Archivo de la etiqueta: SERGIO BARCE

NUEVOS LIBROS CON AMIGOS

Nuevas imágenes pertenecientes a mi biblioteca en las que alguna de mis obras acompaña a los títulos de buenos y queridos amigos escritores.

Hoy: mi novela La emperatriz de Tánger, posando con otros títulos muy tanyauis: Mohamed Chukri, de Rocío Rojas-Marcos;  Los irregulares de Tánger, de Santiago de Luca, y a Un cierto Tánger, de Fernando Castillo. 

Mi libro de relatos Últimas noticias de Larache y otros cuentos, junto a Crónica del Norte (Viajeros españoles en Marruecos), del añorado Abdellah Djbilou, y junto a Del Rif a Madrid (Crónica sarracina de un hispanista marroquí), de Mohamed Abrighach.

Y algunos de mis relatos en libros colectivos en los que he participado junto a un gran número de autores (a muchos guardo especial cariño), pero que no voy a poder enumerar por ser numerosos, aunque ellos saben quiénes son: mi cuento «Cien rifles», dentro de La narrativa tenía un precio, que coordinó Mario Sanz Cruz para Carboneras Literaria, de Playa de Ákaba (Almería); mi relato «La librería del tío Hugo», formando parte de Me estás pisando el Chéjov, para Espai Literari (Barcelona), y otro de mis cuentos titulado «La Venus de Tetuán», en el libro Por amor al arte, que coordinó Mauro Guillén, para Generación BiblioCafé, con Jam Ediciones (Valencia).

 

 

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UN FRAGMENTO DE «MESAUDA», DE ABDELHAK SERHANE

En su momento, ya hablé de esta excelente novela de Abdelhak Serhane: Mesauda. Publicada por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, con traducción de Inmaculada Jiménez Morell: https://sergiobarce.blog/2021/02/19/mesauda-una-novela-de-abdelhak-serhane/

Releyéndola, no me resisto a reproducir los siguientes párrafos, llenos de poesía, de crudeza, de buena narrativa:

«…Por la mañana, me despertó Hafid. Estaba buscando sus canicas debajo del colchón en el que yo dormía. Mi ya no estaba. La piel de cordero yacía en el suelo. Los elásticos con los que Mi se sujetaba las mangas de la mansuria estaban en la banqueta pequeña. Eran las diez. Había faltado a la escuela. La vara del maestro no silbaría por encima de mi cabeza sin despabilar aún. Sabía que al día siguiente me pegaría. Al menos aquella mañana no sufriría las sevicias de nuestro educador.

Mi ausencia decepcionaría al señor Marin. Yo no comprendía nada. Decía que era un alumno brillante y, sin embargo, pocas veces escapaba a sus castigos variados. Pensaba:

<Esta mañana mis pies sucios y dóciles no sufrirán la quemazón de tus varazos. No me preguntarás qué plato prefiero. No te responderé: pan y mantequilla, o cuzcuz, o pollo, o… No te veré abrir el armario y elegir la vara especial correspondiente al menú solicitado y Thami no me levantará los pies hacia arriba. Las largas orejas de burro recortadas en cartón no prolongarán las mías. Mi flaca espalda no se doblará bajo el peso de la vieja albarda ni la brida oxidada pasará entre mis dientes. No apretaré las mandíbulas ni crisparé las manos sobre la grava del patio de recreo, no escucharé tu risa rompiendo el silencio ni tendré que contener mis lágrimas…>

No quería pensar en el día siguiente. Tenía un plan: después de la clase de árabe me iría a la fondac a embadurnarme las manos con la orina de las yeguas. O bien, me las frotaría con ajos. Eso olía muy mal, sobre todo cuando en el mes de mayo había cuarenta pares de manos apestosas en una clase estrecha. Recurríamos a aquellas dos estratagemas, que servían para que el dolor pasara con rapidez.

Sigo sorprendiéndome al oír a ciertas personas hablar de «los viejos tiempos» y recordar con nostalgia los días felices de su infancia en la escuela. No hay escuela feliz. Si recordaran con sinceridad <los viejos tiempos>, se darían cuenta de que eran un infierno…»    

 

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FOTOS DE CINE – 32

Clark Gable y Burt Lancaster. Supongo que se tomó durante el rodaje de la película Torpedo (Run silent, run deep), dirigida por Robert Wise en 1958.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es clark-y-burt.jpg

Si Clark Gable fue el «rey,» Burt Lancaster ha sido quizá el actor con la mejor y más brillante carrera de la historia del cine. Décadas rodando buenas cintas y con excelentes trabajos de interpretación. Desde su primer largo Forajidos (The killers, 1947) de Robert Siodmak, que ya era una obra maestra, hasta su último trabajo en la muy interesante producción para televisión Enfrentados (Separate but equal, 1991) de George Stevens Jr., en un gran cara a cara con Sidney Poitier. Fue, además, productor independiente, arriesgándose a financiar cintas nada comerciales, como Chantaje en Broadway (Sweet smell of success, 1957) de Mackendrick, o Los que no perdonan (The unforgiven, 1960) de John Huston. Y ahí están sus papeles en cintas inolvidables: El temible burlón (The Crimson pirate, 1952), De aquí a la eternidad (From here to eternity, 1953), Veracruz (1954), Duelo de titanes (Gunfight at the O.K. Corral, 1957), Mesas separadas (Separate tables, 1958), El fuego y la palabra (Elmer Gantry, 1960), Vencedores o vencidos (Judgment at Nuremberg, 1961), El hombre de Alcatraz (Birdman of Alcatraz, 1962), El gatopardo (Il gattopardo, 1963), Los profesionales (The professionals, 1966), El nadador (The swimmer, 1968), La venganza de Ulzana (Ulzana´s raid, 1972), Novecento (1976), Atlantic City (1980) o Un tipo genial (Local hero, 1983). Y fue dirigido por maestros del cine que, en su mayoría, repitieron con él: Robert Siodmak, Jules Dassin, Fred Zinnemann, Robert Aldrich, John Sturges, Alexander Mackendrick, Richard Brooks, Johm Huston, Stanley Kramer, John Frankenheimer, John Cassavetes, Luchino Visconti, Sydney Pollack, Bernardo Bertolucci, Robert Altman, Louis Malle, Liliana Cavani…

 

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2ª EDICIÓN DE «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS»

Hace ya unas semanas que salió la 2ª edición de mi libro El mirador de los perezosos (Ediciones del Genal). Mi agradecimiento a quienes me vienen siguiendo desde el comienzo y quienes se van incorporando como lectores de mis obras. 

 

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LOS ALAUÍTAS: MULAY ISMAIL, POR GUILLERMO GUSTAVINO

Entre los libros, revistas literarias, periódicos y planos antiguos que colecciono relacionados con Marruecos, tengo un ejemplar de la Breve Historia de Marruecos, escrita por el bibliotecario valenciano Guillermo Gustavino Gallent, que llegó a ser director de la Biblioteca Nacional. Antes de ostentar ese cargo, fue el encargado de organizar en Tetuán la Biblioteca General del Protectorado, el Archivo Histórico, el Archivo General, el Archivo Fotográfico, la Hemeroteca y la Oficina de Distribución e Intercambio de Publicaciones. También fue profesor de Geografría e Historia de Marruecos y del Mundo Islámico, en el Centro de Estudios Marroquíes de Tetuán, y de Historia del Arte, en la Escuela Preparatoria de Bellas Artes de la misma ciudad. (Datos obtenidos de la base página web de la Real Academia de la Historia).

El ejemplar de su Breve Historia de Marruecos que conservo, fue editada en Larache, por la Editora Marroquí, en el año 1944, con ilustraciones de Carlos Gallegos, siendo su precio de 7 pesetas.

En el capítulo titulado Los Alauítas, Guillermo Gustavino escribió acerca del sultán Mulay Ismail lo siguiente:

«Mientras Marruecos se debatía en las convulsiones políticas de los sucesores del sultán El-Mansur, vivían en Tafilete unos descendientes del Profeta, de la rama de Muley Hasan. Hacia el 1640 el jefe de esta familia, Muley Mohamed ben Ex-Xerif, asume la soberanía de aquellos territorios y extiende su dominio por parte del Marruecos oriental.

Muley Er-Raxid, hermano de Muley Mohamed, huye de Sichilmasa donde reinaba este último y, después de múltiples peripecias para allegar partidarios, vence a Muley Ex-Xerif el cual muere en la batalla (1664).

Dos años más tarde domina la región del Rif y penetra en Fez donde es proclamado sultán.

Prosigue sus campañas y derrota a Gailán que señoreaba la región del Lucus; más tarde vence a los Dalaítas, se apodera de Marraquex y destruye el poder de los jefes religiosos de la Región del Sus. También domina Salé y utiliza en provecho propio la organización martítima de los piratas de dciha ciudad. Al fin en 1672 muere víctima de un accidente.

Muley Ismail, hermano del difunto sultán, sube al trono y su reinado de cincuenta y cinco años, señala el momento cumbre de Marruecos como nación.

Dotado de una fuerte personalidad, unía a sus características de sensualidad y violencia (atestiguadas por su prole innumerable y por una larga serie de víctimas), un conjunto de buenas cualidades como eran viva inteligencia, indomable energía, piedad ardiente y un gran interés por la independencia y el desarrollo económico de su país.

Durante cinco años hubo de luchar por el dominio del territorio marroquí tomando por fin al asalto la ciudad de Marraquex que entregó al saqueo. Todavía duró unos años la tarea de sofocar ciertos núcleos de resistencia menores. Entonces Muley Ismail tuvo completamente bajo su mando todo el Imperio.

Como instrumento adecuado para mantener su poder creó el sultán la célebre <guardia negra> que, sin arraigo racial en el país, le permaneció siempre fiel, aunque en lo futuro habría de originar graves disturbios interiores prevalida de ser la única fuerza organizada de la nación.

Una de las empresas a las que se dedicó Muley Ismail, dueño ya de los resortes del Imperio, es la de reconquistar las plazas litorales todavía en poder de los europeos. Aunque en 1673 no puede evitar que los españoles tomen el Peñón de Alhucemas, al año siguiente dirige un ataque a la plaza de Ceuta sin lograr su objetivo.

En 1680 repite sus ataques contra la misma ciudad así como contra el Peñón de Vélez, sin obtener resultados positivos. Sin embargo al año siguiente consigue apoderarse de La Mamora que solamente contaba con 160 soldados útiles y la población civil ascendia a 273 personas contando a las mujeres.

Siguiendo su lucha contra los europeos, en 1684 los ingleses evacuan la ciudad de Tánger, que poseían desde 1662 por cesión de los portugueses. El abandono de la ciudad obedeció no sólo a los ataques que desde 1679 le venía dirigiendo Muley Ismail sino también a razones de política interior inglesa.

Cinco años después el sultán dirige dos ataques contra Larache que se defiende firmemente. Por fin las fuerzas españolas abandonan la plaza. También los portugueses se ven obligados a evacuar Arcila en 1691.

Pese a los anteriores fracasos del sultán ante Ceuta, en 1694 Mulay Ismail inicia contra dicha ciudad un sitio, que con períodos de simpe bloqueo, habría de durar treinta y tres años, o sea hasta un mes después de la muerte del enérgico soberano. Igualmente en 1695 dirige contra Melilla un infructuoso ataque.

Menos afortunado fue el sultán con los turcos, pues si bien neutralizó en Marruecos las actividades de éstos, se vio derrotado cuando emprendió ofensivas contra ellos.

En el terreno diplomático Mulay Ismail mantuvo relaciones con las principales potencias europeas, sosteniendo el prestigio del Imperio; y en el orden interior organizó el gobierno en forma que, en sus líneas generales, se ha mantenido hasta la época contemporánea. Fijó su capital en Mequinez donde utilizó más de treinta mil obreros en la construcción de murallas, fortalezas, palacios y diversas clases de edificios con los que (según algunos autores) pretendía emular el Versalles de Luis XIV.

En 1727 muere Muley Ismail y con él se cierra un período de esplendor en la Historia de Marruecos…»       

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