Mi blog acaba de sobrepasar las 810.000 visitas, que son muchas visitas.
Gracias a todos.
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“…El merendero estaba en la playa, muy cercano al hotel. Nos atendió el dueño, Antonio Martín. Explicó, ante la curiosidad de mi esposo, que era del pueblo de Algarrobo y que había trabajado de licorero en las Bodegas Príes, ubicado justo enfrente del chambao. Del negocio de había ocupado su esposa, María Coral, hasta que falleció y entonces él se había hecho cargo. Decidió remozarlo y de paso cambiarle el nombre de La Coral por Antonio Martín para no tener que recordar a su esposa constantemente. Nos contó que el merendero había cambiado mucho desde que se abrió en 1886 con cajas de madera, palos hincados en la arena y un entramado de cables y cuerdas para sostener las esteras que protegían del sol a los clientes. <No son más que cuatro mesas y otras cuantas sillas de enea, ese era el mobiliario>. Dijo que siempre tuvieron clientela, primero procedente de los baños de Apolo y de La Estrella y luego se sumó la del hotel, que aumentó muchísimo desde que lo frecuentaran los reyes…”

CARMEN ENCISO Y ELOÍSA NAVAS – foto de La Opinión de Málaga
“…Esta ciudad me ha enamorado, no hay día que no me sorprenda un rincón, una calleja en escalera, el color, su olor o sus gentes. Los españoles, cuando llegan aquí, se vuelven tolerantes, o quizás sea que los que vienen son los abiertos de mentes y de corazón. Hasta la Iglesia es mucho más comprensiva…”

“…A eso del mediodía del lunes oímos a lo lejos una marcha militar.
-Es el himno de Mussolini -nos dijo don Ernesto, que de estas cosas sabía mucho.
Luego nos enteramos de que las tropas italianas habían desfilado por el puente de Tetuán y la Alameda, celebrando el triunfo. En el barrio, en cambio, reinaba el silencio. La sala donde vivía Miguel con su madre tenía una sola ventana que permanecía cerrada para no llamar la atención, por la que nos asomábamos a la calle a través de una rendija del viejo postigo. Todo parecía desierto y abandonado. Entre los que habían huido y los que, como nosotros, se encerraban en sus casas aparentando no estar en ellas, el Perchel se había convertido en un barrio fantasma en esas primeras horas de la ocupación.
A partir del segundo día, de vez en cuando sentíamos el motor de un coche que se paraba delante de alguna de las viviendas cercanas. Eran las nuevas autoridades que venían a buscar a alguien del barrio para llevárselo detenido, acusado de haber colaborado con el régimen republicano. Muchas veces estas detenciones se producían por denuncias de los mismos vecinos, que con este gesto pretendían ganarse la confianza de las nuevas autoridades y así evitar que sospechasen de ellos…”
“…Durante mis visitas, salíamos al frondoso jardín y dábamos un tranquilo paseo por los senderos entre los raros ejemplares de palmeras y jacarandas, o a la sombra de los pinos, con el olor de los eucaliptos y los falsos pimenteros. A veces veíamos ardillas y camaleones y ella solía decir, bromeando, que era Edward que había venido a visitarla. Yo le hablaba de las fiestas y de los artistas que se hospedaban en el hotel, como Elizabeth Taylor, Ava Gardner, Orson Welles, Jean Cocteau, Anthony Quinn y tantos y tantos otros que venían a Málaga a rodar sus películas…”

“…Salí desnudo del baño, me miré al espejo, comprobé los efectos del gimnasio que empezaban a notarse en mi cuerpo un poco más moldeado, y me senté sobre la cama cogiendo las hojas dobladas que Musa me había pedido que no leyera hasta la noche. Las fui abriendo poco a poco, un pliegue, dos pliegues, leí en la primera hoja la frase que había escrito yo, <estoy por primera vez en Dakar> -y al igual que pensé en el momento de escribirla no me pareció nada original-, saqué de detrás la hoja de Musa y la leí también: <buscando un arma milagrosa>. Cogí las dos hojas y las puse sobre el escritorio, la una junto a la otra, ese cadáver exquisito al que jugaban los surrealistas, <estoy por primera vez en Dakar, buscando un arma milagrosa>. La leí en voz baja, intentando encontrar algún significado a esa frase perfectamente coherente, como si la hubiese escrito una misma persona y no dos. Me interrumpieron de mi ensimismamiento dos golpes que sonaron en la puerta de la habitación, me puse unos vaqueros sin calzoncillos, una camiseta que me quedaba un poco ajustada, y caminé descalzo sobre la moqueta gris oscuro. Cuando abrí la puerta me encontré de frente con aquella mujer: los ojos almendrados, las pupilas negras, los rasgos rasgados casi asiáticos, las largas pestañas; abrí la puerta de la habitación y me encontré con aquella mujer intensa y exótica, distinta y atrayente; abrí la puerta de la habitación y allí estaba aquella mujer frente a mí, como si fuese la conclusión o una pieza más del puzzle de esa jornada extraña y surrealista, la última sorpresa del día cuando pensé que ya éstas habían acabado…”
“…el marabout se quedó callado, no me opbservaba, sino que miraba hacia el suelo, como si estuviese meditando. Me fijé en su rostro bajo el gorro rojo que se le adaptaba en círculo perfectamente a la forma de la cabeza, debía superar los sesenta años, su expresión era serena, profunda pero serena, tras unos segundos que me parecieron eternos rompió el silencio.
-Los djinn están por todas partes -me dijo sin mirarme a los ojos, mirando hacia un lado, su voz era suave y pacífica-, son una creación de Dios, el Corán dice: Dios creó al hombre del barro de la tierra, a los ángeles de la luz celestial, y a los djinn del fuego sin humo. La sura 72 está dedicada a los djinn.
-¿Entonces usted también cree que se me ha aparecido un djinn?
-Por lo que me cuenta, es muy probable…”
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