CALENDARIO PRESENTACIONES DE LA NOVELA “MALABATA”

A medida que se vayan fijando las fechas y lugares de las diferentes presentaciones de mi novela Malabata, lo iré anunciando. Están pendientes de confirmar las que se harán en Valencia, Ceuta, Tánger y Madrid.

Pero os adelanto las fechas y lugares de las que ya son definitivas, para que anotéis en vuestros calendarios:

 

SEAP

MÁLAGA –  15 de Octubre

En la Sociedad Económica Amigos del País

Presenta el poeta y viajero infatigable

Víctor Pérez Benítez

VP

VÍCTOR PÉREZ

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LP

TORREMOLINOS –  25 de Octubre

En la Librería Pérgamo

Presenta el novelista y aviador romántico

Mario Castillo del Pino

MCP

MARIO CASTILLO

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LBLL

BARCELONA –  23 de Noviembre

En la Librería Barra Llibre  (en el barrio de Sants)

Presenta el escritor, músico y publicista on a battlefield

Juan Pablo Caja

JPC

JUAN PABLO CAJA

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malabata

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“PIZZICATO” CON MIGUEL ROMERO ESTEO

El pasado 23 de septiembre acudí al Rectorado de la Universidad de Málaga donde comenzaba un ciclo dedicado a la memoria y obra del dramaturgo Miguel Romero Esteo, organizado por la propia Universidad y la Asociación que lleva su nombre, que ese día estaba dedicado a “La música en la obra de Miguel Romero Esteo”.

Fue una suerte ir, porque disfruté enormemente al encontrarme allí con dos amigos, mi profesor de filosofía Juan Gavilán, y el poeta Salvador López Becerra, y los tres recordamos anécdotas de nuestros años con Miguel o de sus frases inolvidables y de su actitud ante la vida y el teatro. Y también disfruté con la interpretación de los temas musicales que ejecutó el Cuarteto de Cuerda de la Orquesta Málaga Camareta, con la soprano Lourdes Martín-Leiva y con los arreglos, adaptación y dirección musical de Luis María Pacetti. La actuación fue divertida, como no podía ser de otra manera tratándose de partituras ideadas por Miguel Romero, pero también de gran calidad. Nos sorprendieron muy agradablemente y cantamos todos como si estuviésemos en una taberna tomando jarras de cerveza. Literal.

Miguel Romero Esteo

Miguel Romero Esteo

Después del acto volvieron los recuerdos, como me ocurrió cuando me llegó la noticia, hace ya un año, de su muerte. Miguel Romero Esteo, una de las personas más generosas que he conocido, que fue Premio Nacional de Literatura Dramática, Premio del Consejo de Europa por su obra magna Tartessos o Premio Andalucía de Teatro, dedicaba parte de su tiempo a enseñarnos a escribir a un grupo de muchachos y muchachas universitarios, como él nos llamaba. Con él aprendí a narrar con cierta decencia, y fue él quien me editó, en sus Papeles del Calafate, un par de mis relatos. También me descubrió a autores que yo no conocía y me abrió a un mundo narrativo distinto e innovador.

Y esa misma noche del pasado lunes busqué en mi biblioteca el ejemplar de su pieza de teatro Pizzicato irrisorio y gran pavana de lechuzos (Cátedra – Madrid, 1978), que compré en la Librería Proteo en 1982 por trescientas pesetas, y releí una vez más su pequeña autobiografía que sirve de presentación del autor antes de su obra teatral. Y no dejé de sonreír mientras leía, sonreía por sus anécdotas y por su peculiar forma de construir las frases, únicas e inimitables. Y he pensado que no estaría mal traer un fragmento para compartirlo con vosotros.

Sergio Barce

dav

Sergio Barce, Juan Gavilán y Salvador López Becerra

Fragmento de su Introducción al curriculum vitae y al agua de rosas, de su libro Pizzicato irrisorio y gran pavana de lechuzos:

“Los años de la postguerra.

Liamos los bártulos otra vez, y nos volvimos al pueblo. En el pueblo se habían quedado las gentes de orden y las gentes de bien. Y las gentes de orden y las gentes de bien se habían saqueado una por una sistemáticamente todas las casas. Y no unas cuantas casas de ricachos caciques como es lo que los milicianos habían hecho. En el pueblo, muchas gentes de orden y gentes de bien se han pasado los muchos años de la postguerra yéndose a Córdoba a venderles muebles y cosas del botín a los anticuarios, y de eso han venido viviendo tan ricamente. Hasta las monjas y los frailes habían coparticipado caritativamente en esa cosa del saqueo sistemático y el botín. Todo el pueblo estaba minuciosamente saqueado, y las gentes de orden y las gentes de bien decían que ellas no habían sido, que habían sido los moros. De nuestra casa se habían llevado como botín hasta los clavos de las paredes. Así que otra vez a dormir en el suelo, y qué hacer y qué no hacer. De las monjas se trajo mi madre tan sólo el santo cristo, y les dejó no sé qué óleos que valían mucho y que las indinas de las monjas no querían soltar. Visto que entre saqueo y fusilados el pueblo era una tumba, encomendándose piadosamente al santo cristo mi madre lió los bártulos, y nos fuimos a Málaga.

(…)

Al llegar ya con la primavera las primeras calores, nos bañábamos de matute y en pelota los chiquillos en la playa de El Morlaco. Luego, en una hoguera en mitad de la playa, nos asábamos mejillones, lapas y cañaiyas. Y sardinas que nos daban cuando a los pescadores les ayudábamos a tirar del copo. A las lapas había que sacarles una cosa verde -puede que la bilis, o algo así- antes de comérnoslas. En cuanto que me veía llegar bien tostado del sol y con olor a mar, mi madre me investigaba las cejas para ver si tenían salitre. Y si tenían salitre, es que me había bañado en cueros vivos, y me breaba mi madre los cueros con la zapatilla. Así que luego de bañarnos de matute, los chiquillos íbamos a una fuente y allí nos quitábamos de cara y piernas y brazos el salitre a base de agua dulce. Entonces el mar estaba siempre lleno de barcos de vela. De blancos veleros en mitad de las aguas por bajo del sol. De los cartuchos de caza -que había traído mi padre cuando apareció por Navidad- lo que más me gustaba era cogerles a puñados los pistones, y poner luego un rosario de pistones en la vía del tranvía. Y luego, al pasar el tranvía, los pistones explotaban igual que un tiroteo, y se paraba el tranvía, y se bajaban los tranviarios a ver si era la caja de transmisiones que se les había reventado, o era el maquis de las montañas. Otra cosa que mucho me gustaba era fabricar cometas con cañas, engrudo y papel de periódicos. Luego se nos quedó vacío el piso bajo, y allí en la habitación de fondo organizábamos un escenario, y en la habitación de por delante se sentaban las chiquillas hermanas de mis amigos, y hacía de boca del escenario la puerta entre ambas habitaciones. Con colchas y sábanas y espadas hechas a base del tallo de las hojas de palmera, improvisábamos espectáculos para las chiquillas y los niños chicos. Había un hilo argumental que siempre era a base de barco, capitán pirata al abordaje, y luego un fantasma ensabanado. El barco lo hacíamos con sillas, y encima una sábana grande. La verdad es que la cosa terminaba siempre como happening, o terminaba en un combate de esgrima. O terminaba con el fantasmón de la sábana poniéndole un tenedor en el cogote al pirata, y matándoselo a base de tenedor allí en mitad del suelo. Y es que si utilizábamos cuchillo, mi madre luego me organizaba una reprimenda de aúpa, y nos echaba rápido a la calle en cuanto nos veía en plan de teatro en las habitaciones vacías…”

Miguel Romero Esteo

Pizzicato irrisorio... portada

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“MALABATA”, DE SERGIO BARCE, YA EN LA LIBRAIRIE DES COLONNES DE TÁNGER

 

Malabata en Librairie des Colonnes

Tánger, 27 de septiembre 2019. Mi novela Malabata (Ediciones del Genal – Málaga, 2019) ya en la Librairie des Colonnes, junto a los libros de dos amigos, Limones  negros, de Javier Valenzuela, y Cócteles tangerinos, de Alberto Gómez Font. ¿Qué mejor compañía?

Mi agradecimiento a mi hermano Abderrahman Lanjri por llevar los ejemplares hasta Tánger.

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Yousef, Abderrahman y Abderrahman Lanjri

Mi novela Malabata invadiendo la Librairie des Colonnes, de Tánger, de la mano de tres amigos y paisanos larachenses: Youssef Chghaich, Abderrahman Assorhani y Abderrahman Lanjri.

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RESEÑA POR EL POETA VÍCTOR PÉREZ A LA NOVELA “MALABATA”, DE SERGIO BARCE

malabata

En el siguiente enlace y más abajo, en este mismo blog, podéis leer la reseña que ha escrito el poeta Víctor Pérez, perteneciente al grupo Capitel de Málaga, sobre mi novela Malabata (Ediciones del Genal – Málaga, 2019).

https://siroco-encuentrosyamistad.blogspot.com/2019/09/malabata-de-sergio-barce.html

 

El cabo de Malabata a 10 Km de la ciudad de Tánger, posee un faro y un castillo medieval, desde hace ya casi cuarenta años existe un proyecto de unir a través de un túnel ferroviario subterráneo, bajo el mar, la punta Malabata con punta Paloma en España; unir África y Europa es el sueño que nació cadáver, como muertos parecen los sueños de los protagonistas de la novela de Sergio Barce que junto a “El libro de las palabras robadas” y “La emperatriz de Tánger” completa una trilogía cuyas escenas se desarrollan en Tánger durante los años cuarenta y cincuenta, años en los que la capital tangerina, dotada de un status privilegiado de ciudad internacional, fue ocupada por personas y personajes huidos de acontecimientos y lugares sometidos a las consecuencias del final de la segunda guerra mundial, un mundo de perdedores sin escrúpulos que buscan su salvación a toda costa.

La novela de Sergio Barce es excepcional, para mí la mejor de las tres, mantiene una tensión narrativa desde la primera a la última página. Todo comienza como así debe ser para una buena novela noir: un asesinato, mejor decir de dos asesinatos.

“El inspector jefe Hourani no podía librarse de la imagen de Christian Tesson yaciendo sobre el frío mármol en el depósito de cadáveres, solo y olvidado, algo que le costaba asimilar porque creía que el subinspector no merecía ese final tan trágico. La vida termina siendo injusta demasiadas veces, pero si meditaba en profundidad sobre todo lo ocurrido tenía que admitir que en realidad nada podía haber acabado bien en esa historia. Ahora le parecía que había transcurrido un siglo y, sin embargo, todo se desencadenó tras el asesinato de Jacques Duhamel, cometido apenas unas semanas atrás”.

La narración vira hacia el pasado para a través de las investigaciones policiales intentar desentrañar a los asesinos del primer crimen. Una investigación dirigida por el inspector jefe marroquí nacido y criado en Bélgica Amin Hourani, que previa a su llegada a Tánger había trabajado en Beirut.

Una novela llena de violencia y rencores, de traidores y espías, pero también plagada de ternura y esperanza. Un ambiente nocturno y sórdido (el de los cafetines tangerinos), pero también de penas y fracasos aliviados en la apacibilidad y humanidad de los personajes. La novela se lee con vértigo y te mantiene en tensión desde las primeras a las últimas escenas. La habilidad de Barce es conseguir evocar con sus descripciones y diálogos, crear imágenes dotadas de poderío. Como lector no he leído “Malabata” con los ojos, sino con los “ojos de la mente”, que, como decía Stevenson, es encontrar la pepita de oro, que desde luego, la ha conseguido.

Se contagian las pasiones del autor: la literatura y el cine, que encontramos determinantes en toda la novela, como son el libro raro de Goethe o la escena de Gary Cooper en “Solo ante el peligro”.

Los personajes secundarios son magníficamente dibujados, lo que dice mucho de la textura y equilibrio de toda la trama. Así el subinspector Medina, ayudante del inspector jefe Hourani, adscrito permanentemente al mismo número de lotería que comparte con su jefe, es un policía expeditivo y angustiado, escéptico, sabedor que los sueños quedan igual que los cadáveres en una cuneta o Christian Tesson, el inspector que lleva impregnando en su alma el rencor y el odio de un pasado cruel del cual exige venganza o Yamila, una bellísima danzarina, que le arrebata el alma a Hourani y que a su vez es la última esperanza a la que se agarra el inspector jefe.

Novela con mayúsculas, con momentos líricos también memorables como la siguiente escena en el desierto:

Por fin pudo encenderse un cigarro. Había dejado a sus hombres acostados en el interior de la tienda y se había llevado consigo un candil que dejó en el suelo, junto a sus pies. Se sentó al abrigo del muro de piedra, bajo un cielo inconmensurable repleto de estrellas que parecía fáciles de ser asidas con las manos, como simples racimos de uva colgados del techo. El desierto es así de inextricable, capaz de ofrecer los horizontes más lejanos y a la vez la posibilidad de rozar la luna con la yema de los dedos.”

Una novela llena de humo y de soledad, de sueños rotos y de esperanzas cosidas de un hilo.

Una nota aclaratoria del autor nos avisa de que no es todo real, a mí me lo parece, o por lo menos así podía haber sido sin duda, es la verosimilitud lo que hace a “Malabata” tan compacta, sedosa y atractiva.

El Glosario de árabe es un aporte inteligente y oportuno que nos ayuda no solo a comprender ciertas expresiones de los diálogos, sino que nos enseña expresiones muy fáciles de aprender y que son de gran utilidad, como Shukram (gracias), Saha (salud) o Safi (ya está).

Como lector habitual, afirmo con rotundidad que Sergio Barce se ha convertido en uno de los mejores escritores euroafricanos de novela noir.

Mi enhorabuena.

Víctor Pérez Benítez

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Víctor Pérez, Mónica López y Sergio Barce

 

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