LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (13ª PARTE)

 

Desde marzo de 1634, y en años sucesivos, la calma relativa se aposenta en la zona y Larache goza de tranquilidad que, no obstante, causó el efecto no deseado de que la plaza se viera cada vez menos atendida por la corona. Aún en 1648, Al-Ayaxi seguía asediando la Kasba de Salé, defendida por los andaluces seguidores de Muhammad al-Xaij al-Saguir, cuyo hermano Al-Wasid había sido asesinado dos años antes.

Pero a Al-Ayaxi le surgió, por entonces, otro problema más: en la zauía de Dila, su jefe desde 1637, Muhammad al-Hach, iba acrecentando su poder, y su atracción religiosa comenzó a ganar adeptos. Lo curiosos es que, durante esos años, al-Hach ayudó con sus tropas a las de Al-Ayaxi, venciendo a al-Saguir en 1638. La unión de estos morabitos hizo que las plazas españolas, entre ellas las de Larache, temieran un ataque inminente, cosa que no ocurrió. 

El único incidente reseñable que menciona García Figueras se produjo en julio de 1638, cuando los cabileños talaron varios huertos cercanos a Larache; en represalia, el Gobernador don Luis de Sotomayor, ordenó prender fuego a los trigales de la zona. 

Lo cierto es que Larache volvía a estar desatendida y Sotomayor se quejaba de ello al rey Felipe IV: miseria, hambre, deserciones, etc.. Los soldados se veían obligados a utilizar esteras para vestirse. Para colmo, hubo de enviar parte de sus tropas en ayuda de la Mamora, asediada de nuevo. 

Pero es en estos años cuando se produce la ruptura entre al-Ayaxi y el-Hach. En abril de 1640, el gobernador de Mazagán, don Francisco Mascarenhas, fue emboscado y pereció con todos sus hombres, lo que aprovechó al-Ayaxi para aumentar su presión sobre la Kasba de Salé; pero sorpresivamente los andaluces pidieron ayuda a Muhammad al-Hach y éste pasó a apoyarlos frente a los ataques de su anterior aliado al-Ayaxi. 

Enfrentados en la batalla de Azghar, al-Ayaxi fue derrotado, y refugiado al sur de Alcazarquivir, allí fue asesinado en 1641. De esta manera, Muhammad al-Hach pasa a convertirse en el nuevo hombre fuerte de Marruecos. Larache ve entonces un nuevo peligro en las huestes de al-Hach que, además, se complicó por lo que sucedía en la península: Portugal se independizaba de España, Cataluña se había sublevado, las guerras en Europa seguían desangrando las arcas reales, hay conjuras en Aragón y, en Andalucía, el marqués de Ayamonte intentaba nombrar rey al duque de Medinaceli; por su parte, Mazagán, Tánger y Ceuta, antiguas colonias portuguesas, amenazaban con levantarse igualmente. 

Las mehalas de Muhammad al-Hach habían llegado hasta Alcazarquivir, y Larache se veía amenazada. Pero, pese a ese temor, no se produjo el tan temido ataque. Por el contrario, hubo un intento de amotinamiento en la plaza de Larache en diciembre de 1641 liderada por dos soldados portugueses y uno extremeño que, finalmente, fue sofocada, y los dos portugueses fueron arcabuceados. 

Entre 1642 y 1652, Larache continuó en una calma relativa y tensa. La situación siguió siendo penosa para las tropas allí acantonadas, y eran repetidas las peticiones de embarcar a las mujeres y niños.

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Carte de la Rade et ville de Larache Levé lors de la Compagne de M.r Pointis a cette Cote en Juillet 1700. Bibliothèque nationale de France

Durante esos años, varios oficiales fueron encarcelados durante meses por decisiones injustas y arbitrarias de un nuevo gobernador, don Diego de Moreda, al que se le describe en distintas denuncias remitidas por alguno de estos oficiales al rey como alguien irritable, violento y corrupto. Pero siguió en su puesto. 

En 1648 aún se quejaba Diego de Moreda del escaso número de hombres con los que contaba para defender Larache en caso de asedio por las huestes de al-Hach, ya que su número disminuía a causa de las deserciones, enfermedades y licencias. 

Como antes decíamos, hasta 1652 la calma fue la tónica general en la plaza. Mientras tanto, Muhammad al-Hach comenzaba a temer a dos fuerzas que iniciaban su ascenso: por un lado, los alauíes, que daban sus primeros pasos para hacerse con el poder en Marruecos y desbancar a la dinastía saadí; y, por otro, la aparición en la comarca de Hebt, de Jadir Gailán, que en 1652 se adueñó de Alcazarquivir con la ayuda de quienes antes habían sido fieles seguidores de al-Ayaxi. 

Pero será de nuevo el Maestre de Campo y Gobernador de Larache, don Diego de Moreda, que se había ausentado de la plaza tres años, el que, de regreso volverá a centrar esta etapa de la Historia de la ciudad, pues será objeto de denuncias y reclamaciones a partir del año 1655. Como escribe Tomás García Figueras: “….la historia de Larache nos presenta, una vez más, una serie de páginas negras que, por su mismo contenido escandaloso y censurable, prestan mayor mérito a las otras muchas que nos hablan del valor y dignidad con que tantos hombres de la guarnición supieron afrontar las privaciones, el aislamiento, la lucha y las enfermedades durante años y años”. 

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En efecto, la figura de Diego de Moreda es como una inmensa mancha negra en la historia de Larache. Y es que, el propio monarca Felipe IV, será el primero en censurarlo después de haberlo mantenido en el puesto durante tan largo período de tiempo. 

El morabito Muhammad al-Hach volvía a crear la psicosis de que atacaría Larache. Varios jeques solicitaron asilo a de Moreda ante ese posible ataque y él los aceptó, lo que puso furioso al rey de España que hubo de ordenarle que los expulsara de la guarnición, ya que eran potenciales enemigos. Diego de Moreda hubo de rectificar y firmó un acuerdo con esos jeques para que se asentaran extramuros a cambio de su protección. Poco después, otro posible ataque de al-Hach sembró de pánico la zona, pero al comprobarse la falsedad de la noticia, el gobernador fingió estar enfermo para solicitar trasladarse al Puerto de Santa María. El rey le denegó el permiso. La razón era que ya se arrastraba otro asunto no menor que indisponía al monarca contra de Moreda. En concreto, esos hechos habían sucedido al poco del regreso del gobernador tras su ausencia de tres años cuando reintegró en su puesto al alférez Juan Fernández Arbina tras destituir al Ayudante de Sargento Mayor, el alférez don Alfonso Bolinches, que había sido nombrado en su ausencia por su sustituto interino, el capitán Palomino. El rey había pedido explicaciones y Diego de Moreda presentó un largo informe de descargo que, aunque era razonable, ocultaba el motivo real de su decisión, mucho más pueril y censurable, que Felipe IV conocía. 

Ese motivo había sido transmitido al rey de España por doña María Bolínchez, residente en la plaza. Le contaba en esa misiva al monarca que don Diego de Moreda había tratado de seducir a su hermana Margarita y que, para conseguirlo, encarceló a su marido, el capitán Luis Morales de Pedros, durante tres años. Tras la marcha del matrimonio a España, el gobernador lo intentó también con la misma doña María, a quien prohibió que pudiera salir de Larache. 

Como Diego de Moreda controlaba todo en la plaza, también accedió al contenido de ese escrito antes de que llegara al rey, y envió por su parte su versión de los hechos para contrarrestar el efecto de esa denuncia. Para ello, urdió un argumento de melodrama: le relataba a Felipe IV que en realidad todo era una treta de quien fue su sustituto en el cargo durante los años en España, el capitán Palomino, amante, según él, de doña María Bolínchez, quien, despechado porque les negó el permiso para marcharse juntos de Larache, ya que eso contravenía la ley de Dios, había inventado tales hechos para perjudicarle. 

A la vez que esto sucedía, el Veedor de Larache, don Andrés del Carte, también escribió al rey para pedir permiso para que le permitiesen viajar y dar cuenta en persona de ciertas prácticas irregulares del gobernador. Y también en esta ocasión, la misiva fue objeto de inspección previa por de Moreda, que usó la misma treta: enviar por su parte un informe denunciando al Veedor, acusándolo de comerciar en Larache en su propio provecho. 

En el mes de mayo de ese mismo año de 1655, Jadir Gailán, que ya controlaba Alcazarquivir y Arcila, atacó Larache y le puso sitio. Pero Diego de Moreda, por sorpresa, salió a campo abierto con sus hombres aplastando a los sitiadores, causando más de ciento sesenta muertos al enemigo, y Gailán desistió del acoso a la ciudad. 

Al poco de suceder todo lo anterior, don Diego de Moreda falleció en julio de ese mismo año. Pero, tal y como relata Tomás García, es entonces cuando gracias a una carta que remite el Padre Guardián del Convento de San Antonio de Larache, fray Diego de Ángel, al rey Felipe IV, conocemos en toda su dimensión la mezquindad del Maestre de Campo don Diego de Moreda. El fraile suplicaba la ayuda del monarca ante la necesidad de los enfermos y heridos que se acinaban en la guarnición, a quienes, denunciaba el clérigo, el gobernador había negado alimentos y ayuda, ya que para él solo eran pobres y tullidos. 

El 10 de septiembre llegó el nuevo gobernador de Larache, el Maestre de Campo don Benito de Figueroa y Barrantes que, de inmediato, informó de la lamentable situación en la que se encontraba Larache: falta de hombres, numerosos heridos y enfermos, falta de avituallamiento, de armas, de cañones, y falta de mantenimiento en las murallas, que necesitaban de urgentes reparaciones. Nada que no se hubiera ya repetido desde que se ocupara Larache. Pero entre sus informes destaca algo llamativo y que demostraba el lamentable estado de las tropas: informaba don Benito de Figueroa que, como era bien sabido, los gobernadores pagaban 10 pesos a cualquiera que rescataran a cautivos en manos del enemigo. Pues bien, algunos soldados de Larache, para evitar tantos sufrimientos, habían fingido haber sido capturados, entregándose a los marroquíes para que estos los entregasen de vuelta a cambio de la recompensa. Con ello conseguían, además, que, como excautivos, los devolviesen a España. 

Mientras todo esto sucedía, se abría un atestado para que quedasen bien claros los desmanes y abusos cometidos por el fallecido gobernador de Larache, don Diego de Moreda. 

Seguirá…

ENLACES A LAS ENTREGAS ANTERIORES:

-Entrega 1ª:  https://sergiobarce.blog/2014/07/30/larache-una-obsesion-para-el-rey-felipe-ii-1a-parte/

-Entrega 2ª:  https://sergiobarce.blog/2014/08/22/larache-una-obsesion-para-el-rey-felipe-ii-2a-parte/

-Entrega 3ª:  https://sergiobarce.blog/2015/03/26/larache-siglo-xvi-3a-parte/

-Entrega 4ª:  https://sergiobarce.blog/2017/06/15/larache-siglos-xvi-xvii-4a-parte-2/

-Entrega 5ª:  https://sergiobarce.blog/2017/09/11/larache-siglos-xvi-xvii-5a-parte/

-Entrega 6ª:  https://sergiobarce.blog/2017/12/18/larache-siglos-xvi-xvii-6a-parte/

-Entrega 7ª:  https://sergiobarce.blog/2018/06/03/larache-siglos-xvi-xvii-7a-parte/

-Entrega 8ª:  https://sergiobarce.blog/2019/07/04/larache-siglos-xvi-xvii-8a-parte/

-Entrega 9ª:  https://sergiobarce.blog/2019/08/09/larache-siglos-xvi-xvii-9a-parte/

-Entrega 10ª: https://sergiobarce.blog/2020/05/03/larache-siglos-xvi-xvii-10a-parte/

-Entrega 11ª:  https://sergiobarce.blog/2020/10/03/larache-siglos-xvi-xvii-11a-parte/

-Entrega 12ª: https://sergiobarce.blog/2021/07/11/larache-siglos-xv-xvi-12a-parte/

Sergio Barce, julio 2022

 

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TALLER DE ESCRITURA CON MI NOVELA «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER»

El pasado 28 de junio, en la Librería Proteo de Málaga, asistí al Taller de Escritura que organizó y dirigió Augusto López, con mi novela La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal) como libro a debatir y analizar.

He de decir que fue muy divertido para todos y enriquecedor para mí, y espero que para los asistentes. El grupo que Augusto dirige es abierto, curioso y franco, un placer haberlos conocido y escuchado. Supieron estrujar mi libro al máximo y sus preguntas me abrieron perspectivas de las novelas sobre las que no se me habría ocurrido pensar.

El proceso creativo, la construcción de una novela, la metodología de trabajo o las razones por las que narro casi siempre ambientando mis obras en Marruecos nos sirvieron no solo para alimentar el taller sino para conocernos todos un poco más. Solo espero que Fernando, Coral, Pepe, Adela, Miguel Ángel, Silvana y Ana (las dos) que me acompañaron junto a Augusto pasaran un buen rato (ésa fue la impresión que me transmitieron al menos) y que podamos repetir.

Agradecido por la invitación de Augusto López que cuenta con un grupo de trabajo realmente bueno. (Por supuesto, como muestran las fotos, al acabar el taller compartimos unas merecidas cervezas).

Sergio Barce, julio 2022

 

De izquierda a derecha: Fernando, Coral, Pepe, Sergio, Adela, Augusto, Miguel Ángel, Ana, Silvana y Ana.
Y un vídeo, por si queréis escuchar algo de cuanto analizamos…

https://www.facebook.com/Librerias.Prometeo.Proteo/videos/270991715230370

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«MELILLA 1936», UNA NOVELA DE LUIS MARÍA CAZORLA

Como ya hiciera en sus anteriores novelas ambientadas en el Protectorado español de Marruecos y en la II República, con títulos como La ciudad del Lucus, El general Silvestre y la sombra del Raisuni, Las semillas de Annual o La rebelión del general Sanjurjo, Luis María Cazorla vuelve a sumergirnos en otro episodio histórico con su nueva obra Melilla 1936, ambientada en los días previos al golpe de Estado contra la República.

Con su habitual estilo tan galdosiano, en esta ocasión Cazorla recrea el ambiente, las circunstancias, los hechos concretos que acaecieron en Melilla en esas tristes jornadas que dieron origen a la guerra civil. Como bien explica en la nota que cierra el volumen, al contrario que en sus anteriores novelas, en ésta todos los personajes son reales, protagonizaron los acontecimientos que se relatan y reviven gracias a un cuidadoso trabajo de investigación y documentación.

Fiel a ese estilo que antes mencionaba, Luis María Cazorla logra reconstruir el ambiente que se respiraba en la ciudad, la tensión entre los grupos de izquierdas y republicanos por un lado y los militares y falangistas que preparaban el golpe de mano por otro. Utiliza para ello a un personaje singular y admirable: Joaquín María Polonio Calvente, el juez de primera instancia e instrucción que fue designado para ocupar la vacante del juzgado de Melilla en tales fechas, y a través de su mirada lúcida y racional asistimos a los hechos que se fueron precipitando en esos días. Cazorla no oculta su admiración por este hombre íntegro y leal, que solo pretendía hacer cumplir la ley sobre cualquier otra consideración, y tampoco disimula su respeto hacia su figura como defensor del Derecho, probablemente porque el autor es también un reconocido y prestigioso jurista.

“…<La entrevista con el general Romerales fue decepcionante -escribía poco después Joaquín Polonio mientras que a través de la ventana entreabierta llegaban ruidos dispersos, última entrega de la animación que había reinado hasta hacía poco en la concurrida calle donde estaban el juzgado y su vivienda-. Este militar de alta graduación es culto, ha escrito varios libros y creo que toca aceptablemente el piano, me parece, además, una buena persona, pero, aunque está cargado de buenas intenciones republicanas, lo veo cautivo de una ingenuidad que deforma la realidad que lo rodea. Ojalá me equivoque, pero considero que no da la talla para un puesto tan delicado como el que desempeña. Es la segunda vez que lo nombran jefe de las fuerzas militares de la circunscripción oriental y comandante general de Melilla, y, a pesar de ello, cuando me entrevisté con él hace unos días me dio la impresión de no haberse caído todavía del guindo. Lo veo demasiado confiado y haciendo lo indecible por resaltar que tiene todos los resortes militares en sus manos. Que me disculpe, pero por los contactos personales que voy teniendo y por todo lo que me llega al juzgado, dudo mucho que a los Seguí, Barrón, Gazapo, Bartomeu, Rolando de Tella y compañía los tenga embridados. Me temo que estos militares tienen carácter más fuerte, experiencia de mando directo más actualizada y determinación más férrea que Romerales, por muchos distintivos de general de brigada que éste exhiba en su uniforme. Por decirlo de otra manera: estoy muy preocupado. Redactar estas líneas me sirve de desahogo.

(…) Me preocupa mucho la actitud amenazante de los militares que no soportan el sesgo que ha tomado la República con la victoria electoral del Frente Popular. Las informaciones que recabo de aquí y de allí y las opiniones que voy formando a partir de conversaciones más o menos fortuitas con sus cabecillas me llevan a pensar que son muchos, que les son afectas muy importantes unidades de la circunscripción y que se están preparando concienzudamente para no sé qué, pero, en todo caso, para algo atentatorio contra la legalidad republicana con la que se consideran incompatibles. Me dan mucho miedo los Seguí, Barrón, Bertomeu y compinches… (…) Cuando hablo con Romerales de este feo asunto, me queda el agrio sabor de boca producido por lo que voy a llamar su aldeanismo. Parece solo mirarse en el ombligo de Melilla; su visión llega poco más allá de Nador y Segangan y lo hace muy a duras penas hasta Alhucemas. No hay que tener muchas luces para comprender que la trama de militares antifrentepopulistas únicamente tiene sentido encadenada con otras de mucho más allá de Melilla.

Si se me apura, la entrevista con Romerales me sirvió para tomar conciencia de que el horno que es Melilla hierve a temperatura todavía más alta que la que yo soy capaz de apreciar. Hasta ese momento me limitaba a la idea que me he ido haciendo de los militares enfrentados a una República que, según ellos, está traspasando muchos límites infranqueables. No era consciente de la confabulación de otro tipo de militares descontentos que, primero, consideran que la República del Frente Popular está amenazada por sus compañeros derechistas, y, segundo, que la República está siendo demasiado pacata en sus avances sociales y políticos. A raíz de la reunión del otro día en la comandancia general he indagado con la ayuda de Lalaguna y me han soplado varios nombres de este último grupo entre los que he retenido los de los capitanes Leret, Casado y Rotger y del teniente Arrabal, que con mayor o menor intensidad conspiran con este otro sector…”

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Con habilidad, Luis María Cazorla hace de su protagonista un hombre de carne y hueso y creíble. Sus pensamientos, que va volcando en un diario que escribe cada noche, sus inseguridades, sus temores y sus ideales de justicia nos acercan a él, hasta el punto de que acabamos, al menos en mi caso, por sentir una cierta compasión. Compasión porque poco a poco contemplamos cómo la realidad lo fue engullendo pese a su resistencia numantina. Y es que Joaquín Polonio, como juez, decidió atenerse a la legalidad y, sin embargo, eso no bastó para que, quienes quebraban el orden establecido, respetasen su buen hacer y su saber estar. Joaquín Polonio era un buen hombre y su actitud representa la integridad, la justicia y la honradez.

Cazorla también consigue que asistamos al golpe de Estado que se urdió en Melilla casi segundo a segundo. Bien documentado, como decía antes y tal y como Luis me ha confirmado cuando hemos hablado de la novela, coloca al lector en mitad de los conciliábulos y de las reuniones que se iban organizando por los rebeldes día a día, descubriéndonos la clase de gente que eran, sus dudas, sus pasiones y sus fanatismos. Cómo iban logrando que otros militares, dubitativos, acabaran engrosando sus filas a base de intimidación y de presiones de todo tipo. Y también mostrarnos la fragilidad de una República que, en el instante más crucial, estuvo en manos de autoridades, civiles y militares, sin carácter y sin valentía, como el general Romerales en Melilla o Casares Quiroga en Madrid.

“…Solans, al enterarse de que le iba a informar de algo que le interesaría relacionado con el juez que le había plantado cara, recibió a García Vallejo la misma tarde del sábado, a pesar de la desenfrenada actividad de aquellos momentos cruciales para el levantamiento le obligaban a desplegar.

Lo recibió en el despacho que le correspondía como nuevo jefe de la circunscripción oriental de Marruecos y comandante general de Melilla. Lo hizo acompañado del teniente coronel Peñuelas, que de jefe de estado mayor había pasado a encargarse de los asuntos de justicia.

(…) Cuando García Vallejo concluyó satisfecho al percibir que había dado en la diana, Solans se concedió quebrar su normalmente mesurado comportamiento. Por su boca se despeñaron exabruptos malsonantes y cuarteleros dedicados al roblizo magistrado. Pero al pronto se controló, su semblante volvió a su ser natural sobrio y comedido. Agradeció a su visitante la información y, virando la cabeza hacia un Peñuelas que no había parado de escribir, le ordenó con palabras cortantes: <Redacte usted con toda urgencia un informe que recoja al detalle estos hechos y manifestaciones y páselos sin demora alguna a la auditoría de guerra para que nos informe de cómo proceder contra ese juececillo que se permite desafiar de palabra y ahora con hechos las órdenes de la autoridad nacida de nuestro movimiento nacional. ¡Quiero que esté esta misma tarde! ¡Comportamientos como el suyo no pueden quedar impunes! ¡Contra el enemigo con armas o sin armas hay que extremar la contundencia hasta donde sea menester!>. Estas aterradoras palabras quedaron suspendidas en el aire mientras que Peñuelas y García Vallejo se despedían y salían zumbando del despacho. Solans, cuando volvió a sentarse en el sillón del escritorio, murmuró para sí: <Creo que lo hemos pillado. No tomaremos el juzgado con las armas, como le dije ayer al dichoso juez, lo haremos con lo que se pavonea tanto, lo haremos con la ley, con el Código Penal>, y procedió seguidamente a revisar las listas de sindicalistas, militantes de organizaciones izquierdistas y dirigentes frentepopulistas que había que localizar sin tardanza para que los de la Falange de la sangre, que encabezaban el teniente y cruel falangista Sánchez Suárez y el herrador militar y fanático falangista Cuadrado Yelo, los eliminaran por la vía rápida…”

La conclusión de la novela es devastadora: los golpistas fueron capaces de retorcer la interpretación de la ley para aplicarla a su capricho. Si era necesario mentir, se mentía. Si era preciso pervertir los consejos de guerra, se pervertían. Si era beneficioso para la causa rebelde condenar a un inocente, se le condenaba. Todo bajo la excusa de regenerar a España y salvarla de la República. Lo que sí me queda claro es que el triunfo del Frente Popular y el asesinato de Calvo Sotelo solo fue una excusa para el definitivo levantamiento de los militares que ya venían rumiando desde hacía años.

Me ha conmovido el paso de Joaquín Polonio por la alcazaba de Zeluán, convertida, tras el golpe de Estado, en un campo de concentración; su estado calamitoso, sus penurias a la espera de un juicio que presumía injusto y vengativo. Luis María Cazorla parece proyectarnos en una pantalla esos días de reclusión, para enseñarnos la manera en la que los golpistas trataban de quebrar la entereza de un hombre bueno. La degradación a la que lo sometían, no solo a él sino a todos los detenidos.

Pero Cazorla, sin apartarse de los hechos acaecidos, rinde un hermoso homenaje a este juez humilde e íntegro que no se dejó arrastrar por los acontecimientos, que supo defender sus principios morales y éticos y que no se humilló ante los fascistas.

“…Soy consciente -masculló para sí ya en el despacho- de la impotencia de una lucha estrictamente jurídica contra el poder militar armado hasta los dientes y encabezado por jefes ebrios de odio y deseos de venganza frente a la mayor parte de la sociedad melillense que no piensa como ellos, como se demostró en las elecciones del pasado febrero. No soy menos consciente -siguió recapacitando mientras se sentaba en el sillón de su escritorio- de que lo que yo pueda hacer sería inútil casi con toda seguridad. Lo sé todo, no me engaño, pero tengo que ser fiel a la misión a la que he consagrado una parte muy importante de mi persona y hacerlo cueste lo que cueste…”

Una novela para adentrarse en los días más oscuros de nuestra Historia y descubrir a un héroe anónimo al que he comenzado a admirar desde que Cazorla lo ha rescatado del olvido.

Melilla 1936 ha sido editada por Almuzara.

Sergio Barce, julio 2022

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FOTOS DE CINE – 28

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Esta imagen es un fotograma de la película Solo ante el peligro (High noon, 1952), de Fred Zinnemann, un primer plano de su protagonista: Gary Cooper.

Vigilando a través de una ventana, desde donde se refugia del acecho de la banda de Miller y sus hombres, su rostro, sin más artificios, expresa toda la intensidad del momento: incertidumbre, tensión, miedo, soledad, valentía, remordimiento, determinación. El sheriff Will Kane, al que interpreta en este inolvidable papel, está en una encrucijada: ¿ha hecho bien en regresar al pueblo del que hasta ese día era sheriff o debió seguir su camino y desentenderse de la vuelta de los salvajes pistoleros de la banda de Miller y los suyos?

El trabajo de Gary Cooper en esta película es irrepetible, majestuosa, emocionante. Su mirada en esta foto es tan profunda, tan significativa. Hay un aire de pesadumbre y de derrota en sus pupilas, pero también de dignidad y de experiencia. Proyecta tantos matices en este papel que, pese a tratarse de una película sin un gran presupuesto, le supuso su segundo Oscar como mejor intérprete.

Gary Cooper era el protagonista absoluto de la cinta, pero hay que reconocer que estuvo muy bien arropado por el resto del elenco, entre los que se encuentran lo mejor de los actores secundarios de la época. Grace Kelly, la mujer con la que acaba de casarse cuando arranca la película, con su fragilidad y belleza, es el contrapunto perfecto a su personaje. Luego están el gran Thomas Mitchell, la soberbia Katy Jurado, que obtuvo también el Óscar a mejor intérprete de reparto femenina, Lloyd Bridges, quizá en uno de sus mejores papeles como el brabucón y cobarde ayudante del sheriff, Otto Kruger, Harry Morgan, Lon Chaney jr, Robert J. Wilke, Ian McDonald o ese secundario de lujo que era por entonces Lee Van Cleef. Y, por supuesto, sin olvidarnos de su banda sonora, compuesta por Dimitri Tiomkin, que es una de las obras maestras del cine.

A Gary Cooper se le considera uno de los mejores actores de la historia, y en Solo ante el peligro lo demostró con creces. Es una de esas peliculas que he de volver a  ver cada año, y nunca me canso.

Sergio Barce, julio 2022

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YA EN IMPRENTA

Tras las galeradas, mi nuevo libro de relatos El mirador de los perezosos, ya está en imprenta. Saldrá en tapa dura, como mi anterior título Una puerta pintada de azul. La maquetadora, Nuria Ogalla, ha vuelto a realizar un trabajo encomiable. Ahora, a esperar que la nueva criatura salga del horno. La cubierta es de la pintora Consuelo Hernández.

En cuanto la edición esté en la calle, lo comunicaré. Las presentaciones empezarán a partir del mes de septiembre.

 

 

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