlo enviado, para que todos podáis disfrutarlo.

Sergio Barce, junio 2020

El Balcón de Luna

Más tarde o más temprano, el tiempo nos devuelve al jardín de la infancia, al jardín de los recuerdos, que para mí siempre será el Balcón de Luna”

Cuando uno recorre los habitáculos de su memoria, la memoria de su vida, uno se topa con escenas, instantes, lugares y personas que dejaron una huella perenne e imborrable. Algunos de esos lugares son paradigmáticos y es inevitable referirse a ellos por lo que significaron en su momento y con el transcurrir del tiempo. Uno de esos lugares fue y sigue siendo el balcón de mi abuela Luna.

El balcón de Luna es bastante más complejo que un voladizo de unos seis metros de longitud por uno de ancho, rodeado por una barandilla de hierro. Bajo esa forma común y sencilla subyacen otros muchos significados que lo convierten en un referente de mis recuerdos y en mucho más. Ese balcón no es solo lo que parece, sino lo que representa para el adulto que recuerda y para el escritor que transforma en palabras los recuerdos. Es el balcón de mi primera infancia, y más tarde el de mi memoria. Es también el balcón de la nostalgia. Es una atalaya desde donde contemplar mi pasado y el de mi familia, pero también el pasado de mi pueblo natal. Es el lugar desde donde el niño extendía su mirada soñadora hacía todo lo que ocurría enfrente, al lado y debajo. Donde la vida se le presentaba en todo su esplendor y su bullicio, llena de voces, de ruidos y de colores. Pero también es el balcón de la alegría y de las emociones. Y es además uno de los pasadizos a través del cual la memoria del adulto se reencuentra con su pasado. Es un balcón que hace parte de una casa, pero también de un sueño, el sueño del niño que fue feliz. Ese balcón convertido ya en un símbolo es parte de mi memoria vital, pero también de mis ensoñaciones, de manera que siempre que puedo, vuelvo a él para recuperar ese tiempo perdido que fue el de mi infancia, en una suerte de diálogo diacrónico conmigo mismo.

En esta especie de análisis introspectivo he llegado incluso a preguntarme: ¿Acaso el balcón de Luna no podría ser también una excusa, una argucia, un invento o una vuelta de tuerca al Tiempo, de las que el escritor se sirve como motivo o argumento para sumergirse en su pasado y relatar lo acontecido junto a lo imaginado? ¿Y por qué no? ¿Acaso nuestra memoria cuenta solo la verdad, nada más que la verdad y toda la verdad? ¿Acaso nuestra memoria no confunde sin proponérselo o a propósito, ficción y realidad?

Ese balcón tiene además su trastienda, que no es sino la vida de la familia de mi abuela, compuesta por mis dos tías Raquel y Mery, mi prima Flora, mi tío Elías y nosotros, sobre todo mi hermano, mis dos hermanas y yo.

En todas las casas hay un alma mater y en esta es sin lugar a dudas Luna, mi abuela, la que cocina, la que cose, la que va al mercado y la que aporta equilibrio y sosiego a las discrepancias familiares. Y a la que extrañamente no recuerdo durmiendo. 

El balcón por la mañana era un mirador desde donde se podían apreciar todos los movimientos rutinarios de los comerciantes de enfrente, desde su llegada, la apertura de los locales, el posterior deambular de los clientes y de los transeúntes y la hora del cierre de las tiendas bien entrada la noche. Era un balcón rebosante de vida. A él nos asomábamos, en él posábamos para hacernos fotos, y desde él presenciábamos el discurrir de la vida desde la calle Italia hacia el Zoco Chico o hacia la calle Real y viceversa. Desde ahí veíamos y oíamos pasar las bodas musulmanas por la noche o los entierros con sus cánticos característicos de día. La vida y la muerte, tan opuestas y tan cercanas.

Pasados los años, volví en muchas ocasiones al balcón de Luna, no sé si en sueños o con la imaginación, me detuve y me asomé para recordar mi primera infancia y desde él la repasé, la recorrí y la recreé. También recobré los olores y los sabores de aquellos años. Olor y sabor del pan amasado en casa que se desprendía del horno cercano en el Zoco Chico, sabor a buñuelos y té, olor a especias de la tienda de Kassem, olor y sabor a dafina…Mientras viva, el balcón de Luna seguirá ahí firme y evocador, habitándome, iluminándome y guiándome por los caminos del recuerdo, como una pequeña luz o un faro a los que poder siempre recurrir y seguir.  

León Cohen Mesonero – Junio de 2020

Leon en el balcon de Luna 2003

León Cohen, bajo el balcón de Luna – Larache, 2003

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