AIN CHAKKA
Quería poner, a mi vez, mi modesto granito de arena para conservar la historia de Larache trayendo a la memoria algo sobre la playa más popular de nuestro querido pueblo: Ain Chakka
El nombre de Ain Chakka proviene de los diferentes manantiales de agua dulce, fresca, ligera y límpida que brotaba de la tierra o surgía entre las rocas situadas más arriba del litoral marino (en àrabe, ain = manantial y chakka = fisura). Desde el Balcón del Atlàntico podíamos ver jóvenes y mujeres, generalmente pobres, lavando la ropa sucia o la lana en aquellos manantiales, pisoteándolas con fuerza y pronunciando constantemente la palabra stuff !!!, stuff !!!.
Ain Chakka estaba formada de una serie de acantilados y rocas de arenisca calcárea alrededor de agua marina y fondo formado de arena, grava, pedazos de coral, conchas y otros restos de organismos marinos que habían sido transportados por las corrientes y el oleaje hasta la playa. Había varias pozas (llamadas asi debido a su forma de charca rodeada de rocas): la primera poza, la segunda (la màs visitada), la tercera y la cuarta. La playa de las olas venía antes de la primera poza, en dirección de la otra banda.
Un poquito más arriba donde apenas llegaba el agua durante la marea alta, había varias cavernas formadas hace siglos por la acción del oleaje y del viento sobre los acantilados y mucho antes del regreso del mar a su posicion actual. Dentro de aquellas cavernas, podrías encontrarte con mujeres, generalmente de edad más o menos avanzada, sentadas sobre las rocas, con vestidos morunos multicolores, como si fueran unas viejas sirenas que perdieron belleza y atracción. Las llamábamos <harrudas>. Estas vendían unos minutos de placer (agachándose) por varias pesetillas. Al mismo tiempo, dispersaban muchas enfermedades sexualmente transmisibles entre los jóvenes de la ciudad, sobre todo la blenorragia, si no sea la sifilis. Menos mal que no había SIDA
Más arriba, al norte de Ain Chakka, un poco debajo de la antigua muralla de Larache, se encontraba un pequeño morabito sin tumba, llamado Sidi Buknadel (el santuario de las Candilejas). Las mujeres lo visitaban continuamente, encendiendo velas o colgando largos trozos de tela de diferentes colores y tejidos, logrando a Dios que satisface uno o varios de sus deseos, entre ellos, casarse pronto o que permanezca el marido fiel o que obedezca a su mujer sin condiciones algunas.
Mas allá de este morabito y siempre al norte de Ain Chakka, cerca de la entrada del puerto, había una roca <sagrada> siempre blanqueada con cal, llamada Lalla Zouaina (la señora bonita). Unicamente las mujeres se bañaban con la ropa interior en las aguas del mar, situadas alrededor de dicha roca. Y muchas veces les llevaba el mar.
Los visitantes de Ain Chakka fueron los larachenses de distintos barrios: Guebibato, calle Hospital (los dueños por excelencia de la región), Alcazaba, Laghrisa, Bab el Bhar, calle Barcelona, Las Navas, Barrio Nuevo… y de distintas religiones: musulmanes, cristianos y judíos. Era un espacio de recreo, de diversión, de contactos con niños de diferentes barrios, y de esparcimiento. Es allí donde habíamos aprendido a nadar, a saltar (saltos àngel, carpa, mortal) desde las altas rocas, a recalar debajo de la cristalina agua y a tener contacto con el mar y con sus <bichos>.
Una vez terminada la bañada, nos dirigíamos hacia la superficie plana de una de las rocas para secarse (no había la necesidad de poseer toallas) y para recuperar nuestra ropa. La sorpresa era grande cuando nos enterábamos de que la correa había desaparecido del pantalón, je, je…
Como pequeños, nos gustaba mucho explorar la fauna marina de Ain Chakka en períodos de marea baja: saltar sobre las rocas, explorar animales adornadas de conchas en forma de sombreros chinos, de almejas, caracoles, de atrapar cangrejos, sacándoles de sus refugios utilizando dos pinchos, contemplar pececillos, erizos y gambas en las cubetas donde el agua del mar persiste aun en mareas muy bajas (les llaman marmitas del gigante y son formadas por la acción mecánica giratoria de la fuerza de las olas sobre las superficies rocosas).
Para ir a Ain Chakka teníamos que saltar sobre el Balcón del Atlàntico y tomar una de las cuestas demasiado inclinadas, situada entre la densa vegetación y la basura, frenando de vez en cuando para mantenernos en equilibrio. Una densa nube de polvo se levantaba alrededor de nuestros piés.
Teníamos poco interés de ir a la otra banda, Cuando decidíamos ir, lo hacíamos nadando, dominando las corrientes marinas para ganar el precio del bote.
A mediados de los años 50, Ain Chakka era visitada por niños y jóvenes descendientes de zonas desfavorecidas de la periferia de Larache. Como el bañador era para aquellos una cosa de lujo, se contentaban de bañarse <en pelota>, lo que daba a Ain Chakka el aspecto de una playa de nudistas, pese a su proximidad del Balcón del Atlàntico.
Ain Chakka, sobre todo en los finales de los años 60 y principios de los 70, era un verdadero ecosistema en perfecta armonía, donde convivía toda clase de animales: invertebrados (anémonas de todo color, moluscos, estrellas del mar, erizos del mar, cangrejos ermitaños, cangrejos de roca o chivatos, pulpos, medusas…), y vertebrados (morenas, raya manta y otras especies de peces…) con vegetales, como algas rojas, verdes, pardas…etc. y con su medio ambiente fisico.
A partir de los años 70, la explotación excecsva de cangrejos y de mejillones por los habitantes de Larache –sobre todo los niños que cazaban y luego vendian cangrejos hervidos en agua caliente sobre pequeñas mesas en la Medina- había reducido considerablemente los individuos de estas dos especies marinas. Después viene la evacuación de las aguas usadas sin ser sometidas a ningún tratamiento, sobre todo en la region sur, en dirección de la playa del Matadero. Muchas especies sufrieron un evidente retroceso. Pero la verdadera catástrofe vino cuando las autoridades de Larache, decidieron construir un puerto natural en Ain Chakka, debido a la localización geográfica y estratégica de esta última, y que podria ser, según ellas, una extensión natural del puerto actual. La primera y última decisión tomada era la de bombardear Ain Chakka con fuertes explosivos con el fin de disminuir el volumen de los acantilados y rocas. Como consecuencia de esta decisión: Ain Chakka desaparece definitivamente del mapa de Larache, con su flora, su fauna, sus pozas y su legendaria belleza.
Ain Chakka es para nosotros como un bonito sueño.
AHMED CHOUIRDI


Para los actos que se organizaban, ya fuesen obras de teatro o actuaciones musicales, también contaba Larache con buenos presentadores, como los que aparecen en la fotografía que podéis ver a continuación, donde los maestros de ceremonia fueron Maria Carmen Columé y Requena.
