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Este 15 de Octubre, se celebra el VI TRIATLÓN de LARACHE

Después de muchas dificultades y de problemas que hicieron peligrar la continuidad del ya famoso Triatlón de Larache,

este próximo

 15 de Octubre, a las 09.00 horas de la mañana,

se da la salida a la prueba del

VI TRIATLÓN DE LARACHE

Enhorabuena a los promotores y organizadores, y, especialmente, a la ciudad y los cuidadanos de Larache que han conseguido que se mentenga este evento en nuestra ciudad.

Más información sobre esta prueba en:  http://triatlondelarache.blogspot.com/

 

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LARACHE – Fotos en blanco y negro 2

Dani Céspedes, Rafael Rodríguez, mi padre (Antonio Barce) & Luis Guardia

Sí, incluso la publicidad de TERRY llegaba hasta Larache. Me gustan estas fotografías de mi padre cuando era joven, con sus amigos. Tienen un viejo sabor moderno, un algo especial que las transforma en documentos muy vivos y atrayentes.

Café Central – Luis Guardia, mi padre (Antonio Barce), Fuentes & Galeote

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Hay espacios en Larache que son eternos. El Balcón del Atlántico, la Plaza de España, los leones del Jardín de las Hespérides, la terraza del Café Central… Es como si todos los larachenses de todas las épocas hubieran tenido que pasar por ellos e inmortalizarse, como testigos de algo mudo e indefinido. Igual que mi padre y sus amigos, con cierto aire «rebelde». 

También el Casino era otro de esos lugares obligados, sobre todo en los momentos de las celebraciones. En esta fotografía están Paco Jurado, Carlos González Navas, Moya y mi padre. Recuerdos de otra época, con ese blanco y negro que rezuma de colores jamás olvidados. Cuando los años pasan, se produce una extraña necesidad de escarbar en las imágenes del pasado, no del nuestro, sino del pasado de los nuestros. Eso me ocurre con mis padres. Trato de bucear en sus imágenes, tal vez para comprenderlos mejor, para compartir más con ellos, probablemente como una artimaña para que los años no vuelen con tanta rapidez y no sé si echar a veces el ancla en imágenes de entonces sirve para todo esto, pero hace que ellos compartan conmigo los momentos en los que me explican cada detalle de sus recuerdos…

Sergio Barce
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«MOTEROS TRANQUILOS, TOROS SALVAJES» (Easy riders, raging bulls) (1998) UN LIBRO de PETER BISKIND

Me gusta el cine, todo cine bueno, pero obviamente el buen cine americano siempre ha marcado las pautas, ha sido el referente, es el que más nos ha influido a todos los que amamos el séptimo arte, y quizá finales de los sesenta y los años setenta, especialmente a mi generación, los que nos han deparado las mejores cosechas con las obras que nos han marcado con mayor contundencia. MOTEROS TRANQUILOS, TOROS SALVAJES (Easy riders, raging bulls) (1998) de Peter Biskind habla de todo ello y de mucho más.

Desde Bonnie & Clyde de Arthur Penn, El graduado (The graduate) de Mike Nichols, las dos de 1967, y especialmente desde Easy rider (1969) de Dennis Hopper hasta Apocalypse now (1979) de Francis Ford Coppola, asistimos a la irrupción de unos directores que luchan especialmente por ser los dueños absolutos de sus obras, por ser quienes decidan qué quieren rodar y cómo filmar sus historias, por crear en libertad absoluta. Y eso dio lugar a varias películas imperecederas:

La última sesión (The last picture show, 1971) de Peter Bogdanovich, El padrino (The Godfather, 1972) y El padrino II  (The Godfather II), ambas de Coppola, Perros de paja (Straw dogs, 1971), La huida (The getaway, 1972) y Pat Garrett & Billy the Kid (1973), las tres dirigidas por Sam Peckinpah, The French Connection (1971) –a la que ya dediqué un artículo en este blog- y El exorcista (The exorcist, 1973), ambas de William Friedkin; Chinatown (1974) de Roman Polanski, Serpico (1972) y Tarde de perros (Dog day afternoon, 1975), las dos de Sidney Lumet; Tal como éramos (The way we were, 1973) de Sydney Pollack; La noche se mueve (Night moves, 1974) de Arthur Penn; Alguien voló sobre el nido del cuco (One flew over the cuckoo´s nest, 1975) de Milos Forman; Tiburón (Jaws, 1975) de Steven Spielberg; Taxi driver (1976) de Martin Scorsese; Star Wars (1976) de George Lucas; El cazador (The deer hunter, 1978) de Michael Cimino…

Peter Biskind se adentra en esta década con un libro sugerente, profusamente documentado, en el que se percibe línea a línea un concienzudo trabajo de investigación. Nos adentramos a través de sus amenas páginas en los entresijos del cambio que se produjo en el cine americano con el que se ha venido en llamar el nuevo Hollywood.

<La vieja generación no nos cedió voluntariamente el baluarte>, dice Spielberg. <La generación joven tuvo que arrebatárselo. Había muchos prejuicios con la gente joven y ambiciosa. Cuando hice Night Gallery, mi primer programa profesional en televisión, tuve a todo el personal del plató en contra. La edad promedio del equipo era de sesenta. Cuando me vieron subir al escenario, con aspecto de ser aún más joven de lo que era, casi un bebé para ellos, todos me dieron la espalda, se largaron. Tuve la sensación de que representaba una amenaza para sus puestos de trabajo.

Steven Speilberg

 Pero, además de conocer los entresijos de cómo se pusieron en marcha muchas de las famosas películas que antes he mencionado, también nos adentra en el mundo de los productores, de las paranoias de los protagonistas, de cómo, poco a poco, a medida que la década avanza, estos innovadores, estos rebeldes, van siendo reabsorbidos por el sistema, no por el viejo sistema de las grandes productoras dirigidas por amantes del cine, empresarios, sí, pero con almas de artistas, sino por el nuevo sistema del capitalismo salvaje, en el que los ejecutivos ahora son tiburones que sólo buscan ganar dinero como sea, de manera rápida, sin complicaciones, a los que el cine como arte o creación, en realidad, les tiene al pairo.

En palabras del guionista y director Leonard Schrader… <Ese grupo empezó a hacer películas verdaderamente interesantes, y luego, todos se lanzaron por un tobogán a las cloacas. ¿Cómo diablos pudo pasar?

Cada capítulo es un desafío. Biskind nos adentra en el mundo de ese cine a contra corriente, la contra cultura. Sabremos cómo se las gastaba Warren Beatty para salirse con la suya, cómo manipulaba a los demás, especialmente a las mujeres, pero también a los productores y cómo se arriesgaba con los proyectos en los que creía.

WARREN BEATTY

Beatty, que se consideraba un heredero de James Dean, de Marlon Brando y de Montgomery Clift, no podía comprender por qué a ellos los tomaban en serio mientras a él lo trataban como a un playboy.

Beatty había comenzado a salir con Julie Christie, actriz a la que había conocido en Londres en 1965 en una función organizada para la reina. <Julie era la mujer más hermosa y, al mismo tiempo, la más nerviosa que yo había conocido nunca>, dice el actor y director. <Era profunda y auténticamente de izquierdas, y no le divertía nada hacer todo ese aspaviento para la monarquía. No podía esconder sus antipatías por esa clase de ceremonias>. Christie había crecido pobre, en una granja de Gales, y no la impresionaba en lo más mínimo que Beatty fuera una estrella de cine; de hecho, se lo reprochaba. Ella toleraba su profesión sólo porque le permitía apoyar sus miles de causas.

No obstante, iniciaron una relación seria, y la mantuvieron unos cuatro años.

(…) <Si alguna vez existió una estrella para la cual el estrellato no significara absolutamente nada, ésa fue Julie>, dice Robert Towne. <Los convencionalismos le importaban un rábano>. Cheques de cinco cifras se le caían del bolso en el vestíbulo del hotel mientras rebuscaba las llaves, y un día dejó atónito a Beatty al perder un cheque de mil dólares en la calle. (…) y cuando sintió que ya había ganado bastante dinero, dejó de actuar.

DENNIS HOPPER & PETER FONDA en EASY RIDER

En este libro he descubierto al verdadero Dennis Hopper, y la imagen que tenía de este realizador y magnífico actor, se ha deshilvanado, se ha roto, porque en la vida real, como algunos de sus personajes de la pantalla, Hopper era un desequilibrado que no dudaba en maltratar a su mujer, un ser violento y mezquino. También se drogaba hasta extremos inimaginables, una personalidad que le convirtió en uno de los integrantes de esta generación más odiado por el resto de sus compañeros.

 Con tendencias paranoicas, Hopper fue empeorando por influencia del alcohol y los fármacos. Se creía perseguido, como Jesucristo, y que moriría a los treinta y tres años. Hasta sus amigos le tenían miedo; pensaban que le faltaba un tornillo.

JACK NICHOLSON entre Peter Fonda & Dennis Hopper en Easy Rider

 Sobre el rodaje de Easy Rider de Hopper:

Según la leyenda, Jack Nicholson se fumó una enorme cantidad de porros durante el rodaje de la escena en que acampan alrededor del fuego, cuando los tres discuten la posibilidad de una invasión de habitantes de Venus. Él ha alardeado de que fumó hierba todos los días durante quince años, pues así ralentizaba el tempo de su trabajo actoral.

La película estuvo lista en poco más de siete semanas. Justo cuando la estaban terminando, les robaron todas las motos del garaje de un mecánico de Simi Valley. Iban tan colocados que hicieron la fiesta de despedida sin darse cuenta de que habían olvidado de filmar la segunda escena de acampada (…) y no tuvieron más remedio que rodarla más tarde…

 Y cómo los acontecimientos que ocurrían por esa época convirtieron a Estados Unidos en un país tan paranoico como Hopper: el recuerdo del asesinato de Kennedy planeando sobre todos ellos, el asesinato de Martin Luther King, y sobre todo la matanza perpetrada por los Manson, entre el verano del amor y antes del concierto de Woodstock…

El productor Robert Evans en 1970

También son muy interesantes las páginas dedicadas a los productores de esos años, quienes se aventuraron a dejar en manos de los realizadores las películas que ellos financiaban, unos soñadores que fueron cayendo en la trampa de las drogas y que finalmente acabarían perdiendo el rumbo.

Dice Buck Henry: <Esos tipos no parecían estar al servicio de Wall Street, sino al servicio del cineasta, y eso marcaba una gran diferencia.

 Entre Bluhdorn, Jaffe, Yablans y Evans, Paramount era un manicomio lleno de personalidades imponentes, de egos y temperamentos. Los trabajadores del estudio solían referirse a ellos como <la familia Manson>. Lo raro era que las películas  se terminasen, pero no puede negarse que eran tipos listos y que todos amaban el cine. En 1971 Paramount estaba a la cabeza de todos los estudios de Hollywood.

Paradigmática fue la productora BBS (Bob Rafelson, Bert Schneider), que dio la oportunidad a realizadores innovadores.

BBS no tardó en convertirse en el antro favorito de una variopinta banda de cineastas y radicales de diversa índole. No había en Hollywood, ni en ninguna otra parte, lugar más en la onda. Sentarse en la sala de proyecciones de BBS a ver <El topo> de Alejandro Jodorowsky, el surrealista film de culto que en Nueva York y Berkeley pasaron en sesiones de madrugada durante toda la década, y fumar un porro con Bert, Bob, Dennos Hopper y Jack Nicholson, era lo más in.

ROBERT ALTMAN

 Y cómo Biskind desnuda a gente como Robert Altman, un realizador elevado a los altares del cine independiente que, sin embargo, es retratado en el libro como un tipo arrogante, despiadado y tan egocéntrico como violento. Igual ocurre con el retrato de Martin Scorsese, la vaca sagrada del cine americano, que, en los setenta, se convirtió en un cocainómano que dependía tanto de las drogas que llegó a perder el control de su vida.

PETER BOGDANOVICH y CYBILL SHEPHERD

Descubriremos cómo Peter Bogdanovich, tras el inesperado éxito de La última sesión (The last picture show), se cree un genio y se enamora perdidamente de Cybill Shepherd, y cómo esta relación obsesiva le arrastra a su propia destrucción, hasta convertirse en lo que es hoy, un cineasta que rueda películas mediocres.

COPPOLA & LUCAS

También nos describe con gran lujo de detalles la relación de maestro-alumno entre Coppola y George Lucas, y cómo esta amistad se va tambaleando hasta que se hace añicos, para luego recuperarse de alguna manera a causa de la productora Zeotrope, el sueño imposible de Coppola. Una extraña relación amor-odio.

 Los detalles de los rodajes de las películas emblemáticas son apabullantes, cómo se hicieron, los problemas en el set, cómo llegaron sus creadores a convertirse en algunos casos en pequeños monstruos. La decadencia física de Hal Ashby, un realizador magnífico, autor de la maravillosa El regreso (Coming home, 1978) consumido por las drogas, es una de las historias más duras y ácidas del libro. Como curiosa es la actitud de William Friedkin, ejemplificada en el rodaje de su film El exorcista (The exorcist):

 Friedkin era un director muy técnico, muy puesto en lentes y en efectos, pero no especialmente bueno con los actores.

(…) Le gustaba disparar al aire para asustar a los actores, o poner cintas a toda pastilla, cualquier cosa, hasta la banda sonora de Psicosis. A menudo ponía en marcha la cámara sin decir nada a los actores. Era despiadado, y hacía cualquier cosa con tal de salirse con la suya. Al final de la película, cuando el padre Karras está a punto de morir, un cura le da la extremaunción.

El director contrató a un auténtico cura, el padre William O´Malley. O´Malley hizo toma tras toma. No satisfecho, Friedkin dijo al final:

-Bill, no lo estás haciendo como Dios manda.

-Billy, le he dado los últimos sacramentos a mi mejor amigo quince veces; ya son las dos y media de la mañana.

-Ya lo sé. ¿Confías en mí?

-Por supuesto que confío en ti –replicó O´Malley.

Billy le dio una bofetada en la cara con el dorso de la mano. Puede que no fuera una técnica propia de Stanislavski y, naturalmente, escandalizó a los católicos presentes, pero funcionó.

<Cuando hice la toma siguiente, la mano me temblaba>, dice O´Malley. <¡Pura adrenalina!>

Luego, cuando Friedkin, tras los exitazos de The french connection y El exorcista, se creyó un genio, se lanzó a la insensata aventura de rodar un remake de una obra maestra de Henri Geoges Clouzot El salario del miedo (Le salaire de la peur, 1953), con el título de Carga maldita (Sorcerer, 1977), y ésta lo hundió para siempre. Las páginas dedicadas a esta locura son especialmente aleccionadoras de cómo el éxito los devoraba. En el libro hay abundantes ejemplos muy similares, especialmente el largo capítulo que Biskind centra en la locura que se convirtió el rodaje de Apocalypse now.

Como también el detalle de las fobias, manías, supersticiones u obsesiones de Paul Schrader, Martin Scorsese o Robert de Niro, y conocerlas supone una sorpresa a veces muy chocante.

 El mundo de Martin Scorsese se derrumbó a su alrededor después del Día del Trabajo de 1978. Había estado viviendo con Isabella Rossellini desde principios del verano. Él, Rossellini, Robert De Niro y Mardik Martin fueron al Festival de Cine de Telluride. <Nos quedamos sin coca y alguien nos pasó un poco de polvo que era una absoluta mierda; nos sentó fatal>, recuerda Mardik. Ese fin de semana, Scorsese empezó a escupir sangre y perdió el conocimiento por primera vez en la vida. De Telluride se fue a Nueva York, donde sufrió un colapso. <Sangraba por la boca, sangraba por la nariz, sangraba por los ojos y el culo. Estuvo a punto de morir>, añade Martin. Rossellini tenía que ir a Italia por un asunto de trabajo, cuando se fue, después de ese fin de semana, pensó que no iba a volver a verlo con vida.

ROBERT DE NIRO & MARTIN SCORSESE en Taxi Driver

Y de cómo la irrupción de George Lucas y de Steven Spielberg lo cambió absolutamente todo, y el sistema del director-autor, se hundió.

WILLIAM FRIEDKIN

 Para decirlo de una manera sencilla, el éxito de La guerra de las galaxias (Star Wars), junto con el fracaso de New York New York de Scorsese, significó que las películas que hacían Lucas (y Spielberg) reemplazaran a las que hacía Scorsese, quien afirma: <La guerra de las galaxias era lo que se llevaba. Y Spielberg. Nosotros estábamos acabados>. Y Milius: <…Nadie se imaginaba lo rico que se podía llegar a ser con esa clase de cine. Como en la antigua Roma. Está claro, hay que echarles la culpa a ellos>. Y Friedkin: <La guerra de las galaxias barrió con todo. Lo que ocurrió con esa película se parece a lo que hizo McDonald´s cuando se consolidó: la gente olvidó el sabor de la buena comida.

 Para colmo, en 1980, La puerta del cielo (Heaven´s gate, 1980) de Cimino y Toro salvaje (Raging bull, 1980) de Scorsese fracasaron en taquilla. Ya nada sería igual.

Un libro extraordinario, lleno de pinceladas de todos los colores, con el que entramos en el mundo atroz y endiablado del cine, con sus claroscuros, con sus miserias, con sus trampas y sus engaños, pero también con su magia.

 Fue un viaje largo y extraño. Cuando, al final de Easy Rider, Wyart le dice a Billy: <La hemos cagado>, no se equivocó, aunque tendrían que pasar más de diez años para comprobarlo. Dennis Hopper y Peter Fonda habían creado un himno para una generación, pero también habían imaginado su apocalíptica destrucción, y muchos de los directores de la década hicieron todo lo posible por emularlos. Como Billy y Wyart, la cagaron. Dice Bogdanovich: <A mediados de los setenta, sentí que yo también la había cagado, y que Friedkin también. Altman, con un fracaso tras otro, se eclipsó. Francis Coppola se volvió loco, y ni siquiera Toro Salvaje hizo negocio. Todo el mundo la cagó, en varias formas y tamaños>. Todos, salvo los directores más tenaces y disciplinados de los setenta, que habían aprendido a caminar por la cuerda floja haciendo equilibrios entre el arte y el comercio, comenzaron a morirse en los años ochenta.

Mientras que los directores de épocas anteriores se mantuvieron activos hasta los sesenta y los setenta años o más, igual que algunos grandes directores extranjeros como Buñuel, Kurosawa, Fellini y Bergman, los directores norteamericanos de los setenta, con pocas excepciones, se apagaron como fuegos de artificio tras brillar un momento demasiado breve, y quedaron fuera de circulación en mitad de su carrera. Friedkin, Bogdanovich, Ashby, Schrader, Rafelson y Penn, todos se hundieron. Sólo Scorsese y, en menor medida, Altman, regresaron. Polanski huyó del país en 1977 después de ser condenado por violación. Milius nunca se recuperó de <El gran miércoles>. Malick dejó el ramo y simplemente desaparecido unos veinte años. Después de <The last movie> la carrera de Hopper también sufrió un bache que duró unos veinte años. Aunque Beatty, De Palma, Lucas y Spielberg alcanzaron la cumbre cuando la década se aproximaba a su fin, de ese grupo sólo Spielberg, siempre de éxito en éxito, llegó a la década siguiente.

 Sergio Barce, octubre de 2011

 

Los fragmentos están tomados de la publicación de Anagrama, primera edición Compactos, enero 2009, con traducción del inglés de Daniel Najmías.

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LARACHE vista por… PIERRE LOTI

PIERRE LOTI

En el mes de Marzo de 1889, Pierre Loti llega a Marruecos. Su experiencia en el país la detalla en «Viaje por Marruecos» (Au Maroc, 1890), uno de los libros de viajes más hermosos que he leído. En España, lo ha publicado la Editorial Abraxas, Barcelona, en 1999.

 Es un libro lleno de realismo, pero también de lirismo. Sus descripciones del Marruecos de fines del siglo XIX se demoran en el ambiente, en los colores, en los detalles, y dota a su relato de una vitalidad increíble. Cruzamos el país a su lado, y sus palabras nos convierten en compañeros de su viaje.  

El día 6 de abril de 1889, Pierre Loti escribe lo siguiente al llegar a la zona de Larache:

“Vamos a cambiar de tribu por lo que parece, para entrar en el territorio de El Aric. Ya está allá a lo lejos, esperándonos, en lo alto de una colina, un centenar de jinetes. A través de la lluvia cegadora, se los divisa en grupo casi fantástico, erizado de largas espingardas delgadas, todos de blanco, envueltos en sus albornoces, calado el capuchón, sin hablar, sin moverse. Es chocante verlos inmóviles, como momias, sabiendo como sabemos que ahora al punto va a acometerlos un vértigo de velocidad y que en su carrera furiosa el viento flameará en torno de ellos mil cosas revueltas: albornoces, turbantes destrozados, sueltas crines y largas colas.

Al frente de los jinetes, encapuchados y momificados aún, avanza el caíd para alargar la mano al ministro. Posee un rostro de santo profeta, regularmente hermoso, dulce y místico. Lleva un caftán de paño rosa, con un albornoz blanco sobre otro azul, y el caballo que monta es gris rodado, con amases de seda verde reseda, bordados de oro. El lugarteniente que lo acompaña ofrece por contraste un rostro cruel, de pequeña nariz ganchuda. Su caballo es albazano, con silla azul; su caftán de paño castaño y su albornoz de color de pizarra. Es tal la luz de estas tierras, que hasta en un día triste y lluvioso como el de hoy, la combinación de estos matices comunica un brillo a los trajes que jamás lo alcanzaría bajo nuestro cielo de Europa.

A pesar del aguacero, es menester presenciar la gran corrida de pólvora de bienvenida.

Pierre Loti

Todos a la vez, los jinetes se despojan de sus capuchones y espolean a sus caballos, que, alta la cabeza, se disparan con saltos furiosos… ¡Alah! Y entre relinchos y alaridos comienza la carrera, revuelan los ropajes y giran por el aire las espingardas…

LARACHE – ofrenda al Santuario de Sidi Embarek

Las tres cuartas partes de los disparos fallan bajo el torrencial chaparrón, y el caíd se disculpa, exponiendo que la pólvora está mojada. Pero, a pesar de ello, es hermoso y cautivador el espectáculo; acaso resulta más atrayente aún que bajo un cielo azul y despejado; jinetes enloquecidos, lluvia fustigante, nubes negras, todo parece arrebatado por el viento en un mismo torbellino.

En esta nueva escolta que nos acompañará hasta mañana, bajo los amplios turbantes, brillan algunos pares de ojos perfectamente salvajes.”

Como ya digo, es un libro hermoso sobre el Marruecos de esa época, y como muestra este otro fragmento cuando se encuentra en Fez:

“Hoy es Viernes Santo… (…) el viernes, en tierras del Islam, es un día para el pueblo, como entre nosotros el domingo, un día de reposo y de compostura. Por esto las mujeres, más numerosas hoy que de costumbre y mejor trajeadas, llegan por las portezuelas de las garitas que sirven de remate a las escaleras de sus casas, surgen una tras otra a los terrados, esponjándose como pájaros, y esmaltan por doquier con sus brillantes vestiduras las viejas terrazas grises.

(…) Las mujeres se pasean por grupos, o se sientan, para charlar, en los bordes de los muros, con las piernas colgando hacia el patio o hacia la calle; o bien se tumban descuidadamente boca arriba, con los brazos cruzados bajo la nuca. Visítanse de una casa a otra, asaltándolas con ayuda de una escalerilla o de una tabla que sirve de puente. Las negras, esculturales, llevan en las orejas grandes aros de plata, sus ropas son blancas o verdes, encuadrando su rostro en pañuelos de seda.

(…) Las árabes blancas, sus señoras, usan túnicas de seda brochadas de oro, atenuadas bajo tules bordados; sus mangas, anchas y largas, dejan libres sus bellos brazos desnudos, cargados de ajorcas. Anchos cinturones de seda y oro, rígidas como fajas de cartón, sostienen sus senos. En todas las frentes se ostentan redecillas formadas por una doble hilera de cequíes de oro, de perlas o de pedrería, y, encima de ellas, se alza la caperuza, la alta mitra, adornada siempre con telas de gasa y de oro, cuyas puntas cuelgan y flotan por la espalda, unidas a la mata de destrenzados cabellos. Caminan con la cabeza inclinada hacia atrás, y los labios abiertos sobre los blancos dientes. Balancean las caderas algo exageradamente y con voluptuosa lentitud. Sus ojos, ya de por sí muy grandes y muy negros, se prologan hasta las sienes con toques de antimonio; muchas de ellas se pintan, no con carmín, sino con bermellón puro, como en búsqueda salvaje de lo inverosímil. Sus mejillas parecen retocadas con espeso minio, y en sus brazos y en sus frentes aparecen tatuajes azules.

Todo este lujo, que se vela uniformemente de blanco grisáceo cuando se trata de pasear como misteriosos fantasmas por el dédalo de las estrechas callejuelas fangosas, se  muestra aquí plácidamente a plena luz. Esta ciudad, que parece tan sucia y tan negra al que la recorre sin levantar la cabeza, despliega toda su vida femenil elegante por la tarde, sobre los terrados, a las horas doradas del atardecer. Amas y esclavas, sin distinción de castas, se mezclan riendo juntas, y, a veces, abrazadas con apariencias de completa igualdad.

Y ningún velo cubre estos rostros que van por la calle tan cuidadosamente recatados. Por eso los hombres no deben subir jamás a las azoteas de Fez.”

 PIERRE LOTI nació en Rochefort, en 1850, y murió en 1923. Su verdadero nombre era Julien Viaud. Fue escritor, viajero y oficial de la Marina francesa. Otras obras suyas son «Japoneries d´Automne», L´exilée», «Le désert», «Jérusalem» o «Journal intime».

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Crítica del escritor JOSE SARRIA de mi novela «UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE»

He recibido la crítica que el poeta, ensayista y crítico literario, José Sarria, ha publicado tanto en la Asociación Colegial de Escritores de España, sección Andalucía, como en Papel Literario. Después de leerla, sólo puedo darle las gracias por su indulgencia, por sus palabras, por la excelente impresión que le ha causado mi novela. El paralelismo que hace entre «Una sirena se ahogó en Larache» y «El pan desnudo» de Mohamed Chukri me llena de satisfacción porque esta última es una de las novelas que más admiro. Quizá sesa muy osado el reproducir lo escrito por José Sarria en mi propio blog, pero quién se resiste a una buena crítica, así que la comparto con vosotros.

Sergio Barce

JOSE SARRIA

Una sirena se ahogó en Larache

de Sergio Barce

(Editorial Círculo Rojo, 2011)

por José Sarria

Tras la lectura de Una sirena se ahogó en Larache, de Sergio Barce, experimenté la sensación de intertextualidad que subyace en el relato, frente a la novela El pan desnudo, de Mohammed Choukri. Ambos son dos textos que, con la diferencia temporal que les separa, comparten espacio creativo, a la vez que personajes de la escenografía del norte de Marruecos. Los protagonistas podrían ser perfectamente transferibles de un relato a otro; pero, a pesar de compartir el cosmos social y otros elementos similares, el objetivo de ambos libros es bien diferente.

Según Mezouar El Idrissi, cuando Mohammed Choukri escribió su novela autobiográfica El pan desnudo, lo hizo “buscando un ideal para salir de un ambiente social deprimido y sórdido … / … buscando un sentido a su existencia, a la condición humana, pero sintiéndose extraño en su propia tierra, perseguido por circunstancias y lugares llenos de miseria y privación” [1].

Por su lado, Sergio Barce, autor de Una sirena se ahogó en Larache, está marcado de forma indubitada por la experiencia vital de su infancia, que transcurrió en las calles de Larache. Barce no se siente un extraño en la que fue su tierra, al contrario, hace de ella una utopía sobre la que fundamentar la construcción de su obra. Él no busca, como Choukri, un “ideal para salir de un ambiente deprimido”, sino que utiliza este magma de la experiencia que habita en su memoria y lo reelabora para construir un relato en la frontera de la épica cotidiana, visto desde el asombro, desde la imaginación encendida de los niños, con los ojos infantiles de Tami, su protagonista.

Choukri y Barce utilizan similares escenarios y personajes, si bien con objetivos disímiles. El primero para denunciar y reivindicar una salida, el segundo para regresar a aquellos lugares en los que junto a su familia (que residía en Larache desde la época del Protectorado) vivió los primeros años de su vida. Prueba de ello son sus anteriores novelas En el Jardín de las Hespérides (2000), Últimas noticias de Larache y otros cuentos (2004) y Sombras en sepia (2006), libro con el que obtuvo el Premio de Novela Tres Culturas de Murcia, todas enmarcadas o referenciadas en un pasado localizado en esta ciudad, que pulsiona, de forma definitiva, la actividad creadora del novelista.

Como ha escrito el profesor Abdellatif Limami, “con Una sirena se ahogó en Larache, se consigue finalmente el reto tan deseado: escribir del Larache de hoy pero desde dentro de una familia marroquí muy humilde, con muchos problemas de cara al futuro de sus hijos y plasmar al mismo tiempo la desilusión que supone la desaparición paulatina de la memoria y la historia de un pueblo  a favor de una mera política del lucro o tal vez de la ignorancia … / …  El relato gira entonces en torno a una niñez castrada que sólo salva la desbordante imaginación. De una familia muy humilde, Tami, un niño de casi diez años, a imagen del niño yuntero, crece como una herramienta, a los golpes destinado. Los relatos que su imaginación teje constituirán la única válvula de escape que le permite resistir y erguirse” [2].

José Sarria recitando versos

Efectivamente, Tami mostrará desde el principio de la novela una imaginación desbordante, cuyos efectos plásticos se hacen visibles a través de la interconexión de dos planos narrativos (quizá el mejor logro del texto) que describen, por un lado, la cotidiana realidad y, por otro lado, la eclosión de una fantasía sin límites, y que el autor fusiona a la perfección en el relato, con una descripción de continuidad magistralmente labrada. Son brillantes los momentos en los que Tami, arrebatado por el éxtasis de su ilusión, escapa de su entorno y huye a otros universos que ha conseguido crear en su inocente corazón gracias a las múltiples historias que ha escuchado de su abuelo, El Hach, sobre el rescate que protagonizó Barbarroja de la Princesa de Argel, de Salah al-Din, de Scheherezade o del sultán Mülay al-Mansür al-Dahabi, o de los viajes de Simbad, de Ulises o de las caravanas de camellos camino de Tombuctú.

Sergio Barce lleva a Tami, desde su virginal concepción del mundo, desde su inocente interpretación del marco que le rodea, hacia una especie de deriva a través de los personajes del relato (El Hach, su abuelo materno, su madre Rachida, la hermosa Salwa, Miguelito, el niño español amigo de Tami, el halcón Horr, su hermano Ahmed, o su padre Mohammed) hasta conseguir la complicidad del lector con el protagonista, en esa amalgama de sentimientos, de proyectos y de ideales, con sus luces y sombras, que supone el despertar de la niñez en el trayecto hacia la adolescencia.

Todo el relato se encuentra enmarcado en el dédalo de calles, plazas y monumentos que conforman la ciudad de Larache. Sergio Barce, conoce a la perfección estos lugares, y los cincela en el texto con la esperanza del amante que confía en la resurrección de la amada que dormita. El Balcón del Atlántico, el Zoco Chico, el Castillo de las Cigüeñas, la Calle Real, el café Lixus, la Torre del judío, el Santuario Lalla Menana o el Jardín de las Hespérides, permanecen en el recuerdo del autor y conforman la cosmogonía del relato sobre la que sustentar la historia y a sus personajes.

El momento álgido de la novela se produce cuando Tami cree haber encontrado a una sirena varada en la playa peligrosa. La nereida es la metáfora, el símbolo de la fantasía del niño, en la que se refugia para trascender de su incierta realidad. Sin saber distinguir si lo vivido es cierto o forma parte de su imaginería desbordante, los acontecimientos se aceleran entre la incredulidad de sus más cercanos y la crueldad de quienes creen que ha enloquecido. Los acontecimientos se van sucediendo en la cotidianidad del Larache contemporáneo, desde la ingenua visión de un niño que envuelve de emotividad todo el relato, a pesar de la dureza de algunos capítulos, como el que relata los abusos vividos por Tami a manos de Pierre, un “enzerani” de casi sesenta años. El niño luchará por desterrar sus miedos y sus necesidades más inmediatas, adentrándose en su mundo de fantasía, en donde la justicia y la honestidad vencen a los valores de su realidad más cotidiana, ayudado por héroes, paladines, aguerridos generales y, como no, por el recuerdo de aquella hermosa sirena.

Como leemos en la contraportada del texto, Una sirena se ahogó en Larache es, en definitiva, una “narración que fluye en la frontera que separa las aventuras imposibles de las realidades infranqueables, pero también es una crónica de la vida en las calles de la ciudad vieja de Larache”. Aunque, en las últimas coordenadas de la novela, pudiera existir una denuncia social, éste no es el objetivo del autor, sino más bien contemplar el mundo desde el candor de la infancia, con la inocente mirada de los niños, para hacer posibles otras vivencias, frente a la severidad de un presente decadente que, por doloroso, se hace inaceptable.


[1] Fragmento del artículo “El otro rostro de Mohammed Choukri”, de Mezouar El Idrissi, publicado en “Marruecos Digital” (15-11-2006).

[2] Fragmento de la presentación del profesor Abdellatif Limami, en el Colegio Luis Vives de Larache (14-05-2011)

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Este articulo se puede leer en:   www.papel-literario.com  y en  www.aceandalucia.org

José Sarria (Málaga, España, 1960). Escritor, ensayista y crítico literario. Ha publicado nueve textos de poesía y uno de relatos. Su poesía ha sido traducida al italiano y al árabe, y se encuentra recogida en diversas antologías y revistas especializadas. Ha sido incluido en la ENCICLOPEDIA GENERAL DE ANDALUCÍA. Tomo XIV (Junta de Andalucía). Finalista del Premio Andalucía de la Crítica (año 2000) por su poemario Sepharad (Málaga, 2000), Primer Premio Internacional de relatos CUENTOS DEL ESTRECHO, por su libro de relatos Los heraldos negros (Algeciras, 2008) y Accésit del V Certamen Creadores por la libertad y la paz, convocado por la Fundación contra el terrorismo y la violencia “Alberto Jiménez Becerril” por su poemario Raíz del agua (Sevilla, 2011).

Son importantes sus trabajos y contribuciones en el campo ensayístico (siendo coautor de la antología de poesía andaluza contemporánea, Poesía Andaluza en Libertad. Una aproximación antológica a los poetas andaluces del último cuarto de siglo), así como sus investigaciones tendentes a recuperar el legado de la literatura sefardí y de sus autores contemporáneos. Igualmente destacan sus estudios acerca de la neoliteratura española en el Magreb (literatura hispanomagrebí), siendo coautor de una de las más destacadas antologías actuales sobre este fenómeno, Calle del Agua. Antología contemporánea de literatura hispano-magrebí.

Ha participado en numerosos congresos y jornadas literarias, nacionales e internacionales, tanto en España (Córdoba, Sevilla, Granada, Málaga, Algeciras, etc.), como en Portugal (Lisboa), Marruecos (Tetuán, Tánger, Larache y Fez) y Túnez. Es miembro del Jurado del Premio Andalucía de la Crítica (años 2007-2011), de la Junta de Gobierno del Ateneo de Málaga (1994-1996), de la Junta de Gobierno de la Asociación Andaluza de Críticos Literarios (2000-2011), así como de la Junta de Gobierno de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía (2004-2011). Pertenece a los Consejos de Redacción del Suplemento Papel Literario de DIARIO MÁLAGA y de su versión digital (Málaga, 1997-2011), de la Revista Literaria ´Tres Orillas´ (Algeciras, Cádiz, 2002-2011) y de la Revista Literaria ´EntreRíos´ (Granada, 2005-2011).

En este blog tenéis el link de entrada a la web de José Sarria:  www.josesarria.com

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