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«LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», NUEVA NOVELA DE SERGIO BARCE

    Tánger, ciudad Internacional. Finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta.

   Augusto Cobos Koller es un escritor atormentado que desahoga sus frustraciones con la droga, el alcohol y las mujeres. Incapaz de llevar una vida ordenada, sus relaciones son tan caóticas como pasionales.

    Durante una de sus noches de juerga, un capitán falangista es asesinado en extrañas circunstancias, y Augusto Cobos se convertirá  inesperadamente en uno de los sospechosos para la Policía  Internacional.

   Mientras el inspector Barrada investiga lo sucedido, Augusto Cobos ve cómo su vida se va desmoronando mientras trata de encontrar desesperadamente a la mujer que lo redima, a su emperatriz.

   En esta novela descubriremos personajes que, por diferentes razones, se refugiaron en aquel Tánger mítico: desheredados, fugitivos y aventureros, unos reales y otros ficticios… Esther Lipman, Emilio Sanz, las Gerofi, el capitán Iriarte, Paul y Jane Bowles, Ángel Vázquez…

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La novela se presentará el próximo día 1 de mayo

en la Feria del Libro de Málaga

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La emperatriz de Tánger ha sido publicada por Ediciones del Genal – Málaga, 2015

La portada es una fotografía de Tomás Calvo Picón y la maquetación de Nuria Ogalla. 

YA A LA VENTA EN LA LIBRERÍA PROTEO – PROMETEO DE MÁLAGA

puedes adquirirla a través del siguiente enlace 

http://www.libreriaproteo.com/libro/ver/id/1568523/titulo/la-emperatriz-de-tanger.html

 Cubierta y contraportada

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ENTREVISTA EN EL DIARIO DIGITAL CALLE DEL AGUA

Aquí os dejo el enlace del diario digital <Calle del Agua> en el que acaba de publicarse una entrevista que me ha realizado Abdelkhalak Najmi. Igualmente la reproduzco en su integridad a continuación.

PINCHA AQUI para leer la entrevista en Diario «Calle del Agua»

1-     Casi en todas sus obras, se nota la perspectiva nostálgica y casi idealizada de Larache. ¿Qué representa para Usted esta ciudad?

La felicidad. Es así de sencillo: Larache fue donde pasé toda mi infancia, hasta cumplir trece años, y mi infancia fue tan dichosa que muchas veces pienso que fue un sueño. Tuve la suerte de vivir en una ciudad en la que convivían cristianos, hebreos y musulmanes, y eso me enriqueció, fue un privilegio. Pero siempre me gusta aclarar que, cuando yo nací, en 1961, ya reinaba en Marruecos Hassan II. Con esto quiero decir que viví en un Marruecos independiente, porque hay quien piensa que hablo de la época del Protectorado. Yo no conocí esa etapa, pero sin embargo en este nuevo Marruecos, en Larache, se respiraba ese ambiente de convivencia entre culturas que es un ejemplo para el mundo.

Style: "Neutral"

Larache también representa el lugar donde vivieron mis abuelos y donde nacieron mis padres, así que cuando escribo de este lugar hablo de mis raíces. A veces la idealizo, es verdad, porque me ciega la pasión por esta tierra que tanto amo, pero otras veces hablo del abandono que Larache sufre en la actualidad, y su realidad me duele profundamente. Sigue leyendo

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Fragmento de «TÁNGER, LA PERRA» (novela inédita) de SERGIO BARCE

Tánger 1

Los buenos aperitivos suelen abrir el apetito. Por eso, os ofrezco uno, aunque no sé si bueno o no: un pequeño fragmento de mi novela <Tánger. la perra> (también titulada <La metamorfosis de Goethe>). Es una novela negra ambientada en el Tánger Internacional. El fragmento que reproduzco narra un ecnuentro accidental en el Café de Paris entre los dos protagonistas principales de la historia, el comisario Amin Hourani y el escritor Augusto Cobos, y Esther Lipman, una mujer que vive la vida enfrentándose a ella con frivolidad y en el ambiente más corrompido de aquella ciudad mitificada.

En esta novela, se entrecruzan personajes ficticios con otros reales, como Paul y Jane Bowles, Emilio Haro, Cecil Beaton, las hermanas Gerofi, Barbara Hutton o Angel Vázquez. Ha resultado una experiencia tan fascinante, que hube de escribir otra titulada <La emperatriz de Tánger>, que bebe del mismo ambiente y de la misma ciudad. Estas dos novelas aguardan ser publicadas, y aunque la labor para que vean la luz está siendo complicada, confieso que he disfrutado muchísimo escribiéndolas.

Lo dicho, espero que este fragmento os abra el apetito por leer un día <Tánger, la perra>.

Sergio Barce, diciembre 2012

Cafe de Paris

Era demasiado temprano para ir al Palmarium y Amin Hourani se dirigió al centro. Le agradaba sentir la fría brisa del crepúsculo, subiendo por el Boulevard, y caminar por las calles atestadas de viandantes, una manera de sentirse aún vivo. Llevaba la mano izquierda metida en el bolsillo del pantalón y un cigarro apagado entre los dedos de la otra. Había deambulado por el Zoco Chico, bajado por la cuesta de los Siaghines y ahora de regreso al mirador. Finalmente se decidió por tomar algo en el Café de París.

Las aspas de sus ventiladores ronroneaban con placidez sin conseguir que el aire del local se inmutase. Se habían encendido las luces del interior y un brillo apagado ensortijaba las paredes. El murmullo de las conversaciones parecía el lejano rumor del mar acariciando la playa y eso siempre le reconfortaba. En cuanto había entrado, Esther Lipman se puso a agitar un brazo para llamar su atención, algo que, en un lugar como ése, no le resultaba muy cómodo. Sin embargo, descubrió que junto a Esther y otra pareja también se encontraba Augusto Cobos Koller. De manera que se decidió a acercarse a ellos.

Esther Lipman miró con descaro al comisario, de arriba abajo, con sus ojos impresionantes, como los de Theda Bara. Llevaba un vestido negro, de escote generoso, Sigue leyendo

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Un fragmento de mi novela LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

Aunque aún inédita, y ya veremos por cuanto tiempo dada la crisis actual, que está mermando la posibilidad de que las editoriales se lancen a publicar nuevos títulos que no sean los de autores con unas ventas aseguradas, os muestro un retazo, un pequeño fragmento de mi novela LA EMPERATRIZ DE TÁNGER, una historia de intriga, de desamor, de desengaño, ambientada en el Tánger Internacional de los años cuarenta y cincuenta.

Sergio Barce, diciembre 2011

(…)

  Entró en el <English Bar>. Estaba lleno. Se bebió un par de vasos de ginebra en la barra, y pidió otro más. Iba mezclando demasiadas bebidas diferentes. Lo sabía, pero no iba a evitarlo. De pronto, tenía a una chica a su lado. Le dijo que se llamaba Latifa, pero él se limitó a seguir bebiendo, apurando el tercer vaso, pensando en el siguiente. Al fin, en algún momento, salió en busca de oxígeno. Creía estar abandonando el <English Bar>, pero podía ser cualquier otro sitio. Sólo vivía ráfagas, como si durmiera y al abrir los ojos intermitentemente se encontrara en cada ocasión en una ciudad distinta. A partir de algún instante inconcreto, caminaba junto a un hombre. No sabía su nombre. También les acompañaba una mujer. Ella reía. Reía todo el tiempo y su risa se le hincaba en las sienes, como las sirenas que aullaban por las mañanas en el puerto. La escuchaba, una voz encerrada en su cerebro. Parecía divertida, no paraba de reír por cualquier cosa. La presentación de la novela le parecía ahora que hubiera ocurrido hacía más de un mes y no esa misma tarde; la noche le había apresado con su misteriosa facultad de engaño, y seguía caminando con esa pareja de desconocidos.

  Entraron en el <Morocco Palace>. La mujer que le acompañaba, ahora abrazada a él, lo besó largamente; a Augusto le pareció el beso más largo de su vida. Sintió unos labios anchos, tiernos, sabrosos. Se habían sentado en una mesa, en un rincón del local. Pidió una botella de algo, incapaz de poder leer la etiqueta. La mujer llenó los vasos. El hombre que los había acompañado hasta allí no se separaba de ellos. Sonaba la música a todo volumen. Vio que el tipo les hablaba de un asunto aparentemente importante, y Augusto lo miraba con atención, pero sin escucharlo ni reconocer sus facciones, borrosas, sólo seguía el movimiento mudo de sus labios. Apuró su vaso, lo apuró varias veces, pero curiosamente seguía intacto, lleno, hasta el borde. La chica que tenía a su lado seguía riendo y su risa se le metía igual que un punzón hasta la nuca. Volvieron a besarse, varias veces, y siempre tenía la sensación de que los besos eran interminables. Era lo único de lo que se daba cuenta realmente. Esa desconocida le mordía los labios sin cerrar los ojos, y él creía meterse en ellos y andar por su interior; notaba la turgencia de su seno rozándole el brazo, la temperatura tibia de su muslo pegado a su pierna, el olor de su aliento, fresco como la brisa de la noche. Vio súbitamente una pistola, pero no podría jurar si era un recuerdo de horas antes.

  Estuvo agarrado a la taza del retrete hasta que no le quedó nada en el estómago. Se despertó de golpe, con un sobresalto, cuando Fatiha entró dando un portazo. Se sentía como los perros: solo, enfermo y cansado. Se duchó con agua fría. La criada le preparó café negro. También lo vomitó. Se acostó, hecho un ovillo, agarrándose la barriga, sintiendo punzadas frías en medio de la boca del estómago. Lentamente, volvió a recuperar el sueño mientras trataba de recordar cómo había llegado a su casa, pero no era capaz de hacerlo, simplemente había amanecido en su cama como si hubiera tenido una larga y agotadora pesadilla.

  Se despertó a las cuatro y media de la tarde. Se dio otra ducha. El agua le resbalaba por la piel erizándosela. Recordó de pronto a la mujer que no cesaba de reír; sólo tenía su risa y unos ojos grises bajo la red de unas pestañas llamativas, y sentía sus besos interminables y la mirada fija de aquellos ojos inmensos, y de nuevo la boca obcecada y temeraria. Así era como lo recordaba él. Y decenas de rostros confusos rodeándole, y también el cañón de una pistola que se le acercaba hasta el entrecejo rumiando un disparo inminente. Oyó el nombre de Pablo, en susurros, pronunciado como si fuera una palabra prohibida que saliera de una voz ahogada, tal vez impostada pero irreconocible. Podía escuchar su propio nombre con una sensación de opresión. También estaba seguro de haber visto a Jean-Jacques Deferre y que se habían retado con la mirada, con el desafío burdo y torpe de los borrachos. Probablemente habrían coincidido en algún bar. En realidad, mientras le duraba la peor borrachera de su vida, debió de haberse encontrado con medio Tánger.

 

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