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LOS NOMBRES DE UN BARRIO DE LARACHE (Carta a un amigo) del Dr. JOSÉ EDERY BENCHLUCH

                     José Edery escribía hace unos días un extraordinario artículo sobre las sinagogas de Larache, que ha tenido numerosos comentarios. Como continuación, y aclaración a algunas dudas, me remite este otro artículo, tan sugerente e instructivo como el anterior, que nos enseña otros aspectos, curiosidades y detalles sociales e históricos de Larache.          Sergio Barce

Teba de la Snoga de Ibn Danan

En relación a mi artículo <Las sinagogas de Larache: La esnoga Berdugo> mi querido compañero y amigo de la infancia José García Gálvez, tras escribir sinceros elogios a mi escrito, lo que le  agradezco de corazón, decía en el blog de nuestro común paisano Sergio Barce,  <discrepar> de la denominación que le había dado a un barrio. Escribía que lo que yo llamaba en escrito coloquial como <Campito de Castiel> era más conocido, depende por quien, como <Campo de Asayag>. Voy a aclarar mi supuesto error o desacuerdo de denominaciones. Al llano o barriada lo denominé por uno de sus múltiples nombres, en este caso una denominación oficial, en el contexto de la época que relataba; y si unas personas por sus relaciones u ubicación residencial le conocían popularmente por un nombre -para mi era barrio o campo Egea- otras le conocían por otras denominaciones dependiendo de la época y de los residentes del barrio y de las relaciones con estos.

 

Dos larachenses: Paco Muñoz y José Edery

                Para evitar <discrepar> con mi amigo Pepe, lo que nunca me ha sucedido gracias a nuestra larga y sincera amistad, gustosamente voy a explicar mi presunto error denominativo. Nos estamos refiriendo ambos al espacio urbano formado por el cuadrilátero territorial de tierra  amalgamada y prensada tipo <hambrí>, y rodeado por los cuadro lados por viviendas de planta baja o dos plantas. Espacio comprendido entre la calle Chinguiti -anteriormente Canalejas y actualmente Hassan II-, la calle Asturias, la avenida del Generalísimo -anteriormente de la Reina Victoria y actual Mohamed V- y la calle denominada antes de la <Rahbá>. En esta en dirección a la Avenida, y a su izquierda estaba situado en el antiguo mercado de cereales <Rahbá> el molino de harina, que posteriormente adquirió la familia Asayag; y frente al molino se abría un pequeño callejón que daba acceso al llano. Existía en la ciudad en la zona del puerto, otro espacio denominado popularmente, pero no oficialmente, <Rahbá> constituido por almacenes de cereales cerca de las antiguas Atarazanas, situado en unos terrenos a la derecha del final de la cuesta de la Torre o de Rechaussen.

                   Este molino de la Rahbá es un recuerdo imborrable para los judíos en relación a la Pascua, o <fiesta de las tortas> como popularmente se la conocía en la región del Lukus. Era el único molino que se limpiaba ritualmente –casher le Pesaj- y se adaptaba unos días antes de la Pascua  para moler el trigo con cuya harina cada familia fabricaba sus tortas o pan ázimo. Existía otro molino de trigo  a la derecha y detrás de Sor Ichara Antiguo -al final de la calle Soldado Sequera-  a espalda de la casa de Bensabat que hacía esquina, perteneciente al banquero José Gallego -uno de los tres tocayos larachenses al que se anteponía el tratamiento de Don- y controlado por su apoderado Yusef Obadía que vivía en el Edificio de la Colonial en la calle Capitán Lopera -posteriormente Ibn Batuta-. En dicho molino regentado por Mesod Obadía -hermano de Yusef- personaje  característico por ir vestido habitualmente con una chilaba tipo rifeño -corta y dejando libre un hombro y brazo-, algunas familias judías de la zona, que es donde vivía Pepe <el Maño>, también molían su trigo  en la Pascua.

callejón transversal de la calle Soldado Sequera -foto de Mari Carmen Revilla

                 Hay que tener presente que hasta pocos años antes de la independencia del país, no disponíamos en la Zona Norte de tortas o pan ázimo industriales ni las podíamos importar -excepto algunas familias y en pequeñas cantidades- de la Zona Sur –francesa- donde industrialmente se fabricaban en Casablanca o las importaban de Argelia y Francia. Recuerdo pasar muchas horas en la larga cola del molino, esperando mi turno -nos solíamos relevar entre los primos- para que los operarios introdujeran los granos de trigo -que no habían fermentado a la intemperie ni en almacén- contenido en los sacos de pita que llevábamos para que las ruedas de piedra del molino lo transformara en blanca y fina harina apta para la elaboración de tortas, panes y dulces sin <jamesh> -alimentos fermentados-, <matim> –adecuados- y sin <tumá> –impureza- para que fuesen <casher le Pesaj>. Había que estar pendiente para que metieran el contenido completo de nuestros sacos, y no se quedasen los obreros con una parte, o que la mezclasen con el trigo de otros sacos de correligionarios que podría ser de peor calidad o no reunir las condiciones exigidas. La cola llegaba a veces por la acera, hasta la panadería de Emilio Alario, y también hasta el Bar La Marquesina en la esquina de la calle Cervantes.

Bar La Marquesina

Y en ocasiones teníamos que esperar parte de la noche, cosa que a los niños nos gustaba, pues era una forma nocturna de charlar como los adultos -la Pascua era siempre en primavera y coincidía con la buena temperatura de la ciudad- y hasta nos dejaban a veces dormir por la mañana pudiendo faltar al colegio, cuyos profesores de la Alianza Israelita y de Yudah Haleví por propia experiencia comprendían el motivo.   

                        En libros de arquitectura y urbanismo español relacionados con el norte de Marruecos, en documentos de los años veinte se designaba oficialmente dicho espacio, habitado por dos o tres familias judías que habían salido de los intramuros de la Medina, con el nombre de <Castiel>. Las familias  habían adquirido los terrenos y se habían instalado en este sector posiblemente por motivo comerciales para estar cerca de los almacenes y mercado de cereales o <rahbá>. O quizás que conociesen el proyecto de los arquitectos municipales del <ensanche de la ciudad> a través de los caminos radiales que partían desde la explanada de Bab el Barra o <Puerta de Afuera> -futura Plaza de España, hoy de la Liberación-; y en el que se incluiría el desarrollo urbanístico en el llano o campo antedicho. La cuestión es que bien por relacionarlo con una futura barriada para judíos, al igual que el proyecto que tenían de <Barrio Nuevo> en el camino de la Guedira  para musulmanes, o por otras razones, lo llamaron <Barrio Castiel>.

                     <Castiel> me solía explicar mi padre David Edery Berdugo con su gran afición a la etimología aprendida del profesor de latín y griego Antonio Cozar, significa lugar o barrio destinado a vivienda de judíos a quienes se les tenía prohibido o vivían con dificultades con otros naturales de la ciudad. Creo recordar que me decía que proviene del vocablo <castelhun> que significa castillo, y de este deformado por <castiello> el nombre <castiel>. Con este apellido existe entre los sefardíes numerosas familias de origen español y francés, la mayoría emigradas a los países del Magreb tras la expulsión por los reyes de España y de Portugal. Según el tangerino Abraham Laredo el apellido Castiel, Castel, Al Castel, Castil, etc, deriva además de lo enunciado anteriormente, de las villas y ciudades de Castiello en Asturias, de la histórica fortaleza Al Qastil cerca de Pamplona, de Castil de los Judíos o Castrojudíos, de la localidad de Castell, o de la francesa Castell Sarrasin.

Torre del Judío

                     En Larache a finales del siglo XIX entre los numerosos miembros de la familia Castiel destacó el dirigente comunitario Yudah Castiel, vocal de la Junta Directiva de la Comunidad Israelita. Y desde la misma época en Alcazarquivir sobresalió Amram Castiel, presidente de la comunidad judía, reputado comerciante, constructor, gran amigo del Bajá de la ciudad Sidi el Hadj Ermiki y del Caid Sidi Mohamed el Melali, así como un  gran benefactor de las obras benéficas y sociales en su ciudad y en ciudades de la entonces Palestina otomana e inglesa. En su ciudad ribereña del río Lukus construyó y adquirió cerca de este toda una barriada de casas, que se denominó <Barrio de Castiel>, pero en este caso en relación a la persona y familia. Que por cierto estaban entre las que más sufrían las consecuencias de los periódicos desbordamiento e inundaciones del río, que dejaban las calles y casas llenas de <herra> con que se denominaba en jaquetía <el jis> o barro que quedaba. De aquí la denominación jocosa a los judíos alcazareños con el gentilicio <de la herra>, en contrapartida a los de Larache que nos llamaban <los del polvorín>, por varias explosiones accidentales de estos depósitos de municiones situados en las cercanías del Barrio de las Navas.

                En Larache el cuadrilátero territorial con que encabecé esta aclaración sobre mi artículo de las sinagogas, recibió en primer lugar el nombre oficial de <Barriada de Castiel> que le aplicaba entre otros el ingeniero municipal Carlos Ovilo. Posteriormente por el  arquitecto José de Larrucea con el proyecto del ensanche de la ciudad del interventor y cónsul de España Emilio Zapico en la década de los veinte figuró el nombre oficial de <Rahbá> para el mismo espacio. Y a partir de estas fechas con las construcciones emprendidas en dicho llano por un sobrino, que creo que era portugués o de origen brasileño, de Yaacob Asayag -padre del maestro nacional Don Isaac que tenía una tienda mercería frente al cine Avenida cuya denominación popular de <Jashitas baratas> fue una anticipación a las de los actuales chinos-, recibió el nombre popular de <Llano de Asayag>.

             Posteriormente también recibió de forma popular los nombres de <Llano del Circo> por ubicarse en parte del terreno estos espectáculos circenses u otros semejantes; y también <Llano Egea>, en relación a esta numerosa familia que allí vivía. Entre otras familias del <llano> recuerdo a los Salama, Alarcón, Benquesús, Montecatine, Obadía, Moñino, Ayach, Don Aurelio, Oziel, Egea, etc. Y de modo muy especial, caminando una detrás de otra la mayoría de las veces, a las de <Javier> que eran aquellas dos ancianas hermanitas inglesas, familia del Vice Cónsul de Inglaterra Luis Forde, que fueron apuñaladas en su domicilio del llano por un joven indígena que se refugió, tras matar a una y dejar gravemente malherida a la otra, en el cercano cementerio musulmán de la calle Asturias, antes de ser aprendido por la policía. Recuerdo que antes de ir a su diaria misa en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, pasaban por casa de su vecina Perla Barcesat casada con Samuel Salama, para preguntarla la hora y llegar con puntualidad inglesa al Oficio.

               Supongo que queda con estas simples líneas aclarada mi denominación al llano de un sector de viviendas larachenses entre las que pasé gran parte de mi infancia, puesto que eran casi vecinas a mi calle natal del Pasaje Moreno o calle Baleares, separadas solamente de esta por el simple ancho de la calle Chinguiti.

            Agradezco a mis paisanos y amigos las discrepancias y comentarios de algún contenido de mis escritos, pues ello me motiva a plasmar en ellos un más óptimo y estricto recuerdo de mis vivencias y de mi información.

           Doctor José Edery Benchluch <Al Tebib Harofé>   –    <Al tebib>, en árabe, el médico; <Ha rofé> en hebreo, que cura  – Madrid  2011  

Calle Real de Larache

 Y como hermoso colofón a estos artículos de mi paisano José Edery, me pide que reproduzca a continuación este precioso correo que ha recibido de Mercedes Barcesat de Dembo, que sé le ha emocionado, y que viene a añadir además esas notas en haketía que tanto nos hacían sonreír:

DR. JOSÉ EDERY
QUERIDO PEPE ES CON MUCHA EMOCION Y  CON LÁGRIMAS QUE LEÍ ESTE RELATO TUYO. DE» LOS NOMBRES DE UNA CALLE DE LARACHE»
ES COMO SI DE NUEVO ESTUVIERA CORRETEANDO EN EL «LLANO DEL CIRCO» DONDE ME METÍA DE BALDE EL DESCANSADO DE MI TIO-ABUELO, YUSEF OVADIA (CUÑADO DE MI ABUELO ABRAHAM BARCESAT) . ESE MOLINO DE TRIGO LA DE VECES QUE VOLVÍA A CASA TODA LLENA DE HARINA POR MIS TRAVESURAS. QUE TE DIRÉ: NO OMETISTE NADA; MIS TIOS, SAMUEL SALAMA, YUSEF OVADIA, Y TANTAS FAMILIAS QUE FUERON PARTE DE MI NIÑEZ Y ADOLECENCIA.
ESAS CASITAS DE ASAYAG ME PARECÍAN LO MEJJOR DE LO MEJJOR. HABLAS DE PERLA BARCESAT MUJER DE SAMUEL SALAMA NO SERA MÁS BIEN CLARA BARCESAT, HERMANA DE MI ABUELO Y MADRE DE ISAKE,LEON, FELIX, OLGA, MAIR.?
POR LA CALLE PASABAN LAS CABRAS Y LAS ORDEÑABAN FRENTE NUESTRA CASA Y DE OTROS VECINOS.
SABES QUE DE TODOS MIS AÑOS EN MARRUECOS, EN SOUK EL ARBA, LARACHE, CASABLANCA, RABAT, KENITRA,; PUES DE TODAS ESTAS CIUDADES LA QUE MÁS ME MARCÓ ES MI QUERIDA LARACHE QUE FUE LA CUNA DE MI FAMILIA MATERNA Y PATERNA, DESDE GENERACIONES.
QUE EL DIÓ TE HADE  PEPE POR LO MARAVILLOSO QUE DESCRIBES Y CON TANTOS DETALLES LA VIDA DE LARACHE. SON DOCUMENTOS DE ENORME VALOR..
TE LO AGRADECESCO DE TODO CORAZÓN. AUSHALA (OJALÁ)  EL DESCANSADO DE MI PAPÁ PUDIERA LEER TODO ESTO O TU PADRE DAVID DE QUIEN SIEMPRE ME ACUERDO CON MUCHO CARIÑO. SABES HACE QUE UNOS DIAS ME VINO AL PENSAMIENTO LA DESCANSADA DE TU MADRE RACHEL, COMO UNA IMAGEN DE ELLA EN LA CASA DEL SHIKUN GUIMEL EN BEER SHEVA. ELLA CONTANDONOS UNOS CHISTES, LO QUE HACÍA  TAN BIEN.
SANO Y GUENO ESTÉS CON LA FAMILIA,
GRACIAS DE NUEVO- BESOS DESDE AUSTRALIA

MERCEDES BARCESAT de DEMBO

            

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Otros libros, otros autores: TRES ROSAS AMARILLAS (Where I´m calling from, 1988) de RAYMOND CARVER

No es la primera vez que hablo de Raymond Carver, porque Carver es portentoso como cuentista. Sus relatos cortos son precisos, siempre adentrándose en la vida de las gentes más humildes, la clase obrera, y lo hace como una especie de buzo que se sumergiera en el fondo del mar de esa sociedad americana que tan bien retrata.

<Se pasaba la vida haciendo o deshaciendo las maletas. A veces se mudaba dos o tres veces al año. Hablaba con resentimiento del sitio que dejaba y con optimismo del que acababa de elegir. Su correo quedaba siempre atrás, la pensión le llegaba siempre a direcciones en las que ya no estaba, y se pasaba horas y horas escribiendo cartas para arreglar las cosas. Había veces en que se mudaba de una casa de apartamentos a otra situada a unas manzanas más allá, para luego volver al mismo edificio un mes después, sólo que a otro piso, a otra escalera. Así que cuando se mudó aquí decidí alquilarle una casa que estuviera amueblada a su gusto.

-Es esa manía de mudarse lo que la mantiene viva –decía Jill-. Lo que la mantiene ocupada. Debe de producirle una especie de placer morboso, imagino.

Acierte o no en lo del placer, Jill piensa que mi madre empieza a chochear. Y yo también lo pienso. Pero, ¿cómo le dices a tu madre una cosa semejante? ¿Cómo tratarla en tal caso? El hecho de empezar a chochear no le impide planear y llevar a cabo su siguiente mudanza>.   Extracto del relato titulado <Cajas>

 

Raymond Carver

Este libro de relato es curioso, porque los seis primeros cuentos son definitivamente parte del mundo Carver, por así decirlo, se identifican con otros libros suyos, con la temática de su narrativa habitual.

Pero al final, el séptimo relato, “Tres rosas amarillas”, que da título a esta pequeña colección, da un giro copernicano y nos deslumbra absolutamente. Estamos ante uno de sus mejores cuentos, en el que nos habla de los últimos momentos de la vida de Chéjov.

 <A Chéjov, no obstante, le produjo una honda impresión el solícito gesto de aquella visita. Pero, a diferencia de Tolstoi, Chéjov no creía, jamás había creído, en una vida futura. No creía en nada que no pudiera percibirse a través de cuando menos uno de los cinco sentidos. En consonancia con su concepción de la vida y la escritura, carecía –según confesó en cierta ocasión- de una visión del mundo filosófica, religiosa o política. Cambia todos los meses, así que tendré que conformarme con describir la forma en que mis personajes aman, se desposan, procrean y mueren. Y cómo hablan>.

 

Anton Chéjov

Y Carver describe estos últimos instantes de la existencia de Chéjov de una manera tan extraordinaria, con una escritura tan preciosa, que no puedo evitar recomendar este cuento, su lectura, como algo imprescindible e insalvable. Es delicado pero a la vez emotivo, es entrañable y melancólico, pero, sobre todo, cuando se lee, aunque uno esté leyendo sobre Chéjov, es inevitable pensar a la vez en Chéjov, porque es como si Raymond Carver se hubiera transmutado en el genial escritor ruso, y alcanzara la misma cota de calidad narrativa, como si se hubiera transformado en el propio Chéjov y adoptara su estilo o su manera de narrar o su narrativa perfecta.

 <De forma metódica, como solía hacerlo todo, el doctor Schwöhrer se aprestó a la tarea de descorchar la botella de champaña. Lo hizo cuidando de atenuar al máximo la explosión festiva. Sirvió luego las tres copas y, con gesto maquinal debido a la costumbre, metió el corcho a presión en el cuello de la botella. Luego llevó las tres copas hasta la cabecera del moribundo. Olga soltó momentáneamente la mano de Chéjov (una mano, escribiría más tarde, que le quemaba las dedos). Colocó otra almohada bajo su nuca. Luego le puso la fría copa de champaña contra la palma, y se aseguró de que sus dedos se cerraran en torno al pie de la copa. Los tres intercambiaron miradas: Chéjov, Olga, el doctor Schwöhrer. No hicieron chocar las copas. No hubo brindis. ¿En honor de qué diablos iban a brindar? ¿De la muerte? Chéjov hizo acopio de las fuerzas que le quedaban y dijo: Hacía tanto tiempo que no bebía champaña… Se llevó la copa a los labios y bebió. Uno o dos minutos después Olga le retiró la copa vacía de la mano y la dejó encima de la mesilla de noche. Chéjov se dio la vuelta en la cama y se quedó tendido de lado. Cerró los ojos y suspiró. Un minuto después dejó de respirar>.

  “Tres rosas amarillas” es preciosa, una pequeña obra maestra llena de detalles, de párrafos irrepetibles, de imágenes embaucadoras. Un cuento perfecto.

Sergio Barce, noviembre 2011

 Los párrafos del libro están tomados de la octava edición de la obra, editada por Anagrama, en mayo de 2010, con traducción de Jesús Zulaika.

 

 

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LARACHE – La Asociación AL-KHAZABA restaura uno de los viejos cañones

Mi entrañable amigo y paisano Mohamed Mrabet, al frente de la Asociación Cultural AL-KHAZABA, ha tenido la brillante idea de restaurar uno de los cañones que, por razones que nunca comprenderé, las autoridades culturales de la ciudad han ido dejando en el olvido, como si fuesen chatarra o restos de basura. Mrabet me ha enviado esta fotografía, en la que se observa el cuidadoso trabajo de restauración que han llevado a cabo, con los escasos medios de la propia asociación. AL-KHAZABA es de las pocas asociaciones larachenses que realizan trabajos en la Medina, y que intentan preservar el patrimonio histórico de Larache; una asociación que ha colaborado en muchas ocasiones con «Larache en el Mundo«.

 

Mohamed Mrabet junto a otros miembros de la asociación, protegiendo el cañón recién restaurado

 

En mi última novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE, cuando el niño protagonista callejea por la Medina, ve en un par de ocasiones a Mohamed Mrabet paseando por allí. No es una escena casual, porque quien camina por el Zoco Chico o por la Medina de Larache, casi inevitablemente, se encontrará con él.

 Puede parecer insignificante el hecho de que se hayan esforzado en este trabajo de restauración, pero las pequeñas cosas son las que demuestran a los de arriba que la belleza está en los detalles. En el Jardín de las Hespérides, languidecen otros cañones, testigos mudos del pasado de la ciudad, parte de su historia, y que parecen restos de un naufragio, medio podridos, rotos, sucios… Mohamed Mrabet y Al-Khazaba merecen todo el reconocimiento por tantas actividades, esfuerzos y proyectos. Espero que este cañón sea el primero de una larga serie de trabajos de recuperación del patrimonio de Larache. Shukram, Mohamed, shukram.  

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DRIS DIURI Y LA REVISTA “AL-MOTAMID” (TRINA MERCADER) por el profesor FERNANDO DE ÁGREDA

En Agosto de 2006, durante las Jornadas Culturales organizadas en Larache por la asociación cultural LARACHE EN EL MUNDO, el profesor arabista Fernando de Ágreda impartió una conferencia titulada DRIS DIURI Y LA REVISTA AL-MOTAMID (TRINA MERCADER), cuyo texto, que creo que es interesantísimo para comprender la importancia que tuvo esta publicación, nacida en Larache, reproduzco aquí, a la vez que rememoro con ello los días tan entusiastas y emocionantes que compartí entonces con Fernando de Ágreda.

Sergio Barce

Mohamed Laabi, Sergio Barce, Fernando de Agreda, Pablo Barce, Abdellatif Limami y Mohamed Larbi Bouharrate

DRIS DIURI Y LA REVISTA “AL-MOTAMID” (TRINA MERCADER)  por el profesor FERNANDO DE ÁGREDA – Arabista, Profesor de la Universidad Complutense de Madrid –  Madrid/Larache, 10 de Agosto de 2006 – 

Se celebran  las 3ª Jornadas Culturales que viene organizando la asociación Larache en el Mundo, presidida por el activo y buen anfitrión que es Sergio Barce, junto a Larache Al-Mada, de Ahmed El Guennouni, en la misma línea de promoción y defensa de los valores de la ciudad. La inauguración, hoy,  en esta bella ciudad de Larache es una magnífica ocasión para hacer un homenaje de recuerdos a alguno de sus hijos que la honraron con su labor y sus méritos.

Trina Mercader junto a López Gorgé y otros colaboradores

Este es el caso de Dris Diuri: figura imprescindible entre los hispanistas marroquíes y cuya labor ha sido poco conocida y menos difundida. Trina Mercader lo reconoció en sus recuerdos que bajo el título de Al-Motamid e Itimad: una experiencia de convivencia cultural en Marruecos, se publicaron en la Revista de Información de la Comisión Nacional Española de Cooperación con la UNESCO, Nº 25,  Enero-Marzo, 1981, págs. 76-80:

Dris Diuri

 Desde 1936, año de mi llegada a Marruecos, hasta 1947, fecha de la publicación de la revista Al-Motamid, Larache poseía, en lo cultural, un ambiente oficial mantenido por las autoridades españolas, en lo que fue Protectorado español (…) Esta situación artificial, producto del comportamiento político, daba lugar a un desprecio mutuo, que por ser mutuo nos equilibraba.

Pero la cultura viva de Marruecos existía. Bastó que alguien la convocara sin otros intereses que los estrictamente culturales, para que hiciese acto de presencia. Por iniciativa de un grupo de artistas españoles, residentes en Larache (recuerdan los que vivieron aquella  época los nombres del pintor Juan Antonio Escartín; el escultor húngaro, Laszlo Zinner, a los que dedicaría sus primeros ensayos sobre crítica de arte  Cesáreo Rodríguez Aguilera, que luego dejaría Marruecos para ejercer sus labores en el campo de la judicatura, etc… fundamos Al-Motamid en 1947, revista de verso y prosa, editada en español y árabe…

El proyecto – sigue el relato de Trina – se lleva a cabo con una pobreza de medios que contrasta con la ambición que lo mueve. La empresa era original, sin antecedentes. Conocíamos a un solo poeta musulmán marroquí, Abdelkáder El Mokaddam, residente en Tánger, al que ofrecimos las páginas centrales como muestra de nuestra preferencia por lo árabe. Teníamos un amigo marroquí, Dris Diuri, en Larache, traductor del árabe, con una magnífica dicción castellana, partícipe de nuestro entusiasmo, que durante años se hizo cargo de la sección arábiga

De nuestra entrañable amistad con Trina Mercader ya hemos hablado en varias ocasiones, especialmente en el homenaje que le dedicaron los Institutos Cervantes de Marruecos en 2003. Hoy en este nuevo homenaje recordaremos los datos, no muchos, que nos facilitó el propio Dris Diuri en el breve tiempo en que estuvimos en contacto epistolar. En 1977 le escribí por primera vez para solicitar sus datos y su colaboración en los temas literarios en los que trabajábamos desde el Seminario de Literatura del antiguo Instituto Hispano-Árabe de Cultura. Conservo con cariño sus respuestas a la encuesta que habíamos elaborado para recabar los principales datos de los escritores del mundo árabe.

Larache

Dris Diuri nace en Larache, el 25 de julio de 1921. Realiza los estudios de bachillerato en Granada, en 1965 y se incorpora a su ciudad natal en cuya municipalidad trabajaría junto a Trina Mercader. De la obra de Diuri hemos conocido su Miscelánea, publicada en Tetuán, en 1963. Parece que se trata del primer volumen  al que seguiría otro del mismo estilo que no llegó a publicarse.

Fernando de Ágreda

En dicha obra se aprecia en los varios artículos que incluye el gran amor que sentía por su familia primero, por su Larache natal y a continuación, y por encima de todo, por los temas patrióticos como los dedicados a los difuntos reyes Mohamed V y a su hijo Hassan II . De hecho citaba otro libro que se había publicado en Larache, en 1961 y que se tituló: Mohamed V, monarca reencarnado –así figura en árabe-.  A continuación mencionaba las obras que tenía en prensa y que  eran las siguientes: Cartas a una amiga, dos obras teatrales: Luces y sombras, Drama y verdadAdemás de dos poemarios: Melodías y Latidos. Y otras: Reflexiones,  una Historia de Larache. Por último se refería  a los artículos de prensa que habrían aparecido en diarios de Tetuán <An-Nahar>, Tánger <España> y <Larache>. Así como a varias conferencias pronunciadas en Casablanca, Alcázarquibir y Larache sobre temas diversos: Hassan II, la juventud marroquí y otros.

Dris Diuri nos ofrecía generosamente su colaboración en los proyectos que estábamos iniciando en el Seminario de Literatura ya citado y decía en unos de los párrafos de su carta escrita el 14 de Junio de 1978: Debo aclarar que todos mis trabajos – o pequeños libros – están escritos en el Gran Idioma Cervantino y no he podido encontrar ninguna ayuda para su publicación o traducción a otras lenguas… Finalmente desearía hacer una pequeña observación: tal vez sea el único marroquí -o somos muy contados- que escribimos en español, pero desgraciadamente no contamos con asistencia en ningún sentido por parte de nadie. Navegamos en mar solitario o en bosque sin luz. Y creo sinceramente que merecemos un poco de atención.

La labor de Dris Diuri en aquella aventura -solitaria y soñadora- de Trina Mercader que fue la revista Al-Motamid. Verso y prosa se inicia desde el primer número -marzo de 1947-. La primera colaboración que firma se titula Visión poética de un soberano en su paisaje donde apreciamos su excelente prosa en torno a la figura de Al-Motamid, el rey de Sevilla, motivo de presencia constante a lo largo de la vida de esta revista. Además apreciamos la mención que hace de alguna de las primeras figuras del arabismo: Emilio García Gómez y el sabio holandés Dozy concretamente.

En el número 2, abril de 1947,  figura la traducción del poema de Ibrahim al-Ilgui, esposo de la eminente hispanista Amina al-Loh, colaboradora de Al-Motamid en la etapa final de la revista, titulado Conversación confidencial con la poesía <Munayat al-qarid>. Ya en el número 12, febrero de 1948, encontramos el nombre de Dris Diuri en el Consejo de Dirección de la revista junto a figuras de escritores hispano-marroquíes tan conocidos como Jacinto López Gorgé, Pío Gómez Nisa, Eladio Sos y Juan Guerrero Zamora.

Trina Mercader

Diuri traduce poemas de Abdallah Guennún, figura reconocida de la cultura marroquí, y del tunecino, fallecido en plena juventud, Abulqásim al-Shabbi. Asimismo encontramos la traducción del poeta egipcio Ali Mahmud Taha en el número 13, de marzo de 1948.

La <pequeña o interna historia> de la revista no podremos conocerla quizás: surgen las diferencias y desaparece la mención del Consejo de Dirección. Dris Diuri seguiría colaborando como traductor junto a Ahmed Tadlaui y Abdelmalik Náder, de los que apenas si conocemos sus nombres. En 1952 Trina se traslada a la entonces llamada Villa Sanjurjo, es decir a la actual Alhucemas donde residirá poco tiempo: al año siguiente es destinada a Tetuán, la antigua capital del Protectorado español y entonces se inicia una etapa diferente: de la parte árabe de la revista se encargarán otras figuras conocidas del hispanismo marroquí: Ibn Azzuz Haquim, Mohammed Sabbag y la ya nombrada Amina al-Loh.

Mohamed Chakor y Sergio Macías han destacado en su libro: Literatura marroquí en lengua española, de 1996, la biografía de este pionero del hispanismo marroquí que fue Dris Diuri y las características principales de sus obras. Además se refieren a su función de canciller en el Consulado de Marruecos en Barcelona, dato que no hemos podido confirmar.

Dejar esta petición que esperamos ver hecha realidad: que se publique en la página de internet y en edición los textos inéditos de Dris Diuri, que merecen ser conocidos en España y en Marruecos. Es lo que más habría deseado nuestro buen amigo que hoy nos acompaña en espíritu, y los familiares que reclaman la recuperación de su memoria.-

Farida Diouri

P.D. Conservo los correos que me envió Farida Diouri <f.diouri@voila.fr> en la breve correspondencia que mantuvimos. Vivía en Paris y había publicado varias novelas en francés: L´ange de la misère y Dans tes yeux, la flamme infernale, entre otras, en la prestigiosa editorial L´Harmattan <que conocí por internet: www.editions-harmattan.fr/index>  Me manifestaba,  en el buen español que conservaba,  la intensa emoción que había sentido al leer el artículo que le envié sobre su querido padre Dris: Me gustaría mucho encontrarles a Vd.  y a la Señora López Enamorado y hablar del Larache de antes y de mi padre que fue, como Vd. lo dice tan bien, un gran humanista que amaba Larache y España. Mi padre – continuaba – ha fundado la revista Al-Motamid con su novia Trina Mercader en 1948. Papá y Trina han sido novios durante  muchos años y se han amado toda la vida. Desgraciadamente por un problema de religión, ella católica y él musulmán, no se han casado, pero han quedado amigos hasta la muerte. Antes de morir, Trina Mercader ha venido a Larache y se fue sobre la tumba de mi papá que ha sido su único amor. Trina nunca se ha casado. La historia de Trina y de mi padre es una historia de amor extraordinaria, triste y el tema de mi próximo libro <Cartas a una amiga> son las cartas escritas a Trina Mercader que mi papá ha querido toda su vida.

Es un testimonio sorprendente que quizá algún día podremos corroborar, si se llegara a publicar este libro al que se referían Dris y Farida Diuri. Ya he contado en otro artículo la tan inesperada noticia de la muerte de Farida Diouri, que me comunicó su hija Bouchra cuando hacía planes para venir a Madrid y así conocernos. Ojalá que algún día recuperemos esta historia de amor y de amistad interrumpida.

 

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«AMOR POR UN PUÑADO DE PELOS» (Love with a few hairs) (1967) de PAUL BOWLES & MOHAMED MRABET

<Se sentaron en el colchón y Mohammed le dio los pelos. Ella sacó una bolsa de tela y empezó a sacar cosas de ella: paquetes de yerbas y sobres llenos de uñas y dientes y trozos de piel seca. Echó las cosas en una hoja de papel, junto con los pelos de Mina. Luego, echó por encima unos polvos que parecían tierra. Lo envolvió todo en el papel y lo metió en una lata. De su boca salía sin parar una larga retahíla de palabras. Luego echó benjuí en las ascuas del brasero y puso la lata en el centro del fuego, revolviendo mucho rato hasta que quedó todo convertido en polvo negro. Cuando se enfrió, lo vertió en un papel y dobló éste formando un paquete.

Entregó el paquete a Mohammed.

Toma esto. Echa estos polvos a la puerta de su casa. Y cuando los hayas echado, no mires. Márchate.

¿Pero cuándo? dijo Mohammed. ¿De noche o de día?

Puedes hacerlo cuando quieras.

Mohammed se guardó el paquetito en el bolsillo y le entregó cinco mil francos.

Aquí tienes cinco mil, dijo. En cuanto dé resultado, te traeré los otros cinco mil.

Está bien, dijo ella.

Y si no resulta, volveré a por mis cinco mil.

La vieja se echó a reír>.

AMOR POR UN PUÑADO DE PELOSEn esta novela, descubrimos uno de los temas más recurrentes de la cultura y de la leyenda marroquí: la brujería como medio para conseguir o para deshacer el amor; en este caso, obtener el de una mujer, pero también cómo la madre utiliza sus artimañas para desbaratar el embrujo… Narrado con cierta distancia, la lectura es rápida, concisa, no usa subterfugios ni un lenguaje elaborado; al contrario, la sencillez es la esencia misma de esta obra, ahora difícil de encontrar en las librerías.

Paul Bowles y Mohamed Mrabet

<No se veía a ningún preso más en la terraza. Adonde iba Mohammed, el guardia le seguía.

Debes tener un buen trabajo, dijo el guardián.

Sí, contestó Mohammed.

He visto a esa chica, sabes, dijo el guardián. ¡Es muy guapa! ¿Por qué no quieres casarte con ella? No te entiendo. Además, es la única forma de salir de esto. Estarás aquí dos meses, hasta el juicio. Luego, pueden echarte dos años. El matrimonio no dura tanto, hombre.

Mohammed escuchaba las palabras del guardián y se sentía muy deprimido. Él había pensado que aquello duraría, como mucho, un mes.

Lo que te digo, es verdad, le dijo el guardián. Abajo tengo tus papeles. En ellos dice que dos meses hasta el juicio. Y después te mandarán a Casablanca o a Larache. No te dejarán aquí. Sólo te puedes salvar casándote. Te casas, sales de aquí, estás con ella uno o dos meses, y la pegas todas las noches. Acaban escapándose todas. En fin, lo siento por ti, que eres joven y fuerte, y vas a destrozarte picando piedra en un presidio. Te pasarás luego el resto de tu vida entrando y saliendo del hospital. Eso es lo que les pasa a los que están en estos sitios>.

Tánger

 Una novela sobre los avatares de personas marginales, en la que Mohammed, el protagonista, no tiene el menor reparo en convertirse en el amante de Mr.David, el dueño del hotel, y de mantener relaciones sexuales con él con tal de obtener dinero y conseguir contactos, y, jugando con su propia inmoralidad, puede a la vez mantener una relación con su mujer y con otras chicas, siempre como medios para alcanzar sus metas, aunque estas sean mezquinas o ruines.

<¿Qué es lo que pasa? ¿Qué ha sucedido?

¡Déjame en paz! gritó ella. Vete a dar un paseo. O vete a sentarte con tus amigos. Pero déjame en paz.

¿Pero por qué estás tan nerviosa? No tiene por qué gritar.

No me hables.

Está bien. Se fue a la otra habitación y se sentó en el sofá.

Cuando terminó de preparar la cena, Mina llevó comida para él, pero no para ella.

Ven aquí y come, dijo él.

No. No quiero comer. No tengo hambre.

Él se levantó de la mesa, se puso la chaqueta y se fue. Se sentó en el Café Fuentes y pidió un café solo. Miraba fijo al suelo y se preguntaba qué habría pasado. Era posible que la madre de Mina hubiera ido a consultar a un alfaquí y que hubiera descubierto el hechizo. De ser así, seguro que estarían ya actuando para anular sus efectos. O tal vez la madre hubiera estado hablándole mal de él un día tras otro.

Pagó el café y volvió a casa. Mina estaba en la cama dormida. Se puso el pijama y se acostó a su lado. Cuando intentó jugar con ella y besarla, tuvo la sensación de que era otra persona. Al final le besó, pero no como le había besado siempre hasta entonces. Faltaba algo. Por primera vez, durmieron juntos y no hicieron el amor, y para Mohammed la noche fue como un veneno>.

Paul Bowles & Mohammed Mrabet

Como ya he dicho, la narrativa es tan simple, tan directa, tan sucinta que resulta llamativa. Aunque para mí Amor por un puñado de pelos está muy lejos de otras novelas y cuentos de Bowles, su historia, la truculenta existencia y los avatares de Mohammed no dejan indiferentes, es como un retrato descarnado de un ser amoral, al que su instinto de supervivencia le dicta la manera de enfrentarse a la vida. Es capaz de engañar y de manipular, de utilizar las armas de la brujería y de la impostura, incluso amorosa y afectiva, con tal de salirse con la suya. Por supuesto, eso tiene un precio, y Mohammed pagará por ello.

Cuadro de Mohammed Mrabet

Como dice Juan Goytisolo: La intriga de Amor por un puñado de pelos se mueve a medio camino del relato moderno y el cuento oriental: la psicología de los personajes existe como en el primero, pero supeditada al influjo de factores mágicos, en una mezcla sorprendente de William Beckford y Madame de Lafayette. La sencillez lineal del relato, la finísima caracterización de las relaciones de Mohammed con Mr. David, la peculiar seducción del mundo tangerino en que se desenvuelve la trama, híbrido de elementos y rasgos marroquís y occidentales, confieren a la novela de Mrabet y Bowles una dimensión tan poética como amena

En cualquier caso, también la relación que mantuvieron en la vida real Paul Bowles y Mohammed Mrabet ha dado para ríos de tinta. Pero esa es ya otra historia.

Mrabet no tenía más estudios que los coránicos, y sus libros fueron en realidad reelaborados, por así decirlo, por Paul Bowles, que grababa sus narraciones en marroquí dialectal y luego los transcribía. Mohammed Mrabet, nacido en Tánger en 1936, era de origen rifeño. Y aunque es más conocido como escritor, en realidad su verdadera pasión es la pintura.

Mohamed Mrabet

De Paul Bowles, del que ya he hablado y escrito en este blog, es una de las voces narrativas fundamentales para conocer el mundo marroquí, con novelas como El cielo protector o La casa de la araña.

<Mohammed vivía con Melika, pero no era feliz. Seguía diciéndose que no quería enamorarse de ella. Iba por la calle hablando solo y diciendo: No quiero más problemas. No volveré a enamorarme de ninguna. Jamás. Es una chica que se gana la vida en la calle. Vio que yo estaba con un inglés que me lo da todo, ve que le doy dinero. Sabe cómo yo mimaba a Mina cuando estaba conmigo. Y quiere que me enamore de ella para ser otra Mina. Y en cuanto me descuide, me habrá atrapado. ¡Tengo que romper con ella! ¡Tengo que acabar con esto!>

Amor por un puñado de pelos es, sin ninguna duda, un relato curiosos para quien se sumerja en sus páginas, para quien busque descubrir el fascinante mundo de intrigas que, en ciertos ambientes, ha existido y existe en ciertos segmentos de la sociedad marroquí que cree en la magia y en los hechizos como arma indispensable para conseguir el amor, o para destruirlo.

 Sergio Barce, noviembre 2011

Los extractos de la novela están tomados de la edición de Anagrama de 1982, con traducción de J.M. Alvarez Flórez y Ángela Pérez.

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