Os recuerdo que mañana jueves, 14 de marzo, a las 19:00 horas, os espero en la Librería Pérgamo, en Torremolinos, para presentar mi novela «Todo acaba en Marcela» (Ediciones Traspiés).
Me acompañará el poeta Víctor Pérez Benítez.
«La emperatriz de Tánger»
de Sergio Barce
Vivir de cerca la atmósfera de Tánger, respirar el aroma de una ciudad única en un momento histórico, confluir con personas y situaciones que nos pondrán al borde del peligro y nos seducirán con las historias de desasosiego y ausencias, de esperanzas y frustraciones, es la llave con la que Sergio Barce nos abre esa ventana al pasado que nos hará disfrutar desde el principio al fin de esta extraordinaria novela, novelón diría yo.
Mézclese el humo y la pasión de un escritor como Augusto Cobos Koller y la interminable búsqueda de su emperatriz de Tánger, Carmen, Yamila, Miriam, una mujer que le arrastre hasta la agonía y el éxtasis, un poco de majoun y ruleta rusa, unos Bowles perdidos en un oasis repleto de agua de lluvia que les destroza su creación literaria, un malvado capitán falangista desaparecido, un policía local poeta y entrañable. Un cocktail preparado con maestría y agitado con brío, que nos hará disfrutar en cada página.
Una obra maestra del género negro, un libro visual que nos hará sentir escalofríos y caricias sedosas, una maravilla, créanme.
VÍCTOR MANUEL PÉREZ BENÍTEZ, 29 de abril de 2015
PASEANDO POR EL ZOCO CHICO Larachensemente
Las crónicas de Sergio Barce sobre Larache están embadurnadas de los aromas del recuerdo, unas imágenes que primorosamente hilvana con un dominio estimable de la palabra que transforma sus memorias en un rico regalo de una textura plena de cercanía para el lector.
Leyendo a Sergio Barce caigo ensimismado en mis propios recuerdos, momentos que se acercan cada vez con mayor nitidez cuando los años ya van cayendo con la pesadez del tiempo.
He leído a Sergio y las historias de Larache, del Zoco Chico, de la Plaza de España, de las miradas desde el balcón a un Atlántico infinito, de los olores y los roces de las algas en la desembocadura del rio Lucus, en la soledad.
Le he leído a mi madre con ya casi 90 años la historia de “los gusanos de seda” que hemos compartido con los recuerdos, también ella me regaló gusanos de seda, acudíamos a coger morera a la casa cercana a la mía, donde el morero increíblemente desarrollado nos esperaba para ofrecernos sus hojas.
He leído y me he erotizado con el relato de “La cautiva”, me he emocionado con el temblor del viejo Rachid en su primer encuentro con el mar, he vuelto a ser niño con la oreja puesta en la caracola oyendo el océano, he regresado a mis años de mozo cuando con mi hermano y mis amigos de Motril pedaleábamos con las bicicletas sin frenos y he vuelto a oler el taller de bicicletas de El Chaquetas, he vuelto a mi habitación donde un poster de Ocaña y de Merck nos acompañaba a todas horas a mi hermano y a mi.
En fin, he viajado a la patria de los juegos entre caña de azúcar y barro, a los momentos donde reside la patria.
Todo sin prisa, laranchensemente, como se ha de vivir la vida.
por Víctor Pérez
LA SOMBRA DE LA TARDE
La sombra de la tarde
aparentemente detenida,
espera paciente
la muerte del sol,
ya huele a silencio,
la oscuridad acecha en el umbral
aspirando los sonidos que
las cáscaras huecas de viento
hacen silbar arrullando
a los héroes de la luz solar,
es la quietud,
es la eternidad del instante brillante
en un horizonte que es límite de los sentidos,
y cuando la noche reine
será su luz misterio de vida,
irreemplazable y mágico secreto,
entonces el pájaro azul
saldrá de su jaula dorada,
hermética jaula ante el sol,
y volará hasta el infinito de tu piel.
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