14 DE JUNIO – “EL NADADOR”, DE PABLO BARCE, SE ESTRENA EN LARACHE

M´ZORA 2019

Dentro de la programación del encuentro M´Zora Caravane 2019, el cortometraje El nadador, dirigido por Pablo Barce, se proyectará en la Casa de la Cultura de Larache el día 14 de Junio a partir de las 20:00 horas.

Junto a El nadador, película que se ambienta en Larache y en la que intervienen actores locales, se proyectarán también los siguientes cortos:

96º, (15’) dirigida y realizada por Outman Akjeje (Marruecos).
Je suis mon rêve (30’) de Charley Case y Manuela de Tervarent (Bélgica),
Casa XII, (11’) dirección y realización de Josep Ginestar (España).

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EQUIPO TÉCNICO DE EL NADADOR:

Pablo Barce (director)
César Martínez (productor)
Ali Bakkioui (productor Marruecos)
Jorge Revuelta (jefe de producción)
Ismael Bakkioui (producción Marruecos)
Candela García (secretaria de producción)
Pablo y Sergio Barce (guión)
Arturo Salmerón (ayudante de dirección)
Manu M. Manrique (ayudante de dirección en Calpe)
Jorge Roig (fotografía)
Cristina Campayo (vestuario)
Marta Suárez (ayudante vestuario)
Lola Ruiz (maquillaje y peluquería)
Emilia Martín-Peñasco (montaje)
Diego Sainz (script)
Daniel Gracia (sonido)
Borja Luís (postproducción de sonido)
Sheila Rodríguez (auxiliar de foto)
Leticia Iniesta (ayudante de foto)
Carlos Rodil (ayudante de foto en Calpe)
Mohamed Bachir Temini (foto fija)
Graciela Izquierdo (dirección de arte)
Ahmed Belkhadir (atrezzo)
Fran Condor (colorista)

Y los actores:

Taha El Mahroug
Amin Moutaouii
Nezar Moussa
Morad El Jaouhari
Ghita Taha
Youssef Chghaich
Ahmed Bilal
Mario Zorrilla
Sergio Barce jr.
y la gente de Larache

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“UN SOLAR ABANDONADO”, UNA NOVELA DE MOHAMED EL MORABET

Llevo una racha de lecturas excelente. Hace días acabada El pasado simple (Le passé simple) de Dris Chraibi, y mientras andaba con De mujeres con hombres (Women with men) de Richard Ford, se me ha colado Un solar abandonado, de Mohamed El Morabet. Además, he tenido la fortuna de conocer a Mohamed en persona y hemos conectado. Después de leer su libro he comprendido la razón: nos une el mismo alambique en el que se destilan los sentimientos.

UN SOLAR ABANDONADO portada

El estilo de Mohamed El Morabet es elegante y silencioso. Con algo de “vilamatense”. Sabe dosificar con inteligencia las distintas piezas con las que juega en esta novela: la vida diaria del protagonista, Ismael Atta, su obligado viaje de regreso a Alhucemas después de años de ausencia, los relatos que se cuentan en la Dekka sin dientes (feliz reunión de cuentistas), el desasosiego que crea ese solar abandonado que da título a la novela, los libros de la abuela…

Silencio.

Trato de escuchar con atención las palabras escritas por Mohamed El Morabet.

Largo silencio.

Y mientras nos pasamos la pipa, con boquilla de mármol blanco norteño, llena de kif, me llegan por fin algunas frases:

“…Mi abuela, ¿sabes Laia?, me cuidó desde que cumplí los cinco años. Era taciturna, igual que tú. Ya te dije que tuvo dos libros en su vida, aunque era analfabeta. No sabía leer ni escribir. Y amaba aquellos libros. Los ojeaba por las tardes, después de sus maratonianas mañanas de ama de casa atareada. Me pasé horas y horas mirándolos con ella. Los primeros años de nuestra convivencia, cuando la veía cogiéndolos del primer cajón de la estantería del salón, donde guardaba las servilletas, me acercaba y me acurrucaba a su lado, para disfrutar con ellos también. Ahora mismo que te estoy contando esto, me viene a la memoria el olor a alheña, con que se embadurnaba y teñía semanalmente el pelo para luego dejarlo bien cardado, y asimismo resucita en mí el aroma a especias, con que condimentaba todos los platos que cocinaba, tayines sobre todo. También me invade el olor del alcanfor que depositaba en las estanterías y que luego habitaba esos libros. No te puedes imaginar cómo me embriagaba de niño esa mezcla de perfumes, esa explosión de fragancias sigilosas. Ahora que lo pienso, creo que fue el olor de mi infancia por excelencia.

¿Qué por qué te estoy contando todo esto? Pues, porque así puedes llegar a conocerme, Laia. Estoy buscando algo, mi verdad supongo. Y si tú me vas a conocer, deseo que me estimes en mi esencia, con toda mi epifanía sembrada de una libertad absoluta. Sin mi abuela soy un espejismo, Laia. Ella hizo que mi vida tuviese un cuerpo y un destino. Pasábamos horas y horas juntos, sin decirnos nada. Nos mirábamos con amor. Sentía su fuerza, su cariño, sabía que sus miradas me cuidaban y que ella velaba por mí. Nunca me lo dijo y siempre lo supe. Su vida, después de haber muerto el abuelo, adquirió sentido cuando me fui a vivir con ella. Yo era la razón que retaba su soledad, su angustia, sus miedos…”

Un solar abandonado me ha llevado de regreso a mi tierra. Creo que de manera inevitable. Su abuela es mi abuelo. Alhucemas es Larache. Su niñez es mi niñez. Su solar abandonado es mi callejón sin salida. Su relato de un regreso es mi relato de otro regreso. Nos unen incontables hilos invisibles. Como si pudiésemos escribir a cuatro manos historias paralelas. Algo emocionante sin duda.

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SERGIO BARCE, ABDELLATIF BOUZIANE, MOHAMED EL MORABET Y PEPE SARRIA

Pero como ya adelantaba antes, además de esa hermosa historia entre el protagonista y su abuela, teñida sin embargo por una inesperada desilusión (que no desvelaré, por supuesto), Mohamed El Morabet apuntala su novela con otros elementos tan inesperados como enriquecedores: sus constantes remisiones a escritores a los que admira y a los que enhebra hábilmente en su propia historia, su cinefilia (que también me es tan próxima), su atracción por el jazz, los temas musicales que menciona o las canciones que acompañan a muchas de las escenas narradas, el propio viaje con Marta, los cigarrillos (parece que incluso en esto compartimos alguna obsesión narrativa), su fino humor, los cuentos que relatan los amigos reunidos alrededor del té y del kif… Esos amigos que, aunque no le explicite Mohamed El Morabet, acaban siendo los últimos halaiquís… (Tengo que hablar con Mohamed, porque incluso su encuentro con Juan Goytisolo es de un paralelismo casi borgiano con el que yo mantuve con él en Tánger).

Ya casi no quedan halaiquís, es verdad, pero El Morabet los recupera para nuestro deleite. Fascinantes todos los cuentos que inventa, o no inventa, para regalárnoslo en su novela. El primero, el que narra el “hereje” de Ismael, comienza así:

“…Un joven de unos veinte años, huérfano desde los seis, había nacido en una ciudad sin mar. Una ciudad sin mar, ni lago ni río. Un vagabundo la visitó por error y la bautizó Contraisla. Y son ese nombre se quedó. En Contraisla fue criado nuestro joven por su tío paterno soltero. Él sentía agradecimiento y cariño por su tío. Su tío sentía lástima y despecho por él. Algunos días, el joven se ponía feliz con lo mínimo que le rodeaba, y en esos días, Contraisla parecía una isla en medio de un inmenso océano. A los doce años, un día de esos de felicidad, pudo leer El viejo y el mar de Hemingway. No la entendió, pero anheló el mar y tuvo un deseo: llegar a pescar con caña alguna vez en su vida.

Era finales de verano. Un verano largo, duro y seco. Nunca antes había vivido un septiembre tan tórrido y denso como ese. Y se propuso cumplir su deseo después de ocho años. Fue al zoco y compró una caña de pescar con el dinero que había ahorrado.

Tenía todo. Tenía todo menos dónde pescar. Pensó. Suspiró. Se rascó la cabeza y, al final, decidió. Se le ocurrió pescar en el pozo del cementerio…”

Buen anzuelo el pozo del cementerio para encadenarnos a sus historias, a las que nos cuentan esos amigos entre largos silencios, bebiendo té y fumando kif con una pipa, con boquilla de mármol blanco norteño…

Me han embaucado muchos pasajes de esta novela, y los he disfrutado como si formaran parte de mi propia vida. Hay magia en las palabras de Mohamed El Morabet, como si fuese un cuentacuentos que escribiese poemas en medio de la plaza, y que los escribiera a voz en grito. Un solar abandonado es conmovedor y es agridulce, es cándido y es maduro, acaricia el alma, pero encoge el corazón.

Hay tanto en común en estas páginas con muchos de mis relatos y con algunas de mis novelas, que creo habitar en las páginas de esta novela. Me ha llegado profunda y sinceramente. Ha calado en mis sentimientos.

Mohamed, vayámonos a ese solar de Alhucemas (o a mi callejón sin salida de Larache) y volvamos a jugar al fútbol con una pelota vieja. Regresemos pese al dolor.

Sergio Barce, mayo 2019

Un solar abandonado, de Mohamed El Morabet, ha sido publicado por la editorial Sitara, dentro de la colección Fragua de Kulub, en 2018.

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MOHAMED EL MORABET

 

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LARACHE – 14, 15 Y 16 DE JUNIO – M´ZORA CARAVANE

Desde el año 2009 se celebran con periodicidad anual, en la provincia de Larache, situada en el norte de Marruecos, una serie de encuentros multiculturales de artistas.

De 2009 a 2016 en el Cromlech de M’zora (Comuna de Ayacha), conocido como, “Equinoccio de Creación en M’zora” y, de 2016 hasta la actualidad, también en el Yacimiento arqueológico de Lixus (fenicio-romano), bajo el nombre de, “M’zora Caravane”.

Estos eventos, parten de la creación como espacio para el encuentro, colaboración y camaradería entre personas de diversos orígenes culturales, sin importar nacionalidad, creencias, procedencia social, ni ninguna otra distinción, ni frontera. En ellos se unen conscientemente, de forma natural e igualitaria en una práctica colaborativa, norte y sur, generando entendimiento y conocimiento mutuo. Otro objetivo importante de “M’zora Caravane”, es la integración social, con personas, artistas, entidades locales y colegios.

M´ZORA 2019

A su vez, estos encuentros de artistas, están potenciado la realización de otros importantes encuentros internacionales (en Marruecos, Bélgica, España o Francia), donde se aglutinan multitud de estos participantes, junto a otros artistas, de muy diversos países (Marruecos, Camerún, Benin, Francia, España, Bélgica, Holanda, Reino Unido, Chile, Australia, Japón, Chipre, Bosnia, Canadá, etc.)

Una línea de entendimiento creativo sin fronteras, conocida como “Línea SuR-NoRtE”, que opera como puente entre culturas, a través de decenas de obras de arte contemporáneo de diversas disciplinas artísticas: Instalación, Escultura, Fotografía, Video-creación, Cine, Pintura, Murales, Arte Sonoro, Música, etc. Manteniendo siempre un carácter colectivo y contemporáneo de fusión multicultural.

Por último hay que destacar, cómo este encuentro quiere colaborar en mantener y difundir una cierta tradición histórica de tolerancia y convivencia intercultural que históricamente se produce en Larache, ayudando al desarrollo de sinergias de todo tipo y la continuidad de lazos de amistad y hermandad en la zona.

ARTISTAS

Abdeslam Serroukh (Marruecos) + Ad-Ad Ec (Francia) + Aline MOENS (Bélgica) + Aurélie Rigaut (Bélgica) + Abderrahman Assorhani y LOS ACRÓBATAS DE MITO (Marruecos) + Amanda Nóbrega (España) + Andrea P Brotons (España) + Angela Canton (España) + Aziz Amrani (Marruecos) + Bouchra Moutaharik (Bélgica) + Badr Kahouaji (Marruecos) + Benoit Vivien (Bélgica) + Catherine Roelant Beyer (Bélgica) + Celine De Vos (Bélgica) + Carmen FERNÁNDEZ (España) + Charley Case (Bélgica) + Claudio LANGE (Chile/Alemania) + Dirk HENDRIKX (Bélgica) + David Bartholomeo (Francia) + David Essome (Camerún) + Elena CORDERO (España) + Emilio Gallego (España) + Emmanuelle Rosso (Francia) + Fred Chemama (Francia) + Failali Rotabi Abdrzak (Marruecos) + Grupo SAMBALARAXE (Marruecos) + Jérôme Ugille (Bélgica) + Josep Ginestar (España) + Karmit EVEN ZUR (Inglaterra) + Laurence Vray (Bélgica) + Manon LEROY (Francia) + Marie-Laure Vrancken (Bélgica) + Martin VAN DER BELEN (Bélgica) + Mohamed Ben Lamaizi (Marruecos) + Manuela de Tervarent (Bélgica) + Marina Ayán Tejero (España) + Mourad BELOUADI (Marruecos) + Myrtille Sauvage (Bélgica) + Najib Cherradi (Marruecos) + Natacha Mercier (Francia) + Outman Akjeje (Marruecos) + Pablo Barce (España) + Pascal Colson (Bélgica) + Robin Kolleman (Holanda) + Said Choumis (Marruecos) + Salima Abdel Wahab (Marruecos) + Salvador Tomnyuy (Ambazonia/Camerun Sur) + Sandra Lopez Rodriguez (España) + Sergio Barce Gallardo (España) + Simo Sani (Marruecos) + Theo Sekonecter RONSE (Bélgica) + Thomas De Wouters d’Oplinter (Bélgica) + Youssef Usf Chghaich (Marruecos) + Youssef EL YEDIDI (Marruecos) + Zahra EL Lalla Mennana (Marruecos)

Nota importante: La participación para las/os artistas, además de los que hayan sido invitados expresamente, será libre, siempre y cuando se atengan a las normas anteriormente expuestas e intenten la colaboración e integración con las/os demás participantes. Para ello deberán comunicarlo a los organizadores. Desde aquí se hace un llamamiento especialmente a los artistas locales para que participen y conozcan al resto de artistas.

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“EL PASADO SIMPLE” (Le passé simple, 1954), UNA NOVELA DE DRIS CHRAIBI

A Dris Chraibi, nacido en El Yadida en 1926 y fallecido en Crest (Francia) en 2007, se le considera el padre de la literatura marroquí moderna (aunque escribía en francés, una de las ventajas de estos escritores que pueden narrar en árabe, francés o español, y no por ello pierden su condición de creadores marroquíes). Estudió química en París, pero posteriormente se interesó por la neuropsiquiatría, la literatura y el periodismo, y produjo programas de televisión y fue profesor de literatura del Magreb en la Universidad de Quebec.

El pasado simple cubierta

Su primera novela fue El pasado simple (Le passé simple) de 1954, novela que hoy traigo aquí. Se trata de un retrato duro y sin concesiones del Marruecos bajo el Protectorado francés. El protagonista, llamado Dris, como el propio autor, vive en un mundo lleno de contradicciones difíciles de arrostrar. Por un lado, la relación con su padre, el Hach Fatmi Ferdi, un déspota, autoritario e inflexible, que rige su vida bajo los dictados del Corán, y que somete, humilla y maltrata tanto a sus hijos como a su mujer. Por otro, el propio Dris, un joven que ha de enfrentarse a esa autoridad para sobrevivir, y que, sin embargo, es animado por su propio padre para que estudie y se forme en un colegio francés. Además, por su aspecto físico, es normalmente confundido con un cristiano. Este detalle que introduce Dris Chraibi en su alter ego es el que utiliza para mostrar esa lucha entre la tradición y la costumbre y el deseo de progresar y romper con el pasado. Además, le permite introducir un tema interesante cual es la de la relación entre los colonos y los nativos, la amistad entre los burgueses franceses y los marroquíes que aspiraban a salir de su entorno, y el encontronazo que se produce entre las dos sociedades.

Junto al padre y al hijo, los hermanos, el tío, la madre. Todos ellos personajes fundamentales para entender el proceder de uno y de otro. Y planeando sobre ellos la tragedia, que aparecerá de la manera más cruda y sangrante en sus vidas.

Dris Chraibi narra con un pulso endiablado. Con un vocabulario rico y con una estructura elaborada. Es sin duda un escritor fascinante. Es hábil al retratar a los personajes. El padre, al que siempre se le llama Señor, representa la peor cara del país. Usa el Corán para someter a los demás siempre usando su interpretación más intransigente y, sin embargo, es capaz de desviar el camino en su peregrinación a La Meca para estar con prostitutas y gastar el dinero de la familia.

Son extraordinarios los pasajes que dedica a los días de Ramadán en los que se desarrolla la historia, con descripciones ricas en detalles, como el siguiente:

“…Salí a la calle, llevando una alfombrilla verde, vestido con chilaba y tocado con un fez.

-La noche vigesimoséptima es una noche de revolución -me había dicho mi tío.

-Una noche de fe – añadió Kenza.

-La Noche del Poder ( N.del T.: Laylatû lqadr, la noche del destino o la noche del decreto divino. Se trata de la vigesimoséptima noche del Ramadán en la que, según la tradición, todos los deseos son otorgados) -dijo mi madre.

Estaba chupando un dátil, el último que le quedaba del kilo que había traído el Señor de Medina. Preguntaron a la vez:

-¿A dónde vas?

-No lo sé -contesté-, a dar una vuelta por ahí, a callejear, a fumar y a beber en una taberna, tal vez entrar en una mezquita y en ese caso rezar a quien se me ocurra. Los negocios paternos todavía se resienten, no lo olvidéis.

Era la Noche del Poder. Un ulema de los Karauin había encendido un cirio de cera virgen al atardecer, y cuarenta alminares rutilantes de bombillas azules, amarillas, rojas y verdes se habían iluminado, cuarenta gargantas habían gritado la llamada a la fe, el contenido de las tiendas se había vaciado precipitadamente en las calles, mercados y andrajos perfumados con sándalo e incienso, y los que no creían creyeron, los que se arrastraban echaron a andar, surgían petardos y bengalas, transformándose en hogueras de leña por encima de las cuales saltaban, como se salta a la comba, agarradas de la mano o en corro, chiquillas y viejas, sin acordarse ninguna de que habían tenido hambre, sed, frío, calor, dolor en el alma y miseria en el cuerpo, y que la vieja había sido la chiquilla, y que ésta a su vez sería la vieja, desdentada, ajada, oliendo a estiércol, a reclusión, a clavo y a orina, y los mendigos en hordas engrosadas con los que lo serían mañana, que atravesaban la muchedumbre como los narcisos de nieve, llevando serones, cestos de palmito y sacos de yute en los que normalmente la caridad islámica debía verterse en monedas, pero en los que solamente caían higos agusanados, nueces podridas, trapos, restos viscosos de las cazuelas, zapatos viejos, ropa vieja, vuelve el año que viene, ya han pasado veinte de tus hermanos; secuencias temporales: esas manos que -tendones blancos, hoyos azulados entre tendones, nerviosas y despavoridas- reciben un mendrugo de pan y luego se transforman -dignas de una dina y de un calor humano- cuando llevan ese mendrugo a otro mendigo, que carece de pan y que solo tiene muñones, o es un lisiado sin piernas atado a un mojón de la esquina por miedo a que se le antoje echarse a rodar como un tonel y se pierda como un niño en este cataclismo de ruidos y vidas; secuencias también en ese par de ojos de granuja clorótico, en los que se plantan y se injertan sobreexcitaciones, luces y estruendo, y los cierra, como mi madre había cerrado los suyos en el autocar de Julio César, y se pregunta si no será que Dios, a la luz del cirio de cera virgen, ha dado rienda suelta a todas las criaturas del infierno para que confraternicen con los ángeles en esta Noche del Poder…”

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No hay respiro en esta novela. Asistimos página a página a la evolución de Dris. Primero sumiso, aterrado ante la figura omnipresente del Señor, su padre, y luego, a medida que avanza la trama, rebelde y furioso con esa vida y con el destino que le ha tocado, enfrentándose al fin de manera violenta y vengativa a su padre. Algo que parecía inevitable desde la primera línea. Pero Dris Chraibi lo narra de manera que todo va in crescendo y la tensión se palpa en diversos momentos, como en la siguiente escena que se desarrolla entre padre e hijo y que parece desembocar en una segura tragedia:

“(…)

Apagué el cigarrillo.

-¿Ya no le gustan las metáforas?

-¿A dónde quieres ir a parar?

-Estamos en ello.

Mi colilla todavía se podía fumar. Tres o cuatro bocanadas le traen sin cuidado; y a mí me harán mucho bien. La vuelvo a encender.

-Aún podemos llegar a un acuerdo. Estoy dispuesto a olvidar todo lo que ha sucedido. ¿Qué digo?, ya lo he olvidado todo. Dispuesto a comerme las habas, a no dormir si le parece, a permitir a su esposa la transcendencia que está esperando -mírela: se ha engalanado- y mañana renacerá Dris, su hijo, y Dris, su esclavo. Con la condición…

-¿Condiciones? ¿A nosotros, condiciones? ¿Pero de quién se están burlando aquí?

Nos levantamos al mismo tiempo. Y mientras su tarbús rueda por el suelo, y yo apago el centímetro de colilla con los dedos, me pregunto si el mendigo se ha marchado, por qué el reloj no toca ya, qué hora puede ser, y si el gato ha decidido morirse.

-Con la condición…

-Nada de condiciones, ni de chantajes.

-¿Acaso va a soplarme encima y convertirme en cenizas? Ya no creo en las mil y una noches. Con la condición, digo, de que se resigne a cambiar su teocracia en paternidad. Necesito un padre, una madre y una familia. Y también indulgencia y libertad. Y si no, haber limitado mi enseñanza a la escuela coránica. Habas, esperas, oraciones, servilismo y mediocridad. Una ligera reforma que podría concederme, sin que por ello se atente contra soberanía puesto que sigo bajo su tutela. El borrico ha crecido y ahora necesita tres sacos de avena. Y no intente persuadirme de que precisamente usted no ha dejado de ser un padre fuera de serie, algo que yo no he dejado de ignorar. Porque le respondería que ese tarbús que nos separa es una calabaza. Bueno, ¿qué?

-¿Y si no?

-Si no, el segundo filo de la navaja. ¿Sentado o de pie?

-De pie, perro.

-Como usted quiera, un perro que lo va a morder. Pero antes reflexione. Confío en usted. Usted es inteligente, muy inteligente, inteligentísimo. Y sé que no tolera, no ya la idea de que me haya rebelado contra su autoridad (lo hice desde los cuatro años, usted lo sabía y lo aceptaba), sino que esta rebeldía haya podido alcanzar su objetivo. ¿La teocracia musulmana? La cuarta dimensión. Sin embargo, usted tiene que haber oído hablar de Atatürk. Si continúa revistiéndose con la toga de su intransigencia, habrá un segundo Atatürk. Aquí. Ahora mismo. ¿He sido claro?

He entrecortado las palabras, gritándolas o susurrándolas, me trae sin cuidado, y además eso no es lo esencial. Cincuenta y ocho años, barba negra, calvo, y buena presencia, reducido a sí mismo, lo quiero mucho. En Europa hubiese sido un mediocre tendero o un íntegro funcionario.

-¿Has terminado?

-Creo que sí.

-Sal.

Esa breve palabra arrojada con la punta de los labios: igual que un salivazo.”

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DRIS CHRAIBI

Es sorprendente comprobar la actualidad de esta novela. Publicada en 1954 sin embargo podría estar escrita hoy mismo. Dris Chraibi destila rabia en sus frases, elegantes y crudas a un tiempo. No hay censura en los temas que aborda: desde su denuncia a la hipocresía de la sociedad marroquí de la época hasta su revelación de la asfixia que causa la religión, desde su rechazo frontal a la autocracia y al patriarcado imperante hasta su crítica a la reprochable sumisión de la mujer, desde su acusación de la falta de libertad que vive Marruecos hasta su desprecio por los falsos santones, en fin, desde la crítica al colonialismo hasta su lamento por la vida miserable que soportan los más humildes… El abanico es amplio y denso.

Pero lo indudable es que El pasado simple es una novela magnífica, irreprochable, un grito de rebeldía contra la injusticia moral, política y religiosa. Una novela que hay que reivindicar.

Gracias, Alberto Mrteh.

Sergio Barce, mayo 2019

El pasado simple (Le passé simple) fue publicado en España por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo en 1994, con traducción del francés de Leonor Merino e Inmaculada Jiménez Morell.

El hombre del libro

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LAS REVUELTAS CONTRA EL BAJÁ DE LARACHE EN 1956

Hace unos meses hablaba con mi hermano mayor Carlitos Tessainer sobre las famosas revueltas y asesinatos cometidos en Larache en abril de 1956. Siendo uno de los acontecimientos más famosos y horrendos acaecidos en la ciudad, sin embargo siempre ha dado lugar a diversas versiones. Como sé que Carlos es un historiador concienzudo y posee esa memoria prodigiosa que tanto admiro le pregunté por lo que él sabía, y me dio una lección de historia en un par de entregas.

El bajá de Larache era Mohammed-Jaled El Raisuni, que era el único hijo varón superviviente del famoso Cherif Muley Ahmed El Raisuni y de su tercera mujer, una cherifa Alamien de la familia Halima o Hlimia. Había nacido en Tazarut (cabila de Beni Arós) en 1909. Y siendo bajá en Larache, se produjo una explosión de violencia que aún siguen recordando los de más edad. La historia que me contaba Carlitos Tessainer la había deducido de sus estudios, de sus pesquisas y de lo que le habían transmitido sus padres y amigos. Historia que coincide con la que voy a compartir en este post.

María Poveda con su padre Antonio Poveda Fuentes tomada el 7 de marzo de 1956

María Poveda con su padre. Tras ellos, se puede ver la casa de Raisuni y la persiana que fue acuchillada. La foto data 7 de marzo de 1956, pocas semanas antes de que ocurriesen los hechos.

Curiosamente, ayer, María Poveda, larachense de pro, a la que le guardo un cariño especial desde que nos conocimos ya lejos de Larache, me hizo llegar un documento de un valor excepcional. Un documento que encontró entre los papeles que guarda de su familia. Se trata de la crónico de los sucesos ocurridos los días 17 y 18 de abril de 1956 (Carlitos no había errado en sus cálculos) pero escritos de  primera mano por un testigo presencial: el padre de María, don Antonio Poveda Fuentes, que en esas fechas ocupaba el cargo de director general de E.C.P.Q.S.A. (Extractos Curtientes y Productos Químicos, S.A.), empresa que se dedicaba a las plantaciones de mimosas en todo el Norte de Marruecos.

Lo redactó con su máquina de escribir, y el texto no tiene desperdicio por su valor testimonial e histórico, y así lo relata:

RAISUNI 1

***

RAISUNI 2

***

RAISUNI 3

***

RAISUNI 4

***

María Poveda vivía con su familia en “Villa Amparo”, casa propiedad de don Federico, el dueño del Hotel España por esas fechas. La villa estaba situada justo al lado de la casa de Raisuni, solo les separaba un callejón y detrás estaba el cementerio de Lalla Mennana. En “Villa Amparo” tenía también su oficina don Antonio Poveda, y María me cuenta que desde allí vieron todo lo que sucedía. Ella, con cuatro años, durante los disturbios, estuvo escondida en el hueco de la escalera de su vivienda.

VILLA AMPARO

VILLA AMPARO – Larache

Mis abuelos y mis padres siempre me han contado las escenas tan terribles que se vieron esas jornadas, con cuerpos quemados en la avenida y en la Plaza de España. Y así lo relaté en alguno de mis cuentos. Pero nada es comparable a lo que pueda narrar alguien que lo vivió tan de cerca. Así que creo que es todo un lujo poder compartir lo que María Poveda me ha regalado.

Sergio Barce, mayo 2019

MARÍA Y SERGIO

MARÍA POVEDA Y SERGIO BARCE

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