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“BIRDMAN”, UNA PELÍCULA DE GONZÁLEZ IÑÁRRITU

BIRDMAN cartel

Regreso del estreno de la nueva película de Alejandro González Iñárritu, y lo hago rendido a este trabajo, original, diferente, abrumador y emocionante. Es una película arrolladora. Y lo es porque cuenta con un guión asombroso, porque está rodada de una manera magistral, porque los actores están espléndidos. El mundo entre real y onírico que crea González Iñárritu no sólo me atrapa, me subyuga de una manera poderosa, irresistiblemente.

Amores perros, 21 gramos, Babel, Biufiful… Todas y cada una de las anteriores obras de este realizador singular y único me han fascinado por alguna u otra razón. Birdman me ha fascinado absolutamente por todo. (González Iñárritu rueda actualmente un western… The revenant. No puedo imaginar lo que nos puede deparar, pero seguramente será algo atractivo).

MICHAEL KEATON en Birdman

No es un film para todos los públicos, no para esos que van al cine a ver una sucesión de explosiones y que dejan su cerebro sólo para los whatsaps que reciben mientras creen estar viendo la película. Es un film para quien ama el cine y para quien desea verse sorprendido por una historia fascinante.

En principio, la trama no es nada excepcional: una estrella del cine de superhéroes, ya en declive y olvidada, se lanza a producir, dirigir e interpretar una obra de teatro basada en un texto de Raymond Carver, y, a partir de ahí, se cuenta qué es lo que sucede mientras ensayan, mientras pre-estrenan la obra y por fin mientras la estrenan en un Broadway inhumano y cruel, personificado en la crítica de teatro Tabitha (a la que da vida la excelsa Lindsay Duncan). Hasta ahí, si se conoce el argumento de antemano, uno puede pensar que va a asistir a un melodrama o a un drama con alguna nota cómica, con suerte. Parece incluso que puede ser un buen punto de arranque para una película de Woody Allen. Sin embargo, hay historias conocidas que pueden ser contadas de otra manera. La Odisea sirvió a los hermanos Coen para rodar Oh, Brother!, y su relato de las peripecias de Ulises parece aparentemente no tener nada que ver con el clásico de Homero.

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Otros libros, otros autores: TRES ROSAS AMARILLAS (Where I´m calling from, 1988) de RAYMOND CARVER

No es la primera vez que hablo de Raymond Carver, porque Carver es portentoso como cuentista. Sus relatos cortos son precisos, siempre adentrándose en la vida de las gentes más humildes, la clase obrera, y lo hace como una especie de buzo que se sumergiera en el fondo del mar de esa sociedad americana que tan bien retrata.

<Se pasaba la vida haciendo o deshaciendo las maletas. A veces se mudaba dos o tres veces al año. Hablaba con resentimiento del sitio que dejaba y con optimismo del que acababa de elegir. Su correo quedaba siempre atrás, la pensión le llegaba siempre a direcciones en las que ya no estaba, y se pasaba horas y horas escribiendo cartas para arreglar las cosas. Había veces en que se mudaba de una casa de apartamentos a otra situada a unas manzanas más allá, para luego volver al mismo edificio un mes después, sólo que a otro piso, a otra escalera. Así que cuando se mudó aquí decidí alquilarle una casa que estuviera amueblada a su gusto.

-Es esa manía de mudarse lo que la mantiene viva –decía Jill-. Lo que la mantiene ocupada. Debe de producirle una especie de placer morboso, imagino.

Acierte o no en lo del placer, Jill piensa que mi madre empieza a chochear. Y yo también lo pienso. Pero, ¿cómo le dices a tu madre una cosa semejante? ¿Cómo tratarla en tal caso? El hecho de empezar a chochear no le impide planear y llevar a cabo su siguiente mudanza>.   Extracto del relato titulado <Cajas>

 

Raymond Carver

Este libro de relato es curioso, porque los seis primeros cuentos son definitivamente parte del mundo Carver, por así decirlo, se identifican con otros libros suyos, con la temática de su narrativa habitual.

Pero al final, el séptimo relato, “Tres rosas amarillas”, que da título a esta pequeña colección, da un giro copernicano y nos deslumbra absolutamente. Estamos ante uno de sus mejores cuentos, en el que nos habla de los últimos momentos de la vida de Chéjov.

 <A Chéjov, no obstante, le produjo una honda impresión el solícito gesto de aquella visita. Pero, a diferencia de Tolstoi, Chéjov no creía, jamás había creído, en una vida futura. No creía en nada que no pudiera percibirse a través de cuando menos uno de los cinco sentidos. En consonancia con su concepción de la vida y la escritura, carecía –según confesó en cierta ocasión- de una visión del mundo filosófica, religiosa o política. Cambia todos los meses, así que tendré que conformarme con describir la forma en que mis personajes aman, se desposan, procrean y mueren. Y cómo hablan>.

 

Anton Chéjov

Y Carver describe estos últimos instantes de la existencia de Chéjov de una manera tan extraordinaria, con una escritura tan preciosa, que no puedo evitar recomendar este cuento, su lectura, como algo imprescindible e insalvable. Es delicado pero a la vez emotivo, es entrañable y melancólico, pero, sobre todo, cuando se lee, aunque uno esté leyendo sobre Chéjov, es inevitable pensar a la vez en Chéjov, porque es como si Raymond Carver se hubiera transmutado en el genial escritor ruso, y alcanzara la misma cota de calidad narrativa, como si se hubiera transformado en el propio Chéjov y adoptara su estilo o su manera de narrar o su narrativa perfecta.

 <De forma metódica, como solía hacerlo todo, el doctor Schwöhrer se aprestó a la tarea de descorchar la botella de champaña. Lo hizo cuidando de atenuar al máximo la explosión festiva. Sirvió luego las tres copas y, con gesto maquinal debido a la costumbre, metió el corcho a presión en el cuello de la botella. Luego llevó las tres copas hasta la cabecera del moribundo. Olga soltó momentáneamente la mano de Chéjov (una mano, escribiría más tarde, que le quemaba las dedos). Colocó otra almohada bajo su nuca. Luego le puso la fría copa de champaña contra la palma, y se aseguró de que sus dedos se cerraran en torno al pie de la copa. Los tres intercambiaron miradas: Chéjov, Olga, el doctor Schwöhrer. No hicieron chocar las copas. No hubo brindis. ¿En honor de qué diablos iban a brindar? ¿De la muerte? Chéjov hizo acopio de las fuerzas que le quedaban y dijo: Hacía tanto tiempo que no bebía champaña… Se llevó la copa a los labios y bebió. Uno o dos minutos después Olga le retiró la copa vacía de la mano y la dejó encima de la mesilla de noche. Chéjov se dio la vuelta en la cama y se quedó tendido de lado. Cerró los ojos y suspiró. Un minuto después dejó de respirar>.

  “Tres rosas amarillas” es preciosa, una pequeña obra maestra llena de detalles, de párrafos irrepetibles, de imágenes embaucadoras. Un cuento perfecto.

Sergio Barce, noviembre 2011

 Los párrafos del libro están tomados de la octava edición de la obra, editada por Anagrama, en mayo de 2010, con traducción de Jesús Zulaika.

 

 

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Un poema de RAYMOND CARVER

RAYMOND CARVER

Raymond Carver está considerado uno de los mejores narradores americanos. Maestro del relato corto, sus historias, tan abiertas, con esos finales que no son finales, me dejan invariablemente con la sensación de lo inesperado, de la incertidumbre. Casi siempre son protagonizados por gente desesperada, marginal, de las clases menos pudientes de su país. De sus libros que he leído, hay cuentos inmensos tanto en “Catedral” (1981) como en “De qué hablamos cuando hablamos de amor” (What we talk about when we talk about love, 1974), especialmente el primer relato de este último, que me parece una obra maestra.

Raymond Carver nació en Clatskanie, Oregón (USA), en 1938, y aunque fue durante años alcohólico, falleció en 1988 de cáncer de pulmón, justo cuando el reconocimiento por su trabajo estaba en lo más alto.

Años después de morir, se creó una polémica sobre sus relatos, pues se comenzó a decir, y parece que era cierto, que los cuentos que su editor Gordon Lish publicada, estaban retocados por éste. Sin embargo, los análisis de su obra demuestran que el genio era Carver, y que él era quien convertía esos relatos en auténticas joyas. En concreto, en el mencionado libro De qué hablamos cuando hablamos de amor, Lish llegó a reducir a la mitad el número de palabras originales y reescribió diez de los trece finales de los cuentos del libro.Así, en el cuento “Diles a las mujeres que nos vamos” (“Tell The Women We’re Going”) Lish suprime las relaciones de causa y efecto que llevan a dos adultos a matar a dos adolescentes, y añade torpeza, profundidad y silencio donde antes había, según describe de D.T.Max, autor del artículo, demasiadas palabras. Pero como digo, esta polémica se ha venido diluyendo a medida que la dimensión del narrador ha ido ahogando al editor.

Sergio Barce, julio 2011

Mi amigo Jesús Ortega me ha enviado un poema de Carver. Reconozco que no había leído nada de su poesía, pero parece tan sugerente e interesante como su narrativa. El poema se titula “Fear”, os lo transcribo en inglés y, a continuación, la traducción del mismo al castellano efectuada por Jesús Ortega.

El poema dice así:

FEAR – Raymond Carver

Fear of seeing a police car pull into the drive.

Fear of falling asleep at night.

Fear of not falling asleep.

Fear of the past rising up.

Fear of the present taking flight.

Fear of the telephone that rings in the dead of night.

Fear of electrical storms.

Fear of the cleaning woman who has a spot on her cheek!

Fear of dogs I’ve been told won’t bite.

Fear of anxiety!

Fear of having to identify the body of a dead friend.

Fear of running out of money.

Fear of having too much, though people will not believe this.

Fear of psychological profiles.

Fear of being late and fear of arriving before anyone else.

Fear of my children’s handwriting on envelopes.

Fear they’ll die before I do, and I’ll feel guilty.

Fear of having to live with my mother in her old age, and mine.

Fear of confusion.

Fear this day will end on an unhappy note.

Fear of waking up to find you gone.

Fear of not loving and fear of not loving enough.

Fear that what I love will prove lethal to those I love.

Fear of death.

Fear of living too long.

Fear of death.

 

I’ve said that.

MIEDO de Raymond Carver

Miedo de ver un coche de policía incorporarse al tráfico.

Miedo de dormirme por la noche.

Miedo de no dormirme por la noche.

Miedo de que el pasado se subleve.

Miedo de que el presente cobre vuelo.

Miedo de que suene el teléfono en medio de la noche.

Miedo de las tormentas eléctricas.

Miedo de la señora de la limpieza, que tiene un lunar en la mejilla.

Miedo de los perros de los que me dicen que no muerden.

Miedo de la ansiedad.

Miedo de tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.

Miedo de quedarme sin dinero.

Miedo de tener demasiado, a pesar de que la gente no se va a creer ésto.

Miedo de los perfiles psicológicos

Miedo de llegar tarde y miedo de llegar antes que nadie.

Miedo de los sobres con la caligrafía de mis hijos.

Miedo de que mueran antes que yo, y de que me sienta culpable.

Miedo de tener que vivir con mi madre cuando sea vieja, y yo también lo sea

Miedo de la confusión.

Miedo de que el día termine con un toque de infelicidad.

Miedo de despertarme y que te hayas ido.

Miedo de no amar y miedo de no amar lo suficiente.

Miedo de que lo que amo resulte letal para los que amo.

Miedo de la muerte.

Miedo de vivir demasiado.

Miedo de la muerte.

 

Eso he dicho.

 Otros libros de Raymond Carver son “¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?” (Will you please be quiet, please?, 1976), “Elephant” (1988), “Ultramarine” (1986) o “Short cuts: selected stories” (1993).

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