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VIAJANDO POR EL MAGREB HISPÁNICO (3) del escritor larachense JOSE EDERY BENCHLUCH

Último tramo del libro de Pepe Edery. Estas últimas doscientas páginas son más de trazo histórico y religioso, y el libro se convierte en un detallado documento en el que, además de continuar desvelando algunas leyendas y tradiciones más, especialmente el dedicado a las ghadas en el Magreb y los yennun, que son temas que me interesan personalmente, también dedica varias páginas muy interesantes al General Mezián, personaje curioso muy ligado a Larache.

Pero esta vez Pepe se adentra con mayor hondura en su estudio, descripción y miniaturista estudio de las mezquitas, tanto de Túnez, Argelia como de Marruecos, aunque a estas últimas les dedica más atención por su cercanía y por su cariño a nuestra tierra. Por supuesto, se demora con delectación en las mezquitas de Larache, que además nos sirve para proseguir con nuestros paseos por las calles de la ciudad. Así que  de su mano, nos vamos de visita a las mezquitas larachenses:

<En Larache o El Araich el primer edificio que atrajo la atención de las tropas españolas que desembarcaron en 1911 en la playa del Barandillo fue la mezquita Nasriya, junto al primer colegio del Patronato Militar Español de principios del siglo pasado. Recuerdo que en mi infancia las olas del mar, durante la época de grandes mareas, barrían la calle y lamían su puerta. Situada en un extremo de la calle, que es como un paseo-balcón de la playa fluvial, su alto alminar se eleva sobre la puerta de entrada  presentando varios tramos de decoración en tonos blancos y azulados. Se presencia es notable y atípica en el paisaje del borde urbano, en los aledaños de la playa y sobre la ribera del río Lukus. Construida en el siglo XVIII por la cofradía morabítica de los nasyirin en honor de su santo fundador Sidi Ahmed Nasr Dari, está constituida por un edificio de tres crujías o espacio comprendido entre dos muros de carga, con tres tramos paralelos al muro de la quibla.

Mezquita Nasriya o Nasría

El Zoco Chico larachense es uno de los mercados más bonitos de Marruecos por su estructura y tradicional estilo arquitectónico, que fue construido en el siglo XVIII. Un espacio urbano que unía el barrio de la Alcazaba a través de su puerta del siglo XV cubierta con bóvedas de ladrillo y con un arco en herradura con decoración polilobulada con paños de sibka, con el barrio de las Kebibat (cupulitas). A través de su puerta con su misma denominación que comunicaba con el castillo Al Nasr, de San Antonio o de las Kebibat, tres denominaciones sucesivas desde su construcción en el siglo XVI tras la batalla de los Tres Reyes o del Mejazén, por el Sultán Ahmed al Mansur al Daabi.

Castillo Al Nasr, de San Antonio o de las Kebibat

En este castillo, histórico baluarte defensivo en la historia de Marruecos, España y Portugal, situado al final del extremo norte del acantilado y mirador del Balcón del Atlántico, dominando la desembocadura del río Lukus en una espléndida panorámica, estuvo ubicado el Hospital Civil. En el que muchos prestigiosos médicos españoles de mi anterior generación dejaron constancia y recuerdos de su arte galénico (doctores Los Certales, López Astral, Amselem, Mayor, Consuegra, Dalebrook, Seguí, Muñoz, Quetglas, etc…). Situado frente al Consulado de España (el edificio Flecha), actualmente se halla abandonado y en completa ruina. La tercera puerta de acceso al Zoco Chico es la de la Medina, construida en 1612, que daba acceso a la plaza de Armas, espacio previo a la construcción del zoco chico. Fue remodelada en época del Protectorado al mismo tiempo que se construía la plaza de España, hoy denominada plaza de la Liberación, tradicional y principal centro urbano y comercial de la ciudad.

Mezquita Mayor

En el zoco chico se encuentra la mezquita Mayor o Jamaa Kebir construida en el siglo XVIII por mandato de Ibn Abdalah sobre el solar de una antigua mezquita fundada por el Sultán Mulay Ismail en el siglo anterior. El edificio de unos 1.200 metros cuadrados consta de cuatro naves, cinco tramos de arquerías y patio porticado. Su mihrab en medio del muro de la quibla es un artístico nicho de sección pentagonal con un arco de herradura. La mezquita posee cinco entradas diferentes: tres para los fieles, una para el imán y una para los servicios funerarios. A semejanza de la mezquita Nasriya, que era como un vigilante espiritual para los obreros del mar, esta jamaa conforma perfectamente la dualidad funcional de las mezquitas al servir de espacio de oración y de espacio social. Se apoya para esta función en la vecina madrasa, creada inicialmente en 1170 como fondac (albergue) de mercaderes, y en los artesanos y comerciantes del zoco chico y de su alcaicería.

Mezquita Anwar

La mezquita Anwar y la Torre de la antigua Comandancia de Marina son los edificios que más sobresalen en una panorámica de la ciudad desde la otra orilla del río o desde las ruinas púnico-romanas del Lixus. Atravesando desde el zoco chico la puerta de la alcazaba se encuentra la mezquita en la plaza del mismo nombre. Construida en el siglo XV, fue reconstruida en el siglo pasado sustituyendo su antiguo minarete de tipo cuadrado por el actual alminar octogonal. El edificio se asienta sobre mezquitas anteriores construidas en los siglos XV y XIX, edificadas en los espacios del antiguo convento y cementerio cristiano de San Francisco, del siglo XVII. Se caracteriza en su arquitectura por su sala indiferenciada de tres naves con tres tramos cada una, y su galería con pórticos.

La mezquita Mesbahiya, fundada originalmente como zauía para los fieles de la cofradía fundada por Sidi Yilali el Mesbahi en el siglo XVII, está situada en pleno barrio de las Kebibats, en las cercanías del sadik (justo) judío de la ciudad Rebí Yusef Hagalili (José el Galileo). Fue construida en los siglos XVIII y XIX y restaurada durante el Protectorado español. Consta de cuatro crujías de cinco tramos cada una, paralelas, al muro de la quibla, sin patio de abluciones, y con un blanco alminar trabajado con azulejos en su mitad inferior>.  (Pag. 471 y ss.)

Como cierre a su antológica Summa, el doctor José Edery Benchluch también nos explica profusamente la existencia, historia y estado actual de las sinagogas en el Magreb, en Marruecos en especial y, de nuevo, calmosamente en las de Larache. Me remito a su artículo que ya colgué en este blog sobre las snogas, pues hay parte en aquel de lo que describe en su libro, aunque he de advertir al curioso que en su libro los datos sobre las sinagogas de Larache son francamente jugosas.

El capítulo último del libro, además de dedicarlos a las sinagogas, ofrece una gran variedad de aspectos relacionados con los hebreos: su tradición gastronómica, el sexto mandamiento en Marruecos –muy simpáticas las anécdotas sobre los prostíbulos, especialmente durante su infancia, y la calle Real de Larache-, la escritura fenicio hebrea, el Bar Mitzvá, etc, etc…

De todos ellos, reproduzco un fragmente que me ha resultado aleccionador. Desde siempre, he utilizado la palabra “hebreo” y raramente la de “judío”, incluso algún amigo me ha hablado de ello diciéndome que siempre le ha llamado la atención mi manía. Pues ha sido precisamente Pepe Edery quien me ha dado la respuesta: simplemente proviene de algo que se implantó en la zona del Protectorado, y que yo, nacido ya en un Marruecos independiente, “heredé” de alguna manera de mis padres. Y esta es la explicación:

<Franco y los judío-hebreos de Marruecos:

Tras la Guerra Civil española, en la España de Franco, en sus colonias, Protectorado y Plazas de Soberanía, se utilizaron las denominaciones judío y hebreo en dos sentidos diferentes. Franco publicó en 1926, dos años después de la retirada y evacuación de Chauen o Xauen durante la Guerra de Marruecos, un artículo en el que resaltaba la dignidad y las virtudes de los judíos que vivían en la ciudad marroquí, entre los que tuvo varios amigos. Algunos de los cuales fueron los que probablemente intercedieron ante los banqueros judíos de Ceuta y de Tánger para obtener préstamos y donaciones (a fondo perdido) para ayudar al Alzamiento que se produjo diez años después. Este filosefardismo labrado en Marruecos, según Álvarez Chillida, será esencial para comprender  su postura de ausencia de un antisemitismo declarado, tanto durante la guerra como en determinadas declaraciones. Puede que influyeran también sus probables antecedentes genéticos judíos, de los que se vanagloriaba públicamente su hermano Ramón, que era aviador, y de los que Hitler ordenó se investigaran.

Franco quiso distinguir, y en este sentido orientó su política, entre los judíos <buenos> y los judíos <malos>. Estos segundos eran los europeos, <aliados en cuerpo y espíritu>, según su concepción, con sus enemigos, que eran Rusia, los comunistas, la masonería y los judíos norteamericanos. Acordaros de su famosa frase del <contubernio judeo-masónico> en la mayoría de sus discursos. Los judíos <buenos> serían los sefarditas, especialmente los que vivían en Marruecos, a los que se denominaría <hebreos>, para que no se confundieran con los <malos>. Por ello en el Protectorado, en Ceuta y en Melilla, hasta fechas muy recientes, se utilizaba la denominación de <hebreo> por parte, no sólo de los cristianos, sino también de los propios judíos>.  (Pág. 518)

Dr. JOSE EDERY BENCHLUCH

Sea como fuere, mi personal uso de la palabra “hebreo” quizá provenga de aquí, pero en lo más profundo deriva de mi idea de que esta palabra es más respetuosa, quizá porque la de “judío” fue tan manoseaba, vilipendiada y despreciada, especialmente en las etapas más oscuras de la historia europea, que me resulta mucho menos atractiva. Pero esto es una cuestión muy personal.

En fin, llegados al final del libro <Viajando por el Magreb Hispánico> hemos de concluir que es una obra imprescindible para consultar, estudiar, aprender y, claro, viajar, especialmente a los larachenses, que de una u otra forma lo harán de regreso. He disfrutado con muchas de sus partes, como ha quedado patente en mis tres entregas o comentarios al mismo, y reitero una vez más que es un trabajo espectacular.

Última hora: Pepe Edery <nos amenaza> con la inminente publicación de un segundo volumen. Y yo me pregunto, ¿pero aún le quedan más temas que tratar? Parece que sí, de manera que gracias a él tendremos una pequeña gran biblioteca de consulta, ampliable.

Sergio Barce, octubre 2012

 

 

 

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LARACHE – HICIERON HISTORIA, un relato de JOSE GARCIA GÁLVEZ

Este pequeño relato-homenaje de Pepe García Gálvez me ha hecho recordar a Tisso, y también al Indio y al Moreno. A Tisso (o Tizo, no sé cómo escribirlo) le han conocido varias generaciones de larachenses. Al Indio y al Moreno creo que sólo lo hicimos unos pocos, y a una edad determinada. No sé qué año sería, entre el setenta y el setenta y dos, quizá, cuando el Indio, un chaval alto, huesudo, malencarado, y el Moreno, recio, fuerte, de piel oscura, con cara de pocos amigos, aparecieron de la nada. Iban desarrapados, con camisetas raídas y descoloridas. Uno llevaba una navaja, tal vez lo hiciesen los dos. Se convirtieron en nuestra pesadilla. Se decía que habían escapado de la cárcel. Incluso nos dijeron que uno de ellos había asesinado a alguien. Es una historia que tengo escrita, y un día publicaré. Parece una historia de Mark Twain, pero en Larache, y en el Lukus, en vez de en el Mississippi. Cuando les veíamos de frente, cambiábamos de acera, pero, a veces, nos acorralaban en alguna callejuela sin salida y nos quitaban los pocos dirhams que llevábamos en los bolsillos o nos robaban el pan o lo que hubiésemos comprado en el bacalito. El Indio y el Moreno, sombras del pasado que hicieron una parte de nuestras infantiles vidas. Aunque he de decir que el relato-homenaje de Pepe García (Pepe Maño) es más entrañable por los personajes que he escogido, y quizá traiga más recuerdos que los protagonistas de esta introducción.

Sergio Barce, octubre 2012

HICIERON HISTORIA

En multitud de ocasiones cuando hablamos o escribimos de Larache, la mayoría de las veces nos referimos a sus calles, plazas, colegios, playas, hechos o a personas que han destacado en sus profesiones, negocios o cualquier otro éxito en sus vidas. Todo lo que nombro ha ido formando poco a poco la historia de Larache. Sin embargo ha habido
larachenses, quizás de condición más humilde que los que nombro, que también han hecho historia en Larache. Por lo tanto, voy a poner mi modesto granito de arena para conservar esa historia trayendo a la memoria a algunos de estos personajes que no debemos olvidar.

¿Quién no recuerda a “La Suspiros”? Aquel simpático y dicharachero “mariquita”, con un marcado acento andaluz, encalador de oficio, que deleitaba con sus picarescas ocurrencias. O a “Marconi”, un joven judío habilísimo en instalaciones eléctricas, que muchos consideraban algo tonto, aunque en realidad yo creo que se lo hacía cuando le convenía. También estaba “Calero”, un ex-legionario nacido en Larache y que se ganaba la vida vendiendo pasteles y bizcochos, que llevaba en una cesta que asía con el brazo, al grito de “¡Comprarme, que me voy!”. Y el “Gato Negro”, un ex-boxeador marroquí, muy moreno y bastante fuerte, que todos los años hacía arreglos en la escalerilla esculpida en la piedra, por la que se descendía a la Playa del Matadero. Por esa labor recibía bastantes propinas, sobre todo de los habitantes de Las Navas.

Y hablando de boxeadores, yo creo que uno de los personajes más populares era “Pariente”: bajito, delgado y de apariencia débil, algo trastornado, que vivía en la creencia de que había sido una gloria del ring, y relataba combates de boxeo que solo existían en su imaginación. A veces cuando se celebraba alguna velada de boxeo en el Teatro España, se solía “amañar” un combate en el cual el contrario se dejaba ganar, con el regocijo de la gente al ver la alegría de “Pariente”. El contrincante de estos combates solía ser “Bujali”, otro ex-boxeador algo sonado, también bastante popular.

Otro personaje era “La Antoñita”,  también “mariquita”, que vivía en la Calle Real, alto y guapo, que fue aprendiz de sastre y luego ejerció como barman..También estaba “Guripy”, un español delgado, de corta estatura y muy ocurrente, que se ganaba la vida en el puerto con una furgoneta que solo él sabía hacerla andar.

Podría contar hechos de ellos, pero yo creo que la mayoría de los larachense los conocen. Y podría nombrar a algunos más, pero la falta de espacio hace que los reserve para otra ocasión. Estos larachenses, a su manera, hicieron historia en Larache, y, posiblemente, algunos ya no estén entre nosotros. Para todos ellos mi respetuoso y cariñoso recuerdo.

                                                     José García Gálvez (PepeMaño)

JOSE GARCIA GALVEZ en El Jardín de las Hespérides

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ENTREGA DEL PUERTO DE LARACHE A LOS ESPAÑOLES EN 1610

El Semanario Pintoresco Español fue una revista española que se publicó en Madrid  desde 1836 a 1857 con periodicidad semanal.

Fue fundada por Ramón Mesonero Romanos. El primer número salió a la venta el 3 de abril de 1836 y el último el 20 de diciembre de 1857. Constaba de 8 páginas y el precio de la suscripción era de tres reales. A lo largo de su existencia fue publicado por diferentes imprentas: T. Jordan, F. Suárez, V. Lalama, B. González, G. Alhambra , J. Rene y M. Gómez. (Datos obtenidos de Wikipedia)

Ramón Mesonero Romanos

Pues bien, en dicho semanario, se publicó (desconozco el número al que corresponde) un artículo firmado por M.Ramírez y De las Casas Deza, titulado <Entrega del puerto de Larache a los españoles en 1610>, que me ha llegado a través de alguien muy querido. El artículo es curiosísimo y de un gran valor periodístico e histórico, y la verdad es que hasta ahora no lo conocía, así que he creído que una pequeña joya como ésta hay que compartirla.

Sergio Barce, octubre 2012

Transcripción del artículo

<ENTREGA DEL PUERTO DE LARACHE A LOS ESPAÑOLES EN 1610>

publicado en

<El Semanario Pintoresco Español>

La fuerte ciudad de Larache está situada en la costa de África sobre el Océano Atlántico y pertenece al reino de Fez. Los romanos la llamaron Lixa, y J.Solino, Tolomeo y Mármol la mencionan con diferentes nombres.

Los reyes de Portugal y de España desearon apoderarse de esta plaza para seguridad de sus armadas, y por último los españoles al principio del siglo XVII aprovecharon la ocasión  que se les ofreció de hacerse dueños de ella. Muley Jeque, que sucedió a Muley Hamet, con motivo de algunas alteraciones que se suscitaron contra él en su reino, se vió precisado á implorar el auxilio del rey D. Felipe III, para lo cual pasó á España, y por órden de este monarca fué hospedado en la ciudad de Carmona. Arreglados sus negocios, en remuneración del auxilio y gastos con que lo había favorecido el rey católico para ponerlo en posesión de su reino, se convino en cederle la plaza de Larache quedando en Ceuta y Tánger dos hijos de Muley en rehenes para seguridad del tratado. Entonces mandó el rey D. Felipe que D. Juan de Mendoza, marqués de San German, capitán general de la Artillería de España saliese de Cádiz en las galeras que mandaba D. Antonio Colona, conde de Elda, para entregarse de Larache. Marchó allá el marqués, y así que se tuvo en España noticia de haber tomado posesión de ella se publicó una relación del suceso en una hoja suelta, que era el único medio usado entonces para comunicar al público los acontecimientos importantes, la cual escrita al parecer por D. Antonio Colona era del tenor siguiente:

<El rey Muley Jeque envió á decir á los moros de Alarache que fuesen á Alcazarquivir, que les quería pagar todo el sueldo que les debía y con esta nueva partieron luego. No quedaron en el castillo sino algunos viejos impedidos y el alcaide que se llama Garni. Habiendo avisado al marqués que fuese á tomar la tenencia partió luego con las galeras y en llegando á la entrada de la barra, se alargó á la banda del poniente á una caleta de aquel cabo del castillo de Ginoveses, y mandó al sargento mayor Bastajo que 200 arcabuceros y mosqueteros saltasen en tierra y fuese á Alarache, y que en nombre de S.M. pidiese las llaves y coló luego al punto, y cuando llegó al castillo le dijo al alcaide Garni estas palabras: mande vuestra señoría entregarme las llaves de la fortaleza, que así lo manda S.A. del rey Muley Jeque; y el alcaide alzó los ojos al cielo y dijo: ¡Ala! Y entregó las llaves; y luego envió los cien soldados al un castillo con otro sargento mayor, y él se quedó en otro castillo y entraron dentro, y alzaron estandarte en nombre S.M.

Llegó luego el marqués con el resto y se apoderó de todo. Esto fué sábado, día de San Esteban 20 de Noviembre. Luego partieron las galeras á entrar por la barra: fué tan grande el temporal, y marea que hubo, que estuvieron á pique de perderse. Entró la capitana y le entró un golpe de mar, y le llevó una banda con daño de muchos soldados, marineros y forzados, quebradas piernas y brazos, y algunos muertos.

Lunes 22 de este mes fui á entrar con mi navío á la barra, y nos dió un golpe de mar que por poco estuvimos á pique, fué Dios servido que pasamos la barra tocando cuatro veces con el arena.

Ahora estamos fortificando y haciendo trincheras y estacadas, por que no les ofenda la caballería: al castillo de tierra le han puesto por nombre Santa María la Mayor, y al de mar San Antonio, y á la mezquita han señalado por iglesia mayor, y otro sitio para San Francisco, y una casilla que era entierro de un moravito que está entre los dos castillos, que era entierro de los moros, le han señalado á San Agustín: en el circuito que queda cercado se puede hacer una ciudad mayor que Cádiz: coje de un castillo al otro.

En ambas fuerzas se han hallado mas de setenta piezas, la mayor parte de bronce y algunas reventadas: mucha pólvora, cuerda y balas de hierro colado, hasta los aparejos de cabalgar. Son los encabalgamientos malos, que es menester echarlos otros nuevos.

El rey moro envió á decir al marqués que ya había cumplido su palabra, que supiese guardar su fuerza, y que le diese un castillo en que recogerse, y el marqués le respondió, que él la defendería, y que no podía dar castillo sin órden del rey de España.

El alcaide Garni no se atreve á salir fuera de Alarache de temor no le maten los moros: aquí está con toda su casa muy arrepentido, el marqués le dió cuatro mil reales de á ocho. El sitio de aquesta tierra es muy fuerte: mucho mas de lo que se decía. El castillo de la mar está sobre la misma barra, que con piedras pueden matar á quien quisiere entrar en él. Tiene un grande foso y puente levadizo, no puede ser minado porque está sobre peñas. Deste han hecho castellano á Don Pedro de Vicuña, capitan de la armada real. El castillo de tierra tambien es fuerte con un grande foso fabricado en triángulo; la entrada del castillo tiene tres vueltas y las murallas altas, de forma que en el uno y en el otro no son de provecho escalas ni bitardas. El lugar está entre los dos castillos cercados con malas murallas, caídas y maltratadas, facil de tomar: será tan grande como lo que está cercado en la villa de Cádiz: en saliendo el Sol le dá de frente. Cada casa tiene su jardín, una higuera, una parra, y un bancalejo para hortaliza: las casas son unos malos aposentos de barro y piedras, cubiertas algunas con tejas y otras con palmas y ramas, como casillas de cortijos: hay una larga ribera de huertas á orillas del río, y los puercos, jabalíes vienen hasta las propias casas: hay muchos y muchas bellotas. El primer presente que hicieron al marqués fueron bellotas. Están hechas las paces por treinta años; que puedan los cristianos contratar en el reino de Fez, los moros en los reinos de Castilla. Los moros están aquí con nosotros y traen á vender leche, manteca, y gallinas, carne, bellotas, y todo lo venden tan caro que vale mas barato en España. Muchos moros que echaron de España están aquí, y dicen que son cristianos; con todo eso se han retirado la tierra adentro su casas ect.- Deo gracias.-

Tal es la relacion de la toma de Larache.

Lt. M. RAMIREZ Y DE LAS CASAS DEZA.    

 

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FIRMAS CONTRA EL CIERRE DEL CONSULADO ESPAÑOL EN LARACHE

570

FIRMAS CONTRA EL CIERRE

DEL CONSULADO ESPAÑOL

EN LARACHE

actualizado a las

00:00 horas del día 8 de Diciembre de 2012

Ya llevamos,

entre las efectuadas vía internet

y las recogidas en persona en Larache,

570 firmas

contra la incomprensible decisión de cerrar el Consulado de España en Larache, el PRIMER CONSULADO que España abrió en MARRUECOS.

          Frente a este error histórico, tratamos de recoger todas las firmas posibles, tanto por esta vía, a través del enlace creado por nuestra paisana Naima El Orfa El Kobsi en internet, como con las firmas que, de manera personal, se han recogido en Larache y que YA se han presentado en el propio Consulado.

Pero seguimos en la brecha, tratando de sumar el mayor número de firmas posibles.

CUALQUIER PERSONA PUEDE ADHERIRSE

Si estás en contra de este cierre, te ruego entres en el siguiente enlace y estampes tu firma para tratar de evitarlo. Gracias por tu ayuda.

http://www.change.org/petitions/consulado-espa%C3%B1ol-de-larache

PARA ENTRAR EN EL ENLACE ANTERIOR,

POR FAVOR,

CÓPIALO Y ENTRA A TRAVÉS DE GOOGLE

Hasta el día de hoy

 han suscrito la carta que se reproduce más abajo

 las siguientes personas:

Abdelghani El Khairat

Abdelhak Akjeje
Abdelhak Essahal
Abdelhak Semlali
Abdelhay el Haddad
Abdelilah Bensar
Abdelilah Douay Benzaine

Abdelilah Failali
Abdelilah Serroukh
Abdelkader Karmaoui
Abdelkrim El Fenoir
Abdelkrim Mansour
Abdelmayhit Attamlihat
Abdelmoumen El Kantaubi
Abdellah Amari González
Abdellah Charafi
Abdellah El Haittout
Abdellah Megmoune

Abdellah Zekari
Abdellatif El Karti
Abdellatif Ettayae
Abdellatif Jelouli
Abdellatif Limami
Abdellatif Serroukh
Abdellaziz Elaisi
Abdenmour Rahmuni
Abderrahim Aoual
Abderrahim Tarib
Abderrahman Assili
Abderrahman El Anjeri
Abderrahman Rabah
Abdeslam Ben Moussa
Abdeslam Elamri
Abdeslam Elhmar
Abdeslam García Ramón
Abdeslam Kelai
Abdeslam Serrohk
Abdessalam Hambouch
Abdessamad Aouns
Abdessamad Douay
Abel Taligui
Adela Montoya

Adela Ramírez
Adil El Mohammadi
Adil Zro
Adnan Alae
Afaf Ettayae
Africa Delgado Gómez
Agnaou Mounia
Agustín García Santos
Agustín Morales
Ahmed Amma
Ahmed Bouharrat
Ahmed Derraz
Ahmed El Idriss
Ahmed El Msadawi
Ahmed Essaidi
Ahmed Fattech
Ahmed Jbari
Ahmed Laghzinur
Ahssen Redouan
Aicha Mouatakef
Ainou Bouchra
Aissa El Magmouni
Akram Bouhsina
Albert Benchlouch
Alberto Domingo Curto
Alberto Fereres Castiel
Alberto Gabarre
Alberto Paños Ducali
Alejandra Gomendio

Alejandra Reyes
Alejandro Blanco Moreno

Alejandro Blanco Rodríguez
Alejandro Fernández Alonso
Alfredo Prieto Altamira

Ali Bilal Rothi
Alicia Ribera
Almudena Antúnez
Amal El Orfa
Amin Jelouli
Amparo Berruezo Martínez
Amran Bendayan

Ana Amselem
Ana Berrocal Pérez
Ana Cuevas
Ana Sánchez
Ana Isabel Rayo Torres
Ana Isabel Reinosa Bartolomé
Ana J. de Armas Jiménez
Ana María Coello
Ana María Cordero Serna
Anass Zaroual
Angel López Ramos

Angel Mesa

Angela López Cobos
Angeles Marco
Angeles Ramirez Gutiérrez
Anibba Jebari
Antonia Ramón
Antonio Abad Romero
Antonio Barce Cabeza
Antonio Gálvez Campos
Antonio García Arias
Antonio Lechugo Vázquez

Antonio Mesa Muñoz
Antonio Peña
Antonio Rivas Velicia
Antonio Roda Jorge

Antonio Sánchez Erbibo 
Antonio Santatecla Carro

Antonio Selva López
Antonio Augusto O. Salgado

Antonio José Capelo Domínguez
Aouatif Rhylana
Asmae Chaabi
Aziz Bouhdoud
Bachar El Baghdadi
Bakour Rauaib
Begoña Blanco Sánchez
Bella Moyal Buzaglo
Bilal Berouain
Blanca Gomendio
Boujemaa El Abkari
Buenaventura Vivas Olivares
Carisa González
Carlos Amselem

Carlos Galea Díaz

Carlos López Muñoz
Carlos Nieto
Carlos Ribes Gutiérrez
Carlos Federico Tessainer y Tomasich

Carlos Francisco Canet Ortigosa
Carlos Javier Martínez Guerrero
Carmen Allué
Carmen Costa Brea
Carmen Iglesia Parralejo

Carmen Parra Berruezo
Carmen Rego
Carmen Talbo López
Carmen Valle
Carolina Tessainer Cabellos-Nocq
Cayetano Cabezos García

Cayetano Gil Benedito
Conrado Jesús Sousa Bernal
Cris González
Cristian Ricci
Cristina García Leyva

Cristina Navarro Sánchez
Cristóbal Ramírez
Cruz Gomendio
Chahrazad Sbai
Chaima El Hannach
Chami El Baazaoui
Danielle Fréderique Quiot
Daniel Benchluch
David Benchlouch
David Trigueros
David Valverde
Denise Clarembaux
Diego García Carrasco
Diego Mauriño Medero
Dito Beniflah
Dolores Pérez
Domingo Bueno Blasco
Dori Segrera Luján
Douadi Jaouad
Driss Chahboune
Driss Kamal
Eduardo Alvarez
Eduardo Espinosa Román
Eduardo Ribes Gutiérrez
El Hachmi Yebari
El Khadir Yebari
El Madi Mbarek
El Mokhtar El Abbasi
Elena López
Elena Santamaría Fuentes
Elías Díaz
Eloy Carrillo Hontoria

Eloy Hontoria García

Eloy Hontoria Hernández
Emilio Gallego Martín
Enrique Osuna Membrilla
Ernesto Blanco Rodríguez

Esperanza Manso Osuna
Estela Prado
Esther Elmerghi de Pujol

Fatima Azzahraa El Yamlahi
Fatima Zahra El Harrak
Fatima Zohra El Karz

Fatima Zohra Nouinou
Fatin M´Sinar
Felisa Casajus
Félix Santatecla
Fernando Cárdenas Suárez
Fouad el Jebli
Francesc González
Francisca Sánchez Martín
Francisco Aledo Ramos
Francisco Cardosa
Francisco Gamiz
Francisco Grau Hernández
Francisco Morales García
Francisco Muñoz
Francisco José (de Chiclana)
Francisco José Amado Rodríguez
Francisco José J. Martín-Romo
Francisco Rubio Botella
Gabriela Grech
Garazi Varela Moraza
Gerda Reuter
Ghita Ozarbi
Girona Abadía
Gloria Cortés Gómez
Guido Tessainer y Tomasich
Guillermo Tessainer
Hach Bal Behabib

Hamid Chaabi
Hamid Edrisi
Hamid El Msamar
Hamid Staira
Hamid Zarrouk
Hamido Jbilou
Hamza Satori
Hanaa Nejjar
Hassan Adnan
Hassan Bawladi
Hassan Benjelloun Gueruani
Hassan El Habti Al-Alami
Hassan El Messari
Hassan Zouber
Haswani Elmedel
Haouari El Majdoubi
Helene Gomendio
Henasse Elmejdoubi
Herminia González
Houda El Yebari
Houda Mezzoug
Hounaida Bouhsina
Ibrahim Hmimeo
Ibrahim Zeriouh
Ignacio Latorre
Irene Bofill
Isaac Benchluch
Isabel Barrales
Isabel López Álvarez
Isabel Matamala Cerezo
Isabel Roso Aguado
Isabelle Forraz
Ismail Banzahiut
Issam El Housaini
Itziar Gorostiaga
Jacob Soussana

Jaime Bedmar
Jalil Lakhder
Jamal Nouman
Javier Gallardo Ochoa

Jesús Álvarez
Jesús Blanco Gago
Jesús Reina
Jesús Fernando Toledo Antequera
Jesús María de Laoliva
Joan Antonio García Carro
Joana Márquez
Joaquín Botas
Joaquín Delgado
Joaquín Mauriño Medero
Joaquín Trujillo Salas

John Fitt
José Amselem
Jose García Gálvez
Jose Malagón Martínez

Jose Sarria Cuevas
José Vélez López
José Antonio Larce
José Javier Lobo Ramírez
Jose Javier Matamala
José Luis Gómez Díaz
José Luis Vázquez Giummarra
José Luis Pedro Pérez Cámara
José Manuel Galindo Martínez
José María Jordán
José María López Cobos
Jose Maria López Garry
Jose María Masgoret Rull
José Miguel Alvarez Rodríguez
José Miguel Feria Rodríguez
José Miguel Palarea
José Ramón Bofill Abeilhé

José Ramón Canet Ortigosa
Juan Gómez Díaz
Juan Gallardo Curiel
Juan Manuel F. Gavilán
Juan Parra Ortigosa
Juan Ramos Pallarés
Juan Antonio Barón Salas
Juan Antonio Castelló Mayo
Juan Carlos Castro Román
Juan Carlos Martínez Bermejo
Juan Cristóbal Carrasco Azuaga
Juan de Dios Engo Nogués
Juan Ignacio Castien Maestro
Juan José Alarcón González
Juan Manuel García Hernández
Juan Pablo Caja
Juana Macías Gallego
Julio Ponce
Julio Rabadán
Julio Zambrano
Kamal Wafi
Karim Elhayaouti
Karim Ouhrich
Karim Razine
Karima El Arfaoui
Khadija Ouahabi
Khalid Belaziz
Khalid Berouain
Khalid Chaer
Khalid Elmeyadi
Khalid Krimate
Khalid Taibi
Khalid Zerktouni
Latifa El Hassani
Laura Icart
Leon Cohen Mesoneros
Leon Jaime Bendayan Montecatine
Lorenzo Navarro Heredia
Lotfi Barrada
Lotfi Ben Salah
Loubna Zakri Chentouf
Lucas Losada Gomendio
Lucía Avilés Palacios
Luis Azorín Vera
Luis Serena
Luis Antonio Blanco Benito
Luis María Cazorla Prieto
Luisa Diéguez
Luisa Marín Baldo
Lluis Sánchez Pórcel
Machij Karkri
Magdalena González Millán
Maha El Messari
Majid Amahroq
Majid Yebari
Manuel Balaguer López
Manuel Moya Antón
Manuel Vivas
Manuel Francisco Matamala García
Marcel Abitbol
Mareta Espinosa
María Ibáñez
María Navarro
María Poveda González-Tablas
María Zabala Hernández
María Antonia Vázquez Brenes
María de la Angeles Navarro Sánchez
María del Carmen Columé Maldonado
María del Carmen Cordero Serna
María del Carmen Leyva Sánchez
María del Carmen Marín Ramón
Maria del Mar Ordóñez
María Dolores Morales Márquez
María Dolores Moreno
María Eduarda Gallardo Martínez
María Emilia Vázquez Mascareña
Maria Eugenia Docampo Cabaleiro

Maria Isabel Armas Morales

María Isabel Hontoria García 
María Jesús Villacorta Alonso
María José Alaminos Chica
María Luisa Alguacil

María Luisa Correa Vilches
María Luz Prieto
María Nieves Zabala Fernández
María Pepa Fuentes
María Rosa Peña Figuls
Maria Rosario Matamala
Maricarmen Revilla
Mariceli Alberca
Mariquita Pérez Simón

Marisa Martín Guerrero
Marisa Vera
Matilde López
Maurice Lugassy
Mauricio Matamala Peinado
Mercedes Dembo Barcessat
Mercedes Muñoz Martos
Michéle Arellano
Miguel Arroyo
Miguel Labela Rodríguez
Miguel Ponce Corredera
Miguel Rioboo Almanzor

Miguel Angel Matamala Cerezo
Miguel Angel Ruiz Castro

Miguel Angel Santos Nanclares 
Miguel Angel Selva Cruz
Miguel Angel Vidal
Mikel Vázquez
Mohamed Afailal Tribak
Mohamed Allam
Mohamed Banpadoul
Mohamed Bansar
Mohamed Bario
Mohamed Chabbi
Mohamed Chauri
Mohamed Chentouf
Mohamed Cherrade
Mohamed Chouirdi
Mohamed Chrif Tribak
Mohamed D. Kabouh
Mohamed Douadi
Mohamed El Assali

Mohamed El Haddad
Mohamed El Handouchi
Mohamed El Haouari
Mohamed El Himdi
Mohamed El Hmaidi
Mohamed El Sabri
Mohamed Glili
Mohamed Graihb
Mohamed Hammani
Mohamed Hargal
Mohamed Jlaybi
Mohamed Krak
Mohamed Laabi
Mohamed Moudene
Mohamed Oulad
Mohamed Tafru
Mohamed Takhtoufte
Mohamed Tiyani Ait Salem
Moisés Amselem Elbaz
Moisés Sánchez Zurera
Montassir Lagouit El Blaiti
Mounir Kasmi
Mourad Elmrini
Moustapha Lamiri
Mustapha Busfeha García
Mustapha Chaabi
Mustapha Djbilou
Mustapha Elalame
Mustapha Hanaui
Mustapha Haouat
Mustapha Lakhroucha
Mustapha Nejjar
Mustapha Sihani
Nabila Jelouli
Nadine Cabellos-Nocq de Tessainer
Nadour Rareb
Naiara C. S.
Naima Chentouf
Naima El Orfa El Kodsi
Najlae Inali
Navarro Sánchez
Nezar Kamal
Noaman Aghrib
Nordin Dahhan
Nordin Sinan
Nordine Elezzane
Noreddine Amma
Noureddin Bettioui
Noureddin Fertouti
Nuria Monreal
Nuria Rodríguez Sánchez
Omar Benjelloun
Omar Demaych
Omar El Masnawi
Oussama Berkati
Oussama Gharnati
Outman Akjeje
Pablo Barce Orellana
Pablo Cantos Ceballos

Pablo Serrano Morón

Paco Cortés
Padre Czeslaw Stachera
Padre Domingo Frevence
Paloma Fernández Gomá
Pedro Delgado Fernández

Pedro Mesa 
Pepa Gomendio Pérez de los Cobos
Philippe Delsaut

Piedad Mozo Romero
Pilar Coello Marín
Pilar Cruz
Pilar Muñoz
Prosper Moyal
Rachel Moryoussef Fereres
Rachid Al Imrani
Rachid Azzou
Rachid El Balghiti
Rachid El Banan
Rachid El Boutar
Rachid Serrohk Serrohk
Rachida Assili
Rajaa Lagouit Bensalah
Randa Jebari
Razine Nawal
Reba Benslim
Reina Ayach
Reyab Ejjaberi
Rhimo el Majdoub Ben Omar
Ricardo Barea
Ricardo García Lloret
Ricardo Sousa
Rida Alaoui Mdaghri
Rogelio Carrasco Cabezas
Rosa Alises Naranjo
Rosa Izquierdo Pajares
Rosa Jerez
Rosa María Aguilar Sánchez
Rosa María Coll

Rosendo Zabala Fernández
Saad-Eddine Kamal El Orfa
Saber Boussouf
Sabri Boufrouni
Sadik Khemachar Khenachar
Safia Ermadoni
Safia Hietala Yebari
Said Bencrouh
Said Noraddem
Sakruni Elmahdi
Salem Ben Raddoul
Salima Abdessamie
Salomón Benchluch
Salvador Fernández Vázquez
Salvador Ponce Cotta
Samir Bouchotroch
Samir Boussouf Badri
Samira Ramdane
San Martín Santoyo
Sanae El Akrami
Sara El Idrisi
Sarfihn Elanjeri
Sergio Barce Gallardo
Sergio Barce Orellana
Siham Aghrib
Siham Sarroukh

Silvia Hontoria Hernández 

Simone Oziel
Soad Lhannach
Somaya Ben Salam Salah
Sonia Lakhder
Soukaina Elbouhrouti
Susana Gómez Moreno
Susana Santos
Taha Boustefa
Tahar Khaerou
Taher Ouaddi
Tahmi El Beliti Thami
Taib Jbari
Tarek Aouije
Tayeb Hamdi
Teresa Pereira Rodríguez
Teresa Ruiz Gutiérrez
Toni Ramírez
Tony Triviño
Valentín Martín
Vicente Chapaprieta
Vicente Palomares

Vicky Palarea Ladrón de Guevara
Victor Morales Lezcano

Yamila Yacobi García
Yasmina el Haddad
Yassine Chemlal
Younes Doudou
Yousef Douay
Yousef Yebari
Zouhair Jabet
Zouheir Ben Salah

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Estimado Sr. Ministro de Asuntos Exteriores:

Los abajo firmantes somos larachenses, tanto de nacionalidad española como marroquí. Y el motivo de la presente es hacer patente nuestro rechazo e indignación ante la noticia de que se va a proceder al cierre del Consulado de España en Larache.

El hecho nos resulta, cuanto menos, paradójico. Este Consulado lleva abierto desde hace siglos, y no es por casualidad o por capricho, sino que es una presencia esencial por Historia, por convivencia, por cultura, por permanencia y defensa del hispanismo, por relación humana. Nos preocupa el significado y el efecto negativo de este cierre: se cercena dolorosamente un vínculo que nosotros, los larachenses, no estamos dispuestos a que se produzca, porque Larache está íntimamente vinculada a España. Las relaciones exteriores deben potenciar estrechar lazos, no cortarlos, y este cierre va en contra de tal idea. Siempre hemos contemplado con tristeza el dinamismo de Francia en Marruecos, frente a los problemas que las instituciones españolas –Centros Cervantes, colegios e institutos, etc…- padecen para sobrevivir.
Marruecos es un país amigo y, no lo olvidemos, limítrofe con España, lo que hace que la interdependencia sea irremediable. Este cierre supone un paso atrás de consecuencias importantes. Nos empobrece a todos y en todos los ámbitos. Ahora que el mercado marroquí se expansiona, ahora que Marruecos necesita más que nunca la cooperación de la UE, y España debiera ser la punta de lanza de los países comunitarios, ahora que Marruecos da la oportunidad de que empresarios europeos, especialmente españoles, puedan implantarse en su territorio, y así potenciar aún más el desarrollo económico de este país pujante y joven, lo que también hace desarrollar a la economía del país inversor, España se propone cerrar el consulado de Larache. Los empresarios españoles que ya se han asentado o que tratan de abrirse camino en esta zona necesitan el apoyo de las legaciones, y la de Larache, en este sentido, es fundamental.

Y luego está el otro aspecto que nos afecta a los abajo firmantes: ¿cuántos larachenses no han de hacer sus trámites en el consulado? Cientos. ¿Cuántos ciudadanos marroquíes no han de acudir a este consulado para hacer sus gestiones? Cientos. ¿Cuántos ciudadanos españoles nacidos en Larache no han de ponerse en contacto con esta legación alguna vez en su vida por cuestiones familiares, económicas o de otra índole? También cientos. ¿Cuántos inversores que tratan de abrirse camino en la zona de Larache no acuden al consulado? También otro buen número. No creemos preciso añadir que este consulado cubre además, entre otras muchas, las poblaciones de Alcazarquivir o Tlata también con enormes vínculos con España.

Le recordamos además que desde el Consulado de España en Larache se ha ayudado de manera importante a la organización del Campeonato Internacional de Triatlón de Larache. Este evento, en poco más de tres años, ha entrado en el circuito internacional y los más importantes deportistas de esta disciplina acuden a Larache a competir en él. Esto es vender “la marca España” que tanto se está publicitando en la prensa. Pero, si no lo hacemos sobre el terreno, ¿dónde se vende realmente la marca España?

El Consulado de Larache se cierra para ahorrar gastos. ¿Han calculado el coste real de esta decisión? Larache bien vale por todo Africa, dijo el Rey Felipe. Ahora nos da la sensación de que Larache ha dejado de tener importancia para el Gobierno del que usted forma parte. Con su cierre, los consulados españoles en el exterior pasarán de 97 a 94, según Europa Press, y esto nos lleva a la gran pregunta: ¿realmente con estos tres cierres se equilibran las cuentas del Ministerio de Asuntos Exteriores? ¿El Consulado de España en Larache supone tal gasto que es esencial su cierre para reducir el déficit del Estado? Creemos sin temor a equivocarnos que la repercusión real de este gasto es mínima, por no utilizar la palabra ridícula.

El coste real, señor Ministro, es que se deja sin atender a una población hispano parlante, tan importante para el flujo comercial, se deja sin atender al numeroso grupo de empresarios españoles ya instalados y los que se están instalando en la zona, se deja sin atender a los marroquíes con vínculos familiares en España, se deja sin atender a los españoles nacidos en Larache que en algunos casos aún tienen propiedades en la zona o familiares enterrados en los cementerios de la ciudad, se deja sin cobertura al Colegio Español Luis Vives de Larache, ejemplo vivo de cooperación, dinamismo cultural y presencia de lo español en Marruecos, se deja sin atender a los investigadores españoles que acuden a las excavaciones de las ruinas romanas de Lixus o a los diferentes acontecimientos culturales de la ciudad, se deja sin atender a los viajeros españoles que visitan Larache, se deja sin atender a los españoles larachenses que desean trasladar los restos de sus familiares enterrados allí a España, se deja sin atender a las entidades y personas que han impulsado el Campeonato Internacional de Triatlón anual de Larache… Y podemos seguir.
Esta es una mala noticia para todos, una muy mala noticia para Larache. Ya comienza a preguntarse la gente hasta cuándo mantendrán abierto el Colegio Luis Vives ejemplo de tenacidad, permanencia y expansión cultural.

Sr. Ministro: Los números no son sólo dígitos fríos en un balance. Tras los números hay personas. En este caso, la presencia consular española en Larache es de un significado que va más allá de lo que pueda usted creer. Le rogamos que ponderen los efectos negativos de esta decisión. La relación hispano-marroquí se asienta también en la relación histórica, que en Larache es profunda. Dejar al consulado es como abandonar la huella española en esta tierra, tan profundamente impregnada de ella. El desarrollo de Marruecos es el desarrollo de España, y viceversa. Dependemos el uno del otro. Larache siempre se ha destacado por ello, ha sido ejemplo de convivencia, de interculturalidad, de respeto entre las tres religiones, un ejemplo que puede usted comprobar en numerosos libros y documentos. Y los larachenses, españoles y marroquíes, vamos a luchar porque esta historia común no se sepulte arbitrariamente y sin medir las consecuencias reales.

Los abajo firmantes, larachenses españoles y marroquíes, aún incrédulos ante esta noticia devastadora y desalentadora para nosotros, pedimos formalmente que se replantee esta decisión y se mantenga abierta la legación española en Larache. Lo contrario es un error de enormes proporciones.

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Gracias al esfuerzo de todos, especialmente a Naima El Orfa, que tiene una paciencia infinita conmigo, a Angeles Ramírez, por su ayuda incondicional, y a los miembros de Larache en el Mundo: Rachid Serrouhk, El Hachmi Yebari, Abderrahman Lanjeri, Mounir Kasmi, y a todos los larachenses que se han movilizado. Esperemos que todo esto dé resultado.

 

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Y UNA MAÑANA… un relato de MOHAMED LAHCHIRI

Con Mohamed Lahchiri he compartido momentos muy agradables, tanto en Tánger como en Larache, y en Málaga también. Recuerdo una noche con Mohamed Akalay, qué buena persona es Akalay, junto al hermano de éste y a Sibari, nos hartamos de reír y de cantar. Bueno, yo no cantaba porque no conocía las letras de las canciones, pero como si lo hubiese hecho. Me conformaba con ver a Sibari hacer de barítono y de palmero. Y también recuerdo a Mohamed Lahchiri en los encuentros de la AEMLE, en el Hotel Minzáh, en un almuerzo pantagruélico, y el día en que nos invitó a comer pescado en el puerto de Larache, madre mía, qué regusto, Lahchiri se fue solo y regresó con el mejor pescado fresco que había encontrado, eso fue con ocasión del día que presentamos mi última novela en el Luis Vives, estaba Abdellatif Limami, otro entrañable amigo, y también me acuerdo de cuando vino no hace mucho a Málaga a presentar su último libro “Un cine en el Príncipe Alfonso”, extraordinario libro de relatos. Me imagino a Lahchiri llegando ahora con su gorra calada, sus ojos curiosos escondidos tras las gafas, su sempiterna sonrisa, y que nos sentamos a tomar algo y que comienza a hablar con esa verborrea suya insaciable, que es como su escritura, o su escritura es como su verborrea, y nunca me canso de escucharle y de reírme con sus ocurrencias.

Me envió hace días uno de sus relatos, sabe que me encantan. Es una narración ágil, escrita con esa facilidad suya para enlazar una cosa con otra como si las ideas se le atropellaran y pugnasen para salir antes, pero es tan hábil que las ordena en este lagrimal de imágenes a cámara ligera, desde el pequeño detalle hasta el pensamiento del narrador confluyen en el texto armónicamente, y así nos mete en el centro de la refriega, como si el lector fuese un vecino más del inmueble en el que se desarrolla la trama. Sólo cuenta una anécdota, un incidente que muchos hemos presenciado en alguna ocasión, pero lo contextualiza y lo hace tan personal que parece algo excepcional. Nunca elude la crítica, y eso me une aún más a su manera de relatar.

Ya echo en falta otro día con Mohamed Lahchiri. Espero que sea pronto. Incha Al´láh.

Sergio Barce, octubre 2012      

Y una mañana…

 …me despiertan unas voces en el pasillo y me encuentro solo en la cama con las garras de las malditas ganas mañaneras de orinar hincadas en el miembro y pienso que no he sentido a Aicha salir de la manta, ahora estará en la cocina, y yo tengo que deshacerme de lo que me está estropeando este placer de no estar obligado hoy a levantarme de la cama deprisa deprisa, para volver a la manta a acabar mi despertar a gusto, oír la radio… Distingo la voz de Fátima, la vecina, que se hace más fuerte, insulta, oigo la de su hija y pienso -me hundo más en la manta- que Fátima está regañando a su hija. Quizá porque la mocotendido ha perdido el dinero de la leche, la ha mandado a por leche y… no es la primera vez que la idiota pierde el dinero. Oigo abrirse la puerta, la nuestra, y pienso que a Aicha no le ha dejado el endemoniado gusanillo de la curiosidad terminar lo que estaba haciendo en la cocina, y pienso ¿salgo yo también a ver qué pasa?, esto parece algo más que un simple regañar a la hija. Pero estos últimos instantes de la cama, riquísimos, irresistibles, ahogan la idea en un santiamén y me sorprenden -me tiran más del desperezo- los gritos de socorro de la niña ¡mamá!, ¡deja a mamá!, ¡deja a mamá! y su llanto y una voz de hombre y digo -me asomo, saco totalmente la cabeza y el tronco de la manta- ¿estará el mendrugo de Saleh propinándole golpes a su mujer a estas horas, y en el pasillo? Salgo de la cama de un salto, otro salto hacia los servicios, levanto las faldas de la candora ¡y suelto las riendas a las terribles ganas de orinar y respiro profundamente, ay Al-lah!, ¡y me va embargando una sensación de la que siempre pienso que sólo tiene un nombre: felicidad! Oigo que la algarabía del pasillo ya lo llena todo. Los vecinos han salido a ver qué pasa. No se oye la voz de Saleh. Dar con su voz no es nada difícil.

Voy hacia la puerta y la encuentro abierta, claro…, salgo, Fátima intentando dejar de llorar en medio de un grupo de vecinas, e insultando, sus hijos pegados a sus faldas con las caritas de personajes de tebeo, de quien teme que un mal se le desplome encima y la mujer del maestro responde a sus insultos y oigo a una vecina exclamar que ¡esto es el colmo! Pregunto ¿qué ha pasado? Otra vecina dice que ¡si esto no es el fin del mundo que venga Al-lah y lo vea! Miro a Aicha y me dice que el maestro ha entrado en su casa y la ha pegado y suelto el grito ¿cómo? de quien esperaba oír todo menos eso. Pienso que Saleh a esta hora estará en la fábrica, ha salido de casa antes de las seis, como cada día, veo que estoy en candora y descalzo y oigo -intento ordenarme el pelo con los dedos al ver que las mujeres me miran- que la cosa empezó ayer -mucho antes de ayer, pienso yo- : Fátima ha encontrado una bolsa de plástico con caca de niños, aquí, en su puerta y ha pensado que la mujer del maestro era la fechora y como no hablaba con ella…, etc, etc, etc.

Puerto de Larache – Mohamed Lahchiri con Abdellatif Limami, Sergio Barce y Sergio Barce jr. y María Gallardo

Y oigo al hijo de la gran puta aquél -le veo asomarse detrás de su mujer- gritar con miedo en la voz, intentando justificar su fechoría, que ¿por qué has puesto tu mierda en la puerta de mi casa? Y siento agarrarse a mis entrañas todo el odio y el asco acumulados en estos años y un deseo súbito como un tiro por lanzarle alguna palabra que sea un puñal envenenado, pero Aicha me tira de la manga de la candora y me dice con la mirada no te metas, como si hubiese oído lo que pensaba, y aparecen otras vecinas -del cuarto o del tercero- y no se me escapa que algunas están en trapos transparentes y la voz de Fátima se hace más fuerte… Entro y me digo que no tengo que meterme, que la mujer tiene un marido, pero sí puedo, debo -la idea relampaguea en mi mente como un descubrimiento- buscar a Saleh y veo a Nadia corriendo hacia mí con su cuerpecito de tres primaveras, que no me cansaba de abrazar, me inclino abriendo los brazos y apago su miedo causado por su despertar de pajarito y no encontrar ni a papá ni a mamá y oír el alboroto en el pasillo. Vuelvo a la puerta, la abro, llamo a Aicha y le digo -le tiendo la niña, dándole un besito en la naricita- que voy a ir en busca de la fábrica donde trabaja Saleh, para decirle que venga, añado, para evitar su posible no es asunto tuyo, que soy el único hombre que hay aquí, además del malfechor. Me doy cuenta de que no me he lavado ni la cara y entro al cuarto de baño, suelto el agua, cojo el jabón y me pongo a lavarme las manos y la cara y me despierto totalmente. Me digo ¿cómo voy a encontrar la fábrica y yo sólo sé que es una fábrica textil? La memoria acude en mi socorro, ¡ah, se llama Blita! Digo en voz que oigo perfectamente que el hijo de puta está ahora cogido y no escapará. ¡Cogido por los mismísimos cojones!

Me pongo la chilaba rápidamente y salgo. Las vecinas aún están en el pasillo hablando con Fátima o sólo dejando que la indignación que les bulle en la cabeza mueva sus labios. Algunas ya se están retirando. Fátima, al verme, me llama en voz suplicante, pienso que va a pedirme que, por favor, vaya a avisar a su marido y le digo con la cabeza y la mano que no necesita decir nada, que sí, que precisamente voy a buscar a su marido. Le digo también que vaya a la comisaría, ahora, y me lanzo hacia las escaleras.

¿Estará ahí el autobús? Pero primero tengo que saber dónde está la fábrica. En las tiendas seguro que saben dónde está. Veo a un vecino salir de un pasillo y pienso con alegría que es de los que tienen moto, le contaré lo que ha pasado y…, sonrío, le tiendo la mano, la sorpresa en su rostro la explico por el hecho de que entre los dos sólo hay unas escaleras y un buenos días mascullado o un hola, le pregunto si va a bajar a la ciudad, responde con una sonrisa -que dice lo siento- que no, me siento decepcionado, dice que sólo va a las tiendas. Bajamos varios escalones, sin decirnos nada. Le cuento lo que acaba de pasar en nuestro piso, se detiene, me dice -escandalizado- que un hombre no hace estas cosas, ¿qué le ha pasado a este desgraciado? ¡Agredir a la mujer de un hombre en su propia casa! Prosigo que ahora yo voy a buscar la fábrica donde trabaja Saleh, se llama Blita, por eso le he preguntado si va a la ciudad, como él tiene moto… y me interrumpe que no hay ningún problema, me lleva en su moto a la fábrica, ¡cómo no!, que cree que sabe dónde está, no lejos de aquí, y essi Saleh -veo que ya estamos abajo- él le conoce bien, hijo de buena gente. Es de Aabda, los de ahí son gente buena en general. No son como vuestros rifeños del Norte y abre la puerta del garaje y entra. Y pienso que es una buena persona.

No tarda en salir empujando una moto destartalada. Siempre he tenido la impresión de que las miles y miles de motos que cicletean casi día y noche por Casablanca están destartaladas. Arranca. Me monto detrás de él, siento la dureza y el frío del asiento como un golpe en el trasero. Pienso que lo voy a pasar mal antes de llegar a la fábrica. El vecino tiene que pedalear con fuerza para que la moto alcance la velocidad que le permite coger el equilibrio.

Digo que ese maestro es un castigo que nos ha enviado Al-lah. Responde que merece una buena corrección. Lo que ha hecho es muy grave. ¡Entrar en casa ajena y agredir a una mujer…! ¡Puede ir a la cárcel! Prosigo que en ese apartamento vivía antes una persona buenísima. Era un maestro también. No sé a dónde fue ni por qué se fue. Al volver una vez de Ceuta -me pregunta si soy de Ceuta y respondo que sí, y dice que creía que yo era de Tetuán-, de unas vacaciones de verano, encontré que había otra familia que vivía en ese apartamento. El elemento no me gustó nada desde el primer momento. Le cuento que mi mujer y la de él se pelearon varias veces y que una vez, cuando yo aún no le conocía bien, aún le respetaba, vino a verme y se puso a quejarse, levantando la voz y las manos, yo le pedí que maldijese a Satanás y bajase la voz, porque gritando no se entiende la gente, que los problemas que encienden las mujeres debemos resolverlos nosotros los hombres, pero sentados y hablando, no con gritos, ¡los dos somos maestros, hombre!, etc. Pero él parece que consideró mi actitud una banderita blanca de debilidad o de cobardía, y siguió con los gritos, envalentonándose de manera barriobajera al ver a los vecinos asomarse y a los niños acercarse. Yo me puse a temblar de rabia y me lancé contra él con unos gritos que salían hasta con espuma, total: los dos maestrillos no llegamos a las manos de milagro. Me dice que nada más fácil que llegar a las manos. Este es el país donde con más frecuencia se llega a las manos. Menos mal que la gente le tiene miedo al majzén, sobre todo a la police, que sino…

En Larache: Mohamed Lahchiri (a la deracha) bien acompañado de Mohamed Akalay, Abderrahman lanjeri, Sergio Barce, Mª Luisa Diéguez, Mohamed Laabi, Miguel Abgel, Ramón López Tuñas, Mustapha el Bouthoury, Bouissef Rekab, Gonzalo y el cónsul José Remacha

Yo pienso que aquel día entero lo pasé como respirando aire contaminadísimo, rumiando el rencor que acababa de brotarme en el pecho por aquel cara de cerdo –porque parece un cerdo, con esa cara apatatada y sonrosada- y las cosas que tenía que haberle dicho y no dije porque no se me ocurrieron durante la refriega, y me pongo rabioso por ese bloqueo que sufro siempre en los momentos decisivos. ¿Le digo lo que me hizo el cabrón el año pasado? Pero lo que le digo es por qué no preguntamos a alguien dónde está la fábrica, y él que no hace falta, creo que ya estamos cerca, está por aquí y asomo la cabeza y sólo veo edificios de dos o tres plantas, y añade que sí, ahí, al final de esta calle, a la derecha. Veo un camión dirigirse hacia nosotros, contoneándose, ¡cuidado!, que los camioneros y los conductores de autobuses y autocares están convencidos de que son los amos de las calzadas. Me pregunto ¿cómo voy a decírselo a Saleh? Me dice ¡ahí está la fábrica! Veo un gran edificio de color blanco sucio y nos invade el traquetear de las máquinas y recuerdo a Saleh con su tono burlón decirme que si quieres saber lo que es trabajar trabajar, ven conmigo a la fábrica. Que los maestros lo que hacéis no es trabajo, cobráis, no por trabajar, sino por descansar, por estar sentados y hablar.

Llegamos a la entrada, hay una barrera, me bajo de la moto y me dirijo hacia donde se encuentra una persona, pienso que es el guardia, le saludo y le digo que soy vecino de essi Saleh, que trabaja aquí, leo en su rostro que sabe de quién estoy hablando, y necesito verlo por algo urgente. Se levanta, me dice que espere y se va hacia una puerta abierta. Espero.

Me pongo a mirar a mi alrededor. Hay dos jóvenes esperando y, por la cara de pobrecitos que ponen, deduzco que buscan trabajo. El vecino se ha quedado montado en la moto, manteniendo el equilibrio con los pies. Es alto como un árabe de Dukkala. Pienso que yo también necesito una moto. El autobús está cada vez más insoportable. Se puede comprar a través de esa compañía de crédito. La Eqdom. Te cobran las letras directamente del sueldo.

Veo al guardián que vuelve. Me dice que Saleh viene ahora. Le doy el ¡que Dios te bendiga! y perdona por la molestia y camino hacia donde está el vecino. Le digo que Saleh también tiene moto, que si quiere volver que vuelva, no es necesario que pierda más tiempo y dice que no, que volvemos juntos. Los dos jóvenes nos miran.

Y veo a Saleh caminar hacia nosotros con una sonrisa. Le tiende la mano al vecino y luego me saluda a mí con una mirada que dice espero que no sea nada malo. Le digo que tiene que ir a su casa ahora mismo. Que su mujer… ha tenido problemas con los que viven a su derecha, el maestro y su mujer, que el maestro ha entrado a su casa y ha agredido a Fátima… y veo aquel estallido en su rostro que significa que esperaba oír cualquier cosa menos eso, un rostro que enrojece de golpe, masculla no sé qué -un insulto sin duda- apretando los dientes y prosigo que yo estaba durmiendo cuando ha pasado lo que ha pasado y los gritos de su hija mayor son los que me han despertado, que su mujer estará en la comisaría, yo le he dicho que vaya a poner la denuncia. Y me callo, ya he dicho todo. Nos envuelve un silencio embarazoso. Bueno, lo corta el vecino, que no pierda el tiempo, que vaya ya a pedir permiso y corra a la comisaría y Saleh nos pide perdón por habernos molestado y se lo reprochamos, ¡que somos vecinos, hombre! Y se va casi corriendo. Le digo al vecino ¡vámonos! y arranca con pedaleos. Frena para que yo me monte. Nos alejamos.

Me pregunta si tengo clase hoy y le digo que es viernes. Le cuento que una vez, cuando iban a empezar los exámenes de la Chahada, aquel maestro fue a verme y me quiso dar el número de un alumno -o de una alumna, no me acuerdo- que iba a ser examinado en el centro donde yo era responsable; me daba el número para que yo… Y yo le dije que no, claro, que nunca había hecho esas cosas, ni sé ni sospecho de nadie de mi escuela que lo haya hecho, que lo siento.

No, no me estoy echando medallas, sé que he tenido la suerte de estar en la enseñanza (no en el Ministerio del Interior ni en el de Justicia ni el de Sanidad), que me facilita el mantenerme a salvo de la mierda en la que se encuentra inmerso este país nuestro de mierda… Yo siempre digo que si me encuentro en la situación extrema de no tener trabajo, no tener qué comer, tener hambre… quizá tienda la mano, quizá robe. ¿Y sabes qué dijo después de eso? Pues dijo a todo el mundo que si me hubiese puesto en la mano algunos billetitos, yo habría cogido el número con una sonrisa como un sol, que yo había rechazado el numerito del examen porque me lo había dado soso, seco, sin el caldito exquisito necesario. Cuando me enteré de eso, me puse como una tromba de ganas de machacarle. Unas ganas que siento ponerse a borbollear en la sangre cada vez que me acuerdo. ¡El hijo de la grandísima puta! Me planté en lo alto de las escaleras, en el quinto, donde vivimos. Esperé largo tiempo, con una postura de tigre con un hambre feroz en espera de la presa, sobre todo cuando oía pasos subiendo. Después me dijo el Negro, el vecino del cuarto, que aquel día el hijo de perra había ido a Tetuán a traer mercancía, él también se dedica al contrabando, ¡un maestro! El vecino dice que no es el único. Tampoco hacen nada malo los que contrabandean. Y no me gusta lo que dice el vecino y prefiero tragarme mi disgusto, aunque para mí un maestro-contrabandista es poco menos que una maestra que se prostituye.

Prosigo: Cuando me cansé de la postura del felino en lo alto de una roca, con las garras y los colmillos rutilando, entré a mi casa, me eché y me puse a controlar los ruidos del pasillo. Hasta que me quedé dormido. Después, mi veneno fue perdiendo fuerza, como suele pasarme. Pienso que tenía que haberle dado en la cara con su vómito repugnante y ruin -como en las escenas de las grandes tartas de merengue blanquísimo de las películas-, estoy a punto de echarme en cara que soy un cobarde, afirmo que ¡no! con la cabeza. Digo para rematar el episodio que, desde que el fenómeno vino a vivir ahí, nuestros problemas de pasillo nunca han cesado y hoy ¡mira! El vecino dice que lo de hoy no tiene perdón. Veo que estamos cerca de las tiendas y le pido que se pare y vaya a hacer lo que tiene que hacer, yo seguiré andando hasta casa, pero él no me hace caso y sigue hasta la puerta del edificio donde vivimos.

Me bajo, tiendo la mano, perdón por la molestia y muchísimas gracias. Me dirijo hacia las escaleras con una imagen colgando en la cabeza: la de un niño acariciando con una mirada soñadora la moto del vecino. Observo que estoy bajo el dominio de una alegría exaltada. Normal, me digo, la posibilidad de deshacernos de él está ahí. Y él mismo se lo ha buscado. Estoy a punto de chocar con una mujer en chilaba y velo, una kuffa en la mano, probablemente una de las que estaban en el pasillo con Fátima, porque veo en sus ojos, en los que el velo negro pone un no sé qué miliunanochesco, que la pregunta está a punto de hacerle ¡plaf! por la boca. Pienso que los hombres del edificio se le van a echar encima al canalla, no faltarán testigos dispuestos a ir a la comisaría a declarar. El pasillo lo encuentro desierto. Abro la puerta, entro, me quito la chilaba, la cuelgo, oigo a Aicha preguntar si ha venido Saleh. Le pregunto si Fátima ha ido y me responde que sí. Me dice ven a desayunar. Pienso Dios sabrá lo que la mujer de Saleh le ha dicho al maestro para que éste cometiera tamaña fechoría. Le pregunto a Aicha cómo ha podido agredir a la mujer en su propia casa, sabiendo lo grave que es eso. Me siento, miro el pan hecho con trigo que he comprado, limpiado, lavado, secado al sol y llevado a la tahona, busco el cuchillo con la mirada, dice que el maestro y su mujer y Fátima se insultaban y él se abalanzó sobre ella. Le pregunto si ha ido alguien con ella y responde que se ha ido sola. Pienso Saleh ya estará ahí ahora. El maestro también. Con la mierda al cuello. Es capaz de lanzarse a los pies de Fátima y de Saleh (esto lo he visto hacer a un soldado ante un superior a la entrada de un cuartel y no se me olvida) con tal de que le perdonen y se salve, corre el peligro de ir a la cárcel y perder su trabajo, el de maestro, claro. Sólo que se vaya de aquí, no verlo nunca más. No sé quién me dijo -creo que el Negro del cuarto- que estaba construyendo una casa no sé dónde. Una casa. Yo le perdonaría, pero con la condición de que desaparezca, con su mujer y sus hijos, que se largue. No verlo nunca más.

Le pregunto a mi mujer ¿cuáles de las vecinas estaban presentes cuando la ha agredido? y me dice que casi todas las que he visto en el pasillo. Son las mujeres quienes le han sacado de la casa de Saleh. Dice que hay que darle su merecido, no se puede agredir así a la mujer de un hombre en su casa, un ladrón, un borracho, bueno, pero es el vecino, y un maestro, el fin del mundo, como ha dicho al-Hadcha. Le pregunto por Nadia. Ha vuelto a dormir. Recuerdo la radio. Voy al dormitorio, cojo el aparato, el cable molesto y colgando y arrastrando como siempre, vuelvo al salón, enchufo y me pongo a buscar las informaciones. Un placer desayunar sin prisas y tumbarse a escuchar la radio. Mañana sábado hay trabajo, pero pasado, no. La postura en la que estoy aleja cada vez más la idea de ir a la comisaría para ver qué se ha hecho. La radio me cierra los ojos y me devuelve ese sueñecillo delicioso de la mañana de un día en el que no trabajo, tan delicioso que mi madre suele decir que es el mismísimo Satanás, porque intenta atar con sus hilos poderosos a los musulmanes para impedirles levantarse a hacer las abluciones, rezar e ir a buscarse el pan de cada día.

Me abren los ojos unos golpes en la puerta. Va Aicha a abrir, la voz de Fátima, se asoman al salón, se quita el velo y la capucha de la chilaba, su rostro dice que ha estado llorando. ¿Qué ha pasado? Responde desesperada ¡Saleh le ha perdonado! ¡¿Cómo?! ¡Pero eso no puede ser! ¿Es que ya no es un hombre? Cuenta que el hijo del pecado ya estaba en la comisaría cuando ha llegado Saleh. Han metido a éste en el despacho del comissaire… No, a ella no la han llamado para nada. Cuando han salido era como si todo lo que había pasado fuera algo banal. Saleh le ha dicho a Fátima ¡sir!, ¡a casa!, y el maestro decía que había sido ella la que le había atacado y enseñaba no sé qué en el cuello, un arañazo, él se había limitado a defenderse, y Fátima no puede contener las lágrimas. Claro, el hijo de puta ha ido antes y ha preparado el terreno con los polis -sabe como hacerlo, es contrabandista,… – para salir del lodazal en el que se había encharcado. Seguramente han convencido a Saleh, que es un bonachón, a un sólo paso de tontorrón. Le digo -y siento que me hierve todo el líquido del cuerpo- ¿por qué no ha gritado ella misma dentro de la comisaría, no ha armado un escándalo…? ¡Este muchrim ha entrado a mi casa y me ha agredido delante de los ojos aterrorizados de mis niños…! Y veo que estoy hablando con una mujer vieja ya a los treinta y pocos años, sin fuerza alguna y cargada de hijos y de pobreza y siento en la carne las uñas y los dientes de la desesperación, Aicha dice no sé qué, oigo la voz de Saleh en el pasillo, salgo y veo que está hablando con el maestro en la puerta de su piso, observo que éste habla con tono de quien ya no se siente inseguro, estoy con los dientes tan apretados que me duelen, siento la ebullición subir en mis adentros y quiero gritar algo demoledor pero no se me ocurre nada, pienso que soy una mierda, un pobre diablo, tan pobre como la pobre Fátima, se oyen golpes en la puerta de Saleh, desde dentro, sale Fátima y abre, aparecen todos los niños quejándose, el menor en brazos de la mayor, pienso que Saleh no es más que un pobre hombre, cargado de estos niños, tiene miedo -huye- de los problemas y piensa que el maestro hijo de perra es un funcionario del majzén y tiene sin duda amigos en la administración, etc. Fátima grita que no se vaya a creer que ha escapado, todas las vecinas han visto lo que ha pasado y quieren ir conmigo de testigos, si no ha encontrado a un hombre que le dé su merecido… y Saleh le grita ¡entra! y ella jura que no se saldrá con la suya, le llama cobarde, si fuese un hombre no agrediría a una mujer y el maestro grita que él es un hombre con dos cojones -¡con aquella actitud ruin de los cobardes cuando se sienten fuera de peligro y vencedores-, y el que quiera asegurarse si soy un hombre o no, que venga aquí ¡y ya no puedo más! Me veo gritando ¡un grandísimo hijo de puta y un marica, eso es lo que eres! y saltando hacia él, Saleh se aparta y caigo sobre la carroña con toda la fuerza, con todo el odio, con todo el asco, se cae de espaldas y yo encima de él, intenta defenderse, logro cogerle por el pelo y golpearle la cabeza contra el piso, al tercer golpe o al cuarto pega un grito animal espantoso, siento el palpitar del aviso del miedo de que se muera o le pase algo grave por los golpes contra el suelo duro, veo que ya está a mi merced, formo con las dos manos un sólo puño, veo aparecer a varias vecinas, Saleh acercándose para librarlo, le digo con un grito animal que ¡se aleje! Oigo una voz femenina que dice ¡Dale al perro!, me pongo a golpearle el rostro apatatado y sonrosado y el pecho y siento los brazos fuertes de Saleh por detrás intentando paralizarme y le dejo hacer…

Un cuento de Mohamed Lahchiri

Mohamed Lahchiri

 

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