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CEUTA – 17 DE SEPTIEMBRE – PRESENTACIÓN DE «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER» DE SERGIO BARCE

17 DE SEPTIEMBRE

a las 20.00 horas

en la SALA DE USOS MÚLTIPLES

de la BIBLIOTECA DE CEUTA

el escritor

MOHAMED LAHCHIRI

presentará la novela

LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

de Sergio Barce

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

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NOVELA NEGRA Y «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN EN ALGECIRAS

 Solapas definitivas La emperatriz de TángerLa periodista y escritora Nurya Ruiz me invitó a presentar mi novela La emperatriz de Tánger en el Centro Documental José Luis Cano de Algeciras, un edificio magnífico. Me explicó que primero habría una charla sobre novela negra y luego abordaríamos mi libro. Al aceptar el reto, pensé cómo enfocar el primer tema sin ser aburrido y, sobre todo, cómo salvar el escollo sabiendo como sé que, como lector, no soy un fanático del género. Le pregunté un par de días antes a Nurya si sólo intervendría yo en ese asunto, y al confirmarme mi sospecha preparé sobre la marcha un texto que, por lo que me dijeron, gustó mucho. Lo reproduzco más abajo. No es nada pretencioso, sino más bien  un brindis por algunos libros que me han gustado.

Nuria, junto a Carmen Sánchez, de la revista Hércules, hicieron la introducción y hablaron de mis libros, con mucho cariño, hay que decirlo, y luego Carmen leyó un párrafo, de los más sensuales de la novela. Como broche, antes de que se abriera un pequeño debate sobre La emperatriz de Tánger, Juana Mª Moreno, actriz de doblaje y de teatro radiado (en su larga carrera está por ejemplo su trabajo en la radionovela Lucecita), con una dicción perfecta, leyó también otro fragmento de la novela que nos dejó a todos sorprendidos porque no sólo leía el texto sino que, en los diálogos, interpretó a Esther Lipman y a Augusto Cobos… No pudo ser más visual, y original.

Como asistían varios escritores, las intervenciones finales en el coloquio fueron muy interesantes y enriquecedoras. Nos lo pasamos muy bien. En resumen, la presentación en Algeciras fue de lujo. Por supuesto, no falló mi amigo y paisano larachense Eduardo Espinosa.

Sergio Barce, julio 2015 

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   Llevo en la comisaría de Algeciras desde las tres de la tarde, y la conferencia comienza a las siete. Aún no sé exactamente el motivo por el que me han parado cerca de la desviación al puerto y por qué me han detenido. Pero aquí estoy, declarando en medio de mi desconcierto, preocupado porque quizá no llegue a tiempo a la charla.

   -Querría aclararles que no soy ningún especialista en novela negra, ni siquiera soy un lector voraz de novelas negras. Pero, como todo escritor y como todo lector, obviamente tengo mis títulos favoritos dentro del género negro o noir.

   Me quedo callado. Los ojos del comisario Pérez me taladran con un desprecio inesperado.

   -¿Quiere hacerme creer que no sabe nada de literatura negra? –el inspector Martínez le pasa una carpeta, y sé en ese instante que saben más de mí de lo que imaginaba. Pérez abre el expediente, lee algo y me mira por encima de la montura de sus gafas-. ¿Qué sabe de Poe? Porque habrá leído a Edgar Allan Poe…

-Claro que he leído a Poe –confieso-. Sé que Los crímenes de la calle Morgue se considera el arranque de lo que hoy conocemos como novela negra o policíaca, con un detective de protagonista. Creo que hablamos del detective Dupin.

-Continúe –me ordena el comisario asintiendo con la cabeza.

   -Bueno, en realidad era un cuento más que una novela –añado, sin saber a dónde me lleva este interrogatorio sobre literatura y que bien podían hacerme más tarde tras la conferencia, incluso en la misma conferencia. El caso es que he de seguir hablando si quiero salir de aquí-. El detective se llamaba August Dupin, y fue el modelo empleado por Conan Doyle para su inefable Sherlock Holmes. Pero hay una diferencia sustancial entre ellos… Dupin no ha tenido mucha suerte en el cine, mientras que Sherlock Holmes ha sido encarnado por actores inmensos y se han filmado muy buenas películas y series con el doctor Watson a su lado…

   Siento cómo inesperadamente el inspector Martínez da una zancada, sorprendiendo incluso al comisario, que se le queda mirando con cierta estupefacción cuando lo ve ya encarado a mí. Lo tengo a menos de un centímetro de mi cara, y, al increparme, su mal aliento me abofetea con violencia.

   -¡Estamos hablando de literatura! ¡No de cine! –me espeta arrastrando sus palabras hediondas.

   No sé cómo puedo mantener el tipo, pero no me amilano y continúo largando.

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LA NOVELA «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER» DE SERGIO BARCE, SEGÚN EL ESCRITOR MANUEL GAHETE

La presentación de mi novela La emperatriz de Tánger en Córdoba, en el Conservatorio Profesional Músizo Ziryab, corrió a cargo de dos autores y estudiosos excepcionales, Antonio Moreno Ayora y Manuel Gahete.

Reproduzco aquí el texto de la intervención de Manuel Gahete, a quien admiro profundamente y que me demuestra su amistad con una gran generosidad. Manuel Gahete es Catedrático de Lengua y Literatura, y doctor en Filosofía y Letras. Entre muchas otras actividades y cargos, es socio fundador del Ateneo de Córdoba, miembro numerario y director del Instituto de Estudios Gongorinos de la Real Academia de Córdoba y actual  Presidente de Asociación de Escritores de Andalucía. Conferenciante, traductor, articulista y crítico, colabora en prensa y revistas especializadas. Su obra poética, con la que ha obtenido los más importantes premios, ha sido traducida al francés, inglés, italiano, rumano y al árabe.

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LA EMPERATRIZ DE TÁNGER de Sergio Barce

Cada día me resulta más difícil comenzar una novela y mucho más espinoso terminarla. Llegar a buen puerto sin hastiarme solo me ocurre con escasos escritores y ciertamente Sergio Barce es uno de ellos. Este malagueño, abogado de profesión, vivió su infancia en Larache y la impronta marroquí de aquellos años impregnó su vida y muy especialmente su escritura. Debe ser cierto que la infancia es la patria del escritor porque toda su obra transverbera el hálito que exhala la otra orilla del Estrecho.

Colaborador habitual de revistas literarias como EntreRíos o Dos orillas, Sergio escribe asiduamente en la prensa marroquí y, en relativo espacio de tiempo, ha publicado una serie de novelas que no han pasado desapercibidas a la crítica especializada.

Así, en el año 2000, veía la luz, en la editorial Aljaima de Málaga, su primera novela En el Jardín de las Hespérides, lugar mítico más allá de las Gorgadas, en el límite del Atlántico, donde comienzan los abismos marinos. En 2004, Barce edita, en la misma editorial malagueña, el libro de relatos Últimas noticias de Larache y otros cuentos, donde regresa inexorablemente de nuevo a la ciudad de su infancia.

En 2006 obtiene el premio de novela Tres Culturas de Murcia por Sombras en sepia, galardón que le concede un cualificado jurado constituido por Luis Mateo Díez, Jon Juaristi, Pedro García Montalvo, Manuel Borrás y la recién nombrada académica de la lengua española Clara Janés.

Su tercera novela, Una sirena se ahogó en Larache, editada en 2011 y finalista del Premio de la Crítica en 2012, vuelve a recuperar el escenario primigenio y los recuerdos familiares imprimiendo al texto un ritmo ágil que acentúa la atmósfera envolvente de una obra inquietante que no elude el leve sesgo del romanticismo, rasgo que Sergio mantendrá trasversalmente en sus obras incluso cuando quedan tintadas por el fucilazo del pavor.

Con El libro de las palabras robadas, publicada como la anterior en Círculo Rojo, en 2013, Barce infunde a su narrativa una vuelta de tuerca, alejando de Larache la acción central que se inicia en Málaga para culminar en otra ciudad de Marruecos que, a partir de ahora, va a llamar poderosamente su atención. Tánger, capital internacional durante el Protectorado, se erige en irresistible foco de atracción y nos acercará inexorablemente a la novela que hoy presentamos, no sin olvidar que, en este live time o intervalo existencial, Barce publicará su segundo libro de relatos Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente, obra de 2014, que también tuve el placer de presentar en este magnífico y grato Conservatorio Músico Ziryab de Córdoba, tan bien acogido en toda ocasión por su director Ernesto. Y ya van tres. La primera con Antonio Varo Baena. La segunda con José Sarria. Y la tercera con Antonio Moreno Ayora, tres entrañables amigos que son además excelentes críticos, porque a Sergio Barce le gusta rodearse de gente que inspire confianza, y esto lo entiendo, lo que no llego a entender muy bien es por qué siempre por partida doble, lo que pone a sus presentadores en la tesitura de concertarse, para no repetirse, sobre lo que se ha de decir.

Y una segunda pregunta, porque me queda la duda capital de cómo habría aceptado el mundo árabe hispánico una novela como La emperatriz de Tánger en aquellos momentos oscuros donde el género narrativo se percibía como inmoral y obsceno. Si cuando el egipcio Mohammad Husayn Haykal (1888-1956) publica en 1914, en El Cairo, su novela romántica –considerada como la primera novela árabe–, titulada Zaynab, aspectos y educación campesinos, fue acusado de herejía y traición a los dirigentes religiosos, qué castigo hubieran impuesto a nuestro querido amigo Sergio Barce, que nos transporta al centro de las ardores más exacerbados, ya sea el vicioso y hasta patético afán del donjuanismo (Yamila, Esther, Carmen, Irena); ya, en extremoso grado, el famélico desvarío de la pederastia, ese irracional y peligroso juego que Augusto Cobos, el protagonista masculino mantiene con Miriam, una niña de catorce años, sin perder, por otra parte, ese punto de inefable ingenuidad que convierte lo indigno en justificable y lo perverso en comprensible; aparentemente muy distante –o al menos esto pretende mostrarnos Augusto Cobos– de 

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FRAGMENTO DE LA NOVELA «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER» DE SERGIO BARCE

El poeta Víctor M. Pérez ha escrito sobre mi última novela La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal – Málaga, 2015) lo siguiente:

Sin duda, La emperatriz de Tánger es uno de los momentos más brillantes en la narrativa de un escritor que se afianza en el panorama nacional. La sutileza, el exotismo, el dinamismo narrativo nos mantiene literalmente “pegados” a la historia. La habilidad de Sergio Barce es introducirnos e involucrarnos en las escenas que se convierten en imágenes reales en nuestra imaginación, sin duda, como decía Stevenson, cuando es el ojo de la mente el que lee, lo que vemos al leer queda grabado de forma indeleble en nuestra memoria. Esperamos la próxima historia de este novelista que es ya tan nuestro.

Para quienes aún no la hayan leído, les traigo un pequeño fragmento, ese en el que la trama transcurre en la Librairie des Colonnes.

(Foto: Ramón Tarrío)

(Foto: Ramón Tarrío)

 

   

(…) En su gran día, firmó ejemplares de la novela con dedicatorias similares, sin la menor originalidad. Había mucho público gracias a Isabelle Gerofi que había puesto la carne en el asador para que el libro circulase unos días antes. Ella misma, y su hermana Yvonne, no habían dudado en recomendarlo a sus fieles. Emilio Sanz de Soto hizo lo propio con su breve pero ardiente exposición. Pero le impresionaron aún más el optimismo que le demostraba Ángel Vázquez, un devorador de novelas que trabajaba como vendedor para la librería, y el fervor de una chiquilla, una estudiante que acompañaba a Emilio. Se llamaba Miriam Benasuly. Tenía unos ojos hambrientos, esa clase de mirada que se queda flotando en el aire unos segundos interminables tras entornar los párpados, esa clase de mirada que provoca el caos y que desestabiliza la ética. Hasta ese instante, había permanecido en un segundo plano, junto a Emilio Sanz, amigo íntimo de su padre al que había prometido llevarla a esa presentación.

La chica se le había acercado empujada por la admiración que sentía hacia él, pero también cohibida ante la idea de que, siendo tan joven, la ignorara. Se equivocó. Sintió de inmediato cómo Augusto Cobos le retenía su mano entre las suyas unos segundos más de lo que habría considerado como normal, con esa mirada con la que la taladró hasta el alma. Sorprendida, sólo pudo confesarle que estaba fascinada, que había terminado de leerla esa noche y que se moría por volver a hacerlo por segunda vez, y él supo, de inmediato, que no sólo le hablaba del libro. Notó fluir la sangre por las sienes, alterada y densa. Tenía delante a una niña y no sentía ninguna vergüenza por el inconfesable deseo que estaba experimentando. Tenía delante a una niña que era capaz de nublar al resto del mundo. Tenía delante a una niña y en realidad sólo veía a la mujer que iba a ser. No podía permitir que se le escapara el candor de su mirada, y decidió ser su guía, su maestro, su primer amante.

Sacó la pitillera de alpaca, la abrió, sin apartar la vista de esa jovencita, extrajo un cigarrillo y lo atrapó con los labios, como si lo que realmente quisiera cazar fuesen sus juveniles labios. Sintió que su pene se erguía, una erección pura y frenética. Y eso le produjo una rara estupefacción. Sin embargo, un segundo después, Miriam Benasuly era engullida por el resto de los que trataban de acercarse a Augusto Cobos para abrazarlo, y se separaron. Ángel Vázquez le hablaba de algún relato que escribía y que pretendía publicar, pero a él le importaba un bledo, sus cinco sentidos se habían emborrachado de esa niña y perdía el equilibrio al imaginarla entre sus brazos adultos.

Carmen Montes, con ese fino instinto femenino que a muchos hombres les parece terriblemente proverbial, había presenciado el cruce de sus miradas y se había sentido extrañamente incómoda e inquieta. De pronto, de manera absurda, no sólo se sintió mayor sino también demasiado vieja para librar batalla contra algo que aún no quería creer.

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