
En Por Amor al Arte de Generación Bibliocafé, se siguen descubriendo hallazgos como este.
Rozar la perfección está reservado a pocos genios, como Velázquez que representa a través de sus cuadros la excelencia del arte. Uno de sus secretos es pintar de verde la piel de sus retratados y sobre este color aplicar otros matices que esconden el original sempiterno.
La Venus del Espejo es el reclamo en el que ha reparado Sergio Barce para construir su relato, una joya, y uno de los pocos desnudos del Siglo de Oro Español.
Cuando se contempla reiteradamente la pintura de un gran maestro como lo hace el protagonista de La Venus de Tetuán, es porque la obra esconde matices a primera vista inapreciables, que se manifiestan en cada mirada, en cada observación, y se avanza hacia la satisfacción plena al descubrir los rasgos que desnudan el enigma.
Su personaje, Rivanera, contempla la obra del pintor barroco cada jornada a la que asiste como un ritual para hallar claves que consoliden su futura obra.
Barce muestra su diseño para disfrutar desde la primera línea. Destacar las capacidades de su prosa no requiere ningún esfuerzo añadido. No hay nada oculto, es más, el lector cabalga sobre las líneas con una cadencia que le propicia avidez y le transporta junto a los tres protagonistas a conocer el pasado en un estudio de Tetuán, un recuerdo que enciende la memoria y emociona el volver a aquellos años sobre los que se sustentan los mejores días de su vida.
El lector se siente arrastrado por las pinceladas del autor. Algunas son largas, otras cortas, también las hay sonoras y silenciosas, todas, absolutamente todas, muestran la habilidad de poseer un lenguaje propio cargado de sinestesia poética que subyuga hasta el más advenedizo.
Una historia tan bien construida que merece ser continuada. Atrapados quedamos, Sergio Barce.
Celia Corrons
http://turnodetinta.wordpress.com/
LA VENUS DE TETUÁN
de Sergio Barce
Llevaba años sin saber nada de él, y cuando recibió la llamada de Jadiya no supo negarse a ir. Pero de aquel trabajo en Tetuán recordaba muy a menudo los apacibles días, las largas sesiones en el estudio, las playas de Martil, los paseos hasta la plaza del Feddan, los valses embriagando las estancias, a veces, incluso, lo que nunca ocurrió. No podía hacer demasiadas conjeturas porque todo le parecía inesperado y extraño, y, sin embargo, cómo eludir esa cita, cómo despreciar la última voluntad de un hombre como Rivanera. Sin embargo, seguía sin comprender por qué al final se había acordado de ella.
Mientras el taxi, un viejo modelo Mercedes de los setenta, avanzaba por la carretera, un calor húmedo y cansado la acompañó durante la mayor parte del trayecto hasta Tetuán…
PASEANDO POR EL ZOCO CHICO LARACHENSEMENTE
El verano de 1980 conocí Larache, desde entonces he vuelto varias veces. Sin embargo me han quedado grabados dos viajes: el primero hace alrededor de diez años, el segundo hace tan sólo unos días, y en ambas ocasiones la compañía de Sergio me ha guiado por la ciudad visible y la invisible. Esta tarde voy a leer algunas de las anotaciones que he ido escribiendo en el cuaderno de mi último viaje a Larache, que comenzó el 22 de septiembre y está finalizando ahora. Aquí están anotadas esas imágenes, experiencias y sensaciones que se producen en los viajes y que sólo mencionarlas nos hacen revivir el pasado. En realidad los viajes no acaban hasta que se olvidan y esto es muy difícil que ocurra.
El cuaderno de viaje empieza así: “Esta mañana he vuelto a sentir el mar como si lo estuviera viendo por primera vez. Sergio me acercó una caracola al oído y dijo: “¿Lo oyes?, ¿cómo se puede encarcelar la belleza en una jaula tan diminuta? No hay nada más grande que el océano. Es tan inmenso que hay mares en su interior”. Íbamos los dos paseando por la playa bajo la luz de Larache. Sus palabras, igual que el paisaje que se extendía ante nosotros, poseían un efecto hipnótico. Yo escuchaba en silencio. Luego, escrutando la línea del horizonte, añadió: “¿De qué tonalidad son los amigos?, ¿qué tipo de cámara sería capaz de captar ese arco iris invisible que ahoga los grises tristes y amargos?”. Al oírlo, recordé a los amigos presentes y los que ya no están. Pensé que a mí también me encantaría poseer esa cámara capaz de borrar la desgracia.Después de estos días puedo confesar que conozco más profundamente Larache y mucho mejor a Sergio, un amigo al que apenas veo y con el que guardo esa extraña complicidad que alcanzamos con determinadas ciudades y algunas personas. Nos une el cine, la literatura, los paseos por el zoco chico y por los rincones secretos que se ocultan en los pliegues del cerebro. Sergio Barce pertenece a ese tipo de escritores capaces de encerrar un mundo en una frase, igual que encierra el mar en la jaula mágica de una caracola. Me he sentido un privilegiado al pasear con él por Larache, andar y desandar hasta encontrarnos con los recuerdos, la fantasía, los seres queridos presentes y los queridos ausentes; toda la fuerza del sedimento que van dejando los sueños. Sergio ha tocado mi fibra sensible: el pasado que vuelve. Los fantasmas que regresan para instalarse felices en el castillo imborrable de la memoria. La memoria, la única capaz de expulsar la muerte.
Hablo de la complicidad que me une a Sergio, detalles ínfimos que me estremece recordar, como el silbido de su padre al llegar por la tarde a casa que es el mismo silbido de mi padre al volver del trabajo por las tardes. Y los gusanos de seda que su madre le llevaba en una caja de cartón con hojas de morera son los mismos que traía mi madre. Recuerdos de seda que vencen el olvido. Sergio iba al cine Ideal de Larache y yo al cine Emporio de Barcelona. Larache, Barcelona, Málaga, qué más da, cuando se apaga la luz en la salas de cine los dos estamos en el mismo lugar de la película. Los lugares de la memoria y la fantasía que mencionaba antes. “¡Cuántas películas habrás visto!”, le preguntó alguien una vez al hombre del carrillo con chucherías y frutos secos que se instalaba todas las tardes delante del cine Ideal. Y el hombre del carrillo dice Sergio que se quedó pensando un buen rato, hasta que respondió en silencio: “El cine que conozco lo he visto a través de los ojos de los niños”. Quizá así contemplamos nosotros las películas del pasado, a través de los ojos del niño que fuimos y que nunca nos abandona.
Estos días he paseado con Sergio por la niñez y adolescencia. Sus amigos de entonces son ahora también mis amigos y durante el mes sagrado del Ramadán nos convertimos en los dueños de las calles de Larache. Esos amigos que Sergio tuvo que abandonar en 1973 para viajar a Málaga, igual que yo había hecho cuatro años antes con mis amigos de Barcelona. Dos viajeros a contracorriente. Málaga se convirtió en el destino de ambos y en Málaga a Sergio lo apodaron el Moro y a mí el Polaco; dos extranjeros en casa. Desde la perspectiva que aporta la distancia y el paso del tiempo, Sergio observa la silueta del otro continente, tan cercano y lejano a la vez. Piensa en los muertos que viven bajo el agua, los emigrantes que cruzan el Estrecho con la esperanza y la ilusión de encontrar una vida mejor. Lo que Sergio llama: “Ese anzuelo indigno que ha creado Dios”. No hacen falta más palabras.
Esta tarde, antes de reunirme aquí con vosotros, me he sentado a beber un té mientras disfrutaba releyendo un cuento maravilloso, todo con calma, sin prisas, larachensemente, como los paseos que estoy dando con Sergio Barce por el territorio de su imaginación. Larachensemente puede ser el inicio de una novela. Y hay detalles en los cuentos y en los paseos que he caminado y leído y releído estos días que muestran detalles que hacen de Marruecos, como dice Sergio, “un lugar digno, decente e irrepetible”, detalles como los de Yebari, el vendedor de libros, un auténtico Larachense, incapaz de quedarse con el dinero de los libros que vende de Sergio. “El autor es el dueño de la obra”, dice Yebari, y al instante añade: “¿Quién lo ha escrito, hombre? Para mí es un placer poder venderlo”. Hay aquí encerrados tantos paseos maravillosos, como el titulado Ellos vuelven a Larache, un cuento incontable que sólo Sergio consigue expresar en palabras. Y las distintas lenguas, razas, religiones, que conviven en Larache. Y la tumba de Jean Genet mirando al corazón del océano, los mares dentro del mar misterioso. Y el taller de bicicletas de Yasim con el póster de Eddy Merckx subiendo por la pared del local mientras Yasim y todos nosotros marchamos en el pelotón perseguidor. Y el edificio de la Unión Bancaria Hispano Marroquí. Y los hogares de la familia. Los amigos, tantos amigos, tantos personajes de novela, tantas y tantas historias.
Y ahora para terminar, como diría el señor Beniflah, todos los que quieran pasar, que entren. Todos los que deseen disfrutar larachensemente este magnífico y conmovedor paseo por el zoco chico, que pasen. Al otro lado les espera Sergio Barce, asomado al balcón del Atlántico desde donde se divisa la curvatura del mundo.José Antonio Garriga Vela
El escritor José Antonio Garriga Vela presentará este viernes 17 de octubre la última obra del escritor larachense Sergio Barce Gallardo ´Paseando por el Zoco Chico larachensemente´. El acto tendrá lugar el próximo viernes 17 de octubre en Librería Proteo-Prometeo (c/ Puerta de Buenaventura, 6), Málaga.
Este libro de relatos ha sido editado por la editorial Jam Ediciones/Generación BiblioCafé y la portada del libro es una fotocomposición de la fotógrafa larachense Gabriela Grech. La maquetación es obra de Mauro Guillén Grech.
Según el propio autor, Sergio Barce Gallardo: “En este libro se recopilan los relatos que he ido escribiendo a lo largo de más de quince años y que tienen a la ciudad de Larache como nexo común. Algunos pertenecen a mi libro Últimas noticias de Larache, que se publicó en 2004, y, del resto de los cuentos, unos han visto la luz en revistas o libros colectivos, otros en mi blog personal a través de internet, y un puñado de ellos, inéditos, salen ahora por vez primera”.
La escritora y crítica literaria Fuensanta Niñirola afirma sobre esta obra de 160 páginas: “Barce ha seguido manteniendo un contacto periódico con su ciudad natal y con lo que queda de sus amigos, y nos muestra, en muchos de los textos, la evolución que ha sufrido la ciudad y la decadencia de muchos de los sitios cuyo recuerdo perdura en su corazón”.
Por su parte, Celia Corrons subraya: “Ejercer la seducción con colores no es un arte fácil, la singular proeza la consiguió Marruecos sobre Matisse cuando el genial pintor se desplazó para inmortalizar al país exótico. Intensos azules se fueron apropiando de su antigua paleta y pronto se declaró un converso al nuevo color.
En Sergio Barce, el pigmento entró de forma más pausada. Los doce años que vivió hechizado por el aroma de Larache, fueron coloreando a la vez que fraguaban en su memoria Paseando por el Zoco Chico”.
Sergio Barce Gallardo (Larache, 1961). Licenciado en Derecho por la Universidad de Málaga, desarrolla su actividad profesional compaginándola con su labor literaria. Es Miembro de Honor de la Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española y de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía.
Ganador del Primer Premio de Novela Tres Culturas de Murcia con “Sombras en sepia” (Pre-Textos, 2006) y finalista del Premio de la Crítica de Andalucía 2012 con “Una sirena se ahogó en larache” (Círculo Rojo, 2011).
Desde la Universidad, se vinculó a grupos de narrativa que, finalmente, pasaron a agruparse en el Taller dirigido por el dramaturgo Miguel Romero Esteo.
Es en la propia Universidad donde comienzan sus primeras publicaciones, y obtiene el Primer Premio de Narrativa de la Universidad de Málaga, con el cuento “El profesor, la vecina y el globo de plástico”, quedando igualmente finalista del mismo certamen con el relato “La soga”. Ha publicado, también, una colección de sus cuentos bajo el título de “Escena primera, toma primera” en la colección de narrativa “Los papeles del Calafate”, de la propia Universidad de Málaga (Facultad de Filosofía y Letras).
En el año 2000 publicó su primera novela: “En el Jardín de las Espérides” (Editorial Aljaima). En 2004 vio la luz su segundo libro, en esta ocasión una colección de relatos: “Últimas noticias de Larache y otros cuentos” (Editorial Aljaima). Y en 2013 se edita “El libro de las palabras robadas” (Editorial Círculo Rojo).
Esta semana ve la luz su relato “La Venus de Tetuán” en el libro colectivo “Por amor al arte”, un libro que recopila 28 relatos de 28 escritores, y que publica Jam Ediciones, de Valencia.
Actualmente trabaja en las próximas ediciones de dos nuevas novelas ya acabadas: “La emperatriz de Tánger” y “Viejas brumas de Tánger”.
https://najmiabdelkhalak.wordpress.com
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