Archivo de la categoría: TÁNGER

«UNA PUERTA PINTADA DE AZUL», DE SERGIO BARCE, EN DES COLONNES

Ayer me llamó Moncef Bouali de la Librairie des Colonnes, de Tánger, para decirme que, gracias a Maribel Navarro, ya tenía mi nuevo libro. Poco después, mi compañero de «caminatas» literarias Farid Othman me hacía llegar esta foto. Es un honor que Una puerta pintada de azul esté en el escaparate de esta mítica librería (junto a uno de los títulos de Tahar Ben Jelloun), donde siempre me tratan como un rey. Un lujazo.

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«LA VIDA PERRA», DE PABLO MACÍAS, MEJOR LARGO DOCUMENTAL DEL CINE ANDALUZ

La mañana no podía empezar mejor: la película La vida perra, dirigida por Pablo Macías y con corealización y música de Soledad Villalba, ha conseguido el Premio al Mejor Largometraje Documental de la ASECAN ANDALUCÍA.

Me he alegrado muchísimo porque sé del esfuerzo que ha supuesto para Pablo Macías y Soledad Villalba llevar este proyecto a buen puerto. Y qué buen puerto. Un gustazo este film, hecho con pasión y amor a Tánger, a Ángel Vázquez, a Juanita Narboni y a todo ese mundo mágico que rodea la historia de ese libro y de sus personajes. Habrá que celebrarlo en Tánger. Digo yo.

Toda la información sobre esta película la podéis tener en la página de Pablo Macías:  https://www.pablomacias.work/lavidaperra

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«CAFÉ HAFA», UN POEMA DE JOSÉ SARRIA

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Café Hafa es un poema escrito por José Sarria lleno de musicalidad, de olor y de colores, los que asoman en el horizonte y que pinta el alma secreta de Tánger. Me siento honrado, hasta casi abrumado, porque ese poema me lo dedicara Pepe, pero él es así de generoso. Yo le debo muchas cosas, pero nunca he sabido cómo pagarle.

Sergio Barce

Café Hafa  (la palabra Hafa en árabe viene a significar «borde», «acantilado») es uno de los sitios mágicos de Tánger pues combina, en perfecta armonía, su decadente estado junto a la evocación de un pasado que anhelaba el deslumbramiento de la redención.

La pequeña colina que conduce hasta el Café Hafa desafía, al olor de la hierbabuena, el lapislázuli de un Mediterráneo que deja de serlo para convertirse en Atlántico.

Allí, entre sus pequeñas mesas y sus desvencijadas sillas, camina la esencia del reino que un día quisieron conquistar Paul Bowles, Mohamed Chukri o Tennessee Williams

El Café Hafa es, esencialmente, la libertad: un recóndito reino donde del hachís no tiene el agrio sabor de lo prohibido, un territorio de mujeres desveladas, un paraíso detenido en el tiempo.

He aquí la mitología de este poema.

 

CAFÉ HAFA  

(A Sergio Barce)

 

He llegado hasta el Café Hafa

preguntando por Paul Bowles,

por Tennessee Williams y por Jane.

Aquí, donde ya nadie les espera,

he intentado evocar los días

atrapados en sus cenizas de oro.

 

Un anciano sostiene una tetera.

Se ha girado para mirarme.

En sus ojos he adivinado

todos los rostros del olvido.

– Son fantasmas -musita

borracho de horas agotadas.

Y señala hacia el oleaje

que golpea contra el acantilado.

Las últimas garzas de Yeats   

han ganado las costas africanas

y me hablan de sus nombres

como si fueran las alas perdidas

de una ciudad, sin precisa memoria,

que se ha entregado, prostituta

de sí misma, al abandono.

 

A veces los recuerdos imaginan

la soledad de los navíos,

que de tanto alejarse

no saben regresar

sobre sus propias huellas.

Esta tarde, el olor de los narguiles

embriaga el extravío

sobre las terrazas del Café Hafa.

 

JOSÉ SARRIA

SERGIO BARCE Y JOSÉ SARRIA
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FRAGMENTO DE «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL», DE SERGIO BARCE

Una puerta pintada de azul, mi nuevo libro, se compone de ocho relatos, con el común denominador de Larache como lugar donde se desarrollan las historias, salvo uno que transcurre en parte en una casa de Tánger.

Aquí os dejo un fragmento del libro, el comienzo del segundo de los textos que lleva por título Las mujeres de mi padre.

LAS MUJERES DE MI PADRE  

Mi abuela Salud. ¡Ah, mi abuela! Es de esas personas de las que has escuchado hablar toda tu vida y que lamentas no haber podido tener a tu lado. Murió mucho antes de que yo naciera. Y sí, habría dado cualquier cosa por haberla conocido, porque ella es la heroína de la familia, nuestra Kahina.

Se llamaba María Salud Cabeza y era originaria de Cádiz. Llegó a Larache con mi abuelo, que provenía de una acaudalada familia que se había arruinado tras varios negocios calamitosos. Recalaron en Marruecos en busca de un nuevo horizonte y de una vida mejor. Sí, los españoles eran quienes a principios del siglo pasado cruzaban el estrecho en sentido inverso.

Ya en Larache, mi abuelo paterno entró a trabajar en un establecimiento llamado La bandera española, donde se convirtió en uno de los empleados más fieles y cumplidores, pero también en un hombre demasiado serio e introvertido. Era la cara opuesta a María Salud, una mujer vibrante, llena de vida y divertida. Por supuesto, ella era la que llevaba los pantalones y la que dirigía la vida familiar, y en el barrio de Las Navas se convirtió en todo un personaje. Además de sus tareas domésticas, era la matrona del barrio, e incluso hacía las funciones de practicante. Cuando recibía un aviso, se arreglaba ceremoniosamente y cogía su maletín de cuero negro, en el que siempre tenía todo su instrumental preparado, y atravesaba las callejuelas del barrio resuelta a cumplir con la faena. Y le daba igual de quién se tratase. Atendía por igual a una mujer musulmana que a una hebrea o a una cristiana, y, si se trataba de gente humilde, rechazaba que le pagasen. La mayoría de los niños que correteaban por Las Navas habían nacido gracias a su ayuda. Su influencia, por tanto, se extendía más allá de los confines de su casa. Y así se ganó el respeto de todas esas familias.

Mi padre me relata anécdotas de ella y lo hace con un orgullo contagioso. Una de las historias que protagonizó y que más me fascinan tuvo lugar curiosamente frente al que años más tarde sería su consuegro, sin que ninguno de los dos supiese en ese instante que sus vidas se entrelazarían más adelante. El incidente ocurrió poco después de finalizar la guerra civil española…

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«MALABATA», EN KENITRA

Esta imagen me la envió mi amigo, paisano y compañero de fatigas y alegrías literarias Ahmed Oubali. Es una fotografía que hizo de mi novela Malabata en la Kasba de Kenitra. Me parece espectacular, y más que sugerente. Es como ver un bello objeto, porque todo libro es un hermoso objeto, abandonado al azar en medio de un paisaje mágico. Gracias, maestro.

 

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